SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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pÉRlo papa nívatw las masas, y ilamana^á.^-^--jtomar parte en matiTÍas de ^(»hierno? v sin eflduurso, esta lucra de duda para todo homtalMíqpafcial y entendido, que nunca fue CMPi eoBiultada la voluntad del pa«faÉa español, y nunca Tue menor su innitencla en los ae¿;ociüs públicos, que en las breves éMM m íjpit ha estad» «a vigor aquel có-«S$k Que si al.iíiiní) ijuisiere coittra<lecirme ÉMMe punto, solo le diré que de una ojea-IIKas sesiones de cortes v colecciones de ámet^, en ima |)alflhgltfj á-«Ml tfxlos los dírumenlos de la época, y que rellexione un momento si hay allí a%ü que se parcxca alia ¡ésa» y eosHmbres del iHieblo espeflol, ^nl romo se hallaba entonces; y abandono cüii enler I coiilían/.a la resolución al juicio 4e uii atUcrsario, si es que quiera luanleuer->eB el terreno de la buena fe. ' ii no se traía de opiniones, sino debenueatra aiMaiBuna amiwiaB, lanar «peía acrecienta mas, cuando se repara en la tan increíble como común ignorancia de nuestras cosas, defecto de que con frecuencia han adolecido no paaoa de los hombres, qye á lodo trance se han empeñado en diiigirnos.

Ua llegado a ser uroverbiai la espidan de qife Éspañe *t npak ét Uu mumliút; pero traducido el proverbio á lenguaje mas exacto, debería decirse ^ue Esf^ña es una nación nm\ poco conocida. ^iSoaoos acaso nosotros una absurda eaaafMan da aifval principio de que los efectos son proporcionales coa sus causas? si los resultados desniianton m favcDeBdia lascoBijetiiras y pronóstteos que aventuran sohfe MMsIraa oaaat políticos aventajados, señal es que ellos se han colocado en un punto de vista falso; apelar luego á las aalabns da mUramtaa^ maia»-esct'pñou oárbara, v otras semejantes,.

;; aquí no se examina si el pueblo pen- fMHlra ser un plausible velo para la iguoranbien ó mal, pensando asi, sino única- cia presuntuosa y sonrojada, pero nanea decente si pensaba asi.^.. > > «tl^v \ jará de serua eBii|MÍft de ¡lalakaa vaste ¡Ay de la nación en que esto se verilica,; de sentido, sí DO se acude muy pronto con elicaz reme- i £1 esplicar los fenómenos sin tomársela dfof la ley ftendenenial afiNM» alwHiKp- i pena da exaniniilaa de carea, ea nélode!os Mi> iiu i'M\ ( uientes sin contrapesarlos j| que á la verdad aapMieá tremendos chaicea: toa niimuna venlaja; puesta en las inmora- pero en cambio tiene el aliciente de ser el i«í» touiius de turbulentas fucciuiies, se la ij mas cómodo, luati amplio, menos sujeto á mtgg^J^ialb^. iqiM^Mm^ Mmíímh i ín\m y ml^mtm, Reeosidm loa düw en Digltlzed by Google irios, colocada la cuestión en iin terreno Ideal, campea á las mil maravillas el brillante talento de un escritor; á falla de solidos cin)icntos se brindan para llenar el vacío las injíeniosas hipótesis, y levanlansc sobre ellas mai^nilicos y elciranles castillos: como el pintor no tiene (juc consnllar otro tipo que el que se ha creado él propio allá en su mente, multiplica á su placer los puntos de vista. los varia, los eníürandcce v hermosea; traza cuadros, carncleriza las fisonomías, representa los Iim-. v, V nianejando en todas materias el pincel con mimitable maestria, estieude sobre el lien7,o mil |)nxlii;ios y primores.

