SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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■nto de junio, ¿por ventura los carlisiii> lavoH'cieron el triunfo de h nueva insurrección? ¿\o contribuyeron también ellos {)or Sil parte'á encerrarla en los puntos don-'stallado. oblij^'ándola en unión con I i 1 jcn ito, á ninrir de consunción? No conviene olvidar tan pront(» á los cantaradas con luienes se ha militado bajo una niiíona iem y corrido lo* n>ismos riesgos: los tidns como los individuos dcfien güar-€ mucho de la ingratitud. Por lo que toea á la monstruosa alianza, ni creemos fpie se hava realizado ni que piH*da p'íilirarse; mas (íiremos, en nuestro fanrept" m se presentara este caso, estaría en el inten*s del partido dominante, noel despreciarla con insijllante desden. sino el dpí»f»aratarla con habd política, atrayéndose al partido carlista Estii política, ya comen- I seguir con algimas medidas re|)araiiur;i>, podría eslenderse en mayor escala, V continuarse con mas perseverante y trabado sistema: norqne para quien conozca el estado de las ideas y costuud>res de España, es cviíicnte <pie no es |)osible establecer uii gobierno füérte si no ^ lo^ra el mdicadü objeto. Mientras el partido carlista se mantenga tranquilo, iiiofeiibivo, ageno á toda tentativa de insurrección, una de las fracciones del partido lilieral podra goliernar por mas ó menos tiempo, bien qu« siempre con debilidad y sobresalto; pero di'*;de el momento (pie el partido carlista se arrojase á la arena unido con la fracción es-( luida del mando, sucedería como si á im platillo de balanza que tiene el peso de uno se le contrapesara con cuatro. olvidéis estas verdades; recordad que en tiempo de vuestro infortunio procurabais atraeros la opinión y los interesi's de ese partido (|ue pudo sostener una guerra de siete afios; ta política observada en una secn'taría debiera donunar en tudas; y la prensa amante de la situación actual debiera C(»advuvar á unión, sin la cual no' es posible dacer la felicidad de España. ' LOS P.\UT11)ÜS POLITICOS EN ESP.\X.\.

AHTICILO I.

ai, d Hemos examinado cuál(*s eran los elemeiH tos (¡tie tenían en la síu iedad espai^ola una fuerza efectiva; faltamos ahora saber en que proporción se ban distribuido enln; los pan lidos i)oliticos. Esta investigación es indi<ipensable, porqne no es |)osibl»' acertar en el sistema címveniente sin conocer el res> pectivo valorde dichos partidos, y ésttí Valor está en razón de la cantidad de fuerza socíél que contienen en su seno.

Liberales y realistas: hé anuí las prim(»ra$ y ])rincipales divisiones que nan e\isl¡dO en España; bien que estas dos palabras sean ahora y hayan sido siem]ín' algo vaga.s |)0r demasiado generales, será preciso emfilearlas, a causa de la dilicultad de encontrar otras mas á propósito para espresar eva«-lamente las ideas á que corresponden, dada uno de estos partidos se ha iraccionado ert dos, (pie lian tomado distintos nombres, pero (|ue algunos apellidan moderados y exa^ lado», á pesar de que con estas clasiflcaciu- ^cs QU se üe6Í¿;nau los |>rÍQCi|>ios (jue profesan ni aun el carácter que los üisUnj^ue.

De los realistas, u i|ue desean la nionsirquia nl)solula, iiiio:< hun opinado por la conúnuacion drl anli^^iio urden di* cusas, asi en Jq social contó en lo político, mientras oíros han cn'ido que Olivándose el principio monárquico en toda su unidad y fner/a, era uroeiso entrar en ol camino de las reformas, naciéndolas «Muanar todas del tnmo. Estos últimos son los imitadores del sistema (|ue domina entre las >;randesiH)tencias <lel norte de Europa, o si se ({uicre, los discipulos mas o menos fíeles de la escuela del miuido ile Carlos II l. Mas no crea (jue ni aun esos realisUis nioderados estén acordes en todas sus opiniones y miras; al contrario, los hay que distan mucho entre si, y quu seguramente no se avendrían fácilmente en pun^ tos doctrínales de la mas alia impurlancia.

No todos los realistas moderados son alumnos de una misma escuela, no todos proceden de unas mismas lilas; y la diferencia de su origen se deja conocer en la nueva posición en (lue se hallan colo<'ados. Los hay que han salido de entre los liberales, relro-KradfUído como suele decirse; los hay que antes p<*rten(TÍeron á losrealislns oxaltad<ís, y los hay por lin que no están entroncados con a(piellos ni con estos, por no haber ligurado jamás en ningún partido polilico, y haber formado sus convicciones y dí'scnvuello BUS sentimientos á la vista de los desastres de la revolución y de los errores de lodos los gobiernos.

