SigPhi · Angel Ganivet

El escultor de su alma (drama mistico)

Spanish

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Ausente de su país, el fondo imborrable de españolismo que atesoraba el granadino ilustre adquirió mayor relieve; estudió para' su patria y para el honor' de su patria como obrero incansable; y más español cuanto más lejos de España le empujaba el destino,, escribió la obra más consoladora, y de más noble hermosura, de más sano patriotismo y de más elevada filosofía política que se ha publicado durante el último siglo en nuestro país.

Esta obra es el Idearium español, libro que en poco más de ochenta hojas contiene la sustancia de centenares de volúmenes. La índole de las materias que contiene, la concisión conque están expuestas,. pues el Idearium es un compendio cuyo desarrollo aplazó el autor para más tarde, hacen dificilísimo dar idea de esta obra. Sin embargo, de estas dificultades, he aquí un extracto de extractos, una especie de quinta esencia del bellísimo libro.

Considerando la nación española como un gran ser que vive en la Historia, dedica el autor la primera parte de su libro á analizar el espíritu nacional en todas sus fases: espíritu religioso, espíritu territorial, espíritu militar, espíritu jurídico, espíritu artístico; y del estudio de estas fases, que el autor explica llevando la convicción al ánimo de quien lo lee, pasa á examinar el desarrollo histórico de la nación y demuestra cómo por un extravio de las aptitudes naturales de nuestro espíritu, independiente y de resistencia como definidamente peninsular, pero contrario al ideal conquistador que su territorio impone á los países continentales, España se lanza á la conquista y realiza una expansión militar como no se conoce otra en la Historia, abarcando con sus únicas fuerzas todo el mundo, y semejando, por ello nuestra política internacional en la Edad Moderna, una* rosa de los vientos.

No correspondía ni á nuestras aptitudes ni á nuestras fuerzas obra tan colosal, lograda á costa del empobrecimiento de nuestra vida interior y propiamente nacional que debe tener su asiento en la península, y tras la expansión vino la decadencia representada en un largo Calvario de cuatro siglos, que se inicia apenas llegado el apogeo de nuestro poderío con el descubrimiento y la conquista de América. Extraviado en esta forma el rumbo histórico de la nacionalidad, se pierden unas aptitudes y otras no llegan á su completo desarrollo como ocurre en el arte español cuyo siglo de oro, es solamente un anuncio de lo que hubiera sido el genio nacional desarrollándose en su propia y natural esfera.

España agobiada bajo el peso de sus grandezas llega á la época presente debilitada y empobrecida; = 26 = apenas puede sostener el recuerdo de su antiguo esplendor, y sus últimas colonias (1) son para ella no un objeto de beneficio, sino pesada carga como lo fueron siempre, porque en el espíritu nacional no encarna la idea de la colonización como la entienden algunos pueblos, limitada á explotar la colonia; sino el sentimiento más noble de la asimilación de las razas y la propaganda de las ideas.

En estas condiciones hay que considerar cerrado nuestro período histórico que arranca de la toma de de Granada, abandonar la antigua teoría que computaba la grandeza de las naciones por la extensión de su dominio material y entrar de lleno en otra evolución histórica cuyo principio tiene que ser la reconcentración de las fuerzas nacionales en sí mismas y el desarrollo de todas nuestras energías en el verdadero territorio de la patria, en el viejo solar europeo de donde ha de surgir la nueva fase de nuestra historia y la dominación duradera clel genio de España en el mundo mediante la conquista ideal, ante la que son efímeras é infecundas todas las obras cimentadas en la fuerza. Hay que reconstituir en cierto modo la nacionalidad española, precisa la restauración espiritual de España, si hemos de cumplir la noble misión que nos corresponde en la historia futura, la que estaríamos cumpliendo, sin aquella distracción del espíritu territorial: la de constituir un centro de universal cultura que convierta á España en una Grecia cristiana.

Al mismo tiempo que ordenaba Ganívet los mate- (1) El Idearivm fué escrito en 1897.

ríales del Idearium y de La conquista, no descuidaba su colaboración asidua en El Defensor, y desde Helssingfors enviaba á este diario sus notabilísimas Cartas finlandesas que comenzaron á publicarse en Octubre de 1896 y terminaron en Julio de 1897.

