SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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bondad nativa del hombre y el posible regreso a la edad mas de los doctores socialistas acerca de la divinidad, hemos preferido con- de oro ridiculizados por Proudhon.- 5. Teoría de Proudhon: el hombre, siderarlos todos en los escritos de M. Proudhon, en donde pueden verse a dice, no es malo, está mal hecho. Su destino es corregir su viciosa consti- CONTINUACIÓN DEL MISMO ASUNTO: CONCLUSIÓN DE ESTE LIBRO SUMARIO.- 1. Tanto la escuela liberal, como la socialista en oposición, con el dogma de la caída original, niegan que el mal proceda del individuo: lo un tiempo mismo en su variedad y en su conjunto. tución. Refutación. Es contradictorio afirmar que el hombre mal hecho Visto lo que los socialistas piensan de la divinidad, nos falta ver lo que pueda ser redentor de sí mismo, porque su naturaleza sería viciosa (por piensan del hombre y de qué manera resuelven el temeroso problema del hipótesis) y a la vez tendría el atributo nobilisimo de poder redimirse. -6. mal y del bien, considerado en general, que es el asunto de este libro. Conclusión. Resumen de la doctrina católica sobre el origen del mal. Profundas ignorancias del racionalismo, tanto liberal como socialista. Clari- ' a dad y fecundidad de las soluciones católicas. * Se refiere a las teorías de Proudhon, defensor de un temprano socialismo, todavía no y marxista.

154 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 155 Y. Ningún hombre ha habido tan insensato que se haya atrevido a negar mal no está ni en el gobierno ni en la sociedad, ¿para qué y por qué el el bien o el mal, y su coexistencia en la historia. Los filósofos disputan so- | trastorno de la sociedad y del gobierno? Y por el contrario, si el mal ni está bre el modo y la forma en que existen y coexisten; todos, empero, afirman en los individuos ni procede de los individuos, ¿para qué y por qué la rea una voz su existencia y su coexistencia como una cosa averiguada; todos forma interior del hombre? convienen igualmente en que, en la contienda suscitada entre el bien el Las escuelas socialistas no ven inconveniente ninguno en aceptar la mal, el primero ha de alcanzar sobre el segundo una victoria definitiva. De- cuestión planteada de esta manera; la escuela liberal, por el contrario, ve jando estos puntos como inconcusos y asentados, en todo lo demás hay di-: en su aceptación gravísimos inconvenientes, y no sin graves motivos. Acepversidad de pareceres, contradicción de sistemas y contiendas inacabables. tada la cuestión tal como viene por sí misma planteada, la escuela liberal se l. La escuela liberal tiene por cierto que no hay otro mal sino el que ve en el duro trance de negar con una negación radical la teoría católica, está en las instituciones políticas que hemos heredado de los tiempos, y que considerada en sí misma y en todas sus consecuencias; y a esto es a lo que el supremo bien consiste en echar por el suelo esas instituciones. Los más la escuela, liberal se niega resueltamente. Amiga de todos los principios y de los socialistas tienen por averiguado que no hay otro mal sino el que de todos sus contraprincipios, no quiere desasirse ni de los unos ni de los está en la sociedad, y que el gran remedio está en el completo trastorno de otros, ocupada perpetuamente en obligar a hacer paces entre sí a todas las las instituciones sociales. Todos convienen en que el mal nos viene de los - teorías contradictorias y a todas las contradicciones humanas. Las reformas tiempos pasados: los liberales afirman que el bien puede realizarse ya en morales no le parecen mal, aunque los trastornos políticos le parecen ex- / los tiempos presentes, y los socialistas que la edad de oro no puede comen- celentes, sin advertir que son estas cosas incompatibles; como quiera que zar sino en los tiempos venideros. el hombre purificado interiormente no puede ser agente de trastornos, y Consistiendo, así para los unos como para los otros, el supremo bien que los agentes de trastornos, en el hecho mismo de serlo, declaran que en un trastorno supremo, que según la escuela liberal debe realizarse en no están interiormente purificados. En esta ocasión, como en todas las otras, las regiones políticas, y según las escuelas socialistas en las regiones socia- el equilibrio entre el catolicismo y el socialismo es de todo punto imposiles, las unas y las otras convienen en la bondad sustancial e intrínseca del ble; porque, una de dos: o el hombre no se ha de purificar, o no se han de hombre, que ha de ser el agente inteligente y libre de aquel y de este tras- realizar los trastornos. Si el hombre impurificado toma el oficio de trastortorno. Esta conclusión ha sido enunciada explícitamente por las escuelas nador, los trastornos políticos no son sino el preludio de los trastornos sosocialistas, y va implícitamente envuelta en la teoría que sustentan las es- ciales; y si el hombre deja el oficio de trastornador del gobierno para tocuelas liberales. De tal manera procede aquella conclusión de esta teoría, mar el de reformador de sí propio, ni son posibles trastornos sociales, ni que siendo negada la conclusión, la teoría misma viene al suelo. En efecto; los trastornos políticos. Así en el uno como en el otro caso, la escuela libela teoría, según la cual el mal está en el hombre y procede del hombre, es ral ha de abdicar forzosamente en las manos de las escuelas socialistas o en contradictoria de aquella otra según la cual el mal está en las instituciones las de la escuela católica.