Achacpie es este del entendimiento humano, V acha(pie bien n*belde debe de ser cuando en to<las las ciencias cuesta tanto tralKijo desarrai^rarle. Mucho tiempo habia trascurrido desde que un lilósofo juicioso y profundo habia advertido á los fisicos que para hablar de la naturaleza era necesario observarla antes con detenimiento: pero los fisicos contintiaban escribiendo voluminosas obras, sin curarse de consultar la es|>criencia. Kn esta i)arte se ha remediado mucho el daño, y los resultados han satisfecho el trabajo con usura; por lo que toca a otra:íciencias, y entre ellas la |)()litica, empiézase también á sentir la necesidad de la observación de los hechos; pero este método como el mas trabajoso. es |M)co sepiiido; siendo cosa de ver cuál se maneja la política, de improviso, al acaso, á manera de recreación y esjiarcimiento. Que si por fortuna la cuestión es española, entonces sale de madre la osadía y no conoce limites el desacuerdo; esta es tierra puesta á saco, todo es del primer wMipante, todo el mundo tiene amplia facultad de manosear, trastrocar, malbanílar, llevarse todo cuanto le viniere en gana, y aun favoreciendo como de paso á los dueños con alííun epíteto mal sonante.

Treinta años de in«piietud y de revueltas, tanta huella de sanp;re, y tantos montones de ruinas, nnniliestan bien á las claras que hay en Kspaña al^runa fíravisuna causa de enfermedad: causa profundamente arraigada, ya que es tan duradera: causa poderosa y muy dañina, cuando se ha señalado con iau terribles eslraaos. No es menos evidente qne los remedios hasta i;hora empleadr>s para combatirla, ó han sido mal escogidos ó al menos mal aplicados; puesto que no solo no ha desaparecido el mal, pero ni siquiera ha menguado en fuenía; antes al contrario ha ido tomando siempre creces. pre^enl;mdo en cada étH)ca de su nuevo desarrollo, síntomas mas alarmantes, y destrozos mas terrd)les. O se ha de cortar él nial en su raiz, ó la nación perecerá; ninguna síK'iedad puede subsistir en un estado de conliiuios vaivenes y trastornos; por la propia razón qne muere el individuo mas mbusto, si se prolongan por mucho tiemjM) la convidsion y el delirio.

Créese p«)r lo cumun (pie se ha dicho alguna cosa de urovechn, cuando se ha observado (jiie luclian tiem|)o ha en Kspaea lo:^ dos principios «pie tieniMi dividida la Kiimpa: esto es una verdad, pe!*o verdatl estéril. j)onpie en política, como en todo \n demás que ha de llegar á la practica, no basta un hecho general, sino que son menester hechos precisos, determinados, con sus calidades y circunstancias |v:'culiares y características; de otra manera lendrnnse quirá fecundos temas para espaciarse on s agos discursos, no dalos para resolver un problema.

l'n estado tan complicado y espinoso como el actual de Kspaña. es siempre efecto de muchas causas de distintos oroeiies, contribuyendo a que unas pongan mas ó menos de lo suyo que las otras, mil y mil riiTunsIancias ilifenMites, v a veces iiupei-ceptibles; por lo cual seria ínnlil empeño el de asignar un hecho único, del cual dinianen todos los males. IVro no es imjiosible por lo conuin, el señalar una causa que desrnclla sobre la:i demás, que fínina como el centro del sistema, que eslicnde á todas las ' Iras su infliKMicia, comunicándoles en cuanto cabe, su Índole y carácter. Una larga y rebelde enfermedad rara vez delw su origen y duración á una sola cansa; pero hay siemjjre una (jue reclama con jirefercncia la atención y los cuidados del facultativo..'

En Kspaña hay revoluciones, hay revueltas, hay guerras civiles [Mirecidas á las <pic ha habido en otrí)S países; en España se invocan los mismos nombres que se han invocado en otras partes; ])ero ¿cuál es la causa de que con tales semejanzas coincidan tan capitales diferencias en los resultados, burlando las previsiones que se fundan en las analogías? Para apreciar en su justo valor un fenómeno político, es necesario asistir por decirlo asi, a su nacimiento, indagar las causas que le han engendraiío. seguirle luego en su desarrr)llo, obs<»rvando cuales son los elementos que le nutren y avivan, cuúlc:< le cnna<|ucccn y amortiguan; y de este modo Vil nu sera tan diiicil medir su estensiun en \a actualidad, di-U'riiiinar:>u loroia, c indicar su tendencia. y soloasi, se llegará a formar de él una idea cahal y exacta, una idea á pro|K»sit(> para suministrar reglas lijas, precisas, aplicaldes desde luego para prcvcoir nuevos niale^i. atajar el progreso de los presentes, enmendar \ crios, y enílorezar la torcida conducta. A tan iin|)ortaute ubjelo voy ¿ dedicar algunos capítulos, no con vagis gi^aeralidades, sino con un.severo exá-Aeu de los bechot).