Esta es la obra de Ganivet en que hay menos elemento personal, pues se limita á dar noticia á los lectores de sus observaciones acerca de la vida y costumbres finlandesas. Es una obra curiosísima en la que se pone de manifiesto el fino espíritu observador y analítico de Ganivet; aunque por su índole se presta á las descripciones, estas no abundan en las Cartas, por lo menos en la forma usual y corriente; Ganivet apenas se fija en la superficie de las cosas, no es un colorista; va derecho al fondo, al espíritu de lo que observa, y por esta razón sus descripciones toman, apenas iniciadas, un carácter reflexivo, de comparación de unas cosas con otras, de consideraciones tan luminosas acerca de lo que describe, que el objeto descrito se nos representa rápidamente y en su totalidad, á las primeras pinceladas. Las cartas finlandesas son una descripción orgánica, si cabe el empleo de esta palabra, del país á que se refieren; las cartas segunda, tercera y cuarta son por el asunto, (etnología, teoría constituyente y política general) las que alcanzan mayor altara; la carta vigésima es un admirable estudio de crítica literaria sobre el poema épico finlandés Kalevala, y todas las demás forman con estas, una obra sumamente interesante, de estilo amenísimo, que se apodera del lector desde las primeras páginas, y le interesa del tal suerte que no hay medio de dejar el libro sin llegar al final.

Una de las cualidades que más asombran en Ganivet, es la fecundidad de su inteligencia: las cuatro obras á que me he referido se escribieron en poco más de un año, desde Febrero del 96 á Mayo del 97; la labor que desde esta fecha hasta Noviembre del 98 realizó el autor, es no menos importante en calidad y cantidad pues á este último período corresponden, además c'e los artículos que figuran en El libro de Granada, publicado después de su muerte, y escrito en colaboración, los dos tomos de Las ¡¡'ahajas de Pío Cid, las monografías de crítica literaria Hombres del Norte, y el drama á que este incoherente trabajo sirve de prólogo.

Los trabajos son la obra de Ganivet sobre que se ha escrito menos. De un lado la índole de la obra, poco accesible á la primera lectura, y de otro la circunstancia de haber quedado por terminar, explica el silencio de los amigos y compañeros del autor. De Los trabajos puede decirse, como con razón decía uno de los más discretos apologistas de Ganivet refiriéndose á la totalidad de su obra', que puede compararse á una estatua que el escultor hubiera comenzado á labrar por el pié, dejándola sin concluir; solo se sabe de ella que tiene los pies en dirección á Oriente y que pisa firme. Adivínase por la belleza del fragmento la hermosura que hubiera llegado á alcanzar la obra terminada; pero lo más noble de ella, el contorno del pecho y de la cabeza, la expresión del rostro, quedó para siempre enterrado con el maravilloso artífice.

Los trabajos de Pío Cid es la obra más cuidada de Ganivet; puso en ella el autor sus mayores empeños, y aún parece que trató de reflejar en sus = '29 = páginas su propia vida. Lo imaginativo se mezcla en esta producción con lo histórico y real en términos que hacen dudar muchas veces donde acaba la autobiografía y da principio lo novelesco. Capítulos casi enteros hay en Los Ira bajos que reproducen con fidelidad fotográfica escenas y conservaciones que ante nuestros ojos se han desarrollado las unas, que aún suenan en nuestros oidos las otras, y llenándolo todo, el carácter enigmático, incoherente, con frecuencia contradictorio del protagonista. A veces Pío Cid semeja un andante caballero de nuevo cuño empeñado en desfacer espirituales entuertos; otras lo vemos complacerse en amargar á los que le rodean, lanzándolos, implacable, desde las cimas ele la ilusión á la realidad impura que apaga los más nobles entusiasmos; su alma es una mezcla singular de cínico y de asceta, de sacrificios y de caidas, una perpetua contradicción, algo parecido al flujo y reflujo de las olas. En aquel carácter no hay más que dos notas permanentes: el desprecio de los intereses materiales y de las vanidades mundanas, y la serena tranquilidad con que son aceptados los vaivenes de la vida.

Pío Cid es, un profundo estudio psicológico, y á la vez de moral y de filosofía universales; por el espíritu superior de aquel hombre, condenado á una vida oscura por su propia voluntad, van pasando todos los grandes problemas de la Ética; podrá participarse ó nó del criterio moral con que el protagonista de. Los trabajos los resuelve; pero hay que descubrirse con respeto ante la magnitud de la empresa acometida por el autor, la valentía con que hace lo que pudiéramos llamar disección de las almas = 30 = y el inmenso caudal científico de que alardea. Pío Cid es el espíritu del. hombre moderno, atormentado por su propia cultura intelectual, el Promoteo de nuestros dias, encadenado á la roca de su limitación, roidas sus entrañas por el buitre de la duda.

La infinidad de complejísimas cuestiones que en este admirable y misterioso libro se proponen, anunciaba el autor á su amigos que quedarían resueltas, y tal vez en sentido muy diferente del que por la lectura de los dos primeros tomos se pudiera colé -gir, en el Testamento de Pío Cid, coronación y re. mate de la Odisea de este Ulises del mundo moral.

