SigPhi · Baltasar Gracian

El Héroe; El Discreto (Farinelli, 1900)

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(i) La predilección de Gracián por las empresas y los emblemas, había invadido también á Uztarroz. Gallardo, en su Ensayo {l^ V. 191), registra una traducción, todavía manuscrita, de Uztarroz: Traducción del diálogo de las empresas que escribió en lengua italiana Esteban Guazo. Ms. año 1634. Véase también el artículo sobre Francisco Andrés de Uztarroz en La tas s a (Bibliot.y I, 58).

nossa, de quien B. (pág. 14) dice, exagerando, «que había dedicado su vida, con sacrificio de sus propios intereses, á divulgar la fama de Gracián en el mundo literario z^; Lastanossa no dejarla de abastecer al amigo con los tesoros de sus preciosas colecciones; su rica biblioteca fué, sin duda, un emporio ó almacén, en donde Gracián tomaba á su gusto, y en todas circunstancias, alimento para su fantasía (i). ((Gusten unos de jardines; hagan otros banquetes; sigan éstos la ca^a; cébense aquéllos en el juego; rocen galas; traten de amores; atesoren riquezas con todo género de gustos y de pasatiempos, que para mí no hay gusto como el leer ni centro como una selecta biblioteca» — dice Crltilo-Gracián en el (l) Gracián, en la Agudeza y Arte de ifige7tio^ (Disc. XIl): «Estimaré siempre al copioso y culto museo de nuestro mayor amigo D. Vincencio Juan de Lastanossa, benemérito universal de todo lo curioso, selecto, gustoso en libroS; monedas, estatuas, piedras, antigüedades, pinturas, flores, y, en una palabra, su casa es un emporio de la más agradable y curiosa variedadD. (Véase también el Discreto^ de la Cultura y Aliño ^ y la Descripción de las antigüedades y jardines de D. Vincencio Juan d: Lastanossa^ hijo y ciudadano de Huesca^ ciudad en el reino de Aragón. Escribióla El Solitario (año 1647) Al Doctor D, Francisco Filhol^ ilustre ornamento y elogio de la ciudad de Tolos a, reimpresa en la Revista de Archivos^ Bibliotecas y Museos (volumen VI, Madrid 1876, páginas 213 y siguientes). Dudo que los versos: <j:Y celebran los versos de la musa sutil Bilbilitana»; en esta descripción se refieran á Gracián como creen los editores (página 229). Muy curiosa es una relación de Vincencio Antonio Lastanossa, hijo del célebre Mecenas: Habitación de las nmsas^ Recreo de ¡os doctos /i silo de vi/tuo- 2IO 2IO Criticón (II, 4) (i). — Para un espíritu tan profundo y vasto como Gracián, que hacía de todo objeto de reflexión y de estudio, gran parte de su vida debió pasarse leyendo y escribiendo. Pero el sabio que había hallado la piedra filosofal «que enseña la mayor sabiduría y en una palabra itiuestra á vivir, que es lo que más importa» [Criticón^ I, 7); que sabia penetrar en el corazón de los hombres como si tuviera en su mano la misteriosa lámpara de Aladino; que tenía las llaves de los pechos más cerrados, no esparció sus conocimientos en un sinnúmero de obras. Siempre inclinado á la concentración, sos^ en la misma Revista (T. Vil, Madrid 1877, pág. 29 y siguientes), de la cual resulta que Lastanossa había publicado las obras de Gracián contra la voluntad de su autor (pág, 30); ay para acreditar el cariño con que siempre ha amado las letras, lo pruebo con decir que el Padre Balthasar Gracián, bilbilitano, de la Compañía de Jesús, hombre virtuosísimo, docto y gran predicador, les sacó con destreza de sus manos varios escritos que le había dictado la lozanía de su profundo discurso en lo más florido de su mocedad, y juzgándolos asuntos dignos de sus mayores primores, contra su voluntand dió á la estampa Gracián, confiesa también haber aprovechado mucho del erudito museo de Bartolomé Leonardo Argensola: «Frecuenté su museo y cada vez admiraba más su profundidad, su seriedad, él era un oráculo en verso*. Agudeza» (Disc. XXIII.)

