SigPhi · Baltasar Gracian

El Héroe; El Discreto (Farinelli, 1900)

Spanish

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(i) De esta Floresta de apoteg?nas habla F. Wolf en su artículo: Ueber den Hofnarrem Kaiser Karls V, genannt El Conde don Francés de Zúñiga und Seine Chronik^ en Sitz^ ungsberichie cUr phiL kisi. Cías se der k. k. Akadeinie der Wissenschafícn. Wien 1850. V. 22 y siguientes. Otra colección: Dea-eio de sabios, Flor de sentencias, de Francisco Guzraán, autor de unos Triunfos morales, había aparecido en Alcalá en 1557. También conocería Gracián la traducción de Erasmo: Libro de Apothegmas agora nuevamente traduzidos y recopilados en nuestra lengua castellana y dirigida al il^ Señor Don Per asan de Ribera^ An versa 1549.

glo XVII en España, como en otras partes, y leíanse más en traducciones que en el original, así la Piazza imiversale (trad. por Cristóbal Suárez de Figueroa), como el Serraglio degli stiipori del mondo, al Sinagoga degli ignoranti^ el Hospital dé Piazzi incurabili, desilusionaron á Gracián, que gustaba de todo lo curioso, barroco y extravagante. Debajo de rumbosos títulos no halló ni realidad ni substancia. En la Cueva de la nada fCritic, III, 8), donde acaban varios libros de autores italianos, pasan también los de Garzoni que, á pesar de estar en grande reputación, nada vallan: (dos más pecan de floxos, no tienen pimienta en lo que escriven, ni han hecho otros muchos de ellos, que hechar á perder buenos títulos, como el Autor de la Pla^a Universal: prometen mucho y dejan burlado al Letor, y más si es español» (i). Otros italianos: el Giovio, Doni, Guicciardini, Bentivoglio, Birago, Siri, Malvezzi, Botero, Boccalini, salen con más honra de la crítica de Gracián. De los tres últimos, que influyeron muchísimo también en Quevedo, Gracián habló siempre con gran estima y admiración. ((El Marqués Virgilio Malvezzi» dice en la Agudeza (Disc. 57) ((junta el estilo sentencioso de los Filósofos, con el crítico de los Historiadores y haze un mixto admirado; parece un Séne- (i) La expresión «Sinagoga de ignorantes presumidos» en el Criticón (II, 5), está tomada sin duda de Garzoni.

ca, que historia y un Valerio que filosofa». El Romulo es para Gracián {Agud. Disc. 55), en la profundidad, en la concisión, en las sentencias, superior á muchos poemas: ((no tiene palabra que no encierre un alma; todo es viveza y espíritu.» (Véase también el Criticón II, 2). La Ragione di Stato de Botero — con su moral que recuerda la de Bodin y Pietro Belli y es diametralmente opuesta á la de Maquiavelo, y cuya importancia ha sido recientemente muy bien determinada por el Prof. Gioda ( i ) —, hallábase á menudo en manos de Gracián, quien la ensalza en muchos discursos de la Agudeza y la encomienda en el Criticón (II, 4) á un principe, ((tan católico como prudente», hallándola ((toda embutida de perlas y de piedras preciosas» (2). Las Aggiunte alia Ra gione di Stato no se publi- (1) C. Gioda, La vita e le opere di Giovanni Botero^ con la quinta parte delle relazioni universali e altri documenti inediti. Milano 1895, Véase también E. Botero, Prudenza di stato o maniere di [gobernó di Giovanni Botero. Milano 1895; G. Cimbali, Líz sapienza poliiica di G. Botero^ en Nuova Antología 1896. Fase. 9.

(2) Los Asilos notables de prudencia^ la Erudita y grave razón de Estado^ de Botero, hallan un verdadero panegírico en la Agudeza. En el Disc. 28 (^De las Crisis Juiziosas) encomienda otros escritos del ilustre autor: el < libro de los dichos memorables de los personajes más graves de estos tiempos, léele que es uno de los libros del buen gusto y de la curiosidad, digno de la librería más selecta, así como todas las obras del Botero.., pero entre todas las obras, las Relaciones del mundo y de los monarcas, en que da razón de los Estados», etc.

