Hace ya muchos dias que el señor ministro de Gracia y Justicia se v¿ conquist«iuUo dipreeio y la gratitud de todos los buenos espadóles por sus reiteradas providencias dirigidas á remediar en cnanto cabe los males (m han faíli^ido y ailigcn todavía a la Iglesia. Las órdenes que salen de su secretaria están conceljidas vn un lenguaje tan blan-•In V consolador, tjue alivian y dilatan el corazúu del sacerdocio, q[uc por espacio de diez lios ipena» oyera ds boca del poder supremo mas que palabras de amena/a y descon-Üaoza. Nadie se ha olvidado todavía de los léfWQoa de la real óiden eoD que rueron restituidos á sus diócesis los M.KR. \r7.u]»i>p()s de Sevilla n S;Hítia;;o, ni los de la otra ( on que han sido relevados de sus conlinaniienloftel M. R. anobispo de Tarragona > ios RR. obispos de Canarias, Calahorra, Paleiiria y Pamplona; pero nos llama la ateocion de una manera particularísima la eireular ée 6 del corriente á los diocesanos. Alli no vemos una medida aislada, sino la rspresion de on sistema: dichoso el señor ministro, didwsa la nación, si^eslesiatema es Ifofado i cabo con lcaUa«l y pcrsc rcrancia. Alli ya no se recuerdan al cirro sus deberes con aquel tono altivo y exigeulc que en otros días de triste rccoroacícm; ya no se le incnka, cual a una <• (¡ti- estuviese siempre pronta á usurj)aciuue&, que es indispensable, so pena de rigurosos castigos, que respete las pre* rogativas de la corona; ya no se trata á k Religión con aauel desden en e! cual se níaniüeista que solo se la mira como un ramo de adoftiiHstracion; alli va no respira, ni In suspicacia dt> algunos liscales del antiguo consejo, ni i*! rencor de la escuela volteriana. El li'ouo se dirige al clero con amor, con ilimilada coniianza; y es bello, es tienio, en estremo agradable y consolador, el ver rpie la inocencia y la Magestad se colocan a la sombra de la Religión; el ver que la escclsa hija de cien Beyes, huérfana sobre el trono, sola y desamparíuln, teniendo sobre su cabeza una nueva tempestad, recomimia c<m nmd» akineo á los minislros del SeDor, fue implorm la misericordia del Altísimo para su (roño y ditia.'^lia, y para la magnánima nación que la ha eletado á él á precio de s» sangre.
Esta inspiración es digna del trono de San Fernando: palabras semejantes no pasan desapercibidas para el puciilo cspaiim; y si el' ministro se ha propvasto un objeto político, ha dado en el blanco ron ndniirahle precisión: porque es menester recordar que la situacioD de la aogoatalinérfina escita el mas vivo interés, basta de los mismos que pelearon en favor de sn lio: nadie ve en so' persona el emblema de los crímenes que se nan eomelido á la sombra de) trono; (odoe salH'íi (juc mienlras en su nombre se derribaban los templos. y apellidando heina tj ÍAberladsQ balpicabao de sangre los altares, ella dormia el sueño de la inoeeaeía bajo k custodia de un anseí.
üay en la circular que nos ocupa un pérrafo sumamente notable, que sise comprende cumo es debido, y de su significación se penetra bien el gobierno, contiene nada menM Jue el término de la revolución, el remedio e nnestios males, la inauguración de una nueva era. rira en halagUeñas esperanzas. Dice así: «Kn medio de esta crisisque el gobierno arrostra con serenidad penetrado de sus altos deberes, fiado en el apoyo de U nación, seguro de su juslicin y de so fner7a, kjos de ewcar mflias pastoues para ojumeríúiilMpiuiomíUromdelafáítion quek Digitized Digitized hn fn n)jihl(fif§im0iB;.i$ cmuidera mas ti- | malas 6 les abrieron índiscrcUimcntc 1n puorgurositmeiite úKfiffmln qttfminra á promonfr, i la; olios fueron victimas de su desacert||^ á escitar ^ á lúi'ijicar cu el snio de los pite-! proceder, y lo que es mas sensible, 'Mi^ 'éhs todos im Hentimieul()s soriñfmiM con ellos la nación enle ra m fié af|iií la indicación dfl camino qm^ de- '■ \ |km o tiempo d.' Iisíber dcsciicadc nado las hera sc^qiirs(MMi adelante; he a'jui al misino I temiicstades, relnicedicron de espanto tus lik'nijm señalado uno de tos vicios radicales j mismos (pie lo hicieran: |)onpie esperinié»-^ de quendotcoe el ííohierno eíjwftol de nui- i taron muy en breve qu& los flacos diques dios anos acá. Kn solircv inicmlo niia < risis. que les h ibian ojnicslo eran nada para c<>neo viüiidose amenazado el poder, no ha re-!, itínerlas y aojieiarlas pasar del limite prescripbmdo «o cellar miino-do «wttei^tiíera me- to; esyuifÉimilluuii, (pie ei <el>órdeii moral wm: evocando las malas pasiones para opo- como en-el'llsico h iy ricrias leyes que no es norias,i hs que le romhalian. lia dcMpiiciado! dado ni hombre ald r.ir. qno no es permitido horni)leiuentc la sociedad, y se ha creado á ij desentenderse de ellas sin suirir los lerrittH propio compromisos de que no ha^'^ide | bies rc8d(aéái>^<|iie son «1 condigM castifEB salir airoso aun des|iiiev (|(> la mas cumplida | de la malicia ó de la im|)rudencia.
