ambicion de gloria, y ocupado toda la vida en facciones militares, en todas es cuerdo? ¿Por ventura, lo fue siempre Alexandro? Acaso, menos que Carlos. Pongamos la considderacion en lo que executó en el asedio de la Ciudad de los Oxidracas. El fue el primero que arrimando una escala, trepóÓ por ella a la altura del Muro. Esta ya fue una insigne temeridad: porque un Principe, niaun otro qualquiera General, no debe exponerse de ese modo 3 y mucho menos quando no habia necesidad, O motivo alguno para exponerse. Ni en aquella ocasion se disputaba algun granae Imperio”, sí solo una poblacion de Barbaros de corta defensa, la qual, sin la presencia del Rey, hubicran expugnado facilmente las Tropas. Pero no paró aqui el arrojo. Queriendo los Soldados a porfia seguir al Rey, cargaron tantos sobre las Escalas, que se rompienron éstas, y el Rey quedó un rato solo sobre el Muro, rebatiendo los dardos enemigos con el Escudo. En este conflicro clamaron los Soldados, que se dexase caer sobre ellos, que estaban dispuestos a recibirle en sus brazos. Este era el partido que debia tomar 5 pero fue diametralmente opuesto el que abrazó. En vez de dexarse caer sobre los suyos, saltando dentro de la Ciudad, se colocó entre los enemigos, donde batallando solo, y recibiendo muchas heridas, llegó a verse ya sin fuerzas para sostener el cuerpo, ni mover el brazo; en cuya extremidad, habiendo hecho un esfuerzo extraordinario sus Soldados, concurrieron oportunamente a salvarle la vida.
11 Sise exáminan con atencion los dos casos, se hallará, que en ambos fue igual el peligro; pero mas irracional el arrojo de Alexandro, porque careció de todo motivo, que tubiese la mas leve apariencia de honesto. Carlos consideró, que era deshonor entregarse a los “Turcos, y esto le movió a exponer la vida. Alexandro no concibió, ni pudo concebir interesado su honor en cargarse de aquel riesgo. | | 12 De aqui sé saca la segunda solucion a favor de Carlos. Yo no negaré, que fue error suyo contemplar como deshonra, ya el ceder a las ordenes del Sultán, saliendo. de 4 Sus 236 Canos XI, Y AtexanDrOo Macno.
sus Dominios, ya entregarse a los Turcos, despues de iniva= dido. Pero supuesto aquel error, la resolucion que tomó fuc propria de un Heroe, En los casos apretados, en que es forzoso perder, 0 el honor, o la vida, lo que pide indispensablemente el Heroismo es, que se prefiera a la vida el honor. Carlos se consideró, aunque erradamente, constituido en este caso: asi lo refiere Mr. Voltaire. Luego supuesto el error, la consideracion no fue temeraria, sino heroica. | 13 Habiendo corejado los dos Heroes, en orden a la partida del valor, en que lo menos que se puede decir de Carlos es, que no le excedió Alexandro 3 vamos prosiguiendo el Paralelo sobre otros capitulos, segun el orden con ue los he nombrado arriba, Que uno, y otro Principe fueron insignes en la Conducta, y Pericia Militar, lo demuestran las muchas victorias que obtuvieron, Pero hai a favor de Carlos, el que peleó contra Tropas mui disciplinadas muchas mas veces que Alexandro. Este solo tubo dos choques dentro de la Grecia, y en ellos peleó con fuerzas mui uperiores a las de sus enemigos: todas las demás batallas fueron con las inexpertas gentes del Asia. Carlos, con exercito inferior en el numero, triunfo muchas veces de Tropas Europeas mui arregladas, y conducidas de esforzados Caudillos. 14 Es verdad, que Alexandro siempre fue vencedor.