El pensamiento íntimo de Ganivet quedó truncado por su prematura muerte; el espirita de Pío Cid in* completo, y la obra trascendental del insigne grana -diño, velada por las sombras del misterio. La esfinge sigue muda, y dij érase que una vez más ha devorado al viajero.

Las ideas que expuso Ganivet en uno de los más interesantes capítulos de Granada la bella acerca de «lo viejo y lo nuevo» tienen su aplicación práctica á la literatura dramática en la genial producción que con el título El escultor de su alma, drama místico en tres autos me envió desde Riga en Noviembre de 1898, dias antes de su muerte.

Preocupándole la decadencia de nuestro teatro, hizo en El escultor una valiente tentativa encaminada á marcar los rumbos de la reconstitución posible del arte dramático mediante la adaptación de lo genuinamente nacional, lo que gloriosamente fructificó en siglos pasados, al espíritu de la época.

La representación de la obra, que fue un verda- = 31 = clero triunfo, dio lugar á los más apasionados comentarios, pues reconociendo todos su indiscutible mérito, diferían en cuanto á su fondo filosófico, y mientras unos, de acuerdo en esto con el pensamiento' del autor, calificaban el drama como una producción que cabe dentro de la más pura ortodoxia, ya que el espíritu rebelde y antireligioso de Pedro Mártir queda vencido al final del drama, otros por el contrario le atribuían una significación demoledora y una tendencia completamente negativa, no faltando tampoco quienes, apartándose de las dos interpretaciones, entendieran que el fondo del drama no afecta á las creencias religiosas, y que todo él se reduce á una teoría estética desarrollada en una acción dramática.

En realidad El escultor de su alma, merece la calificación de drama místico que le diera su autor.

El pensamiento artístico que guió á Ganivet cuando lo escribía, ó mejor dicho, cuando lo pensaba, era el de adaptar los autos sacramentales del siglo de oro á las ideas y aspiraciones de nuestros dias. Esta tendencia percíbese bien clara en el auto primero ó auto de la fé cuya versificación emula las esplendideces de la forma calderoniana, y el concep-* to anarece sutil, algunas veces alambicado y siempre de gran altura filosófica. El auto segundo ó del amor es de estilo más moderno, más plástico y por consiguiente más comprensible; y por último el auto de la muerte con que finaliza la obra, vuelve afectar el sello de grandeza hierática que ya se percibe en el primero, y deja al espectador suspenso, atónito, y deslumbraclo.

La idea principal de este drama singularísimo es = 32 = también la auto-perfección del espíritu humano, conseguida mediante la lucha y el dolor; por eso le cuadra perfectamente la denominación de drama místico.

Pero al mismo tiempo El escultor de su alma es una creación grande y profundamente humana; en esta cualidad se halla el secreto de su fuerza dramática y su poder de fascinación, sobre los públicos que ha de ir aumentando según transcurra el tiempo y el drama sea más conocido y se divulgue. Entre las cuatro figuras que intervienen en la acción y que han de tomarse como símbolos y no como figuras de carne y hueso (en cuyo último caso algunas escenas, de las más bellas ciertamente, no tienen explicación) sobresale la del protagonista Pedro Mártir en quien Ganivet quiso encarnar el hombre natural. Pedro Mártir es un personaje al que no es difícil encontrar parentesco en la literatura dramática; pero en honra del autor y de la grandeza del tipo hay que decir que esos parientes de El escultor son las primeras figuras del arte universal, y se llaman Prometeo, Edipo y El Doctor Fausto. Las tres tienen con Pedro Mártir ciertos puntos de semejanza y ninguna se confunde con él; puede decirse que las cuatro figuras son otros tantos aspectos de una sola; la figura desolada del hombre, esclavo de la propia, imperfección, combatiente siempre vencido y nunca domado, titán que trata de escalar el cielo por la conquista de la luz y prisionero eterno de las sombras.

En torno de esta colosal y novísima concepción del espíritu humano y de sus luchas, que aunque pretendiera explicarla no lo conseguiría, muévense = 33 = otras figuras simbólicas: Cecilia personificación de la mujer creyente, y admirable contraste del espíritu rebelde de Pedro Mártir; Alma la creación humana, hija de la razón y de la fé, y símbolo de la belleza ideal, y por último Aurelio en quien se sintetiza la vanidad del mundo y es la única figura pequeña del drama, que está todo lleno por las dudas y rebeldías de Pedro Mártir, las ternuras de Alma y la resignación heroica de Cecilia, junto á las cuales la mediocridad de Aurelio resuena como una calabaza hueca.