CAPITULO V.

CAPITULO V.

Por causas que no es ahora oportuno examinar, ni siíjincra indicar, y en ciiyo número y calilicacion andarían, como es natural, luoy discordes las opiniones, eoconlrúse £spiu'úi por largo esoacio á contar desde el primer tercio del siglo déciniosesto, en una posición excepcional, «pie la niantenia como separada de casi todo el resto de Europa. Innovaciones religiosas con su correspondiente aconipañamiento de |K>rl¡adas y sangrientas guerras civiles, cambios y trastornos políticos, acaloradas controversias sobre las materias mas altas y delicadas, Ira.scendenta-Ics revoluciones en las ideas íilosólicas; bé aqni e\ cuadro que ofrecían tas naciones curo[K*as: entn'tanto la España |)ermanec¡a oi).sosiego y tranquila, sin que el tener á.sus inmediaciones tanta agitación, tanta efervescencia, tantas convulsiones y sacudimientos, alcanza.se ni aun á estremecerla.

Estinguiila con la nuierte de Carlos II la (tinastía austríaca, y escogidos los camposcs- Bhele<; como arena donde habían de luctiar K rivalidades é intereses de las potencias ^VO))eas, hallóse empeñado el país en una guerra de sucesión larga y encarnizada; é inundado de ejércitos de tan estrañas naciones, puei>l<i en intima y perene comunicación c-on la Francia, que entonce^) como ahora |)odia llamarse el cora/.on de Europa, conducido |>or el resultado do los sucesas á participar macho de su inlluencia, y afectado de aquel calor y agitación, que mas ó menos son siempre el dejo de prolongados sacudimientos, era imposible que no esperiment^se ya (wr de pronto considerable mudanza, Iprnien y preludio de un nuevo porvenir.

Así aconteció en efecto, bastando para pal-» >ar el cambio, conqiarar el reinado de (darlos II con los de Felipe V, y de Fernando W.

Verdad es, (pM» solo se percil)eu a pnnieru vista algunas reformas administrativas, y el comienzo de una nueva era literaria; pero ¿quien ignora las delicadas é intimas relaciones con i|ue en la soiiedad se enlazan todos los ramos, aun los mas distantes y diferentes? (Cabalmente a la sazón, lomaba en Kun»pa la ciencia humana un carácter peli-^ groso; ponjue estraviada de su objeto, v olvidada de su origen, se había apartado de su nativa dirección, v pretendía arrogarse facultades ilegítimas, hica con la pingíie herencia t{ue le habían trasmitido los siglos anteriores, ufana con sus adíjuisiciones recientes, engreída con la consideración y los aplausos ipie se le prodigalian en todas partí's, escudada con la jmiteccíon que le grangeaba su mérito, ix'clamando la gratitud de la sociedad por los benelícios que le disjíen-!" .saba, é inspirando afecto y conlíanza con su as|)ecto de candor, sus modales iku iIícos.

y sus palabras de beneiicentia; deslumhrándose á si propia con los brdlantes atavíos elaborados por sus manos, y con que sabia presí'utarse tan vistosamente engalanada; sufrió lo (pie sufre la debUidad cuando con vivo sacudimiento se la eleva a exagerada altura, se desvaneció: y tomando entonces el desvanecimiento del orgullo por el fuego de inspiración creatriz, confundiendo el destemplado latido de un corazón fogoso, con el sentimiento de la robustez y verdadera fuerza, lanzalia en torno de si una desdeñosa mirada, V concebía el mas osado v el mas insen-.sato de los proyectos: era nada menos que derribar cuanto llevaba ei sello del tiempo, y alzar sobre sus ruinas monumentos improvisados por el pensamiento del hombre. A proporción que se iban reuniendo medios de ataque, y se trabajaba en debilitar los que los adversarios podían emplear en su defeusa, aumentábase mas y mas la osadía en manifestar el proyecto, por manera que muy anteriormente á su ejecución, estaba ya cubierto apenas con velo muy transparente.