La genealogía de estos partidos es digna de ser observada, pues, que en ella se encierra nada menos que la historia del curso de las ideas |M>liticas en Es|)aña desde el último tercio del siglo pasudo.

El partido que se presta mas fácilmente á un examen sencillo y claro es el de los realistas enemigos de innovaciones en lodos sentidos; sin embargo, al dedicarse á este examen no dejan algunos de incurrir en errores de gravedad y trascendencia. Por ^qiii comenzaremos, pues., ya quti asi |>arece exigirlo el orden lógico de las ideas y de los hechos.

Los hombres que han opinado por la continuación del antiguo sistema en su tot<ili-4ad ó con esca.sas nHKlilic^ciooes, pertenecen a las clases mas identiticadas con él, y á las que pvr aif^ cijrcunbUiuuia^ pacf^cul^rc^ hau f vivido nwnos' luijetas al aliento diimlveate del esmrilu del siglo.

Se ha declantado ntuciio contra los fraile^, porque sostenían con ItKlas sus fuerza^í lo antiguo y resistían con tenacidad a las inimvaciones; y en esta declaiuaciou, cuando nu hubiese enorme injustici;!. habría cierLainenle mucha fall<i de lilosofia. Es prctensidu bien p<'regrma ta de exigir de un hombre que.se declare á favor de un sistema que se halla en coulradiccicm cou sn^ ideas, sus c(^tumbres y sus intereses; ey decir, con. cuanto puede afectar la convic-*-cion» la virtud y el ajuor |)ropio. Un fraile revolqcíonarioes un fraile enemigo de los fraU les, y esta es una ligura bien poco agradable: i de sospechar es que abriga utr(ís doíi^-nios (jue los de libertar de tiranos a las na y hacer la diciu del género humano.

En las innovaciones de los últimos tiom-^ po^ ha venido ensueltn siempre la ruina délos iustiluUts 1 i-li^inviis; \ un rr.ligio^ I digno de este nombre ¿piniia apoyar seuu^r jante proyecto? El «jue asi lo hiciera, a buitu seguro que, lejos de graiigearsc la eslinuciou de nadie, debiera atraerse el desprecio de los mismos en cuyas lilas se inscrihia. Se nos dira que un religioso, sin }M»rder nada de.sus virlU(U»s ) de U austeridad de su instituto, podía nuiy bien opinar ({ue bubia lU^gado el caso de una reforma: (|ue era mejor organizar de otra suerte aquellas insliluciones cuyo objeto había caducado coa el tiempo, aconuKlandolas a las nuevas oece^ sidades de la época; pero á esto responde^ remos, que no se trata de salwr cual era la utilidad actual de e4»te ó aquel instituto, ni de cuáles eran las variaciones ó mudanzas (|ue se |>odian hac^er. ni tampoco de si a un religioso le era licito abrigar sobre dichos nuntos estas o aijuellas opiniones: irár tase; (le si á un religioso le era {Xirmitido contribuir á la supresión ni reforma de sa orden sin la legitima autoridad; sí le era permitido pisotear los cánones. qucbrautar sus votos, ultrajar su propio decoro apartándose de la obediencia de sus prelados, menospreciando la regla á que voluularia-^ mente.se había sometido, v declararse ol enemigo de bus hernumos. ^sto es lo qué hacia un fraile revolucionario; y a decir verdad f este es un espectáculo tan repugr' nante,^ue muclu» nos complacemos en que havan sido tan pocos los que lo lian otrcrr lilA- Digitiz'ed by Google I m , sin [)ararse en los motivos de justit ía. sin llevar en f uenUi otra cosa (jiic U>s nalnrali's M*nf imientos corazoii. debiéranse haber abstenido los que de justos blasonan, de eulpar la incorreuibilidnti de los frailes en su aversión á Ins innovaciones re-I - y politicas. Al oir á un reli^jioso (jue « i. lia Imio lo que se ha hecho, que se empeña en no transi/iir en nada, no conciben algono^ como esto pueda suceder, y esriainan: exlos fumhres xon inmrrefjihies. Pero decid vosotros: si durante larjíos años htilMe^is vivido sometidos á una re pía, profesando doctrinas aprendidas desde la mas lienia edad, con la certeza de t^ne en respecto al recolar, hiftujtifj" med4rtn(!o' fa' diferencia de que este se veia amenazado inevitablemente de una destrucción total, mientras aquel temia des|M>jo de la propie- <lad, ultrajíes á las j>ersonas. ataques a la independencia de su su^nídn ministerio, y propafracion de los errores e<mlrarios al dop:- ma y a la moral. De esto resultó (lue en su generalidad se deelarase enemigo de las ¡nnovaeiones, bien que con respecto á la política no con tanto empeño < omo el regular, a cansa de que, a pesar de los males que veia sobre su cal»eza, no cn^ia posible, como en efecto no lo era, el que «e le destruyese completamente arrtiinando del loá& la Iglesia de Kspaña. Asi, tanto el clero se-' aquel retiro debíais acabar vuestros días, y cidar como el regular tenían la previsión y de repi'nte se presentase alguno dicieiidoos el presentimiento de lo que harto funesta- I «jae lo que vosotros reputabais como santo y venerable. era superstición y fanatismo, y os desp<ijase de vuestros bienes, y os arrojara de vuestras casas, y os condenara á ta miseria y al mas espantoso abandono, ^ t 'l 'via no contento con tantos desmanes, e que aprobaseis cuanto ha hecho, ayudaseis á consumarlo y á consoli-'1 os permitiese que hablaseis con 'I ' t iles alentados, ¿no diríais portase habia perdido el eiíiniin? Hues bien, en este caso se os frailes a quienes llamáis inrorrela corrfccioti es difícil [)onpii' es iinfKisíhfe destruir el eom>:on humano. Habláis ' rancia á unos hombres á (piienes no tolerado en medio de la sociedad; 1. - que os toleren amablemente ruando no les habéis tolerado que tuviesen los me- (fiOÉ de sul< la; cu ' nombre de vTfi»<frriv,111 ijiios no sf lo liu tolerado...('ompri'ndesf muy bien ipie seáis enemigos de los frailes, ya que 'si ' - impulsan vuestras doctrinas e in- . pero sed al menos algo rnzonabl<*s <lra enemistad: no exijáis que vurs Iras victimas os ayuden a inmolarlas.

