SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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clase d(3 cneniiíroíi; los íiyimtaniicnlos están VOiMPUCslus (lü hombres adictos a ia causa *del jordei), y opuestos por coilviocion y por interés á los motines y trastornos; las autoridades, ó son todas de la devoción del gobierno, ó si bay algún empleado (|uc no simpatice cob la situación, puede ser removido t liando se crea conveníanme; la Uíilicia nacional, esa eterna pesadilla de cuantos hombres pensaran en reorjíanizar el pais, ya no existe; se ban (piitado todos los obstaculos: se ba allanado el camino de tal suerte, que es dable marchar por el del modo que se quiera; y entretanto, ¿qué haee el gobierno? Enerfíico en el momento del peligro, salvando sin reparo todas las barreras^ suspendiendo todas las garantías, preseÍDdittnd»'de toda consideracioii á sus adversarios non los di' m;is alia cnleiioria, alcanzo a dominar la crisis, ¿desbarataren una parte las conspiraciones, á vencer en otras la insurrección, lo.s:rando en el espacio de dos meses (lueqoediise dominante en toda Espaúa la enseij^^d^ gobierno,, y estármentando con inexorable rigor á los que se hablan atrevido ¿ declarafse contra ella. Pero tan pronto como ha consoíinido el triiml'o se ba dormidu trani{uilo sobre los laureas, sin dar ningún paso para salir de la situación escepcional. pi'nnanecieiido en la misma como si fn(>ra un sislema gubernativo acomo<lado á tiempos normales. ' ' 'Una nación de catorce millones de almas, ¿puede vivir sometida á un estado de sitio t cuando uo hay guerra, ni peligro que por iiiQit se eneienda? Si ae nos dijese que Mi rawdiMoa no desíBlea de sus maqninafiones, y (jue asi es preciso mantenerse en acUlud imponente, opondremos que en este eaoomes^hemoff de hallar de aquí á m aflo lo mismo que abora; y si para prevenir las insurrecciones no tenemos otro medio que el estado de sitio para la na( ion entera, dediceee ooe esta es la ley (|ue se nos in^ ne, y saldremos de!a incertidumbre. • £ra de creer que el gobierno, despleijMdo tan terrible energia contra los perturbadores éd óiden público obraba con un plan; v qiin asi romo sabia lo rpie liabia de nacer para Iriuular, asi también babria preiMiltdo;q«é<eonducta «aikteiiia seguir des^ pues de alcanrada la victoria. Si esta premeditación existia, debieron inspirarla las circunstancias uiisnias, porque fácilmente se ocarre a das tan estraordinarias, qne no siempre ba de ser ))osible continuar c<Mt la escepctoft* y que ri* fin 4ia dd ser fMPeoM* «taanaart á' una rehila. Xo obstante, según todas las apariencias este plan no existia, ó al menos no estaba tan preparado como era de desear; se trataba de vencer, y lo restante ae apto» zaba para mas tarde: se vivía para el día de boy sin |)ensar mucho en el de mañana.

