do con no mcnor evidencia el mismo fenómeno; y dejando aparte lo ucoulccidu en 1 823 y en los dies afios de gobierno abaolfllo <|w si^niicron á la restauración, creemos que hasta en medio de los Irastonios, en el seno mismo de la re\uluciun, se bu bccbu evidente que la unidad monárquiea, la obediencia al gobierno supremo. esta en las costumbres y en el corazón de los españoles. De los mismos pronunciamientos repetidos con tanta frecuencia; de las mismas juntas creadas con tanta facilidad; de cmi misma ti'ndencia de las nroviucias a ( onslituirsu iodepcndicDles de la capital, se puede saear un firmísimo argumento en corroboración de ló Jfue acabamos de establecer.
No puede negarse que pocos paises bao oTrecido el espectáculo que está presentando la Es{>nña desde 4834. Se da un grito en un punto cualipiiera, se coiisliíuve una junta, se formula un programa, se declara independiente la población pronunciada, y se exhorlii á la nación á que imite el ejemplo. La noticia circula, los unimos se agitati, se pronuncia otra ciudiul, y luego otra, y dc8> pues otra, y al cabo. de" pocos. días se baila el gobierno supremo circunscrito al breve espacio donde puede alcanzar su vista. Obligado á capitular, á alMindoBar. el puesln^ suben al ]>oder otros hombres, sajc á luz U0 inanilieslo, l;is ¡untas felicitan. el nuevo gobierno les uiauda que se di-suulvau. v ellas obedecen, y la (nftcuMi se bs dpncinido.
Si mucho no nos engañamos. el fenómeno descrito indica dos cosas: 1.* deliiliilad del gobierno; i." apego de la naci(jji a la unidad gubernativa. Indica la debilidad del gobierno, porfpie á no existir esta, no fuera Kosible que tan iucilmente se quebrantasen )S lazos que le unen con los pueblos, v cuanto mas se pondere el qae semejante roin|)¡miento dimana de unos pocos díscolos que traían de medrar a la^ombra de los trastornos, tanto mas evidente resultará que el poder se halla en una situación falsa, que no se apoyo en los elementos verdaderamente sociales, que esta falto de la debida trabason con lo.qite podía oomvnicarle robus- Dlgitized by Google Dlgitized by Google leí y estabilidad. Indica a|)cgo de la nación b unidad giiljernativa, [M>r(]UP de otra le no seria dable esplicar como tan facilite se suelda io roto, como lan pronto [•» anudan los lazos (jiie con violencia s(> había quebrantado. Si el espíritu de provin-I eiaiisnio tu\ iese alguna tuerza; si hubiese en ^Esnña tendencias federales; si en las ideas, «Dios sentimientos, en las costumbi^'s de la no se hallase profundamente la molía, ¿como seria posible que se viera «ejante fenómeno?
Teniendo presentes los dos estrcmos inüaáM, la debilidad del ^'obierno y Ins tendeioias monárquicas, todo se esplica, no by anomalía; tos acontecimientos si^en ordinario, el curso que no pueden le se^'uir. lié aquí en ¡Miras palabras • vcritican esas sorprendentes meta -is. Kl fíobierno, apoyado en un parliiio iiuiy pequeño, es decir, una fracción 'i ' ülifral. tiene contra si las demás fraclie este, v es mirado con aversión o coo mdifereneia por el inmenso numero (pie no pertenece ni a unos ni á otros. Se decla-BM, se conspira, se afeita. y al tin la insurrección estalla. ¿Quien ataca al f!:obierno? TtdM las fracciones militantes (|ue no tienen pirte en él, ó al menos no toda la que quisimn. ¿Quién lo deliende? Los suyos, y Mdiemas; y aun algunos de estos, separados de sus enemigos por sola la diferencia dea ligero matiz, se trasforman con harta teiliéad; y siendo |M»ca la distancia, con uo BioTimiénto de conversión se hallan de rcpí'nte in< orporados en las (¡las de los que pro|>onen derribar al gobierno. ¿Y <pié baee entretanto la nación entera? Sufrir y caUar; el gobierno la invoca de palabra, [Hí- 19 ella no responde al llamamiento, por<{ue sostenerlo siquiera por algunos meses, y ademas sus hábitos la conducen á simpnti^ zar con los que jiroclaman de nuevo lo necesario de la unidad gubernativa; resultando de estoque las situaciones al parecer mas complicadas, se desenlazan con una facilidad sorprendente.