victoria. Kl a|>oy(i (|ue dan a un gobierno las I Van ya mu dios años que los cscarmíeatos inalas pasiones, es por io común muy débil^- 1 producen descnirRftos; la opinión pública 9t jiempiie pasagero y siempre peHgi'oso. Raras I rec(iíi> a de um m inei a c4)nsoladora, y las sci-án las ocasiones en (pie no se pueda lo- j cosas li in licuado \a a tal punto, (pie el gograr mejor eíeclu por medio de los üonii- | hicruo uue se couYctiza de la verdadera stnieiMyittiÉládenimeiite sociale», lia^ftpiMi | toaeiM'Mpais, que se penetre del hanDiire paniendo^qtMi la complicación de lascircuns- | que hay de orden y estabilidad, podrá dar cima á la olna de reoríranizac ion que tanto iK>ceüitamos^jKMÍra plautcar uu sistema <^ue repare! iMMIÍIÍBltttrel, y bos garantice un porvenir de tranquilidad v ventura. Mas pura esto es necesaria la unidad de pensamiento fiiihernativo; es menester que no se destruva por una parte lo que se levanta por otra, hesuraciadaineiile esa miidnd la ecliamos menos en algunos actos del ministerio actu.il; pues (inc miéntras por la seofetarta de (Iracia y Justicia se espi<len órdenes y circulares en el sentido rpie acabamos de ver y aplaudir, la de Hacienda neiitruli/.a el pfiHio que aqueHas produjeran con lo Teal érden de 8 del corrienle, en la cual iw solóle pri'viene al pi-esídente de la Junta de bienes nacionales el (pie ¡tor cuantos medios estén á m alcaneé ikfWsi^^^enfá ée Ios'4ñénes na i'iiiiijciuiiU)^, (Jisf)ntiin}(tn mir los inirndrnies 1/ ' / 'v liincitmarios iiúblicos ^ en la ^aríe I < ^lectivamente ks toque, y f^MMlMiÜ cuantas difiailíades fe tes prrsciilcn, cooperni al hmm de rsir iinporfnnte ufiit-fn. que tanto deln' con tribuir á la prosperidad de la patria y á consolidar la i)oniHté§^del Es^ íado, sino tpie se acompana^f^ pilftiídeiÉ^' túü un preámbulo, al cual nada'tendViatOM^ aKadirel mismo.MiMidixabal. Y adviertaPel^ ñor ministro de Hacienda, que al ccnsurarfa indicada medida hacemos completa abstracción demiestras opiniones sobre pl particular, MMttMlMiab; prescindiáMa ab6(H lanciashajíainclinado buena [)arte de lo-; mismus u iacausa opuesta a la del gobierno. La fuerza de las malas paaiaBeai^^ m España ■soy escasa, si con la fuerza noconfundimos la gritería y las amenazas imponentes. Cuando U |wder invoque a la nación, a la verdadera ntetODi unicndoso intimamente con ella, 60||sultan(io lo> intereses qoi' mns de cerca ii^ctau, y ias doclriiius que pmtesar-y l»a:ÍPBtiiú«dtaÉ4(B ooe rebosa, el ji,iillwlíu «palvaié^ seirii duales -fueren los enemigos rpip le ata(iuon. sea cual fuere la gravedad ile la crisis que liu\a de atravesar. Ko{ÍÉ|<>(esleipi}Dto'de iirist*, y héciMiéa ahorroempleta abstracción de las cuestiones diplástica y poluicá, Cea Bermudez conipieii-4kkperfec(ame;nte la \crdad que acabamos de flSQPMra'&i; famoso üianifiesto, tan censurado y execrado, era la espresion de un ele\a<lo pcu^alnie^llo político;. uu golpe maestro |>ara 4esbafatac, ó cuflodo lrienos^ffiidir y enervar á sus adversarios; Qa actb^diftno de un honibre que se hacia cargo de toda la í-m nvedad'de la crisis, que veia el único medio de iCfli junarla v si: fuera posible; ó de hacerla menos jieliprosa; de un hombre (|ue no andaba,á lientas, sino que couocia muy bica <d tdrreno qu'í pisaba.: v t: Desgraciadamente no quisieron ó no pudieron comprenderlo asi iniicbos de los que auUu\icrou li|$urando en lo^ tíumpus suceai>* i Dlgitlzed by Google de lactttttíon Se justicia, como y Imbien di*- la