Natural era. piícs, que el clero regular en sn toUilidad fuese acérrimo adversario íe todas las innovaciones; en ellas veia sa muerte, y esta muerte la alejan de sí cuanto pueden, asi las coqmraciones como los in-«lividuos: declamar contra un hecho semejarte es luchar contra una necesidad fundada en la misma esencia de las cocías.

Tocante al clero secular mililíjban lamhien alonas de las razones.alegadas mente se ha verilicado; bien cpie para este' habla ademas la cuestión de ser ó no ser»' que naturalmente debia aumentar su espíritu de resistencia. ' Y nótese, que en estas consideraciones prescindimos absolutamente de nuestras creencias. v miramos las co.<as tal como pudiera mirarías (piien fuese del todo indiferente á la conservación ó ruina de los insti-i lutos n'ligiosos. á las mopiedadesdel clero,í á la independencia de la Iglesia. y aun á I* n*ligion misnía: solo atendemos á estos ohK, jetos en sus relaciones con la influencia qu^ debieron ejercer sobre el corazón, y á la repugnancia á toda innovación que debieron* inspirar a las mencionadas clases. Bajo ef sislem i antiguo no les amenazaban peligros,' bajo el nuevo sí: teniendo »pie optar entre estos dos t'slnMuos, la eieccion no podiá sel» dudosa. ' ' • IVro, se nos dir;i,¿no hubiera sido me-' jor prestarse a una transacción, y socrilif ai«. una parte á la conservación del íwlo? ¿N> hubier.i sido pendente prevenir la revolu-^ cion, sali<*ndole al paso con la reforma 'N' Nibre este |)arlicular hay un fenómeno dig(^¿. no de observación, y que haremos notáf/ por(pie puede servir mucho para la intclP geiicia (le la historia y la conducción de los; negocios en circunstancias difícileí». Admíranse algunos de ipie los institutos religio-J^ sos no provocasen ellos mismos la refortntf propia. ya sea disminuyendo el numero de* sus individuos haciendo mas difícil la admi^ sion, ya sea modilicando su objeto conforme á la variedad de los tiempos y eircuns*', tancia». Sin entrar Oii la cuestión de W tpdad, conveniencia ó oportunidad de 1 opone gran resistencia al qm M le quiere a reforma, esnondremos en breves pa-! siisliluir;;isi se i splica en uua palabra coiuo labrihs lu UíIIcuIUkÍ que. a olla se o|)onia lUra vez acontece que las insliUH*iones hgBflantenle arrai^adaii en la stK-iedad se <jf struyaii ui ana se reforincu, sin fuertes sai udimionlos. Todo lo (jue existe olM'decc, iii instinto de conservación, y este instinto se, estiende, no solo á lo «{ue es esenoial, sino también á lo accesorio. El individuo no solo tiene alicion á su existencia, sino tam- i bies á su UMior de vida, á sus usos, al pais; en que reside. á las personas (|ue le ro- (bíau. en una palabra, a lodo cuanto le ba ¡Vfeclado por algún tiiMn|>o, aun cuando sea lo mas insifíuilicíMite. ¿Quien no lia «sperioienlado cierta p(ma al v»»rse privado de objetos de n>uy pin a monta, y por b)S cuales ao.c,reyora haberse interesado si no sintiese un pesar al separarse de ellos? Recuérdaiie ii veces con dulzura mezclada de tristeza. el árbol que crecía en el jardin junto a la ventana donde nos asomáramos para distracción y esparcimiento; la forma de la babitacion donde. viviéramos largos, años, sus muebles do menos valer, se uos presentan tal vez como la memoria de antiguos compañeros con quienes estuvimos ligadw) con inadvertido afecto; lo que es de SU} o ás|H^ro y repugnante, el uso lo con-' vierte en blando y placentero; á las molestias, á l(W4 nuiles mismos se apega el hombre; lo que para unos fuera una privación inso|K)rtable, es para el acostumbrado á ello una necesi<lad imprescindible.