Preguntaremos ahora; si existiese ese provincialismo de que tanto se habla, si ef(!ctivamenle hubiese esas fuerzas centrifugas que se nos ponderan, si no fueran todos esos movimientos farsas miserables «jue se representan en la superlicie de la sociedad sin (pie afecten el Iniulo de ella, ¿como seria posible que Mendizabal, Calatiava y Espartero hubiesen hecho desaparecer como por encanto la escisión, solo publicando un maniliesto? Las fuerzas reales v efectivas ¿se (piebrantan con tamaña facilidad? Las necesidades no facticias ¿ se satisfacen tan presto? Las exigencias verdaderamente populares, ¿se acallan con un pa|H»l? ¿Y esto no una vez sino muchas, tanto si el hombre (pie hablaba era el general de los ejércitos' reunidos, como si era un abogado de mediana nombradla, 6 una persona recien llegada del eslrangero sin mas títulos qne la fama de aventuras linancieras?
Es falso pues que en España haya fuerzas escéntricas; lo «pie hay es lo (pie no puede menos de haber en todos los paises ügita(Jo8' por la guerra civil y las revliellas políticas: unos ( uantos hombres (pie toman en diferentes sentidos el nombre del pueblo, y que se mancomunan para derribar á los gober** nantes, siempre (pie estos nose acomodan á lodos sus intereses o caprichos. Es falso que haya verdadero provincialismo. pues que ni los aragoneses, ni los valencianos, ni los catalanes recuerdan sus antiguos fueros, ni abe que s« ía quiere para el momento de j el pueblo salie de qué se le habla cuando Peligro, pero que pasado este se la tratará (le Doevo con injusticia y desden. El gohieiM muere pues de mano airada, los vencedires se arrojan sobn' el caini)o abando-Mdo, recogen pingtle botin, y (leseosos de negurárselo tratan de reyitlarizar y leyaliitr la situación, erigiéndose ellos en go-Ikicno. ¿Quien se o[H)ne al restablecimiento de la unidad de mando? Nadie. Los vencidos aadiji dispersos, han menester algún tiempo para ndiacerso, v por lo mismo no pue-<lpB ser ol)stáculo; fa nación no se resiste tMipeco, porque ansiosa de órden desea que il Henos naya alguien (|ne se encargue d^ estos se mencionan, si los mencionan alguna vez l(»s eruditos alicionados á antiguallas. Hasta en las provincias del norte no es cierto (pie el temor de perder los fueros cansara el levanUimiento y sostuviese la guerra; los que vieron las cosas de cerca saben muy bien (pie el grito dominante en Navarra y las provincias Vascongadas era el mismo (|iie resonaba en el Maestrazgo y en las montañas de ('ataluña. Si alguien nos objetase el convenio de Vergara, el mágico efecto de la garantía de los fueros para terminar la guerra civil y otras cosas por este tenor. nada le replicaremos: porque crecriamos inAtil entrar en discusiones para convencerle, supuesto (|ue lieue la hienavenlurada caudide/. de formar su o|)ini()n s(»bre los documentos oficiales de una solaparte, v las articidos de los [KTiodii'os (|ue la der«'n<liaii.
Las rcdexioiies <|ue preceden uianiliotan también (]ue est<i destituido de fundamento lo (|ue alfíunos sostienen, de que las frecuentes-escisiones que ba sufrido la Kspaña resultasen de que las fuerzas locales eran mayores que la centnd, á causa de las atribuciones (|uc desde antiguo disfrutaran las municipalidades. ¿Qué eran en España los ayuntamientos? Lo (|ue ei rey <|iiena y nada mas; es falso (|ue conservaran algo de aquella altivez que los distinguiera en otros tiempos: cuando el monarca bablaba, ya fuera mr si mismo, ya por Ihhh de su consejo, la municipalidad mas respetable no s(; bubicra atrevido á replicar. Que hubiese mas ó menos centrali/.acion y regularidad administrativas, esto nada tiene que ver con la verdadera fuerza: una real orden bacia de los ayuntamientos todo lo (|ue quería, asi en cuanto al personal como a las atribuciones: y semejante onmiitotencia monárquica es incompatible con la verdadera fuerza local. La causa de que en Francia la revolución tendiese á centralizarlo todo, y que en Kspaña no haya sucedido asi, no se encuentra en que hubiese aqui fuerzíis locales que en el vecino reino no existiesen; la diferencia está en que alli la revolución encontró el terreno |>re[)arado; se apoderó de la esfera política después de haberse apoderado de la social, cuando aijui sucedió ca-Uilmeutc lo contrario. Kntre nosotros la revolución no mido penetrar en la sociedad sino descendicnuo del |)oder político; y debilitado este por habérsele inoculado principios disolventes, se halló la nación sin gobierno, entregada á merced del prímer venido, con un caudal de fuerzas sin acción poniue no habia punto donde ^iudiescn converger, y estaban faltas de guia que les diese la dirección conveniente. Asi no SQ desarrollaron verdaderas fuerzas locales, sino (|ue anduvieron agitándose en todas |>artes las banderías y los individuos, aprovechándose aíjiiellas y estos de la inacción en que se ballalwin las fuerzas verdaderaiueulé nacionales. En prueba de ia verdad y exactitud de estas aserciones, repetiremos lo ([ue ya observa))amos en uno de los artículos anteriprc^:,CMa»|lo b^y tiípyinMentos» cua^J** fhay ofíosícion al gobierrto Ids liombrps qae liguran a la cid>e/;i no son los amigos üe la> ^ tradiciones Imiilo. In;. Iiomlires de arraigo j en el pais, las cabezas de las lainilius inaft señaladas por su ri(|ueza y alcurnia, sino aventureros que, o no tienen lórliina. <» que acaban de improvisarla. Este iu\i:iiiiit'nlo no tiene réplica; y si a él se agrega la obser-|i vacion lie ijue precisamente en los puntos , donde mas arraigada dehiera suponerle la I alicion a lo antiguo, alli es donde menos ba I prendido la revolución, alli es donde menos se han hecho stmlir esas fuerzas escénCri-( as, allí es donde se han proclamado con iiias energía y defendido con mas tesón los priiu-ipi<»s l'avurables a la unidad monan|UÍca. (|uedara fuera de toda duda la verdad que , estamos defendiendo.
¿Se quiere otra razón decisiva en contra I de lo (jue «melé decirse de las fuerzas loca-; les? Hela aquí. Los que afirman 4]uo cjítao I existen, y que tienen hondas raices en la sociedad española, se apoyan principalmente en la conducta de los ayuntamientos, (|ue |)ronunciandose C4)n tanta facilidad contra el gobierno existente, parecen haber manifestado algo de aquel carácter turbulento que ofrecieran los concejos de los tiein|)os antiguos. Este argumento que es el A(|uiles de los adversarios, claudica ]wr su base, pues sujione que los ayunUimienlos han sido los I principales motores de las ason.idas, cuando ■ las diputadoues provinciales, los geíes )>ohlicos, los militares se han pronunciado igualmente (|ue los ayuntamientos, ora adhiriéndose a la suble\ ación, ora poniéndose á su cabe/a? ¿Que indica esto? Indica que es una ei|uivocacion lo (jue se dice de las fuerzas b)cales, pues nada tienen de local j los gefes políticos, los militares de todos j grados, los empleados de todas clases que han figurado en las juntas en varías épocas, acaudillando las insuri'ecciones contra el gobierno. Se ha clamado |)or la necesidad de una reforma municipal; |)ero esta reforma I no era menos ingenie en los demás ramos I de adiiiiüislracion, por(|iie eu lodos se babiu inoculado esc elemento disolvente, que \os hacia a pro|K)silo para di:>lurlMOS, que siendo obra de un núiiRro muy reducido parodiaban las sublevaciones p(»pulares.
Creemos haber demo^lrudo que eji las I ideas y eu los senliniieiitos de la ^oct^ dad I española esta hondameute arraiginla la tuo~ 1 lüürquía; que no c;>,veixl«Kl qui; iiupo^H I ble entre nosotros el cslablerimienln do un iiÉirmii 11 lili il robusto, fuerte, en trnla ■ eslension de la nalahra; y con estt; traiwjo hemos llenado una parle de la tarea que nos pro|)iisinu>s. de e\an)iniir ouaics fnin los elenjenlns que tenian en la sociedad ('S|)anola un poder etVclivo. Y nótese [lien que no liemos eonsiderado la nionarhn hecbo hasta abora, pues que de la gravedad y trascendencia de las providencias que ha tomado, p<Mlrá inferir la trascendencia y gravedad de las otras (jue se halla pret isado á límiar. No dudamos que el gobierno coin-()reude en toda su estension el cambio radical <|ue ha ejecutado, no creemos que se li-^ sonjee de ((ue le sea fácil volver al estado' quia como un ser abstracto, ó como la es- normal por un sinq)le decreto <|uc asi lo de» pffsion de una teoria. ni siquiera como un poder político; sino como una ¡dea y un senlaÑeRto sociales, romo la satisfacción de ininecesidcidnTlamada por las costumbres, COMO emblema de la unidad ^gubernativa que ilgnoe suponen imposible para K5|)arin. i'oámnos no balRT acertado en el examen de hv iMcbos, (>ero al menos no se nos tachará deque los hayamos olvi<lado, de (pie hayasustituido nuestropensamientoá la réa-' de las cosas.
