SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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image not a vailable r Digitif!^ by Gopgle ] I i r' BSGBFros nuncos jííizedt)/ÍéoogIe IWTOODUCGIOV.

£11 moiMiilM de 'cansMMiii y disgusto to4os eMidenaa el hablar de po*^ lilíai, peto nadie habla ée otra cosa; y es que la pelHiea nos interna á lodos porque se raza con todo. No babiomos de poKtica; sea en tmen hora; mas ba de ser oon la eeadicion de encontrar maierias exentas. Los asuntos* religiosos se resienten do la fNrfitica; litigo la historia de los éhiiBos uÉns: bs^cieoeias y la literatura se resienten déla política; 4es(igos, á mas de otras cosas, los planos y rpf»lamenlos que varinn ron los ■Mnisl(3no8: la ap^riniltiira, la industria y t?! comercio se resienten de ia pOlítif'n: t(^siip:o«? las chispns uunrra civil, las cuestiones de amnceíos, la insef^uridad de los ca[)il¿ilf's. la Itolsa: las diversiones públicas se resienten de la política; testigos d teatro y hiisla la plaza de toros: la tranquilidad pública 8e resiente dcla polHica; Jlenligos los hechos: la paz do-, mésiKH se resiente de la poUlica; testigos los espiados, los encarcelados, los deportados; testigo la zoiobra de los medrosos que no pasan una noche iÍD soAar'qasiOfeB el t^Mlor •ét. la;diilicia naoioiial.

"Sk les polHícoe fuesen, «na academia de aficionados que se sol azaran diseolíendo, bien podriaaws ^ilvidarlee; |>ere ootipan albemativainenie la» ¡siUasidel mando, disponen de la fooTEa publica, resuelven alias enesiioBaa^ue afeolan á lo w^iMl y ¿ lo venidero, imponen tributos, y!o que esms, los reeandan; nfres daUe-pwsciBdirdo lo que bacen y dicen, porque á todos nos tocan sus obras y palabras. «No quiero pensar enpolítica:» asi hablan algiifins; pero la diticnllad está en que los sucesos 08 forzarán á ello: si v\ edilioio arde, no vale el permanerri tranijnilo en nn deparlamenlo irniian lo al literato, á quien avisaron dp ([iic habia fuego en la casa, y respondió muy sereno: «deckiselo á nni muger, ella es laque cuida de los asuntos caseros.»

Pero bien, se replicará: ¿de qué sirve el ocuparnos de cosas que no tienen remedio^ De todos modos la nación se pierde; lo mejor es resignaraa. Bato seria ttolesable «i- la «acM pndiesé morir; el desamparar á un cofeMip anw^e^deaalnmdo, es oniel, pero al fin se oonoibe como nn / icto de desesperación; mas 'la Eapafta no se mnere, ni se puede morir; / bw naciones no tienen el consuelo de morirse cuando quieran; la. Espafla / -86 llalla en lulos ( iremistaiieias, intelectuales, moralés y topopillcas» que si hubiese de llegar un dia tan desventurado en que pudiera desear la sucrle de la Polonia, on vano invocaría la muerte, estaría condenada «orno Prometoo ñ «^iilrir ol lormento fio la vida.

Pero no se ciUrislozca el lector: seiuejanlc caso no llegará: este no es iin país privado de cs|itiícÉii/.iá, isujiii^ia tligaii io eciiikrano no pocos de los mismos que nos han conducido al estado actual. No os eslraño cjiio no tengamos orden y sosicíro; lo esirarto es, cómo no son mucho mayores Jos trastornos: al pueblo que mas admiréis, colocadle por un momenlb en nuestras circunstancias, y los acontecimientos serán indudablemente J mas deplorables que los que yernos en España. Séame permitido abstenOOiMbmlliHI reseda: basta la indicación: el ketor.refleuooará. • J. f- |¡ii(M«parsi^ninello de política suele ser para laspuobkis «n mal gnve; peit» ¡cuiuido 4iiraviesnn una. revaludoa, flÍAeraal>e6 neeeaafH»: Umpboo 68> budne. para- la salud el ¡Masar mucho en las eafermedades;.pero si atormeniiD* y ponea.en pclij^ro* la Yida« ¿cómo evitar el ocuparse de ellas? AdeoBas, no es fíiicil quecos pueblos salgan de semejante malestar, mientras les falte el conocimiento del origen, nalnraloza y remedio de sns ma-Ips; una opinión pública,, fija, cabal, exacta sobre la \ei(i culera silnaeion de lase-osas. Si antes In hubiésemos tenido, antes ludummos mejorado: Y si aclualmcnlt? seimcdc It uer alguna espor;iii/.¡i, es jiorque esta opinión existe, y mayor de lo que se cree.;nónde eslaí;por «iiié no se maniüesta?