de convenioncia económica, re- Iriéndootn» iiuicaiueute ui clioGaiile cunlriUile deáos teoretarías de Ertado, que á un mis- ■0 tieaipo hablan lenguaje tan (lilenMite y mueslran Icudeiicias tan opuestas. ^)uicii tenga alguna idea de lo <jue debe j^cr un gükiecno, dv lo unil'ornu' que ha de ser In marcha de los nunislros, (itii('iir> han de Torm cuerpo luoral tan coiupactu cumu po-U no podrá menos de estrañar, que mienlnis el Sr. minislrode Círacia y Justicia lamenta seiilidamcnle los males producidos por la revolución y procura caimar los anim»tim teoguaie suave y coM^Mor, s;d^a el Sr. ministro de Uacíeada con una calurosa apología de una de las principales medidas revolucionariab, enuireciendo el {K'u.sunuenvaya desenvolviéndose á medida qut sak orreaon las ocasiones de aplicarla..
mina £siamg£m.
Hablando el otro día de la buena uiicii^ gencia entre la Francia > la inglaterra coq re-pt'( |() á Ids ne^Dcios (íe F.s|)nria, manü'eslabauio:» ai^^uua:» üuduá Ue que íucsc lanía la cofdjalidad como queYia persuadimos M. Guízo.t, afiadiendo que no pÍMÜamos ooBr^ vencernos de que aquellas i'fs naciones luvierau en la reninsiula lüculidaddciulereses.
dslasCdrles ydel gebiemo cuando declara- P Las mismas declaraciones de Peel » y el no-» roü bienes nacionales las propiedades del clero regular y sec ular, y ponderando el desarrollo (pie con este paso se dio a In riqueza de millares de famiiias, y el fomento que de él ifcibierun la uyriculfura, ht uulustrin jr la anulación. Para hacer sentir lo chowrtBée-.este preámbulo, desearíamos que!o leyese/anaporsona que no eslu viese enu> ra<la de que es de ieclia de t> de lebrero de 4844, y estamos seguros de que le seúahliijépoca muy diferente de la actual.
CoQcebimos nuiy bien que e(Sr. Carrasco habrá tenido la mira (li> (ninqnilizar, como suele decirse, ^.s iníereai'.s utitenauidwi, y ^ atraerse el apoyo de ciertos hombres qué (pus temieran una reacción. nne con |)e- NgDlia propiedad se apellida de despojos; . wro creemos que un gobierno que ha sido Itftame fuerte para poner en estado de sitio Itiieion entera, \ que iia desarmado de un fldpaJa Milicia nacional del reino; un gobimio qae ha tenido bastante energía patable silencio del discurso de la corona cojt respecto a nik'slra Reina, son indicios harto siguilicaU\üs de i|^uc las espresadas dudas no estahap destituidas-de fundamento..
.Ma^ conu) sea este iin i)unl'> scíbre el cual es uiu^ couvcuieulc que e>íe iinslrada y lijada si es posible la opinión pubiuaj sera bien decir dos palabras sobn; la siluacionde Inglaterra, infiriendo de aqui cuáics 80n 8U4 iulereses en lo locante á isspaña.,, El gabinete de San James, ¿puede eon^ templar con placer que, á la sombra de un gobierno estable y verdaderamente nacional, se desenvuelvan nuestros elenjenlos de prosperidad, caminando la España á reconquistar el puesto (jue le corresponde entre las grandes naciones? A esta pregunta responderemos con oirás preguntas; a una poti'iu-ia que posee Gibraltar, que domina esdusivameuteen Portugal, que sale perjudicada de la prosperidad de uucsLrus colunias, ¿puede convenirle que la Espaíto recobre su antiguo ra arrojarse á tales medidas que á. todos.tus I esplendor y poderío? A la reina de los iiiaimleces<jres le> parecieran sutMins, v (fue sin eaÜHifpo las ha realizado cumplulanienle, esno IrfHBenefiter halagar á la revolocion, ni por considcrarii.nes á el!a quctuantar de un modo tan lastimoso la unidad «tó pensaniieulo giiliernalivo.