Carlos fue vencido en la fatal batalla de Pultawa 5 mas no r falta suya, antes executó en ella quanto correspondia a un gran Heroe. No podia escusarse de darla, y era casi evidente perderla. Retirandose, era cierta su ruina 5 porque ni tenia Plazas adonde asegurarse, ni provisiones con que mantenerse. Asi era preciso arriesgarse al combate, aunque con pocas esperanzas de la victoria, por la poca gente que tenia, y esa medio muerta de hambre, y de frio. Componiase el exercito del Czar de mas de sesenta mil hombres; el de Carlos de veinte y cinco mil, de los' quales, apenas llegaban a doce mil las Tropas arregladas. Habia en el campo Sueco solas quatro piezas de Artillería, serenta y dos en el Carría XXIX. 237 el Moscovita. Con todo, el no ganar Carlos la victoria péndió de un accidente, O reves fatal, que no se pudo prevenir. Habia a media noche despachado al General Creuts con quatro, O cinco mil Dragones, para que dando un grán' giro, viniese, despues de trabada la batalla, a dár por el fianco sobre las Tropas Moscovitas. Si esto se hubiese executado, la victoria era ganada 5 porque al primer encuentro, los Suecos rompieron, y desordenaron los Esquadrones enemigos; con que llegando entonces Creuts estaban los Moscovitas sin remedio. Pero la adversa fortuna de Carlos dispuso, que descaminandose aquel General, por falta de conocimiento del País, no pudiese llegar a tiempo 3 con que hubo lugar rehacerse los Moscovitas, y ganar la. batalla 5 loque debieron principalmente a su numerosa Artillería, y a la corta provision de polvora del Exercito Sueco.
15 Podrá oponerseme, que siendo tan grande la capacidad de Carlos, como se pretende, pudo prevenir las cosas de antemano, tomando providencias para no verse en aquellas angustias, e evitando los lances, 0 pasos que le conduxeron a la necesidad de dár la batalla. Respondo: Es cierto, que si Carlos no se hubiese metido en la Ukrania, no se hubiera visto en aquel ahogo. Pero quando tomó aquella resolucion, ninguna otra se pudo representar igualmente conducente para ¿lograr el fin que se habia propuesto de derribar al Czar del Trono. Los motivos que “intervinieron en ella, debian determinar a la prudencia mas remirada: Iba siguiendo al Czar por la rota de Moscou 3 pero llegó el caso de ser imposible proseguir el alcanze. Habia el enemigo hecho impracticables los caminos, y quemado todos los lugares situados en ellos, y en sus cercanías. Iba entrando el Invierno, y las dificultades de los pasos habian de hacer mui perezosa la marcha. Se le iban acabando a Carlos las provisiones, y no podia hallarlas en un País enteramente desolado. Con que le era preciso, O retroceder a Polonia, o abanzarse a la Ukrania. Para preferir este segundo parti-Eos intervenian dos poderosos motivos, El primero, que tenia inteligencias con el General Mazepa, Principe, 0 Gobet- 238 Cartos XII, y Atexanbro Macno.
bernador de aquel País, el qual resuelto a sacudir el yugó del Czar, habia ofrecido a Carlos asistencias de gente, de dinero,, y de todo genero de provisiones, subleyando la Provincia a favor suyo, como en efecto tenia las mejores disposiciones del mundo para executarlo. El segundo, que in= vernando en la Ukrania, se hallaba en la Primavera proxi= ma mas cerca de Moscou, y sin embarazo alguno, mas que el de la gente que se le opusiese, y a quien con mucho fundamento esperaba vencer facilmente, para arrimarse, y entrar en aquella Capital. A este fin habia dado orden al General Levenhaupt de que le conduxese quince mil hombres mas de Suecia con muchas municiones, siguiendole por el camino de la Ukrania. Pero un proyecto tan. bien concertado, se hizo infeliz por la concuorencia de varios acciden. tes adversos. La Armada Sueca erró el camino de la Ukra-= nia, apartandose de él mas de treinta leguas, y con gran trabajo le recobró. Casi toda la Artillería, y municiones que llevaba, quedaron sepultadas en muchas lagunas que encontraron. Llegaron los Soldados a la Ukrania medio muer= tos de hambre, y de fatiga. Antes que llegasen, habia sido descubierta la conspiracion de Mazepa, y disipada por el Czar, que derrotó sus Tropas, se apoderó de la mayor parte del riquisimo tesoro de aquel General, y hizo perecer gran numero dé sus confidentes en el suplicio de la Rueda.
