SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

Page 27 of 116

Sin embargo, esta última coni no es tan e\aeta como á primera vista po-í diera parecer, supuesto que las idteríore» declaraciones del ministro indican q«e han hecho á D. Gárk» pfopfltÍHOBi»* fmm inclinarle á que renunciase a la esperanza de volver á España. No sabiendo á punto tij«. en qué sentido Bglabmi"BiMCbidM \m ymm posiciones mencionadas, udA podcaws cir sobre la ilaei(m de que trniamos, dado* que ignoramos cumpletameule basta «pié punto se hacían coneoaionw á fl(]ael PrtacÍMi pe para inrlinnrle a lo (pie de el se exilia.

«\o conviene, continuo Sir Roberto Peel, que la cámara de los Comunes se entrometit en una cuestión puramente francesa, y en— ponga al |)ais por una parte á la humillación y }>or otra á la guerra. Pero rediaiaado la proposición creo podier asegurar que el Ptimá cipe sera tratado con toda la atenctomdelMiM Ks un Príncipe de la casa de Uorbon, y co-* mo tal será respetado, ademas de ijUtí tieu^ á su disposicíou un ndio de cuatro la^unA» Si D. Carlos se eompronmtitra á establnmm en ruaUjuin punto de l'Ainy¡>a qxte no fuera Esmña, y rñmneiaae ú huiu experanza de roiTer á a(¡«el pais, m ei gokienio ffwmé9 ni el nueslro se njtondriau á que saliera de Finnriii. Creo haber dicho lo suficiente pot ra determinar a la cámara a no aprobar la proposición de lord Jobn IfoimerK, tiuien sin du(la no (juerrá comprometer los lazos de amistad que uucu actualmente a la f raooin Dos ideas sobresalen en las declaraciones del miiu.stiít in::Ii s: 1." \aluntad decidida de que D. Cijrlus permanezca detenido en l*ran* cialiKtií^tieTeMé Prtneipe ofretca la saiwftdad de qoe no |)erluibara el reposo de la Península con sns prclensionesal trono: i." deseo de <|ue i). Carlos renuncie á toda esi)e-> ranza, y de que asi pneda salir de la prisión en <¡iie se halla encerrado. ¿Cuales serán esa> condiciones bajo las que se lo ofrece la libertad? El ministro no lo indica; pero lord PalmerSUM-;' que no estaba obligado á tawln reser\a, y que habia esludoen [xisicion muy oiKiituna para^saber lab neguciactoues que sobre este piiat»ilaihi«i ínMiado, no twro dincultad eMpeapticarse mas; bien que no puede iníerirse con toda claridad si sus |M»ianras dicen relación únicamente a los tiempoa jasados ó ti oonpivDdfA limbM» loi pfMi- Dlgitized by Gopgle les. W ex-«inistro de ncírocios ostrangeros, importantísimos en el camino de la reparadespues de IliImt munirestadu que se^un las leyeii es{)ariulas l.salicl II era la Reina iegí-Uma de España, y (jue seria absurdo é jfe*> (lii:nñ del fíoliierno inglés inlcrvenir ron este mAi\o cerca del Iraocé^ eit uua cuetiliua («nineQio rrancesa.aOadió: ^B» Cárhti9&' fk piMlo 4111 npttro en ti^kd-ti mpeñase $H palahra de honor jle m entrnr en España.

