SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Estas reflexiones serán mas ó menos fundadas,.pero no puede nep;arsc que son las I dientes: 3.** provocar en'EspaRa tales acón sacien de mala fe. ÜÉ éÉta situación, ¿co^ mo impide la Inglaterra el que venga á Espana el duque de Montpensier? ¿cómo evita el que este principe adquiera aquí muchas relaciones y aHane un tanto las diKcultades para el caso de subir al trono su esposa la infanta? Asi no es estrafio que la Inülalerra haya escogitado diferentes medios para salirde esta pomeion incierta, qoe indudablemente puede conlrariiir miieho su política.

Tres caminos se le ofrecian al gabinete inglés para colocarse en una posición dcsenibaraaadav y conseguir so objeto sin foliar á sus tratados y eoniprninisos: i la renuncia de la duquesa de Montpensier al trono de Esjnfta para si y para sus deseenmas naturales, atendida la situación en que se hallan las potencias del Norte; y á juzgar por SQ conduela aun desput>s de los casamientos, parei c (|iic á cst is repelas han conformndo sil poliiira. La situación tie la Inglaterra es menos desembarazada; ella lo conoce, y asi es que se está preparando con fírniidcs armamonlos para hacer frente á todo linage de evcntualida les. No teme probablemente, que las potencias del Norte se declaren nuiK a > nutra ella y se unab i la Francia en la cueslion espnfiola; pero prevé tecímientos que facilitasen la rennion de unas corles capaces de escluir directemtenU á la duquesa de^MontpenSier tfi^ta 'sucesión á la corona: 3." disponer las cosas en España y en Europa (le tal modo, que por medios legales se obtuviese una esclusion indireda. Examinemos las ventajas y los inconvenientes que cada ano de los tres medios ofrecia á la Inglaterra. [\ V r El primero, ó sea la renuncia de lidi^ 3uesa de Montpensier, para si y para sas escendientes, parece fue el que ocurrió la posibilidad de iiac llegado el coullicto se i desde luego al gabinete inglés en los momantuvieran mas 6 menos ftias, ó se mos- ^- i~< ^^i— j — -«.^.: traran indiferentes; se arma como en las grandes guerras del imperio, para el caso estremo cnquc ahora, como entonces, se encontrase sola; mas ahora, como entonces, no relrncederia; ahora, como entonces, tomando por punto de apoyo la Peninsula, lucharía contra la Francia con su perseveraneia y tenacidad características. Como quiera, es preciso convenir en que su posición actual es desventajosa: ligada con tratados solemnes y compromisos de toda especie, no puede combatir el trono de Isabel II, y entre tanto está condenada á tolerar que la Francia se prepare para el caso de morir la i augusta princesa que ocupa el trono de España. DÍL'ase lo que sc quiera sobre la pora escrupulosidad del gabinete inglés, no cabe duda en que los tratados enervan su acción. Sucede entre las naciones lo mismo que entre los individuos, quienes por poco delicados que sean en cumplir lo pactado, se ven mentes de sa' cólera y despeoho: reoor*^ dará el lector qoe luego despu^ de los matrimonios sc habló mucho sobre el particular. Nada tengo que aAadir á lo que dije entoncesyqne se halla eoelarticuloanterior. La renuncia era imposible y lo es toda\ia: los gohÍLMnos de Francia y España no podrían consentirlo, so pena de caer en la mayor humillación. "., • En cnanto á la esclusion directa, es decir, una ley (¡ue incapacitase á la duquesa de Montpensier y a sos descendientes « co^ I mo la de 1 834 incapacitó á la rama de don Carlos, no tenia Inconvenientes para el l]onor de la Francia, pero si para el gobierno de Bspafta. La coite de las Tullerias, elevan da á un trono en hombros de la revolución y a consecuencia de la esclusion fulminada por las cámaras contra la rama prímogénita, a corte de las Tullerias que habia aceptada a esclusion de la rama de D. Carlos por una ley hecha en cortes, no tenia nada que obprecisados á ejecutar cosas que no quisieran, jetar á una ley en que se hubiese esekride o á dejar de hacer otras que desearían, por de la corona a la duquesa de Montpensier: no arrofiítrar con demasiado descaro la «eo- I podía sentirlo, pero sin abjttMr so propi*.

