Tres novelas ejemplares y un prólogo
- Language:
- Spanish
- Status:
- Complete work
- Authorship:
- Written by the author
- Condition of the text:
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- Extent:
- ~27,800 words · 132 passages
Cite this work
- APAMiguel de Unamuno. (n.d.). Tres novelas ejemplares y un prólogo. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/en/works/miguel-de-unamuno/tres-novelas-ejemplares-y-un-prologo-spanish
- MLAMiguel de Unamuno. Tres novelas ejemplares y un prólogo. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/en/works/miguel-de-unamuno/tres-novelas-ejemplares-y-un-prologo-spanish.
- ChicagoMiguel de Unamuno. Tres novelas ejemplares y un prólogo. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/en/works/miguel-de-unamuno/tres-novelas-ejemplares-y-un-prologo-spanish.
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What it is about
Three short novels and a prologue worth as much as they are.
Context and history
In the prologue Unamuno sets out his idea that each person is three men — the one he believes himself to be, the one others believe, and the one he really is — and that the third is what makes the novel. Nothing Less Than a Man is the best known of the three. Text in SPANISH: the original. Unamuno wrote in Spanish and that is what should be cited.
Editorial context, not a citable source: unlike the passages of the work itself, these statements cannot be checked against the corpus.
puerto de la viuda estéril, alegráronse como de una ventura del hijo de sus amigos, sin sospechar que aquel puerto era un puerto de tormentas. Porque contra lo que creía don Juan, el sesudo matrimonio Lapeira estimaba que aquella relación era ya a modo de un matrimonio, que don Juan necesitaba de una voluntad que supliera a la que le faltaba, y que si llegaban a tener hijos, el de sus amigos estaba salvado. Y de esto hablaban con frecuencia en sus comentarios domésticos, en la mesa, a la tragicomedia de la ciudad, sin recatarse delante de su hija, de la angelical Berta, que de tal modo fué interesándose por don Juan. Pero Berta, cuando oía a sus padres lamentarse de que Raquel no fuese hecha madre por don Juan y que luego se anudase para siempre y ante toda ley divina y humana—o mejor teocrática y democrática—aquel enlace de aventura, sentía dentro de sí el deseo de que no fuera eso, y soñaba luego, a solas, con poder llegar a ser el ángel redentor de aquel náufrago de los amores y el que le sacase del puerto de las tormentas. ¿Cómo es que don Juan y Berta habían tenido el mismo sueño? Alguna vez, al encontrarse sus miradas, al darse las manos, en las no raras visitas que don Juan hacía a casa de los señores Lapeira, había nacido aquel sueño. Y hasta había sucedido tal vez, no hacía mucho, que fué Berta quien recibió al compañero de juegos de su infancia y que los padres tardaron algo en llegar. Don Juan previó el peligro, y dominado por la voluntad de Raquel, que era la suya, fué espaciando cada vez más sus visitas a aquella casa. Cuyos dueños adivinaron la causa de aquella abstención. «¡Cómo le tiene dominado! ¡Le aisla de todo el mundo!»—se dijeron los padres. Y a la hija, a la angelical Berta, un angelito caído le susurró en el silencio de la noche y del sueño, al oído del corazón: «Te teme...» Y ahora era Raquel, Raquel misma, la que le empujaba al regazo de Berta. ¿Al regazo?…