SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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Pudo afirmar que votar el sufragio universal (sin limitaciones propietarias) era equivalente a votar una revolución desde abajo *. En realidad, «la revolución francesa promovió en el mundo político, social y espiritual de Europa una conmoción % de gigantesca amplitud y profundidad. Con la destrucción del viejo orden social y político se conmovieron también la vigencia y consistencia de la realidad espiritual y religiosa. La conexión de los soportes terrestres amenazó de ruina el ultramundo, estrechamente unido con ellos. Siguió una época de espíritu antirreligioso y antiesclesiástico. La Revolución tomó el carácter de una época y de una actitud espiritual constante. «La Revolución no era un acontecimiento —decía De % empezaron los tradicionalis- Maistre=; es una época». Contra esta «obra satánica» tas franceses su acerba lucha. El tradicionalismo es, en su esencia, un fenómeno de reacción. Su característica más acusada consiste en no ser concebible sin el mundo conceptual de los revolucionarios» %, Interesa señalar que «hasta los años del Sexenio Revolucionario 1868-1874 no se hace relación al término Tradicionalismo para designar al conjunto de carlistas y neo-católicos, los cuales, ya unidos, formaban la agrupación política denominada Comunión Católico-Monárquica. Será en- Crítica del Derecho), 2000, espec., págs. 497 y sigs.; Scumtrr, C.: Teoría de la Constitución, Madrid, Alianza, 1983. Recientemente, PaLOMBELLA, G.: Constitución y Soberanía. El sentido de la democracia constitucional, trad. y Prólogo de José Calvo Gonzáleza, Granada, Ed. Comares (Colección Crítica del Derecho), 2000, espec., capítulos 2” y 3”, y passim. Entre nosotros, el excelente libro de De Vrca, P.: La reforma constitucional, Madrid, Tecnos, 1986.

% Donoso Cortés, ].: La Ley Electoral, en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. Il, Madrid, BAC, 1946, págs. 185 y sigs.

95 Es lo cierto que la Revolución de 1848 fue una verdadera conmoción en Europa que removió los cimientos y fue contemplada por las mentes más lúcidas del siglo como una inversión de tendencia del régimen liberal hacia la centralidad de la democracia y del problema social —la «cuestión social»-. Incluso fue así en mentes tan templadas como la de TocouEvILLE, A.: Recuerdos sobre la Revolución de 1848, Madrid, Trotta, 1994.

% Joseph de Maistre consideró que había «en la Revolución Francesa un carácter satánico que la distingue de todo lo que se ha visto y quizá de todo lo que se verá». Cfr. De Marstre, ].: Consideraciones sobre Francia, Presentación de Antonio Truyol, Madrid, Tecnos, 1990, pág. 51. se carácter satánico es vistumbrado por Donoso, oponiendo el cristianismo frente a la revolución, que rompe los principios del deber y de la autoridad. En este sentido, La civilización de España (19843), en Obras Completas, t. 1 (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 940-941.

9 Wustemever, D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo (1957), Madrid, Editora Naclonal, 1957, pág. 77. Por lo demás, la utilización de la analogía entre los fenómenos teológicos y los fenómenos político-jurídicos está ya presente en toda la teoría de Bonald y, en parte, en De Malstre, El método de la analogía entre los fenómenos teológicos y los fenómenos políti-Eo jurídicos está presente ya en toda la teoría de Bonald y en De Maistre, doctrinarios franceaber Véase Sonmamm, E.: Donoso Cortés. Su vida y su pensamiento, trad. Ramón de la Serna, Madrid, Fapasa Calpe, 1936, pág. 171.

— » YUDIO PRELIMINAR XL!