sociales o políticas, y procede de las instituciones políticas y sociales. Su- Síguese de aquí que las escuelas socialistas tienen por suya la lógica y puesta la primera, lo que procede en buena lógica es extirpar el mal en el la razón, cuando sostienen, contra la escuela liberal, que si el mal está esenhombre, con lo cual se conseguirá su extirpación en la sociedad y en el cialmente en la sociedad o en el gobierno, no hay que hacer otra cosa sino gobierno necesariamente. Supuesta la segunda, lo que procede en buena trastornar el gobierno o la sociedad; sin que sea cosa ni necesaria ni convelógica es extirpar el mal directamente en la sociedad o en el gobierno, que niente, sino al revés, perniciosa y absurda, acometer la empresa de la refores en donde está su centro y su origen. Por donde se ve que la teoría católi- ma del hombre.

ca y las racionalistas son entre sí, no solamente incompatibles, sino tam- | 2. Supuesta la bondad ingénita y absoluta del hombre, el hombre es a bién contradictorias. Por la teoría católica se condena todo trastorno, ya - un mismo tiempo reformador universal e irreformable, con lo cual viene a sea político o social, como insensato e inútil. Las teorías racionalistas con- ser transformado de hombre en Dios: su esencia deja de ser humana para denan toda reforma moral del hombre como inútil y como insensata. Y así. ser divina; él es en sí absolutamente bueno, y produce fuera de sí, por sus la una como las otras son consecuentes en sus condenaciones; porque si el trastornos, el bien absoluto; bien sumo y causa de todo su bien, es excelentísimo, sapientísimo y potentísimo. La adoración es una necesidad tan imperiosa, que los socialistas, siendo ateos y no pudiendo adorar a Dios, hacen a los hombres dioses para adorar alguna cosa de alguna manera.

Y Siendo estas las ideas dominantes de las escuelas socialistas acerca del hombre, es cosa clara que el socialismo niega su naturaleza antitética como una pura invención de la escuela católica!. Por eso el sansimonianismo y el fourrierismo no admiten que el hombre esté de tal manera constituido que por un lado vaya su entendimiento y por otro su voluntad, ni conceden que haya contradicción de ninguna especie entre su espíritu y su carne; el fin supremo del sansimonianismo es demostrar prácticamente la con=.

ciliación y la unidad de esas dos poderosas energías. Esta suprema conciliación estaba simbolizada en el sacerdote sansimoniano, cuyo oficio era satisfacer el espíritu por medio de la carne, y la carne por medio del espíritu. El principio común a todos los socialistas, que consiste en dar a la sociedad mal construida una construcción análoga a la del hombre, que está construido de una manera excelente, condujo a los sansimonianos a negar toda especie de dualismo político, científico y social, cuya negación era necesaria supuesta la negación de la naturaleza antitética del hombre. Proclamada la pacificación entre el espíritu y la carne, procedía proclamar la pacificación universal y la reconciliación de todas las cosas; y como las cosas no se pacifican ni se concilian sino en la unidad, la unidad universal era una consecuencia lógica de la unidad humana; y de aquí al panteísmo político, el social y el religioso, los cuales constituyen el despotismo ideal a que aspiran con una inmensa aspiración todas las escuelas socialistas. El padre común de la escuela de San Simón y el omniarca de la escuela Fourrier, son sus personificaciones augustas y gloriosas.

