, por ventura la FiUropa? La Inglaterra, la Prusia, el Austria, la Rusia escoltadas de otras potencias do soixundo y torcer orden, DO pesan también mucho en la balanza europea? Fn las grandes cuestiones que se han agitado di»sde ÍS.'ÍO, ¿ha sido «lecisivo el voto de la Francia, cuando se ha encontrado sola? ¿\o la hemos visto retroceder en varios casos, y muy parlicularniente en <H4(), mando la famosa coalición de las cuatro potencias con motivo do los asuntos de Orionbra sido publicada sin consentimiento r acuerdo de sus principales prohombres. Acata la voluntad de la Hoína manifestada en favor del infante D. Francisco de Asís; y¿por(iué? '(considerando.su elecciou ca i'avor del infante como WM //o;H<»«f.' > á ¡a opintun pública. ¿Ksla salí partido progresista del modo con <] va a cabo el enlace de la Kcina? iNo, antes por el contrario: « lamenta, como amanto de las instituciones liberales, que asunto te? ¿No la henv)s visto en la misma cuestión > (^n vital en que va librada la ventura de la española seguir itn;^ politica tímida. que se | patria, no pueda obtener iu soocion de tohacia mas vacilante cuando mostraban algún i dos los partidos en unas Corles hijas do la ceño los gabinetos del otro lado del Rliin? i verdadera y lerjiluna voluntad de los pue- ■¿V se quiere q«ie ahora, cuando el monarca j blos.* El enlace lo acepta, ponjue lo mira de julio so va nrercando a su decrepitud, ' como el;)r/Hí<'r;w/AO en favor de las opiniodesonvaine su espada, y no satisfecho con el nes liberales; como la inauguración de modesto titirlo de Napoleón de la [)az, se a»- i «una é|>oca de legalidad, de tolerancia v de roje á empresas l>elicosas? Mucho lo duda- | justicia, que Iwrre las huellas de un gobiermos: las palabras que so atribuyen al em- no de riulencia y arbitrariedad.»
bajador francés serian por cierto muy formi- ¿U"é garantías exige el partido progre^ dables si ocupase el trono do Francia el.sista? « Es)tera ver cunqdidos sus dcciwa capitán del siglo; pero ahora no existe, ya con el enlace.simultáneo de las dos hijas de oí hAroo de las cien batidlas, no existen sus ' Fernando Vil y los hijos mayores del infanlegiones victoriosas: á lo primero han sucedido losiílocnenles dircursos de M. Guizot: á lo segundo las tropas <lel mariscal Ruseaud. qne diezmadas por el clima africano y por te 1). Francisco:» y «como español y como liberal, está decidido á recliazar por cuantos medios lícilos estén á su alcance la candidatura del duque de Montpensier iinfiuesla el hierro de los árabes, se lisonjean de ha- por el gobierno francés para la mano de la ber consoiruido una victoria, el dia en que se infanta.» Como estas palabras delien supoapoderan del nusornblo ajuar do una tnbu y de algíinas cabezas de ganado.
La aversión con que los partidos progresista V carlista miran a la Francia se aumentará mas y nías con el proyectado matrimonio: el primero, ponpie vera biirladas las esperanzas que fundara en el infante 1). Knrique; el segundo. |)onjue á los muchos benolicios que tiene (iiie agradecer al gobierno francés, se añadirá ei ultimo, el haber trabajado para (pie la familia de don Carlos que<l,ise pro^^crita pan sienq)re, cer* i rándole todas las vías conciliadoras. Ln pre^ ' nerse escritas con mucha premeditación, de notar que a la candidatura del du<|ue de Montpensier se la llama impuesta por el gobierno francés; se trata de rechazarla como españoles y como liberales, y ai indicarse ios medios que para el efecto se em|»Iearan, no se usa de la palabra que naturalmente dtbia ocurrir, let/ales, sino de otra que puede tener una acepción muy lata, mayormente cuando se supone que se interesan en el negocio la indef)endencia y la libertad de l« patria; liritos. No (pusiéramos interpretar mal el sentido de la declaración: tal vez esto )alabra no signiñca a<|ui otra rosa rpie yaies; poro como (jiiiera, hacemos esta observación, sin ni aun desear que se nos den esplicaciones sobre este punto: estas san interioridades de los partidos en que no queremos entremeternos: y ademas, el tiempo nos ha de sacar de dudas.