ces cuando adopten esta denominación de tradicionalistas y declaren explícita Ente su dependencia ideológica de Juan Donoso Cortes, diferenciando el tradiamalismo político del filosófico condenado por la Iglesia» %., Sin embargo, fue un crítico del «parlamentarismo» como concepción que ten-Ma n residenciar el gobierno de la nación en el parlamento como poder legislativo premo. El parlamento es un modo de dar contenido al régimen parlamentario, tex para Donoso el parlamento es una forma política no identificable a un modo stuliar de darle contenido que sería el «parlamentarismo». El parlamento en sí es ma forma política más neutra y de una amplia tradición histórica, mientras que el arlamentarismo es algo más moderno (expresión de la civilización moderna; es el apiritu revolucionario en el primer estadio de su desenvolvimiento) y adquiere unas Hmnotaciones típicamente revolucionarias, al situarse en contraposición contra el iden político (forma monárquica) y religioso (dentro de su concepción religiosa el fenómeno político afirma que el hombre moderno pretende prescindir de Dios Hularse en todo por los dominios de la razón). El parlamentarismo y el institucionalismo habían nacido de la revolución 1%, con la pretensión explícita sustituir el viejo orden, por un orden laico donde todo puede ser discutido y ambiado de raíz '%, El parlamentarismo es reflejo de la cultura antropocéntri- " URIGUEN, B.: Orígenes y evolución de la derecha española: El neo-catolicismo, Madrid, Deparmento de Historia de la Iglesia-Centro de Estudios Históricos- C.S.I.C., 1986, pág. 53.

100 Para la relación entre liberalismo y constitucionalismo, véase MArtEucc1, N.: Organi-¿ ión del poder y libertad. Historia del constitucionalismo moderno, Madrid, Trotta, 1998, espec., un, 259 y sigs., passim.

''! La crítica del parlamentarismo se realiza de modo contundente como es el carácter HDonoso— en su Carta al Director de la Revue de Deux Mondes (Parts, 15 de noviembre de 1852), a Obras Completas, t. M1 (edición de Juan Juretschke), Madrid, La Editorial Católica, Bibliote-He Autores Cristianos (BAC), 1946, págs. 631 a 649. Entiende que «Nuestro parlamentarisy Hiene exclusivamente su origen en el espíritu revolucionario, que es el espiritu propio de Hlvilización moderna, o, por mejor decir, es el espiritu revolucionario mismo considerado la primera de sus evoluciones. Esto sirve para explicar por qué va desde luego derechaente contra el Poder y por qué, para estar seguro de matarle, comienza por dividirle» (pág. 4), Es más, el parlamentarismo traslada la guerra a la tribuna institucional: «El parlamentasimo -afirma—, trasladando la guerra del campo de batalla a la tribuna, y de los brazos a los páritos, la ha sacado de allí donde exalta y fortifica, para llevarla allí donde enflaquece y herya, Dios ha dado siempre el imperio a las razas guerreras y ha condenado a la servidum-E 1 las razas disputadoras» (pág. 646). En su opinión «el parlamentarismo divide el Poder y prime las jerarquías. ¿Qué deja en pos de sí cuando muere? O un Poder armado de la fuer 2apcial en presencia de individuos dispersos o una muchedumbre furiosa en presencia de ii Poder divino. Ahora presunto yo: ¿Que es esto segundo sino una revolución? ¿Qué es aquello.

Himero sino una dictadura? ¿Y qué son la revolución y la dictadura sino las hijas de su volun-4, los huesos de sus huesos y las carnes de su carne? Conocido el parlamentarismo en £" XLIV JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ ca 192 que culmina en la «Muerte de Dios» afirmada por Nietzsche 1%, Ello reflejaría el proceso de laicización, un proceso de secularización que comparta una descristianización de las formas políticas. Es esa discontinuidad consistente en el «desencatamiento del mundo»!%, El parlamentarismo (a diferencia de las Cortes de la mitificada —y supuesta— «constitución histórica» % conexa a la legitimidad histórica de las formas políticas, que se asentaba en la autoridad soberana delegada origen, en su naturaleza y en su historia, sólo me falta definirle, y le defino de esta manera: el parlamentarismo es el espíritu revolucionario en el parlamento. Mi condenación no cae sobre el Parlamento, que es el vaso, sino sobre el espíritu revolucionario, que es el licor...» (Ibid., págs. 648-649).

Como se ve Donoso cuestiona y desautoriza las bases constitutivas del proyecto de la Hlustración, al considerar, con De Maistre, que ninguna constitución es resultado del proceso deliberativo: el orden jurídico-político no es propiamente constitutivo sino declarativo del orden preexistente legado por la tradición histórica de cada nación. También en la Carta al Director del Heraldo, París, 15 de abril de 1852, Obras Completas, 1, cit., págs. 605 a 609: la discusión no es la verdad como el medio al fin; la verdad fundamental no puede ser objeto de discusión en el pueblo católico. En la Carta al Director del Heraldo, París, 30 de abril de 1852, abunda en la crítica hacia el parlamentarismo, considerando que «es una doctrina falsa, la cual nada tiene que ver con el parlamento, que es una forma indiferente; yo he combatido doctrinas, no he combatido formas...» (Ibid., pág. 610). Entiende que «es cosa digna de observación que todos los pueblos que en vez de recibir la verdad han querido inventarla, es decir, que todos los pueblos que han dejado de ser verdaderamente católicos para ser puramente discutidores, han acabado por caer bajo el yugo de dictaduras horrendas y de los hechos brutales» (Ibid., pág. 611). En esa lógica Donoso estima que la verdad es objeto de Revelación de Dios, que es el que transmite la «verdad católica».