Las med¡dai> tomadas |>orerg(d)ierno desde la suspensión de las. ctu tes, y muy parlifularnH'nle desde Ut insurrección de Alicante, han creado <ina situación enteramente miéva, que j>or necesidad debe ser transilorie. y euyo dei^enlace ofrecerá {íravisimas dificultades. En este desenlace es dmide se han de ver la habilidad y el tino de los ministros: bien asi como en los dramas mani-Inla el pocMa su talento, no precisamente en este o aquel incidente, sino en conducir pleta libertad, clare; estamos persuadidos (jue no se pior-» den de vista los malos resultados que consiiio pudiera traer una medida tiuiida y libera, fin efecto; IwsUi comparar el estado en qu(& DOS hallábamos poco tiem|)o atrás, con el presente, para conocer la Irascendencia del cambio (]ue se ha verilicado. Los caudillos del partido progresista hablaban en las cortes c(m imponente osadía, v sus palabras ainena7.adoras eran escuchadas con sobre-Sídlo; de esos caudillos, los unos se hallan prófugos, otros ocultos, otros en la cánxd. Los avuntamienlos eran unpftder que se levantaba al nivel del trono, y sus representaciones equivalinn á mandatos; ahora están sometidos á la organización aue el trono les ha prescrito, y la miinicipaliaad mas autorizada se guardaría muy bien de desmandarse entrometiéndose eii negocios políticos. La Milicia nacional era otro poder a cuyas exigencias tenia que ceder el gobierno supremo; ahora esta desarmada casi en su totalidad, y este desarme se ha verificado de real orden. Antes los sublevados en cualquier |)unto estaban seguros de una capitulación honrosa, en caso que no alean/aran el triunfo; se negociaba con ellos como de potencia á potencia; los calK'zas de motin recibían sal\()-<'on(lu( to, los demás (pjedaban en coní-V se tendía un velo sobre tofl nrvjáo de tal manera «pie sorprenda agradiUeniente á los especlatlores con lo sume. MlQral y oportuno de la salida.
Y e« preciso que el gobiern»» medite seriMKole sobre el particular, por(pie la simcion es muy critica y continuara siéndolo, auQ después líe halM>r siicundiído los reln; dos los actos «onsumados durante la insur-^ reccion: ahora no se escuchan sus proposi> ciones, se los ataca vivamente, y los gcics que caen en poder de las tropas de la Reina son pasados por las armas. Antes las diputaciones pntvinciales hacían frente á las autoridades del gobierno como v cuando les padtsde Alicante y Cartagena. Según el giro recia; ahora el gefe {>olitico las suspende ai RK dé á los negocios pueden acarrearse se propasan; y para (lue sea pronta y euérnevo gravísimos males á la nací(m; asi gica la acción del poner, todas las provincaiK» si se aprovechase la o|M>rlunidad, seria I cias están sometidas al estado escepcional.
ftnlluicer cosas para las cuales no se pre- Antes la prensa se desbordaba, asi en laca- Mlacá en mucho tiempo tan favorable co» i pital como en las provincias, de una maneywtnra. ' ra asombrosa; ahora las observaciones <|u« Si el gobierno ipiiere calcular lodo lo (pie dirige al gobierno, asi en las provincias coivratta que hacer, reflexione sobre lo (|ue * mo en la capital, son asaz comedidas; y la pigitized by Google oposición, iHHIIIlia se hace, es en un fono algo mas que decoroso. Antes el ciudadano í|ii(> trniii el;mtnto do piililicar una hoja volaule e iu>ultar a las auloñdades á^i modo que anas cniA^ia á sus hitenfos, bomorlHiaK prícho, lo realizaba sin |K>ligrvylriii*qQe na- ■ ■(• viniera ñ la mimo: lo-; pnriódiros que (IM haUiuii hecho su d('|K)silo y llrvahnn el cscu do del editor responsable*, tronaban ^oonlni el gobierno lodos los dins. sin nins riosjío qnc la remota |)rohal)ilidad de la denuncia, con nuiy próximas probabilidades de merecer la indul^nein del jurado; los mas elevados rnii( ioii;u ¡os \m i;ui profunda cortesia á ios ixidac lores de un periódico, y se veian precisados k entrar con ellos en minuciosas espltcacioni-s sobre los a( tos de autoridad; ahora el uohlcrno es liast;iiile fuerte para emplear un signiliialivo lacunisuio, que conti»stá notablemente con las ' oías de otros tiempos; el señor se dirige al editor respnnsahii' del Wtindf) v le dice: <■ Dejará V. de publicar desde este día el perimiico t Hulado JÍHfMfo. Dios iíuarde á V. imiclios ailos, etc.