Lo propio que en los individuos se verili- CA CQ las corporaciones, porque no siendo estas mas que un conjunto de hombres unidos cop ciertos vínculos y dirigidos á unmisn»o -objeto, forman una esiKície de ser moral, que participa de la naturaleza del individuo humano. De aqui resulta que es muy difícil ' qne del seno mismo de la corporación brote el pcu-samiento de reforma; y si brota, diíicilmente alcanza á vencer los obstáculos (|ue ' Ctt todas direcciones encuentra. Asi se es-' plÍ4ra cómo ba jKxIido suceder (pie hasta los ^ StUitos (|ue se |)r(>|Misierou este objeto hayau [ tropezado con fuert4>s embarazos, y suscitados ' algun(»s por |>ersonas de recta intención y de cumplida Inienn fe. Asi.se esplica como toda cscuclíi dominante en delermiiuida éjioca lu-' clia von tenacidad contra los (|ue mientan destronarla, ni siquiera modilicarla. Asi se ' célica cómo l(Mlosi>tema de administración ludas las innovaciones, antes de triunfar. y, desarraigarse, es preciso que se resiguen i^, un |M'nodo mas o menos dilatado de urdoro-, so combate.

Si bien se observa, la sociedad esta sometida á dos influencias oi)uesUu» que ' (Irán interminable*; luchas, v qu.e a ^c^is acarrean espantosas calaslrofes: el, espíritu de conservar, v el prurito de innovar. Naluralmente es el liombre ulicionad(» a uoveda^, des, pero naturalmenU» se apega también a lo que le rodea; de aqui una lucha que oo sicnqire se resuelve con i^iedios paciUcos, y (pie cuando afecta grandes intereses y conviiciones profundas, rara vez deja de producíj calamidades sin cuento. ,,Xodo lo criado se resiente mas o meuos de la acción del liemi>o; a veces enferma, tal vez envejece; ora pierde su primitivo vigor, ora su energía mengua; quizas uo ae endereza a su objeto con e| jm^ tan certero y Uriñe que en (lias mas felices, quizas se desvia (le el V se encamina a otro menus ulil; todo sufié modilicacioues, que al cabo, de cierto tiemiKi exigen ipie se iduvenezca. Este rejuvenecimiento, o puede dimauar de )rincipios amigos. tomo la reforma de la disciplina v la abnnacion de la independencia eclesiástica fueron debidas en los siglos medios a los heroicos esfuerzos de San íircíjorio VU, V en los modernos a la sabiduría del Concilio de Trento, ó bien puede ser provocado por principios enemigos, y entonces el rejuveneciuuenlo se \eiilica bañándose el rejuvenecido eu su propia sangre. Uno V otro efecto están sulwrdinados a los designios de la Providencia; iMiniue, como dice San Vgustin, Dios no [M^rmitina la existencia del mal, si no fuera tan sabio y tan huer no que del mismo mal sacase el bien.