Pero por mas que asi se verílicase en una nación vecina, no fNxlía suceder lo mismo en España donde las circunstancias eran muy diferentes. Las instituciones ya fuertes de suyo, y robustecidas ademas con el tiempo; los hábitos arraigados profundamente; el grado de estraordiuaria consistencia y firmeza que habían adífiiirido las idoas, natural pterl(> do. lialKT permanecido por Inr^o ti<Mn{N> en un castado invariable: Unías estás causa» trabadas |)or naluralcza entre sí, y favorecidas ademas |M»r el canirler nacional, ann^ío de lo grave y severo, formaban un muro de bronce que apenas alcan/áran á estremecer los recios goljR's (jue comitatian sus cimientos.

Al contemplar el trono de Ciarlos III, i-odeado de poder v magestad, ornado é iluminado con el espícndoroso circulo que en su torno formaban las letras y las ciencias, que celebraban sus recientes adelantos con el alborozo propio de la míM cdad, vénse ya serpear en las giradas del solio alfiunas centellas, activas, vivísimas, que en sus formas, movimientos, y colores, manifestaban los elementos que" les sen ian de |)abulo; y á buen seguro que el candido monarca las tomaría por uno de tantos deshunbnulores rellejos, lanzados por el oro y pedrería de su rica diadema.

A la propia sazón se verificaban en varios puntos de Kuropa acontecinnenlos singulares: y al observar la tendencia y medidas de varios gobiernos, pudiera deí irse que inlluia fin sus deliberaciones una inspiración en cuyo carácter no habían ellos re|)arado bástanle. Ahora que aquella época se va ya alejando de nosotros, que han descendido al sepulcro los persfmajes (pie en ella figuraron, y q«e el sucesivo desarrollo de tantos y tan colosales acontecimientos ha puesto en claro la naturaleza de las causas, mostrando el carácter, las alinidades y las tendencias de las doctrinas, v presentando en toda su eslension el resultado de algunos artos, es ciertamente curioso, v m escás»» de provecho, el volver los ojos hacia aquellos tiempos, y encontrarse á cada paso con datos preciosos, y documentos interesantes.

Construíase entonces una gran máquina de guerra, reuníanse abundantes preparativor para el gigantesco ataque con qtie se tratalKi de embestir todas las instituciones que llevasen el sello de los siglos; estos trabajos, que naturalmente debían llevar consigo tan variaílas combinaciones. tantos esfuerzos y movimientos. despliegan a los ojos del atento observador una escena grandiosa, interesante, y que hasta de vez en cuando baria asomar en los labios una ligera mnrísa, si en IraUindose de herir los grandes intereses de la sociedad, la misma gravedad de la materia no inspirase severo sobrecejo. Intenciones inwcntes ayudando mira?! perversas; espresioiies semillas e incautas viniendo en apoyo de palabras preñadas de maligno sentido; y la sesga mirada, la modia palabra de insidiosos directores. confundiéuílo.se con el aire distraído del ojKTario (|ue atiende apenas al objeto que lleva en sus manos; tales son los contrastes que ofrece a(piel cuadro. Los dos poderes, blanco princifKil del ataque, inspeccionan también las obras; y cuando uno de ellos índica el peligro, aconseja la precaución, y sugiere los preservativos y remedios, es cosa de ver la astucia profunda con que se procura atajar el eco de su voz, é intp<'(lir que se le escuche, para que sus saludables avisos no entorpezcan el curso de los Iralwjos, y no espongan á contingencias el resultado de la empresa.

Divide y reinarás: rei>etia secretamente )ero sin cesar, el genio del mal «pie dirigía esta obra; y siguiendo puntualmente su consejo, se despertaban sagazmente antiguas rivalidades, se avivaba la suspicacia,.se abultaban y creaban [)eligros, se nutrían y enconaban con prolongadas dispulas los resentimientos V rencores: lográndose de esta manera enllaqneccr á los adversarios con disensiones vivas, y ofreciendo una distracción ruidosa y deslumbradora (pie no dejaba percibir como era menester, la gravedad e mminencia del riesgo. Entretanto, ibanse amontonando los combustibles para el incendio y esplosion «pie debia ser la seña y el principio de la ejecución del proyecto; y el espíritu del siglo, encaminado |>or manos hábiles y mal intencionadas. soplaba sobre el peligroso montón con su aliento abrasador y robusto.