Ed una palabra. el jL'obierno actual ha cankfaiado j^ñindaniente la situación de Ks- ÍtOfrV há sido bastante osado ¡y feliz para evará cabo medidas ipie fres mese^ h.i se hubieran tenido por sueños de un delirante: . UlBta era la dificultad <i|ne brrocian; tanta la 5?**^ 'i'"' iiii|M)sihle realizarlas. Kn esto el trono ha prnlwido lo que es en Ks-. p;iña; se ha hecho un ensayo de mucha gravedad s que do «i árroja saludables lecciones; es|)eramns no las perderán de vista los í:obernantes, y cuantos influ\an mas o meaos difectanientc en los ne,i;ocios públicos, ^ofietd posible que los hombres amantes de los sistetn.is á medias, los (pie confunden la debilidad cou la prudencí i y el tiunlo con la intertidumbre, aconsej en míe la '«itoaoíon jÉldésenlace con un simple oecreto;sín pre- Earar nada. sin Iiarer nada mas de lo que se a IiccIk)^ deiando en pie todas las cuestiones, sin1i«80lv«^liidorlQ8 |)iX>Ííllto)as, esperando (|ue nos venga el remedio de las panaceas bario conocid;i<: ah'ifeniéndonns de in-- dicar al gobierno la marcha (jue debe.sei^uir, nos contentaremos con reOordarle una ley del mondo fisico. la (pie no deja de tener suV aplicaciones eu el mundo social, (iuando se ha comprimido ftiertemente un resorte, si se se aleja i la debida distancia; perarsiii presión se disminuye par gramil es tácü#e jar el muelle en ef punto que coBvieoe, J 'fijarle en él sin ningún peligro.
En el número anterior examinamos cuáles eran las ideas, eentiuMentos y costuibws de los espat^oles con respecto' á la monar- Juía; en el presente vamos á tratar de la eligion connderadi bajo el mismo piuiloéi vista, es decir, en coantoes ra elemenl» que tiene en la sociedad una verdadera fuer7n £1 estado de la Religión en España no es ciertamente el de los tieaipos anteriofef á 1808: treinta aRos de guerras, disturbios, revobiciones y reacciones: treinta años de circuhuKui de libros y toda clase de escritos donde se cnsefla la inctednlidad, noiian podido menos de producir irrave daño. y de alterar las costumbres religiosas de un número considerable de españoles. Por- lo cual, en tratándose de negocios relativos á este punto es menester que no nos barramos Hiisiones, trasladándonos a tiempos ^ue pasaron y suponiendo cosas que no existen; as preciso ver los faectios- tales como son en si, por mas qne nn senn de nuestro agrado; y aumpie por malos no se aprueben^ no es prv^ dente despreciililos como mlds éilmigMil* cantes^ sí en rcisilidad son graves y pode**-rol'os.
En esta discusión tenemos un punto de partida muy seguro, en el cual habrán da convenir los hombres de trnlas las o^)ininnes sin que sea dable suscitar las dudas míe coa mas ó menos Amdamcnto podiaii'leviiHarse al tratar de la monarquía. Este panto es el j hecho cierto y evidente, de cpie antes de la guerra de la independencia, toda la nación española era' sfaceramente 'etidtict; fnea que no deben mentarse siquiera: H» lanB cscepciones que pudieran señalarse, y que ademas databan también de {echa muy re* cíente. Por manera, que al entablar la' discusión sobre el estado déla Religión en la sociedad española, nos hallamos en el caso del calculador que, habiendo de valuar ana can-Ic abandona di' repente al im|)ulso de suelas- tídad, conozca desde Inego la i|áe este "en iiffflid»<p<i>dBrdrtap ri'MtipnidpBtei I e^ui líenpo dada, y no^teaei' que ¡mobt Dl^itized by Google %\no apreciar lo qua de ella habrán disniniiido los causas á (|iic ha estado sujeta, iro es que en materias murales es senie-!:«álcalo bastante diñcil; pero no puede irse que es una pran ventaja el poseer Ito espresado. Asi |>«)r ejemplo, nuien se íese propuesto e\.iminar el estauo de la Beligion en Francia después de sus revolu- CHwes, hubiera andado mucho mas a lientas ■<jne quien emprenda el misnio trabajo con relación á España, ponpie en el reino vecino á caudiiar la faz de los negocios reslahleno no es dable partir de una época fija y cer- ' apostóles no produjeron todo el resull^ido en ({ue la Relipon Católica donnnani netusí va mente, á causa de que en el kc introdujo el nrolestantismo y echó bastantes raices; mcan^ |M)r mucho tiempo el jansenismo: la filosofia esce|)tica conlnba ya ascendientes tan antiguos como Moiitaifcne; y Voltaire habia ejercido una especie de dictadura literaria por espacio de medio sijilo.