SfEi lo coooiia eUa misma, pues que hay ¿íaves fundamentos para creer que tól era S opinioo.?tto las cosas «^^ríX DO mirándolas desde ti punto de visla d« la po Sica española. ¿Qué.-^>'^^;" l^f^^/,,1 ^n bol II hubiera podido P™P<>,f¿ÍJ„^l',Oué directa de la heruiana de la Re oa? i««e había hecho la inocaiita P»";"?;^ ' J^Jiffi ' garolminase conlra ella un fallo i.yi 'arrime: Lo qursrh.zo en 4834 conlra la rama ^ D Jarlos enmed.o de la g«er^ c,vU eüH puianza de la revolución, en la *^rcr t^j^^en ír¿ de las pasiones, no o. p.ra repelido fe»; dos los d,as; es un acto cendenial, que conmoeve /««da^^^^^ áe\ Sstado Y qoe por si solo, en nn pairan Si2í?ol?¿M uL verdadera re;H>m^^^^ La^clusioQ indirecu ofrecía rtenw dihcuUades. Esta esclnsion consistía en el res-SblecimieL de la ley sálica, hecho por os irámite*! le-ales, con todas las circun.slaoua^ neíSsarias para alterar la ley de suces-on. cSüSSo^este acto, quedaba esclu.da a duquesa de Montpensicr, como lo nucdo ja f.nlnia de D. Carlos por efecto de ía pragmauca sanción de Fernando VU. Bn cslc caso la hermana de la Reina nn rec.bia un golpe del gobierno de la Reina; solo sufría fas consccSencias necesarias de una ley que S. M. en so sabiduría había creído coove-. niente sancionar. Esto no se oculinh. a a Inglaterra; y asi parece muy verosuml que ha pensado en este medio y que ha dado algunos pasos par* reali/.arle. Prescindiendo de las correspondencias df los periódicos alemanes redentemenlc publicadas por a prensa de Madnd. fue snmumcnte notable un largo arlicuio dd Jíor;,. j-n,r ^.m;íc, órgano de lor.I Pahiw rston, y que salió a luz en el último setiembre. El escrito parecía nn memorándum presentado a as potencias éclNoffte, y contenia la singular observarinn ríe qne era necesario se >u5iese un término á la agitación de la Península, contrapesando la inflnencia anglo-francesa con la de las otras poten-ias. Este proyecto ofrecía á la Inglaterra las ventajas siguientes: 4 ' Lograr su objeto capital, que es impedir eíqueladinasUa de Orleans se siente en el trono de España. 2.' Salvar lodos sus coinpromi'^os ron el nuevo órden de cosas estnblecdo por la uragmáUca de Femando \ü 3 Trlunftir A Francia sm hünyílar la antes dejándola nna salida honrosa^ evita asi la necesidad de apelar á medios violentos. 4.' Obtener de la España todo lo que deseaba sin herir la susceptibilidad de jiadie; pues que un objeto tan trascendental se ofrecía como el sencillo resultado de una medida legislativa, que el gobierno y las cortes en sus considerandos, hubieran cuulain de presentar como de alta política. ■'3.'' Crear en EspnHn una situación clara para lodos los parlulus, en el supuesto de que la Inglaterra hubiese podido alcanzar el nsentimienlo de l;is tnm'Ch^ interesadas. 0.*.Vbrir una puerta por donde pudieran pasar sin humi-^ ilación las potencias del Norte, pues que si reconésian entonces á Doña Isabel II, como se les aconsejaba en aquel artículo, el sacrificio se les tuaipensaba con el triunfo de su política en el punto fundamental, que es el restablecimiento de la ley sálica. La condición que, como es evidente, hubieran exigí-.

