SigPhi · Benito Feijoo

Cartas eruditas y curiosas, Vol. I (1773)

Spanish

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220 Causa DE Los TEMPLARIOS, pretende el Ábad Fleuri, como queda la accion en un hombre merecedor de la muerte por sus delitos, para el intento viene a ser lo mismo. Un hombre de este caracter repararia poco en levantar horrendos testimonios a toda una Religion, quando no hallaba otro arbitrio para salvar la vida. | 6 Se hace arto inverisimil, que los delitos acumulados a los Templarios fuesen verdaderos. Que todos, en su admi= sion a la Orden, renegasen de Jesu-Christo ¿ que escupiesen sobre su Sacrosanta Imagen 5 que en la misma admision interviniesen ciertas ceremonias extremamente ridiculas, y torpes 3 que se pracricase por Estatuto la Idolatría 3 que al Idolo que adoraban, sacrificasen victimas humanas; que se permitiese generalmente la torpeza nefanda, son cosas, que sin hacer al entendimiento una gran violencia, no pueden créerse comunes a toda una Religion.: ¡ 7 A sesenta Caballeros, entre ellos el Gran Maestre, que en distintas ocasiones fueron condenados al fuego, se les ofreció la vida, como confesasen los crimenes, de que eran acusados3 pero todos, sin exceptuar ni uno, estubieron constantes en negarlos; protestando hasta el ultimo momento su inocencia. Esto, cayendo sobre la inverisimilitud de los hechos, sobre la perversidad de los acusadores, y el interés del Rey, en que se creyesen los delitos, forma una preocupacion extremamente fuerte a favor de los reos.

8 Hace tambien una fuerza inmensa, el que siendo +los delitos tan enormes, tan comunes, y que mucho tiempo anterior se practicaban, no se hubiesen difundido antes al Público. ¿Es posible, que entre tantos, 0 centenares, o millares de Caballeros, alguno, 0 algunos, movidos de los remordimientos de la conciencia, no los delatasen a quien debian * Muchos fallecerian separados de sus hermanos, 0 en algun viage, 0 en casas de sus parientes, O amigos. Siquiera a la hora de la muerte algunos de estos, por librarse de la condenacion eterna, ¿no dexarian alguna declaracion hecha, con orden de presentarla al Principe?

9 Pero lo mas decisivo en la:materia es, que aunque en todos los Reinos de la Christiandad se procedió a séria inqui- CARA ¿AA LL 221 quisicion sobre los delitos de los Templarios, en ninguno, d excepcion de Francia, fue conducido 'Templario alguno al suplicio. Prueba, al parecer clara, de que el apasionado infuxo del Rey Phelipe era quien los hacia delinqúentes. Adonde no se extendia el dominio del Rey de Francia, no parecieron Templarios Apostatas de la Fé; siendo asi, que en los Procesos hechos en Francia se pretendia, que el crimen de Apostasía era comun a todos, como una condicion, sie qua non, para recibir el Abito. En España, se examinó el caso con gran maduréz, En Salamanca se juntó para este efecto un Concilio, compuesto del Arzobispo de Santiago, y de los Obispos de Lisboa, de la Guardia, de Zamora, de Avila, de Ciudad-Rodrigo, de Plasencia, de Astorga, de Mondoñedo, de Tui, y de Lugo. Y despues de bien mirada la Causa, todos aquellos Padres, unanimes declararon los Templarios inocentes: De vinctis, atque supplicibus questione habita, causaque cognita, pro eorum innocentia, promunciatum communi Patrum sufragio. (in Collect. Labb.

10 Es yerdad que los delitos de los Templarios se probaron con muchos testigos, y que gran numero de los mismos Templarios los confesaron. Pero atendidas las circunstancias, uno, y otro prueba poco. Quanto a lo primero, ¿quién no echa de ver, que por inocentes que estuviesen los Templarios, interesandose el Rey de Francia en hacerlos delinqúentes, no le habian de faltar testigos? Las Historias están llenas de casos semejantes. Siempre que algun Principe, por mala voluntad suya, ha querido, que, observando la forma Judicial, se castigase como mal hechor algun Vasallo inocente, tubo testigos de sobra para quantos delitos quiso imputarle. Son casos estos, que a cada pagina, como he dicho, se encuentran en las Historias.