Kl matrimonio de las dos bijas de Fernando que debia inaugurar una época de oMiciliac-ion de los partidos y anudar las in-Iflrruaipidas relaciones run las potencias euM^Mas, se hace con tal habilidad, con tal previsión, con miras tan nacionales, que mi hecho con tanta ansia esperado se con- ▼itrte en un suceso triste que divide n>as prolundamenle a los hijos de nna misma palria, hace mas honda la discordia entre los individuos de la real familia, nos indispone con la Iniidaterra y nos aleja las simpatías de las potencias del Norte. ¿.\dónde varaos á parar? ¿Oué estrella tan funesta presido á ios destinos de esta nación tan infortunada? Divididos en lo interior, separados irrevocablemente los individuos de la real familia y enemistado el cobierno con las potencias es-Iran^eras, ¿qué podemos prometernos? ¿qué di» B06 aguardan? Si no se queria entrar por el buen camino, ¿ no se debia por lo menos evitar el peor? ^Es jwsible que se haya cscogitado la combioacion que mas conflictos nos acarrea?
U INFLUENCIA FRANCESA.
£1 proyectado enlace de la Infanta con un priftcipe irancés ha dispertado vivamente el sentimiento de nacionalidad, causando a la inmensa mayoría del pueblo español un disgisto profundo. La infanta es la inmediata sucesora á la corona, y esto indica bastante lo qse con harta facilidad puede suceder: ektMtmiento de esta auf;usla princesa con ;de Montpensier es obra combinada por un gabinete eslrangero, y por la fracción política mas flaca é impopular que hay en Kspaña, y esto hace conjeturar el ascendiente que va á lomar sobre nuestra política la indiK-ncia francesa, aun cuando no llegue sea marido de la Reina. Difícil era escogitaitC una combinación en que ium vivamente se hiriera la susceptibilidad de los partidos, ya demasiado exasperados por otras causasy probablemente se ha buscado un apoyo, {Miro en realidad lo (pie se ha conseguido es un manantial de inconvenientes gravísimos.
El partido progresista, que coo tanUr propiedad ha sido llamado el partido del movimiento, se agita mas que todos en la presente cuestión; y consliluu'udosc el órgano del sentimiento nacional, protesta de muchas maneras contra la realiicacion del enlace proyectado, (luaudo los partidos |>ucden asirse <le tales motivos, mejoran consi-rderablemente su causa; y la del progresista se presentaria mucho mas plausible, si algunas circunstancias no ie hiciesen perder un^ parte del mérito de sus esfuer7.os. A mas de -que se está palpando (|ue una de las razo-> nes poderosas de dicha oposición, es el ver destruidas las esperanzas fundadas en el iu- -fante I). Enri(pie, salta á los ojos la estrañez >^ za de que precisamente por motivo del casamiento, se haya caido en la cuenta deque i se está derramamlo por niieatru pat.s un (orrente invasor que jiUrándáise fH)r loiUis par~ fes, m imitando nuestra nacioualitlua;» y de (|ue se alteran en sentido trances nue.*^-tras ideas, nuestras costumbres, nuestras leyes, nuestros Irages, nuestra lengua, co^ mo largamente es de ver en la osposicion contra el inalrimouio: salla a los ojos, repe-rt timos, semejante eslrañe7.a, supuesto qu9 los que tales daños lamentan trabajan tan constantemente por introducirnos la literai tura francesa, tan llena de ideas y sentimientos á propósito para matar nuestra nacionalidad. ¿Oué puedt'U ( ra esto lo» periódicos que con lauto, aiHesurari á publicar en sus folletines las novelas francesas? Tienen razón los pn>gresislas: oues-* tros abuelos no nos conocerian; ¿pero no son también culpables de semejante alteración, y no lo serán en lo sucesivo, los que.se, apresuran á dar á luz c<m grandes oncomios,^ el.ludio errante y Martin el espósito? Aquellas ideas, aquellos sentimientos, aquel es-' tilo, ¿son acaso españoles? ¿Igooran. ponventura los progresistas la inilucncia queejerce sobre las ideas y las costumbres d(^ un pueblo la literatura de que se nutre?
El único partido que eu Espafia defiendo la verdadera nacionalidad, es el que trabaa verificarse que el ducpie de Montpensier ' ja por fortalecer el trono y conservar la reíigiou cnlülica; rl ([iie cómbale las iimovaeioncs peligrosas en el órdeo social y político; el (pi»'. es la conliiiuarion dií la hspana que en IHOS tombalio al capilaii del si^Iü en nombre de la indei>cndemMa. Los partidos que viven de las tradiciones de la lilosofia del siglo Wlil integra o inodilicada; los que loman por modelo a los homl)res de la tltmblea constiluvente, esos partidos atacan por su base la naci nialidad española; y no pueden salvarse del espíritu uiiiiuacional sino apelando a la inconsecuencia. Los que nos afrancesan no son solamente los discípulos de M. (iuizot V los humildes servidores de Luis Felipe. son también los que condenan lodo lo antiguo de España; los que ven en el Escorial el alcázar fundado por la sufersticion y el fannlismo. No basta invocar el nombre de la Isabel primera, si se anatematizan sus obras: si aquella gran tteina se levantase del sepulcro, protestaría a su vez contra tos que protestan eu su nombre.