Estas reflexiones nosi conducen á insistir *'>hre la nece>>iil;M| de que no se camine al res, ¿puede serle agradable (|ne a su \isla en la mas bella posición del universo, se levante una gran potencia roaritima con dilatadas costas, y e-celerites pin i tos ^oltre el Océano y el.Mediterráneo, una gran potencia nmrítima que sea dueña de las islas Canarias, de la de Cuba y ile la- Filipinas^ Que esto no le conviene a la ln.::iaterra es acaso; de (pie baya püi^» uniroruiidad cu lo- j mas claro que la luz del dia; y si no con\ i-(iosk» actos, lo que ep^mfis no podrá con- niéndole lo desea, menester será confesar seguirse si la marcha dáí gobierno no es la '•"aliz ación de un si»(enia ronccbii'.í» dt- aiiteitt<UM>.».^l4i^^iolio de uuu idea tuuUiz que que lleva el desprendimiento v la abnega- I cion liarla UI! punto desconocido en las relacione».mlciuaciuüaies,, y no greiaiuos que Gran Bretaña. • hecho adrode. para (yn(» no so aíjo«e qoe se Por lo mismo quo las cveiilualidades de |¡ iavolucraba el inleR'S de provincia con d nuestro futuro grandor han de ser miradas ¡ interés nadonal, y se creyese que la opwioon recelo por aquella nación, la Francia I cien á la Inglaterra no tenia otro origen que debiera reflexionar «jue su itilerés es diame-; el deseo <le que prosperasen los algodooes tralmcntc opuesto, pues ú uias de que ni de (Cataluña.
con mucho tiene la Esnafla con la Francia ■ Sin embargo, sea cual ftaere la opiaion los motivos de rivalidad que coa la Gran Bretaña, basta (}ue á esta le dnfic nuestra prosperidad para (pie la Francia tonga uu interés en que se promueva lo que puede de- ¡| sistema vigente ó ípic se crea necesaria una que se adonte ron respecto á los aranceles, orase apruebe el sistema restrictivo, ora el (le libertad, sea (jue se opine en layor del bilitar á su temible vecino. ¿'Que perdcria la Francia en que recobrásemos CÜbraltar? Nada, antes ganarla mucho en (luc saliese de las manos de Inglaterra aquel iomn'dable pefion. ¿Oué perjuicios resiill;irian á la Francia de que ejerciésemos sobre i*ortugal la influencia que nos pertenece, ya que no sea insíble redondear el imperio español sometiendo á un solo cetro toda la Peinnsula? Poco ó ninguno, cuando lu Inglaterra sufri- TÍa un dafio incalculable. ¿Las colonias del reino vecino se hallan con ^as españolas en la misma rivalidad que las inglesas? ¿Tiene la Francia grandes establecimientos en la india, bí ha celebrado un tratado de comercio con el emperador de la China? Ksf ns difictilladns, por cierto no ligeras, debiera disiparnos H.'Guizot para hacemos creer que los intereses de Inglaterra y de Francia con respecto á España están íntimamente enlazados, y que por lo mismo la política de las dos naciones maichará enteramente de acuerdo, en boeoft hiteligencia, co perfecta armonía.
TVo queremos significar con esto que á la Inglaterra pueda convenirle capitanear., por -decirlo asi, la revolución en EfspaAa, manchar su nombre con la nota de promovedora dcmnliues, y acrecenlar su impopularidad manilcálaudusc eterna enemiga de nuestro yoBÍego. Quizás haya otros medios menos repugnantes y mas seguros para lofrrar los mismos lines; y estos medios, si existen, es probable que no se escapen á la sagacidad inglesa; pero siempre resulta cierto que las declaraciones de M. Ciui/of no son mas que un tejido de vanas palabras, y (jue si ñnnniéiramos que él propio les daba «medito, dcoerfamos tributar elogios á su candor, pero rebajar los quilates de su comprensión politica. ' Y nótese que én estas observaciones hemos prescindido enteramente de la cuestión industrial, es decir, de lo que mas peso afiade modificación, es decir, prescindiendo absolutamente de cuanto tiene relación coa las fábricas del Principado, es indndaUe que it Inglaterra está interesada enque la España no sea una nación industrial. y que por lo mismo le conviene j)erniaDezcaiuos atrasados, ocupándonos lintcamente en la a§rriettltan, ofreciéndole de esta suerte un vasto mercado donde pueda desabogar sus repletos almacenes.