porque neresila circuuFLancias á jiroposil"; di jul que ¿iltioii aconlecimienlo las produzca, v palparéis el resultado. Poi út^ pronto so puede asegurar qjie si se r^Míeraa sucesos análogos á losde^Aos ftttteriorcs, el desenlace seria* muT diferente:. ios maiiifteslos no serian ton efieaoos «oino ea otras qpo«as t ios que creen que nadie apreade nada y ^e «iempre se- pueden r^tk lDS«0Mj$mos dramas, ewerimentadan que bay en el puis un pansa* • miepto nia# ijkdefeodieKte de lo que ettoe se figuran. El público es maá ilustrado qtte« antea: ^s actores célebres no deben olvidarlo; se oonoee-el valor, de iasco&is.y sobre todo el de los hombrea; si sé diesen-nievao fon» Clones, podrían acabar por silbidos.

Para los ti Mlhijo? políticos es onn prneba dura el ser publicados en CO" lecí von: y cuenta que aquí so prescinde de mérito literario, se trata únicamcnUí de la verdad y del acierto:;i]ue ituporla un poco niüs u menos de aliño, cuando está de por medio lo íii;is ¡grande y sagrado do la sociedad? Un escrito |»ulUieo escita mas interés, si versa sobre un asunto dd uiolU^nio; ptsro el grado de inLeres no es el mejor barómetro: se le juzg« con mas tino leyéndole cuando las cirouostancias Han caminado: los bltoa de wdad ganaa con ^ olvido. ¿A qué ir masiejos? si luftca tpoaible naunic oii eeleceioii b» mas nolafale'que se ha dicho y caerito dead« IM$,'}0ttáiitoe tfjtidrian que tbs^r los ojos^ abriunodos ^e iMirgüenza! ' ' i > < i ^ d.;. » ' ^ =^iMadrid27de.)fayode 1847.. ' c. • -i.1 1. 1 co^sll)^:hAClo^Ks hniTicis SoilRE tM» «{Huculo >« cwribiá il Irriataarti- U gurm cítU; j m iopriiBÍi ro BwdeDi, tu Agúalo d« itlO.

PBOLOGO.

Cuando las pasioti(>s rugen con feroz bravura* ruando!us ]>artídos se dispulan la arena con lauto fnranii/antienlo, difícil es que puedan hacerse etevebtir, ni siquiera oír, los templados acentos de lil-tMmi ó imparcialidad. Ksta considcnioion me ha bcehi» caer re|H'liii».s votvs la pluma de la inano, y habicra sucumbido al de!iali«-alo, á no reOe\ionar que mi c«cril<» t4.>nia un luviilo qu«; nunca deja de ' r buen efot lo, |)orquu ejerce po«k'ru*io as-!.ie í>ol>re el eutendimicalo y el corazón: este mérito coni»istc en wr b sencilla espresion de convicciomís profundas, el eco 6el de sentimientos j,'eneros<w y puros.

Qnien?M» c omplazra en denuestos contra I;is per-•OOtk y en (-aiilieacioneH odiosas de la* opiniones, M lo buMpie aqui: yo ráspelo demasiado á los hMaiduu para que me atre\a:i insultarlos, j s6 (mitenpiljLr ooaMSrena calma el vasto«imloen'que I^D ha opinioDC«, porque no IcngoliMeiiptesuncion de que puedau ser verdaderas soíanieule Ls mías. No es esto decir, que en medio <le opiniones dignxs de resj>elo, no vea estravios lamentables, y hasta monstruosos delirir^; mas en tal caso abormeo rf error, no al que yerra, y me inspiran COlipaiion, H extraviado y el rfelirañte.

Como no roe propongo es» riliir uii.t historia, ni siquier:! un resúmen, y si úiiicjuiciiU' presentar alpuia» i«flu\iones que me ba sugerido la atenta observación de nuestras vicisitudus; uo mu «eré precisado por lo coniuu, á descender al examen de hechos parlicular>\s,- terreno donde tan difícil ca caminar ¡M>r el sen«lero de la verdad, sin que se den por ofendidas personas delennluadas; ora sea iir porqnc se las liaya de presentar cuino culpables, m iiu se quieix*u vuluerur los dereib(.is de lu razón y de bá justicia; oro ponjue habiéndose de iKtuur eu claro su falta de tino ó de i i m, bava de suutírse laslimudu su amor ¡. | E-slraño á todos los partidos, y exento de odioü y reiMíores, no primuneiart' una sola palabra quií pueda escilar la dis< ordi:i. ni provot"jr hi venpan/a; y sea cnal fuere el i de tantos vaivenes como afilan á esta nat k h.¡' sventurada, slainMte podré decir con b entera satlsraccitm de UWMI^ ciencia Iniuquila: <u« has pisado el linde prescrito por liá ley, uo has exus|K*rado los ánimos, no luis atizado el inceudiu, uo bus contribuido a que su vertiera una gola desangre, ni á que se derramara una sob lágrima.»