El General Levenhaupt no pudo partir tan presto como era menester; con que tubo el Czar tiempo para salirle al paso con un poderoso Exercito, en que habia quatro Moscovitas para cada Sueco. Cinco choques sangrientos resistieron estos, en. que mataron veinte mil Moscovitas5 pero reducidos los quince mil Suecos a solos cinco mil, hubieron de ceder, perdiendo todo el Comboi. Á estas desgracias se agregó la. de sobrevenir el Invierno mas cruel (el del año de nueve ) que vió la presente generacion. La hambre, y el frio consumieron:«en aquel Invierno una buena parte de las Tropas Suecas: En» una marcha sola murieron dos mil de frio. Los que no mató:, ni el hambre, ni el frio, quedaron tan debilitados, que se podian contar por medio muertos. Me- Carta XXIX. | 239 16 Menores reveses de la fortuna, que hubieran sobrevenido a Alexandro, no solo hubieran cortado enteramente el curso de sus victorias, mas aun se puede creer, que hubieran abatido su espiritu. El de Carlos se mantúbo constante entre tantas contrariedades de la suerte. Por su rostro nunca se pudo distinguir, si era infeliz, u dichoso, yencedor, o vencido, 17 Pero asi como, si las adversidades, que padeció Carlos, hubieran caído sobre Alexandto, le hubieran red cido a un estado bien misero: si Carlos hubiera tenido la fortuna de Alexandro, es mui verisimil, que se hubiera hecho mucho mas ilustre que él. Esto se demuestra con el hecho de que, conspirando a un mismo tiempo contra él tres Monarcas, de los quales, el que menos era tan poderoso como el; con repetidas victorias, en breve tiempo humilló a uno y quító la Corona 4 otro, y al tercero tubo cerca de lo mismo, Esto en Europa nunca se habia visto, ni en Alexandro hallamos motivo para creer, que hubiera logrado lo mismo, batallando con las Naciones Européas de su tiempo 3 pues de sus conquistas sobre los Barbaros dela Asia no se puede deducir tal conseqiiencia. Pero la mas fuerte demonstracion de que Carlos, con igual fortuna que Alexandro, se hubiera hecho mas ilustre, se toma de las pruebas que vamos. dando, de que en el complexo de las virtudes proprias de un Conquistador, excedió el Heroe de Suecia “al der Macedonia.
18 La clemencia fue una de aquellas, en-que mas se pudo notar el exceso. Es verdad, que no siempre exerció Carlos esta virtud. Obró contra ella, y con nimio: rigor en el suplicio del General Patkul. Mas al fin, solo una vez, y solo con un hombre fue rigoroso, y aun concederé ', que cruel, Mas Alexandro,'¿quantas veces, y no con uno, ú otro:, sino con millares de hombres, igualó en la crueldad “al hombre mas barbaro * Diganlo el saco, y desolacion de Thebas. Digalo la ruina de Tiro, donde sin mas delito de parte de los habitadores, que haberse defendido con valor, dió orden para que fuesen pasados al filo de la ¡espada quantos no se hallason refugiados en los Templos-;+y:despues de saciada la ira 240 CartLos XII, Y AutezanDro Macno.