Rebenló por fin la revolución francesa, ese acontecimiento único en los fastos de la historia, verdadero monstruo por su magnitnd, por sus formas, \m su carácter y rcsulljmos; y á impulsos de tan recio sacudimiento, temblaron a la vi^z todos los tronos é instituciones antiguas, c(m>o en la enipcion de un volcan se estremece la tierra a largo trecho, v bamlK>lean los mas sólidos edificios. Veriricado tamaño suceso, era ya imposible (|ue la Eurojia |)ermaneciesc en el mismo estado que antes, debia precisamente cambiar de faz en muchos sentidos; y por tanto era menester (|ue los gobiernos pensasen muy seriamente sobre el partido que debían tomar, para dirigir con acierto los pueir blos, en el aucvo rumbo por donde ibnn á encaminarse.

No l»asiaba una confederación para ahorrar en su ori^'en el incendio; el éxilo era aventurado; y teniéndose ademas (pie luchar con ideas, sabido es que no es dable vencerlas con la sola fuerza de las armas, l n triunfo momentáneo podrá lisonjear con espefanxas baía^fteñas; {>ero tarde o temprano vendrá á disiparlas el tiempo carguío de amargos de.sengaños y escanuientos dolorosos.

Era mas considerable la mudan/a de |)osirion, y por tanto nías prave el |>eliji;ro de trastornos v calamidades, en una sociedad que se hubiera hallado durante tres siglos, fuera del círculo de movimiento que llevaba levueltas, o ruando menos impiielas y ai;itadas ¿ las otras naciones: en tal caso Vi gobierno que se hallase al frente de ella, neepsitalia reunir en sumo prado la pn'vision, y la altura de las miras, combinándolo todo aliñadamente con un gran caudal de prudeaeia y firmeza. No es necesario recordar n á la sazón era tanta nuestra dicha: y desgraciadamente ni el trono constM vaba aquel poro esplendor, aquella elevación maf;estuosa, que le ^rangea la veneración y acatamiento de los pueblos.

m GAFITÜLO VI.

m GAFITÜLO VI.

£J atronador y espantoso ruido de los gritos de un pueblo en delirio; el estrépito del rhoque de sus armas contra las armas de la Europa entera; la palabra de fuego de tantos IrílNiDOs. que encomendada al [)apel cirodaba rápidamenle en todas direcciones; el pnseiiciar, aun cuando fuera al través del polvo y humareda del combate, la escena que á la sa^ou presentat)a la Francia; eran cansas sobrado activas y podentsas, para qie lo fecuudáran la semilla de innovacíosembrada ya de antemano en nuestro fHs. Era mucha la trabazón de las antiguas ideas é instituciones; era grande la firmeza que habian adquirido con el trascurso del iiejaiM>; pero ¿como podian resistir á una coraagracion tan espantosa, ca))az de derretir los mas duros metales? Muy difícil era (pie va por de pronto no sufriese considerable menoscabo el antiguo apego a la esLabilidul. y que no sintiesen muchas cabezas una fermentación á propósito para concebir nuevos y atrevidos proyectos.

Sentada la revolución francesa sobre nn horrible tablado bañado de sangre. y rodeada de montones de víctimas palpitantes, inspiraba espanto y horror al Nerla levantar con nervudo y ensangrentado brazo aquel haeha descomunal que en pocos momentos habia hechoastillastodas las puertas y vallas, y arrojado al suelo augustas cabezas; y este espectáculo, tan á proposito para enagenarle la voluntad hasta de sus mas celosos partidarios, causaba en el ánimo de los puenlos una reacción saludable. Pero habia en cambio, que antes de entregarse á tan inauditos escesos, se habia presentado como un tribunal fundado por la íilosofia. y creado con el fin de abrir una residencia general de todas las creencias y poderes; ejecutando puntualmente las astutas inspiraciones de su maligna madre la filosofía del siglo XVIil, se habia erigido como en protector na\o de todo cuanto tuviese inclinación á sacudir el yugo de la autoridad religiosa ó política, y dispertaba por consiguiente vivas simpatías en cMMrtos abrigasen miras análogas, 6 siquiera ideas, que )K)r secretas afinidades, se dirigiesen con mas ó menos determinación y viveza hácia el mismo polo.