CAPITULO l CAPITULO l I Tenemos ya la paz, es decir, que ha ocsado ya la cruston de satigic; pero la verdadera paz, aquella |>az en que á la sombra i del imperio de la ley, y bajo el benéfico iu-I ílujo de una política elevada, leal, cuerda y j previsora, se reparau las grandes injusticias, I se protegen los intereses legilimos, se calman las pasiones, se concilian los ánimos, I borrando de csfa manera la sangrienta huella I de la discordia, asentando sobre (irme y anchurosa basa el sosiego de la nación, y' derramando la semilla de su prosperidad y grandeza; esta paz, esta vcruadeia paz, ¿la tendré mos?

' Fatigado el corazón con tan larga cadena de inforlunios, v lastimado con laníos padecimientos, como que busca nn instante de rejwso y consuelo, abriéndose de buen grado á lisonjeras esperanzas; pero la mente recordando tan amargos descngatlos, tañida y suspicaz á fuerz-a de escarmientos, da «;n tomo de sí una escudriñadora mirada, rcj cuerda lo i)asado, com|)áralo con lo presentí!, y cotejando licmi^s con tiempos, hombre*.

(Mili hombres, tosas coü cosas, deslinda y a])reA;ia sus seiiicjanm y sus diferencias, eslorzándose por |)en«trar eu la oscuridad del porvenir. Y este ¿cual será?¿4|ii¿efipenittas nos aüei't:m ' ¿qué peligros nos amenazan? ¿(jué males uos aquejan? ¿qué circunstaacias nos rodean?

lUedilemos proíiindaniente sobre nuestra situación, sin haremos i^ratas ilusiones que se disipen en breve; conozcamos a tondo nuestros males, Ion <fhe no imeden ser remediados si no s(Mí rnnoí ifios; pero guardémonos laminen de exagerarlos, y de e»> pfHvir de esta manera el desaliento y la de-^ iMpetacIMi. Rl corazón del hombre necesita resortes, y en medio d»'l infortnnio es poderos (e^rtQ la esperanza; y si todot< los tíi^iiatvei de bien llegasen i perderla ¿que íieria de nosotros?

Poro í\\H'. st» me dirá, ¿soñáis todavia en un [)<>rvemr de ventura? ir«inta aúoc» de calamidades ¿ no bastan fNM> deanlentav d hombre mas aninaosn? \ p^^ro rf^pnndrré qim yi la sociedad espnfiola no ha de perecer, sn reorganización es una necesidad, y una neccsidud de nn modo áotrtfsesntisfiiee. fíat lo ri('Mi;tK iindio sp fijíore que ya sueflo en un porvcnu veuUu(«:<<it > qne vttogo á iwntar un Cuadro agraílaMe, llenando de falsedad síi loníl i \ I» vlnnibrando la vista con mentidos colores; el corso del escrito convencerá al lector de lo contrario; la realidad es nm^ triste, y m hisphioeUKljfs balallenas serán muy porn?; on su mayor parte serán sombrías, y cuamio la verdad exif,nere qne itean ne¿;ras negras serán. Hé aqui una prueba: Li Reina ostá on minoría, la Constitución es reciente, grandes v antiguas instituciones ó han desaparecido oel todo, ó han sufKdo considerable menoscabo, la administración está completamente desorganizada, la legislación es un caos, el déficit un abismo, la fcnem civil ha dejado en pos de si horribles regiieros de sangré y de ceniza, las revueltas y los escándalos han esparcido por do 3tñm ahmidantte gérmen de inmonndad y esórden; siguen enconados los ánimos, alarmadas las conciencias, en chotjue las opiniones, en lucha grandes intereses; aía vista de la espaciosa arena que van á presentar las df lir ndas y trascendentales cuesíionos que duben resolverse cnanto antes, están ya en maligno acecho las pasiones criminales, «roo sus ttnes perversos, sos miras mezquí- 1 ñas, sus palabras falaces, y sus medios aleves; y para tolmo de infortunio. merced a tan recios sacudiuiieutos como bu sufrido la nación por espado de siete años, cuanto abriga m' inasabyecfo y tíañinola siK-iedad, sobrenada ahora en su superticic, como en tiempos calmona hormignean en un lago cenagoso y remello eqalnhres de reptiles y de insectos.

razón, de acuerdo con la espertencta, ha puesto fiien4le dada las ptrandes venta^ jas. mejor diremos!;i tií\ csiilnrl r!p fa suce->ion hereditaria en las mooarquuis; pero este escelente sistema adolece por desgracia de un achaque gntvfsfaw», y qve no es poaibfe evitar (le nioLMina manera; (]w en las cosas humaua» uo cabe perfeoinpn «umpUila, ai ea dable aloahzar grandes Menés *sm tropezar al propio tiempo en considerables inconvenientes: hablo de las minorías.