ira del Soldado en muchos millares, que cayeron por las ca lles, hizo morir en cruces dos mil que quedaron, cubriendo toda la orilla del Mar Tirio con tan horrible espetáculo. Digalo la horrenda: matanza de toda la Nacion, O. estirpe de los Branquidas, que hizo executar 4 sangre fria, Digalo su bar: barie con el Principe Arimaces Sogdiano, y todos los Nobi lisimos de aquella gente, que habiendo, despues de poca re sistencia, baxado de la Montaña a rendirse, despues de azotarlos, a todos los hizo crucificar. Omito casos menos no tables.? | 19 Mayor aún que en la clemencia, fue la ventaja, que hizo Carlos a Alexandro en la continencia. No fue, a la verdad, Alexandro de los Principes mas desordenados en el capitulo de lascivia. Pero estubo mui lexos de ser continente, Plutarco dice, que fuera de las nupcias, no tocó a mugger alguna, sino a Barsene. Debió de olvidarse Plutarco de la prostituta "Thais, que.no calló Curcio, y de la concubina Campaspe, de quien hablan Plinio, Eliano, y otros, Cutcio introduce tambien en el lecho de Alexandro a Thalestris, Reina de:las Amazonas. Pero yá ¿Juan le Clerc, en la Critica que hizo de Quinto Curcio, con gran fimdamento notó esto de fabula. Su circunspeccion, respecto de la hermosisima muger de Darío, es laudable. Pero su detestable comercio con el Euúnuco Bagoas, que sobre las torpezas del lecho le hizo cometer “algunas mui graves en la conducta, no permite presentarse Alexandro a la imaginacion sin horror.
20 Al contrario, no se halla en las Historias Principe mas limpio por esta parte, que Carlos. Jamás se notó en él el mas leve defecto, ni en obra, ni en palabra contra la mas escrupulosa pudicicia 5 lo que es digno de notar en un hombre, que pasó toda la vida sin casarse. Lo que sucedió con él a la célebre Condesa. de Konismar, puede reputarse por un brillante rasgo de continencia heroica. Era esta Señora una de las mayores hermosuras de Europa 3 y no solo una de las mugeres mas discretas, pero acaso la mas discreta de todas. El Rey Augusto ¿que se habia familiarizado demasiado con ella, quando llegó a vér vacilante su Corona, y al Rey de Carra XXIX, 241 de Suecía inflexible en el proposito de quitarsela de la cabeza, juzgó tener en la hermosura, y discrecion de esta Señora los dos instrumentos mas oportunos del mundo, para doblar el animo de Carlos a algun decoroso partido: en cuya conseqúencia la envió, para que le hablase 5 lo que ella podia hacer, ocultando al público el motivo 3 porque sobre ser de una familia ilustre de Suecia, y poseer algunos bienes ea aquel Reyno, había estado algun" tiempo en Stokolmo, y allí conocido a Carlos. Pero por mas instancias que hizo para lograr audiencia de él, no la pudo conseguir. Facil es discurrir el motivo de la negacion. Las mismas prendas que hacian que todo el mundo amase a la Condesa, hacian que Carlos la temiese. Constante en no cometer alguna accion indigna de su Heroismo, se resolvió a apartar una tan peligrosa ocasion. No por eso desistió del intento la Condesa.
Como Carlos salía todos los dias dos veces a hacer algun exercicio a caballo, se determinó a esperarle, ya por un camino, ya por otro; y en efecto, logrando ya una vez hallarse en la vereda por donde venia Carlos, al acercarse éste, baxó de la Carroza para hablarle. Pero Carlos, reconociendo por las señas ser la bella Condesa de Konismar quien le esperaba, firme en evitar el peligro, no hizo mas que saludarla cortesmente con el sombrero; y volviendo la brida, retrocedió a tomar otra senda: De suerte, que la Condesa ( dice el discreto Autor de la Historia de Carlos ) no logrd de su viage mas, que la satisfaccion de poder creer ser ella en el mundo el unico objeto, a quien temia el Rey de Suecia.