11 Peroentre todos ellos, el mas oportuno a nuestro intento fue uno, en que intervino el mismo Phelipe el Hermoso. Notoria es a todos los que han leído algo de Historia la mortal, y escandalosa enemistad, que este Principe tubo con el Papa Bonifacio Octavo 3 como asimismo el sacrilego, y cruel arro- 222 CAusa DE Los TEMPLARIOS.

atropellamiento de su Persona, y Dignidad, executado en: Anagnia, de orden del mismo Rey, de que resultó perder luego la vida el maltratado Bonifacio. No bastó esto para aplacar la ira del furioso Monarca. Continuóse su rabia, siendo objeto de ella la memoria, y cenizas del difunto Pontifice; de que nació su horrible pretension con Clemente Quinto, para que declarase Herege a Bonifacio, y como tal fuese castigado en la forma que puede serlo un muerto; esto es, en su memoria, y en sus cenizas. Debía Clemente el Pontificado al Rey Phclipe, y sobre eso se hallaba dentro de | sus Dominios, menos venerado como Papa, que tratado co- | mo Subdito; con que, aunque con gran disgusto suyo, ad= mitió la acusacion. El pretendido crimen de heregía de Bonifacio era una de las mayores quimeras, que hasta ahora se: han fingido. Sin emba lrgo, con quarenta testigos, la mayor parte contestes sobre los mismos hechos, se probó, que Bonifacio habia negado, no solo la Real Presencia de Christo en la Eucharistía, mas tambien la Resurecion de los hombres, y la inmortalidad del alma; y que habia dicho, que asi la Religion Christiana, como la Judaica, y Mahometana, eran meras invenciones de hombres: con advertencia de que los testigos depusieron haber oído estas blasfernias al mismo Bonifacio. Vease sobre el punto el Abad Fleuri, en el “Tom. 19. de su Historia Ecclesiástica, J¿b. 91, NUM. 14» Si se repara bien, la misma multitud de testigos prueba su falsedad 3 porque “dado el caso que Bonifacio padeciese aquellos errores, es totalmente increíble, que un hombre tan advertido, y tan gran Político, como todos le suponen, tubiese la facilidad de verterlos en los corrillos, En efecto, en el Concilio de Viena se dió la Sentencia a favor de Bonifacio; aunque suavizandola con ciertos temperamentos a favor del Rey, para evitar su ira; d quien tambien, antes de: sentenciar la Causa, con ruegos habia procurado aplacar el Papa Clemente. 12 Considerese, si no habiendole faltado testigos al Rey: de Francia para una calumnia tan atróz contra un Soberano Pontifice, le faltarian para probar los delitos de los Templa= £1OS, ¿CARTA XXVIL 223 rios, por falsos, que fuesen. Y considerese juntamente, si quien pudo componer con su buena conciencia aquel horrible atentado, era capáz de componer este otro.

13 Algunos Autores pretenden justificar al Rey, dando por falso, que la codicia le moviese a solicitar la ruina de los Templarios; porque (dicen ) los bienes de éstos fueron adjudicados a los Caballeros de San Juan de Jerusalén, que hoy, por el sitio de su establecimiento, llamamos de Malta; por consiguiente, el Rey no se interesó en la extincion de aquella Orden, y no interesandose, no pudo ser movido de la codicia: con que se debe discurrir, que obró puramente impelido de un zclo christiano, | 14 Aun admitiendo el hecho de que la hacienda, y posesiones de los Templarios se adjudicaron a los Caballeros de San Juan, esto no basta para justificar al Rey de Francia. Lo primero, porque a los de San Juan solo se dieron los bienes raíces, con que quedó bastante cebo a la codicia del Rey en los muebles; como en efecto es constante, que las dos terceras partes de estos entraron en el Fisco a titulo de satisfacer los gastos del Proceso. Paulo Emilio dice, que todos los muebles, y no solo las dos terceras partes, pasaron a la mano del Rey. Y aunque no se duda, que dichos gastos serían grandes, segun todos unanimemente ponderan la opulencia de los Templarios, se debe discurrir, que quedó en la bolsa Real la mayor parte de aquellos despojos. Lo segundo, porque, segun algunos Áutores, aun en los bienes raíces se interesó mucho el Rey. San Antonino dice, que quan: do llegó el caso de querer entrar en la posesion de ellos la Religion de San Juan, los halló ocupados por el Rey, y otros Señores Legos; con que le fue preciso para redimirlos, dár al Rey, y a otros dueños intrusos tan grandes sumas de dinero, que mas empobreció, que enriqueció a: los nuevos dueños la adquisicion, Unde, concluye el Santo, depauperata est mansio Hospitalis, que se existimabaut, inde oputentam fieri. (3.part. Chronic. tir. 21, cap. 3.) Tomás Walsinghan dá a entender lo mismo, 0 equivalente, quando dice, que el Papa consignó las pesesiones de los “Templarios a 224 Causa DE Los TEMPLARIOS.