Aún cuando en el segundo tomo de Los trabajos de Pío Cid, alude Ganivet, al referir las sustanciosas pláticas del protagonista con sus amigos de la «Cofradía del Avellano» á una tragedia que parece ser El escultor, de la que dice tenerla ya escrita, aunque sin bautizar, yo creo que el drama á que me estoy refiriendo ahora, no estaba escrito en aquella fecha, que es la del verano de 1897, sino que se escribió después, ó por lo menos lo reformó el autor grandemente. Para ello me fundo en que Ganivet, no era hombre que dilatase la publicación de sus obras, una vez escritas y hasta setiembre de 1898 no me habla en sus cartas particulares de El escultor; y por otra parte encuentro el fundamento á mi creencia en que la referida producción parece de los últimos meses de su vida, pues ya se observan en ella ciertos rasgos de pesimismo tan acentuados, una tendencia al absoluto reposo como felicidad suprema, y un tan grande desprecio de todo lo terrenal, que no parece, sino que quien tales pensamientos concebía y expresaba, encontrábase ya casi des- = 34 = prendido de este mundo y mirando de frente el eterno arcano.

Al escribir este drama, como siempre que se elevaba á las puras regiones del ideal, Ganivet tenía el alma puesta en Granada, y asi lo revela no solo que el lugar de la acción es la Alhambra, á cuyos torreones está dedicado uno de los fragmentos poéticos más hermosos de la obra, sino que Ganivet quiso estrenarla en su tierra, y que los derechos de autor se dedicasen á aumentar el fondo disponible para erigir una estatua en esta ciudad al genial artista granadino Alonso Cano.

Por lo que hace á la forma literaria de esta audacísima y genial obra que cierra con broche de oro la producción de Angel Ganivet, no necesito hacer demostración alguna: pronto saldrá el que me leyere (si hay quien tenga esa paciencia) del erial de este difuso y desmañado prólogo, para entrar en el campo amenísimo de El escultor. En él desde las primeras escenas percibirá los destellos geniales de aquel soberano talento; en esas páginas comprenderá que no han sido la amistad y el cariño los que me han guiado en esta exposición de los méritos literarios de Ganivet, sino el sentimiento de la más sincera y extricta justicia.

Siento que á la grandeza de la obra que hoy se publica, no hayan podido corresponder mis fuerzas; pero quédame la satisfacción de haber dicho acerca de Ganivet y de sus libros admirables, lo que lealmente opino de ellos; las grandes lagunas que en la exposición y crítica de esas obras fácilmente hallará quien lea este prólogo, producto son exclusivo de mi limitación, en la esfera del conocimiento,.

= 35 = y aún también del tiempo y sobre todo de la tranquilidad y reposo, indispensables para vencer en empeños de esta índole, que requieren laboriosa preparación.

Si engañado por el buen deseo he querido levantar una montaña, y la montaña, me ha caido encima, que la benevolencia del lector me salve.

El escultor k su alma Drama místico en tres actos Fe. Amor. Muerte COMPUESTO POR Angel Ganivet.

Initium vitae libertas Riga, 1899.

Personajes El escultor, Pedro Mártir. Cecilia, su amante. Alma, hija de ambos. Aurelio, novio de Alma.

La escena en la Alhambra. Epoca indeterminada.

Indicaciones para la representación.

El escultor (el hombre natural) tiene unos 30 años en el primer auto y 45 en los otros dos. Debe tener tipo algo árabe (barba negra) y viste en el auto primero una especie de sobretodo blanco á modo de vestido de casa; en el segundo viste de mendigo; en el tercero entra como está en el segundo y se pone el manto como si quisiera revivir su juventud.

Cecilia (la mujer creyente) es rubia, tiene 20 años en los tres autos y viste como la describe El escultor en el auto primero, escena de las sombras.

Alma (la creación humana) es morena, casi niña, 15 años. Viste de rosa en el auto segundo, y blanco (traje de desposada) en el tercero.

Aurelio (la vanidad del mundo) 20 años; es tipo de artista, viste traje ligero, convencional, pero no á la moda.

Escena. Es esencial que el teatro esté casi á oscuras en los autos primero y tercero. El segundo es en primavera. La escena con todos los detalles que reclama la acción.

El drama no es de acción sino plástico, y aunque no están marcadas las escenas, deben marcarse en las pausas con nueva agrupación de los personajes. La declamación muy lenta en los autos primero y tercero, y natural en el segundo. Interpretación libre, á juicio de los actores; pero sin alterar el texto.

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I -A.-u.to de la, UTe.