Durante este espacio, que aun en las épocas tranquilas en que las sociedades recorr -Ti (iiTroieros boiiancjbles, es siempre trabajoso para las naciones, sirve de medio para evitar, ó al menos disminuir los males, todo cuanto contribuye á que se acerque á la realidad la r("^pi'!;tf)!t' V TH'cf"íar!;i nrcion legal de que ci trono esta o<;üpado, cuando en rigor podría decirse que ae halla vaaaato. Dt' esta manera se ali ania en lo posible el objeto (jiie se propone la ley de sucesión heredilítria, cual es, asegurar invariabilidad y consistencia al supremo poder del £stado", poniéndole en runntn r;ibe, fncra del torbellino de las vicisitudes htunanas, y cerrando sin esperanza la pueifa i las locas pasiones de los hombres.

En llenar mas ó menos cumplidamente tauaAo objeto, luiiuvcu U cabüad de las personas de que se eeaa mam para efeacer la reirrnria. v lr\s instituciones que rodf«in el trono. Por lo que loca á personas, es siempre importante qne sea una sola, si posible fuere de real estirpe, y la que ofiwsea menos sospechas de miras interesadas, x menos eventualidades de cesación 6 amovilidad; es decir, aqueUa en que mas se verifique qoe la institución pasagcra se parezca a l i p maneóte, la uignidad del manda a la ma~ gestad del trono, el regente al rey.

Cuando la faíaMi «sMe en sn jnst»i»-> lor las cansas que han connirrido a sostener el trono de Isabel, cuando se la preguntará cómo fue posihie que no se hundieni un trono cQlkibaiido por tantos y tan pederams ele-> ixm ¿i un» cama <pa en sa piOpTO seno ahriírnh?? tanto-' Li*r- ■MMs de anefte, outro otros mucbot» íiedMMHeflrtítMM ett d^^s'ttp W'bs-FBfNMWÉe bastante, y al que se haya tal ve?, atribuido poralfíiim^s una influencia muydiví^sa. Ksto liecho es, que durante la guerra no ha ram- Inde mmn de naioB hi'fenmcii, siendo notable que en tantos trastornos poHiieos como se han sucedido, durante ei largo csjmáá Ju m pai«Bd«>laolKi, ttn ínsiiito de conscrraeÍMV^Klii^Htontente romhinado oea la caballerosa generosidiid del carácter esviiiiaii se ha opuesto ^ui|)r« cu esUi punte t-ll ÍMotene^ y é hs tMUMW de las pai»-neay pertiáos.

Ni hav por que mentar enféticiuueDte la juventud y el sexo; esto habria {)odido ser m |pRl«8tt fin li wMtkn, évn tropiezo pra míopt»;Hilittca: pero ¿S(» ha ^fíi^^iifln es ta enfermedad radial da que addieoenK» tiempo ha y de <]Uf» " ''¡iimn-^ todavía adoleoer por largo e&pacio. de han culpado estatf é aquellas penanaa, se han BtiftaMa ceoMi' caa?^ estos ó aquellos sistc;:ia.s, pv¡o jic^ cindiendo de la mayor ó mmor verdad «fiit en todo eso pueda encoolrarse, iuc purixc que pera ver las eeaaa «a su verdadero poir to de víala, ai aneater levaiBlaraa áanyor altana^ vfiHia, la Malaria eit^cfte y h cfesta denniestra, que para delatarse en gran na* ñera p! poder hasta \\m minoría, ó una guerra de sucesión, o una revolución. Gualipiaii de eataa tras caaiaa, aunque obro entrrnownte sola, es suficiente para producir tan íuoesto eíecto; porque hien claro es qH« la revoluck>n se dirí((e en derechura á com-, batir al inder «n aa eaeucia, atacande í ipalmente ííI s<»r moral que llamamos autobasUuite en que ú \as hundas del mando i>e li rulad, ^okerno; y las minorías, y lasguerratf hdaeran eacapado por un neoMnle de laa | de Meaaioa, por aab Uevareonsiiie la even- BMaos de la augusta Viuda, en el torbellino | tuaüdad de mudanzas, 6 personales, ó diiiásqite arrebataba, cambiaba y tnin«f«>fm;»ha!' ticas, producen por necesidad el que duntntw todas las iostitvcíoses religiosi^ pohticas y cifibay. «M vea acetada la regeéoia á aeeian. fínneza.