alos de San Juan, mediante una gran suma de dinero que dieron éstos: Papa Hospitalariis hec (bona) assignavit, non sine magne pecunice interventus pues aunque no expli: Ca si aquel dinero fue para el Papa, O para el Rey, es mucho mas natural, y mucho mas conforme á lo que dicen otros Autores, ¿itóndár lo segundo.

15 De aquí es, que aunque demos entera fé a los instrumentos, que Pedro Du-Puy produxo del Archivo del Parlamento de París, para probar, que Phelipe el Hermoso, no solo se conformó con la translacion de los bienes de los Templarios a la Religion de San Juan, mas aun en alguna manera la solicitó 3 siempre queda lugar a que se interesase mucho su codicia en la ruína de aquella milicia. Fuera de que desde que se empezó a proceder contra los Templarios, hasta que se hizo el destino de sus bienes, pasaron quatro años, poco 1nas, 6 menos: con que pudo mui bien suceder, que el Rey al principio pusiese la mira a apoderarse de todos los bienes, así raices, como muebles, de los Templarios, moviendo con ese fin los procedimientos contra eilos, y despues, 0 por encontrar en la execucion arduidades, que no habia previsto, o por hacer refiexion sobre el gran deshonor, que de ella se le seguiría, se: resolviese a contentarse con menos.

16 Por lo que mira a la confesion de los mismos Tem= plarios, tampoco debe ésta hacer fuerza 5 constando, que 2 muchos se les sacó a fuerza de tormentos 3 y a muchos mas con el temor de la muerte, que se les aseguraba infalible, sí no confesasen los delitos impuestos, prometiendoles al mismo tiempo salva la vida, como los confesasen. Usando de rales diligencias, me parece, atenta la fragilidad humana, que a la mayor parte de los individuos de qualquiera Religion harán confesar delitos que no cometieron.

17 Ultimamente se arguye contra los Templarios, con la Lo autoridad del Papa. Clemente Quinto, y del Concilio General de Viena del Dell finado, que se dice aprobó, y confirmó la sentencia que dió Clemente contra aquella Religion, Aquí ponen casi toda su fuerza los que.se empeñan en CarTa XXVIIL 225 en persuadir, que los crimines de los Templarios fueron verdaderos; y no porque pretenden, que la decision del Papa, ni la del Concilio en una qiestion puramente de hecho, qual lo es la presente, sean absolutamente infalibles; si solo mui respetables, y de sumo peso, para inclipar a un asenso fitme de fé humana.

18 Sin embargo, ni una, ni otra autoridad, gritadas por los Secrarios de aquella opinion, embarazaron, ni al Bocacio, ni al Abad Tritemio, nia Juan Villani, Historiador inui exacto, y fidedigno, nia San Antonino de Florencia, ni a Papirio Masson, nia otro Autor Francés contemporaneo al suceso que éste cita, sin nombrarle, para declararse a favor de los Templarios. Sobre todo, la intrepidéz de Papirio Masson me admira, quien, despues de sentar, que los Templarios padecieron sin culpa, concluye, que lo menos que se puede decir contra el Rei de Francia, y contra el Papa, es, que el Rei fue un impío, y el Papa, no Clemente, sino ¿nclemente. ¿Quid bic lectores dicturi sunt * Regem ¿llum certe impium, Pontificem Inclementem fateantur necesse est. Minorem enim sententiam dicere non possint. Es mul del caso advertir, que este Autor era Francés.