102 Véase Weber, M.: Estudios sobre sociología de la religión, 3 vols., Madrid, Taurus, 1992; Sociología del Derecho, edición y estudio preliminar a cargo de J. L. Monereo Pérez, Granada, Ed. Comares, 2001.

103 Este pensamiento de la muerte de Dios aparece como la condición para que sea posible el «superhombre». Al igual que en la sucesión de las generaciones de dioses, existe una rivalidad total por el dominio del mundo: el nuevo Dios no vendrá si antes el viejo no ha sido castrado o encerrado en el mundo subterráneo. En realidad, la operación que realizó Nietzsche no fue negar sin más la teología, la transformó dándole a Dios en lugar de sus atributos una historia cuyo final es su sorprendente desenlace. Véase BLUMENBERG, H.: El mito y el concepto de malidad, Barcelona, Ed. Herder, 2004, pág. 45.

101 Véase WEBER, M.: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Madrid, Istmo, 1998; £l político y el científico, Madrid, Alianza, 1998.

10% Una constitución histórica que había encontrado $u teorización en Jovellanos en la época del absolutismo ilustrado. Véase, recientemente, AGUILAR PiÑaL, F.: La España del absolu-Hismo Hustrado, Madrid, Espasa, 2005, passim. Sobre la constitución histórica en el pensamiento de Jovellanos y su influencia, véase VALERA SUANZES, J.: «La doctrina de la Constitución históri-ER de Jovellanos a las Cortes de 1845», en Revista de Derecho Político, núm. 39 (1994), págs. 45 WTUDIO PRELIMINAR XLV el poder de Dios en la tierra) estaba presidido por la idea discutidora 1% e ilecisoria («despolitización», pues, toda vez que la política soberana es decisión bre la unidad y el orden social que debe ser orden divino) porque la razón críti-1 del pluralismo del parlamento (se vislumbra el temor a la democracia parlamen-Harta cuyo advenimiento ve venir con una fuera irresistible— y a la idea de un jue-1 compromisorio entre ideas pluralistas en lucha), y como tal se convertía en una instancia de poder insuficiente cuando la coyuntura política exige una decisión fuerte y homogeneizadora: el carácter pluralista y discutidor del parlamento lo impin, según él 1%, El parlamentarismo, como idea de la política liberal, sería expre- '0% Esa crítica al liberalismo es, en concordancia, la asumida también por Carl Schmitt.

En su opinión «el liberalismo discute y transige en cada minucia política, quisiera diluir también la verdad metafísica en una discusión. Su esencia es negociar, un definirse a medias que sr mantiene a la expectativa con la esperanza de poder convertir el encuentro final, la san-Menta batalla decisiva, en debate parlamentario y aplazarlo indefinidamente mediante una eterna discusión. La dictadura no es el extremo opuesto de la democracia, sino de la discuión, Es peculiar al decisionismo del espíritu donosiano admitir siempre el caso extremo, en Espera del Juicio final. Por eso desprecia a los liberales, y, en cambio, respeta el socialismo Aleo-anarquista como a su enemigo mortal, reconociéndole una grandeza diabólica». Cfr. Cfr. Hmrrr, C.: Interpretación europea de Donoso Cortés, Madrid, Eds. Rialp, 1952, pág. 89. Y añade Hue «en la historia de la crítica del parlamentarismo moderno, él formuló con carácter defivitivo todos los puntos de vista decisivos. Sobre todo, aprehendió en su más honda esencia ÁÍ problemas de la discusión burguesa, al definir la burguesía como «clase discutidora» y opoer al intento de fundar un Estado sobre la discusión, con gran energía, la idea de decisión.