Cabalmente en circunstancias ias críticas la ooaaion es anuamente fugafet en los tiempos que corren la fuerza de los gobief'- nos se gasta con lucreible rapidez, tiaciéa» dose luego imposible loque'antea'iieiQfblÉi dificultad notable. Porque mucho se eqjm^ vocan los ministros si creen que basta el silencio o la reserva á que esta precisada una parte de la prensa: »iaBgaa aa-aüMir sita del permiso de los geles políticos, las corres|H)ndencias y)articulares suplen en parte la acción de los periódicos; y por fia cuando los hechos son muy patentes mms |)osible cerrar los ojos á la luz: d pense-» miento va siguiendo su curso, poique al peosaailento nadie le «aendena. vn«q-..i^h La iiwertidumbre es u n estadopénime |n un gobierno que se encuentra en una situa-^ cíon dihcd; ni impooe a los eneiuigos ni ooolenta i loa aasigos; y danda vaai ftkm ¡dea de la elevación de sus miras, no4W ad(|uiere nuevos pariidanos, antes esperí'f uRMiia lodos los dias cmisiderables defisap dones. Por cierto que ai sistema poiMiaali noli lar es un sistema muy vigoroso y es» pedilo; pero creemos que ñ» hay neoesidid de ello, y que los aiisasoa y mejeres eÍMlr los se pueden obtener dejando que «¡ni con accmn regular y desemfaaFBaada al aliar cipio monárquico. * 'u. n-^ i^* 'tr^námm Goafésanaa ingéntMoieiila qí» naM» prendemos nmu) pueda convenir á la nación ni al gobierno mismo ese sislema con í|ue de palabra se rinden tantos bomenages a la Constitución y se la tiene awpaadida en la realidad; no alcanzamos por qué no babia de ser mejor el decir íroacaiaente: quiero ó no quiera AiiaaBioB da las Géites; quicio la suspenaíoB éd la Constitución hasta tai • cual tiempo; quiero hacer tales ó cuales leves, sin esperar discusión m conscatinuenlo de-los^cBemofl loalogisladéaaa; ^futmém quiero la libi riad de imprenta: entonce«ll nación Stibria a que atenerse; los (jue opin»"-seo en favor del sistema que se luaugusaas^ pondrían de parte del gobierno ^ los de-! 3bs le liaritui la oposicioQ por los medios <|uc quedasen espudilos, ó se resi^uarian a la BÍluacioii que se creara; se vería claro el ¡{ porvenir, se sabría lo que bay que esperar ¡ 6 que lemer, } no se lemU'iu al pai.s calero en lau^KMiosa espeelali^a.!

Se dirá iiue entretanto se disfruta de paz, j uve al pueblo p(K-o le importa que sea de \ «ta o <le aquella numera; pero en este pueblo hay una gran purcion de bumbres nuc Kieosaii, que no están satisfeebos con saber i.que tienen el dia de boy \ desean saber lo que liabra el dia de niañana; y basta puede ñsefimrwi que la nación entera se re-, Mente de un estado de tal incertiduinbre. y que csperinienta cierto nialestar (ine no es uada provechoso para consolidar la situa-;fioo, y que no deja de esparcir el desaliento y la deseonlianza.

El gobierno, suspcudiendo la Conslítu- ' flioii y declarando en estado esce[>cional a la | Kmwfta entera, ha |>edido al pais sumisión ' y oliediencia, y ademas decidido a|)oyo para sofocar la insurrección: el pais se ba i prestado á audtas cosas, pero ha sido con la ] esj>eran7.a de que no se trataba únicamente de vencer sino tand)ien de ai)ro\ echarse cuerdanieute de la \icti)ria; con la e>*peranza de que desend>ara7.ado ul gobierno de los rebeldes de Aliiante y (lartauena plantearía un sistema de orden que ofreciese garantías de esla!)ilidad. No obstante, los (lias pato y nada se hace; continúa el estado ecccpcional, nada se dice del modo con que M piensa resoUcr cuestiones gravísimas, f que se hacen tanto mas difíciles cuanto mas le apla/an; y en inccrlidumbn* los ánimos, fluctuando entre el temor y la esperan7,a, se deshojan todas las ilusiones y se conciben Mspechas de que la crísis que acabamos de ' ■travesar no ha sido In última, que solo debe I 9tr mirada como uno dt' los accesos de fre- i nesi que nos atacan períódicamente, y que continuaremos en ese funesto estado de anárquico des|)olismo en que nos hallamos des-; de IKU.