19 Yo no seguiré senda tan aspera, para defender cómo inculpados a los Templarios; porque tengo otra mas segura, aunque poco pisada. Ya arriba noté, que en una circunstancia mui importante a la presente qiestion, están los mas Historiadores mal instruídos. Esta circunstancia es la de la Sentencia condenatoria de los Templarios, que casi generalmente los Autores suponen pronunciada en toda fotma legal por el Papa Clemente, y aprobada por el Concilio de Viena; siendo asi, que lo que hubo en esto, así de parte del Concilio, como del Papa, mas determina el juicio a favor de los “Templarios, que contra ellos. Lo que hubo de parte del Papa consta de su misma Bula; lo que de parte del Concilio, nos lo enseñan el Abad Fleuri, y el docto Estevan Balucio, Autores por ningun capitulo sospechosos, Franceses ambos, y ambos versadisimos en la Historia Eclesiástica; a que se puede añadir, que habiendo sido Balucio Bi- Tom. IL. de Cartas. p blio- 226 CAusa DÉ Los “TEMPLARIOS.

bliotecario de Mr. Colbert, tubo a mano en aquella riquisima Biblioteca, donde solo de manuscritos se contaban nueve mil Tomos, innumerables fuentes de donde sacar puras las noticias; y habiendo este Autor escrito mui de intento, y largamente en gos “Tomos en quarto, las Vidas de los Papas que tubieron su residencia en Aviñon, de quienes fue el primero Clemente Quinto, no se puede dudar de que examinase con gran diligencia quanto conducia a un punto tan importante de su Historia.

20. El caso, pues, pasó de este modo: Congregado el Concilio de Viena, como uno de los fines de su convocacion era la decision del negocio de los Templarios, se presentaron en él todos los Autos hechos sobre aquella causa, y leidos todos, propuso el Papa a los Padres, que profiriesen su dictamen. Eran mas de trescientos los Obispos congregados de rodos los Reinos de la Cristiandad, a que se agregaban muchos Prelados menores. La respuesta fue casi unanime, que aquellos autos no eran bastantes para condenar los “Templarios, y que antes de dár la sentencia, era preciso oírlos en el Concilio. Dixe, que la respuesta fue casi unanime; pues en tan gran numero de Prelados, solo tres Franceses, y un Italiano disintieron. Esto pasó a los principios de Diciembre del año 1311, y ho se trató mas de esta materia hasta la Primavera del año siguiente, en que el Papa formó, y hizo leer en el Concilio la Bula.4d Providam; en que decretó la extincion del Orden de los Templarios. ¿Pero cómo? No por via de Sentencia juridica, sino provisionalmente.

Norense estas importantisimas palabras de la Bula: Hiusque Ordinis statum:, habitum, atque nomen, nonsine cordis amaritudine, ES dolore, Sacro approbante Concilio, non per. modum:deffinitive sententic?, cum eam super hoc secundum inquisitiones:, US processus super his habitos, non possemus ferre de iure:3 sed per viam promisionis, seu ordinarionis Apostolica irrefrágabili, E perpetuo valitura sustulimus sanctione. Confiesa el Papa, que en todos los Procesos hechos no habia fundamento para condenar a los Tem-POS segun. derecho. El mismo Bera LIca habian ao eb es- Carta XXVIIL 227 festado los Padres del Concilio: luego así la autotidad del Concilio, como la del Papa, mas están a favor de los Templarios, que contra ellos.

21 Es verdad que el Papa en la misma Bula hace memoria de los delitos de los Templarios 3 pero no como suficientemente probados, sino como divulgados por la fama, y rumor público 5 lo qual era motivo razonable para el Decreto provisional de su extincion 3 porque ya infamada de tal modo aquella Religion, no podia ser mui util a la Christiandad. Ni aun esto era menester para que el Papa, usando de la plenitud de su Potestad, transfiriese los bienes de los Templarios a los Caballeros de San Juan 5 bastaba, que de los bienes puestos en manos de estos, resultase mas utilidad a la Iglesia, que poseídos por aquellos. Y este motivo realmente subsistía aun antes que la causa de los Templarios empezase a agitarse 3 siendo cierto, que aquella Religion habia decaído tanto de la observancia de su Instituto, y empleaba, por la mayor parte, tan mal sus riquezas, (esto esen un excesivo fausto, regalo, y pompa ) que en caso de no reformarla severamente, conyenia pasar aquellas riquezasa mejores manos.