Migue siendo éste un gran acierto teórico y político. Por lo demás, su singular importancia striba en haber advertido —-en una época de relativizadora disolución de los conceptos y anonismos políticos y en un ambiente de fraude ideológico— la noción central de toda gran Molítica y en haberla mantenido firmemente a través de toda suerte de engañosas y falaces Muscaciones, tratando de determinar más allá de los distingos propios de la política del día, nos histórica y fundamental distinción entre amigo y enemigo...Es el filósofo de la Pelsión de una dictadura radical» (Ibid., págs. 141-142).

' En todo caso su crítica el régimen liberal de gobierno va más lejos: «La revolución sido hecha en definitiva por los ricos y para los ricos, contra los reyes y contra los pobres. i dejo esta demostración a un lado no es porque sea difícil, sino porque sería larga. Me conentaré sólo con observar que, por medio del censo electoral, han relegado a los pobres en lá limbos sociales; y que, por medio de la prerrogativa parlamentaria, han usurpado la prea de la Corona. Fuertes en esta posición inexpugnable, se han repartido impunemen-2 los despojos de los conventos, lo cual quiere decir que después de haber reclamado el Po-Her exclusivamente para sí en calidad de ricos, han hecho una ley que duplica su riqueza en palidad de legisladores. Desde el día de la Creación hasta hoy, el mundo no ha presenciado di ejemplo más vergonzoso de audacia y de codicia...Lo que vemos no es lo que creemos Her, es otra cosa: es la ira de Dios que pasa, y que a su paso pone temblor en las naciones». lr. Donoso Cortés, J.: «Carta a María Cristina» (París, 26 de noviembre de 1851), en Obras Eumpletas (edición de Juan Juretschke), t. II, Madrid, La Editorial Católica-Biblioteca de Auto-4 Cristianos (BAC), 1946, págs. 599-600.

XLVI JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ sión de una discusión pública racional dentro de la asamblea representativa de la nación, resultando de esa deliberación una decisión normativa. Ésta reflejaría una verdad 108 deliberativa. El parlamentarismo divide el poder y suprime las jerarquías; y acaba definiéndolo como «el espíritu revolucionario en el Parlamento» 109. El par lamentarismo según Donoso no puede ser la sede la soberanía, de la decisión soberana, divide el poder y al hacerlo lo desnaturaliza, porque el poder por su misma naturaleza es indivisible, incomunicable y, sobre todo, uno. Esa división, que cuestiona la esencia soberana del poder, le hace ser indecisorio. En este sentido caracteriza a su filosofía política contrarrevolucionaria la conciencia de que la época exigía una decisión sobre el orden que debe prevalecer **%, En definitiva, según Donoso, el parlamentarismo es un foro de debate de una clase social que se recrea en la discusión (clase discutidora) y que no es capaz de adoptar decisiones fuertes y coherentes ante los enemigos '!!, En una situación crítica este método de decisiones de gobierno es inoperante. Por ello define a la burguesía como «Clase discutidora», que tiende a eludir la decisión en una época de crítica marcada por las luchas so- 108 Esta pretensión de verdad y el escepticismo sobre su capacidad de auténtica decisión sería el centro de la crítica de Donoso y de Carl Schmitt. Cfr. Senmrrr, C.: Sobre el parlamentarismo (Situación histórico-intelectual del parlamentarismo de hoy, 1 923). Estudio Preliminar de Manuel Aragón y traducción de Thies nelson y Rosa Grueso, Madrid, Tecnos, 1990. Schmitt hace notar que «la situación del parlamentarismo es hoy tan crítica porque la evolución de la moderna democracia de masas ha convertido la discusión pública que argumenta en una formalidad vacía» (Ibid., pág. 9). Por el contrario, la defensa del parlamentarismo y de la democracia parlamentaria se realiza contemporáneamente en la magistral obra de KELSEN, H.: Esencia y valor de la democracia, trad. de Luis Legaz Lacambra y Rafael Luengo Tapia, edición y Est.prel., «La democracia en el pensamiento de Kelsen», a cargo de J. L. Monereo Pérez, Granada, Ed. Comares (Colección Crítica del Derecho), Granada, 2002.

10% Carta al director de la «Revue des deux mondes» en refutación de un artículo de M. Albert de Broglie, en Obras Completas, t. Y (edición de Carlos Valverde).