carón hasta 1Ó59, un año después de la muerte de Gracián. Las Relazioni iiniversali, también í^ozaban gran favor en España y hallaban, ya en 1Ó02, un traductor en Rcbullosa (i). Más aún que Botero, gustaba á Gracián el mordaz é irónico Boccalini, ((el que supo más bien decir mal)) ( Criticón, III, 9), que siempre fué hostil á España y al gobiern-) de los españoles, llamado Becolin por Lope de Vega (((Becolin, que al español mataste)) en Rimas de Bur guillo). Los Raoguagli al Parnaso eran un libro favorito de Gracián. En el Criticón, en el Oráculo y en el Discreto, hállanse también reminiscencias de la lectura de la Pietra del paragonc político. Gracián no ha dejado nunca de alabar al enemigo de su patria, á quien reconocía como modelo en la sátira política, á quien llama en la Agude- (i) Conozco una edición de Gerona, 1622: Descripción de ¿odas las Provincias y Reynos del Mundo, sacada de las Relaciones Toscanas de Juan Botero Benes, por Fr. Jayme Rebullosa de la Orden de Predicadores. Compárese este pasaje de la prefacción del traductor con la sátira mordaz del mundo de Gracián: «Aquí finalmente podrá el Letor que digo, echar de ver que la tierra no es inica, rigurosa y cruel madrastra, sino muy amorosa, piadosa y benigna madre, que nunca cansa de servirlo, pues la que lo recoge en naciendo, lo sustenta vivo, lo alcanza muerto, y como fiel depositario lo restituyra el dia de la universal Resurrección.» Como Gracián advierte en la Agudeza (Disc. 28), la traducción española de la Ragione di Stato s& hizo «por mandato del prudente Filipo»: Diez libros de la razón de estado. Con tres libros de las causas de la grandeza de las ciudades, Trad. por A. de Herrera. Madrid 1593.

za, (Disc. i6, 20, 27, 28, 51) ((ingenioso)), ((discreto)), ((juizioso)), ((gran sazonador (de bocados)^ y pone una vez (Disc. 56) al lado de Dante y Petrarca ( i). Quevedo, que escaramuzaba muy frecuentemente en sus escritos con Boccalini, no podía menos de ensalzar su ((sutileza y elegancia)) y le imitó también en varias ((letrillas», en sus Avisos y en sus sátiras políticas (2).

Como precursor de Gracián hay que considerar á Alonso de Ledesma, curiosísimo original, que sepultó muchos agudos, sutiles y profundos pensamientos por su afición insana á lo extravagante, lo alegórico y enigmático, cubriendo sus invenciones con las flores marchitas de un culteranismo de pésimo gusto, usando de un sinnúmero de tropos, conceptos y jeroglíficos, poeta (1) ((Los ingenios italianos los han autorizado y platicado con eminencia (la agudeza compuesta fingida en especial). El Petrarca en sus triunfos. El Dante en sus infiernos. Pero el que más los ha realzado, ha sido Trajano Bocalino en sus Críticos Raguallos del Parnaso, sa9onando lo selecto de la Política y lo picante de la sátira^ con lo ingenioso de la invención, y con lo dulce de la variedad, aunque el estilo es sobrado difuso para un tan intenso ingenio.»