Asentados estos principios, observaremos que las reformas (pie con la mudanza de las circunsUiicias se habían hecho conveuientCJí, parn hac(;rsede un modo pacilico debían proceder de la acciou de la autoridad legitinia; pero e.sla, como (pie anda guiada por el buen deseo, «pie respeta pr(»fundanH5nte la justÍTr cía y la equidad, y que atiende al bien común. procurando c(rtuiliuilo con el bieu poiticular de lo (|ue ha de ser objclo de laxeforma, camina regularmente con paso lento, mesurado, v anles de destruir lo e\isl(íiite quiere tener* preparado afluqilo,.(ip^.í4Ufj,;w Expone reemplazarlo. Para esto m necesita mpo; y desgraciadamente la tormentosa éMoa ca que vivioioB so lo otorga; el genio 4m mal se agita con «sombrosa actividad, mncba con iniToilili' rapídpz, v antes «iiic ItMtoridad If^itiuia baya }>odiciu cuiuuu;&ar Itrefonna ¿1 ha eonsonado la destrucción. Entonces no (juoda otro medio de reparar el daño que andar recoiiiendo los buenos eleaKoto.i dispcrsüü acá y alia, y comenzar de nuevo la obn con Tatigosa laena.

Mas no se dií<a, como decirse suele con ligereza é injusticia, que no se quería ninguna reiorma, que M la hubiera rerátído fíMalquiera que hubiese sido su naturaleza y origen: si la reforma hubiese dimanado de k autoridad legitima, nadie se habría opues-Iftáella; una palabra del Sumo PoBtUice hnbiera vencido todas las resistencias é im-^ puesto silencio á todos los clamores.

£u obsequio de la verdad y de la justicia ae áebe notar, que aun los mismos que conocían la conveniencia de algunas reformas dciueron de «nidar muy recelosos en indicarlas y promoverlas, temerosos de eniraren an terreno nabaladizo, donde no siempre es fá< il detenerse en el punto debido; pero esu> solo pru(>l)ii que la revolución, que ha iecho el mal destruyendo, impedia él. bien amedrentando^ y dado que hi oportunidad.se brin<l;i i " cnos (|oe csle es uno de ios daños mas l unestos que nos ha traído el esphñtu destructor 4e la levoloeion: el intimidar á los liombres de buenas inlencíones, retravrnilo!(i> tK' mejorar y corregir, por no abrir la.uui;rla a innovaciones que luego se httsta el último eslremo. Hemos creído conveniente detenemos algún tanto en el e\anu;n de las causas que Qtulivaron la aversión del clero á los sistemas mvolttcionariaa* porifue es preciso fimnarse sobre este particular ideas muv claras y aiactas, si se quiere comprender, nuestra ^ístoría de treinta años á esta parto y acertjtir -en el camino que en adelante conviene tomar. De lo lii lio resulta que la Uelitiion y la monanjuía lian tenido en el clero un liruie rá el degradarte y suicidarle. • Ut cion no era halagüeña.

EL fiOBIBaifO T UL9 CWTESU é» MU.

Cuando la observancia de la ley se ha hecho imposible, es pueril em|)efk» el de atenerse a ella: y que la reor;rnnizacion del Estado es imposible por medios estrictamente legales, es mas claro que la luz del día. Supongamos que el ministerio no se hubiese, desviado de la letra de la ley; que. liel (»liservante de ella, con la añadidura de las prácticaspariamentarias, hubiese eontinnado con las Cortes arfoiertas para obtener las leyes de (pie necesitaba y procurarse el prestigio que diz alcanzan los gobiernos cuando están rodeados de los representanfes. de hi nación, veamos lo (pie habría sucedido, lijándonos únicamente on la cnoslion de. Oh)zaga: examinémoslo sin aleccion de ninguna clase, sin parcialidad, atendiendo á la mi><ma naturah'/.a de las cosas, y á lo qne not; hace conjeturar la espcriencía mil veces repetida..