tan varin tan activa y desorLMiiir.adora, habria perdido de golpe toda estabilidad, se hÉiera franqueado ta puerta á la ambición, y convertido el supremo poder en mudable empipo, hnbirrn sidn cf hlimco de todos los tal espacio no alcance el poder la necesaria Si esto es una verdad, que nadie podrá ne^me, ni disputarme' siquiera, ¿(]ué debía suceder en nuestro desgraciado pais cuan> do por un conjanlo de circunstancias inláus^ tas hemo-^ tenido que sufrir á la vez, una ataques, siendo entonces escalado tan aito L miñona, uiui guerra de sucesión, y uua i-eparal» da la propia aweniqae la km sida | vdaeioii; y eaa minoría muy larga, y esa los ministerios? \ ábuen «enroque si abo- |' guerra de sucesión nniv tenaz, y esa revolución muy urolanda? ¿Como era |iosihle que t i poder no ruera débil en estremo, y no se le viera repetidas veces ahogado, desfalleeido, moribundo? No, rif) rsínñrr. [o que sí es muy adourable, lo que imce el mas alto honor á la sensatez espailola, es que haya |X)-dido conservarse de un modo ú otro, abnqua á veces no fuera mas que tm mero simulacro. Desde la inuerte de Fernando el poder fu« ra hemos visto al pnder siempre flaco, veces cpsi abofado, hubiéramos presenciado «manoea una perene dialoeaoian en el oentw iM mando, y combinándose esta con laníos elementos disolventes como á la sazón desplegaban su energía, herida de nNmrle heama de la Rana es los órganos mas vitales, se hubiera conipletnflo (¡nizás la disolacion que tan adelantada esluvo ya repetidla mes, y se hnbiaFa allinada'el canino | débtt« y por necesidad, porque desüe enlonil Irivilb de D. Cáilia CáFITDU Gen reepeotoi la debilidad del peder, ya «innnei^ de tocar materia tan grave, diré enpoens pftiahnis lo que pienso. Mucho se ha ees empezaron la minoría, la ituerra do succión y la revolución. ¿La revolución? Sí. la revolución, y anda muy equivocado quien señale su primer período al año 35. ¿Qué son las revoluciones sino irnniflc'- trastornos en que se hunden las antiguas instituciones? y deade que liajó al seputen» el monarca, ¿no empezaron á temblar vivamente, y con recio sacudimiento, todas nuestras instituciones hablado sobre esle punto, v a la verdad u<»sin ii antiguas? ¿y no podrá decirse que desde ennalívoí panna efeetívanMle eMa debdidnd U tonca» conamé la revolacími? A o contar des- I de el fallecimiento del ¿qíirtie el mínislorio de Cea sino un ¡)eiioso cómbale, ó mas bien una angustiosa ajíonia? Su caida y »]a de su sistema ¿fue acaso ulra cosa que la ruina de un edificio. Iwjo cuvos cimientos ' abrió el terremoto ancliuiosis hendiduras? ' 1 El.scfior Martínez de la Rosa al ocupar el esninoso puesto que la caida del señor Cea habia dejado \acaQte, so propuso entrar en el camino de las reformas, onilando el abismo de las revoluciones; asi lo espresal» de continuo en sus discursos, y asi lo deseaba siu duda su corazón. l»ero ¡vanos esfuerzas! el ministro clamaba por las refornias, conjuraba.sin cesar la revolución, ue^'aba que la revolución exisfiesc, pero la revolución existía, y estaba allí, y empezaba á levantar su mano de hierro, y á, desenvolver sus formas colosales. j con asombro del ministro se iba cstendiendo y aí{iíianlando cual la terrible sombra á los ojos de Kdipo: ella era la que le combatía, acosaba, ajíobiaba ena(|uclla tribuna, donde la fuerza > jíravedad de las circunstancias le arrancaban aquellos majinilicos discursos, aquellas brillantes improvisaciones, que si pn)ducian escaso efecto político, servían ciiando menos para cimentar mas y nías su bien sentada reputación de literato ilustre, de orador elocuente.

Pero se me dirá: ¿acaso con el Estatuto existía Na la revolución? ¿las revoluciones no van de abajo arriba? y el EstatuU) ¿no vino de arriba abajo? mas yo afirmo y con entera scfíuridad, y estoy cierto que'todos los liomba's sensatos convendrán conmi^ío, que el Estatuto vino en cierto modo también de abajo, porque el gobierno fue arrastrado á publicarle jwr a(piella fuerza terrible que empezaba a llevar rodando delante de si cuanto se le oponia. Con el Estatuto se veriíicó un cand)io j)olitic o. y gravísimo, y muy radical, ¿y se hubiera dado este |)aso' ó al menos no se hubiera aplazado para mas tarde, á no.ser por la apriMuiadora f uerza de las circunstancias? yo a|>elo eonli^ulamente á la buena le del hombre que se hallaba á la sazón al frente de los negocios públicos; estoy seguro que su conciencia le responderá que no.

Lo que sucedió en el año 3o y sigaiientes, nadie lo ignora: la revolución que ya existia antes, se llamo entonces con su verdadero nombre, v prosiguió estrepitosamente su camino. El poder continuo débil, como era «my natural; y por mas cargos que se puedan hacer á los hombres que desde aquella ép(K-a empuñaron sucesivamente las riendas del mando, me parece que sena injusto achacarles el (pie fueron únicamente ellos quienes debilitaron el |)oder. Es preciso liacer justicia, ellos le heredaron muy débil, casi nulo. Esta d»'bilidad se ha ido prolongando con mas ó menos vicisitudes, con síntomas mas ó menos alarmantes, y ¡doloroso es decirlo! continúa aun; |H>rque es mas claro que la luz del dia, que ese ser moral que se llama gobierno, pues que yo prescindo enteramente de personas, esta muy lejos de tener tmla a<|uella fuerza «jue necesita para Henar el alto objeto á (^ue está destinado. ¿V esta fuerza la adquirirá? continuemos rellexionaiido.