f ion de los males sufridos por la Iglesia: y fuera de temer que una imprudencia de los que confiasen pcÑder derrílMT la dinastía reinante ó foiizaiia i ana transacción, hiciese relrui'eder á ios gobcruautes hacia la desconfíanza que ha domíiiado hasta aqui, y quizás provocas» puseGHoiiiHs que, pmr injustas que fuesen, no dejarían de enconaos de coasenlir eu dar esta segundad, no i trar quien las escusase y legitimase. £1 par fm^irií4m mmtiar «w éenehoiá ftmr I tiio estreÉM» qne «eaba de Meambír, y que utHhijo, y Boes dudoso que si hoy estu- en los dias de su mando lia causado tantos viese kbre' volvería á su pais y encendería i dafins á la lijlesia (joniéndonos en tan inmiwewDettle el fuego de la guerra civil.» 7 i^fim wigk COR 4>jo abservador el curso de loa ■BfKÍOB con respecto á la ^rnvisiuia cwfliion cuvo desenlace se va por njomen- Us acertanJo, rccu^^t-ra cuidadusamenle esím ditos, que pueden servia ne pDMifüra fomiar conjeturas sobre la inayoi o nii ñor id de las noticias que hau circula nenie riesgo de un cisma, levantaría de nue^ vo la cabezá s ofiradeado mi> apoyo al' ttono de IsaÍM'l, y este se viera en la necesidad do ace|)tar el;m\ilio de aquellos a <]uienes niifa actuabiKiile como implacables enemigos. ■ ¿Quién es capaz de calcular los males de inmensa trascendencia que dimanar pudierao de situacioo tan complicada? Verdad ea últimos días ea favor, de algUBM I que todas las probabilidades, poco antes mirados COD desvio « y I qM por roas videstos que fueses los de se^ruro esduidos de obtener una mano f rosque al principio se hicieran, la guerra lUi^nista. Bien pronto hau de presealarse 1 seria ahogada eu su cuna; pero aun en este délos males que acabamos de anunciar, y iMMeilaies aue solaren mss y mas la l taifiés. y revelen á los no iniciados en los misterios de alia poiilica cuál es el destiao I se habrían esterilizado los medios de recon-3>Ui reservado. ^ ciliaciou universal que no sin provecho se que aes e> MNás personas y sobre las dinastias cstaa los principios eternos; y los partidos 3 uc k» profesen cou profunda convicción no eÍNyi desalentarse jamas, sean cuales.fuer M^flMNMMtieiones á que se k>s someta, para harpr profesión de sus doctrinas y procurar aiie desciendan al terreno de lauraclica. UiÉMibres anustei de la Mi^ídBa de EsrMIMinr lectaazareomo QttSídea funesta^ quizás como insinuación ]>érfida. todo OM|j| encamiue a euceuder de nuevo la mmtn'ú, sea enal fuere el pretesto que Nn eUo se tomare: sería menester cerrar ras ojos á la luz para m ver que los esCuer-H«qae se hiciesen con las armas en la mano Krín del lodo esléríles para el bien, al pftfoque acarrearían desastres sin cuento.

Por de pronto, toda tentativa (pie se diriíiwí.m; a levantar una bandera contra el go- Pero sujíongainíis (juc la smerra pudiera tomar creces, equilibrándose de nuevo laa fuerzas entre los que militasen por el trono 4e Isabel y los míe defeadieaen>4l principio opuesto: ¿qué nombre, en cuyo pecho latiera un corazón español, seria capaz de colocarse 4e nuevo en 4888, y oontemplar sí*^ horror la hunensa cadena a» desastres qnei iban á renovars<» sobre esta nación infortunada? ¿Quién sería bastante inhumauo para compíaeerse en la idea de que fai sangre e8*> pañola corriera de nuevo á torrentes en Navarra, en Cataluña, en Araíion, salpicándose mas ó menos con ella todas las demás provincias del reino? La Providencia alejará* de nosotros tan terrible calamidad: y estamos seguros de que la inmensa mayoría de los hombres cuvas convicciones los llevaros biemo de la Reina empeoraría notablemente | á simpatizar eon el príncipio qne sucumbió la causa de la Religión, pues sus eneniíííos w dejarían de achacarle la cul»a de las nuevas deoordias, por mas (luo ella 80 mantuviese Bgena á las vías de hodio v á todo lina^de intrigas. El gobierno actual, arrasan por la opinión publica, ita dado pasos en Vergara. rechazarían con espanlo todo plan que se encaminase á aventurar á los' trances de las anuas el trinniii dosas idoss.

TU 10 íít •It?, lo qdP hajo ricrlos nsporlos no ha dejado de Iraer graves danos. E-* d<50(rin;i de lodoü iuá uublicislas que ia uiouamuia, para se^ stíMtí y no áé^^mm^ú tíimtea; na me^ nester eltpoyo de una cinso intermedia; esta clase ha faltado en España y de aquí han dimanado muclius inatesr ITerdad es que el poder del eléfo suplía en nlu;un nv^lo el delecto. iiiMS ¡M)r esto no'íi.i dejado dtí sentirse la falta de uri:»U)cracia seglar. La ni0iiar(|Qia se hizo en BsfnfM demMitdft dcuvocfift^ft, y asi se entroniró el despotismo de liA Wl* nistros y privados. A la sazón no entraftiha la dcQiocraeia bastante fuerza para poner frenoé los deyiAMhio Jos goberaanles; y el Monarca. llamando á solo el pueblo f abatiendo a la nohl va. sabia ípic en él hn^ bia de eucontrar no un rival sino un servidor.