21 Habiendo sido tan superior Carlos a Alexandro en la continencia, lo fue mucho mas en la templanza. En esta materia no hay otro Paralelo entre los dos, que el de dos extremos sumamente opuestos, uno de templanza, otro de destemplanza. Carlos muy parco, Alexandro muy glotón. Carlos no usó jamás de otra bebida, que agua: Alexandro fue vinoso con sumo exceso, pasando mucho mas allá de la cantidad de vino que podia resistir, ni su estomago, ni su cabeza. Asi, era en él muy freqiiente la embriaguéz. Athenéo, citando a Eumenes Cardiano, y a Diodoro de Ery-= Tom. I. de Cartas, Q thréa, 242 Caros XII, y ÁLEXANDRO MAcNo.
h réa, refiere, que habia tal borrachera, que le hacia dormir dos dias: continuados con sus noches, 22. Al la observancia: de la palabra dada, no veo que hayan faltado] Jamas, ni uno, ni otro, Pero hall lo en Carlos una sublimidad de pundonor en este punto, de que no nos ministra exemplo alguno Alexandro. Quando estaba para salir de los Domiai os Otomanos, muchos de los suyos, que no tenian con que hacer el ldrgo viage a sus tierras, Sacaron prestadas de algunos Turcos varias cantidades de dinero, a gruesos intereses, a cuenta del Rey. Habiendo llegado a entenderlo el € omandante Turco, que de orden del Sultán le habia de conducir a a la Frontera, le dixo al Rey, que siendo la usura contraria a la Lei Mahometana, Suplicaba a su Magestad, que haciendo liquidar todas aquellas deudas, diese orden al Residente que dexaba en Constantinopla, de no pagar mas que el capital. Vo, (dixo el Rei ) si mis domesticos hicieron obligación de cien escudos,yo quiero pagarlos, aun quando no hayan recibido sino diez.
23 Por lo que mira a la liberalidad, todo lo que se puede decir con verdad de Carlos, es, que estubo mas distante que Alexandro de la avaricia, porque pecó en el extremo contrario. Alexandro fue liberal; Carlos pródigo, y lo peor, que sus profusiones se hicieron muchas veces a cuenta agena. Pocos dias despues, que fugitivo del Czar, entró en Tos Estados del Turco, el Sultán, con magnificencia propria de tan gran Principe, sobre dár orden, que a él, y a los suyos, (que eran mil y ochocientos )se asistiese abundante, y gratuitamente con todo lo necesario, le consignó a la persona del Rei, para gastos supernumerarios; quinientos escudos cada dia, que cobró efectiva, y puntualmente los cinco años, que se mantubo en Bender. Esta contribucion, que se podía considerar larguisima para un Rey reducido a vivir de limosna, en las manos de Carlos, era poco mas que nada. En aquel estado de mendicidad, pasaba' ¿su Tesorero Grotusen, que era tan perdigo como él, y por eso mui amado, cuentas mas alegres que las del gran Capitan. Dabale, un dia el Tesorero ado cia al a de algunas can: Carra XXIX. | 243 Carra XXIX. | 243 tidades, que habian entrado en su poder; habia entre ellas una partida de sesenta mil escudos, de la qual se descargo en dos lineas, de este modo: Ha de baber, que obedeciendo los ordenes generosos de su Masestad, repartídicz mil entre Suecos, y Genizaros, y el resto me lo comí yo. Lo que recibiendo el Rei festivamente: Pé aqui (dixo ) como yo quiero que me dén cuenta mis amigos. Mullern (este era el Chanciller) es un hombre pesado, que me hace leer paginas enteras sobre lacantidad de diez mil francos: Po me hallo mejor con el estilo laconico de Grotusen. Tan sin reparo, y tan inutilmente consumía el dinero 3 y asi, con «ser asistido del Sultán con tanta generosidad, a cada paso buscava cons!-derables cantidades por via de emprestito, por lo que se cargó de crecidas deudas5 para cuya satisfaccion, antes de salirde Bender, pidió al Sultán mil bolsas (el valor de cada una de mil y quinientos florines de plata) ¡ Monstruosa demanda! Con todo, el generoso Otomano, no solo le dió las mil bolsas, pero aun añadió doscientas mas. No se puede negar, pues, que la profusion de Carlos fue mui viciosa; pero tampoco se puede negar, que este es un vicio, que pide gran corazon. Acaso tambien la bizarria de Alexandro paso de los límites, en que debía contenerse; pues Plutarco refiere, que su madre Olympias freqúuentemente en sus cartas la corregia como excesiva.