(2) Además de las traducciones españolas del Bocea lini indicadas por Nicol Ant. Mó/. JVova, II, 369, hay también otros fragmentos de traducciones é imitaciones. Véase Gayangos, Catalogue of the vianuscripts in the Spanish language in the British Museuin, London 1875. I, 39. Eg- 555; Pág. 123. Add. ^21, 442; pág. 544. Eg. 2.080). Sabido es que Boccalini es uno de los grandes interlocutores en el Hospital de las letras^ de PVancisco Manuel de FARINELLl FARINELLl muy leído é imitado en su tiempo, pero hoy de lectura pesadísima y casi olvidado. En el prólogo á su Romancero y monstruo imaginado (Lérida, íóió), Ledesma prometía pintar algo más que los ((atajos de la vida, los caminos de la muerte, los quilates de la virtud, los puntos de la honra, los filos de la justicia, los remedios de la prudencia, los términos de la cortesía, las mudangas del tiempo, las huellas de la fortuna, los siglos del pesar, los instantes del plazer, los desvelos del matrimonio, los daños de la lengua, los halagos de la lisonja, los fines de la hermosura, los bríos de la juventud, los enfados de la vejez, los gustos del amor, los azares de los celos, los plazos de la mentira y la lisura de la verdad.)) Como resulta de la correspondencia inédita ya citada, Gracián no había dejado de proveerse también en el almacén de invenciones y conceptos de Ledesma, de quien era admirador por extremo, y llamaba en la Agudeza ((divino)) (á causa de sus rimas á lo divino) (i). A cada obra nueva del (l) ^ Agud. Disc. 33, donde llama á las obras de Ledesma <un equívoco continuado > y á Huesca erróneamente «su dichosa patrias». Más bien que del Aurelio de Fernán Pérez de Oliva (Diálogo de la dignidad del hombre)^ que opone á las ideas pesimistas de Antonio sus ideas optimistas, el nombre Andrenio en el 6V7V/ír¿7/2 parece tomado del «enamorado Ardenio)) de Ledesma. Véase los Conceptos espirituales, Madrid 1600. Romances del desengaño^ e7t que se pinta un amante^ desde que se ena??iora hasta que olvida^ persuadido de los consejos que le dan el entendimiento y la rapoeta segoviano, Gracián quedaba suspenso y y pasmado. Pero el español que más puntos de contacto tiene con Gracián es indudablemente Quevedo, que el filósofo aragonés alababa en la Agudeza cual ((prodigio de sutilidad en la poesía, anteponiendo, sin embargo, los versos á la prosa, á las obras filosóficas y morales.)) En el Criílcón, pues (II, 4), nombrando á Quevedo después de Petrarca y de Lipsio compara sus hojas á las del tabaco, ((de más vicio que provecho; más para reir que aprovechar)) (i). Con todo esto, Gracián participaba, con Quevedo y Cervantes, de la amplitud, el vigor y la audacia del ingenio, la fineza del chiste, la tendencia irresistible á la ironía y á la sátira, el conocimiento profundo de las flaquezas y de los vicios del mundo, la facultad de hallar en seguida el lado ridículo de nuestra pobre y frágil naturaleza humana. Quevedo, mucho más imitador de los clásicos antiguos que Gracián, que hallaba su consuelo y distracción glosando los escritos de los Santos Padres, discípulo de los italianos en política, en filosofía, como él mismo confiesa, discípulo de Maquiavelo, de Cardano, Campazón. La biblioteca real de Darmsladt, posee un manuscrito (N, 3.079) de unas Burlas en equívocos^ compuestos por Alonso de Ledesma, que nr. conozco. Véase un buen artículo sobre Ledesma en Colmenares, Historia de Sogcvia. Esc7'itores Segovianos Madrid 1640, pág 779 y siguientes.

(2) En el Criticón (III, 12), (Quevedo aparece entre los modelos de la prosa.

nella, Paruta, Botero, Boccalini, y, sobre todo, del admiradísimo en España marqués Malvezzi, es inferior á Gracián en la profundidad, en la energía, en la originalidad del pensamiento filosófico. Quevedo tiene ideas geniales que parecen y desaparecen como relámpagos; Gracián tiene ¡deas completas, fijas, duraderas. Quevedo toca sin penetrar, lleva consigo gran parte de la ciencia escolástica, se apoya con preferencia en otras autoridades, sacrifica voluntariamente su propio juicio, su razón y su lógica, sofoca el escepticismo al nacer en su ánimo, apenas se le pone la infalible 6 indiscutible tradición católica (i). No conoce ni regla ni sistema. Tiene menor capacidad y firmeza de pensamiento que Gracián, y á la vez menos gusto. En Quevedo hay exuberancia de fantasía, en Gracián de reflexión. Quevedo es más poeta. Gracián más filósofo (2).

Si á los ya referidos escritos filosóficos y morales de los españoles añadimos otros contemporáneos de las obras de Gracián: la Idea de nobles y sus desempeños en aforismos, de Padilla Man- (1) Véase la exposición muy acertada de la filosofía de Quevedo en el libro de E. Mériraée: £ssai sur ¡a vie et les oeuvres de Francisco de Quevedo. París 1886, pág. 265 y siguientes.

(2) No he logrado leer la dedicatoria de Quevedo á Lastanossa en la Fot tuna con seso, edición de 1650, donde Quevedo juzga á Gracián. La afinidad y desemejanza del genio de los dos satíricos, resulta también comparando la Fortuna con seso con el C7'iticón, rique (Zaragoza 1637-44); el Norte de principes; los Aforismos, de Antonio Pérez, ((tan favorecido de la fama cuan perseguido de la fortuna)) (Agud. Disc. Ó2) (i); la literatura de las Empresas, tan floreciente en España como en Italia (2); las Empresas, de Diego de Saavedra Fajardo; los Proverbios morales...Philosophia cortesana moralizada, de Alonso de Barros (Madrid 1587) (3); otros libros, medio mundanos y medio espirituales como Aprovechar deleitando en un dialogístico espiritual, del cual se deducen varias sentencias espirituales, morales y políticas (Valencia 1653) (4)'? Espejo de cristal Jino, de Pedro de Espinosa (Madrid 1Ó62); las novelas filosóficomorales, como el Guzmán de Alfar ache ó Atalaya de la vida humana, de Mateo Alemán, que Gracián llamaba ((el mejor y más clásico espa- (i J.Jacobs, The art of worldly IVisdom, London 1892, p. XLIII, cree en una influencia de los Aforismos sobre las máximas de Gracián.