CuBÉÉk se piense scriainente en reorgft>^ nizar esta SíK'ieíhid des(|tii( iada, sera prericondieote, nó es por los Utuioa de ííu ^una^ | ciso andar en busca de los elementos que sino por su riqueza, por sn saber I puedan servir á formar una arisU»crae«É «'«i^ mérito de su carrera: si á su lado se baila [ nio lo han hecho y lo están haciendo iodúá los países del mundo. Kl alto clero y lo9 grandes propielurios territonules son las dof efMéb'que |>re9nfttaHMti bise- se^iv.' intentamos decir que no se puedan coipbinar con ellas rí'S¡>i'taliles fortunas de otra especie, mentó conlraido en honrosa y dilatada carpera, capacidid^pNíbMNhen el ^sempcño de elevados cariíos: jmto todo c-^to ha de I ser accesorio, y dehe eutr.ir en pcíjueña cantidad, si no se quiere que la aristocracia se pueda variar, (lestruff ó liÉpiWíilMU^-^nai K mas de la religión v de la monajcnua, ij ¿hay otros elementos en la sociedaMfmtti || que entrañen verdadera fuer/a? 1.a aristocracia, ia democracia projMamenie dicha, ¿que son entre nosotros?. c ■■ , Nn hay pais en el arando donde 4é8 cláses (Míen mas niveladas que en España. I.a mas alta nobleza no disfruta ningún previte^io, no está sej)arada del pueblo por ninguna btmrasoeial mpoUtica. Sí este ó aquel noble, este ó aquel grande ejercen alpun asnn hombre salido de la ínfima nlelte, pero que haya Llegado á poseer iguales rit^uezas y datospersonales, ocupará idéntíea4MSÍeistt social, sin que le rebaje un solo grado de su altura la numiklad del nacimiento.

Las costumbres españolas eslan culeramente acordes con esta organizaoit»» social V política..\(jui no se conoce entre los í:rniiáes esa infatuación aristocrática de Inuialerra Í otros países, donde las familias pri\ ile¿(ia- • come que se lisonjean de pertenecer á mas alta especie; no hay en Eí-jiaña esa i el antojo de un ministro etiqueta que separa á unas clases do. otras.

pfnt es un pénese reeoerdo de la'iloMiiDi^ i d«rlh''^ liil''^nsayo que ni surtíoí ndad, y una continuada ostenladáBwb.'ilsatl efecto ni podía surtirlo. Kl principio ersi titulos de sanírre. A(}ui todas las personas - de elevada, calcj^uria apean desde luc¿;o el , A propósito del alto clero, el Sr. Marlim^z^ tratanúento; y si ellos no se apresanm^ nos tomamos la linertad de hacerlo sin su permiso, para librarla conversación de liabas L dejarla mas suelta y corriente. A({ui uu mbre de la mas humilde clase de la sociedad detendrá en medio de la calle o d •! ¡« iseo al maselevado magnate. En unapalalira, la aristocracia de nacimiento no existe mas que en el nombre: y la de^ las cualidades personales es muy poco exigente sí se la compara. cou la de utrus paises..■ Si Ua» aeobsenra, esto no ba Httpado de la revolticion, poniue antes de ella ya se velan encumbrados a los primeros puessaludahle j ero evfal):\ mal aplirado. Cuando algunos iiuluiduosdc una clase entran en Uaí(méri)o (|u.> AiMMUAM'1l'4MUra<'^(MA^ sí solo deben cBta éfstíncion á la elección del gobierno, no van como n'presenlantes de su clase, sino cuuio pei'suuas agraciadas. Des^ de aqnel^ÉÉaiillWfierden la ÉHIj»u»i 0m, del iiilliijo y prestigio (pie Ies correspoi^' j)or su categoría. Ademas, que en In éfi6ba del lislatiito. halKindosi» ftiftodo su ardimieO'- lo la guerra dinástica v jM.liliea. los obis^» pos olev.iilnv,\ la di.:m(lad de pn'x-er, por mas grandes uue huinerun sido sus virtudes y saber, pofWíf'respetnbles qne foeranriM» JO todos conceptos. desde que se sentaban en hw escaños di'l K-laüiento tenían rnntrasi tos del Estado hotubies de cuna muy iiumíl- H a la parle de la nación que opinalia en.taviir tle I). (darlos y de la monarquía alisolula. La. (Utiriu, uues, que uslus prelados |><MÍian ter» \ ía sociedad, la perdiao en el évdea itico; el ministro que crcia llamar en su yu á una clase, solo llamaba á una l^na. ¿Cómo se dcbia remciUar el dañp? aquellas circunstancias ora írreac^iatilQ,. rque iio ora posible hacer (jiie desapare- 1^ divisiuii en la sociedad, y, que ol in- , que tomaba parte en un.seatido poiiíico, no fuese mirado cun desconliauxa por los que deseaban el triunfo (lel¡);u tido opuesto. Desde entonces la situación ha variado, V si bay previsión en nuestros gobernantes. p^;de ln.i.i\ i.i \.iii<ir y mejorarse mucho mas.