Estancia subterránea de una torre de la Alhambra, amueblada como para lugar de cita de dos amantes. Hay muchas estatuas. Luz, débil de un candelabro sobre la mesa y cerca uri diván donde medita recostado El Escultor.

(Después de una pausa).

¿Qué es la vida que vivimos? ¿Es el dolor que sufrimos? ¿Es el placer que gozamos? ¿Es la idea que pensamos? ¿Es la ilusión que fingimos?

(Pausa).

Nace en la idea la ilusión y entre ambas la mente duda...Placer en dolor se muda...y todos reflejos son de una mísera ficción.

(Levantándose. Descriptivo).

¿Qué es placer? Toro de raza, pujante, de bella traza que pisa veloz la arena, y el fuerte bramido llena el ámbito de la plaza...= 42 = (Reflexivo).

Mas...ese toro pujante que encendido en noble fuego lucha bravo y muere luego...¿No es el ciego caminante...y el abismo está delante?

(Pausa).

¡Dolor! El toro abatido por estocada traidora, que su coraje devora oyendo al caer herido del pueblo el loco alarido! Mas...si hablara el toro fiero quizá dijera altanero: al fin esta muerte mía fué morir con valentía; luchando y matando muero.

(Larga pausa. Descriptivo).

¿Qué es placer? Yegua rumbosa de estampa fina y garbosa. Vá por su dueño montada y ricamente enjaezada, y el cuerpo sacude airosa.

{Reflexivo).

Mas...el rendaje la apena, y acaso el cuello levanta como el esclavo que canta al compás de la cadena que amarrada al cuerpo suena.

(Pausa).

¡Dolor! Jaco de desecho por un picador montado y con un ojo vendado...y un cuerno que rasga el pecho = 43 = y vá al corazón derecho! Mas...si el caballo pudiera hablar, acaso dijera: yá se acabó mi agonía más generosa y más pía que el hombre ha sido esta fiera.

{Pausa. Se pasea mirando á la puerta de la izquierda, cuya cortina descorre dejando ver la entrada de una galería oscura. Vuelve á sentarse).

Lleva el placer al dolor y el dolor lleva al placer; vivir no es más que correr eternamente al redor de la esfinge del amor! Esfinge de forma rara que no deja ver la cara...mas yo la he visto en secreto y es la esfinge un esqueleto y el amor en muerte para. {Levantándose).

¡Amor! Torpe sucumbir! ¡Dolor! Noble combatir! ¡Amor! Llorar tras la muerte! ¡Dolor! Resistirle fuerte! ¿Cual es más bello morir? . ¡Placer! La cadena rota: el grito de libertad de la esclava Humanidad; y de esa libertad brota dolor que jamás se agota.

(Pausa Encarándose con las estatuas).

Estátuas que me miráis, ¿También vosotras vivís?

= 44 = ¿También lloráis...y reís? ¿También vosotras pensáis y vuestra idea expresáis como hombres de carne y hueso? No! Sois figuras de yeso! No! Que aunque hablándoos estoy os conozco...el autor soy...(Cogiendo en peso una pequeña escultura).

Cáscaras huecas! sin peso!

(Deja la escultura y se d'rige á ella en tono burlón).

Tú eres Cupido, el infiel...el que á los hombres acechas para clavarles tus flechas untadas de amarga hiél que forman llaga cruel...{Vuelve á pasear meditando).

¿Son las humanas criaturas risibles caricaturas de una excelsa realidad de una sublime verdad (Señalando á las estátuas) como estas pobres figuras?

(Larga pausa)..

¿Cómo este libro leeré dándome solo una letra? ¿Quién la realidad penetra del mundo? Si nada sé; sólo sé que moriré!

(Pausa. Habla consigo).

¿Y á qué quieres saber más? ¿No sabes que morirás? ¿No este saber bastante? ¿No está la verdad delante? ¡Sí! Muriendo la hallarás.

i = 45 = {Pausa. Como si quisiera irse de sí).

Desprecia ese cuerpo inerte! que es el nido de tu muerte! Ese es el caos, donde yace la luz que en tu muerte nace si has luchado...si eres fuerte!

(Exclamando).

Quiero luchar! Quiero ser! ¿Qué? No lo sé; no me importa...Sé que la vida es muy corta y si la dejo correr no puedo al morir nacer.

(Pausa).

¿Qué es, sin libertad, la vida?

Es la rabia de la fiera que entre hierros prisionera ora salta enloquecida, ora se postra abatida...(Enérgico).

Como un torrente furioso correr saltando, espumoso...libre! quiero yo vivir...Aunque al cabo haya de ir á hundirme al mar tenebroso!

(Se sienta. Larga pausa).