La nacionalidad de los pueblos no vive de solas formas polilicás; no se alimenta de meras teorías: la religión, las costumbres, la organización social, las leyes, lodo contribuye á constituirla y conservarla. Tanqu)-ro se' improvisa con (Ifcn-tos; se bga intimamente con las tradiciones antiguas; > cuando se romiM; bruscamente con estas tradiciones, la nacionalidad, desaparece. Las naciones contólos individiws tienen una vida sujeta á la lev de continuidad: no se puede estinguir hoy su espíritu contando reanimarle mañana; no se puede rasgar su organización, prometiéndose restablecerla con remedios improvisados. Las irasformaciones han de ser lentas; es necesario proceder a la corrección de los vicios de <pie adolece la complexión del viviente, haciendo con-Iribnir a la obra al mismo espíritu ^\UQ le viviHca; ¿qué se puede esperar si para sanar al enfermo se le aplica el escalpelo al corazón? No lo duden los progresistas pensadores: la nacionalidad, a la manera que ellos se la tmncinan, es una nacionalidad facticia; lal \ez podrá adquirir alguna tuerza con la acción del tiempo: pero ahora, en vano contarán ron ella para derribar a sus adversarios. Si nuevas combinaciones que están en la esfera de lo posible, no colocan á los hombres de la situación en algún trance apurado, los progresistas, por mas que apelen al*cspirilH de nacionalidad. estaran condenados a soportar el yugo <]ae les impone el bando dominante.
Al emitir estas observaciones, no es nuestro ánimo poner en duda los sentimientA» de nacionalidad de los progresistas; soio hemos querido restablecer la verdad de los, becho.s, algo oscurecida con la polvareda del momento, y hacer notar que el camino que ahora siguen en la cueslioo del matrimonio francés está en contradic« ion con su conducta jwlitica, y que su intluencia social y literaria se* emplea en un sentido contrario á esa nnsma nacionalidad, cuya decadencia deploran. Por lo demás, si coo sus fuerzas pudiesen contribuir a que no se realizase el matrimonio de la Infanta OM • el duque de Monlj)ei»sier, iKibrian prestado al pais un gran sorvicio, habrían contribuido á una de las obras mas dignas en que puedan tomar parle los hombres amantes de la independencia de su patria. St: el partido progresista en su oposición a4 uwtrimonio francés, está de acuerdo con la opinión nacional: si triunfase por los medios que las leyes le proporcionan, deberia felicitarse por él triunfo: sean cuales fueren sus miras ulteriores, habría hecho una cosa escelente. Si en otros negocios hubi«'se procedido tan de acuerdo con la opinión nacional, su actual situación no seria tan triste.
Firmes nosotros en los principios que siempre hemos sustentado, creemos también, y con la convicción mas profunda, que el* matrimonio de la Infanta con el duque de Montnensier. contribuirá mas y mas a (pie vaya desapareciendo ese espíritu de nacionalidad, ya bastante menoscabado por la influencia francesa. Al consultar las lecciones de la esperiencia y de la historia, nos asómbranlos de que haya españoles que se llaman hombres políticos, capaces de fomentar de ningún modo la influencia francesa en España. No participamos nosotros de esas antipatías ciegas que producen odio en-^ tre las naciones: creemos que en Fraaoia como en todas partes hay mucho bueao y mucho malo; cpie hay hombres de sentimientos generosos que se duelen de los males que sus gobiernos nos han causado; una cosa no la tenemos por detestable por solo ser francesa, y no (|uercmos veogaraos con el odio á una nación, de los daíios que sus gobiernos han hecho á nuestra paUria. Pero tampoco }MHÍeinos ilesconocer que laa •M han ida cmiImmÍmIo -dc.tul snrrie^oe li tiinneiicia francrsii iia sulo cusí tjieK»{Mc una ualauuiiud |jura lüjabputiii La dinamia iraocMa )>*ÍQAiigiiró«a iisiia*^ «• oou veinte:aCkM 4» gucriB. £1 fiyncMO pació de iaini* i sfe ¡naoiíuro con olra iriierhá, y ia ^iu dci tralaüu de i'aiis eii iíoii, UM costó biea cara. La Francia cónlrae >ftÍMIu.'«« tiüii iaH Coloüins ín£>lcs;js subii'AiidüS t:outialamulropoli; y la España, liel ai j><iclu ue iauifiia<' y ( uUauiLaudu nia> iiicii el lU)lMii|lM(qiM»t«i iiiler^ti púUiicu, iuiilu joiiiitiü Tiilal: im rey absoiulo, duí'.üu tn', miiieu^a^ culüiiias ctt América, cuutiiiiuye (MI IN'ril, lüs simpUasílc la Fnim ía un \mdicTuii impedir «1 1." de seliembre, el embarque de la Reina Crisiiua v el encumbramiento do l'^sparlero. La caijn del Recente fuo obra de iin alzamienlo nacionnl. en (|iic se coiifyaroa todos lus partidos, viéndose luego-croelmeolB buMes el «mérquu u y el proííresistii. Si h: iiilltiencia frantej^a bubiese Itinidü (|ue derrihar a K->¡)ar!"n», es 1.oü seguro qut^ t i e\-Ucii;cutie uga jim iiabiia La < oiuiiicla de la {'raniila en el asunlQ. del caüaiuiuiiui nu <Ua beciio mab i^uc atíiM>.