U discósion sobre el asunto de 01()zaga hahia comenzado ron preámbulos tan colosales que no sal)cmos adonde hubieran podido llegar las dhnensiones del cuerpo de la obra. Oradores hnbo á quienes no biulafaan las horas d(» wm sesión; habían nienester tres y cuatro días para csplayarse cual deseaban, y lejdb de agotarse el fondo de lo que tenían (pie decir, harían todavía misteriosas reservas, «pie andamio el tiempo eran capaces de desenvolverse en dilatados discursos, como de pequefta bellota nace de»-comunal encina. Ya fuera espreso di^sijinio. ya espaiisiun de sentimientos de amistad hacia el personaje caído, ya dcsahop:o de ini j)alriotismo que temblalñ por la causa de l¡i-Ivertad. lo cierto es que la discusión llevaba trazas de prolongarse indelinidamcnte; y a tpayo; y que no podía ser de otra manera, I no sobrevenir el decreto de snspemdon, era ' ' ' ■ •■ ' de temer que no hubiera sido e! Sr. Olrtiaga quien sufriera el castíirn de su atentado, sino la nación, que se hubiera visto condeneda a presenciar un espectáenlo que por mome^ tos se iba haciendo mas feo y repuL'nante. I)(»¡enios aparte lo que habría meniriiado el va s« atienda á lo que de él rerlajnaban su Jlel)eres, ya sea á lo que le aconsejaban sus ialereses. De suerte (jue cuando.se ha exijrido del clero que se adhiriese de corazón al.mstenui revolucionario, se ha venido á deeirlp: «queremos que faltes á un deber sagrado; y el premio que por ello recibirás se- f decoro del trono^ie }a comenzaba u quedar DIgitIzed DIgitIzed mal trocho; In osad ia de los tribiiims nndaba cobraiulu laks Itrios, que bien proitlo los acusadores se vieron acusados. Ya el seflor TiíMi/ ili ' lífiilu) tuvo <^uc íiifrir sovoras y aiiicua¿aiU«'.s reconvenciones imh* no se c[ué rórmalidadcs «jue lia!»¡a dejano de observar en la presentación <N famoso d(KMimenio; ya se rehajakí á la aiiirtista Isabel liasla el punto de exigir íiií < arco coa un simple particular; y bien que.on miserables parodias eomo han sido las de nuestros revolucionarios, «I'ii/.ás se intentara aípjelln (le! rey de Francia sometido á un tribunal, cambiado el nombre de Inis XVI en el de Luis Capelo.

Hombres de estado de tardía esperiencia, de jiiieio sosegado y maduro, a\eznd()s a las J)iaclieas parlamentarías, y c;i[)ac4»h de haeer irente á todas las revoluciones del mundo con un discurso brillante. (|uizns lo hiil)ieran meditado mil scces antes de suspender las sesiones de cortes en uiomentoR tan críticos, en que las pasiones estaban exaltadas, los gcfes de la oposición en actitud int;inn ntr, y en que el trono podia necesitar del a¡M>yo de loa amantes de la sHaacion, de los oelo* sos defensores de las prerogativas constitucionales de la Corona. ¿Qné^ Imbicr m dif ho tal ve?, á quien les aconscjasi' niedidu tan antiparlamentaria] ¿Qué? ¿No comprendéis toda la j¡:ravedad de la crisis? ¿No \ cis los jiclipros (pie nos rodean? ¿No alcanzáis lo cpie revelan esas indicatioucs amenazadoras »pie salen de los labios de elevados personajes? ¿Queréis escandalizar á la nación faltando tan abiertamente á las prácticas parlafinentariaSf é infringir la Cbnstitttcion cobrando en el afto que va á comenzar conUv bncioncs no votadas? Ifaírámonos fue ríes en «1 terreno legal, esta es la arena que deliemoa combatir; nuestra victoria será tanto mas p;loríosa cuanto mas baya sido disputada, y la derrota.será tanto mas hiiininante IKira nuestros adversarios, cuanto mas se laya mostrado de bulto lo malo de su cansa con la impotencia de sus esfuerzos. Nuestra mayoría es poca en la actualidad, un golpe de aire que constipe algunos diputados de nuestro lado, una ocupación crae los detenga en casa, puede ciertamen!- firt cernes perder una votación; pero esia situación «ngualiosa ba de durar muy pocos días; de las provincias van viniendo iodividu(^ ffue nos pertcnecr»n, y si alcanzamos nna nifivoría de 30 ó 40 votos, ya no hay ocu¡)aciojMs ni atteracíon- atníoalirlca iitte' foedah echar á |>erder la causa de la CoAstiMckm; del trono. ' Bt prusidenle del Consejo de ministros. <|ae segun noticias ni se ha formadoeo los salones de palacio, ni ha ettvcj[ecido en la carrera diplomática. ni encanécido con bondos esta^ dios sobiv las obras de derecho público, ni de coi!!t't!-;i( i(ín, ni de altas íectrías, debió dn mirar las cosas de otra manera, y dina |>ara 8(: «Todo este reído que nos atruena, y qne á mi me amenaza de una manera tan forinídable, al tin y hien examinado de cerca. no es mas que la gritería de media docena de bombres; y bien me sé yo míe tos tales (rritris, por fuertes y desfemplnims que sean, no traen en pos de si los rayos de.liipiler lonanlc. ¿Quien nje veda despedir bruscamente á lo8 qne tanto dedaninn? Si cierro las r.órtes y mañana me parece bien mandarlos conducir a la cárcel, esos tíkines entrarán en la humilde categoría de los demás presos; y esa tempestad teatral en que arpare* cer sé ha de hundir el mundo. se desvanecerá en un instante cuando yo dé la señal ^ correr el telón.» Ssla manera de conside* rar las cosas no era muy parlamentaria, Eiro en cambio era muv despejada y clara. I Sr. Cronzalez Biabo debió de recordar que los hijos de la revolución, si noqoiéren ser víctimas de sn madre, han de desj>ojarse de la piedad filial, sin temor de (¡iie les suceda lo une al parricida que en rwíüa de su impiedad andana agitado pNor las furías.