(i) ((¿Qué jardín de el Abril? ¿Qué Aranjuez del Mayo como una librería selecta? ¿Qué convite más delicioso para el gusto de un discreto como un culto museo donde se recrea el entendimiento, se enriquece la memoria, se alimenta la voluntad, se dilata el corazón y el espíritu se satisface? No hay lisonja, no hay fullería para un ingenio como un libro nuevo cada día.» (Criticó?!^ IT, 4.)

FARINELLÍ cuidó la economía de las obras como la econoT mía del discurso. Muchos estiman los libros por su peso y dimensión, como si se hicieran para cargar los brazos y no para el ejercicio del entendimiento. ((Más obran quintas esencias que fárragos)) — decía Gracián en su Oráculo. Quintas esencias son, en verdad, todos los escritos de • Gracián.

El atrevimiento de los pensamientos de Gracián y su sagacidad escudriñadora, que muchas veces le pone en contradicción con la Iglesia, con los dogmas del catolicismo absoluto, no extrañan en los siglos xvi y xvii, por cuanto del regazo de la Iglesia misma salían los hombres de juicio más libre y sutil, de atrevidas ideas; no sólo los heterodoxos españoles, entre quienes hay pensadores verdaderamente geniales y profundos, sino tan^bién otros que la Iglesia amparaba y bendecía y que, por su reflexión, por la práctica extremada en las cosas del mundo, se levantan muy alto sobre los prejuicios religiosos de la época y son precursores de la sabiduría de posteriores siglos. Bajo la capa del clérigo, búscase al clérigo en vano. La práctica religiosa estaba muchas veces en contradicción con la teoría expresada en las escritos. El ascetismo escondía en sí mismo el escepticismo. No sin fundamento (aun exagerando en algo, según mi parecer) Menéndez y Pelayo, que, mejor que ningún otro, siguió las fases del pensamiento filosófico español en los siglos clásicos, llamaba en un discurso suyo (i) á Luis Vives, Francisco Sánchez y Pedro de Valencia, precursores de Kant.

El continuo ponderar y escudriñar en los destinos de nuestra limitadísima naturaleza humana, ha producido en Gracián, como en oíros muchos, disgusto, aborrecimiento, náusea del mundo. Más bien que La Rochefoucauld, el moralista español hubiera podido decir de sí mismo: (( J'ai done de l'esprit.., mais un esprit que la mélancolie gáte.» (Portraü de L. R. fait par luí méme). La filosofía de Gracián es de los primeros anillos de la cadena que junta entre si los grandes pesimistas y llega á Spinoza, Leopardi, Schopenhauer, Hartmann. iQué es el mundo, qué es la vida á los ojos afligidos de Graciánr En el Criticón, donde el escritor español muestra al desnudo su corazón y su pensamiento, encuéntranse con profusión confesiones suyas. — Madrastra se mostró la naturaleza con el hombre, pues lo que le quitó de conocimiento al nacer, le restituye al morir. — Muere el hombre cuando habla de comenzar á vivir; no es otro el vivir que un (i) De los orígenes del criticismo y del escepticistuo y especialmente de los prectirsores españoles de Kant, En Ensayos de crítica filosófica. Madrid, 1892. Que la Inquisición, lejos de oponer serio obstáculo á l^s obras filosóficas de Vives, HuartC; Sabunde, doña Oliva, Fox Morcillo y otros, daba alas á sus producciones, queda demostrado en la Historia de los heti'.rodoxos (II. 707 y siguientes) de mi amigo Menéndez y Pelayo.