do estas potencias con respecto á la ley de eétaion de 1834, no era tan difícil a la Inglaterra el obtenerla en el caso supuesto; va porque en pos de lo principal venia naturalmente lo accesorio; ya porque el ne-^ ''arse á lo último concediendo lo primero, era un contrasentido inconcebible;.ya.^'jj' bien porque la repugnancia que a cierlo« hombres linbiera podido ¡iispirar un paso semejante, si se hubiera tratado de hi nersona de D. Carlos, desapareciawmpleiamenle cuando el conde de MoüWWWW 'en sus manifiestos, en sus discursos y en todos los actos de su vida pública y privada, se ha esfbrzado tanto por manifestórsc tolerante, conciliador, sin rencores de ninguna especie, conocedor del espíritu del siglo, enemigo de reacciones, profundamente convencido de que es una empresa temerana el luchar con las necesidades de la época, y de que, enmde evocar recuerdos de dl^-cordia, lo que conviene es V^^' l'}^ ^ cuanto sea posible, la umon de todos M» W- ^^Sea^ío qoe fuere de e?os proyectos de la Iní^laterra, lo que hay aqm de «^^o J^r¡; dente, es la existencia de una complicación europea, que puede acarrear una catástrofe á la España. Pan pr venirlo, ¿q«c hace el. gobierno, en que piensan nuestros hombres^ políticos del Senaío y Congreso? No » tratado indicar tales ó cuales soUinones del I problema, sino de llamar la atención sobre ¡a necesidad de buscar alguna. «\qui no nar ' rcucstion, se nos dirá: « ta Berna vité, li v9 v9 silmcion es clara; y si ijegas*. a UlUu: Jas leyes iicncn marcado 1(1 órden de sucesión.» Sea;!si en hticii hora; poro al menos, seria bica eslrafio (|[je para el lo- ra (l.< esie ohje-U), no trahajasoLs por prep.uar ua desenlace papílico. /.Cómo pensáis desarmará la In-ía-Icrra?— Si protesta, no haremos caso; si'^iuclia la venceremos.— ¿Cun qué medios? — En lo interior, eon los nacionales, en lo es-'erior, con el apoyo de la Fraucia.— ¿Estáis hieu.se-inros de! resultado? v ademas ', aungue ci triunfo íuera.imiudahJe, ¿habéis reflexionado sobre lá vi^Kánza que cu su deses[)e ración lomarla la fóglatcrra? AMíflítlí^ ias colonias; si las perdicseinos, ¿(pié espcra^iza nos ijueda de ievanlaruos de la pos-Uacien actual? ¿Os prometéis qae con el apoyo (le. la Francia porlriais salvar las Fililííi^as, Puerto Rico, Cuba, Cauarias, ni siquiera las Baleares? Seria posible; pero unten de arrostrar tamaños peligros, bueno lucra pensarlo mtirho: btrMU) Aiera consul-Ufá los iiileliíicules solare, la clicacia de los nl94i09 de defensa. Algttons de nuestras colonias, la Inglaterra no necesitaría usurparbus, le bastaría qti;- Jas ppniiéscmos: s¡ por ejemplo, la posesión de la isla de Cuba le ' liiibicsc de acarrear altercados con los Estados-Unidos, no tendría jtrecision de tomarla* pcrO;SÍ la rica joya se p!'r,!i «^c, ¿(¡ue Je im ■ portdna á,1a España el nombre dcJ sucesor?

.^iHien^nieiode nuestros homlirespiíbli. ros no permite sospechar que confundan una cuestión europea, coa las tentativas de insurrección en este ó aquel punto di: J:>j».iiia; tanto valdría confundir una enfermedad grave con el mas leve de sus síntomas ¿Qué pueden conUaun gobierno establecido unos cuantos hombres aí^adoii, por mucho que sen s'.¡ ai rojo, por tenaz que sea so constancia? Lo que pueden es una sola cosa: morir. Pero repii:j (pía la cucsliou no esta aqui: no se iimiia á tan estrecho recinto; no es ni prnvmeia!, ni española, sino europea; si iU|estf9s hombres públicos no la miran di»sde -^t4 ffllnra, se eijuivocau; v esponen al pai^a^ne Jos aconlecimicntcs le sorprendan como le han sorprendido casi: i!:¡)rc des-^ •f Jlacc un ano concluí mi tarea periíulica" p.C,H"nlando ¿por dumie se míe? Según pareno se ha cncoulrado aun la puerta; á bien (juc durante algún tiempo se la buscaba p »r scuderos harto percijrinos. \o indiquemos cuáles eran; dejemos a lalustorá MIS paginas severas, y Jameulénonos de 'ju ' lio p íispaña.

J)espues de tristes vicisitudes y anxu&^ liosa inccrtidumbre, oí partidomoíleniíolúl' podjdo salvarse, con un ministerio \arvacz , te; cera cdiciuaj. Se ha increpado a Narvae/ por el modo de elevarse; á Jas torres muy a.lassc suele subir por escaleras angostas, tomo quicra, ello es cierto (pie en cstíTcomo en otras ocasiones, iNarvaez ha hundido a sus adversarios con on golpe seguro (uie «ntim.ecamente ser.i miradode diversos modoíi, pero que en cuanto al resultado, es lo que se llama ana burla, ta ia cromca perio-v disiica de la epíjca se halla escrito el nombm de un müodu -I jr: M;a lo que fuere de l¿ veruad de esU.Miarraciones, lo cierto es que SI para entrar se ac;íptaron sus servicios, en sc^nida se le despidió.