22 Porlo que mira a la mala fama de los Templarios, sobre los crimines impuestos, que sus enemigos gritaron tanto, se debe advertir, que esa fama enteramente nació de la acusación, y procedimientos contra ellos. Antes no habia tal mala fama. Y la prueba concluyente es el asombro con que todo el mundo oyó aquellos crimines, quando consiguientemente a la prision de todos los Templarios de Eranciase esparció la noticia de ellos. Asi la mala fama pudo nacer, y propagarse, sin culpa alguna de los Templarios, unicamente por la malicia de sus enemigos. Pero aunque padeciesen inocentes aquella infamia, una vez que ésta no se pudiese borrar por una convincente justificacion de su inocencia a los ojos de todo el mundo, lo que muchas circunsrancias hacian entonces imposible; la mala fama pudo concurrir como motivo, por lo menos inadequado, para su eXtincion provisional. P 2 Aña- 228 CAUSA DE Los "TEMPLARIOS.

23 Añadamos tambien, que supuesto que el Papa no procediese en la extincion como Juez, sino como Soberano, pudieron intervenir en el caso algunos motivos ( digamoslo asi) puramente politicos. Muchas veces los Papas, d instancias de los Principes, hacen cosas, que no hicieran, si no hubiera tales instancias. El Rey Felipe habia abrazado con sumo teson el empeño de aniquilar aquella Religion. La persona del Papa, habitando en sus Dominios, estaba a arbitrio de él, ¿Quantos daños, no solo para sí, mas aun para toda la Iglesia, podria temer de un Principe de tanto poder, y nada escrupuloso, si no le complaciese en lo que procuraba con tanto ardor? Los que por haber leído la Historia Eclesiastica de aquellos tiempos, saben lo que al Rey Felipe debia el Papa Clemente; cómo, y sobre qué preliminares cooperó aquel a la exaltacion de éste al Pontificado, (materia en que los Historiadores Italianos, Españoles, y de otras Naciones hablan sin embozo, ni misterio ) podrán, si quisicren añadir, sobre aquellas circunstancias, otras reflexiones, que yo para nada he menester, habiendo mostrado, que no obstante la inocencia de los Templarios, pudo el Papa, sin obrar contra Justicia, extinguir aquella Religion.

24 Yase dexa entender, que la justificacion que hemos hecho de los Templarios, solo es aplicable al comun de-la Religion. Entre los Particulares, posible es, que hubiese algunos mui malos 3 y tambien es creíble, que la malicia de los enemigos de aquella Religion confundiese la iniquidad de algunos, con la corrupcion de todos.

Esto es quanto sobre la Causa de los Templarios se me ofrece para satisfacer la curiosidad de V.S. a cuya obediencia quedo, 3Xc.

A los Autores alegados arriba, como explicados abiertamente a favor de los Templarios, podemos añadir los que lo son del nuevo Diccionario de la lengua Castellana, cuya es, verb. Templarios la clausula siguiente. Su Instituto era asegurar los caminos a los que iban a visitar los Santos Lugares de Jerusalén, y exponer la vida en defensa de la Fé Catolica 3 lo que acreditaron gloriosamente por espacio de dos- Carra XXVIT - 2209 doscientos años, y Sseextinguió en cl Concilio de Viena. Para inteligencia de esta clausula, y de la ¿lacion que harémos de ella, se ha de advertir, que la Religion de los Templarios se fundo el año de 1118, como se nota en el mismo Diccionario, y seextinguio el de 13 12, como consta de la Bula, expedida para suextincion. Con que la Religion no duró mas que 194 años. Este numero hizo redondo el Diccionario, extendiendole a doscientos, como es mui ordinario, quando es tan poca la diferencia. De aquí se sigue, queen el sentir de los Autores del Diccionario, los Templarios todo el tiempo que duro su Religion, cumplieron gloriosamente con su Instituto, asegurando los caminos, y exponiendo la vida en defensa de la Fé Católica: Luego no resta tiempo alguno, en que fuesen delinqientes, por lo menos en quanto al crimen principal; estoes la apostasía de la Fé.