ciicAziuenle al tHttiítb 'do los ínsurgenles | rear couilielo^rbi candidatura nu^ im]|K>pH2n ttiuejricattot», luiidadures de Ih.¿epúbiicáidu | lar <|uu pudú haber, k dci eoodQ<dC,Xi;4paiU|> lus LhUiiiuh-l iiiiioí). ¿vjuien j)tie i¿ pwid T«r iit»»,litt;MUü(ií&>,%Uü uo> cuálu iii utiau/a Iraiv* cesM iw^iii|)e!ideÉ> iNied«rie('2 Mamsá, üjttiviiiiis, tes'iio, todo a disposifioi'. déla Ifaitcia y sacmu-íiao ptr la i'raiu-ta!.. ¡V 4uu:áii.céuo>-) Úkí u uaiaita de iraial.:iur., doulüjpiimrmii et4;utt42u, saariiiceda a los mtert!i>es d^e la iVaueia, pereció loiiu e;.l(;ra. ata ni«^fMU:>uciüi4iuc- ei.iüUttsr:>eiM44du ¿us uliiuius niumenlos con on valor adniraUeL. ili^^í^uciuti causa el recordar, que desjiues ^iaulos (ifMislios, ( ilavi t ii)an nuoíros roilüií buju el mando aci marques de la ia« á peiear^r la Ffabcia énidScontín le Europa; y que lanía;:en M osí lnd era rorffespufi(iido con la couüucla niai aievc, de •c}ue bay ejcíii:)io en lus la>íkjs ¿c ia iiistx)- e^la Hit- afioxatia )>or la Francia. V aborn niih'ino. cuando aq^a de lograr su inientps ¡que pri-as, ({ué'SÍlíiIps, qué. precipilacioDt en lodo! ¿i^uiéu^düría.que al proceder, asi b€ lijiiii iiada in^'nos que- (leí uialriintuiio de la iiciua üc Kftjiaíiay de ia si^cesura a iuv^ v^ na? V ¿por (pié esa conducta tan irregatort, P inpie asi le conviene: poique le interesa que el niülrinionio de la lidanla con, el duque de Monlpeiiáier se realice ProoU)>rllftX. pronto para quu cuando la inglaUMntiVdlir potetn iüs del Norlc (juieran tomar ona acti- Uid sena, be cucueulreu ya con un UecW inreveciiible< ¿Qué Importa la pausa qaelaa bien sien la en lodo cuanto coiiLierne á réi4Ía nni^es!ad? ¿i}^''' ¡iuporla que el voló de ias Cortes uo ««.a Oídocon el (ielenmiieutotque oon]OHf¥mde y ({^etan solenuiemeiiH le se bal.iíi nrouieUdo al discutirse la roíurnia constitucional? ¿Qué importa que el ne-¿íocio mas grave y trascendenlol que puede ofrecerse á Ja nación española se discuta y resuelva en t¡n;e>; (IcrP-s «jue tocan á su ün^.«ba.{^u)tia ao ia íun olvidado ios cspa- ¡( que han consumido su tuerza moral en Iostrabajos anteñore», y que sofríeren l« btmíllMile suopeiksion íaipuesta |)or el soiíundii ;ñfti«. Indifuiuiou causa ei recordar i a ocupación Ir. II. lora de nuo>!rí) leniloi in, de jiui:9ili4»4Jia2abluertes, y i«i cruel cüuuiu' la dn^Mur^cgA-míiberotiaidifl dos deUayo. Uayi uoiMmoauoie«to»4iiie rMiisrdu. nuestra desdicha y nue^l^a gloria: y esadesuicha i'fislcs^»' ,. CuuMdtf se levanta en el p^irlidu moderado a iriiiiii vu/ ciMilra la iniluencia francesa,, Í4^iUii;»a de i'aa> piocura.uio^^aiia, liaiuau-. im iWQftlnii.á ÍQS>*4Usideiites>; y cu verdad t que cur^o seuiejaute uOifiodcán oirib sin rubor los que lautas veces tiau iiüplurado el au.viiio de la Francia. Sin embargo, bueno ^fSera con>ii:nar, <jue ni aun ese partido, que Mr. (iuizol a})ei!iii'i ¡nihlicamenle par-Udo ícauceb, be ha salvado nunca en sus fiailáes afMires eon.«li.iMiiMto tde la FranftMUiln iSBoi cayó l>ajo la mauu de la roí volucion. a pes;ir tie hissimpalias de laFittJic cía; en ifniú^ sucunduo ul muún de la Uran-* mini<iterio Narvaer? Nada de esto importa: á la Francia le interesa salir pronto del negocio y acabar de uqa vez, yeolaxará ua hilo ({•' su rey con l;i ininediiitn suresorn á la eorofia de Kspaña.;0h soiid>ra6 de Cár~ iin (iia, y oyendo de iioca de sus augustas Hijas y de al^iiii vordaderu españul, lo <|ue ha pasado desde I K33, y lo que está pasando en la aclualidad, ofrecería una escena interesante. Las palabras del rey serian bien di^cniLs de ser escuchadas!...■ REFLEXIONES SUELTAS.