Si;induvo errado el ministerio ó no, cuidándose poco de guardar á la revolución las consideraciones que muchos deseahah, esto no lo han de decir las teorías sino los hechos: record-id en qué estado nos hallamos, y comparadlo con el presente, conjeturad sobre lo <rae habría aneedido, y ved lo qae está sucediendo. Cn^emos que habiendo de optar entre el orden y la anarquía, son pocos los hombres de buena fe y leales ínteneiones que Tacilen en lomar su partido.

Dicen (jiie es nuiv i rnvccbosa la enseñanza de la historia: bien esírafio sería que de nada sirviese lau reciente es))erícncia.

PARTIDOS POETICOS EN iMU.

ARTICULO II.

Üijiaios cu el uútiieco aaUsrior, qm: iw loilos los vealÍBtift qye se- «iwUklui nújentá i-^ttar una parte de las rerormas predica-» «tas ¡NN* los lilnralcs, bien<-qHe ¡iseutantl» por rc^h qwe deben liacerso por el soberauu, sin lltivttrias lampoco hasta ol eslresM que y dehiHlad» ^nisíado las nAiieiieiis religiosas y morales, corriese polipro la Es* paAa de caer nuaumoile «o manos de los trastoroadoreb.

, Si algún temor abrigan eaot'lKMibres, te eldft una reacción, qiic d i rtgíúudose contri la revolucioQ, los alean/ase también á ellos; ruiauera que eu ptuiiendo vivir seguros que M los ajueoaza (al.|Mií|eh», porcier* uu (oUoa procoden de tuias uusuuus lilas, y que la ilHere»oi« de aat origoB se deja conoctr en la nueva poúdOK ta que se hallan caliKíidos. Esta distinción es importante sobfeiuai^m, pues aoc conduce máa múim qoo i coBoeer «núes m opiniones que profesan con respeclo á pooUw 4e siay grave trascendencia.

Lü.s reaiibUis moderados <|ue liau salido de entre los líbenles, nlrv^^rodeiido cono suele decirse, son cotminmentc mucho mas aoaigos de reformas en la parte religiosa y social, y simpatiziin por una organización poKUca en que d mmmwL, rodeado de maze«!lad y al)undantemente pro\ isto de medios de acción, íiguru como uu gran rcibrmador, isaidDImdú «on poso fimic > seguro el nii>* viMÍeiito social, qoe bajo el imperio de la r»*\ólM( i.>n eaminár i incierto y flucluaole. Y cucuta, <iuc al bsplicar de esta suerte laá r' 'ones y tendencias de los hombres de di- ,)artido. hahiainos de aquellos que havan lleirado a poseer sobre este particular ¡deas propias y lijas; pues no ignoramos que algunos se dejaron llevar por el Ímpetu revoliK if>nnrifi, tnns i)icn á impulsos de su corazón (^uc de su cabeza; y que tan pronto como vieron el punto á que se dirígian las sasss, han retrocedido lutsta ponerse poco menos que á retaguardia de los realistas liaamáos exaltad(»s.

Sn embargo, edas eseepdones son hastanle raras, fioniuo en política acontece lo fMi rcíitrion, doivlc convertidos no ^tasao couiuuutenle a un ailo íen or, a no ser 80 cambio «embaya verífioado de una manera eslraordinaria. Y asi menester es «Mií«!Scir ipie, ^enerahnenlp halilando, cuantos se hau aliliuüu euUtv los reaiisLas después de haber pertenecido al parli«}o liberal, pror decididamente ai goba'ruu (|uc se propusiese curar:d» raíz nuestros males. Lo que desean es tolerancia. pam sus opiniones |)asadas y presentes •?)o sí* resi»-!<'ii si eslalihn ¡miento de un poder tuerte, cou tal (¿ue este no caiga en nanos de hombree de quienes recelan un sistema esclusivo é intolerante.

Lí\ otra clase de realistas, es decir, a(jucllus que huu salido de entre los exaltados del mismo partido, son hombres que. han estadiado la his!nrin de lo acontecido en 18(4 y 1823, y que han creido no hacer traición á sus cottvia'iones, ni contaminar la pureza de sus docIrÍDSS, con procurar que las pa* siones no se mezclasen demasiado en la oefensa de la verdad y de la j[usticia, oomprot metiendo con su exageraeion y sus desmanes aquello mismo que se quiere sostener.