.Xarvae/. vino á Madrid con aquiescencia de los purilauris y alearía de los uo puritanos; en la agonia, todos convinieron en que í-oio el pfKli.i v;;,iv;)r al enfermo; asi se b» comprobada ujas y mas, (pn; él es el facultativo indicado,. iciupie que se trate do operaciones difíciles v arriesgada». Sí olm v e/ se piensa ca baperio vinjar^ buj^p seii La importancia de Xarvaez en el partido moderado, es un fenómeno digno de exámen.. iNo se debe á grandes hechos de armas ' ttc 1808. Desgraciadamculc, ram iioe^de temer que esto suceda: la dcMili i es una í^nfei miulad cr(Mn\ a < u nut'slrat; regiones políticas: cuaudo bav un p '!i.,'ro, si no es del momento presente*, se ad jpla un espcdieüte muy sencUIo: no pensaren el por vei^r f uiatrafirs^jt que estrí ueneral no ha tenido ni siquiera ' I ocasión de ejecutorios; no á conociiuienlo& prohiiidos; no á carrera parlamentaria, Ci^- ; ia cual no es mas que un alumno aprovechado; ¿á qué se debe pues? á osadía e intrigas dirán algunos; pero es bien estra&o que en. ^ tiempos tan ricos en osados é intrigantesi -' uno prevalezca y descuelle de una manera tan singular. La causa es otra: el general. ^ Aarvaezsc d;>i¡:i^.je por la energía de ca¿' i nicter, y la celeridad y acierto de acciun eir J los ummeulos críticos; de aqui su importancia. Este mlstoo hombre escasea de pensf- ' Digltized by Google míenlo polUico; de aqui su \ h üacio'i en ¡'I ' grandi»!— Poro, ¿quién, se nos dirá, quién mando. V ■ de íii fuego sus caldas.

Ve una Hsprifi 1; puede hacer nada con cirt unslancias lau saioues y cuarteles: micutras csui cu i aagusliüsas como las que vamos atravesondo" , triunfa y domina; mas para el f^obcr*;} de algunos llanto hay una Kspafia fuí'ia de los cu ii U les y de los salones: en ella Narvaez ym >; y por este error, cuando llega el caso, vencido en los sftloiie» y no le salvan los coárteles.

Se ha dicho que Narvaez es hombre de meses ¿ esta parte? — Ouien?. precisaiiK'nlc I.isrircunslaiicias, por lo misma (pie apremian. ÍMindan; si la situación fuese holgada, no dehiora luiher prisa para salir de ella; si fuera facit no habría méríte ev deseulazarla. Se ha dicho, cou fuadameato ósiivel, que grande ambición; mas no luircce qne sea de i| Xarvaex cafaba fottmamenle ligado con hi ambición grande. La ambición, cuaudo es ' política de las Tuilerias; nadie isinoracjue un granilc, *e enoainina a cnsns ^-Tandes. So-; perii')dico inglés al saber la entrada de Narberbios palacios, esplendidos Irenes, pom- i| vae¿ en el ministerio, deoiu «jue Luis Felipe posos tftnios, altas condoeoraciones, todo n no habia jugado sin grave motivo 8(>mcjnntfr esto ftncdr^ hallarse junta a una aud)i('¡ n» carta; como quiera, si estofu^se verdad, pregraude, mas no esci objeto dr- cMa: sosten -r el orden y conservaren cquiiihiio las f»e.[U"-flM fracciones de un partido peqoeño. tampoco es el objeto digno de una;ii;ili¡ri<H> ¿rrande. La esjxM'icncia y las contrariedad 's, Í)aTccen haber quebrantado m tanto las v ioeneías de los Impetus antiguos; esto es bu >- ci.so seria convenir en que e^tt' g<nieral, despmís de haber errado su voiat hjq en lo interior, la ha errado no menos en lo esterior. Dije un día [página f'no' qiu' Xiu vii' Z debia haber sido ó progivsislao monárquico, y que al entrar cnel partido moderado senabíA pues* to en contradicción con lo que exigía stt< no; p('rn >íi «•! quebranto ha de producir j carácter personal; | ues birn, ahora s'* po llexibiiidad para plegarse á ciertas personas y á cosas diminutas, en vez de una m»-ioia es un deterioro. La verdadera flex'fttili.iii I. digna de un hombre de est ulo, 68 el MlMir plegarse a las grande» cosa'^. U El general Ñarvaex se eomiidcraFá noce- | .•^ni'io ¡»ara la situación arliiiil; (piizas <i:ros no lo crean asi; pi^ro >-t'<i nt'ics.irio on buen hora: la situación actual, ¿que cimientos l¡fiie? ¿se han curado los males en su ra ir.? Narvarjt sabe bien que no; y no lo sabe el solo.