No decimos (|m^ esa inacción del gobierno dimane de flojedad ó pereza, ni de olvido de los intereses públicos; antes bien nos inclinamos a creer que este raro fenómeno ü susceptible de una esf)licacion harto mas i aMHÜla: no sabe qué hacerse. No estraña- BM8 el embarazo, pero si nosadmira que no tie k hubiera previsto, ó que si se le pre- H vio, no se aprovechasen los dos nieses últimos |tarn escogilar un medio de desalar ó corlar el nudo. Es nmy natural que el gobierno tenga repugnancia a abrir las Cortes, pues que es evidente que si alcanzase mayoría, lo que no es seguro, se enoontroria por lo menos con una miñona numerosa que le combatiria con eslremado acaloramiento; es natural (pie tenga reparo en soltar la prensa, porque desde el momento que esta pueda hablar con entera libertad, sin temor a otra cosa que ¿ los fallos del jurado, el ministerio va á sufrir tan tremenda oposición en diferentes sentidos, el desbordamiento ha de ser tan lerríble, que bien caro ha de pagar el incienso asaz empalagoso que hace dias está recibiendo: es natural <pie tema el dejar campo libre al movimiento político en reuniones, esposiciones > protestas, porque tan pronto roibo e^lo.se xerUiíjue desplegaran sus fuerzas los enemigos de la situación, procurando abultarlas con el estrépito y la osadía; es muy natural por consiguiente tpie no se dei ida a entrar de nuevo cu la legalidad constitucional, pür(]ue en ella ve su muerte ó cuando menos gravísimos peligros. Verdad es que algunos de los ijue le lisonjean le presentan este camino como sembrado de flores, y que al oírlos no parece sino que el parlamento ha de conceder desde luego el bilí de indemnidad, y (pie por agnuleciniiento se han de levantar estatuas a los ministros; pero bien saben estos ([ue el negocio no es tan llano. ipic la situación de las cosos no es tan placentera, ) que d(mde se le promete gloria y recom[)ensa podría muy nien encontrar humillación y castigo. >i V no volviendo á la legalidad constitucional, ¿qué camino queda? hace?

El problema es difícil, sumamente espinf)- so, sobre lodo para h(nnbrcs de los hábitos y de los antecedentes de algunos de los minisUos. Como quiera, preciso será resolverse; es imposible permanecer asi; cada dia (pie pasa hace la situación mas apremiadora; ya (pie en la actualidad cuenta, si., con la aquiescencia del pnis, pero no con el decidido apoyo de intereses poderosos ni de opiniones iiifluyenti^s. El partido progresista la alM)rrece de muerlc; el partido llamado parlamentario está descontento porque no se entra de nuevo en los limit<'s de la Constitución; el monárquico no está satisfecho porque oye las continuas protestas c4Nitra cJ absolutismo. ¿Es posible prolongar una situación semejante sin gravet» inéwveiiientes y p«lignitf ífE^IfMÍUe aue una pirámide se sostenga estribando soure ra vértice? Los gobiernos no pueden empe-Mme en andar sobre la niarouia; es preciso fa» caminen sobre terreno firme y ancho-' roso; de lo contrario se esponen á que nn gesto mal combinado dMlruva el equilibrio ▼ ae vengan af nielo entre h» silbidos de los concurrentes, con mas los doaagitdaUes tares de tamafta eiúda. • • PAftTlDOS POUTiCOS £N ESPASA.

A mas de los partidos polilicos uue acabade describir, liay otro que lia tomado dífereoteli DonriMres según la situación en í|ae se ha encontrado y la actitud en que se ha mantenido, no ol)stanle de que en el fondo ates mas que uno, y que, asi por sus doctrinas como por sus actos, poede llamarse con toda propiedad el representante de la revolución. El título de exaltado mas bien eapiesatma pasión que un pensamíenlo; y Ú de progresista tiene significación muy varia, y por lo mismo no determinada. P«'ro el sentido de todas estas palabras se lija muy Men desde que se entienda que se trata de revolver la sociedad, porque entonces el progreso indica desarrollo do cuanto contrinnje al objeto mencionado, v la exaltación designa el árdor 4e la paaimT aplicada A la obra.