(2) Sobre el sentido de la Empresa, véase á E. Pércopo, Marc. Antonio Epicuro en Giornale storico delta litieratura italiana XII, 36 y siguientes. Novati, en Giorn, Stor. IX, 165 y siguientes. Bongi, Analidi Gabriel Giolito I, 507-9. En Baeza 16 13, aparecieron las Empresas espirituales y morales, de Juan Francisco Villava.

(3) Conozco una traducción italiana de estos Proverbios, hecha por Alessandro Adimari, y publicada en Floren- (4) El teatro también reflejaba esta corriente moralizadora. Véase el curioso Auto sacramental nuevo de las pruebas del linaje humano y encofnienda del hombre (1695), P"* blicado por Léo Rouanet, París 1897, ñol)) (i); libros como el 'Pasajero, Advertencias útilísimas á la vida humana^ de Cristóbal Suárez de Figueroa (Madrid 1617) (2); el Hospital de Incurables, de Jacinto Polo; el Desentraño del hombre en el tribunal de la fortuna, de Martínez de Cuéllar; el Teatro del hombre, el hombre, de Juan de Zabaleta; el Espejo de la vida humana, de Pérez de Chinchón, y otras obras de mayor ó menor importancia (3), claramente se verá que la atmósfera de los eruditos de España, á fines del siglo x\i y hasta la mitad del xvii, estaba llena, saturada de ideas políticas, morales y filosóficas; que Gracián no podía menos de respirar el mismo aire de sus contemporáneos; que lo que (1) No he logrado leer todavía una Atalaya da vida, del portugués Curvo Senunedo (Lisboa 1754 (?).

(2) Un libro muy curioso, leído sin duda por Gracián, impreso ya en 1598 en Lérida, es la Ce^isura de la locwa humana y excelencias della^ compuesto por el Licenciado Hierónymo de Mondragón.

(3) Algo parecido al Criticón, más antiguo de fecha, pero lleno también de chistes y sátiras sazonadas, imitadas tal vez de Luciano^ con observaciones agudas y sagaces sobre la vida y el mundo, es el anónimo Ctotalón, que los bibliófilos publicaron en 1871, sin ningún cuidado y sin ninguna crítica.

Menéndez y Pelayo, en su discurso De la poesía??itstica (Estudias de la crítica literaria. Madrid 1893, pág. 29^, halla cierta lejana analogía entre el Criticón y la obra originariamente escrita en arábigo^ para mí desconocida: Philcsophus autodidactus sive epístola Abi jfaatar, ebn Thofail Hahi ben J-okdhany in qua ostenditur quo7?iodo ex inferiorium contemplatione ad superiorum notitiam ratio humana ascenderé posiit, Oxonii, 167 1.

Gracián consideraba toda su vida como fin de sus estudios (((entregándome con afición especial á la moral filosofía, pasto del juicio, centro de la razón y vida de la cordura)), Criticón 1,4), habla ocupado ya incesantemente á otros pensadores menos agudos, sin embargo, y menos profundos. Gracias á la forma sumamente original con que expresaba sus ideas en continua efervescencia, Gracián parece muchas veces inventar, aun cuando realmente sigue la opinión, los pensamientos de otros. No le llamaremos como B. (que en la historia literaria de España no es tan experto como en la de su país) padre del gusto y de la prudencia política en el siglo xvir, también Gracián ha elaborado en su mente clara y profunda el caudal de las ideas ya transmitidas por otros. Nunca un hombre solo, un pensador solitario, puede dejar su impresión particular en el gusto y en la política; hace falta para esto todo un período de civilización, toda una sociedad de eminentes pensadores. Difícil es establecer con rigor si esta ú otra sentencia pertenece á Gracián ó á algunos de sus predecesores. El crítico más experimentado y más docto, puede también errar en el estudio de las fuentes de Gracián. Pero nadie disputará por esto á Gracián la riqueza prodigiosa, inagotable, deslumbradora de las ideas, la genialidad intuitiva, el conocimiento profundo del corazón humano. El mejor libro del mundo es el mismo mundo, decía Gracián; el gran moralista siempre lo tuvo abierto y supo leer en sus hojas con criterio y sagacidad mayores que nadie.

