SigPhi · Angel Ganivet

El porvenir de España (dialeg epistolar amb Unamuno)

Spanish

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En esta experiencia me fundo yo para que no vuelva España jamás á buscar mercados de préstamos para nadie ni á ligar el porvenir de ninguna región española á extrañas voluntades. Nuestra salvación económica está en la solidaridad, porque dentro de España se pueden formar con holgura los centros consumidores, exigidos por las industrias, que en la actualidad tenemos. Si las regiones que van logrando levantar cabeza, vuelven las espaldas al resto del país, despreciándolo porque es pobre, que lleven la penitencia en el pecado. Las colonias han detenido el desarrollo de España. Eramos una nación agrícola hasta hace poco y una nación colonizadora debe de ser industrial, para asegurar así el cambio de productos. España se transformó demasiado tarde y, se quedó entre dos aguas, y en sustancia las colonias sólo han servido para crear industrias que necesitan del amparo del arancel y para retrasar el desenvolvimiento agrícola del país. La mejor solución, pues, en estos momentos, no será la proteccionista ni la librecambista, porque estas palabras son no más que fórmulas del egoísmo Cada cual es proteccionista ó librecambista, ÉL PORVENIR DE ESPAÑA según lo que compra ó vende, no según sus convicciones doctrinales; lo mejor será, como he dicho, la solidaridad. Sin perjuicio de buscar salida al excedente de nuestra producción, lo que más debe de preocuparnos es producir cuanto necesitemos para nuestro consumo y alcanzar un bien, á que pocas naciones pueden aspirar: la independencia económica.

u VI Hay un punto en el que usted no está de acuerdo conmigo. Cree usted que el valor de las ideas es inferior al de los intereses económicos, en tanto que yo subordino la evolución económica á la ideal. No es usted tan lógico, sin embargo, que ponga los intereses materiales por encima de todo idealismo; hace usted una concepción en beneficio del ideal religioso. Y yo pregunto: ¿Por qué no dar un paso más y decir que no sólo la religión, sino también el arte y la ciencia, y en general, las aspirado" nes ideales de una nación, están ó deben de estar más altos que ese bienestar económico, en que hoy se cifra la civilización?

Cierto que hay naciones que inician su acción exterior, creando intereses, tras de los cuales vienen el dominio político y la influencia ¡intelectual; pero España no es de esas naciones; nosotros llevamos el ideal por delante, porque ese es nuestro modo natural de expresión; nuestro carácter no se aviene con la preparación sorda de una empresa; la acometemos en un momento de arranque, cuando una noble ansia ideal nos mueve. Si hoj^ nos vemos totalmente derrotados (y la derrota empezó hace siglos) porque se nos combatió en nombre de los intereses, nuestro desquite llegará el día que nos impulse un ideal nuevo, no el día que tengamos, si esto fuera posible, tanta riqueza como nuestros adversarios. No es esto defender nuestro actual desbarajuste; hay que trabajar y acumular medios de acción, auxiliares de nuestras ideas; lo que yo sostengo es que nuestra acción principal no será nunca económica, pues por ella sólo seríamos imitadores serviles.

Dice usted, amigo Unamuno, que España fué á América á buscar oro, y yo digo que irían á buscar oro los españoles (y no todos), pero que España fué animada por un ideal. Durante la Reconquista se formó en España ese ideal, fundiéndose las aspiraciones del Estado y la Iglesia y tomando cuerpo la fe en la vida política. La fe activa, militante, conquistadora, fué nuestro móvil, la cual creó en breve sus propios instrumentos de acción: ejércitos y armadas, grandes políticos y diplomáticos; todo esto apareció sin saber cómo en una nación oscura y desorganizada, que algunos años antes, en el reinado de Enrique IV, era un semillero de bajas intrigas.

No debe confundirse el móvil indivi" dual con el de la nación. Una nación desarrolla de ordinario sus intereses en la misma dirección de sus aspiraciones políticas y los individuos se aprovechan hábilmente de esta circunstancia para servir á la vez á la patria y á su bolsillo particular. ¿Cuál ha sido el móvil de los Estados Unidos al promover la cuestión cubana? Se habla de sindicatos azucareros, emisiones de bonos y mil negocios de baja índole; pero lo cierto es que estos intereses han sido creados, porque 'responden á una aspiración política más elevada, la de extender la dominación política por toda la América del Sur, utilizando como medio seguro para adquirir prestigio la idea antieuropea, expresada en la doctrina de Monroe.

Hace algún tiempo hablaba yo de este asunto con un centro americano, quien me dijo estas palabras, que muy bien pudieran expresar el sentimiento de la América latina: —Nosotros vemos el porvenir muy oscuro, porque somos pocos para luchar contra los yankees; la idea de éstos es buscar un apoyo en la Antillas y otro en el Pacífico, abrir el canal de Nicaragua y crear una "línea de intereses comerciales,,. Todo lo que caiga por encima de esa línea quedará preso en las garras de la Unión. — ¿Y no cree usted que antes de que llegue ese día la Unión, se deshaga á causa de esos mismos intereses?—Todo pudiera ser; pero mientras tanto, lo cierto es que van adquiriendo casi toda la propiedad de Centro América y que por ese camino pueden llegar á ser los amos.— ¿Y por qué no buscan ustedes el apoyo de Europa? Lo haríamos si Europa no tuviera colonias en América; pero mientras las tenga nos parecería un acto de sumisión acudir á quien sigue siendo nuestro señor. A los americanos les molesta elaire de colonos, que todavía tienen y quieren abatir la supremacía de Europa en América; así, aunque comprendamos el jingo de los Estados Uní dos, no nos oponemos á él, porque lo hace en nombre de la dignidad personal de los americanos.

Por este ejemplo verá usted que aun aquellas naciones que parecen inspiradas por motivos más utilitarios van secretamente impulsadas por ideales sin los que no conseguirán jamás un triunfo duradero. España ha sido vencida como lo sería otra nación, Inglaterra misma, á pesar de su poder, porque luchaba no contra una nación, sino contra el espíritu americano, cuya expansión dentro de su órbita natural es inevitable. En cambio, nuestra victoria sería segura, á pesar de la postración aparente en que nos hallamos, si supiéramos dirigir nuestros esfuerzos hacia donde debemos dirigirlos. Hoy que tanto se inventa en materia de armamentos, no estará demás que inventemos nosotros un cañón de nuevo sistema, al que yo le llamaría cañón X, cuya fuerza no esté en el calibre, sino en la dirección; un cañón que no dé fuego más que cuando apunte á donde debe apuntar.

Quizás en algún caso las fuerzas materiales puedan detener (nunca impedien absoluto) la marcha natural de los sucesos históricos; pero mejor es que no los detengan, sino que, al contrario, coadyuven á la obra. La idea tiene en sí eso que llaman los médicos "vis medicatrLx,, fuerza curativa interna, espontánea; herida en un combate presto se cura, y aun gana fuerzas para empeñar otro mayor, en el que vence. Esta idea, conciencia clara de nuestra vida y perfecta comprensión de nuestros destinos, hemos de buscarla dentro de nosotros, en nuestro suelo, y la hallaremos si la buscamos. Yo he hallado ya muchos rastros de ella, pero su descripción no cabría en este artículo ni en cuatro más. Por esto he pensado consagrar á tan bello tema un breve estudio, que hace meses está en la fragua y que le enviaré á usted cuando lo publique, para ver si logro atraerle á usted á mi terreno, á mi idealismo; será un librillo de poca lectura que pienso titular: Hermandad de trabajadores espirituales.

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