-24 En orden a la yirtud de la Justicia, no hai proporcion alguna de uno a otro Heroe. Apenas hizo Guerra alguna Álexandro, que no fuese injusta. Nada le debia todo el Oriente. Ningun Principe de la Asia le habia provocado. Ningun derecho tenia a los Reinos que conquistó. Ni aun las Guerras que tubo dentro de la Grecia, se pueden llamar justas. Es verdad, que se armaron contra él Athenienses, y Thebanos; pero podian hacerlo segun derecho, porque le tenian para recobrar lo que les había usurpado su padre Filipo. Asi, fue tiranía de Alexandro tratarlos como rebeldes.
25 Carlos, al contrario, ño hizo Guerra alguna, que no fuese Justa. Dado al ocio, y entregado todo a pensamientos pacificos estaba en su Corte de Stokolmo, quando conspira- Q2 con 244 CarLos XI!, y ALexAnDro Macno.
ron unanimes contra él el Czar, el Rey de Dinamarca, y el de Polonia. No tenia entonces Carlos mas que diez y ocho años. Confiriendose en su Consejo, sobre los medios de desviar la formidable tempestad, que amenazaba a la Suecia, no hallaban los Consejeros otro arbitrio, que el recurrir a las negoclaciones, y este fue el unico que propusieron al Rey: A cuya representacion, levantandose el generoso Joven, en un tono, que respiraba magestad, y valentía: Monsieures, les dixo, tengo tomado mi partido. Yo me he propuesto no emprender jamás Guerra alguna injusta 5 pero al mismo tiempomo desistir jamas de la que fuese legitima, hasta arruínar a mis enemigos. Lré a atacar el primero que se declare5y quando le baya vencido, creo inspiraré algun miedo a los demas. En efecto, él no hizo Guerra, sino a los Principes que le habían provocado. El Rey de Dinamarca, sobre quien cayó el primer impetu, en breve tiempo se vio reducido a baxar las Armas, y pedir la Paz, que consiguió con las condiciones, que quiso prescribir el Vencedor. El de Polonia, despues de vencido en muchas batallas, fue despojado por Carlos de la Corona. El Czar padeció muchas derrotas, y. verisimilmente hubiera Hegado al mismo infortunio, si tantos accidentes adversos, como hemos insinuado arriba, no hubieran desbaratado los designios de Carlos.
26 Es verdad, que algunos le acusan de haber excedido en la satisfaccion que tomo del Rey Augusto, pareciendoles nimio rigor privarle de la Corona, y. que no era menester tanto para castigar una invasion injusta. Yo me arrimaria a esta sentencia, si la Corona fuese hereditaria 3 ya porque en ese caso el castigo se extenderia a su inocente posteridad; ya porque estando mas unida al sugeto una Corona radicada en su misma sangre, viene a ser mas violento el despojo. Ni uno, ni otro tropiezo hay en una Corona electiva, qual era la que quitó Carlos a Augusto. A que se añade,' que en éste no era tan lamentable como lo sería en otro el descense del Trono, por quedar siempre, como Duque de Saxonia, Principe Soberano.