Kn Espafia ha habido grandes hechos qoc ITodian ser un vivo incentivo para una am- )icion crandí". v los hav tui!a\ia: diie hace tiempo, que ei pais desua levantar una eslíitua, pero ño se presentan candidatos. Ahora mismo las circunstancias sofi tales, la sifii icion inferi'^r y f ^tiTÍor de Kspaua se b illa en una conqilic.uiun tan singular, v ai misdria añadir que ligado Isarvaeí con la política de las Tutlerfas ba completado sn des<- acierto. La rcsobiclon con la inccrtidumbre; la energía con la llojcdad; In rapidez con la lentitud; he aqui lii alian/.a: iatal estrctld par» un hombre de acción, la de estar sieni* pre ligado co& gentes Wmída5, que aoloestan á ver venir.

El general Narvacr. salió triunfante en* sus empresas contra KsjMirtero, ¡lorque tenia en SI! apoyo;'i l;i inmensa m lyoria d?. la nación; ha vencido las insurreccioues mililares, porque no contaban con este apoyo, como que representaban el principio caído en 1843; falla saber lo anc sn:¡a de esta lorttina, si un día los acontecimientos se com|)l!casen de tal modoqoe tuviese qne luchar pori:ua parte con la revolución, y por otra con el cond*» d<» Monipmnün, aquella y este lanzados en ab-erta lucha contra el gomo tiempo lan snseeptibte de ¡soluciones I bicmo, iun no suponiéndolof! eoligadais posibles al liiirnto y á In rui'f'tn, q;!r nf.T -, tr" fí.

enposibles ccrian á una ambición gran ie una lenlacnm seductora. Puede encender.se la guerra civil, puede sobrf' venir una re voluciott, puede e.-^t^ilbr ¡itr los asuntos ili^ M^jtaña una guerra curopeu, uui'de hat)cr de una ú. otra parte un triunm f^ue dejo en el ^ve~ Bir peligros para el vk torioso; ¿cual es el medio de prevenir f:in!n;Otié pensafloAaiito mas dit^ao de leular ^uoa ambicioa Kn los graves acontecimientos (ruc sin necesidad de mucha previsión, se divisan como harto posibles por' desgracia, llegdrAit qni/ñs momento? rrlticos en que «=f a preciso lomar resoluciones cstremas; pero estas no son mas «ftie «na nonva caínmidad, si lio son deíinitif as; los hombres, los sistemns, los intereses que se creen protegidos por IS'arvaez, ¿son lales^que sirvan para loestre- I W) iá micho menos para lo (lefiníUvo? | nes de h» dM A. dos puntos pnede dirigir su.vista el ge neral Narvaez: rl partido moderado y progresista: ^^obru cada udo de ellos hay mucho que decir: de este mucho, diré algo.