Siendo la tendencia del siglo eminentemente industrial y mercantil, pues que habiendo menguado mucho y casi desaparecido el espíritu de con(piisla, la verdadera fmjanza de los pueblos está intimamente enazada con los adelantos de sus artes y comercio, claro es que si la España se encamina por el sendero de la prosperidad, tarde ó temprano '^ha de entOBr éb lleno en este movimiento general que arrastra á todos los pueblos civilizados, y que ya ba principiado a despicharse con vigor y iosania en algunas de sus provincias. Cuando esto se verifique en mayor escala, la Inglaterra, que tantos perjuicios recibe ya de las labricas de GataluAa, verá reducirse cada día mas la estension del mercado (pie arlnaln>enle disfruta en la Península. Esta sola consideración es suficiente a persuadir que aquella nación no puede mirar sin recelo todo loque tienda á desenvolver los elementos de nuestra riqueza, y que por lo mismo se complacerá en cuanto se dirija á per|>etuar esa postración y abatimiento en que nos encontramos, y de (pie ella tanto se aprovecha.
Sí á esto se uos opone que en una situación semejante se halla la Francia, y que también tiene interc'S en que pueda introducir en España el sobrante de sus productos, observaremos que el reino vecino no siente ni con mucho esa indispensable precisión de vender que aflige a la Inglaterra, pues (pie no es tanto el desarrollo de su industria, m Digitize<d by Google ue á fBlDd Éé I Miruif era fMkñ neoínil éé i)ttd taiito né-' esla viiiitaja, guardémonos de cüinpromelt'r^ nftsvn ningOM áKait^ft; ni siquiera amistad demasiftdo íDtiina, i|ue nos privase de üue^ Ira ¡ndopiMulcMcia. Roí ^mlcnifis (iiic asi en f.^. j, lo interior couio en lo cslerior lodo está en ci. As es, «fue Br Dieii la Prancii no deja de I Esprifia iM>r hacen ea preciso inaogiinir ana baceren España un contrnhMudo ilc alinma;! nueva epnca, asi en la orgas&aeion de \é tiodioan. ni tan grnn li' v\ osci'sodf» sus productos con res}>ecto a sus iicccsidadus, ni adolece en igual grado de la plaga dei pauperismo: y es ademas nwy difcronle sn posición, ya pí»r ser una nanon continenlnl. va lambieo por su orgauizaciou socúú y poittii>nta, ast en ta orgasnaeion socicdnd roni(t on las rolacíonos con Ins domas {H)lencias; no olvidemos (|uu se|;un sea la marcha «fue se emprenda, se resentirán ])or mucho tiempo nuestros ne;:oc¡08 dé la dirección que se les hay^ dado en el mo-^ mentó de partida.
Nada de francés, oadi dé inglés; buenas relaciones con todos, íntima amistad con nadie; tortiliear el sentimiento de nacionalidad, de independencia; importa que este sentf* miento raye en cierta allives, que no solo no sulra los ultrajres sino que linsta se ofenda de ios CA)nsejos demasiado otíciosps.
consideración, no vouins (jiic nos inunde las eayas con esos desembarcos colosales que Inglaterra: siendo de notar qu(> cu camhiíi <h lo que nos introduce recibe tainhien ea iH) pequeña cantidad los productos de üMtra soelo.
Resulta de esto que la Francia tiene en ia Península intereses diferentes que la tiran Bretaña. hasta con relación al desarrollo indistrial y mefcaniil; y como quiera qné en la presente éjXKa los intereses mdustnales y nu'rtanliles afectan proriindamente los sistemas políticos y las combinaciones diplomáticas, debeoM» inl^nr qne en manera a^nmn pupilcn hernminrse y estar de acuerdo en los nefíocios de España las miras de aquellas dos naciones. No tendremos diticuliad en que nkrt tal ó cnnl asonlo de ñas 6 menos importancia Hejítion n roticcrlarsc y á sejruir osa misma poiitica; pero aunque el objeto piénmo y seéimdarMi sea el mismo, «el fin principal será muy diferente.
Irtas verdades no las deben |)erder nunca de TÍsta los hombres llamados a regir los ¡ ét^SnáB de Espafla; porque si Mcn pudiera f i freimos gravísimos dafios la imprudente I f íiduf ta que, escitando los recelos de alguna lie lasaos ¡Mtencias, fomentase y avivase if ffvi^ad, también nos traería niconve-Uenles de consideración la err;id;i creencia él ^flNl' los dos gabinetes seguirán con respMlD i nosotros una linea política de buena indigencia. ?5ean cuales fueren Iíis esperanzas (pie nos r los ministros estrau^jeros, es oottsideremos las costs eos ojos españoles, y que sin dar seí^alada pref^íí-nriii á ninguno de los dos rivales, sin ^raos su enemistad ni mendigar su bene-«dWMt, pronireroos guardar completa m-' tiil. iK i I df ambos; ya que el inclinarse i nao, cuabpiiera de ellos. no puede tracrningún bien, y st producirnos graves Biales.
Nuestra posición i>eninsul;ir, v en el con-, hde Bnropa, favorece iMbrciñanen para i quo les ora preciso contentai)Mi con ji^l T LA UNIDAD GCBEIIXAIIVA EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA.