CARTA XXIX.

PARALELO DE CARLOS XIL Rey de Suecia, con Alexandro Magno.

1 UI señor mio: La admiracion con que Vmd. recibió la noticia, que le dió N. de que yo preferia, en línea de Heroe, Carlos, Rey de Suecia, Duodecimo de este nombre, a Alexandro Magno, es para mí objeto de otra admiracion. Diceme Vid. que habiendo leído la vida de aquel malogrado Principe, escrita, segun se dá por cierto, por Mr. Voltaire; y la de Alexandro por Quinto Curcio, no halla fundamento alguno para la preferencia que doí al primero, respecto del segundo. Esto admiro, porque en los mismos Escritos veo grandes motivos para la expresada preferencia; y porque me halo ahora bastantemente desocupado, se los haré presentes a Vimd. a fin de que haga sobre ellos mas reflexion, que la que hizo hasta aqui. Í ¡ Lom. I. de Cartas. P3 Se 230 CarLos XII, y Átexanbro Macno.

2 Supongo, que en esta question no hablamos de un Heroismo perfecto, el qual consiste en la coleccion de todas las virtudes, poseidas en grado sublime; pero tampoco de un Heroismo tan imperfecto, que se reduzca a una sola virtud, sea la que fuere. Diráse con verdad, pongo por caso, que un hombre de sumo valor tiene un valor heroico 3 mas no por eso se podra llamar absolutamente Heroe. Las virtudes militares, valor, pericia, y prudencia, colocadas en grado eminente, son las que ganan la reputacion de Heroes en la comun aceptacion, El valor, por sí solo, no basta 3 antes desasistido de una sabia conducta, ya no sera valor, sino audacia, y temeridad. Pero aun estas virtudes, sin la compañía de otras, constituiran un Heroismo mui diminuto. No pido, que el Heroe sea un Santo, pues no dá el mundo este significado a aquella voz 5; pero parece que de justicia se puedes por lo menos, exigir en el Heroe, que sea clemente, liberal, y observante de su palabra.:La crueldad, la avaricia, y la pérfidia, afean de tal modo a un Conquistador, que ajan todo el resplandor, que adquiere con las conquistas. Sia la clemencia, liberalidad, y buena fé, se añadieren la continencia, y “la templanza, será aun mas perfecto, y brillante el Heroismo. La virtud de la Justicia es la mas dificil en un Conquistador ¿3 pero no imposible, pues pudo exercerla, no solo respecto de los suyos, mas aun respecto de los estraños, ciñendo sus designios a conquistas justas 5 y si se mira bien, todas las virtudes expresadas conducen, para que el valor logre sus fines 3 porque sobreel influxo del buen exemplo en las Tropas, ganan la aficion de proprios, y estraños. Pero no se puede negar, que la virtud del valor sea la principalisima en el Heroismo, porque las acciones proprias del valor, exponiendo la vida, son las que tienen mas arduidad, y por consiguiente logran mas admiracion. Sobre estos principios, que como dictados de una buena razon, debe admitir todo el mundo, voi a hacer el cotejo de los dos Heroes, Alexandro, y Carlos, 3 Por lo que mira al valor, poca diferencia puede no< tarse entre los dos. Uno, y otro pelearon, no solo con la Carta XXIX. 231 cabeza, mas tambien con la mano en muchas ocasiones, Uno, y otro tubieron arriesgada la vida en varios lances. Uno, y otro postraron con su brazo no pocos enemigos. Bien que en esta parte se mostró mayor el esfuerzo, O la felicidad de Carlos; pues aun en una batalla sola le contaron veinte Genizaros, y en otra doce Moscovitas, 0 Calmucos, pasados a los filos de su espada; y no sé que Curcio cuente a Alexandro, en todas sus batallas, de seis, u ocho arriba, Es verdad, que en el numero de los Genizaros hacía una gran rebaxa el mismo Carlos3 porque diciendole al otro dia de la batalla uno de los suyos, que se referia que habia muerto veinte con su propria mano, respondió sonriendose: Siempre en estas cosas se añade la mitad. Pero digase la verdad: Mas glorioso le hace la magnanimidad de minorar la opinion de sus hazañas, que tener esfuerzo para matar en un choque veinte enemigos, | El matar mas enemigos pudo ser, como acabo de decir, felicidad, o accidente. Pudo tambien pender de la mayor fuerza del brazo, y mas destreza en el manexo de las armas 5 lo que a la verdad no es de gran consideracion en la gloria de los Heroes. Otra desigualdad mas esencial puede hacer sospechar al genio ardiente de Alexandro, cotejado con la serena indole de Carlos. En un hombre de genio fogoso, no todo lo que parece valor, es valor. Arrojase, tal vez, a los peligros, no por magnanimidad, sino por ira. Acaso se metió en algunos Alexandro, precipitado de su genio ardiente; lo que no se puede sospechar de Carlos, ¿d quien siempre vieron mui dueño de sí mismo. Pero dado el caso de que una, u otra vez obrase Álexandro de encendido, y no de magnanimo, no se puede dudar de la Ratural grandeza de su corazon, la qual persuaden principalmente dos: acciones suyas, en que no pudo influir la colera. La primera fue dormir con tan quieto, y profundo sueño la noche que precedió la batalla decisiva con Darío, y a la vista del grande Exercito enemigo 5 lo que admiro al mismo Parmenion, quando ya con bastante luz del dia fue preciso usar de la mano para despertarle, no bastando la voz. La segunda, P4 aque- 272 Cartos XII, y ArexanDbro Macno.