Bien claro es que semejante influencia debía sentirse también en España; mas á pesar de todo eso. tal era el esiado de las ideas y costumbres de la nación, (¡ue no solo no se habia estendido á las masas el espíritu de novedad, pero ni en ninguna clase habia alcanzado siquiera a formar un partido, que |)or sí solí) pudiera ser temible. Si hubiera sido dable prevenir un sacudimiento tan t'slraordinario como el de 1808, probableiiKMtlc se habría aplazado para época mas distante todo género de capitales innovaciones.

Mas ó menos tarde. hubiera cambiado la nación de rumbo, |)orque asi lo hacia necesario la situación de Europa; pero sin entrar ahora en conjeturas sobn; lo quo entonces habría sucedido, es tanto lo que ha padecido esta nación desgraciada, que puede muy bien asegurarse. que peor suerte de la que nos ha cabi<lo, diíicdmenle podíamos.sufriría.

Oyóse entretanto el gríto de alarma, y el pueblo español, solo, sin rey, sin gobierno, sin caudillos, se levantó como un atleta, y se arrojo con brioso denuedo sobre las numerosas y aguerrídas legiones que inimdaban ya sus campos, y ncupalKin sus principales ciudades y forlalo/as; y i'sli' pucbiu. era el uiisino pueblo á quien a|>ellidárau ñaco, aletargado y envilecido; y aquellas 1 eran las^ Icginocs del hninbn; a quien servian { de rodillas los entusiastas de la ii^tialdad, y á cuya mirada leuiblabau lued rósame ule los altos potentados de Europa. ¡Pueblo grande I y generoso, tan ilustre como infortunado! ' tanto valor y heroismo, debían sacarte airoso de la demanda, y quebrantar las cadenas que aberrojaban la Europa; pi>ro debian ser para ti el comienzo de una lari^a cadena de | desastres; asi (¡ueria pennitirlo la Providencia, é iban á acometer la empresa de labrar tu desgracia, el ciego orgullo y miras mezquinas y villanas, lu suceso de tal naturaleza y tamaño, nunca pasa sin graves resultados para el país ca que se verilica: lo terrible del peligro, la sorpresa. la repentina desaparición del rey y de todo gobierno, la consiguiente relajación de los lazos sociales; el dcsórdcn v la I confusión f|uc de suyo ya llevaban tales circunstancias, los medios que debian de em- | picarse por los agentes del invasor, procu- ¡ rando la disolución para facilitar la con(|uis-! ta; claro es <|ue tantas causas reunidas, creaban una escciente oportunidad para <|ue ' Cermenlase todo linagc de ideas, y campeasen á su talante variedad de proyectos.

Muy natural era también que todos los ¡ elementos <|ue lenian mas o menos antipatía con los dominantes a la sazón en el pais, | salieran de acpiel estado de invisibilidad é 'i ineficacia en (jue los mantenía su se|)aracion j y aislamiento; y que obedeciendo á las leyes; de sus alínidades, se buscasen, se pusiesen en contacto, y como heterogéneos con res- ' pecto a la masa de la nación. se segregasen ' de ella, desprendiéndose en porción separada, donde pudieran manifestar su canlíuad y naturaleza. Rellevítmando sobre esta crisis de nuestra historia, v sobre los efectos que produjo en España ía entrada del ejército francés v la sacudida del alzamiento, he pensado vanas veces en lo (jue sucede cuando un licpiido contiene en disolución un considerable numero de moléculas que pertenecen á otras materias: en cesando la causa (fue las mantenía sejiuradas, se buscan, se aproximan, se reúnen, y se deposilíin en el fondo del vaso: y observan los (juimicos (jue la cristalización se decide con un movimiento brusco, ó la iiresencia de un cuerpo estrafio.