((Seréis hombres, tratando con los que lo son, que esso es propiamente ver mundo; porque advertid que va grande diferencia del ver al mirar, que quien no entiende, no atiende; poco importa ver mucho con los ojos, si con el entendimiento nada, ni vale el ver, sin el notar.»

Lo que otros hablan expresado en una moral floja y diluida, en interminables, soñolientos discursos, en tratados pedantescos de indigesta erudición; lo que el sabio, prudente y piadoso obispo de Mondoñedo había predicado con gran pompa retórica, en un sinnúmero de frases y de imágenes afectadas, con infinitas consideraciones espirituales y morales, Gracián lo expresa en sentencias breves, en aforismos lacónicos, de dos filos. ((Emprendo á formar con un libro enano un varón gigante, y con breves periodos inmortales hechos» —decía Gracián en el prefacio del Héroe. El más sagaz moralista no declara su moral, prefiere dejarla suspensa para que otros la descubran. El más grande secreto de un escritor es el de saber demostrar en su obra que es superior á lo mismo que produce. ((Es gran eminencia del ingenioso artificio — dice Gracián (Agiid. T)isc. 44) — llevar suspensa lamiente del que atiende y no luego declararse.» Un humor fino y delicioso, la risa escondida del agudo censor, la ironía involuntaria, realzan el valor de las doctrinas morales de Gracián. En esto el autor del Criticón es hermano de Cervantes. En la vivacidad, en el fuego y el vigor del temperamento, en el combate ardoroso contra la tradición escolástica antigua, es el sucesor de Vives y Huarte. Enemigo declarado de toda pedantería y del obscurantismo, de la erudición fría y acompasada, aborrece la ciencia rancia, desaliñada, muerta; quiere vida, animación, vigor y fervoren todo; quiere cultura verdadera, no fingida. ((Sobre los favores de la naturaleza assienta bien la cultura, digo la estudiosidad y el continuo trato con los sabios..., la experiencia fieK la observación juiziosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos: todas estas cosas vienen á sacar un hombre consumado, varón hecho, y perfecto.»

Por su fuerza de observación psicológica, por la libertad y valentía del juicio, Baltasar Gracián es precursor de la ciencia moderna. Contrariamente á Schopenhauer, Gracián no tiene sistema filosófico determinado, escuela ninguna; no quiere más que demostrar, en sus esparcidas observaciones, en sus máximas y reglas de vivir, su gran experiencia, su milagrosa práctica de la vida, su prudencia, capacidad y sabiduría. Es maestro inimitable del chiste, de la agudeza, de lo picante y salado, y, sin excepción alguna, el escritor más lacónico ^de España. ((Lo bueno si breve, dos vezes bueno». En esto es el sucesor más digno de Marcial en su patria. ((A pocas palabras buen entendedor.» Esta inversión del refrán común, fué siempre practicada por Gracián. No la superficie, sino el interior de las cosas, tiene importancia para él. Lo epigramático, lo sentencioso á la manera de Séneca, ha sido siempre una calidad, nunca bastante reconocida y alabada, de los españoles de la edad de oro, á pesar de las quejas de algunos inocentes conocedores de las cosas de España, que condenan sin más ni más toda la literatura española como producto de una retórica enfática, vacía en el sentido y en la forma. En lo epigramático y sentencioso, nadie ha llegado á la perfección de Gracián. Su laconismo obstinado le hace decaer en lo enigmático y pecar de falta de claridad y de arreglo en la forma. Gracián amó siempre el vestido alegórico y simbólico del pensamiento, la acumulación de los emblemas, antitesis, palabras de doble significado, la combinación disparatada, el choque de varias ideas. ((Los Emblemas, Geroglificos, Apólogos, Empresas, son la pedrería preciosa, el oro del fino discurso)) — dice Gracián mismo en la Agudeza (Disc. 58). — Por esto muchos no le comprendieron y le llamaron extravagante y barroco. Por eso es escollo peligroso de los traductores, y fué escollo temible y dañoso también para Schopenhauer, el más genial intérprete de Gracián. En dos capítulos muycondensados, el referido libro de B. trata de Gracián como político y como maestro del gusto. No da, sin embargo, una exposición definitiva y completa de las doctrinas políticas y estéticas del gran pensador español, sino un resumen breve y bastante exacto de Lns máximas y reglas dictadas por la práctica de la vida. Conocemos asi al hombre discreto, al varón atento, al político peleando contra los embustes y las desdichas de la vida. Nunca olvidará el político que la vida del hombre no es otra cosa que una milicia sobre la haz de la tierra. Armese contra los ataques del iiundo, y haga de la prudencia y de la circunspección sus armas favorecidas. Un grano de audacia es también importante cordura. Saber dominar el tiempo y el espacio, saber esperar, es grande arte que todo alcanza. Fundamento de la política es la capacidad (i). Añade el hombre conocimientos á conocimientos; nunca el saber es bastante. Con esta capacidad el rey católico don Fernando supo ganar á todos sus reinos. Sólo el hombre preparado al más animoso combate, á la resistencia más obstinada y heroica, logra favor en el mundo. Gracián cree firmemente, como algu- (i) Botero, antes de Gracián, había dicho: Dclle reía zioni universali^ Ferrara, 1593. T. II. Proemio sobre el Valor ^ pág. 7: «II valore consiste nell' accortezza deir ingenno, con la quale e si conoscono e si abbracciano opportunamente l'occasioni e si schivano e si spianano le difficoltá.»