Con motivo de la protesta del infante don Enrique, se ha dicho que nin{2;un subdito, por alto que sea, tiene derecho a protestar contra la voluntad de la Keina. ¿Podria el líscal denunciar esta proposición, ateniéndose á las docfrinas constitucionales'i Según estas, un rey constitucional no tiene voluntad conocida: los ministros son resjwnsables de cuanto hace el monarca, como monarca: ningún mandato debe ser obedecido si no va refrendado por un ministro responsable. Supon^ramos, pues, que un secretario del despacho aconseja á S. M. una medida contraria a la constitución del Estado; ¿tendria derecho un subdito á protestar contra semejante medida?
Dada.
Los consejeros de uu monarca pueden engañarse. Este engaño lo pueden sufrir también los consejeros no ministros. El Rey puede engañarse también, siguiendo el errado consejo. Un subdito, por humilde que sea, ¿tiene derecho a creer que en estos errores se ha caído al concertar régios enlaces? Parece indudable. si no se quiere establecer la infalibilidad de los reyes y de sus La verdadera leuUad.
La voluntad de un uíonarca delve ser acatada. Pero ¿se ouone a este acatamiento el que cuando se na incurrido en error, y mientras es tiempo de volver airas, se le advierta que ha errado? Lejos de que semejante acto sea una falta de respeto, es una prueba de amor y lealtad.
Seria curioso saber ahora. lo que pensará de sus consejeros presentes y pasados Dorta Isabel II cuando baya cumnlido treinta años. ¡Quién es capaz de decir, los acontecimientos prósi>eros y adversos que se habrán verilicado en España!
Fernando VII resucitado, por espacio de ProirüiaH InauKnralea.
El reinado de Doña Isal>cl 11 se inaaguró con una protesta de un individuo de la familia real. El casamiento de S. M. y A..se inaugura también con una protesta de un infante de España.
Lo» oft-eelmienloa.
El reinado de Doña Isabel II se inauguró con los mas decididos ofrecimientos ¡wr parte de la Francia. El casamiento se hace también con las seguridades de la mayor inlimidad en la alianza francesa. Los ofrecimientos, cuando liegó un trance apurado, se convirtieron en simpatías puras, en el jamás...de M. Molé. ¿En qué se convertirán las seguridades de la intimidad actual? El tiempo lo dirá, si los acontecimientos se complican.
rolnrldrnrla.
Poco antes de comenzar el reinado de Doña Isabel 11 se hablaba mucho del tratado de Ulrech; poco antes de casarse Doña Isabel II se habla también macho del mismo tratado.
Semeja «a.
Por los años de 4832 y 1833 estaba el país tranquilo, pero angustioso: se sentía una calma pesada y sufocante, como suele serlo la de la atmósfera poco antes de una terrible tempestad. En 1846 el |>ais está lran(|uilo; pero todos los periódicos, asi nacionales como estrangeros, emplean en su tono un no sé qué de fatídico!.. Los ánimos se hallan en una espectativa cruel...Se espera con ansiedad el correo...Los diputadas en sus discursos auguran uu porvenir borrascoso.
Oflciofkidad.
El gobierno y sus amigos tienen cuidado de hacernos saber que en todas las provincias se disfruta de tranquilidad. Esta solicitud es laudable, pero inspira reQeiiones. Los parles de sani(lnd. nunca son mas frecuentes queciundo hay peligro de epidemia.
•I El Sraado MMa; el Casgreso fsiMila; las felicitaciones esprenin de^cos^rt^üperanzas; el Congreso y el Senado- están en su ÚBn^dmmdof egperandOi El deseo, di* oen ln< mnnü^ias, sii refiere ¿ lo tmeoo; la esperanza á io árduo.
¿Se acuerda el lector de ninguna época, tea la que fuere, que no se hava inaugurada eonléliladoBes?
' Una colección de las relicitaciuues que se liaa pabNeado en fiapate desde 4 80», seria ua libro esrelmte para DMditar aalira las eaaas 7 los hombres.
OIr«.
Va muy probable que el final de ISiC, sera nuiabie por las muchas aiucuciooes que harán las aatoridades*, ealOBoa togiere la idea, de aue también sr ptnlria formar otro libro escelente, compuesto de las aiocucioi^s de las autoridades desde i 808, y muy te desde 4832.