10 Véase, acentuando el punto de vista decisionista en el pensamiento de Donoso, Cfr. Scumrrr, C.: Interpretación europea de Donoso Cortés, Madrid, Eds. Rialp, 1952, pág.73. Para Schmitt «en su radicalidad espiritualidad, Donoso ve siempre sólo la teología del adversario, 1- Carl Schmitt llevaría más lejos la reflexión para afirmar que el parlamentarismo es inútil por su indecisión y, además, es inadecuado funcionalmente para afrontar la dialéctica de gobernabilidad de una sociedad democrática de masas presidida siempre por la tensión conflictiva de intereses y valores contrapuestos en lucha permanente e irreconciliable. Cfr. Senmrrr, C.: Sobre el parlamentarismo, Est.prel., de Manuel Aragón, Madrid, Tecnos, 1990; también, «La época de la neutralidad», en Estudios políticos, trad. F. J. Conde, Madrid, Editorial Doncel, 1975. Lo que importa realzar aquí también es que en lo esencial (por no decir en todo momento) Carl Schmitt utiliza el aparato conceptual diseñado por Donoso Cortes en relación a la soberanía, a la crítica al liberalismo, al parlamentarismo (la decisión soberana, la indecisión liberal y su carácter puramente discursivo, la burguesía como clase discutidora, la visión apocalíptica de una gran lucha final entre titanes venideros, etcétera).

HIDIO PRELIMINAR XLVII len 112 Lo que rechazaba Donoso es que en virtud del proceso de secularización tica y religión quedarán separados en planos operativos distintos: las cuestiones ale» sólo van a concernir en la modernidad a la esfera privada. La decisión polía y la cohesión social no pueden estar fundadas en un Dios que ha muerto soilmente 9. La muerte social de Dios consecuencia del proceso de secularización aede suponer que todo esté permitido, que, en efecto, ningún criterio de orden tá garantizado.

Por otra parte, para Donoso la democracia es la apertura hacia la revolución democracia y revolución son idénticas) donde todo puede ser discutido y todo pue- Fer cambiado; puede transformarse un orden natural por un orden artificial. El 1" Véase Scumrrr, C.: Teología política, en Estudios políticos, Madrid, Doncel, 1975, págs.35 ais, en su Teología Política, se verifica el núcleo central del pensamiento político y jurídico Carl Schmitt que se resuelve en asumir la desconexión o desunión inmediata entre la Idea idica y la Contingencia. La «Teología Política» se revela como una teoría general de la monidad como secularización singular. De ahí que afirme que todos los conceptos utilizados a la moderna doctrina del Estado son conceptos teológicos secularizados. Ciertamente, el hjetivo de la Teología Política no es tan sólo una reflexión general sobre los nexos existentes mire religión y poder, ni tampoco lo es la sacralización del poder o la restauración de los lores de la tradición católica. En ella piensa ante todo en el estatuto ontológico y pistemológico de la política en la Modernidad, esto es, la misma legitimidad de la moderniall concebida como secularización; lo que le interesa es su genealogía y su operatividad en la alítica de la época. La modernidad es para él la era de la secularización. Ello se refleja tam-Hén y especialmente en su estudio «La época de las neutralizaciones y de las despolitizaciones» 1029), recogido en El concepto de lo político (1932), trad. Rafael Agapito, Madrid, Alianza, 1998, Ags, 107 a 122. Ese enfoque no escapaba a la mirada atenta de Donoso que en su pesimismo Matórico de su madurez veía todos los males de la modernidad en ese proceso de secularizaan del mundo de la vida. En el fondo para Carl Schmitt el liberalismo y la democracia parlaientaria son en sí mismas la negación de «lo político». Puede consultarse, al respecto, MONEREO uz, |. L.: «El espacio de «lo político» en Carl Schmitt», Estudio Preliminar a El Leviathan en teoría del Estado de Tomás Hobbes, trad. de F. J. Conde, Granada, Ed. Comares (Colección Srítica del Derecho), 2004, espec., págs. XLIV y sigs.

Schmitt, que admiraba desde los años veinte a Donoso, veía incluso cualidades proféticas mel: «Han hecho realidad -afirma- la vinculación de socialismo y eslavismo que ya en 1848 onoso Córtes anunciaba proféticamente como el acontecimiento decisivo del siglo venidey» (La era de las neutralizaciones y de las despolitizaciones, en El concepto de lo político, cit., pág. 107), El decisionismo de Schmitt le conduce no sólo a vincular soberanía e instancia efectiva e decisión, sino también con el poder (en este caso del Estado) de determinar el enemigo terior (no sólo el exterior): «Esta necesidad de pacificación dentro del Estado tiene como ponsecuencia, en caso de situación crítica, que el Estado como unidad política, mientras exista como tal, está capacitado para determinar por sí mismo también al «enemigo interior»» El concepto de los político, cit., pág. 75).