El jj(Jti«'r (juc. >c viese rodeado de la adhesiou bluieru, liruie y aíccluu>a de lodo el episcopado español, sm divergencias de njnapifiia clase, ni de los obispos entre si, nj eor U¿. ellos y el gobierno, alio;,adiis para siemp^ todas las cueslio^es que sobre este o aquel punto pudieroD eaoftro^tieinpófi intrchducír la divisiim, este poder tendría en tofno SU) o una verdadera aristocracia ecle- ^fitica, y esta aristocracia Uevaria iras si i resi>ectí,\auiculc cabe al uno y al otro libros üaírrados: pecnnio) obediunt omnio: todo ubedece al dinero. Kas rique/as proporcionan medios para satisfacer las nec^sida-^ des propias y iíOQar|ftR j«l>ilgenas; lo primero n>oi:ura la independeneia, lo se^íundo forma cbenlela. Esta es una leona muy sencilla, porque se funda en un hecbo palpare; es una teoría inslrslructible, porque es-. Iriba en la misma nalurale/.a de las cosas: una teoría universal, pon|ue donde Uu) a hombres habrá necesidades y deseos 46 lisfaeerlas. Esto no (le,:.Ta(Ia el mérito ¡)ersonal; nuda rebaia de l<»s timbréis del saber y de la virtud: el rico podré ser malvado y el pokc virtuoso; pero siem|)re será verdatl que el rico no e<lii sometido a las tentaciones bijas de la ueccsidad, v que atendida la llaqueza del coraeon humano, sobre estas probabilidades puodQ basarle una sólida leona: siempre será verdad (pie el rico ten" dra uicdios de iuiluir de (|ue el iK)bre,esta (alto V y que de esta diferencia de condiaon^ y en igualdad de las demás cirrunstancias. se puede inlerir la diferencia del íuilujo que nada oeAos quQ á todo el clero y á lodos los hombres <jue reúnen las creencias relij:{ios;i> el apego ¿ las tradiciones, iustiluciones jcosUimbres anticuas.

Esta observación que hemos aplicado ák fisiocracia del clero, sceslicnde también á ^ seglar, porque no basta «{ue el poder ten- ¿a en su favor á este ó aciuel grande « este ó Muel ricu propietario, es preciso que am- ' rante la revolución» lo8 conservadores han 1^1$^^, hallen en armonía con el país cuya rwpéza reprcseulau, y (|ue por cousiguieiíle todos ó la inmeoM mayoría de elk» estea ¡uordes en los puntos mas capitales, y no divididos cu ninguno de mucha imporlancia, «otra suerte las iutlueocias contrarias se atrapcsan, la fuerza aue por una parte quiere el gítbienio se halla neulrali/adapor otra iyual o superior, y jauias se llega a la luslez } estabilidad que necesita uu po- ^pjura hacer la felicidad 4e la li«ejiii;que está encomendada.

