á quien lo compone; aunque sea malo inspira respeto y ocupa un buen espacio *en los estantes de las bibliotecas. Un libro pequeño no tiene defensa posible; si es bueno será mirado á lo sumo como un ensayo ó como mía promesa: si es malo sólo servirá para poner al autor en ridículo. Mi idea es completamente opuesta. Un libro grande, pienso, sea bueno 6 malo, pasa muy pronto á formar parte de la obra. muerta de las bibliotecas; un libro pequeño, si es malo, deja ver á las claras (pie no sirve y muere al primer embate; si es bueno, puede ser como un manual ó breviario, de uso corriente por su poco pesu y por su baratura y de gran eficacia para la propagación de las ideas que encierra. Á mi opinión, pues, me atengo y como demostración práctica citaré esta misma obra, la cual en su primitiva concepción me exigía i\o^ volúmenes de tamaño más (pie mediano y al fin se ha sometido á mi voluntad y se lia conformado con tener un centenar de páginas, Un hombre de buena \oluntad dice en cien páginas todo cuanto tituie que decir y dice muchas cosas que no debía decir.
\7r" tongo fe en el porvenir espiritual de España; 1. en esto soy acaso exageradamente optimista. Nuestro engrandecimiento material nunca nos llevaría á oscurecer el pasado; nuestro florecimiento intelectual convertirá el siglo de oro de nuestras artes en una simple anunciación de este siglo de uro (pie yo confio ha de venir. Porque en nuestros trabajos tendremos de nuestra parte una fuerza hoy desconocida, (pie vi\e en estado latente en nuestra nación, al modo que en el símil con que comencé este libro, vivían en el alma de la mujer casada contra su gusto y madre fecundísima contra su deseo, los nobles y puros y castos sentimientos de la virginidad. Esa fuerza misteriosa está en uosotros y aunque hasta ahora no se ha dejado ver, ñus acompaña y nos vigila; hoy es acción desconcertada y débil, mañana será calor y Luz y hasta si se quiere electricidad y magnetismo.
He aquí un hecho digno de que lijemos en 61 nuestra atención. ¿Cómo se explica que siendo en general los pueblos pobladores de Europa du una, raza común, los griegos hayan sido y sean aún los dictadores espirituales de todos los demás grupos arios ó indoeuropeos? La razón es clara; mientras los demás grupos quedaban incomunicados en sus nuevos territorios, los griegos seguían en contaotu con Asia y recibían los gérmenes de su cultura de las razas semíticas. Lds indoeuropeos tienen cualidades admirables; pero carecen de una esencial para la vida: el fuego ideal que engendra las creaciones originales; son valientes, enérgicos, tenaces, organizadores y dominadores; pero no crean con espontaneidad, l mi eminente profesor alemán, Jhering, autor de un libro de mucho fondo sobre Prehistoria de los indoeuropeos, ha hecho un estudio sutilísimo acerca del influjo de las inmigraciones arias en la antigua organización de Roma, del cual se desprende que esta organización arranca del período de las emigraciones. Aquella,- bandas ó tribus puestas en movimiento y avanzando por territorios desconocidos, tuvieron que crear autoridades ambulantes.
hábiles para regular la marcha; y al establecerse definitivamente, transformaron esas autoridades ya inútiles, en instituciones, en supersticiones 6 sobrevivencias en las que después se ha creído ver una concepción religiosa puramente ideal. Así por ejemplo, el ver sacra m era una reminiscencia del período primaveral, en el que la marcha suspendida durante el invierno, era reanudada; los pontífices fueron en su origen constructores de puentes, y su influencia nació de la importancia extraordinaria que en realidad hubo de tener para los emigrantes la construcción de puentes, sobre los ríos que les afajahan el paso; los adivinos romanos no fueron profetas llenos de divina inspiración, fueren en su origen algo parecido íí batidores ó exploradora, que por las trazas del suelo, por el canto de las uves, ó por señales astronómicas y cuantos signos encontraban (signos de ccelo, podestria, ex avibus, ex tripudiis, etc.), este es. por auspicios*. determinaban el itinerario más conveniente ó más seguro, si fuera posible conocer á fondo les orígenes de todas las instituciones originales de les puebles arios veríamos cómo tedas ellas fueron inspiradas por la dura necesidad, no per arranque ideal, espontáneo; cuando la cultura groco-romana perdió su tuerza y fué necesario que viniera algo nuevo, vino el cristianismo, creación semítica; de suerte que les des puntales que sostienen el editieie serial en (pie boy habitamos, el helenismo y el cristianismo, son dos tuerza- espirituales que por caminos muy diversos nos han enviado les puebles semíticos. Kn general puede establecerse como ley histórica que donde quiera que la razs» indoeuropea se pone en contacto cofl la semítica, surco un nuevo y vigoroso renacimiento ideal. Kspafia, invadida y dominada por los bárbaros, da un paso arras, hacia la organización falsa y artificiosa; con los árabes recobra con creeos el terreno perdido y adquiero el individualismo más enérgico, el sentimental, queco nuestros místicos encuentra su más pura forma de expresión. Los árabes no nits dieron ideas; su influjo no fué intelectual, fué psicológico. La distancia que hay entre una mártir de los primeros tiempos del cristianismo y Santa Teresa de Jesús, marca el camino recorrido por el espíritu español en los ocho siglos de lucha contra los árabes. Así pues, los que con desprecio y encono sistemáticos descartan de nuestra evolución espiritual, la influencia arábiga, cometen un crimen psicológico, y se incapacitan para comprender el carácter español.