¿Cuáles son pues las < ausas (|ue han dañado á las creencias reliííiosas de Ksp«ña?¿('iUál la esfera en (pie han podido obrar? ¿Cnanto el efecto que habrán podido produ< ir?
I.a dilatada p<'rm¡»nencia de los Tranceses, y la libertad de la prensa en la é|N)ca coosli'^ tucional de 4810 á IHI4, fueron las primeáis causas que ejercieron nctable ¡nlluencia Wlñtn el pueblo español en lo tm'ante a materias religiosas, pues (pie entonces se publicaron y circidarrm en abundancia lolletos, |)erií>dicos y libros, asi en len^íoa nacional como estran^era, donde se enseñaban abiertamente las dfKtrinas volterianas. Los aconciendo lu Constitución de < 81 2, se ofreció de bulto la verdad que acabamos de indicar, pues las doitrinas innovadoras se mostraron con mayor número de prosélitos qua en I8t4. A impulsos del ardor n'volucionario renació el csoirilu propa'^andisla de la escuela enciclo|KMlica, y las ideas contrarias á la Kelii;i(m de los españoles se es|)an'teron |K)r todos los puntos del reino. Ciertamente (pie las predicaciones de los falsos que ellos se pro|Minian; mas no puede negarse uue alteraron sobn*manera la sencillez de los tienqMs anteriores, (pie inocularon á no pocos la duda. precipitando á alj^unos en la mas completa incredulidad, y comunicándoles aversión a todo cuanto estaba revestido de un carácter religioso. A la s^^-7.on se hallaba la impiedad en España, bien (pie con mucha menor intensidad, en un |)e« riodo semejante al de los principios de la revolución francesa: llamar preoí'U|>acion á los dogmas mas augustos, superstición a las practicas mas venerandas. legados del fanatismo á las instituciones mas sabias y piadosas, romper con todas las tradiciones du los siglos, condenar lodo lo pasado, negar á Dios; hé aquí el mas alto punto a que se podia llegar |)ara ciioentar sol>re lirme base la reputación de ilustrado y du |)arlidario sincero de la n'volucion.
Tamaños desvanos acarrearon los resultados políticos que nadie ignora; {H*ro al lecimienlos de 1814 pusieron fin á dicha cir- propio tiempo dejaban su huella en ánimos colación en lo (pie tenia de ostensiWe, mas jóvenes que se habían entregado a lo colino la impidieron del todo; ponpie en el estado actual de las costumbres, v con los medios qne se conocen de impresión y espendicíon, es im|)osible cerrar hermí'ticamenle la pnerta á ideas que impregnan la atmosfera de los paises comarcanos. Y asi es. que si )»ien será digna de alabanza la conducta del gobieriMi que pro<ure evitar la introducción de bs escritos contrarios a la Religión y jwrjudiciales á la tnoral. conviene sin enilKirgo no coniiar demasiado en las medidas preventivas V represivas, y cuidar mucho de proiieiile de las nuevas ideas con la impetuosidad que distingue á la inesi)eriencia. La dé* cada de iX'i'A á I8:):{ fue una repetición de la de 1814 a 18*0; las mismas causas, los mismos efectos: el iur>o de los años habia introducido algunas nuMldicaciones, mas el fondo de las cosas pcrmanecia inalterable: Desde 18.'í:{ hasta el presente, merced á la guerra civil y ai predominio revolucionario, las ideas irreligiosas han campeado con la mas ilimitada libertad: si no han producido UmIo el mal (pie era de temer, no ha sido te^r y fomentar la estension, arraigo y es- |j por la vigilancia del gobierno, sino porque plendor de las d()ctrinas sanas, lo que cier- | nan tenido ipie luchar con una sociedad que lamente es el medio mas elica/ de que se i; las rechazaba, y ademas ¡lonpie se ha dejapuede echar mano cuando se trata de pre- j do sentir algún tanto entre nosotros el espiwrvar un país del contagio del error, y c(m- ¡i rilu dominante en Europa, qnc ya se aver»A ser\ar y asegurar el iniiwrio de la verdad, j- gOenra de pr()fesar las doctrinas de los lilé^ Cuando la insurrección militar de 1820 vi- ^ sofos del