Yo también tuve ideales de artista; sueños banales! Yo también me imaginaba que las obras que creaba eran obras inmortales...( Con sentimiento).

Ya solo quiero crear la estatua que estoy creando y ahora la estoy comenzando = 46 = y no la podré acabar hasta que pueda espirar...(Levantándose imperioso).

Porque esta estatua soy yo! Mi obra está dentro de mí...Que solo el que crea en sí puede' afirmar que creó y que algo al morir dejó! Pierde el trabajo que diere todo artista que quisiere dar vida al algo inmortal en papel lienzo ó metal...¡Todo eso es materia y muere!

{Pasea mirando á las estatuas, y por último se acerca á la mesa y coge un pedazo de barro informe y se queda contemplándole. Muy lento.)

De mis obras que nacieron solo mi «Alma» me cautiva...(Se sienta en el dirán).

No está hecha y ya está viva!

{Absorto mirándola).

Bellos ojos que se hicieron con lágrimas que cayeron y que estos surcos labraron...(Muy lento*".

Esta es mi obra más bella...mas yo no soy autor de ella...pues mis ojos la crearon con lágrimas que lloraron...(Se queda dormido abrazado a su «Alma». Aparece por la puerta abierta Cecilia andando con sigilo; lleva en la mano un cabo de vela que pone, encendido, sobre la mesa).

Cecilia.

(Con voz apagada).

¿Duerme?...Sí...duerme soñando...= 47 = ¡Silencio!...¿en qué soñará? Abrazado á su «Alma» está...dormido, la. está adorando...(Como hablando con alguien).

Es su obra predilecta...y es solo barro liviano...y de ahí dice el insano que formar un Dios proyecta.

(Como reconviniéndole) ¡Insensato! No comprendes en tu orgullo desmedido que Satán te ha sugerido esa creación que pretendes...(Mirando arriba).

¿Cómo es posible, Señor, pues que los orbes sustentas que á un hijo tuyo consientas que contigo sea traidor? Mándanos todos los males mas no permitas piadoso que aliente el ser orgulloso que te suscita rivales!

(Pausa) ¡Duerme! Ojalá que durara su sueño una eternidad y que Dios con su bondad en sueños le iluminara! Yo sufriría al perderle; mas gozosa le perdiera, si perdiéndole, supiera que en los cielos he de verle.

(Pausa. Vuelve á mirar hacia arriba).

Ten ¡Señor! misericordia de esta infeliz hija tuya!

-=48 = Déjame libre que hivya de esta mansión de discordia!

[Interroga con las manos cruzadas).

¿Por qué me has hecho caer en esta cárcel oscura? ¿Por qué á esta prueba tan dura me has querido someter?

(Mirándole) ¿A este hombre sin entrañas cómo me has dejado amar? Me has dejado aprisionar ¡y al verme presa te extrañas!

{Con aire infantil).

Yo no tenía experiencia del mundo ni del amor...Amarte á Tí con fervor...Esta era toda mi ciencia! Mi fe, la fe que me diste, la fe que tu gloria alcanza. Mi esperanza, la esperanza que en el alma me pusiste.

{Con arrobamiento).

Yo ignoraba que la vida esta de escollos sembrada é iba así...tan confiada (Se echa á andar, estática).

por el cielo embebecida...Cuando de pronto sentí (Se lleva la mano al pecho).

en el pecho un aguijón que me hería el corazón, é inerte al suelo caí.

(Le mira).

Era él!.. Y fui su esclava...= 49 = ¿Qué era lo que yo sentía? Solo sé que me atraía su hermosura tosca y brava.

(Se queda mirándole con amor).

Acaso es crimen amarle...y este es mi mayor tormento,.. Cerca de él, el sufrimiento me mata; y muero al dejarle.

(Pausa).

¿A quién pediré consejo? Huérfana! Sola en el mundo veo este enigma y me confundo y pienso...y lloro...y me quejo, sin que nadie me comprenda. ¡Ah! Sí! Tú, ¡Señor! me escuchas, Tú me asistes en mis luchas,] Tu fé es para mí una prenda de que voy por buen camino, Tú sabes que con mi fé á este ciego arrancaré de su espantoso destino!

(Suena el toque de oración por la galería abierta. Cecilia se acerca á la entrada, se arrodilla, y reza).

El Escultor.

(Despertando).

¿Eres tú?.. Cuánto has tardado...Hoy que más quería hablarte. Pronto tendré que dejarte (Se dirige á ella).

y ansiaba estar á tu lado, en esta última hora...Cecilia. ¿A dónde tienes que ir?

= 50 = El escultor. Mañana debo partir Al despuntar de la aurora. Cecilia. ¿Pero adonde?

El escultor.