Estos hombres firni f!;i'l<» una mirada al estado actual de ia:iociedad espaí^, han visto las Bud^eaciones que han sidrido las ideas y las costumbres, han atendido á las nuevas necesidades que se han creado, al üspiiUu dominante en Europa, iü carácter de la civilización, que ño permite á ningún pueblo aislaríic coni|detamente; han presenciado ios desastres de la revoluciou eu nuestro suelo, han sentido vivamente la urgencia de salirla al paso y detenerla en su carren» desatentíidn ^ (lcsf)lriilMr;i, \ han discurrido dc este modo; ^Los danos causados |M>r las innovaciones y trastornos de lesiídli* mos tiempos son indudables; á la vista esy no pueden ocultarse á nadie que no qutera cerrar los ojos á la luz. Es cierto que sebancstraviado machólas ideas, que se han maleado iiotáblemente las costiunbres, cpjc de las in>Ulucioues venerandas que nos Ict gaiou nuestros mayores, unas han sido couh pletauicnte destruída^t otras hisiimosamente Dlgitized by 4M ciltt «to» de niioa, ha ¡mnidido «l'fenie I cibinM de MestnM padres eonoim depóndel mal, fíiiíado p6r el error, y auxiliado | to sa^rrado? ¿Basta que les digamos, que por ia ambición, la codicia, y todo tinagede | no toda- la generación ha siik) delincuente, instintos perversos y de pasiones ruines; es | que los malos han sido en {mro numero y cierto (^ue las vietínas son muchas, que la I uue la inmensa mayoría no se ha dcísvíado íii los senderos del bicn? ¿Xo podrían ellos echamos en cara nuestra indolencia ó apocamiento, que nos hemos dejado arrollar por esos pocos y y esto no solo en un momento de sorpresa, sino después de hallarse presentado oportunísimas ocasiones de rehacerse, de concertarse y de hundir en el polVo á esa mÍBOrfa? ¿Acaso la verdad no entraAa mas fof r?f! que el error? ¿Acaso las conviociones profundas y duraderas, no son mas Alertes y enérgicas qoé las npHiioDes flHH nuMiláneas? ¿í*or ventura Ioñ intenciones rectas y leales no pueden j)n"valecer sobre las miras mezfjiiuias? ¿Por ventura la nobleza del corazón no puede entrar en ventajosa lid con las inspiraciones de no mísefable i»> terés?

»Los principios de la sana monit prescriben que no so apruebe nada malo, pero It buena lóde i PTií^e t;»m!iien que Bo se discurra sobre siHH>siCtones gratuitas ó imposi-> bles, prescindiendo de ta lealídad de las cosas; la prudencia aconseja que para obrar no se forme el empeño de olvidarse del terreno que se pisa, de las circunstancias que rodein, de los peligros que amenazan, sí Be caniina con temerario desaliento. La espresion de <( o todo o nada » es una espresion insensata; si en los asuntos mas conmnes de la vida no admitimos semejante regla, ¿podremos aconrodar á ell i imeslra conducta tratándose de los grandes mlcrcses de la soeiedadt »¿ Quien puede negar qne el aKentodisol« vente del siglo ha enllaquerido entre nosotros las creencias y relajado las costumbres? ¿Quién puede negar que la revohieÍDn, ann cuando no baya hecho los estragos (jue en otros paises, ha dejado huellas profundas? ¿Puede nadie lisonjearse de que la España de hoy sea la Kspana de Felipe ü? Pues qué?

injnsticia es clara, que la crueldad dente, que el escándalo es repugnante, que jbs males que de ello se derivan son incalculables; y es cierto por tin que todos los hombres amantes de la justicia, tmios ronzones honrados, al lijar sus miradas sobre este negro cuadro, esperímentan on santH miento de aflicción, en pos del cual se levanla desde luego una indignación generosa. Todo esto es verdadero, es cierto, es evidente, es palpable; pero ¿cual es et medio de curar el mal si es posible, ó cuando menos de atajarle, de disminuirle, de derramar alguuas gotas de bálsamo sobre heridas irritadas, y de poner Treno á los malvados que se obstinan en irritarlas mas y ma<. en ensancharlas y ulcerarlas, y en abrir otras nuevas, si cabe mas profundas y dolorosas? j^Qné es lo que aconsejan la razón, la prudencia, nuestros interesr-s mismos? V sobre todo, ¿cuáles son en situación tan amarga los debéis de les iMMnbres de sanas doelrinas, de convicciones sinceras, de intención recta, de miras elevadas y grandiosas, de corazón hidalgo y emprendedor?