CAPITULO III.

CAPITULO III.

Si se quiere que alcnnce á llenar su objeto un gobierno aplicable á grandes masas, es menester que se le asegure s¡enq)rc un ^ran caudal de fuerza; y como esta, si ha de ser provechosa v duradera, es inse|)anible de la eslabiliilad, será muy difícil (pie sea fuerte un gobierno que esté sujeto con sobrada frfíMiencia á modilicaciones y mudanzas. Resulta de aquí, que si en una minoría, las instituciones que rodean el trono, y que forman como su valla, llevaren en su propia naturaleza el germen de continua variación y vivo movimiento,.m» c(mi])lican mas y mas las dilicultades, abriéndose ancho cam|)o jKira manifestar su tacto y previ.sion l<»s verdaderos hctmbres de estado.

Cuando una ley fundamental cuenta largo espacio de duración, como por ejemplo la Constitución inglesi. es como un árbol antiguo, que tiene ya en el suelo asiento anchuroso, y raices profundas y dilatadas: robusta entonces por sí misma, venerable ¡Mir su aiiligiledad, nutrida con el jugo del propio terreno, avienese muy naturalmente con las ¡d(»a8, usos y costumbres de los pueblos, > trabada fuertemente con todo el sistema de legislación, y con las demás instituciones, no solo es bastante para resistir a los empujes de los partidos (|ue se agitan en tíinio de ella, sino (pie comunica á cuanto la nub-a su propia consistencia y firmeza. No sucede asi en tratándose de una (Constitución reciente, pues por mas que se le haya deliberación de un cuori)o leírislativo, con la saocioii del monarca, con la religión del jvraniento, y con la pabHcaoMn solemne, es lin e«diar|i;o* imposible que inspire de félpente á los pueblos aquella prouinda veneración, obra de largo tiempo, bija del hábito M» de «H wndalo, enanadi de los «eminentes del corazón, mas bien qiie do Ins reflexiones: y como es claro que no ha tenido todavía lugar de proporcionar beneficios iwaiMefl,— le hi-grwgginlo aquella fira gratitud, que oipMM eaíiir, y eieili entusiasmo. ' IDébil, COBO tedo k> reele*' neeide, inArode«eB en fleqaéca recelos á sus anigoa, v esperanzas á sus adversarios; y si para cof-■ttdc infortunio hubiere corriáo la sangre al ümKfiB é^-m temeb», si en en ■inma ama bubieve sido necesario defenderli eon bf! armas en la mano, y si so hubiere presentado á la luz de) dia en medio de una atnéafeFt «ebieeergida de úmMÉM de dMOOrtlia. anda acompañado su nombre de iMverdos desagradanles, j es menester fM qtaiea se encargue del tHam MArtedo SHflee wmám SM^idad y cordat,f«ra calmar la exasperación de los ánimos, y disipar teaKM-es y desconliansas {i¡. >^dblas MB eewM de qie eitre nmotros tomen ciertas cuestiones tan alta importancia, elevándose, digámoslo asi, a la alen Ingiatemla gflos de duración, y en Fniiu i:i nunqne no suceda asi, no deja el ¿robicrno representativo de estar Iwstante arraigado, y aun la Carta en la forma qtte actualmente tiene, data desde el aflo 4830, es dorir, que no es ni con mucho tan reciente con ja espafioli.

La prensa períédiea de aíenento éAl% tribuna parlamentaría, están recramando dd continuo rpie se pongan en armonía con la Constitución las demás leves,- dando en cnanto cabe la misma direocfen' á la edticacion é instrnrcion de los pueblos; yon esto al paso que espresan una necesidad, si es que se qniera asegurar á la jey fundauuíntal alguna consisteucia, tfeíí#Mf«lan empero un hecho bien doloroso, aunque evidente, y es, oue se ha de emprender nada menos que ni deHeada ebra de csmlHaf BiiAld^pHi^ le del sislomn do loiiislncion, y de variar las ideas y (•ostuml)ros do!n nnrion ospnñnla. Un escritor [)rolundo ha conipíirado la constitución de un estado á la conupleitiM dül individuo, nsi romo hi administración al régimen de vida; y bien rhiro es ([ue si dable fuera eanldar ée reponto la cobiplbltl^ de un individuo, como para eBó hlutierB sido necesario alterar la naturalorn. proporción y curso de los humores, variando ó modifíceode la ennrtmeckiii de los dr^ninosTi^ tales, seria indispensnMo nndnr á los principios con muohn tiento en el ró.aiinon.