Volviendo a la naturaleza del hombre, que es nuestro objeto especial por lo de ahora, supuesta por un lado su unidad, y por otro su bondad absoluta, procedía proclamar al hombre santo y divino; santo y divino, no sólo en su unidad, sino también en todos y en cada uno de los elementos que la constituyen; y de aquí la proclamación de la santidad y de la divinidad de las pasiones: por esta razón, todas las escuelas socialistas, unas implícitas y otras explícitamente, proclaman las pasiones divinas y santas. Supuesta la ' Dice el autor «su naturaleza antitética» refiriéndose al hombre, porque los socialistas no creen el pecado original, de donde proviene aquella especie de antítesis que se echa de ver en el hombre.

santidad y la divinidad de las pasiones, procedía la condenación explícita de todo sistema represivo y penal, y sobre todo la condenación de la virtud, cuyo oficio es atajarlas el paso, impedir su explosión y reprimir sus ímpetus. Y, en efecto, todas estas cosas, que son a un mismo tiempo consecuencia de los principios anteriores, y principios de consecuencias más remotas, están enseñadas y proclamadas con un cinismo mayor o menor en todas las escuelas socialistas, entre las que resplandecen la sansimonia y la lourrerista, aventajándose a las demás como si fueran dos soles en un cielo estrellado. Eso es lo que significa la rehabilitación sansimoniana de la mujer y su pacificación de la carne. Eso es lo que significa la teoría de Fourrier acerca de las atracciones. Fourrier dice: «El deber procede del hombre (entiéndase de la sociedad) y la atracción de Dios». Mad. de Coeslin, citada por M. Louis de Raybaud, en sus Estudios sobre los reformistas contemporáneos», ha expresado este mismo pensamiento con mayor exactitud, diciendo: «Las pasiones son de institución divina, las virtudes de institución humana»; lo cual quiere decir, supuestos los principios de la escuela, que las virtudes son perniciosas y las pasiones saludables. Por esta razón, el fin supremo del socialismo es crear una nueva atmósfera social, en que las pasiones se muevan libremente, comenzando por destruir las instituciones políticas, religiosas y sociales que las oprimen. La edad de oro, anunciada por los poetas y aguardada de las gentes, comenzará en el mundo cuando tenga principio ese gran suceso, y cuando despunte en los horizontes esa magnífica aurora. La tierra entonces será un paraíso; y ese paraíso, con puertas a todos los vientos, no será, como el católico, una prisión guardada por un ángel; el mal habrá desaparecido de la tierra, que ha sido hasta ahora, pero que no está condenada a ser perpetuamente un valle de lágrimas.

3. Estas cosas piensa el socialismo del bien y del mal, de Dios y del hombre. Mis lectores no exigirán de mí ciertamente que siga paso a paso a las escuelas socialistas por el camino escabroso de sus extravagancias perturbadoras. Lo exigirán mucho menos al considerar que ya quedaron virtualmente impugnadas desde el momento en que expuse a su vista la majestad de la doctrina católica relativa a estas grandes cuestiones, en su sencilla y augustal magnificencia. Esto no obstante, me creo en el imprescindible y santo deber de derribar por el suelo ese edificio del error, con lo que basta y sobra para derribarle: con un solo argumento y con una sola palabra.