Ni'icsTiío Renacimiento no fué un renacimiento clásico; fué nacional; y aunque produjo algunas obras magistrales, quedó incompleto, como dijo, por la desviación histórica á (pie la fatalidad nos arrastró; pero como la fuerza impulsora está en la, constitución natural étnica ó psíquica (pie los diversos cruces han dado al tipo español, tal como hoy existe, debemos confiar en el porvenir; esa fuerza (pie hoy es un obstáculo para la vida regular de la nación, porque se la aplica á lo que no debe aplicársela, ha de sufrir un desdoblamiento; el individualismo indisciplinado que hoy nos debilita y nos impide levantar cabeza, lia de ser algún día individualismo interno v creador, y ha de conducirnos á nuestro i6i gran hiunt'u idea!. Tenemos lo principal, el hombre, el tipo: nos falta sólo decidirlo á que ponga manes (•¡i ia obrfti Todos los pueblos tienen un tipo real ó imagina* do eu quien encarnan sus propias cualidades; en to« das las literaturas encontraremos una obra maestra, en la que ese hombre típico figura entrar en acciútij ponerse en contacto con Id socierlad ríe su tiempo y atravesar una larga serie de pruebas tiende se aquí* lata el temple de su espíritu-, que es el espíritu pro» pío (le su raza. I'lises es el gHego por excelencia; (Mi él se retinen todas las virtudes de un tirio: la prudencia, la constancia, el esfuerzo, el dominio de sí mismo, enn la astucia y fertilidad de recursos de un semita; comparémosle con cualquiora de los conductores de pueblos germánicos y veremos, con más precisióu que pesándola en una balan/a, la cantidad de espíritu (pie los griegos tomaron de los semitas. Nuestro I'lises es Dmi Quijote; y en Don Quijote ñutamos á primera vista una metamorfofis espiritual. El tipo se ha purificado más aún. y para poder movorso tiene que librarse del peso de las preocupaciones materiales, descargándolas sobre un escudero; así camina completamente desembarazado y su acción es una inacabable creación, un piodigio humano, cu el que se idealiza todo cuanto en la realidad existe, y ¡-c realiza todo cuanto idealmente se concilio. Den Quijote no ha existido en Kspaña antes de les ¡indies. ni cuamlo estallan los árabes, sino después de terminada la Reconquista. Sin los árabes. Den Quijote y Sancho Panza hubieran sido siempre un solo hombre, un remede de Tlises. si buscamos fuera de Espafla un^Ulises moderno, no hallaremos ninguno que supere al Clises anglo-sajón, á Robinson Grusoe; «'1 italiano es un ülises teólogo, el Dante mismo, en su Divina Comedia, y el alemán, un Ulises filósofo, el Qpctor Fausto; y ninguno de los dos. os un Ulises de carne y hueso. Robinson sí es un Clisos natural, pero muy rebajado de talla, porque su semitismo es opaco, su luz es prestada; es ingenioso solamente para luchar con la naturaleza; es capaz de reconstruir una civilización material; es un hombre que aspira al mando, al gobierno exterior» do otros hombres; pero su alma carece de expresión y no sabe entenderse con otras almas. Sancho Panza, después de aprender á leer y á escribir, podría ser Robinson; y Robinson, en caso de apuro, aplacaría su aire de superioridad y se avendría á ser escudero de Dou Quijote.
Así como creo que para las aventuras de la dominación material muchos pueblos de Europa son superiores á nosotros, creo también que para la creación ideal no hay ninguno con aptitudes naturales tan depuradas como las nuestras. Nuestro espíritu parece tosco, porque está embastecido por luchas brutales; parece flaco porque está sólo nutrido de ideas ridiculas, copiadas sin discernimiento, y parece poco original porque ha perdido la audacia, la fé en sus propias ideas, porque busca fuera de sí lo que dentro de sí tiene. Hemos de hacer acto de contrición colectiva, hemos de desdoblarnos, aunque muchos nos quedemos en tan arriesgada operación; y así tendremos pan espiritual para nosotros y para nuestra familia, que lo anda mendigando p ñor e mundo, y nuestras conquistas materiales podrán sor aún fecundas, porque al renacer hallaremos una inmensidad de pueblos hermanos, á quienes marear con el sello de nuestro espíritu.
Ano ii, (¡amvkt.
Ilcfsinslors. < Ictubfc. r8u6.
ALCONAS ERRATAS.
¡ñu ftl u'uu Culi un i; k-s las lo nn>i:il IKlV.ll l-JI i •l;llici;l i'xnli ■ ¡UIi'ÍH Nú ú uple iíl;i Esta obra se halla de venta en todas las librerías de España.
Diríjanse los pedidos á las librerías de Viuda ó Hijos de Paulino Ventura Súbate]. Mesones. 52, Granada, y Victoriano] Suárez, Preciados, 48, Madrid.
OBRAS DEL MISMO AUTOR.
Granéala la bella.- — Edición privada. Helsingiors, 1896'.
La com/itisla del reino de Maya por el último conquistador esptmol Pío Cid — Madrid, 1897.
Cartas' finlandesas, (en preparación^.
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