si^lo pasado. „ ' " Reflexionando sobre el daño que habrán ' dadc ra escocia; han andado dispersas acá acuita, siempre vcrf^on/.anles Rufrido las creencias, salla desdo luejío a los ojos (|ue los mayores eslra;j;us han debido de espennit^nlarios las ca|Mlales mas iiu|)ortantes, y los olnis puntos donde ha sido mas frecuente \ activa la comunicacioi), pu<rs (|ue asi en a({uelias como en estos, se lian reunido las circunstaiK'ias a propósito para que las inlluencias dañinas pudieran obrar con mas eficacia. Las ciudades de secundo urden, c<m esc4*pcioües muy raras, las \ illas, los pueblos i)e(|ueño8, ias áldens, han participado poco del coutn.:;io: la razón de esto q¡i muy sencilla; ul mal debía dimanar en ^raa parle de la lectura, y aili no so lee. Añadui «L lo dicho los muchos y poderosos inílujos i Y de mucho liumpo á estji iKirte ha mediado que se h;in opuesto á las ideas innovadora:*, n la favorable circutislancia de <{ue, pudiciulo neutralizando el efecto que podia |>roducir la conversación de las personas eslraviadas, y habremos de inferir (pie la inmensa mayoría de la nación se ha conservad(» lilxx' del daño.
Aun atendiendo á esas capitales que mas se han resentido de la inlluencia irreligiosa, es de notar (lue la incredulidad no ha disfrutado ios medios de acción tpic en otros paises. En estos l>rillaron escritores de un talento y saber indispul^ibles, que abusaron de tan preciosas dotes [Mira perderá sus S4'-mejantes. ¿(luál es en Kspaña la pitiiiia de aventajado temple que.se haya encariñado de la propafíanda impía? En dichos países estuvieron abiertas para el público cátedras ocupadas j>or profesores sobresalientes, (pie bajo distintas formas y en diferentes materias, en.señabaQ en sentido contrario a la Helí^ion. ¿Donde están entre nosotros ios jM*ofesores de est;i cla.se? ¿Cual es la cátedra donde se hayan vertido malas doctrinas, que ha llegado á llamar la atención del publico y reunir un auditorio numeroso y entusiasta? ¿Merecen ni siquiera recordarse algunos hombres oscuros, que en un pequeño recinlí), con escasísimos alumnos, hayan trabajado en la propagación de tales doctrinas, sin vigor en el pensamiento, sin fuego ni hermosura en el lenguaje, cayendo sw |)alabras en el ánimo de los oyentes sin pro^ ducir mas (pie el desprecio ó el can.sancio, pora pasar luego al olvido, como a(|uellas piedras <pic arroja el capricho de un vianno atrcviei dosc a mostrarse a los ojos del publico su viírdadero Iragtí, si esceptuamos algti momentos en (pie, abandonándose al mns asqueroso cinismo, han hecho gala de iosulr tar ia moralidad y el decoro. -'--S \ja prensa p<>rio<lica, ({ueesá nodudarin Ié que mas inlluencia habiia ptnlido ejeri er, ha estado \H)r lo común tan absorbida per las cuestiones políticas, que apenas ha tenido tiempo de ocuparso de las religiosas, sino eei nuy de paso, y mas bien como un ac<'esorto á la |Nilemica del momeutí», (|ue con ddatada esposicion y discusión de elevadas teorin«.
ia las ideas e intereses religiosos.servir de «s— oelente arma para coml>atir a los adversarios, lian visto aumentarse considerablemente eJ numero de sus defensores, aun entre a(|uellos que |M)r su profesión y otras circunstancias no parecía que debieran figurar como fervorosos apologistas. Por mas que en este punto se haya mezclado algunas veces el espíritu de {kirtido. y hayan dimiinado ins miras políticas, ha resultado de ello el gran bien de hallarse sostenida y defendida la causa de la Religión, de verse presentados de mal as|M;cto los (]ue la combatian. y de (pie por consiguiente estos mismos hayan tenido (pie aparentar hacia ella veneración y acatamiento, absteniéiido.^ic |>or intertís pro»- pio de enlabiar discusiones (pn» los desacreditaran, y que hubieran suministrado a sus adversarios {Kulerosos medios de alaqu»'-.