FARINELLr FARINELLr ir cada día muriendo. — Todo pasa en imagen y aun en imaginación en esta vida*, hasta esta casa del saber, toda ella es apariencia. — cQué hay en el mundo sino viento> Al mismo hombre quitadle el aire y veréis lo que queda. — La infelicidad humana hace trofeos de su misma miseria. — No tenéis que cansaros en buscar la felicidad en esta vida, milicia sobre el haz de la tierra; no está en ella. Os cansáis en buscarla desde la cuna á la tumba, oh, peregrinos del mundo, pasajeros de la vida. («No hay dicha, porque no hay estrella fija de la luna»: (Discreto.) — En el mundo todo va al revés. La verdad es perseguida, el vicio aplaudido, la verdad muda, la mentira trilingüe.— Todos los buenos van por tierra y los malos quedan ensalzados. — Ya los hombres han dado en hacer del día noche y de la noche día. Ahora se levanta aquél, cuando se había de acostar. — ¿Cuál puede ser una vida que comienza entre los gritos de la madre que la da, y los lloros del hijo que la recibe? (i). — Llámese el mundo inmundo, y de todas maneras disparatado.— Ya los hombres son menos que mujeres, más puede una lagrimilla mujeril, que toda la sangre que derramó el valor; más alcanza un fa- (i) ^Hay alguno de vosotros que quiera volver al nacer por donde vino, y recular la vida hasta el vientre de su madre? Nones, nones, decían todos: infierno, y no mama: diablos y no comadres.» Quevedo, El entremetido y la dueña y el soplón, Bib, de autor, Españ.^ tomo XXII, pág. 364.

ver de una mujer, que todos los méritos del saber.—. Dichoso tú que te criaste entre las fieras, y ¡ay! de mí que entre los hombres, pues cada uno es un lobo para el otro. — Si los hombres no son fieras, es porque son más fieros. — Todos los mortales somos volatines arriesgados sobre el delgado hilo djá una frágil vida, con esta diferencia, que unos caen hoy, otros mañana; sobre él fabrican los hombres grandes casas y grandes quimeras, levantan torres de viento y fundan todas sus esperanzas. Admiranse de ver al otro temerario andar sobre una gruesa y asegurada maroma, y no se espantan de si mismos, que restriban sobre una, no cuerda, sino muy loca confianza de una hebra de seda, menos, sobre un cabello, aún es mucho, sobre un hilo de araña, aún es algo, sobre el de la vida, que aún es menos.

Si los escritos de este despreciador de la vida y del mundo hubieran liegado á las manos de Leopardi, hubiesen maravillado sin duda al hipocondriaco poeta pesimista de Italia, no menos que los escritos del mismo Leopardi, los Pensieri especialmente, pusieron en admiración á Schopenhauer. Nigún sentimentalismo lacrimoso afloja ni debilita al pesimista de España. Nunca se rinde á la resignación ni al quietismo. No quiere sufrir y tolerar el turbio destino. No conoce ó no quiere conocer el famoso: ((Entbehren, sollstentbehren» de Goethe y Beethoven.

FARINELLl Contra el mundo pervertido y la maldad de los hombres, opone una lucha obstinada, prepara y afila sus armas. A la malicia opone la milicia ( I ). Siendo todo en este mundo: sentimientos, deseos, inclinaciones, acciones, todo en guerra continua, los unos contra los otros, menester es prepararse al combate. Sólo el héroe, el esforzado combatiente, alcanza la victoria. cCómo el hombre tiene que acometer á sus enemigos en la vida, cuáles calidades del ánimo y del entendimiento tiene que desarrollar con preferencia, en cuál manera debe guiar su frágil navecilla en el borrascoso mar de la vida para llegar se- (i) «Militia est vita hominis super terram». fjob. 7.) «Guerra es la vida del hombre mientras vive en este suelo. Quevedo, Visita de los chistes (Bib. de autor, Españ.^ tomo XXIII, pág. 55). Una glosa del mismo pensamiento contiene también un libro, leído y gustado sin duda por Gracián, alegórico y moral al par del Criticó?i^ hoy día muy raro, de D. Pedro Hernández de Villalumbrales: Caballero del SoL Libro intitulado peregrinación de la vida del hombre^ puesta en batalla debaxo de los trabajos que sufrió el caballero del Sol, en defensa de la Razón que trata por gentil artificio y extrañas figuras de vicios y virtudes^ envolviendo con la arte militar la philosofia moral y declara los trabajos que eí hombre sufr e en ¿a vida^ etc^ Medina del Campo 1552. En la pág. III: «Nace el hombre turbia la memoria, ofuscado el entendimiento y turbada la voluntad y sin el uso de la razón...atado de los pies y ligado de las manos...lo primero que hace después de la entrada que ha hecho en este mundo, es llorar su na cimiento, su flaqueza y los trabajos que le esperan». Muy curiosos son en este libro los discursos morales de la Prddencia, de la Razón, del Mundo, etc., El Modenés Pietro Lauro, tradujo el Caballero del Sol^ en italiano (i5S7), y Mattháus Hofstetter en alemán (1611).