Ya ({ue en Espaíia no es posible lomar base los titokis de nacimiento, es preciso atenerse á la riqueza, y esta es wa aristocracia de to»los los tiempos, una aris-^cracia <|ue uunca perece. Porque dígase I^Pe se ({uicra del poder del-am-aa el pn>^ senté siglo, lo cierto es que es ya muy antiguo aquellu del poeta: auri níicra faiim: gani/.acion actual es i\w la riípie/a del pais no está en juego en la miiquiua política. Siendo la España un pueblo agrícola en su iomensa mayoría, debiera "rw piirtw'nil i mente la projiiedad li'rntori.il. comenzando desde las municipalidades basta los cuerpos colegisladores; y esto no se veriHca. Duinvocado el f»rincipin de que la rííjueza debe ser el barómetro de la inllueneia i>oblica que se ha de conceder á los individuos; peía este principio era irrealizable, mientras una parte de esta riqueza simpatizase por los que miblaban bajo la bandera contraria al go bierno representativo. An aeqoa^.é disponían (le las urnas cuatro aventureros sin fortuna ni hugai', o si prevalecían las idc4|%-conservadoras., estaba reducido el movir miaaK^ialaaiml á muy pocas poblaciou^lli y aun en estas (jiiedahaii cliniinados de heebo todos los conocidos por su desafección ó iiuliferencia..£n ftdieándose de tal manera latiinstitucioues^ ya sea por la mano del hombre, ya sea por efecto de las circunstancias, es imposible que se espentai;nle, ningún resultado provtchoflo; lo qiialéi4a« espe rimen ta son los males que la> instituciones llevan consigo, y estos males.se suiiíicidn del espíritu del sitrlo, y que se ha desenvuelto de una manera pailicular C(»n ct (*ílor y movimiento de la fruerra civil y de la revolución: las ea])a('idades. En la nr^ianÍ7.ncion anti^Mia, las capacidades se hallaban encarriladas en s^s respectivas profesif)ne«; el abogado se ocupaba de pleitos, y si no estaba contento con su bufete, se hacia pretendiente aspirando á la iiuigistraluni; el médico sabia ([ue iMira él no existia otro medio de?anar la sunsislencia <|ue el estar á la cal>ecera de los eulermos, y así se rcsífínaba á pasar la vida en el ejercicio de su penosa facultad; el militar no conocía otro camino para adelantar en su carrera que el bienquistarse con sus írefes y adquirir reputación venlajosa asi en tiem|)o de /¿ucrra como de paz; para el comerciante no hahia mas esperanza de mejorar la fortuna <jw> el conducir bien los nefíocios de su escritorio; y<lel mismo modo todas las den»as pn)feMOnes lenian como encerrado al individuo que les pertenecía. por mas sobresaliente que fuera en capacidad y demás cualidades persdtl9flé9. Ahora la situación ha cambiado: el hojnhre que se siente rt cree sentirse con talento para escribir ó ficurarde alíiuna ma» «era, ya no se considera liinilado a una pmfc^ion* ni circunscrito al estrecho áinbilO' de mía clase; es un hombre prd)lico qne podrá servir para lodo b) <pie se ofrezca, resiu'lto áOncariíarse del primer negocio que ocurra, áin perjtiicio de dejarle lue^ y pasíír á otro de especie uuiy diversa, si es cpie le pn»- seuta posición mas ventajosa ó le halaba con inaymres esperanzas. Tomara parte en las dependencias de Ksta(b), de (í(»l)eniacion, de Hacienda, de Gracia y Justicia, de.Marina, hasta de tiuen'a, sin reparo de niiHgttna ciase: ¿cuáles fueron sus litnlos? ¿tlüál la canuitla de que es idóneo p;ira el d^íieni|)eñ() de su carjío? Ks una capacidad.

Y no se crea nue este fenómeno dependa del orgullo ó del capricho; si bien S(í mira; es el resultado de la nueva orfraniracion social en que se ha destruido todo lo anti^'uo, pensar en lo que se le habia de sustitór; es efecto del espíritu del sigilo que impulsa á los jóvenes h;icia las carreras literarias, en número nuicho mayor del que ellas han menester. Puede asegurarse que esta es una de las mayores calamidades de nnestra época: esperiménta.'Je ya en Ks— paiia, bien que do lauto contó eu otras po \ con nías eficacia las causjis que \n producen; pero cada dia se irá aumentando, si continúa esa fiebre politíca que escita tantas andticiones, é inspira tan bx'as ninzas. A mas del paupi'risino projuaii: uir dicho, hav en Knropa un pauperismo de seMres: el primero no aflige todavia á la Espafia coíDo á otros países, y en la parte que le sufriuHis tiene un carácter {inrticular que por ahora no ofrece nmgun riesgo; el segundo se muestra ya con sintomas alarmantes.