La oposición contra Narvaez en el seno del partido moderado, ^^i (>íp!\ no deja de existir, no podrá ser luu luerlc como en otras ocasiones. Desde luego faltará la opo» sicioQ puritana; puesá lo que partM e ya no es posible resuscitarla. No me entretendré en , la IMMMÍlftBioft imposiDie: se 'harán manifestaciones afectuosas. pero sin resultado; sp invitarán quizas á participar en común dei opíparo festín de la administración públicii; pero ha de hacerse de tal modo que la invilacioD se convierta en burla, teniendo cuidado unos y otros de que se repita ac|ueiio de los coavi-^ I tes entre la zorra y la cigttefia: el plato IfaK no y la holella de cuello aogosto. Los dos partidos liberales se han acogido atacar á los caldos; pero no puedo menos | al amparo de un militar, reconociendo qiM> de decir que si se quiere hacer la oposición |^ esta era una condición de unidad, y por otra vez, rs prrciso no a íojiiar la palabra; consiííuienle de fuerza. Después de tanto puritanismo: desjiues de lo que hemos prc- cluuiar contra la unidad, ahora se la exagesenciado, ya sena imposible que á quien la ra hasta el poiito de quererla, no;solo m.. ■ el poder supremo, «no hasta en los partidos: i<'< eí;to coiKPfueule? Pero lo mas esoyesc, no le sucediera lo míe a Saiiclio, cuando «tenia los carrillos hinchados y la boca llena de risa, cou evidentes señales de querer reventar con ella.* En cuanto á la mayoría, parece que adoctrinada cotí los peliíífos d(' los últimos tiem traño es que ei>a unidad haya de ser nn militar. Se concibe que un partido político se agrupe alrededor de un ¡ndiviouo de cualidades rminentes, como orador de opo- {»os, uü iiabriu de olvidarse tau pronto de quien ii sicion, y lionitire de gobierno; pero un mia ha libertado. Por lo menos, ea preciso I litar? por qué? Ah! la razón es clara; la ap!n7ar la lucha para dias menos críticos, I razón no es la ley de unidad, es la ley de conllevando las cosas, ya que no con í^usto, I la puerra que busca espadas, es la ley dtt al menos con resignación. Cuentan las era- u la Gaqueza que ha menester de tpoyo. nicas (}uc el general Narvaez, sí bien pare* I Guando un partido proclama que necesita i ce t:ín dulce, mi extra, á veces entre sus \ su cabeza un militar, no debe hablar de familiares políUcos, no deja de hacer sentir!| discusión. &»uU y Wellington no represenla soperiorídad algo mas de lo que se desearía; pero cómo ha de ser...no pueden todas las dichas en este valle de rcMnirsp rcMnirsp tan en su pais á los partidoa ebiuervadores; en política, ¿qué significa Soult al lado de Guizot, ni Wellioírton al lado de lágrimas; y es harto mas soportable el su- ij Peel? Enhorabuena que Wellington y Soult frir algunas vivezas, que el estar pendiente | sean considerados en su partido y asociados de los caprichos de a(juel, que por algún á los ministerios como una r'-pi rn de tapilicuipo ha tenido al |)artido moderado en la j tele-í d»^ adorno; pero nadie dirá que aqueaoguslia de un hombre á quien se hiciese j¡ lios miiitares sean condiciones necesarias columpiar sobre un cordón de seda, en lo I para la unidad y fueru de los partidos á mas alio de la torre de Santa ("nr/ Entre las terribles cargas que lia recibido de ios progresistas el general i\ar\ aez, no le han faltado algunos, bien que pocos, halagos. En una sesión célebre, se llegó á temer un abrazo, que el Sr. Arrazola procuró que jiertenccen.

Si Espartero se pusiera al frente dd par-i lido progresista o de una de sus fraociouM,^ ¡ veríamos una singular campaña, sobre cuyos resultado^ conviene reflevionar. Para conjeturar coa acierto lijemonos en los caimpedir, no sin duda por falta de amor del | raotéres de los dos personages. Bsparter» prójimo, sino por recordar las escenas de 39 I se distingue por su lentitud, Narvaez por V setiembre de 1840, en las cuales no «alió ' su celeridad; de suerte qnc el lento acautien parado S. E. Si sobrcvicuen rupturas | dillaria á los rápidos, y el veloz u los larentre Narvaez y la mayoría, se repetirán I dos. Esto es una anomalía muy favorable al quizas los hal iiros % los deseos de concilia- \ partido moderado: la lentitud del un gefe cion por parte de algunos progresistas; sera templaría la viveza de sus subordinados; la difícil que Narvaei caiga en la red; pero sí | celeridad del otro estimularía la lentitud da los suyos; y como imcisamente hasta abiH it la vietoni d« b» progíMistas hñésgm^ cat, bien pranlu sabrá lo que le espera. Seamos francos: cot Im actaalea coMUfliodido üQ poco de sa energía, y la derrota de los moderados ha dimanado de su languidez * trocándose los papeles serian opuestos los resallados.

El partido progresista desde que se someta á las condiciones legales y soto trate de consolidar la obra de la revolución por medios pacíficos, deja de ser lo que;ha sido hasta ahora, y por de pronto se confunde con, el moderado, ea cu^o caso no necesita tener i su beale vm siBiUr; por el conlralio, si Iratase de acalMr laobnde It ntrolucion por los medios que ocurran, sin reparar en obstáculos, en tal caso ha menester de y la energía roToIneionaria. y por tanto no le bastaría un ge fe militar que le comunicaría ^cisamonte su habitual lentitud.

¿1l en qué fundáis, se nos dirá quizás, la diferencia de los dos caractéresT ¿Creéis que Narvaez sea mas valiente que Espartero? No: aquí no se trata de valor personal; este ea Espafla es común; se trata de la actividad, de la energía, de un hombre en alta Cosicion, sea para hacer la guerra á un goierno, sea para sostenerle. ¿Se quieren hechos? recuérdense y compárense las sii« bidas y caldas de Narvaez y de Espartero.