JBa d diBearaa de fdícilacion dirigido á la Reina por el Sr. Pre-i^trnte ilel Senado cM5del actual, hay un párrafo notable. El Senado al con¿;ratularse por el enlace de la Infanta con el duque de Montpensier, no se limita á una simple cspresion de acatamiento ála voluntad soberana, sino que indica una razón pática de la conveniencia de e^ anlriinonio. Hablando de la Francia, dice: «que después de hihor atravesado largos iurorluaios, se halla hoy en la admirable prosperidad que prodoeen siempre las instituciones que lojíran hermanar la libertad y el órden á la sombra do leyes tutelares rígortísafneule observadas.» Como debemos 8ipa«er la nayoraincerídad alaalor de este púaje, lomamos?ns palabras como una medida bastante aproximada de ia profundidad de sus estadios sociales y políticos, sobre la ailincioa de la Fraacia.
da ma iiaeiniáiaestá pendienle deaahoartml'.
déla El MleeinieBto de na aalfera— etoalqtftf»' ra de Europa, seria mirado como un suceso común; el del rey de los franreses, es considerado como un suceso altamente peligroso. ¿De dónde la diferencia? ¿\o ha reflexionado soface esto el Sr. Presidente del ¿Senado?
Vo hay hombre pensador, que no tiemble al meditar sobre el estado de las ideas y sentimientos disolventes que pululan abundantemente en Fianeia, y que amenazan su porvenir de una manera formidable. Escusamos recordar al Sr. Presidente del Senado lo ronebo qne se ba escrito y se be sobre esle particular, y por hombres de todas opiniones: suponemos que lo sabe.
'Todo el mando tiene la vista fija sobre la miarte de Luis FeKpe, eomo un acontecimiento qne pnf»dc eompromeííT h tr;ínqiiilid«d y el porvenir de la Ibrancia: ¿qué pen- ][ ¿Qué habrá en el fondo de esa sociedad de donde surgen con tanta frecuencia asesinos de su rey? Se dirá que estos hombres, son escepciones monstruosas...cierto; porque es bien claro que el ser asesino de un monarca no puede serla regla general. IVru ¿cómo es que nada de esto sucede en otros paises, sino nuiy rara vez?
¿Cómo es que en España, en este país insolentemente llamado de costumbres bnitales, jamás se ha disparado un Uro contra un monarca?;,Cómoesque durante la guerra civil no se ha hecho nunca una tentativa de asesinato contra dofia Cristina, ni don Carlos? ¿Cómo es que d(>spu« de termina--da la guerra, á pesar de los vaivenes de la revolución. Doña Isabel ii no ba ucccsilado^ ni necesita escolta de seguridad, y podría' pasear tranquilamente y á pie entré carlistas y progresistas, sin uingim peligro para su augusta persona? Estas diferencias deben estudiarse ¿fondo: esto ensefia á conocer á las nni iones, esto hace apreciar con exactitud el mérito de las alianzas, ün Senado debe hablar á so Reina con palabras mas meditadas; del)e guardarse de lugares conra-r nes, que '^u\a nsirntrtn IiÍimi fn mi articnlO' obligado de un penodtco conservador.,.
Se poml'ia muí ho la ini;M>i lrtncia de \^ cuuibÍQa(;iua Irancesa, para ei ajiunzamienli), no de la monarqola fD¿tP!«c bien), sino (1<> la.iBonurquia coaslitu. loiial. /,Par Aventura U»\ cosas que dmlen yaii(he'tiij«st>n leiiinhiaiio Itien. ' 1.1 íJoíí*.
marse iclea de las insfiinnoim en Francia^ ser4 bueno oír el voto de los Sivs. 1 oniredu, Cormcnrri y Tliiors, que ha'orau e-ludiado 1a|m^t(iria alu^i iuas (|ui; i^uc;pj.rusS.^!U)iiu;;f s.
'rhicrs cu su nu-onlo j;.,fgp)«|^.,jji^ímrso, ^ Se puedi! asegurar siu uui¿;uu loiuor ile oquivorar.S!í, (|.¡ > h nación que li^ue su >ucrlCi^uii ia i íaucia, cspcriuicuiaia ticutro de pocos años vicisitudes profundás.
\n •« aeabr*.
La revolución de juüo de ISoOno csel: lénuitaode )a revoíucion francesa: es ^la- i! mente una de sos 6ise$.
,.¡ Ei;interiM de la (Htliiica Irauf-esa v,n q\ nialiiiaonio d(*l duque ÜC:.UonlpeQ.sicr coo la inmciliala siicc-ora á la corona Espa-r f:!,: '["' ^cr liii'n LTfande, ruaudo a «'I bavriuca la bueaa iu^tii^cift cou el ^- lu«iete in^Jés, y se arroflbu-la índif^apiür de las pi^ii'iirias dci Norle. Se habla dft i* p¡ni(tie de ja dolé...j^uó candidez! ^«««t nevctaelMi.