No lo sé.

Cecilia. ¿Tú estás loco?

El escultor.

Loco ó cuerdo me voy; ya es firme mi acuerdo y aunque me maten, me iré! Cecilia. ¿Y si yo no lo consiento?

El escultor. Me iré también. Yo en mí mando- {Echa á andar).

Míos son los pies con que ando y mío es mi pensamiento! Cecilia. ¿Cómo es tuyo, si no sabes á donde vas?

El escultor.

Si supiera adonde voy, no me fuera...¿Saben donde van las aves? No! Se lanzan á volar libres por el firmamento...Van á buscar alimento...Aire libre á respirar...Cecilia. Mas las aves no se alejan = 51 = del nido de sus amores...¿Serán los hombres peores que también á su amor dejan? ¿No te basta la amargura 'que por tí llevo sufrida? ¿Quiéres quitarme la vida? ¿Cavarme la sepultura? ¡Qué duro conmigo eres! Mi vida, mi honor te he dado! Todo lo he sacrificado, por tí! Dime; que más quieres? El escultor. Me has dado más que pedí..! Tú eres rica, inagotable...Yo en cambio soy miserable y poco...nada te di. Todo el amor que tenía te lo he dado, tuyo es.., así, sin amor me ves...Sin amor, por culpa mía...Yo mi pobre amor te daba y en tu pecho lo encendiste. Tú, el tuyo ardiente me diste y en mi pecho se apagaba...( Con ternura).

Mas. pensando, me consuelo que cuanto amor he tenido jtodo! tuyo solo ha sido! ¡Lo juro por ese cielo en que tú, tienes tu fé! ¡Y juro que si algún día vuelve á amar el alma mía á tí sola te amaré!

= 52-= Cecilia.

(Llorando).

¿Y á tu hija? ¡La inocente que hoy ha aprendido á llamarte! ¿Cómo ha podido Dios darte esta luz resplandeciente? ¡Ensueño de un querubín! ¡Destello de santo amor! ¡Rosa de divino olor cogida de su jardín! ¡Esta Alma mía sin ventura que ha acabado de nacer y ya empieza á padecer las penas de tu locura!

{Pausa) Si tú quisieras ser bueno...(Abrazándole).

¡qué felices nos harías! ¡y tú, qué feliz serias!

( Pausa. Describien do).

Un hogar de encantos lleno...Una esposa que te ama con cuanto amor atesora, y una hijilla seductora que en nuestros pechos derrama la paz, con su alegre juego' haciéndonos olvidar este vivir y penar que ahora nos quita el sosiego.

(Pausa).

¿Qué dicha puedes soñar más grande sobre la tierra?

(Él se sienta preocupado).

¡Todo en el amor se encierra = 53-= cuando sabemos amar!

(Pausa), ¿Porqué no amas tú, qué tienes? ¿Qué agravios has recibido? ¿Con quién estás ofendido? ¿Con quién tus guerras mantienes? ¡Con nadie! Tus quejas son hijas del aire, son sueños. Son fantásticos empeños que te nublan la razón. Si mi puro amor desdeñas es porque no le conoces. ¿Cómo de mi alma las voces oirás, si al hablarte, sueñas? Tú sufres, no comprendiendo mi amor, quieres de él librarte. Yo también sufro al amarte; pero te amo más, sufriendo.

(Pausa).

Yo también imaginaba un amor más venturoso: amor de esposa á su esposo, amor que no se ocultaba, amor justo, consagrado ante el altar de mi fé, no este amor, con que cegué; no este amor que tú me has dado.

(Acusando).

Y quizás tu maldad nace de este engaño criminal pues siempre se cobra en mal el mal que á otros se hace.

(Pausa).

Yo no me duelo por mí -=54 = ni por la hija de mi vida en hora triste nacida...Mi dolor es más por tí! Me duele tu obcecación y me dá espanto el perderte en la vida, y en la muerte pues no mereces perdón.

(Pausa).

Hay hombres desventurados que por su sino fatal, por los caminos del mal van, sin saber, arrastrados: hombres de flaco entender ó de endeble voluntad, que al caer en la impiedad caen acaso, sin querer. A estos, Dios también les culpa pero puede perdonarles, porque, amoroso, al juzgarles, vé un motivo de disculpa, mas de hombres de claro juicio, de voluntad poderosa, que con jactancia orgullosa se lanzan al precipicio...de estos, Dios nunca se apena con ellos es implacable y con fallo inexorable al infierno los condena.

(Pansa.)

También un hombre creyente puede errar á Dios buscando y morir, quizá adorando á un ídolo que en su mente nació y ocupó el lugar que solo á Dios es debido; y el Señor, compadecido puede también perdonar pensando que aquel error hijo fué del buen deseo...Mas el miserable ateo ¿en dónde hallará favor?