2IÓ 2IÓ guro al puerto, al sosiego deseado, á Ja quietud y al descanso^ Este es el problema á cuya solución Gracián dedicó toda su vida. La posteridad le recompensó esta labor con ingratitud y olvido. Los pedantes no reconocieron nunca el valor de sus escritos filosóficos, satisfechos de hallar su obra substancialmente italiana y no española, en la Agudeza y Arte de ingenio, la biblia de la perversión literaria de España en el siglo XVII.

No ha de considerarse á Gracián, como representante del cultermiismo, según erróneamente se ha creído (i), sino como jefe délos conceptistas. Hay notable diferencia entre el estilo y la lengua de Góngora, y el estilo y la lengua de Gracián. El culto habla en imágenes huecas, hinchadas, en heladas metáforas; el conceptista expresa sus pensamientos con enigmas, equívocos, retruécanos, sutilezas, agudezas y alegorías. Aquél no esconde en su lenguaje enfático sentido alguno; éste, pecando también en (i) Borinsky, hablando del Cultis7)io como de una manifestación particular y aislada que nada tiene que ver con el Euphuismo y con el Marinismo^ demuestra conocer muy poco la epidemia literaria que infestó á España en tiempo de Góngora. Véase unos apuntes míos en la Rassegna bibliogr, della lelíerat, ital. VII, pág. 281 y siguientes. Sobre el c Euphuismo» que no es, como cree Borinski, completamente opuesto al «cultismo», véase á Child, Lyly and Euphuism. München 1894, un artículo mío en la Revista crítica de hist, y lit. esp, I, pág. 133 y siguientes, y otro de Aronstein en Englische Studien^ X.XI, núm. i.

la forma, aspira á un profundo sentido en pocas palabras. Hablando con Gracián, el arte de los conceptistas consiste ((en una primorosa concordancia, en una armónica correlación entre dos ó tres cognoscibles extremos, expresada por un acto del entendimiento. De suerte que se puede definir el concepto: es un acto del entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos.» {Agudeza, Disc. II). Verdad es que los conceptistas cultivaban un arte mucho más difícil que los culteranos. «Por decir un concepto, deshonraré una mujer», decía una vez Quevedo, conceptista muchas veces al par de Gracián. (Letra satírica á la fortuna. Biblioteca de autores españoles, LXIX, 301). ((Son los conceptos vida del estilo, espíritu del decir, y tanto tienen de perfección, cuanto de sutileza.» ((Siempre insisto en que lo conceptuoso es el espíritu del estilo», decía Gracián (Agud. XVIII). Nadie, sin embargo, alcanzó la virtuosidad de Gracián en la invención de conceptos. Ni hace al caso si el agudo conceptista cayó de cuando en cuando, y más de lo que él mismo pensara, en los errores de los gongoristas y culteranos, como con exceso queda demostrado en el Teatro de la Elocuencia, de Capmany. Los conceptistas degeneraron en la escuela de los equivoquistas, E sentido simbólico borrábase completamente en pueriles juguetes de palabras. Francisco José de Artiga, en su Epítome de la elocuencia española^ Arte de discurrir y hablar en agudeza y elegancia en todo género de assi¿m/)/os. Pamplona, 172Ó (conozco una edición de Barcelona, 1770), predica los cánones de esta escuela infeliz. Fernando de Velasco y Pimentel escribe otra Arte de agudeza. Deleite de la discreción y fácil escuela de la agudeza en ramillete texido de ingeniosas promptitudes y moralidades provechosas^ con muchos avisos de cristiano y político desengaño. Madrid 1764. Los ((conceptos predicables» de aborrecida memoria, nacidos y derramados en España, hallaron luego su camino en la ya corrompida Italia (i).