nos modernos filósofos y poetas, como Goethe y G. de Humboldt, por ejemplo, en el poder individual del hombre (i). Todos los acontecimientos humanos son para él efecto de fuerzas individuales. El hombre aislado, no la humanidad en su complexo, es dueño de la acción. Sin astucia, el cuerdo político no llevará siempre la victoria sobre los otros. Es menester á veces disimular (2). Menester es también saber usar de la necedad en provecho de si mismo. Gran sutileza del vivir, saber vender el aire. Negóciase en el aire con el aire. Gracián, el prudente educador del político, no tiene escrúpulos de ense- (1) Véase el capítulo sobre la filosofía individualista de G. de Humboldt y sus relaciones con la de Rousseau en mi libro Guillanme de Humboldt et 1' Espagnc. París, 1897. pág. 10 y siguientes, y el estudio de J. Volkelt, Das Rechi des Individualismus en la Zeiisch. f. Philosophie u, philos, Kritik, 1898, vol. iii.

(2) A la moral del «hombre político», de Gracián, se parece en algo la moral política del Príncipe en la Idea de un príncipe en cien empresas, de la cual hay una traducción alemana: Ein Abris eines Christlich-Poliíischen Printzens, In CI Sinn-bildern und mercklichen Symbolisc/iefi Sprüchen gestelt von A. Didaco Saavedra Faxardo. Zu vor auss dem Spanischen ins Lateinisch; nun ins Deutsch versetzt, Zu Amsterdam. Anno 1655. (Véase el Símbolo 36). No puedo creer con B. (pág. 33) que hay en la Idea de un príncipe influencia de Gracián. Las Empresas de Saavedra Fajardo aparecieron casi al mismo tiempo que el Político del jesuíta aragonés. Añádase que Fajardo escribió su obra en gran parte fuera de España, y que anduvo errando tres años por Alemania. (La dedicatoria de las Empresas tiene la fecha de Viena-Julio 1640.) Excusado es decir que Gracián venñar á la sazón máximas egoístas y tiranas á los ojos de muchos. Tan grandes son los peligros á que está expuesto el hombre, tan importante es saber ser dueño de sí mismo y de los otros en todas ocasiones, que los expedientes mefistofélicos son muchas veces medios indispensables para la existencia. No séase columbino en todo; altérnense la calidez de la serpiente con la candidez de la paloma. — No fué Gracián el primero en definir el ((discreto»; pero nadie como él sabe pintarlo aguerrido en todo, armado de pies á cabeza. Ser cuerdo y prudente, saber callar en ocasiones, son para él extremadas prendas. Gran lección es saber vender una eminencia afectando el encubrirla para conservarla, y aun aumentarla con el deseo. Saber y saberlo mostrar, es saber dos veces. El ignorar es muchas veces tan importante como el mismo saber. Tenga el disce á su ilustre contemporáneo en la sagacidad y profundi dad de las ideas. — Sobre Saavedra Faxardo hay un estudio de Corradi en la Memorias de la Academia de la Historia, y una monografía, no definitiva, pero útil, del conde de Roche y de D. José Pío Tejera: Saavedra Fajardo, Sus pensamientos^ sus poesías^ sus opúsculos, precedidos de un discurso prelitftinnr crítico^ biográfico y bibliográfico sobre la vida y obras del auior^ é ilustrados c«n notas, introducciones y una Genealogía de la casa de Saavedra. Madrid, 1884. — Gracián en el Criticón (III, 12) describe una nave hecha de inco rruptible cedro, que navega en el inmenso piélago de la fama á la isla de la inmortalidad, relevada de Emblemas y Empresas tomadas del Sorio, de Saavedra^ de Alciato y de Solorzano, creto buenos repentes; decía bien el que decía: El tiempo y yo á otros dos; mejor decía otro: El sin tiempo y yo á cualquiera. Gran realce es elegir. Un acierto basta para ganarlo todo con inmortal reputación; basta un yerro en Us llaves de la razón de Estado, para perderlo todo con descrédito. ((Más triunfos le consiguió á Hércules su discreción, que su valor, más plausible le hizieron las brillantes cadenillas de su boca, que la formidable clava de