tuacion política, destruir poderes, ensayar nuevas formas: legitimo l^eredero de los pikmeros aniHti de la revofaMÍon^oe le wmmm^ ne fiel conservando como un precioso deposito los principios, los habitáis, los tnstintoa revolucionarios. Y hé aquí, por decirle) 4a paso, la ra/un de uue petmañosflin todavía en sus lilas los homl)res que mas se señalaron en la época conslituciooai de 49 ti. E|i él eneiientraA el elMnento qne naeeflkiapn ra respirar y vivir. Esta es la causa {Mrqut el difunto í). Agustín Arguelles se complacía en recordar iuccsanlemente las cunslilu» yentes de GédÍB; era náa especie d» fula» dor, y asi le agradaba traer á la memoria los días de la fundación, inculcando o MIS adeptos sus teorías y máximas. • «M' ror manera, que cuando el partido pro> presista se ha apellidado oschisívaniente partido liberal, ha tenido hasta cierto {»uate una pretensión razonable: ya «¡oe él oa ^mm conserva el legado del libeinliamoprimitivoi^ él es quien con ohms y francas [)elahrat continua lo comenzado en 1 8 i 2. Y no se ale* gue en centra el qiie«oin nartido-lia ejero»*^ do la Urania invocando la libertad, pues q«| esta ha sido la condición del lilK»ralisnm en España desde (810; se queria que el puoé» blo espafiol bebieae qm copa <iue deteslalMi necesario ert, pnen, wjalaite con fuertes cadenas. i. <in. " El partido progresista ha tenido «l^nm^ vez pretensiones do pareoep partido de ón» den V legalidad; y en esto, si bien ha obe^ decido á un instinto de propia conservación, queriendo orreeer al pais algimat eapenmiai quelegrangeascn simpatías y apoyo, no oba^ tanfp se ha olvidado de que desde el mouieulo que entraba en dicho camino se haft-Haba e» el terreno de otro partido Hamade niodcrnílo, y que se despojana do su propia naUirale/.a. Kn efecto, si el partido progron sisla se propusiera acabar con todos los.poof» nnncíomiealos. dar mayor fuersa ai iraMi centralizar v vijíorizar la administración, en*- Estudiando ccm atención la historia del i frenar Uimpreola; mas breve, consolidar Ja» partido progresista, se'echa de Tcr que do puede vivir sino en la ajgilacioa y de la agitación: la calma es para él un estado de re- " sistencia á sus mas tuertes iuclinacioncs, la abnegación de sf mismo, la woeile. Nece^ sita desbordamiento en la prensa, tormentas en el parlamento, asonadas en las calles; ha menester devorar un gobierno cada seis instituciones y los intereses q«e ba ceaadb laiovolMioli con hacer á catO'MS pfev^ ra. menos arrebatada, ¿en qué se diferenciaría del partido liberal que se apellida moderado ó eonaeriador? Si w progresialn qéiai re la Constitución, la quiere tambÍM-oete; si quiere que se respeten los hechos«consuma-006, Í9 quiere también, este; si qiñoBe que IvA^élM» flHp[|li'MlMBa4BflM|ÍÍlH|li quiere ' uublicislas pnríainentaríos: no todos los hnni< UBKTftP esté; si quiere gobierno de muyo- bres de alquil valer caben en una situación* riiw. lo quiere iHinbien este; si quiere (jue el dada, no lodos los ^eles pueden ser niinis-' rt'v fflnr y no fíoj)i«Tne. lo quiere también iros a un mismo tiempo, ni lodos los subul-' a no es conservador de lo antiguo sino lernos oc upar destinos importantes; y asi eai de uniuevo; estií tan encaníiado con la revo- necesario esl<d)lecer dos campos donde se* luciüu, c\uo de-iea roiistiluir-se en guarda de ostenta un simidiicrode jiuerra de principioK' lo« intereses itcíhIí» [)or ella. Véase cómo se empresa el prospecto del Tiempo. diario cnnténodor^ (pie hace |)oco salió a luz. cAl pÉlUdh de partido de mas (emplanza cuando en realidad no liay mas que la lucba* de ambiciones personales. t Dejemos aparte la In^ílaterra. donde el re¿;imen represíMitalivo no es una importapasiones (|ue lijeza en sus miras, le cion violenta, sino una planta arraigada en* l)auUzan)n sus instintos y se llamó moderado; al partido que nace en <N4i, partido caya vida s<' reconcentra en la grande idea desgobierno, le bautiza su sistema y se llama eoaservador. Kl uno estaba destinado á nwderar los ímpetus de una revolución osada en SOR Ünes y violenta en sus medios, el airo e$lá destinado á conservar los intereses crttidos de una rerolurion consumada y reconocida.»