(i) B. Croce. / predicatori italiani del seicento e el gusío spagnuolo. Napoli 1899. — El pretendido plagio de la Agudeza de Gracián, hecho por un Genovés (Véase también jfournal de Sgavants^ 1696, pág. 333: L'homme détrompé: L' Agudeza fut traduit en Italien par un Genois, qui eut l'infidelité de s'en faire Auteur». Raffaele Soprani, Li Scrittore de lia Liguria e patticolarmefite della Maritima^ Genova 1667, no dice nada á este propósito), es invención probable de Lastanossa, el Mecenas y patrocinador aragonés, celoso en extremo de las glorias literarias de su amigo. Como queda advertido en la erudita memoria de B. Croce, I iratiatisti italiani ael (( Concettismo)) e Baltasar Gracián (Napoli 1899, pág. 1 1 y siguientes) el plagiario no fué el italiano, sino más bien el español mismo. Gracián deriva buena parte de las ideas extravagantes sobre la agudeza, y hasta sus clasificaciones retóricas, del tratado muy curioso de Matteo Pellegrini, «Delle Acutezze, che altrimenti Spiriti, Vivezze, e Concetti, volgarmente si appellano», Genova, Bo • loggna 1659, tratado que salió á la luz tres años antes de la Agudeza^ de Gracián. Adviértase la prefación del mismo FARINELLJ FARINELLJ Un resumen de la literatura política y cortesana de Italia y de España en el siglo xvi y principios del XVII, como introducción al estudio de los escritos político-filosóficos de Gracián, es necesario complemento para apreciar debidamente la originalidad del jesuíta aragonés, su dependencia de los predecesores españoles y extranjeros, como también las corrientes Hte- Pellegrini á su libro posterior: / jonli delí' Í71í^¿¿^ jio: «inon parlero giá cosi di chi mi trattasse come un certo, che, tradotto il mío trattato delle Acutezze in Castigliano, se ne fece autore, e di piü si gloria che fosse stato da me traspor tato in Toscano. Nei primo io non avrei difficolta in darcene perdono, e, quasi dissi, in compiacermene, perché non potea quel bell' Ingegno dar altra maggior prova di farme stima grandissima. II secondo poi é ben stato un tiro, per non dir altro, sfoggiatamente indiscreto.» Campanella, al principio del siglo xvn, quejábase de que un español le había hurtado una Poética que había compuesto en Roma. ((Scrissi anche in Roma una Foihca secondo i propii ptiitcipii, la quale diedi a Cinzio Aldobrandini Caid. di S. Giorgio, e trovasi nelle raani di molti^ benché uno spagnuolo l'abbia tradotta nella lingua sua e vi abbia apposto il suo nome; la cual cosa allorché ebbi a vederia in Napoli nel Regio Castello, Tanno 16 18, mi mosse ad un riso vera mente grandissimo; ma dcvunque i nostri esemplari testificando contro il jílagiario, e 1í> stesso ladro, alio scopo di cobrire un po'mcglio il furto, in fine si scusa perché, quantunque sia spagnuolo, sovente cita poeti italiani come r Ariosto il Tasso, il Guarini». Véase L. Amabile, Fra Totnmaso Campanella. La sua conghira^ i suoi processi ¿ la sua pazzia. Napoli 1882. I, 77. Una Lógica ó arte de di' rigir bien el discurso^ impresa poco antes de 1603, obra de un aragonés de origen italiano: Grosso de la Rovere, registrada por Latassa (^Biblioteca de escritores aragoneses^ I, 653), es completamente desconocida.

rarias del tiempo. Si puede decirse de Gracián lo que del Zahori (i) en el Criticón (III, 5) que vela ((clarissimamente los cora9ones de todos, aun los más cerrados, como si fuesen de cristal, y lo que por ellos passa, como si lo tocasse con las manos», que todo para él «llevan el alma en la palma», y, como Boccalini, podía vanagloriarse de saber con el ((occhiale político», «penetrare neU'intimo del cuore». (Pietra del Paragone Político, Cosmopoli 16 1 5 ); si Gracián, más todavía que los moralistas de Francia (Montaigne, Charron, Brodin, La Bruyére, La Rochefoucauld, Vauvenargues), podía llamarse escudriñador del corazón del hombre, habilísimo y sutilísimo en la anatomía del alma, no por esto dejó de aprender en el continuo estudio de los clásicos antiguos, de los autores italianos y españoles, sacando de ellos parte de sus maravillosos conocimientos, de su gran sabiduría y cordura^ de su consumada ciencia de la vida. Quiero decir que, B. hace demasiado honor á su héroe llamándole «padre de los dos (i) Una definición del Zahori hállase en el Theatro Critico, de Feijóo. (Tomo III. Disc. V. VII, pág. 92 y siguientes). «Dase el nombre de Zahoríes á una especie de hombres de quienes se dice que, con la perspicacia de su vista, penetran los cuerpos opacos, haciéndose de este modo patente cuanto á algunas brazas debajo de la tierra está oculto. Este es embuste endémico de España...y acaso le hemos heredado de los moros, pues la voz zahori parece arábiga.»