En la organización antigua, el eslado eclesiástico y las ordenes réligiosas absorbían una muchedumbre de jóvenes (pie ahora se dedican a otras carreras. teniendi>se de esta suerte un desahogo. por decirlo asi, que no dejaba que se multiplicasen las capacidades sin destino. (Inda año sale de las miiversidades y colegios un crecido número de jóvenes que han concluido su carrera, que llenen desarrollada su inteligeucia, que han vivi<lo largos años con la esperanza de eonípiislar una posición social distinguida, y que sin embargo se hallan de repente sin ocu))iU'i(m, sin medios de subsistencia. í|U6 tropiezan con mil obstáculos dondt» quiera, y de cualquier inotlo que se projxmgan ejer^ cer su facultad, que hallan odstruidos todos los caininos, cerradas todas las puertas, en situación muiho mas triste cpie la, del oscuro jornalero. y con las muchas necesidades de su categoría. De aquí resulta una especie de democracia. «pie ora bajo la forma revolucionaria, ora bajo la conservadora. se agita eu la esfíTa política, porque la política e« el único ptmto que le ofrece ihis'iom's de porvenir, halagándola con esperanzas de una colocacimi decorosa. Y decimos ilusiones, y halagos, y esperanrim; )or<pu' en electr» es poco lo (pie hay de realdad en la carrera política. Para uno que medn; en ella, quedan mil y mil cruelmente biiHados, pnes por mas abusos que se str- i [xingan en la miillíplicacion de los empleOit, lay un cierto limite del cual no es dable pasar; no pueden calM»r lodos b)S candidatos avncimndula siluacionse ensanche escanda-, losaniente; es preciso (pie muchos eontinúon devorando su desengaño en es[)ectativa de nuevas mudanzas, en que (piizás les venga su turno. Esta es una ciusa de malestar (jue, dará que entender a todos los gobiernos y que solo puede remediarse lentamente: el Medio mas seguro ▼ pronto para at<i jar su ' |^ ' i'so y (iisiiiiouir aliíiiii l;inlo su daüo, i rur la arena [mlilica. (luuuiio i;! (}ue Uesec Usurar se vea pa'cisailo a saluT algo ri que cuatro vulgariiiadcs sobre fortuas gobierno; cuauiio se lialle en la necesidad de tener conooniiienlDS le.oriats v prácticos de detenuiuiulas lacullades, entonces menguara el priiiil* <le baeerse de inijwovisn Iimmi'mc |)ul)lie«; las venladeras eapacida« an mas conocidas, y |>odran tenor ua.s participación en los deslinos públicos; la plebe de la ¡nleligen«'ia se resignará con menos dilicullad a tareas uias niodcAlas.

La deiuocnicia ciuntitiea y literaria es casi la única que bulle en Kspaña; porque la de la industria, eseeptnados nniy p4>cos puntos, no evjj>lc ni puede existir en un ffüü agncola en su iiuuensa mayoría. \o IHj lides fuerzas ni exigencias apre- ■nau.>itl:^, cuando una democracia acaba de nacer; V esto es lo que sucede entre nosotros a ía industrial. Es preciso convencerse de que eij esta parle no nay nada «ujo pueda ' hacer fu ule a en gobierno decidido, que cuente con energía de vulnntad, y no se deje amedrentar por vanas apariencias. Uuy al contrario, el medio mas seguro de cou- Wvii.yr democracia, no es hacer con- :icas a hts que toman su nombre, Sino asegurar el orrien público, (|ue permite la tranquila eiaulaeion de los capitales, y (jue j)or consiguiente proporciona trabajo y pan a los obreros y ganancia á los • ui présanos: único objeto «¡ue se propone la democracia industrial. Como se nalln en \ia país virgen donde todo estii por ha( 1 1, lodo por esptotar, pasarán muclios años antes que putnla fallarle objeto en que em|)lear su actividad emprendedora. Esta circunstancia bara (|ue uuranle largo tiempo se halle la Kspaña sin el peso abrumador de un esceso de {iroduccion y de población, y por lo tantii sin los graves compromisos rn que se encuentran las naciones donde se ha veriíicado im gran desarrollo. En la complicación {K>lílica (|ue nos aflige, no es poco el estar libres de la social, y tener el tiempo qecesario para prepararnos á hacerle frente cuando sobrevenga, si es i\w con la espi -riencia de los males ágenos no liemos podido evitarla.