su mano.» — También Gracián encomienda el desprecio como venganza muy acertada en política: Es treta para alcanzar las cosas, despreciarlas. Procúrense los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos. ((Es también el desprecio la más política vengan(;a, única máxima de sabios.)) No déjese nunca el hombre arrastrar por los torbellinos de la vida. ((Es la passion enemiga declarada de la cordura, y por el consiguiente, de la elección.» Arte consumada es aquella del ((dejar estar». — Gracián no predica, pues, el quieta non moveré; no exige una absoluta inmovilidad política; no quiere más que saber señorearse á sí mismo. «Ay torbellinos en el humano trato, tempestades de voluntad, entonces es cordura retirarse al seguro puerto del dar vado.» Completamente libre de adulación no podía estarlo Gracián en su tiempo. Verdad es que en el Político Don Fernando (((El Oráculo mayor de la razón de estado»), había dicho: ((Protesto, que no alienta mi pluma el Favonio de la lisonja»; pero también él tiene sus héroes, á quienes inciensa y adora; á la vez que llama á su rey favorito don Fernando un héroe ((que supo Juntar la tierra con el cielo», llama también á Olivares: ((gigante de cien brazos, de cien entendimientos, de cien prudencias».

Cree B. lo que no creeré yo de ningún modo: que el entendimiento del gusto no ha salido de las controversias estéticas de varios filósofos y poetas; que no es fruto de la observación y ponderación de toda una época literaria, sino que se debe á la ((Gesellschaftslehre» de un hombre solo, de un solo pensador, del único Gracián. De la estrecha celda de un moralista escudriñador, muy diíilmente podía salir la verdadera averiguación y definición del gusto, que B. llama el teorema artístico más importante que quedaba aún á los modernos por descubrir. Mi humilde opinión es que el gusto no se inventa, como no se reconoce y forma de repente. Sin fundamento alguno, Trevisano había afirmado en su introducción á Muratori: Riflessioni sopra il buon gusto (Venecia, 17^6) que los españoles, más expertos y acertados que otros en el uso de las metáforas, habían hallado la palabra ((buen gusto». B. acepta sin más ni más la opinión de Trevisano en su Poetik der Re^iaissatice (pág. 308) añadiendo todavía que ya ios latinos reconocían un ((guslus» y los franceses distinguían un ((vraigoüt)) antes de Gracián. Yo soy del parecer que si B. hubiera seguido con más atención en su libro magistral de la Poética las corrientes liteiarias y estéticas del Renacimiento en Italia (r), probablemente hubiese encontrado una definición ó averiguación del gusto muy análoga á la expresada más tarde por Gracián. No negaré por c->tu que Gracián tenia sus ideas propias é ingeniosas también sobre el gusto; que añadió á su reconocimiento intelectual otro sensual, si asi podemos llamarle; que desarrolló una teoría del gusto particular á su concepción de la vida y de las tendencias del hombre. Saber bien elegir, hallar el momento oportuno en todo, no llegar nunca demasiado pronto y nunca demasiado tarde, saber vender sus cosas (todo es mercancía en el mundo, según Gracián, también los hombres, también la verdad misma), topar luego con lo bueno en cada cosa, lograr todo en su sazón, saber gozar de las cosas en su punto, saber adivinar á veces: en esto consiste el secreto, la yirlousidad del gusto. El gusto y la cultura están (i) Como falta principal de este libro muy conocido, puede considerarse la injusta y casi obligatoria omisión de los infinitos tratados de estética italianos del Renacimiento, tan importantes para el desarrollo de las Poéticas en las otras, naciones. De ellas hablará sin duda con su notable competencia y sabiduría mi activísimo amigo B, Croce en la Storia delV Estética que prepara y de la cual ya ha dado á luz un primer ensayo, Tesi fundajnentali di mi estética etc. Napoli 1900.