Din- (íi h'.'aii!!' n. Knriípi ' en su firoles-4)tte4iO |^uuM»a:(il»Pieu«ieu- er vordadcn» motivo yei objeiD d" i»ii«;^>erfeMMioi(MMi)^ tia:^in que en París, donde tan bondadmor. hirsi'.e fne rerihido pnr el rey de ios IVanroset>, vtu ciarameule que ao se ie castigaba \mt iiaker aapiitedotufrftía áiia bwoo de Bfe.sino ucir no (^üiiLmn i cn'jOilMd^' o, someliendítio ú j "j f hir 'W irix. y ronLiJuindoio í>ui i HTia.<. Cuaiuts ^enau la iailuettM (iay Ut eondicidiif lo BMoifíesla el InfanMl cuando añadí' (pie no falló eo l'aríf; a los debiMes que ic li^an con su patria y con:^u familia: y lo esplica mas cuando advierte quceí matrimoBio d^' la fafant» con cid oque CaalldatimperMiialcs.
Los partidarios de! nintriiuonio francés en.srdzan Innclio las cualidadc.^ perrovnlt's del duque de Montpensier. Ü> posible que sean relevantes; nada ¡(abémis sobre es le parifenlar.
Durante h resfánracíon, Ir.-f cunlidndcs, personales de Ijíís^F'cljjje craalenida'. por rele vantes. Luis Felipe.es rey de ¡qá frap- ú! oira CCijCS.
■ otro rÑBcni».
rraillelnio de Nassau, principe de Orau- , Lcaia cualidades pcraouale.'» muy relevantes. Estaba casado con María Stuart.hija de J^cobo II, rey ái In:ílaleria. lín I6S8» Jacobo lí fue destronado, y el ¡n mcipe duilleinip í{ji<\ prpclaiuijido rey en lu¿^ar de su inibriunado suegro...visiina residencia «itÍltléHttt)indica«do qiMl r.'i.'íonclá jr la r.f ínj.
Cuando la TraiT-ia estai»a haciendo seslioueri Ciertas eu iavor dei cunde de Mouion m^tt, también oinios^que htonáidon exiatf lia. Kslo uiaidliesla que para el gabinete ¡Vanees el ¡¡i ohleiua niatriiiioiiio de la Reina de Lspaúa calaba planeado cu una ccuacioa uuode había dos oantidade»:i.una! constante,: variídiie. Lu (■on>laiU(í et;! ci duque de ]^iiMAtpeu^ier. que de un mudo u de olru ÍMtbia de ser marido de Iq íiuncdiula sucesoria a la corona. La variable era el marido de Reina. K>li* ])0(lia ser el conde de Trapani; el de Moiileuiüiiu; ei infaule.D. Eurique ó D. Francisco de Asís...Asi trata la p^iitici francesa á la&eina de España!.,. Una sola condición lija: la conveniencia de la Francia! y para mar^f^4^.,S„4M.,4^Maiquicra piiu,- <»t'iirritíHeI.,. ¡CoiU'> ^, liilr <|uc no liayd f alucinarse coii'fwspecto « in estcnsioii ilrl vn Kspafia iiu hoinlire tirt hastanUs corazón j liori/.Qotií, sobre el cual se (juieren aveuliivenladl...6i'\m ropo;,s«ipaio inny parlifiiiarmeiilc la i.
lie hastanLu corazón a lotla la i rar los y)rnnrtslicos; no cnipcflarsc en fjotf^rui)!ii Km- I| minar el modo de un suceso, cuando solóse \(*. Reina: cu ha re nada menos (jue -i Iral;)})» lie!a n la, y do la Te'.'ii",'"'-t:í'a i¡< i..,. ta liuérliina i f,a iixi; rioii ' it el mum y delire in |)iuin8. ¿Y Un.a\ ia iidV liondjres, Itny ospañoles (|uí; presentan t'onio uu lilii!i> de lealtad \ <! > amor á sii Reina el constituirse los np; tasyeneojni do la política francesa?
ndu llestie a la edad; aci. u wa^ pobre, cual es la tiue se relé pnede conocer en su sn-slanria: no lisoniracterizarle individualmente, i.:¡uíi l ): itiii se le piredií sefialar en globo^ en un conj[nnlo epie no deja ver claros los Hneamientos particulares. pero qne dice lo ' ' para formar juicio de una época; •.liiv ii io. poseer la severa imparcialidad y el lino discernimiento cpie se necesitan para recoírer datos,,y apreciarlos de la manera conveniente.
Confunden muchos los datos políticos con de ííij afrnf? f'cro ]ab! el plazo no será tan lar^o: mucho antes, mu ' üon la lija en ei |)m viMiir..,, estas recnerdi', íjue cuando callaban taulos tpie, tenían o!)Ii.:;acion de ' " tanto cnterc7a v \ ' á la par ion v a hablar, tuvimos has- " para decir iq verdoií Kirritu m B«n:i Urna mi.'