tura misma do la Constitución. Siempre se íi para que la salud y hasta la vida del paciente oyen inculpaciones de que ae atolla contra |j no corrieran peligros muy inminentes, la Constiturion, siempre se está gritando No dudo que en esta pnrto oonventírán ^ne peligra la Constitución, y en las discu-.1 conmigo todos los hombres de estado, y por sHNies del Coagreea aobie la ley de ayunta- viva que sea so ft! eii los principios y sistemientos. hemos visto con o^ntb empefto se ¡ mas que sirvieron de base y norma para la ha tratado de traer la cuestión al terreno ' formación del códipo fundamonfnl, pnrfirnie de la ley fundamental. Prescindiré de la mafir ^ naoMir aiMeiidad que mediariaenai^ mejantes cargos, pues no ignoro que los partidos echan mano del primer objeto que se ofrece, con tal que puedan herirá adversarios; pero ciertaníeaAe^ae ■• de tal argumento, si no conocieran qne es i que puede fácilmente lastimar. Hagaba: por acalorada qne I driaa aalirevenir violentos choques, terribles mm & fima una contienda parfamentaria, ¿se veri(H' 'r¡;i oslo en Infrlalorra. ni aun en Francia? acguraniente que do: y ¿por qué? porque ífios han ronfírmatdo la provisión: la CónstUiiHnn de 1837 ba sido teeaipiaiada por que sea su convicción de que se hizo de ellos ana aplicación juiciosa y acertada, por mas esperanras qno alimonton do los beneficios que de la Constitución puede reportar la nación española, no podran menos de confesar oue atendida la naturaleza y organización (lo jo*; poderos por ella creados, y el estado de nuestras ideas y costumbres, *potormentas, lamentables catástrofes, si por infaustas combinnriones acaeciere qiio In dirección de los negocios públicos quedase encomendada por algún tiempo á manos poco hábiles, ó a merced do ln m.ili^a ios- Í piracion de intenciones siniestras. Es cierto que en ninguno de los paises de Eiuropa, aun de los mas acoslomSrados á la libei Lad polilica, üo,s<> haUa una CoBStitMCMn ^ papíUar GQiBo It aaesln. Ent Mh> ^Beva consigo la ne(x;sidad de que las leyes orgánicas cslcu llenas do previsión y cordura, y de que ei rcgimcQ adiuioiülFativo sea vigoroso y severo. Estaaseraioo leestafiarán ¡Kjiiellos qnc piensan (¡uc |)ro|M)iT¡onar y armoauar lodos Ioü ramos con la CoiiaUUi~ cúm, es sinónimo de ensanchar; pero m b juzgarán asi los que eaUo, qie eHudo «w constitución pone enjuego muchos agentes, que dü suyo enlraAau gran iuerza, es oecesarío que las leyes orgánicas y admiiislnh' livas regulen y templen el movimiento, formándole como un cairil jiara que so 6e desvie de la iürecciou conveniente, v no pn4uica«9M¿BÍeBto6 y liasloraM. Á e»- tOi^MIpdese estraño á algunos lectores, si l^luBanzaren á concebir cómo una constitueioo fMpularpaedeeoügir un régimen severo, les (Mregmittié: iétatimm Beeaátt ms vigilancia, mas inteligenria, mas buen orden; en los carruages comunes, o en los de Ahora bien, supongamos que un gobierno desatentado se ohidase de e,stas verdades, V (^ue teniendo cerca de sí uu4»s cuerpos cofegisladores formados á propósito, se nos dieran un dia leyes iniprudeult's sobre elecciones de senadores y diput^idos, sobre ái- h pntaciooes provincialés v ayuntunieiitos, so- | bre milicia nacioul, libertad de imprenta, dereclio de as<H Íacion, de |)etieion, ele. etc., ¿que podría suceder? Subuan al poder honi-Bras de diferentes opmíeiies, se ouéa qimás nuevos ensayos, pen) dejemos ancbrel lieuípo, que en lierlos puntos e^ipitales habrán al fin de ponerse de acuerdo todos los partidos, si qnierea que* el gBhieraopaeda 19»-bcrnar.

,No me gustaría a mi ahora el ver en oues- Iroe gobenuintes'al frlvob hablador qua teniendo á la vista una nueva «imilna, de vistosa construcción, de complicaaos y poderosos resortes, y de muy vivo movimiento, se complace en (>onder»V la magnitud de bs fuerzas motrices, la cle-rancía de las combinaciones, la variedad du los juegos, y la finura y primores en la daboracion de los productos, esfMnáDdMa ^r arrancar los aplausos de esfiocladores siijierHciales, con ofrecer a su vista algunos eusavos bríllanles y tal vez peligrosos; «laacafafir en eUoaal que encargado de la dirección de los trabajos á que se desluian las (unuones de la costosa jBáqaiaa, la rodaa da aniliaiia tcligenles y reposados, da con gnu tie»> to el primer impulso para asegurarse del punto en que debe graduarse á lia de que tengan koa.nMvimieBto6<la eanvaMonte regularidad, apartando cuidadosamente de todo el contorno al inocente niño, al joven lógoso, altrabeiadúr nal eanceptuado, previniendo de aatawaiiaiiqHa put ignorancia, preoipM tacionó malicia, no suceda ai:,'una desgracia que acarree jierjuidos de uoiuiwlenible enantfai.