Ya |M»r efecto del esj)íritu del siglo, ya por los mismos sacudimientos de la revoliii^ioa, se nula en Espai'ia una decidida tendencia liácla e! progreso material, y á entrar en el circulo de movimiento qiíe arrebala a todos los pueblos cultos. Ésta tendencia se maniliesla cou señales inequívo-, cas; cada dia vemos que forman empresas para realizar algún proyecto importante; gran numero de españoles viajan continuamente por los países estrangeros, para llevar á su patria los nuevos inventos, y perfeccionarlos ron el fruto de sus propias observaciones; los ca|)ilales circulan cou uua abundancia y rapidi^z nunca vistas hasta ahora. y el genio industrial y mercantil que tan lozano se des[)lega en algunos pun tos. agita vivauiente su ant/ircha para der ramar chis|)as sobre las comarcas que permanecen adormecidas. He aquí uim i 1 i t uu sentimiento (]ul> tienen en la -..d española una fuerza efectiva: al gobieruu le sera lacü dsirles la dirección mas conve^jniente: pero si se empeñase en resistirieí>, si por una ú otra causa se hallase en opí)álcion con ellos, tarde ó temprano seria veofcido. Lo propio diremos de ese niovinuenl^ intelectual ({ue Lan vivo se va luoniíestandp; cu la actualidad se consume inulilmenlugri^i cantidad de él en la arena política; es muj posible. y ademas conveniente, el evíiar (jue ese vapor se (lisi|x', couio sucede aiunny sin dar impulso á nada que sea de provecho: arreglad bis conducios por donde ha de circular; aplicad su fuerza á. punios douik pueda ser útil; pero no cerréis loilos lujf re^^piraderos, que con vuestra iuq)rudcucia provocaríais una csplosíon.

K.NTRK LOS EXALTADOS Y LOS. ABSOLlTISTAStl MiJrHl 10 J» marta iU> IStt.

£n estos últimos dios se ha felicitado m«7 ( ho al gobienut por la energía que ha desplegado, asi con res|H»clo á los pronunciados de Alicante como á los guerrilleros dei Maestrazgo, y Galicia, haciendo notar qu9 con este paso se había dado una lección se^ vera á los partidarios de la anarquía y á los secuaces del despotismo. Se ha poníierado inuclu) que desde hoy en a<lelante ya sabrán todos los miU avenidos con el aciíial orden » (lé't'ósatt, qtíe iiu ataca iinpuiieincnte ni el trono de I*íabcl ni la lev fnndanicnlal del Kslndo, y asi ^íc inauguraba una nueva ora. cuya dnisa seria: justicia para lodoN ' Paréceiios ([uc on esta luanem de presentar los arontccimienfos hay cuando nienos alguna inexactitud, porque se viene á snj)oner que H partido nnsolulistn v el anarquista, cada cual por sti parle, lian lieclio un esfueno para trastornar el orden, v que el fusilar á los que se levaiilahati por el gobierno absoluto ba comenzado ahora. Es mas claro que la luz del día que la inmensa mayoría (le los realistas, mejor diremos su loialidad, no han pensado en sublevarse ni en conspirar; véase cuales son los hombres influyentes de él sobre (quienes haya recaido ni culpa ni sosjMicha. hl levantarse un guerrillero, el reunir una partida mas ó menos numerosa, no es un suceso nuevo: desde que ha terminado la guerra civil no se ha visto la Kspafia cnleranu iite libre de esas bandas, ni siquiera un solo dia. ¿ A qué viene. pues, el llamar de lal manera la atención sobre la coincidencia de los fusilamientos de Galicia con los de Alicante? ¿Es que date de hoy el fusilar á los carlista^! como á. los revolucionarios? líien notorio es que no: hasta ahora se podia hacer un pronunciamiento con seguridad de quedar impunes sus autores, si es que no alcanzaban galardón: mas ni ahora ni nunca desde 1833 se ha señalado á los «pie han proclamado á don ('arlos otni pena que el ultiiho suplicio. Este es un hecho (juc nadie es capaz de desmentir.