Trazar ni siquiera en bosquejo los sucetos que luego se verilicaron, no lo consienten los limites de este escrito, ni lo necesita tampoco el objeto: los recuerdos son bien recientes, los documentos auténticos, v a buen seguro que los efectos son palpables. Bastará decir que se abrió en la j)rensa una cátedra de la escuela apellidada del sh glo XVIIl; que en la tribuna resonó un mezquino eco de los oradores de la asamblea constituyente; y juira que nada faltase en la semejanza para acabar de envenenarlo todo, salieron también a campaña los discípulos de Port-Iloyal: por manera que las palabras fueron un remedo, los medios y procedimientos una imitación y laí> instituciones una copia. Yo reliero lo que hallo escrito; ahí está la historia que sale en mi abono, con sus colecciones de periódicos, de sesiones de cortes, de leyes, de decretos, de provectos, y sobre todo ahi está el sepulcro de ía famosa Constitución de 1812: observad su lisouomia y allí encontrareis en bien señalados rasgos cuál era su origen, cuál su genio: o si os place mas, dad una mirada á los trofeos que rodean su tumba: ellos os recordarán sus hazañas.

En una nación que en sus ¡deas, costumbres y usos, era entonces, y no podía menos de serlo, altamente monárquica, erigir en ley fundamental una conslitm ion esencialmente democrática; en una nación altamente religiosa, prodigar abiertamente á la Religión la.sátira, el escarnio; en una nación tan grave y severa, sustituir á la sesuda gravedad de ios consejos castellanos la precipitación y el mas desatentado desacuerdo; y todo eisto de repente, sin mediar ninguna gradación, (pie pudiera inüuir en las ideas V costumbres; ¿qué debía suceder? ¡Ah! t/O que sucede siempre (juc se encaran de improviso dos enemigos irreconciliables: debía empezar la lucha, y encarnizada, y duradera, resultando de aquí el sumirse la nación en un piélago de revueltas, de sangre y de lágrimas. Tan singular concurso de eirciinstiuicias no se veriticó en Francia ni en las revoluciones de otros países; y hé aquí el origen de tantas anomalías címio se notan en nuestras ¡¡rolongadas convulsiones; bé aquí por qué es muy impertinente el traer á comparación la revolución de Francia, cuando se trate de csplícar lo que ha suce- I dido V está sucediendo entre nosotros. En ' Francia tenia la revolución el mismo cspirie ■ ta, iguales tendencias; pero el ohíinento (kñüe obraban era muy difereate. En Franát había tanbim wiiiaR|iifa abmlobi y R<s li;íion Católica; pero sobro la Francia habían pasado ya 'as guerras civ iles de los Hiiijonoles, la íraacia babia visto va la libertad de «rila Bit d Bwoa aattWecida, había oída ha-roídosas controversias sobre puntos capide dogma, babia presenciado las esdMM Mmaoiasáai «ttv» haia V i.el Papa, había recibido las inapanetoiiM de la esencia de Porl-Royal. habia risto la época de la Regencia, y ünalmeute había aantido por largo tiempo *el inflajo de laaacuela de Voltaire, coair» nnade aquellas cansteiaciones mahgnas que vienen a desenvolfer loa daAíoos elementos de una atmósfera fWada de «nfermedades y tormenlas. ¿Qué iMne que ver -semoja»te sitnacion con la de Bspalla? No niego que ia revoluciott francesa aaa nn gran Itbfo donde baya aineho que aprender para los reyes y los pueblos; pero cuenta con liar demasiado eii semejanzas, que si bien suelen servir mucho á ia poesía Jé la declamación, por lo coman son débiles para cimieotos de ( ¡(Micia. y el confiar sonado en ellas es arriesgado en la práctica,.^lltsta es la dH^ncia capital entre noealra UMalucion y la francesa: la Francia eataba preparada, la España no T.a revolución franvoliicion. sino una reviducion en España.