aquella valentisima tranquilidad, con que para arrancarle del cuerpo la fiecha, con que le habian herido, sufrió, que el cuchillo del Cirujano hiciese en su pecho varias aberturas, añadiendo a una herida varias heridas.

5 Entre los muchos lances, en que acreditó Carlos su singular grandeza de ánimo, es digno de notarse, que hubiese dos enteramente semejantes a los que acabamos de referir de Alexandro: Una operacion quirúrgica, dolorosisimz, sufrida con incomparable fortaleza, y un sueño profundo, en circunstancias en que no se podian esperar, sino acerbisimas inquietudes. Vióse lo primero, quando por la herida en el talon, que recibió en el Sitio de Sultawa, para preca= ver la gangrena que amenazaba, O empezaba ya, fue preciso hacer profundas incisiones, las quales toleró con tal serenidad, que él mismo sostenía con las manos la pierna todo cl tiempo que duró la operacion. Lo segunco, inmeciatamente a la batalla de Bender. Quien considerase aquel Monarca, perdidos todos los suyos, en la derrota que acababa de padecer; él, hecho prisionero por los “Turcos, puesta su vida, y su fortuna en. las manos de aquellos Infieles, ¿esperaría que en la noche inmediata gozase un momento de reposo í Sin embargo, ningun General, despucs de lograda una comyleta victoria, durmió con mas quietud. Asombrado quedo Fabricio, Enviado de Holstein, quando el dia siguiente de mañana, yendo a su quarto, le halló vestido, puestas las botas, cubierto toco de sangre, y polvo, entregado a un profundo sueño.

5 Pero entre tantas demonstraciones como hizo Carlos de un ánimo absolutamente incapaz de terror, O quebranto alguno, ninguna me admira mas, que una que dió hallandose sitiado en Stralsund. Estando Carlos dictando a un Seerctario una Carta para Stokolmo, cayó una bomba en la quadra inmediata al Gabinete, en que estaban los dos, y rebentó en el mismo momentc. Estaba abierta la puerta decomunicacion del Gabinete a la quadra 5 pero hubo la dicha de que ninguno de los cascos de la bomba se encaminó por aquella parte. Á la vista, y al horrísono estallido de la bom-| ba, Carta. XXIX, > 223 ba, despavorido el Secretario, dexo caer de la mano la pluma. Pero el Rey, como si ni con la vista, ni con el oído hubiese percibido novedad alguna, con rostro firme, con sosegada voz: ¿qué es eso, le dixo, por qué soltais la pluma? Sorprehendido aun el espiritu del Secretario: $2re:::: la b0mba, fue todo lo que pudo articular. A lo que el Rey replicó, con el mismo sosiego: ¿Pues qué conexion tiene la bomba con lo que yo estoi dictando: Proseguid. Y sin que hubiese mas palabras en medio, se continuó la Carta. Verdaceramente este lance es capáz de hacer presumir, que aquel corazon era hecho de otra materia, que los ael resto de los hombres.