Coo mucha verdad hemos dicho, pues, que el partido projíresisla. desde el monient»Me entre de lleno en el camino de la leftmáaá, deja de existir como partido político,«í identitica con otro, ya que no nabrá diferencia ni en doctrinas ni en conducta. Dttde que la revolución esta consumada, ceM la cuestión de oportunidad; y el campo de la lucha esta entre los que quieren conservar la ohm «le la revolución y los que se |)roponeD destruirla. Se han tríttado los papeles: los antipios revolucionarios se nan convertido en con.servadores, |)orque desean ooBservar lo (pie han adquirido; y los partidafios de lo derribado se em|>erian en (lerribar lo nuevo y en restaurar lo viejo; bien que los nuevos' conservadores se hallan ademas cftmbatidos por otros (pie, no habiendo tenido parle en el botin [wr hal>er llej;ado tarde, no (juieren recíonocer la peregrina legalidad recién creada, y se obstinan en empujar de nuevo el carro de la revolución.

El partido progresista!. pues, considerado ron» partido legal, carece de objeto, se idcBtifica con el parlamentario o llámese roKervndor. si esta palabra se ha de entender en el sentido que acaba de dársele en el documento menc¡(mado. Si permanecen se-(Kirados esos partidos, la cuestión no será de principios sino de |)ersonas; y esto es lo que constituye el paniiillaje. Desgraciadamente esto es ío que sucede con las formas constiel pais, [wisque ademas esta sujeto á condiciones dilerenles de las del resto de Euro-; pa, asi en lo social como en lo político, y lijemos nuestra consideración sobre la Fran-^ cia. ¿Oiiánto va de la |)olitica de Thiers á la de (luizot, y de la de ambos a la de.Mo' lé? Cuando se atacan para derril>arse, mucho; cuando gobiernan, poco o nada. El gefe de la oposición cómbale al ministerio en lodos los j)iinlos de política interior y esterior; diriase (|ue si se veritica la mudanza, el gabinete de las Tullerias va á entrar en una carrera lolalmente nueva, á inaugurar un sistema (pie nada tenga de parecido al anterior; y sin embargo, los resultados vienen luego á manifestar que la marcha del gabinete es á ¡Mx-a diferencia la misma que antes, y (pie si algún cambio se realiza con respecto á lo eslerior, es únicamente para que con personas diferentes pueda la Francia retirarse con honra, de algún mal pa.so en que se adelantara, tal vez con demasiada lifíereza, tal vez ya con espreso designio de volver atrás bien pronto, á la primera oportunidad que se ofreciera. Thiers alarmaba la Europa con su bélico aparato; viene Guizot y opina en favor de la paz artnada, ó de las armas pacificas v el gabinete de las Tullerias se halla libre de em|X'fiarse en una guerra, que ya se deja entender la em|)rendia de mala gana..\si Luis Felipe, sagaz conocedor de esas ambiciones, va conservando con el auxilio de distintos hombres el mismo sistema de |)olitica; cifrándose su arte en sacrilicarlos alternativamente unos á otros. Cuando los que mandan se han gastado ya con dilatada permanencia en el ministerio, y se ha de.scompuesto algún tanto la mavoria (jue los apoyaba, entonces ha sonado la hora del sacrilício, y el ministerio cae.

Si en F^spaña se llegase á arraigar nn sistuetonales interpretadas á la manera de los • tema semejante, y el monarca tuvie.se la esfíios lo qm ^fí trata de dfslruir? ¿Pero donde están eaw prirüf gios? ¿ Donde esta esa arísloeneii qae coA'ta poder y aMHerit pueda provocar la cólera del pueblo? Entro nnsf>tros va no ha qwedfídn mas íiristmTacia que lu que resolta de fortuna piugue \ do calidiMles penoaries aventajadas, é é> «aH pico on altos nep:ocKw del Kstndo: t esa Mi«- tucT.icia es indestriicltble ea iu> alacuido in propiedad misma, en no condenandi liia conflidsfMion tributada al mérito peraonni, eft iif flr^pr^jiindo de lodo prestiirio n los altos iuuciooanos. Una de lat» revoiucioiies ni» eompisis qae n te fñt» m liqpiAa fue la de 4840; y ¿cuál fue su resultado? Sustituir á nnrj ír wncia otra regenria. á unos cortesauui» otros uorlesanoa, a uiius emi^eadot oIrM emfteidflo^ iM-trilNHiM 4ñ Cádiz perdieron reponlinainentr su horror a los palacios y a la eorie; ios hombrea que mas se habían sc&alado por sus doctrinas democrátíais vistterM en nrpH» la lilÉen de In ("asa Real.