Todas las formas de gobierno neceaitan cierto grado de elasticidad a fin de que sin |>erder nada de su uaUuraleza, pueoan acomodarse á la inoesanta variedad qm transforma y altera todas las cosas humanas: lo (|ue es sobrado ngido, si se ha de manejar mucho, lastima; y ademas, lo que no ae puede doblegar corre riesgo de quebran^ larse; pero sobre lodo las instituciones lilwrules son de suyo muy Üe.vibles, muy a propósito pasa 4^ue pveda eeharae bmum» 4» ellas eo los senlulos mas opuestos: por manera que iu misma institución que es hoy un arma de partido, [K>dra ser mañana un escalente medio de gobierno, v la mima que |HKlria ser\ir de solido andamio para construir luda clase de edüicios, se la vera tal vcB convetlída aftmiqnfan de guerra para socavar hondos cimiantos, y derribar ra^ buslos muros. Y no es que yo descono7<'a la dii'crencía que vade unas a oirás, utse me oeidle que algunas envuelven es si propinagrandes peliuros, asi como otras están conio erizadas de precauciones saludables; pero no es raro que el curso de los sucesos venga é dwmaniif laa prefiaioMfrdal haanbrai y que por mas que se esfuerce no pueda settorear laa circunstancias, mqiidieodo que sa Idaee lantimaaimmit» la inaÜiuaíaA, y. qna ae baga de ella un uso del lada oan^ trario á su primitivo destino.

IS'o olvidemos una verdad que está escrila á cada paso en toda la bialona del hunumn^ linage. Lo que falla por lo conuin a! hombre y a la sociedad, no sou buenas reghis siat ID aplicación; no saubmenaaleyea, sinaanaoa^díiHenlD; no son buenas laaliln**» cíones, sino su cenuina reali/aciim. La mano del hombre es terríbie para estropear y falsear: dejadle que toque unaeoaa cnalqaie-. ra, ó la quebranta ó la tuerce. Por asIo cimoMlMpitii de examinar «i Méifilráb «m institución, no tanto se la debe mirar en si cwno en las garauUat» qm oírece de no ser mu> entrañan mas perfm-ion, sino las quo llevan weíor escudo. Los linml)n's que hayan estuciiado la historia, ij<)a)|)reuderau Ml»fiMMaiiMento, y harán fiteilmente aumero^Ms;>}»!iriH Ínnt's; esta es una verdad lumiuütia que esclarece sobremanera el horifMlt'éé la fiklwAft de la hisfinría, y es una ^aiia que puede servir de mucho «tt loa intrincados senderos de la prarliea.

Las nuevas msUtuciones i^liUc^i» falsBaB aMS^'aMMiP4ii^'(BMMHaa'0M%lwiaMei!>; pero la española en partieuínr. lia olreeido en este punto ejempl(Mí tan siu{krulares. (|ue biai^ fHwde asegurarse no hay otra que puedidlápatárle la ventaja. Por no estendenne, demasiado me ceñiré á un solo ejemplo /.Oué uuede haber de mas umpho en oro de ias laeiitlades populares que H ' Cwiallluiim de I 3? ¿Qu(" código le lleva la delantera en así'iilar \ a[>liear doctrinas detnorraticn-í. en ra Manacam á lo que exigen intei siniestras; y victimas los pueblos de las ptt^ siones é iutereses de una escaüa porción da tlaaas^iéde malvados, se cansan al fin <to padecer y callar, s<^>. eiaapenui ^ daaHtfl hasta que apurado el Mifrimiento, apelan i la fuerza, se traba encarnizada luchiai entfa los gobeniantes y g^benadiM^ yaai Aiil I aman copjflniw Mmímmáitmmsrt y 4tf4kf, I III r lid afcjfin'ijfc mAmit} mí mi CAPITULO IV.

Apreciar hasta qué ponto puedan amenalarnos los indicados peligros, investigar cuih les son los medios mas á }jropusilo para pre** cavemos de ellos, determinar con atinado acierto la oportunidad de aplicación, no dejando pasar ocasiones que a eato m k-iuden, es tarea (|ue segoraamito eft la aativUdad debe de traer ocupados á anestros iMBiMt de estado. Como quiera. siempre temo que ooii>i|;uar derechos, en disposiciones a pro- i medidas desatentadas no vendan á complican