elementos esenciales de la educación moderna: el reconocimiento del gusto y aquella práctica de la prudencia del mundo que en el siglo xvn llamábase política» (pág. i).

El estudio de las fuentes de Gracián presenta infinitas dificultades. La experiencia propia se cubre muchas veces con la experiencia ajena. Como abeja que toma su jugo, ora de una flor, ora de otra, Gracián toma su alimento de éstos y aquéllos, pero oculta á sus autores favorecidos, dando á lo que adquiere su sello de originalidad, expresándolo en aforismos lacónicos y profundos, en relámpagos de ideas. La manía de leer de Quevedo, había invadido también á Gracián. Pero mucho más que Quevedo, el sabio jesuíta sale de la estrechez de la ciencia del tiempo, limitada entonces al conocimiento de los escritores clásicos y de los Santos Padres, y deja atrás á los autores comunes de las Políticas cristianas, de las Reglas ó advertimientos de Principes, Gracián ha sabido aprovecharse de los clásicos: de Plutarco, Platón, Aristóteles, Luciano, Tácito, Marcial, Séneca, pero también de los más raros escritores filosóficomorales, italianos y españoles. Un museo erudito es para él su mayor placer en la vida. No hay lis0nja, consolación mayor para un pensador, decía él mismo, que un libro nuevo cada día. Como Jean Paul Richter, Gracián debía de formar sus colecciones con todo el fárrago de las obras leidas, para tener luego á mano lo que más le gustaba y hacía al caso. Iba sin interrupción á caza de todo lo raro, curioso y agudo. No dejaba en paz á sus amigos con preguntas importunas, como resulta de una carta suya escrita desde Huesca, el 22 de Diciembre de 1666, á Francisco Andrés de Uztarroz, pidiendo que le informase ((de todo lo bueno y ingenioso que V. aliare, porque la agudeza ha de salir muy augmentada». Unos años después, al tomar información de los Equívocos, de Ledesma, rogaba al mismo amigo que le buscase unas rarezas, libros ((ó manuscrito, ó algo que pueda aprovechar.»

En las ciencias políticas, así como en las otras, Italia, desde el principio del Renacimiento, adelantaba á España y á todas las naciones cultas de Europa. Lo que España desde el siglo XVI había producido, en ciencias filosóficas y morales, procedía, ni más ni menos que mucha parte del gran caudal de las artes y de las letras, de Italia. Una copia de la enseñanza de las Universidades italianas era la instrucción de que gozaban los ingenios de España en su juventud, en Salamanca, Valladolid, Alcalá y otras partes. En los círculos de los humanistas italianos, en aquellos brillantes recreos filosóficos que empezaron á florecer desde el tiempo del Magnífico, discutíanse y disputábanse con ardor ya muchos de los problemas de la política y del gusto que ocuparon á Gracián toda su vida. El ideal de la instrucción y educación del príncipe, del cortesano, del político prudente, experimentado, sagaz, eran objeto de serio estudio desde Maquiavelo y Castiglione. En tratados políticos, en eruditos comentarios, en discursos, diálog^os y también en escritos enigmáticos, en juegos de palabras y de fantasía, en emblemas, empresas, en máximas y regla de todo género, desarrollábase, ora en serio estilo didáctico, ora en retruécanos y burlas, satírica é irónicamente, aquella filosofía y práctica de la vida que alcanzaban en largo estudio hombres de Estado, embajadores y filósofos. Los ((arcana política» como los entendía Cardano (i), el ((ars gubernandi)), el arte de dominar sobre los otros y sobre sí mismo, de bien elegir, de tener buen deseo, de vivir á lo práctico y á la ocasión, de bien conversar, de pensar anticipado, de ser cuerdo y audaz á la vez, de saber jugar de la verdad y del desprecio, de negociar y obligar, de usar palabras de seda, de escoger en todo tiempo oportuno, produjeron en Italia aquella agudeza y perspicacia política, aquella maravillosa cordura y experiencia manifestadas en casi todos las relaciones contemporáneas de las embajadas de Venecia, de Mantua, de Ferrara y de Roma, in- (l) Véase G. Vidari, Saggio storico filosófico su G, Cardano^ en Revista italiana di filosofía, VIII (Diciembre 1893.)