La sociedad puede ser considerada desde dos puntos de vista diferentes: el católico y el panteísta. Considerada desde el punto de visto católico, no es otra cosa sino la reunión de una multitud de hombres que viven todos bajo la obediencia y al amparo de unas mismas leyes y de unas mismas 158 JUAN DONOSO COR] SAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 133 lespués, de otra manera y a otro propósito, esos mismos Misterios. El catoicismo afirma dos cosas: el mal y la Redención; el socialismo nacionalista tomprende en el símbolo de su fe las mismas afirmaciones. Entre socialismente de los individuos que la constituyen, nada puede estar en la socit fis y católicos no hay más que esta diferencia: los segundos afirman el mal dad que no esté antes en los individuos; de donde se sigue, por consecuen flel hombre y la Redención por Dios; los primeros afirman el mal de la socia forzosa; que el mal y el bien que hay en ella, le vienen del hombre. Cor riedad y la Redención por el hombre. El católico, con sus dos afirmaciosiderado desde este punto de vista, es cosa absurda el intento de extirpar € pes, no hace otra cosa sino afirmar dos cosas sencillas y naturales: que el mal en la sociedad, en donde existe por incidencia, y el propósito de mi hombre es hombre y ejecuta obras humanas; que Dios es Dios y acomete tocar a los individuos, en los que está originaria y esencialmente. En la st empresas divinas. El socialismo, con sus dos afirmaciones, no hace otra cosa gunda suposición, según la cual la sociedad es un ser que existe por sí cor sino afirmar que el hombre acomete y lleva a cabo empresas de un Dios, y una existencia concreta, individual y necesaria, los que esto afirman estár que la sociedad ejecuta las obras propias del hombre. ¿Que va ganando la obligados a resolver de una manera satisfactoria las mismas cuestiones qué razón humana con dejar el catolicismo por el socialismo, sino dejar lo que con respecto al hombre los racionalistas proponen a los católicos, convié' es a un mismo tiempo evidente y misterioso, por lo que es a un tiempo misne a saber: si la sociedad es mala, esencial o accidentalmente: si lo prime mo misterioso y absurdo?

ro, cómo se explica el mal esencial; si lo segundo, cómo, de qué maner? 4. Nuestra impugnación de las teorías socialistas no sería completa si en cuáles circunstancias y con cuál ocasión ha venido a turbarse la armo: ho acudiéramos al arsenal de M. Proudhon, lleno unas veces de razón y nía social con esa incidencia perturbadora. Ya hemos visto cómo los catól Otras de elocuencia y de sarcasmo, cuando combate y pulveriza a sus comcos desatan todos estos nudos, de qué manera se adelantan a resolver todas pañeros de armas.