No ignoro una objecion, que se me puede hacer so= bre la partida del valor de Carlos; yes, que pasó las margenes de lo racional 3 que pecó por exceso; que no fue valor, sino temeridad; que mas pareció fiereza barbara, que osadía heroíca. Una prueba plausibie de este asunto ofrece el caso de la baralla de Bender. Obstinóse Carlos en no salir de los Estados del Turco, sino debaxo de unas condiciones, que a él se le antojó proponer, no dictadas por la prudencia, ni por la equidad. Instó el Sultan en que saliese, repeliendo las condiciones propuestas. Resistiólo Carlos. Usóse de parte de los Turcos de quantos medios suaves pudieron discurrir para vencer su infiexibilidad, y despues de experimentarlos todos inutiles, llegaron a las amenazas. Ni con ellas se logró el intento: con que se pasó a la execucion, sitiando el Palacio, que habitaba, con diez mil Genizaros, y Tartaros, resueltos a matarle, sino se rendía; porque tal era el orden del Sultan. Toda la defensa de Carlos consistía en trescientos Soldados, metidos dentro de un débil atrincheramiento, y sesenta Domesticos dentro del Palacio. Con este puño de gente, mal resguardada, se atrevió a resistir a todo un Exercito, Al primer acometimiento superaron los Infieles la trinchera, y los trescientos Soldados fueron embueltros en un momento, y hechos prisioneros.

9 Estaba, quando esto sucedió, Carlos acompañado de tIóS 234 Carros XII, y Auexanbro Macno.

tres Oficiales Generales, entre aquel pequeño campo, y Palacio. No le habia quedado mas Tropa, que sus Domesticos, en que se incluran algunas Guardas de su persona. Con esta gente resolvió hacerse fuerte dentro del Palacio, a quien embistieron luego los Turcos 3 y para obligar al Rey a rendirse, con flechas envueltas en materias encendidas, pusieron fuego al Edificio. Ardía. ya éste por muchas partes, sin que ni el riesgo de verse luego abrasado, ni. las lagrimas, ni ruegos de los suyos pudiesen mover a Carlos a entregarse. Tomó, finalmente el expediente propuesto por uno de ellos, de tentar, rompiendo por medio delos Turcos, meterse en la Casa de la Cancillería, distante solo cinquenta pasos la qual, siendo toda cubierta de Bovedas de piedra, estaba libre de padecer el fuego de las flechas. Salió, pues, Carlos con su gente, como sale el rayo de la nube, dando sobre los Turcos con un ímpetu tan violento, que los hizo retirar algunos pasos. Pero en el momento inmediato se vieron circundados del Exercito enemigo, y al mismo tiempo el Rey, tropezando en las espuelas de las botas, que nunca dexaba, dió consigo en tierra. Al punto se arrojaron sobre él veinte y un Genizaros, que le hicieron prisionero; y sostenido en sus brazos, le conduxeron al Baxá. La misma suerte tubieron los que le acompañaban, y asi se terminó aquella extraordinaria funcion. | 9 ¿Quien no vé en todo el proceder de ella, mas un Leon acosado de los Cazadores, que un Principe invadido de sus enemigos? ¿Mas una obstinacion damnable, que una constancia plausible 2 ¿Mas un capricho ciego, que un aliento animoso?* Ási parece, que la intrepidéz de Carlos mas se debe llamar temeridad, locura, barbarie, que valor.

10 Ya he confesado, que la objecion es plausible. Sin embargo, se puede rebatir de dos maneras, y con bastante probabilidad. Lo primero, el que Carlos pecase una vez de temerario, no debe perjudicar a la opinion de Heroe, que adquirió con tantas acciones ilustres. Una accion viciosa no basta para denominar vicioso al sugeto. Demos de barato, que una yez fue loco. ¿Qué Guerrero, dominado de la : am- Carra XXIX, 235