5 Véase NIETZSCHE, F.: Así habló Zarathustra, Madrid, Eds. Ibéricas, 1964, Primera Parte, Prólogo, apartado Il, pág. 22; también La Gaya ciencia, U, apartados 108 y 125.

XLVUHI JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ ESTUDIO PRELIMINAR XLIX principio democrático es el principio disolvente de todos los gobiernos. "Todas estas se diagnosticaba una época en el límite de confrontación entre el orden y su ameformas políticas arrastran en sí el (para él criticable) proceso de secularización del naza por el desorden revolucionario representado por el socialismo, el auténtico poder político. Pero piensa que la situación de su tiempo es crítica y que el parla- enemigo a batir ante la impotencia del liberalismo en el poder; el liberalismo es mentarismo había conducido a una situación sin salida interna, pues desembocaría indecisorio y paralizante frente a un socialismo que tiene su propia teología polítibien en la dictadura del orden (de los de arriba) o la dictadura revolucionaria (dic- ca y su fuerza decisoria basada en el poder de las masas organizadas encaminada a tadura de los de abajo). La misma posibilidad de una democracia de masas facilita implantar un orden nuevo. Lo que no percibía el liberalismo era la coyuntura de el acceso al poder de las clases desposeídas y con ello su deseo de venganza y de una potencial guerra civil dentro de una sociedad escindida en clases y con adopción de medidas radicales, revolucionarias 114 Él opta por la Dictadura del or- elevadísimas cotas de desigualdad, miseria y pobreza. Pero la opción de Donoso ante den frente a la amenaza de una revolución social que conduciría irreductiblemente la cuestión social y su derivación política es la caridad y la dictadura del orden; no a una Dictadura socialista. A partir de aquí (sobre todo desde su Discurso sobre la la reforma social; ni la monarquía de reforma social tal y como había sido postuladictadura de 1849) se produce en su estructura de pensamiento una yuxtaposición da por Lorenz von Stein **%, como reforma sociopolítica desde arriba; quien, por compleja y contradictoria entre tradicionalismo y decisionismo político, teniendo otra parte, no tiene inconveniente en hablar de una «dictadura social» 11”. La polítien cuenta que uno y otro tienen en su modo de pensar una dimensión teológico- ca excede y va más allá del Derecho (orden jurídico). En ambos casos, de lo que se política 11”. Este «Discurso sobre la dictadura» supondría el punto de inflexión ha- trata es de conservar un orden natural y permanente en su esencia más profunda; y cia la concepción de una teología política decisionista y de carácter apocalítico, pues para conservarlo (vale decir, eternizarlo) caben dos opciones: la normalización del orden a través de una monarquía liberal (que ve prácticamente impracticable en la coyuntura revolucionaria de su época) o la dictadura del orden (una visión autori-14 Esto viene a decir ya en 1837 en el «Principios sobre Proyecto de Ley Fundamental» tarta o decisionista en cuanto forma política que estaría al servicio del orden natu-(1837), Obras Completas (ed. de Juan Juretschke), Tomo l, cit., págs. 333 y sigs. Donde el au- ral querido por Díos, y precisamente, por ello, legitimado en:su mutoridad divina? tor, por otra parte, aboga por el reforzamiento del poder real, confiriéndole atribuciones para elegir a voluntad los miembros del senado. | qa; 115 Con independencia de esta consideración se ha señalado que una característica de lista o decisionista), pero no existe en puridad una contraposición insalvable entre su teología viene dada por su dependencia de los tradicionalistas franceses. Ese tradicionalis- las dos. Partiendo de la situación concreta de excepción que pone en grave peligro mo de base teológica se observa en ensayos de diversos períodos, incluido su Ensayo. La esen- el orden existente, él legitima la dictadura si es capaz.de contrarrestar con éxito las cia del tradicionalismo consiste en que rebaja la capacidad del conocimiento humano y la fuerza espiritual en que hace de la Revelación y de la tradición la base del conocimiento humano. La fe, en el más amplio sentido, se convierte en principio de toda actividad espiritual o, por lo menos, de las verdades morales y religiosas. Todo este sobrenaturalismo determina y acuña todo el pensamiento de nuestro político. Por otra parte, el fundar todos los conocimientos en la Revelación convierte al catolicismo en un edificio doctrinal universal, en un 1** Srrin, L. Von.: Movimientos sociales y monarquía, trad. de E. Tierno Galván, Madrid, sistema de todas las verdades posibles. El catolicismo es por ello mismo el depositario de to- EC, 1981.