Pero dejemos á los partidos sus pretensiones y sus planes; ¿^ sto qué importa para el bien del país? Encerrados en tan peqaeOai órbitas, ¿qué podrán hacer? Nada mas qoc lo que hacen asora: malgastar el tiempo en recrimínsdones, en las que trecuenlenwnl» tienen rasen todos, porque todos, tienen culpa.»

INDICE.

CoDsiHenicioiu's iKiíílicas sobre la siluacion de España. Prólogo...Capitulo I..

III IV. V. VI. VII 'í.t.

XIV 31 XV . XIV XVII fo Rápida ojeada sobre los priiicipab-.s acoiite- , ciniícntos |)olilk().s di- Kiiropa, desde I.» de ajjosto de 1 8 i 1 liasla fin del iiiismoaño. 47 La religiosidad de la.síx-iiMlad «'spafiola. 03 La esterilidad de la revolución esj)añola.. 72 Situación de Kspaña., - Mas sobre la situación dr Kspaña...!,. o, I^ fuerza del poder y la nionarquia,...! 89 Alianzas d.« Españi.— Artículo I. Alian» con la Inglaterra.'

Articulo II. Alianza ron la Francia, '. i [ Consideraciones filosófieo-politicas...íj: Todavía haj tieniiios peores que los de re- Tolucion..., Estudios políticos.— Articulo I. El alto cuerpo colepislador...l*rosp<.cto del IVu.s;iniieulo de la Nación. '.

í^quivocacioní's que.sobre la s¡tuac¡«»n de ppaña iKid<v<Mi nacionales y eslningeros.

1 olitiea eslrangem J^,^f^ ^ Errado sistema que se ba s<^n"do para rc^ mediar nuestros males.— Indicación de los principios que no conviene olvi<lar, si se desea encontrar el verdadero i.^Jf Las pre«M upaciones políticas y el espíritu dé partido j fj^j Contraste entre el ministerio de Gracia v Justicia y el de Hacienda *. JOl Política estrangeni ] j(j3 La monarquía y la unidad gubeniativa en la «J gobicnio y la situación m Ia Religión ni Espaiui 17^ La disciLsíon y el gobicruo Regreso á Esjwña de S. M. la Heina 3Ia.ire, Doña.María Cristina Política estraugera...La aristocracia y la demoiTaria eu Esi^iña. Sobre la pretendida alian/a entre los exaltados y los absolutistas rtrigon, canu ter y Tuer/a de los narlidus )olíticos en Esfiaña.— Articulo IV..., Examen de la mA víma d rnf rrina y tío gf>-' ' ¿»»>r«rt.=.\rtí( tjio I...210 El viaje de la Reina.. 21 i Ex.'imen de la máxiiua el rey reina y no gi>- Sobre!a adnjinistni< ion del Sr. Cami.Sí O.. 21 ü La ínsl.dMlidad ministerial y la inoertidumbre de la situación.. " 221 Las instituciones iKiliticas en sus relaciones con « I estado social. 22.'i El nuevo ministerio •...229 Reforma de la Constitui;¡ou.— Articulo 1.

lA hs|Kiña y la Fnncia Reforma de la Constitución.— Artículo 111 IV VI ÍHl m mi m 2ii 2CU Sobre la última crisis 275 ¿Cónx» estauios?;,Qnéco!>ducta deben s«;guir los bombres amantes de su patria?...•Nuestros principios. el gobierno v el Clubo. La siluacion y las mresidades ilei país...Alianza de los partidos..Si bay alguna posible y pn)vecliosa '.

Algunas reflexiones sobre el manilleslo de la comisión central del partido monárquico-i oustilucional á los electores 50á Lo que ii<i se quiere, y lu que se quiere, y d«»s plabras al Globo y al Ticvipo.. '. .S<d»reel decreto <le la suspensión de la venla de los bienes <Iel clero secular y de las monjas Ojí'aila sobre la situación, sus causas y porvenir l na nueva fase do la revolución. Intolerancia de ciertos bombres. Quiénes son los u«níaderos amigos del trono 324 la Rosa en el Entrada del ministerio.

del Sr. Marliiicz de CMlt'slni ' II iil articulo «kl (keúur lioii Aui\rvA~ Bonrugu »..