27 Y sea lo que fucre de esto, no tiene duda, que al mis- Carta XXIX, 10% 245 mismo tiempo qué quito el Reyno a Augusto, mostró Carlos un desinterés heroico, y un amor grance a la justicia, Es constante, que pudo entonces, como le dió a otro, tomar para sí mismo el Cetro de Polonia; porque scbre ballarse dentro del Reyno con un Exercito victorioso, a quien nadie se atrevería a resistir, tenia entre los mismos Polacos un gran partido, Su Valido el Conde Piper, le aconsejaba, que no perdiese tan bella ocasion, Pero Carlos sacudió la tentacion, diciendole, que mas se complacia en dar Reynos, que en adquirirlos, Y añadió al Conde, sontiendose: Tu eres bueno para Ministro de un Principe Italiano. Dicho, en que mostró su repugnancia a adquisiciones injustas: y al mismo tiempo el concepto de que la Política Italiana no es escrupulosa sobre este capitulo, 28 He concluido, Señor mio, el cotejo de los dos Heroes, con que pienso traer a Vimd. 2 mi opinion, de que la ventaja está de parte del Alexandro del Norte. Este nombre dán unanimes las Naciones a Carlos Duodecimo, Rey de Suecia: como a Margarita de Valdemar, Reyna tambien de Suecia, llamaron la Semiramis del Norte. Y yo hallo entre los dos la conformidad, de que poseyendo las virtudes del Alexandra de la Grecia, y de la Semiramis de la Asiria, ca> recieron de los vicios de esta Heroína, y de aquel Heros, Soi en todo tiempo de Vind, áec, 246 SOBRE UN PHENOMENO. DE INSECTOS, CARTA XXX.
EL MOTIVO DE LA SIGUIENTE Carta fue escribir un caballero forastero a un Amigo suyo, residente en este Principado, solicitandole a que inquiriese del Autor Lo que sabía, y sentía en orden al Phenoméno queexplica en su respuesta. Esta se dirige al Caballero residente en este País.
1 Migo, y señor: Llegó ya el tiempo de cumplir con "A el precepto de Vmd. satisfaciendo la: curiosidad de su Amigo en asunto del decantado prodigio de las Flores.
de San Luis del Monte, que tanto ruido ha hecho. en. elmun= do.5, pero que rebajando. lo.que la fama añadió a la realidad, no merece el nombre de prodigio, pues solo viene a ser un:Phenoméno. algo particular, dentro del orden. de la naturaleza.
2 Si el hecho fijese como comunmente se refiere, y Como llegó a los oídos del Amigo de Vmd.. sería preciso confesarle milagroso. Dicese, y aun pienso que anda estampado en algunos libros, que el dia de San Luis Obispo, (19 de Agosto) en una Ermita consagrada a este Santo, colocada, no en un Valle, como.escribe el Amigo de Vind. antes en la cima de una Montaña, (que por eso se dice San Luis del Monte) a distancia de legua y media de la: Villa: de Cangas de Tinéo, Pueblo de este Principado de Asturias, al cantar la Misa Mayor, las paredes, y puerta de la Ermita, Juntamente con el Altar, Vestiduras del Sacerdote, Caliz, y Corporales, repentinamente se pueblan de unas mui pequeñas 5 Horecitas DASS? en gran copia: y que estas se aparecen Carta XXX, 247 cen precisamente en aquel puesto, en aquel dia, y en aque lla hora, no viendose jamas en otro sitio, ni en aquel, sino al tiempo de cantar la Misa en el día señalado, El conplexo de circunstancias de aparicion repentina, invariable determinacion de sitio, dia, y hora, bien yerificadas, harian prueba de ser milagroso, d sobrenatural el suceso, Pero por lo que tengo ayeriguado, todas estas circunstancias, exceptuando la primera, que es verdadera en parte, son supuestas. Ñ Años ha, que hallandose en esta Ciudad el Doctor Don Estevan del Hoyo, que lo es de esta Uuniversidad de Oviedo en la Facultad Teológica, y Cura