das las verdades, la luz para todos los misterios, el archivo de todos los secretos. Cfr. WESTEMEYER, 117 Véase Srern, L. Von.: Geschichte der sozialen Bewegung in Frankreich von 1789 bis auf unsere D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo (1957), Madrid, Editora Nacional, 1957, págs. 69- Jiige, 3 "Tomos, Darmstad, 1959, en particular t. 1, pág. 453 y t. 3, págs. 213 70 y 248 y sigs. Se ha apuntado que a partir, ante todo, del «Discurso sobre la Dictadura» no "** Influido directamente por esta concepción, Carl Schmitt hace notar que «Soberano hay ya vacilaciones, alcanzando la conclusión de que en la situación concreta de la época toda es quien decide sobre el estado de excepción». En toda la segunda época de Donoso, pero exigencia liberal carece para él ya de sentido y validez: El Estado necesita un gobierno dicta- Fipecialmente su «Discurso sobre la Dictadura», en Obras Completas, (ed. de Juan Juaretschke), torial. No es que defienda la dictadura como tal, en sí y por sí, como un régimen mejor al que E, M, cit.; y su Ensayo, que siempre consideró como una obra clásica fundamental para la filohaya de aspirarse. Pero, entendiendo, que en tales circunstancias de desorden, y ante la alter- sofía política moderna. Detenta la soberanía que se resuelve en un monopolio de la decisión nativa de dictadura de la rebelión o dictadura del Gobierno, se debe recurrir a esta última sin iltima anudada a una situación de excepción. Realza, pues que el Derecho procede del Povacilación.

De ahí que se deba arrebatar a la oposición su principal arma, el principio de lega- Her, tanto más en estos casos donde cabe subrayar que procede «directamente» del poder reallidad, Desde este realismo político considera que las leyes se han hecho para las sociedades y mente existente. Detrás de la norma existe siempre el poder de los hombres que se sirven de no las sociedades para las leyes. Véase Scuramm, E.: Donoso Cortés. Su vida y su pensamiento, trad. ella como medio para ejercer su poder efectivo revestido de legalidad. A la idea de soberanía Ramón de la Serna, Madrid, Espasa Calpe, 1936, pág. 170; Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento Fa inherente la decisión. Véanse, Teología política, en Estudios políticos, trad. F. J. Conde, Made la Tradición, Madrid, Editorial O crece o Muere, 1961. Hrid, Editorial Doncel, 1975; Legalidad y legitimidad, Madrid, Aguilar, 1971 (de próxima publi- Puede acentuarse en Donoso una u otra dimensión de su pensamiento (tradicionacorrientes revolucionarias. Para Donoso como para Carl Schmitt 115, soberano es quien tiene el poder efectivo de suspender el orden jurídico y eventualmente de fundar un orden nuevo. La soberanía comporta el poder en sí sobre la decisión última en situaciones críticas de excepción o desestabilización de un orden concreto, siendo para Donoso (como para Schmitt en este punto) la auténtica realidad del poder y de lo político. El elemento trágico de la política reside en gran medida en esa continua exposición, en este constante desafío, a la situación de excepción. Por tanto, la exigencia de unidad y de cohesión interna de la comunidad política exigirá, por (contraposición a la ilusión de la racionalidad ilustrada) siempre una respuesta dictatorial, porque no será posible neutralizar jurídicamente el conflicto ante la presencia del enemigo interno y externo para el orden pretendido. En la lógica del pensamiento de Donoso no será posible un orden estable, hasta la última decisión divina. El mantiene aquí un modelo político y jurídico (por este orden secuencial) realista de soberanía: es así que frente a la postura adoptada por el liberalismo (desde el mismo Sieyés) la soberanía en situaciones críticas corresponde al poder constituyente, no pertenece al poder constituido. El poder constituyente en su expresión más radical no puede quedar limitado por el orden jurídico constitucional como máxima expresión formal del poder constituido. El poder soberano es el llamado a garantizar el orden y la unidad del sistema político, incluso situándose al margen de las