Asi nacionales como eslrangeros hablan muy á meuudü del espíritu de provincialismo qoe domina en España, lo qne -según ellos es un perene obstáculo á la centralización administrativa, á toda organización regular y uniforme. Sí esto fvese verdad, deDiéraiiios inferir que la mmiarqiiia própiftt mente dicha no tiene en nuestra sociedad raices profundas, pues que estando perso? nificada en el trono la unidad giibenuUiva, le repugna esencialmente la multiplicidad. Por manera, qne á ser exacta la opinión mcnciouada, lu monarquía cu España ofrecería uo carácter anómalo, muy diferente del que la distingue en los domas países de Europa; no fuera capaz de ejercer sobre la sociedad una influencia eücaz, estando condenada á representar ni^ papel algo semejante al de las monarqnias feudales, á las bre y lntiparieiicias de soberanía, sin dis~ frutar <a mtichisiino!» romos de an mnún efectÍTo. ■. i.. Dañoso en astréiiio fuera que las Meas, sentimientos y rosttim!)res de la sociedad española se opusiesen de tal modo á la verdadera Dionarquia, pues que desde luego seria menester renunciar á toda esperanza de c?5fab!ccer «n aobií'rno <;ó!!í!o, resiiínándose por un tiempo indeiinido a esc estado de malestar y agilaeloiies que taiitos afios ha nns lleva in(|uielüs y revueltos. Eq tal caso el mal no dimanara" de estas ó aquellas formas poliUcas, ni de tal u cual sistema de administración; )a causa estaría en las mismas entrañas ñr la v-xíicrlad: de poco sirviera variar de régimen, si la complexión del enfermo Íüq»q incuaipalible con la buena Bitod.
Abrigamo-^ h fn:is [)roruutl;i iunviccion de que semejante opinión es errada. de f{ue esta destituida de fundamento; mas como quiera que no son pocos los que la profesan, sobre todo en el estrnnírrro, y ademas no (aitan algunas apariencias qué le dan visos de Terdadeta, seré bien ocuparse en refutarla, analizando las ideas y setUtmiéntos-^dei'pue-.blo español ron rt'spo. i i,i l,j mnnnn|UÍa, y desvaneciendo las diJii ulladcs que se fundan en engafiosos indicios.
Bien eslrano fueia por cierfo-que, en una nación cuya nionarquia es de orillen tan remoto que se pierde en la oscuridad de l<»s timpos > no tuviesen próñindo arraigo las ideas y los sentimient"^ monán|ni( (ts; porque aun cuando las invasiones d(; los pne mOB deINOtrte, las de los áraln^s y las guerras que á ello fueron consiguientes niodilicaron y variaron mnrfio In forma del poder, no cabe duda que la idea de la monarquía sobrevivió é todos' los trastornos, viéndose de esto una clara y hermosísima nrncba al levantarse en Covadongacl trono ae l*clavo, después que según todas las probabilidades debía haber nereeido pam siempre el sólio español eon el desastre de Don Rodrigo á las orillas del Guadalete. Donde se ven reunidos aljjunos cristianos para hacer frente á los sectarios de Mahoma, alli se presenta un rey; su tronn <.nn }n< p-Tudos de los Nnlimtes que le levantan en alto y le proclaman cauddio; su diadema es su capacete; su cetro la espada. No ohstanté, loa paeblos le veneran, fe tributan liomenage; \ '^in el oropel de grandes palacios ni el esplendor de la purpura, recalm de.eMijtoa lo.folM sumisión y aoalamienlo. ■ A ia saiou ia luonarquia uo podia her um, porque no lo eonseotía la sitoaeion del paíi, ocupado en gran pnrt ' por los sarracenos; Eero á medida que estos andaban cejandp acia las orillas del Mediterráneo, las pror vincias s« reunían bajo un anmno impería. León y Casfilla. Cataluña \ \rngon presentan este feiioiueno: ^ loa monarcas que cua< quistan é Granada miran sometida ¿ au cetro la España entera. - t^iiíitf ♦ Desde los Reyes (ialólioos la nación na continuado l)ajo ei imperio de uu uiouarcaf y es imposible que tres siglos de monarqui^ ño hayan arraigado hondamente en el pais las ideas y sentimientos monárquicos. ¿Cómo es dable que de otra manera sucediese alli donde reinaron Fernando é Isabel, r.;u>. los V el dominador de Europa, Felipe 11 y Carlos III? El decir que tiene vida en £sp% ña el espíritu federal, que el provinctalísnifr es mas poderoso que la atonarquia, asavenr, i turarse a sí»'^tf'rv'r lo que á primera vista es-! t¿ de«iiieutidu por la bistoria; es suponer un ¡ liMMiímeÉofiatKafio, de cuya eiistencia deb% I riamos- i dndar i>or grandes que fuesen las n]> tnenri''s (pie lo imlirasen. que no podriaj mob a<imitir de. uinguna manera, a uo tener I e» fea a[)oyo pruebas muy sólidas y evidean tes; de la |)roi)ia suerte que, habitando eslado la Italia por e>pac¡o de largos sifjios i dividida cu pefpieñas repúblicas y priucipa-: dos, fuera una suposición entenmieute gran I tnila ia (pie atribuyese á a(|iielhi |H'ninsiila las ideas, scntimienlos y uteluiubres a pror» pósito pnra reunirse toda entera bajo V& mis^ mo imperio, formando una sola repiU>lica.