Se ha querido suponer no sabemos qué monstruosa alianza entre los sublevados de Alicante y los carlistas: á esto se puede contestar con un recuerdo, que será tanto mas d^ci.sivo cuanto es un argumento fundado en hechos de la historia del partido dominante. Cuando la regencia de Esparten» se veía ó creia verse amenazada por conspiraciones reales ó eparenles de los moderack>s, los órganos de la situación clamaban de continuo contra la alianza carlo-cristina; referian los pormenores de la soñada transacción; suponían en concertado movimiento á ü-I)onnell y Villareal, á Pavía y Elío; y hasta de wt en cuando confeccionaban juntas en Burdeos \ otros puntos del estrangero, donde «te reunían para la ejecución de tremendos designios el P. Cirilo v Martínez de (a Hosa. ¿»Se quería una prueba írrefra- ¡ gable dé ésfa verdad? Kh\ estaba línn Vsrtá de un corresponsal bien informado; ahí estaba el viaje del sugeto Á. que hnbia coincidido con el del iiersonaje Ij.; y sobre todo, ahí estaba el haberse aproximado á la frontera algún general adicto á Cristina, I mieutnis asomaba en el Maestrazgo una partida de anti^ruos secuaces de Cabrera, 6 « dejaban ver algunos trnhurnirrs en las crestas de las montañas de (iataluña.

Todavía recordamos (pie el general Vam Halen lu\o la humorada de asegurar que d movimiento de noviembre de Ilarcelona, né obstante de ser sus directores lumibres coi' nocidos |)or sus ideas republicanas, hahia^ sido promovido |)or los carlistas y los modc|| rados; y eslo lo decia con tal serií'dad qim se adeliuitaba á añadir <pie en la tarde del i$ desj)iies del fuego en que las tronas habian tenido que replegarse, el general conoció á los carlistas v moderados que se pasenbali por la Kambia mu) alegres y snlisfc líos, como lo manifestaban sus car;i"s Por manera, ijue en goliernando los c\altadits los cariislas se alian con los moderados, y en golH'mando los moderados los carlistas se nllan con los exaltados: a(iui Vcti^ dría bien aípiello de e n árbol cniao t&áos hacen leña. ' • La inmensa mayorin del partido moderadí es demasiado juiciosa para que pnil.imot persuadirnos d*- que asiente á seiuejantei alísurdos: y cuando ella ha sufrido los niisi mos cargos de bis ijue se apellidan aUmiztín nefandas, y ha tenido (¡oe defendertra tamañas calumnias, creemos qin- un senfimieiilo de justicia lo impulsará á xm acriminar á un partido qtie, sean cuales tflPí'^ ren sus convicciones. se mantiene tranqni-í lo y sumiso á las leyes. Quien ha sufrido uná calumnia. natural es que no preste fácilmente oido á ella cuando la sufre otro que se halla en circunstancias muy semejantes. El testimonio de la inocencia en atpiella saíon, nos del)e inclinar á presumir la inoccacia de los demás. ' *••!•*' Si los hechos no hablasen, bastante fViera a disipar tales conjeturas la simple consideración de los principios, de los intereses, di' los objetos de los dos partidos que se jtupoiien aliados. Pero se nos dirá que se habla de las h€C(s \ entonces no mentéis á los partidos, no rélíciteis al gobierno jior hal>er j triunfado de principios opuestos: las heces i no son los partidos. las hecex no |)rofcsan principios, M iicet cío' l^prescnlán nada; rio mismo que son heces son desechados; pcrtenvcen á determinado cuer|Mj; uourrojan sobre nada responsabilidad ni Uicha; el Iriunrar sobre ellos es una forlnna. es el curoplitnienlo de un d<MKT, mas no la vicloria sobre nin;:un partido, nías no una leedon ni un PS4*anniento para los hombres de bien de ninfriina opinión.

Sí se nos roplirase qtic los partidos mas distantes a veet-s se maíiromunan para derribar á su adversario, que asi acontece en Francia, que asi acont -rio en el pronuneiamiento de junio, responderemos que esto se verifica después de iariro tiem|>o del pn*dominio de nno solo, euando la exasperación K ha apodenido de los ánimos, cuando ya BO tienen esperanza de triunfar por otro medio; nías no cuando en reciente lucha se han hallado en o]>uestos cam|)os, y han luchado con encarni/amiento los que debieran;ilí;>r<e. I,os pronunciados de Alicante y (lar-;;i representan la causa 'de Espartero V del partido que Ib sostenía; y con ambos íucharou en junio los carlistas en unión con los moderados. ¿Quiénes fueron sus niejorw auxiliares en (lataluña, en Valencia y Él casi todos los puntos del reino? (loando Irob el pnMiimciamienlo de los centralistas pnrn nentralir.ar los riístdtados del pronun-