apreciables documentos de observación psicológica que hacen deplorar vivamente la desunión y discordia de Italia, que no sólo no permitía aprovecharse de prendas tan raras, sino que las empleaba en su daño y en su perdición. Dichoso el español que en la misma Italia «donde saben tanto», como decía Lope (El amante agradecido^ segundo acto), lograba instruirse, ensanchar sus conocimientos y su experiencia, participando en las disputas de los hombres más esclarecidos del tiempo; envidiábasele en España y teníasele en grande consideración. Lo que salía de las prensas de Italia pasaba en seguida á España. La moda ((de traducir libros de italiano» estaba tan divulgada, decía Lope (vol. XI de las Comedias. Prólogo del teatro á los lectores), como ((fingir cabellos, teñir barbas, hacer pantorrillas, rizar aladares con moldes, concertar cuchilladas», (i) Sería un estudio muy instructivo y útil averiguar y demostrar cómo las ciencias políticas y morales de Italia influyeron en España; cómo (l) ((Esta lengua (la toscana) es muy dulce y copiosa y digna de toda estimación y á muchos españoles ha sido muy importante, porque no sabiendo Latín bastantemente^ copian y trasladan de la lengua italiana lo que se les antoja, y luego dicen: Traducido de Latín en Castellano. (Lope, La Chce, Madrid 1724, pág. 14). — «Por estorbar los insolentes hurtos que hacen, mandamos que no se puedan pasar coplas de Aragón á Castilla, ni de Italia á España, so pena de callar un mes el poeta que tal hiciere, y si reincidiere, de andar un día limpio». (Quevedo, Premáticas del desengañe contra los poetas güeros,) el mismo Antonio de Guevara, tan leído y tan ensalzado^ en muchas ideas está unido al suelo de Italia; cómo los innumerables autores de Tratados de gobierno, de Espejos de principes, de Reglas para vivir: p.ej., Sebastián Fox Morcillo, íRegnis Regisque institiitione, 1556), Ginés de Sepúlveda [De Regno et Regís officiis, 1571), Juan de Torres (Philosophia moral de príncipes, 1576), C. de Bobadilla (Política para corregidores y señores de vasallos en tiempo de paz y de guerra, 1597), M. de Carvalho (Espejos de Prin^ cipes y Ministros, 1598), Juan de Salazar (^Politica española, contiene lui discurso cerca de su Monarquía, materias de Estado, aumento y perpetuidad, 1619), Francisco de la Barreda (El mejor principe Trajano Augusto, 1622), Claudio Clemente (MachiavelHsmus jugulatus, 16^7), Mariana (De Rege), Agustín de Rojas (Buen repúblico), Joseph Micheli Márquez (Deleite y amargura de las dos cortes, celestial y terrena.

Con la asistencia de los ingenios y lágrimas derramadas en la corte del Dios Momo, etc., 1Ó42), y otros: Antonio López de Vega, Pedro Fernández de Navarrete, Juan Eusebio Nieremberg, Vera y Zúñiga, los unos más, los otros menos, imitan y copian á los escritores político-morales de Italia, siendo, pues, incontestable que, á diferencia de sus vecinos, fundan sus doctrinas sobre rigurosos principios religiosos; como también la literatura del asavoirvivre», la cortesanía, la galantería, después de la traducción del Cortegiano hecha por Boscan, después del Calateo de Gracíán Dantisco, contaba sus modelos en Italia ( i ).