é monañinfa. i i* Lo que se llama ideas nuinárquicas en na pueblo, no es otra cosa que la convieeion generaliiada mitre todas las clases, de que ja monarquía es la forma de gobierno que mas le conviene; lo que se a|>ellida sentíp mienlos monárquicos, es el afecto y la v«tt I neracion hacia la persona del rey: asi como las costumbres monárquicas son e! h;>h¡to de someterse dócilmente a lo que manda ei >ox beraw». Tras siglos en que se ika inculcado ( nnstantemente la conveniencia de la monar^ I quía, el deber de amar v respetar al nionar-I ea, y en que los pueblos no lian visto otro i poder que d del rey, en que han visto al rtM en todo y sobre todo; esos tres siglos, ^ rep«i|limos^ no pueden menos de haber crear do y arraigado profundamente en la sociedad ideas, si'iiliinicntos y costumbres en sentido allaim'iiU' monárquico. Esto es lo (|ue de sí arroja el examen de las causas que han obrado sobre ia nación española, ó la investiifacion á privi i: quien no hubiese visto los r<*siiltados. y si atendido unicanicne á dichas causas, inferiria ciertamente lo [ '"ainos de inferir.
- oiii is ahora si los sucesos realizados en I nación durante las revueltas (|ue la han iflisidu desde IS08, vienen en conlirmacion )o que hemos asentado. Cabalmente el inmortal levantamiento de aquella época es la prueba mas patente é incQalra.stame de rúan hondas raices tiene la luoaarqiiia en la sociedad española. Los nctmtecimií'nlos de Aranjuez haman ya mos-' l io de bulto esta verdad. El pueblo se suplirá el |)rivado. pero respeta |>roi i iiiii-nto la persona del monarca; y tan {KORto como std)c al trono el primogénito de liarlos [\\ se exalta y desborda de tal suerte ol entusiasmo del público, (pie jamás rey iiKi viera rodeadode mayores muestras 1'), ni vitoreado con mas frenesí. Y |Hir cierto que la nación donde un reinado romo a(ntel no nnna los cimientos del trono atrayenuole el descrédito y desprecio, menester es que teuf^i en su corazón la monarfjijui. no solo como un sentimiento muy ar-' ■ sino como una necesidad sin cuya ii>n no puede vivir. Hará ptmer á prueba la sinceridad de las lieiioslraciones que.siuuiemn á los aconte- «iwentos de Aranjuez, sobrevino la invasión IfMcesa y ia desíipariciou del rey. Quedó el iwíblo esjwnol enteramente solo, abandonailoási mismo, cara á cara con los ejércitos vencedores tle Europa. Los revés estaban ■pifestando imprevisión y debilidad; los wies recuerdos de la reciente privanza de Tiodoy se enneírrecieron con las escenas de K>VDoa; el solio babia ipiedado vacio, y los iw debían ocuí>arlo no se mostraban ciertaw»le con aquella elevación de miras y fíraníeu de alma que los hiciera difrnos de reiw. Nada babia que pudiese interesar á los en favor de determinadas personas; 'iilfdrio, lodo era á ¡iroposito para inspinries desvio c<m respecto a los aufíustos pri • ^iwicrüs; todo brindaba con la mejor oportupara que, si la monarquía hubiera ^^tü Espafia una institución posliza o en-•Wíle, se des|>egase y se hiciera trizas, prescQlándose el provincialismo federal ron su carácter propio y sus naturales tendencias. Pero no sucedió asi: la nación fue mas grande ífue sus reyes; si, mas grande, mas generosa: ponjue á la nación también se le hicieron amenazas, y las despreció; la nación vio venir sobre sí el hierro y el fuego. v los desprecio; á la nación se la brindó con lialaglleñas promesas, y las despreció; á la nación se la dijo: «esa tenacidad le va á costar tu tranquilidad, tus tesoros, la sangre de tus hijos, '> y la nación respondió, que mas que su tranquilidad, v sus tesoros y la.«sangre de sus hijos, valia su independencia y su honor; á la nación se le dijo: «^no ves como se portan tus reyes?») y la nación respondió que no veía al rey sino la monarquía, que no miraba á las personas sino la institución; á la nación se le dijo que las personas legítimas estaban cautivas, y la nación respondió que con.servaba como un dej>ósito sagrado el principio de la legitimidad; á la nación se le dijo que esas personas eran débiles, y la nación respondió (jue los corazones hidalgos se (dvidan de la debilidad y de todas las faltas cuando está de por medio el infítrtunio.