Se hn disputado sobre la fusibilidad de lu certeza' en ali^uii 's ( ioncias, ocu¡)ando tjntre las dudosas un lu-; ir especial la política, tpie por la muchcdund)re de dalos que ha dií!<«ner presentís, y In variedad y movilida<l d " ' ' lientos, parece estr.r jirivada de toda d«. >icion. y condenada a limitarse a raerás conjeturas..\iin(pic estosen verdad en muchos rasos, no lo es con tanta tiencralidad cüHío al ■"• ( ireeii: en liea como en todo, se pue i.lar. v\\ > con pro babilidad de. acierlo. otras concerlc/.a poco iiM-nos fpie absoluta, l'ara esto es pireiso te-Der el gol|)e de vista bastante seguro para no Irere á intentos 6 gestiones de personas determinadas. Entre los <pie padecen semejan-' jante conlusion, se cuentan no pocos qn^ tif'nen pretensiones al titulo de políticos y aun de hombres de estado. La vanidad es inseparable compañera de la necedad.
Las noticias no deben ser recosidas sino en « uantt) ccntribuyen á formar cabal concepto de los datos; son por decirlo asi, vaJores inlinitesimales, que deben entrar en el cálculo, para llegar al valor integral.
La imparcialidad en recoger y apreciar los datos lio se obtiene con solo desearla: es un resíiilado del talento, del espíritu de observación, de la conveniente disposición de ánimo, y muy especialmente de \a fuena úa carácter.
¿i''i! ■ taracl<'r para eso?;.Dc qué sirve;.. /.a en tales casos?...Asi hablará quien no haya rellexionado que para pensar bien se uecesila sostener conlinuamenle batallas interiores en casi ludas las materias, peroimiy |)arlicutarmenle en la política. Si el cora/.on es animuiio, espera demasiado, lo cree todo: lo que falta al hecho, se suple con el ca-.ulal ilel valor; si es tímido. destoiUi* lie lodo, mayormcule al a.somar siquiera?Cn motamente algún peligro personal: lascóles, y el miedo las achica; o w I ^,i>, y el miedo Vas a^^rauda. « Téngase en cuenta que solu iiablaoios ^tti (le entendimientos claros, y de hombres que se llaman avisadus y juiciosos; pues que üi tratáramos: de los loulus, semejantes observaciones estarían de mas. Estos por lo coman suelen tener lio críierío mas soi^uro: <;reen ludo!n que ap:rada, con lo cual se forman una pequeña bienaventuranza donde rlveñ dormitando, hasla que el ediliao se viene abajo, y Jos aplasta en sos ruinas.
la muy dificil el clasificar bien i los hom* bres, para apreciar debidamente el valor de su criterio {wlítico. Para est;i ojífrnrion, cu- Í^os resultados son de mucha miporiaacia en os cálculos políticos, es necesario despojar a los hombres juzgados, de todo lo accesorio; esto es, de todo aquello que no sirve de nada para la autoridad critica. Las calidades ' ÍHcondttee»tn y las apariema» engañan mucho.
El hombre ocupa un alio puesto. — ^No es «ala circunstancia: estando mas alto, verá ' quizás mas objetos, pero también es posible que los vea mas en confuso. Falta.saber si su vista Qs muy larga y clara.
M9 anciano. — ^Bscelenle calidad: la esperiencia es madre de la ciencia. Pero es necesario no perder de vista las observaciones siguientes Si ha sido nuiy vano tOda su vida, es peligroso que lo sea mas ahora: con los años se a!:rn\Dn las dolencias morales como lasfbicas. Siendo muy vano,8erámuy necio, ta vanidad dimana muchas veces de necedad; pero en cambio, también la necedad hija de la vanidad. Si se trata de empresas atrevidas, contad con su opinión negativa: á la timidex la llamará prudencia. Lo árduo será para él un sinónimo de íinfiosible.
Ha envejecido en los ne^'ocios públicos. — Falla saber cómo los ha manejado.
Rslá muy metido en inleríorídades. — ^Por lo mismo, á* vuelta de algunos conocimientos, podrá ser muy parcial creyendo que hace milagros, mieñíras desbarra soberanamente.
Es cortesano: en cosas de la corle está al corriente de los últimos pormenores. — Escelente para coadyuvar a una intriga; nulo para los negoeios de gobierno, para la verdadera diplomacia, para todo lo grande. Es un fácil hablador — líay cabezas qun I los eonoce m Éttmfm^ nijulllÉlUm señalarlos. • '; Es un militar. — /So trata de pnemif— Pero es impetuoso. — lainbien lo es un oahaUoP^ firme. — ^¿Qué cosa mas firme que una prñn'*