'(Vuelve á acercarse cariñosamente.)

Tu alma es noble, lo sé bien; grande aun en sus desvarios...Tú no eres de esos impíos que inspiran odio ó desdén. Quizá tu mayor nobleza sea tu amor á la verdad...mas tu amor es ceguedad y en él tu delirio empieza.

(Sentenciosa.)

La verdad, espada fina con dos filos cortadores, hiriendo humanos errores hiere la verdad divina siempre que en manos se vé que no saben manejarla, que no aciertan á empuñarla por el puño de la fé!

El escultor.

Yo tengo mi fé en mí mismo y tú la pones eu Dios! ¿Quién acierta de los dos? Cecilia.

Tu fé se llama egoísmo! El escultor.

Mas si voy á la victoria...= 56 = Cecilia.

(Violento.)

Tu fé es la rabia maldita que en las tinieblas se agita; y mi fé es luz de la gloria. El escultor.

Pero esa gloria es incierta y es una gloria ganada con el alma esclavizada...y mi gloria es libre y cierta, no me la pueden quitar! Está en mi alma esculpida! Está con ella fundida y con ella ha de quedar. Cecilia.

¿Dónde?

El escultor. Sube á donde alcanza con la fuerza de su vuelo. Podrá remontarse al cielo si tiene arranque y pujanza! La fuerza yo se la doy con mis luchas en la tierra...(Se levanta ) Esta vida es una guerra y yo cobarde no soy!

(Imperioso.^ ¿Qué es mi alma? Es un metal sin forma, de poco brillo...

(Golpeando en la mesa ) Con fuego, yunque y martillo forjaré mi alma ideal! Ya imagino estar oyendo duros, secos martillazos = 57 = y ver saltar los chispazos del fuego en que estoy ardiendo!

(Pausa.)

¿Qué me ofreces tú? La calma; la paz que vivir desdeña, la fé que en la muerte sueña para dar reposo al alma.

Y esa admirable quietud la amortajas con primor y con cánticos de amor la encierras en su ataúd.

(Con energía).

¡Quiero ser libre! Vivir! ¿Es un crimen? Si lo fuera no es mayor que si viviera esclavo, haciendo sufrir!

(Pasea).

Cecilia.

(Se acerca y le echa los brazos).

Si yo no sufro, mi vida...Yo en tí presa estar deseo ¡Si á veces, tu imagen veo con la de Dios confundida..!

Y esto no es un desvarío...¡No! Bien sé que Dios desea que mi alma tuya sea pues siendo tuya, eres mío...(Se aparta de él enojada, viendo su sequedad).

Este abandono me hiere Si...por no verme te vas. Te vas! y muerte me das!

(Recobrando el ánimo).

Pero el alma mía no muere! Mi amor te pesa ¿Qué haré?

= 58 = No.. no me doy por vencida! Tú aquí has de volver, con vida; y yo, aquí, muerta, estaré.

(Pausa).

Yo estaré muerta! Tu vivo! Mas te juro que has de verme y que has de reconocerme y que has de ser mi cautivo! Cuando viva, yo tu esclava! Guando muerta, tú mi esclavo!

(Con seguridad).

Porque es mi fé un duro clavo que aún sobre los clavos clava.

(Coge la luz para retirarse y le mira con dulzura).

¿Me das un beso?

(El la coge la mano y la besa en la mejilla).

Otro...Dos..

Mi beso de despedida...y otro á tu Alma dormida (Él la besa en la fren te).

Ya no puedo más...Adiós.

(Apoyándose en la pared, cerca de la puerta).

¿Y la partida es..?

El escultor.

Me iré al despuntar de la aurora...Cecilia. ¿Y te vas tan á deshora..? ¿Y á donde vas..?

El escultor. No lo sé...(Acercándose á ella).

Voy lejos, lejos...muy lejos á donde quiera el azar...= 59 = y siempre me han de alumbrar de tu alma los reflejos...Sigo á una fuerza imperiosa que aquí en mí pecho se esconde y me arrastra...no sé adonde...Perdón! ¿Serás rencorosa? Tú y mi hija vais conmigo ¿Cómo olvidaros podría? Si venciera, vencería también con ella y contigo. Cecilia. Dios te acuerde la victoria de quitarte esa ilusión y volverte á la razón...{Maternal).

Lleva siempre en la memoria esta piadosa sentencia: «Sin fé se puede vivir mas no se puede morir.»

Ella te dará prudencia en cuantos trances te hallares.

(Pausa).

El escultor. «Sin fé se puede vivir».