De este a)njunlo de circunstancias hn ksultado, que la incredulidad no tiene entre nosotros una existencia cíenidica, pudiendo dante en las aguas de una laguna solit;iria? • < Asi es, que las doctrinas cimtrarias a la Religión no han tenido en Esjiaria ningún brillo, nada que pudiera seducir v arrastrara decirse que los conlagiad<js de ella mas bien padeoea ét una es|>eeie de postración mor il, que no que alimenten verdaderas convicciones. l'iOnq)arando bajo este as|)ecto la Es})*iim con la Francia, se paljKi desde luego la diferencia. En el vecino reino abundan los periódicos y las Revi>tas donde scí ataca abiertamente a la Religión. donde se promueven discusiones sobre los puntos de mas alta iin|K»rtancia; las sectas disidentes enseñan abiertamente sus doctrinas opuestas á las del catolicismo, y la filosofía esceptica combate sin relK)zo á aquellas y á este. Se dirá <|ue si aqiii no se veritica lo mismo es |>orno herir la suceplibilídad publica; pero caltallos houbres de talento; do han formado ver- *' mente con esta repica se conürma inas y mas lo qtt eslimos Boitoaieiido, imes que si esas (kn-trínas no pueden preseDtan>e imi la arena, a {le^r de la liiuilada liberlad que han dism(>nsi mayoría de la nacioD una resistencia ilecuJida, que auo ea la osfiera de la inteliirt ocia entrañau pocas tmnm, y de que-Mia, partidaiios abrigan la oaav jooian'- de 4w Im teataUvasí para dominar los espíritus serían imiicieates, ^ 4e que no producirían á sus MHmM m glqn» m frovecbo.
Para comprender mas á fondo la diferencu (]ue en este [)uiUo media entre la Empalia > b Francia, iMtsla atender á un hecho suiüreiuanera í»igtillcalívO': la conducta de la prensa llamada conservadora. Esla entre QuüoUos apeuas se peruute una paiai>ra <|ue pueda heiif las creenoiai-eatúlícaa, y mu 4e uoi vez ha* immiln á au cargo la defensa de k)s díTecbüs y prerogativas de la Itrlcsin con lias mismas régiones donde atpaiwer d^HiS^ ran haber prevalecido tendenciaíí contrnriaií, son sumamente consoladoras, pur(|ue denmestran que la Rtiigion Cal<iltca' tieno en España una fuerza j)ro[»i a. intrínseca, independiente del apo¿'o del gobierno, y que por taato'seié battante á conservarse, seaneu»-Ibsfuemn las vicisitudes polUicas. Crcvéroft' la algunos inoperable de una forma ^e go-' biemo, y esta ÜMrma desapareció, y la han sttseMo otraa ^riaa, y ta ReUgimnae oan^ serva: opinaron algunos que la causa de ta* Rclijíion estaba irremisiblemente i)crdída'# no alcanzaba victoria el principio dinásticéf que por espaewde^nvnoe íMMtió en la» provincias Vascongadas, en Aragón. Valencia, Cataluña y en otros puntos del reino, J ese principió micumbió, y s«s in4(Mltf^dOtf reíMesenlantrs están endeffMMlOB en Bourges» V sin embarco la Reliííion se conserva uiicttlur tai, que.ecadijtcii distiiu^uirladeia ii Lace resonar su voz poderosa, y llama iá prensa panmenle religioaa. Leed • los feriédjius conser\ adores de Francia; ved si guardan tali's niirannentoi^; notad si uo sostienen cuBüliua )¡ iudiuule polcnncu cuu los or¿^anos méími i De dónde la diferenciat Del. «h lado lie la.si»í ir j nJ; de sus ideas y coslumhna:. porque los pacidos, en medio de sus ctfnvMMi y cct^ueca quQ por intervalos los ifwrwyyie á veceaioa iMsfdett, tienen sin eialiargo instintos muy felices, atinados, c«rterus; y.j^4Uüo urcunslauctas esi^ipfiii^ ■ales no kw taciE de quicio, suelen: iw^' ' (^rbácia(|||||4kbjilbloOBadaiirable liultilidad. . Ü^prialtMiamos decir con cstn <|ui' entre los fUflKadwes de Empuña mo Uuya verdade- Bsqeeaeiag y religioiidadiinoefa;- lajea de 1^ nosotros el aventurarnos a semejante supositm; anle> ({ueremos signilicar, que aun los ; que luu participado del oioviiuieuto relbrdel Ipebierao, y conquista parte del terreno perdido, y Kgura como ano de los