en relación reciproca. No hay el primero donde no hay el segundo. B., que supone el contacto de la idea moral y de la idea estética, admitido y clasificado de modo inimitable por Kant y Schi-11er, conocido ya por Gracián ((el primer descubridor de estas esferas)), olvida que no es este descubrimiento de los modernos, sino más bien de los antiguos, admitido ya por Platón y luego por los neoplatónicos del Renacimiento. También presenta B. como el primero que usó la expresión hermosura del alma (((Schónheit der Seele))) á su héroe, que, para él, nunca ha sido bastante alabado como precursor de las modernas corrientes filosóficas, como inventor y descubridor de nuevas partes ignoradas del pensamiento humano. Una indagación exacta y concienzuda de los tratados estéticos del siglo xvi, tanto italianos como espafiolea;. un examen escrupuloso de las interminables discusiones sobre hermosura espiritual, haria muy dudosa esta prioridad atribuida á Gracián. Por el momento, aun haciendo abstracción de la hermosura del ánima de Fray Luis de Granada (i), recuerdo el pasaje (i) «Beir alma» era expresión ya usada por los italianos del Renacimiento, familiar al Ariosto. Recuerdo, entre otros versos, unos muy flojos de Valentino Valenti (II Tempio alia Divina S. Do7ina Giovanna d' Aragona^ Venezia «Perché, tutto quel bene, il Ciel córtese, Ch era in potere, e di Natura, e d' Arte, In si beir Alma, in si bel corpo aggiunse.

siguiente del Tractado de la hermosura y del amor, del escritor lombardo Massimiliano Calví, que manejaba ccn pureza el idioma de Castilla y seguía las ideas filosóficas expresadas en los famosos Diálogos de León Hebreo (i). (Excelencia de la hermosura del ánimo): ((Hago os saver que no es menos annexa la hermosura del ánimo á la del cuerpo, que la claridad á la llama». (Capítulo XIII. De la descripción verdadera de la hermosura humana menos perfecta). ((qué necesidad ay de tractar de la hermosura del ánimo para descrevir esta del cuerpo? pues no solamente no tiene que ver có ella, siendo la una tan distincta de la otra, mas aquella del animo aun no meresce nóbre de hermosura, teniendo como tiene en cada una de sus preparaciones su nombre más propio que hermoso, como son, discreta, bien criada, docta, graciosa, jocunda, cortés, agraciada y otros infinitos» íal f. 15b., léese también la expresión: hermosear al alma).

Como hechizo del buen gusto, vida de las prendas, aliento del decir, alma del hacer, realce délos mismos realces, perfección de las mismas perfecciones, Gracián considera el despejo, pala- (i) Del Tractado de la hermosura y del amor. Compuesto por Maximiliano Calvi. Libro prifne7o. En Milán 1576 f. 39. — Borinski no recuerda un capítulo; Entstehung und Begriffsentwickclung des Ausdrucks Schbhe Seele en el libro de E. Schmidt, Richardson, Rousseau und Goüihe. Jena 1875. (Apend. IV) pág. 318 y siguientes. E. Schmidt no va más atrás de Philipp von Zesen.

bra que ni en alemán, ni en ninguna otra lengua puede traducirse propiamente. Hay alguna afinidad entre el despejo español, y tXje ne sais quoi tan discutido por los moralistas. Feijóo escribió en 1733 tratados: el primero sobre la Razón del gusto ^ el segundo sobre El no sé qué (i), olvidando casi enteramente á su precusor el Padre Gracián, y siguiendo las ideas expresadas por los tratadistas franceses (Crousaz).

Muy atrevida, y, á mi parecer, completamente falsa, es la suposición de que los moralistas franceses La Rochefoucaald y La Bruyére, deben considerarse como sucesores y discípulos de Gracián (2). Por curiosas que sean las semejan zas advertidas en las máximas de los dos franceses— de La Rochefoucauld, sobretodo — con los pensamientos profundos de Gracián (3), nadie