RoOexÚMws subre el iiial«stiir de EspaAa, ■ siiN taiisiis V rrMii -ilií>s €«msiiluc¡i>itul St)l>riM-! (ii^uMii-No pronunciado por clsüíior Marlii)!'/. (!>' la Ilns;i fu l.i s^^sion del Stuado di-:2 1 (le ot lunri' tío IHii,..,. Sobre d dís< m-sn del Sr. Ega&i * en el coojjrc n ih- dipiiladi's Solir»' L tlis» iisioii del párnifo ivlalivo ü la rerurina d<> ia (ionstiUlciOit 8obi-(>« l 'i.:m MI do la cuuibion del coagrcsitf El dtocurso del Sr. Tejadi y d dd Sr. Marti!i<>/, d(! la Uosa admisión di: lus cclesiásUoos en el coagrcio lio diputadoB Las Lenlalivas rovolucinnarias y la viildlcacinn do los aionárquicos Discii^^inn dol articulo relativo al matrinionio d.'l Hoy La sitiiacioD. sos anlccodeolcs y su porvenir. Sesión del 21 de diciembre de IB44 y reniini-ia de varios diputados Mas sobre b rcauociadealguiios diputados.

Los pmf^rpststaít y los inodcndos Exáineo de la cueüüuu del malrimonio de la Jleina Doña Isabel U.-'Articiiln I...II III IV VI VM VIH y úllinio Dis4>usioii del Congrio sobre la devuluciun de los Uenes del dero Soitro lo ini.snio Negocios de Koiua...A.suntos rclesiásticos \1 i ¡amor Público.

1.11 polttíca de la sitoaeion la prensa Dos escollos DtH-uinentos de BoQfges..

Sobre lo nnsnio.

Sobre lo mismo Sobre lo mismo Conducta ríe! gobierno Sobre H comunicado del Sr. marqués de Miraflores 534 ReOexioBMaobra la Sitaiaddn. -..^...Candidatura ild iitfíml»' Ü. Eitfiqoe...• 339 I La jiueva reslrü cioo de la impreula...El convenio eon Kona 3-41 La ntrevn nposifioi» El goitiorno V la nueva opysiciou ÍAü La nnulueiOD y el gabÍeiIM>...^ •.. » Sistema Iriliiil.iiíii El viaje dü la Heina...Ojeada sobre los |i.irliilos ThiCt El matriniouio de la Heina y la d¡{doina«:ia.

El ^ibinete Ihuioés y «1 conde de Hoote- 3. *í9 niolln la política ingles.-» y la euesliop del matri- 365 nionio de la Heina Carta al E\rmo. Sr. I). Pedro José Pidal, 570 ministro de la (lobcruaciondelaPeninsuIft.

I>a o|)Osicion 577;,l)e arriba abajo, ó de abajo arriba?...Peligros de un conflicto El manifiesto del infante D. Eurique...3R5 j Resultado de las discasioacspnrbnentariat.

la manifestación eootta «1 conde dftTrá- Resultado deb inanffestaelon eonimel con- 580 de de Trápaui ^iiii Sobre la denuncia dd Índice Íllas sobre la última crisis Nombr.imiento de en gefe...• La preponderancia militar La sltnacion 40Í) El nucw) iiiiiiislcrio Contcstaciou á uua epístola del Utíraldo..

413 El g<*oei«l Narvaex 417 El uiii'\-u ministerio;,..

421 la insurrección de Galicia 424 I Ideas j situación del partido noaftKfiiteo..

443 I dades la revolución de i^ortugal 4. 'i4 I La memoria del individao InHojenta de la 4<»i oposición conservadora 407 El comuuicado del Sr. Rubio y la carta de 471 la Reina Madre 479 Sobre el articulo del Cfín-tifurionaldePirís. 4nO El matrimonio de la lU ina cuu el conde de 48fi I Monlcmolin 48íí Sobre el matriiuonio ib" la Reina 495 Al Etpawd, al Heraldo y al Tiemjxj...499 Eximen de los ar^Mimentos contra el matri» f>()5 mouio de la Heina con el conde de Mou- .198 temolin 515 Las Corte.s, b prensa y el ruido público esa* 518 minados como criterio para conocer la (fuerza del partido monájrqnico...Al Español Vindicacioa personal Íi43 tai m rm 6tt 65il fi4<k ÓC3 m Los tres criterio» y el partido moD4rquteo.

El partido carlista...732 La lii^l;itcrra y la Francia en la cuestión espalióla 758 Portugal) la intervención española 76i La Inglatem; laa potoocia» dei Nort« en la cnestioii espaftob 767 El matrimonio Montpeasier j la diplomacia europea 769 Reflexiones sueltas 77.1 El prtido progresista 777 ¿Por dónde se sale? 783 Apéndice. — Política eslrangen 795 Politica Interior 802 d by Google k.