Sise consitlcra cual merece este hecho, no aerá dificil csplicar por qné en el aAo 1 4 deaapareció como de un s )plo la Constitución; porqué habiendo revivido alfnm tiempo des- ^ues, bastó que se columbrase en ia cima «I Wrneo' naa baadera par» que eorriese á encerrante en los mnros de la ciudad (pie la había visto nacer; se csplicará también como pereció luego completamente á la sola vista de un ejercito bisoAo qtia tianiehraba cnparada; ni se estnfiará tamporo que so matógrasen todas las tentativas becims despv^'para TeslaMecerla? enHi tea^ arrojadflis en «naatmrislern que no las alimentaba, def* fallecían al entrar en ella, y se apagaban. ' De la uropia causa ha dimanado una sin-» galaiMaatnuy netablc, y que ha distinguide de nn moflo muv particular la revolución de JáspaAa de la de Francia. En Francia, vimoa larevoliieiQa primera sojuzgada por su protector, y vencidaéeepues por ios ejéreitoa de Europa; pero si bien se mira, la revolncion no ha desaparecido jamás completamente; puea que ha sebrevivído en algunas ímIítuciones que eran sus hijas, v en el respeto que se ha profesado á todos los hechos que bahía eonanmado. En Bspafta, las éiK)cas de constitución han pasado como nn metéoro: ie han oído truenos, se han visto relámpatros, cesa era hija en gran parte de una escuela ¡ se han presenciado cataslrulés, ¡wro la cons» y ya se vé (jue este solo nombre indica bástanle que sus doctrinas no eran nuevas para la Francia. La revolución española fue hija de la misma escuela; eavoen <|Be lejos de hallarse aclimatada en ntiestro suein, lo tenia todo contra si; v solo pudo pencirar en-«to MMCfO»,y haééraplicacionesdemeisitelBa, nedlode la confusión y trastorno éne consigo trajo la gnerra de la indcpcoaancia, en medio de la distracción en aue se -hallaban los ptaebios:' Jo «Man naa pmhira, aquello fne una twrfadim aarprwa^ - - wgÍo(ra¿nMNM#aB-aata punto de vista, único verdulero, y entonces podremos fácilmente esphear las anomalías que ha presen-Iklenuealra rvnriaoion: ananialna qaa han fauido tanta novedad porque se ha.olvidado fié M «a trataba sia^leineate de oaa ratiUioioD ha detapareaido en bfefe, d árdea de cosas atitiíruo se ha restablecido comple^ lamente, se han allanado los sulcos y las escavacíones, se ha derribado cuanto se edificara de nuevo, y aa cuanto c^be' en la naturaleza de las cosas, todo lia quedado como si no hubiese ocurrida novedad al^ gana»"'' •.: ') ■-■. i-.i.'»

Y notaré de paso que teniendo pveaeiitea las anteriores observaciones, no es difícil esplicar lo (jue a algunos causa tanta estrañeza, y es que en Espafla a» se nspetati laa hechos «.Mirad las otras naciones, dicen, alh en siendo consupiado un hecho, se le resneta, entre nosotros no; y esta es la canea de qne andaremos sin cesar girando par un círculo de reacciones.» Observación que perece exacta á primera vista^ y que encierra no obetante an error Hoy grave/ Abrid la historia, consultad la esperiencia, y veréis que en todos los grandes cambios poifticoa, los hechos consumados {)er el adversario son respetados,- al pueden hacerae reqielar; a8daeir,-8i eatai tóate imIob, ó 'poruña opi- Üm mny geatral, ó por inteniM qn» n» sea posible atacar de frente. Esto no se ha verilicado en España, y hé aqni v\ origen de la diferencia. ¿Queréis mas/ iM^urans que ttor unacaisa cualquiera, se consuiuára en Bglalerra, en Francia en.Vlemania, un be^o coftlrario a la o|muíou dominante, ó á los intereses mas prepotentes: ¿se respetaría? no: vosotras mismos diríais al verlo: tslo es violento, no puede durar, caerá.

A buen seguro que mas provechoso hubieit sido leflexiomr sobre h» lecoiones que de ti arrojaba la célebre década, quo un iili;indonarse á vanas declamaciones espaciándose ei|,poiUiM>sos diücuríios, eu que se tronaba coatí* la opresión y tiranía. Cuando se |>inta h una nación t ino la española. -;Itnirn¡In pur espacio de dtez años bajo la pUiuta del despotismo, y foreejando por reeobrar su 1i~ l>ertad, serta necesario no olvidar que es esta aquella misma nación que Imniillo el or^^uilo del vencedor de £uropa, y que si lau de oMla gana hubiera sufrido el gobierno de Femando, es bien cierto que no hubieran bastado á contenerla las escasas fuenu^ militares de que podia disponer el gabinete de Madrid. Sí, y es muy im()ort8nle deeir> lo con toí!a rinridad: un gobierno no puede sub^i^ur jK>r espacio de diez años en pacífica posesión del mando, si este es (an contrario como se ha querido suponer, á la voluntad de la inayoria de la nación. Diñase lo que se quiera, este es el resultarlo los liechos, lo demás son palabras;