esas dificultades, y en qué forma responden a todas estas preguntas en lo Véase aquí lo que M. Proudhon piensa de la naturaleza armónica del relativo a la existencia del mal, considerado como una consecuencia de la hombre, proclamada por Saint-Simón y por Fourrier, y de la futura transprevaricación humana. Lo que no hemos visto hasta aquí, y lo que no vere: formación de la tierra de un jardín deleitoso, anunciado por todos los soinos jamás, es el modo y la fuerza con que el racionalismo socialista resuek cialistas: «Pero el hombre, considerado en el conjunto de sus manifestaciove esas mismas cuestiones en lo relativo a la existencia del mal considerada Nes, y cuando todas sus antinomias parecen apuradas, presenta todavía una únicamente en las instituciones sociales. ¡ que, no refiriéndose a nada de lo que existe en la tierra, queda aquí abajo - Esta sola consideración me autorizaría para afirmar que la teoría sos sin solución de ninguna especie. Esto sirve para explicar por qué causa, por cialista es una teoría de charlatanes, y que el socialismo no es otra cosa sino perfecto que sea el orden en la sociedad, no lo es nunca tanto que destiela razón social de una compañía de histriones. Para ser tan sobrio como rre de todo punto la amargura y el tedio. La felicidad en este mundo es un me he propuesto, pondré término a esta argumentación encerrando el so- ideal que estamos condenados a seguir siempre, y que el antagonismo incialismo en este dilema: O el mal que está en la sociedad es una esencia, O vencible de la naturaleza y del espíritu pone perpetuamente fuera de nuesun accidente; si es una esencia, para extirparle no basta trastornar las insti- tro alcance». (Systeme des contradictions, cap. X). Poned ahora la atención en tuciones sociales; es necesario además destruir la sociedad misma, que es el siguiente sarcasmo contra la bondad nativa del hombre: «El obstáculo la esencia que sostiene todas sus.formas. Si el mal social es accidental, en- mayor que la igualdad tiene que vencer, no está en el orgullo aristocrático tonces estáis obligados a hacer lo que no habéis hecho, lo que no hacéis, lo del rico, sino en-el egoísmo indispensable del pobre; y a pesar de eso, ¿os que no podéis hacer; estáis obligados a explicarme en qué tiempo, por cuál iii todavía a a bondad A cama relormar a ha causa, de qué manera y en cuál forma ha sobrevenido ese accidente, y lue- po mismo la espontaneidad y la premeditación de su malicia?» (Systeme des go por cuál serie de deducciones venís a convertir al hombre en redentor contradictions, cap. VU). El sarcasmo crece de punto en las palabras siguiende la sociedad, dándole la potestad de limpiar sus manchas y de lavar sus tes, tomadas de la misma obra y del mismo capítulo: «La lógica del socialispecados. Con este motivo convendrá advertir aquí a los incautos, que es mo: €s verdaderamente maravillosa; El hombre es bueno -nos dicen, peró racionalismo, que ataca con furor todos los Misterios católicos, proclama es necesario desinteresarle del mal para que se abstenga de él; el hombre instituciones; considerada desde el punto de vista panteísta, es un organ mo que existe con una existencia individual, concreta y necesaria. En | primera suposición, es claro que, no existiendo la sociedad independient: JUAN DONOSO CORTE ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 161 ls sd dd interesarle en el bien para que le pon esucristo, Zoroastro, fueron todos apóstoles de la expiación y símbolos vi- 7 E MICA porque si el ALOE és de sus Paaionas le lleva al mal, hará el m vos de la penitencia. El hombre es por naturaleza pecador, lo cual no quiey si está desinteresado del bien, no le ejecutará. En este caso la sociedad Y re decir precisamente que sea malo, sino más bien que está mal hecho. Su tendrá ) 3], 10 óa derecho para echarle en cara que escuchó sus pasiones, porque, el ilestino es estar ocupado perpetuamente en volver a crear su propio ideal es la que está en obligación de conducirle por medio de sus pasiones. ¡QU entro de sí mismo» naturaleza tan excelente y tan maravillosamente enriquecida con dones. En esta profesión de fe hay algo de la teoría católica, algo de la sociade dr de ¡Qué alma de ar qSia la de aquel Heliogábalo que organizó; lista, y algo que ni es de la una ni de la otra, y constituye, por lo mismo, la prostitución! Y en cuanto a Tiberio, ¡qué carácter el suyo tan poderoso individualista de la teoría proudhoniana.