de Santa Maria de Ciguyo, en las cercanías de la Villa de Cangas, me informé de él en orden al suceso referido, Este me dixo, que aunque nunca habia subido a la Ermita de San Luis, estaba persuadido a que el caso no era milagroso 5 porque flores de la especie misma de las de San Luis del Monte se hallaban en otras muchas Iglesias de aquel contorno, y no en hora, ú dia determinados, sino en todo, d casi en todo el espacio del Estío. Con esta noticia, dada por sugeto docto, y veridico, no di por entonces mas pasos en la pesquisa. Pero luego que Vmd. me manifestó la curiosidad de su Amigo, juntamente con su deseo, de que yo le diese sarisfaccion, solicité mas individuales noticias; y las que allé, fueron las siguientes, | 5 Loprimero, sin fundamento alguno se sienta, que las flores solo aparecen el dia de San Luis; porque aquella Ermita solo se abre el dia del Santo 5 ni aun por estár sobre una Montaña bastantemete agria, y retirada de “toda poblacion, sube la gente a ella en todo el discurso del año, sino en el expresado dia: Por tanto, nadie puede cercificar, que solo en aquel dia parecen la flores: antes se debe creer, que en aquella Ermita sucede lo que el Doctor Hoyo me refirió sucede en varias Iglesias de aquel contorno, que es ser comun aquel Phenoméno a todo el Estío.
6 Lo segundo es supuesto, que solo mientras se canta la Misa Mayor aparezcan las flores. Don Joaquien de Velar- Q4 de, 243 SOBRE UN PHENOMENO DE INSECTOS, de, Capitular de esta Santa Iglesia, y pariente de Vimd. me: cerrificó, que hallandose en la Villa de Cangas un dia de: San Luis, en compañia de su hermano Don Romualdo, Co-, legial Mayor del de San Bartholomé de Salamanca, (hoy es Oidor en el Real Tribunal de la Coruña ) ya por devocion,' ya por curiosidad, subieron los dos a la Ermita, y en sus paredes vieron las flores, na solo mientras se cantaba la Misa Mayor, mas tambien antes, y despues de la Misa, y: recogieron en una caxa tres de ellas, en las quales se obser-. vó lo que diré abaxo. Aunque yo no tube ocasion de hablar con Don Romualdo sobre el asunto 5 sugetos que le oyeron, me aseguraron haber hailado su testimonio conforme al de: su hermano, asi en lo que lleyo dicho, como en lo demas que se sigue. Vid. que conoce, como yo, a. uno, y otro,: puede afirmar al Amigo, tanto la veracidad, como la discrecion de ambos hermanos, | | 7. Asimismo me certificó Don Joaquin, que no solo den-, tro de la Ermita, mas tambien en el campo vecino, se ha= llaban dichas flores, y él. vió: coger una entre las hierbas 2: una muger, que me nombró, y entrambos conocemos, Item, que no solo en el campo vecino, mas en otras partes de aquel territorio se encuentran 3 y que el mismo Don Joaquin, en un balcon: de la casa, que su hermano Don Pedro tiene en la Villa de Cangas, casualmente halló una. | 8 Mas: Me dixo ser falso lo que se cuenta de ser tanta: la copia de flores que se vén en la Ermita. Al contrario, son tan pocas, que es menester buscarlas con cuidado, y rara se encuentra, sino en los rincones, y sitios retirados, y sombrios. La inundacion de fiores sobre las Vestiduras Sacerdotales, Áltar, Caliz, y Corporales, nada tiene de verdad. | | ente 9 Teniendo escrito hasta aqui, supe, que acababa de llegar a esta Ciudad el señor Don Pedro Velarde, hermano delos dos Caballeros nombrados arriba, y Mayorazgo de su Casa, Como este Caballero tiene su residencia ordinaria en la Villa de Cangas, pareciendome que no podia carecer de noticias del hecho en question, determine consultarle; MA Carta XXX. 249