La níicion pues se levanto al grito de vira el fíeij...Esta fue la señal del combale, esta la aclamación uue re.souó durante la refriega: seis años de encarnizada lucha y de ausencia del monarca no bastaron á desvirtuar la fuery.a de este grito mágico, (|ue sostenía las esperanzas en la desgracia } enardecía el entusiasmo en la victoria.
La aparií'ion de innumerables juntas en lodos los puntos del reino, lejos de indicar el e.sj)irilii de provincialismo, sirvió para maniiestar mas el arraigo de la unidad monárquica; porque pasados los primeros instantes, en que fue preciso que cada cual acudit'ra á su propia defensa del mejor modo que pudiere, se organizó y estableció la junta central, prestando.se dócilmente los ¡Hieblos á reconocerla y respetarla cnmo poder soberano.
Este.solo hecho es bastante á desvanecer todas las vulgaridades sobrí la fiientn del provincialismo en España, y á demostrar (|ue las ideas, los.sentimientos y las costumbres estaban en favor de la unidad en el gobierno. V hay to<lavía en esta parte una singularidad mas notable, cual es el que sin ponerse de aeuerdo las diferentes provincias, ni siquiera haber tenido el tiempo de romunicarse, y separadas unas de otras por los ejércitos del usurpador, se k'vaulo eu todas lima miüuia bandera. \i en Cataluña, ni. en Aragón, ni en, Valencia, ni en Navarra, ni on las provincias Vasronpadas so alzó ol ^TÍto cu lavor d« los antiguos fueros. Indeucndencia, Patria, Religión, Eey, lié aquí tos uonihres que se vieron escritos en lodos los inauiliestos, en Im(I;i< las proclamas, en todo iinage de aloi ix k ih >; iio aijui los nombres que se invocaron en todas partes con admirable uniformidad.
Cuando la inonanpua habia desaparecido, natural era (pie se presentasen las antig:uas fUrUioncs, si es que en realidad existian; pero nada de eso; jamás se mostró mas vivo ci sentimiento de nacionalidad, jamás se manifestó mas clara la fraternal unidad de todas las provincias. Ni los catalanes vacikbtin en acudir al socorro de Arairoii. ni los araironesesen ayudar a Cataluña, y unos y otros pe tcnian por felices si podían favorecer en á sus hermanos de Castilla. £1 mismo IH^qier tomó la guerra en todas las provin-CW; con idénticas dilicultades tropezaban en todos los puntos los ejércitos franceses: españoles, y nada mas (pie (*> pañoles eran, asi el catalán <pie cubría su twva,lj»Qte con la gorra encarnada, como el ^iniraz que se contorneaba con el airoso calajBés.'
.M volver Fernando de su cautiverio, hubo lo que puede llamarse una esplosion de entusiasmo monárnuico: los |)uel)los le recibían como á una divinidad; y en prucba.de (pie c-l;i>» nianircstaciones no cniii facticias, rccuordesf ijue basto la palabra del Rey para que desapareciese la Constitución v s¿ restableciesen las cosas en el mismo pie en que ^ haliabao ant<.*s de la:ii i i Si> dirá que el |ejerci|<o, fue quien reu¡i/<; la mudanza; l>ojrp era el ejército si hulUese encontrado 'oposKionen el pueblo, en esc pueblo (¡pr, después de seis años de lucha, cr^.pn.pue-r ))lo de soldados? Todos los querVÍ^roi) los.acontecimientos de cerca pUeden deponer de esta verdad: el ¡mcblo fue (jnicn inspiró al ejercito, no lúe el ejercito quien domiuo al pueblo. Y cuando esto dcciinois^ nos atTste- ■Demos de caliiirar los sucesos; prescindimos de su justicia o injusticia, de sn conveniencia o inconveniencia; los consideramos únicamente en sus relaciones con la monarquía; • en cuanto espresaii las ideas, los sentimientos, las costumbres de los españoles en pro de la unidad del mundo, en cuanto sirven lo que.^uoie aclucárscnos de que tcnenw propensión a fraccionarnos, á desc^jiuponernos, volviendo á latt divisibncs anticuas, y que asi oponemos un insuperable ohstáculo al establecimiento y consolidación de un gobierno» Ea laa époets sucesivas se ha manifestar