e _ e Y al ES ¿dónde hay palabras ps RURAROE bastante a | Lo que hay aquí de la teoría católica consiste en el reconocimiento de OS que produjo aquellas almas divinas, y que dio el ser, sin embarg la existencia del mal y del pecado, en la confesión de que el pecado está en a Tácito y Marco Aurelio? ¡Y eso es lo que nuestros socialistas llaman bor el hombre y no en la sociedad, y de que el mal no viene de la sociedad, dad ingénita del hombre y santidad de sus pasiones! Una Safo, llena de arrt rino del hombre; por último, hay aquí de la teoría católica el reconocimiento ed A de sus amantes, pone la cerviz al yugo del matrimonic explícito de la necesidad de la Redención y de la penitencia. esinteresada de al hi ¡ í iali 4 1Ó són amor, se resigna al himeneo. ¡Y a esa mujer la llaman sant; Lo que hay de la teoría socialista está en la afirmación de que el hom-¡Lástima an ds pa no tenga en francés el doble sentido qui bre es el redentor. Lo que constituye la individualidad de la teoría tiene en l¡ Í ( incipi > a E Sp a ea! ¡Todo el mundo estaría entonces de acuerdt proudhoniana consiste, por una parte, en este principio contradictorio de acerca de Si > | í ¡ali ] ' a santidad de Sato! ». El sarcasmo reviste aquella for la teoría socialista, conviene a saber: que el hombre redentor no redime a tale SETA A utal, que pudiera llamarse la forma proudhoniana, er la sociedad, sino que se redime a sí propio; y en este otro, contradictorio el capí i í 311 apitulo e la PA obra, en donde M. Proudhon se explica de es de la teoría católica: que el hombre no se ha hecho malo, sino que, al remanera: «Pasemos de corrido al lado de esas constituciones sansimonianal vés, ha sido mal hecho. Dejando a un lado, por una parte, lo que en esta y fourrieristas, y de todas las otras de la misma laya, cuyos autores van pro teoría hay de conforme con la católica, y por otra, lo que hay en ella de an pi por las plazas y las calles A dichosa lazada el amo! “conforme con la socialista, me haré cargo solamente de lo que la constitu- ¡bre con e pudor y la delicadeza y la espir itualidad más pura; triste ilusión ye diferente de las otras, de aquello en virtud de lo cual deja de ser socialisla de un socialismo abyecto, último sueño de la crápula en delirio. Dad vuela ta o católica para ser exclusivamente proudhoniana. ala pasión por medio de la Aaa, Y luego al punto la carne Uiraniza: La individualidad de esta teoría consiste en afirmar que el hombre no rá al pres los amantes no serán entre sí sino viles instrumentos de pla es pecador sino porque ha sido mal hecho. Caminando en esta suposición,. 414 fusión de los corazones sucederá el prurito de los sentidos, y...para M. Proudhon ha dado una prueba insigne de sana razón y de buena lógica, , a ba Lo sobre tales cosas, no es menester haber pasado, come buscando al Redentor fuera del Hacedor, por ser cosa clara que por aquél alint-Simó | imi y” 5D A, a ón o de la Venus popular». que hemos sido mal hechos no podemos ser bien redimidos. No pudiendo 5, Después > Í | Í 2 PA expuesto e impugnado en general las teorías so= ser Dios el redentor; y siendo el redentor necesario, había de serlo el homcialistas relativas a los problemas que son asunto de este libro, sólo nos fal+ bre o el ángel. Estando dudoso de la existencia del ángel, y cierto de la ta exponer Í lva a € ] 3 ¡Ó ] ] poner e impugnar la teoría de M. Proudhon, relativa a estos mismos necesidad de la redención, no teniendo a quien dar este encargo, se lo ha problemas, para poner un término a este largo y complicado debate M, dado al hombre, que es a un mismo tiempo pecador y redentor de su peca- Proudhon expone compendiosa, pero cumplidamente, su doctrina en el do capítulo ve de la obra que acabamos de citar, por las palabras siguientes; Todas estas proposiciones están bien trabadas y adheridas entre sí: por «La educación de la libertad, la sujeción de nuestros instintos, el rescate O donde todas ellas flaquean es por el hecho que les sirve de fundamento y la Redención de nuestra alma, eso es lo que significa, como lo ha demos: de base; porque, o el hombre ha sido bien o mal hecho: en el primer caso, trado Lessing, el Misterio cristiano interpretado rectamente. Esta educación viene a tierra la teoría; y en el segundo, procede de la argumentación sidurará tanto como nuestra vida y la del género humano. Moisés, Budha, guiente: Si el hombre está mal hecho y es su propio redentor, hay contra- 162 JUAN DONOSO CORTÉS HINSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 163 > dicción manifiesta entre su naturaleza y su atributo; como quiera que e de se sigue que el bien no está sujeto a caídas y mudanzas, y que el mal hombre, por mal hecho que esté, si está hecho de manera que pueda en puede ser borrado, y el pecador redimido. Reservando para más adelante mendar la obra de su Hacedor hasta el punto de redimirse, lejos de ser la explicación de aquellos grandes y soberanos Misterios con cuya virtud una criatura mal hecha, es una criatura perfectísima; porque ¿cómo puede prodigiosa el mal fue extirpado en su origen, nos hemos limitado en este imaginarse perfección mayor que la que consiste en la facultad de borrar libro a poner como de relieve la soberana industria y el portentoso artifitodos sus pecados, de enmendar todas sus imperfecciones, y, para decirlo: cio con que Dios convierte los efectos de la culpa primitiva en elementos todo de una vez, en la de redimirse a sí propio? Ahora bien: si en el hecho constitutivos de un bien superior y de un orden excelente; por eso expuslde ser su propio redentor, cualesquiera que sean sus imperfecciones por mos de qué manera el bien sale del mal por la virtud de Dios, después de otra parte, es el hombre un ser perfectísimo, afirmar de él a un mismo tiem- haber expuesto de qué manera sale el mal del bien por culpa del hombre, po que ha sido mal hecho y que es su propio redentor, es afirmar lo que se sin que la acción humana y la reacción divina impliquen rivalidad de ninniega y negar lo que se afirma, porque es afirmar que ha sido hecho guna especie entre seres que están separados por una distancia infinita.