Gracián hubo de aprovecharse, sin duda, de los escritos de Maquiavelo; pero el Principe, asi como la República de Bodin, le parecían dañosos para la educación política de un pueblo. No extraña, pues, la condenación que hizo en el Criticón del gran Florentino, con quien, en algunos puntos, puede compararse. Maquiavelo no es sino un valiente embustero; sus aforismos, si bien se examinan, ((no son otro que una confitada inmundicia de vicios y de pecados; razones, no de estado, sino de establo; parece que tiene candidez en sus labios, pureza en su lengua, y arroja fuego infernal, que abrasa las costumbres y quema las repúblicas.)) (Crit. 1,7). Muy queridos y apreciados por Gracián eran los Emblemas del Milanés Alciato, de quien había, ya en 1549, una traducción española muy libre, hecha por Bernardino Daza Pinciano (2). La extravagancia de muchos (1) No recordaré aquí más que un libro, raro hoy día, muy leído por Gracián y sus contemporáneos: El estudioso Cortesano, — Agora en esta última impresión añadido el Proverbiador 5 Cartapacio^ Contiénense: el Estudioso^ Pobre por bovedad ó grosería^ En conversación, Convidado, Caminante^ Discreto en sus persecuciones. Alcalá de Henares IS^T* (2) Los e7fiblemas de Alciato, Traducidos en rimas españolas, Lyon, 1549. Véase Gallardo, Ensayo II, 752. Mejor servicio haría á Gracián la edición latina, de t6o8: emblemas, no menoscababa en ningún modo el gozo que Gracián hallaba en las ideas de Alciato, expresadas en forma tan concisa. Repetidas veces Gracián alaba la sagacidad del Milanés, la ((grande, sublime moralidad con que corona sus emblemas)). (Agudeza, Disc. 11, 12. 13, 19, 23, 24, 27, 41, 44, 49, Criticón, II, 4.) Lo obscuro y enigmático de la enseñanza moral, el vestido simbólico del pensamiento, tuvieron siempre grande atracción para Gracián. Hay muchas huellas déla influencia de Alciatoen el Criticón, en el Héroe y en el Discreto. De Alciato, por ejemplo, está tomada la figura de las brillantes cadenillas de la boca de Hércules, que más que su formidable clava remedia monstruos, aprisiona los entendidos. De este género de literatura moral, que floreció en España tanto como en Italia ( I ), son dos obras muy populares por más de Andreae Alciati, V. C. Embleniata cuni Claudio Minois^ y. C. Comentariis, Anterior á la traducción española de Alciato, es la alemana hecha por Wolfgang Hunger, y publicada en París 1542. Véase Centralblatt f. Btbliothekswesen, 1896. Julio. Sobre la estima que Alciato gozaba en España, hay noticias en el Czdto sevillano de Robles Sobre Alciato, véase á H. Green, Andrea Alciati and his book of embkfns. London 1872, y V. Cían, Lettere imdite di Andrea Alciato a Pieiro Bembo. L' Alciato e Pao lo Giovio en Archiv. Stor, Lombardo. 1890, pag. 811 y siguientes.

(l) Además de las traducciones de Alciato y Giovio, aparecieron en España unas imitaciones. En 1584 los Emblemas de Galcerán de Castro de Aragón y Pinós; en 1589, en Segovia, los Emblemas morales de Juan de Horozco y Covarrubias. Hay otra edición de 1604.

un siglo, atentamente leídas por Gracián: la Floresta Española de apotegmas ó sentencias, sabia y graciosamente dichas, de algunos españoles Colegiados por Melchor Santa Cruz de Dueñas (impresa por primera vez en 1 574) y Las seiscientas apotegmas, de Juan Rufo (Toledo 1596). La primera se imprimió varias veces (incluso en Aragón, pues conozco una edición, de Huesca, 1618), y emigró también fuera de España á Italia, Francia y Alemania. Harsdórfer se aprovechó de ella varias veces en los Gesprdchspiele, y contábala entre los tesoros más preciosos de las literaturas extranjeras ( i ). La segunda es obra más genial, á pesar de estar hoy día casi completamente olvidada. Gracián no acabanunca de ensalzará su favorito Rufo,á quien llamaba apronto», «cuerdo», «sobre ingenioso», «agudo», etc. fAgud. Disc, 13, 21, 25, 26, 27, 29, 33, 48 y 62), y le seguía más de una vez en sus sentencias y aforismos. Los escritos curiosos y estrafalarios de Tomma- 80 Garzoni, que se derramaron al empezar el si-