perfectísimo, y que ha sido mal hecho. Y no se diga que sus imperfecciones En cuanto a las escuelas racionalistas, el examen de sus varios sistemas le vienen de Dios, y que la altísima perfección que consiste en redimirse le sirve para demostrar su profundísima ignorancia en todo lo que tiene relaviene de sí propio, porque a esto se responde que el hombre no hubiera ción con estas altas cuestiones. Por lo que hace a la liberal, su ignorancia podido llegar nunca a ser su propio redentor si no hubiera sido hecho con es proverbial entre los doctos: en calidad de lega, es esencialmente la facultad de llegar a esa grande altura, o por lo menos, con la facultad de antiteológica; y en calidad de antiteológica, es impotente para dar un gran adquirir esa facultad en la sucesión de los tiempos. Alguna de estas cosas es. impulso a la civilización, que es siempre el reflejo de una teología. Su oftnecesario conceder; y aquí conceder algo es concederlo todo, como quiera cio propio es falsear todos los principios, combinándolos caprichosa y abque si cuando fue hecho, era su redentor en potencia antes de serlo actual surdamente con aquellos otros que los contradicen: por aquí piensa llegar mente, esa potencia, a pesar de todas sus imperfecciones, le constituyó al equilibrio, y no llega sino a la confusión; piensa ir a la paz, y va a la gueperfectísimo. Luego la teoría proudhoniana no viene a ser otra cosa sino rra. Pero como quiera que sea cosa imposible sustraerse de todo punto al una contradicción en los términos. | imperio de la ciencia teológica, la escuela liberal es menos lega de lo que 6. La conclusión de todo lo dicho es que no hay escuela ninguna que ella cree, y más, teológica de lo que a primera vista parece. La cuestión del nó reconozca la existencia simultánea del bien y del mal, y que sólo la cató- bien y del mal, la más esencialmente teológica entre cuantas pueden imalica explica satisfactoriamente la naturaleza y el origen del uno y del otro, y finarse, viene planteada y resuelta por sus doctores, si bien se echa de ver sus varios y complicados efectos. Ella nos enseña cómo no hay bien ningus desde luego que ignoran el arte de plantearla y el modo de resolverla. En no que no venga de Dios, y cómo todo lo que procede de Dios es un bien; primer lugar, prescinden de la cuestión relativa al mal en sí, al mal por ex de qué manera comienza el mal con el primer desfallecimiento de la liber celencia, para ocuparse sólo en cierto género de males; como si fuera posttad angélica y de la humana, que de obedientes y sumisas se vuelven rebel. ble que el que ignora qué cosa es el mal pueda saber qué cosa son los Ena des y prevaricadoras; y de qué modo y hasta qué punto esas dos grandes les particulares; en segundo lugar, particularizando el remedio como parti prevaricaciones lo mudan todo con sus influencias y sus estragos. Ella nos cularizaron el mal, le descubren solamente en ciertas formas políticas: 1g> muestra, por último, que el bien es de suyo eterno, porque es de suyo esen+* horando que esas formas son de todo punto indiferentes, como lo enseña cial *, y que el mal es una cosa transitoria, porque es un accidente; de don la razón y lo demuestra la historia. Señalando el mal allí donde no está, y el remedio allí donde no se encuentra, la escuela liberal ha puesto la cuestión fuera de su verdadero punto de vista, con lo cual ha introducido la confusión y el desorden en las regiones intelectuales. Su efímera domina-, 2 ps: eds ción ha sido funesta a las sociedades humanas, y durante su reinado transi-* Donoso Cortés se refiere únicamente al bien que en cada cosa se identifica con su esen, A: e; dead 6 ha dad l traste con el buen cia, no del que consiste en la existencia y los accidentes de los seres criados, los cuales no son, torio, el principio disolvente de la discusión pS ado a cierto, eternos ni inmutables. sentido de los pueblos. En este estado de la sociedad no hay trastorno que A 164 JUAN DONOSO CORTÉS: no sea de temer, ni catástrofe que no pueda yenir, ni revolución que no sea! inevitable.