En otros países eoncebiniosaueiia]f»i|ipea mefte en revftlncitmM prafonm ^ft«««abiar de ran el estado social; porque la ti> cenciosa aaarqui i (íe las docU-inas, y «1 vtheñíante ^piritu de luuovacion que trae canteadas muelna oabaaaft, «finen «Miwa esperanzas de que cuando se me jan tes revoldfioncs desciendan de las teorías a loa hechos, ban de encontrar apoyo en numeequilibrar de esta suerte la miVfuina ]K)lil¡ca, variamos á los gefes de los partidos legales i smadeneaHannivaBumla en ermMsiena, natteodo giSA ftido desde los bancos de la! opoiñcion. y obrando de la misma manera ' cuando ocupasen las codiciadas sUlas. En efiiclo vivpoeala la Mnamnaeton de las grandes injiisliciás revolucionarias. y qvn' los dos partidos conviniesen ((uuo convienen en reconocerlas y en consolidar su resultado, y que ademas w reágnaaen^aaabaa aontendientes á decidir sus q«ere1l;is en e! terreno marcack) par la Coostitucion de t837, ¿en qué podrían •dilMiBeiaraa? , Bl partido pro^resbta propiamente dicho no jniede f'Mitentiirsp con e*;tn lucha pacífica, SI quiere cojiscrvar el carácter qne ic distingue', y4MK alejiur da ai toa etomantoa que constitvyen su vigor. Reuniendo en su seno lodits las ideas, todas las tradiciones, todas las tendencias revolucionarias, lia de vivir pasando. sucestTaoMrta del campo ds ladíacusioa hI de la fucnea; y así es de notar, qtin tim pronto como algunos de sus caudillos jl han queridn en ciertas coaaiones oponerse I al espíritu éé dasoidénadp movimiento que trabaja á una gran parte de sus prcist>!i[f>s, se Kan visto ardientemente contrariados |>or los que poco antea lea aplaudían con el mayor entusiasmo.

Ahora bien: coIím ado este |Kirtido en la alternativa de coiitinnur por el camino de la revakMáon ó de fundirse can otro del cual le | rosea partidarioe. ^ero en £spaAa, doaidvae separan tan encaro i 1 1 ^ ¡di,;; tiál es su porvenir? Noes diticil adivmarlo: t>e incli'* nará naturalmente hacia el lado donde están sus fuerzas; la revolución será su bandera. Y en la España de 1844. ¿qué significa la revolución? ¿Se quieren todavía nuevas deshallan en minoría aun \n< rrlnrmariores mas mesurados; donde las ()ersouas uuslnñdaai ó no tienen noticia siquiera de esaa «¡atamaii U-astornadores, ó los detestan y desprecian; donde la generalidad pueblo vive todavía fuertemente ajiegado h las tcadkiODes j tmeeionea? ¿Qué ca lo que se pnede def$o i costumbics antiimaa;: domto «a ae trair? ¿Será el trono? Ksto es imposible; ta república entre nosotros es c\ mayor de los dfuirtos; apeuas es concebible como semejante eansa pueda sdr aoslenida seriamente.

Nuestras ideas, nuestros hábitos, nuestras costumbres, nuestra organización social, nuestra situaciou con respecto a las {)otencám europeaa, se oponen invenciblemente á tamaña insensatez; la república en Esparta no fuera mas que una miserable farsa de Iwevisinia duración, los puébioa la rechaiarian con indignación y desprecio, y al Hn no prodnrinn mt^s rf^'^nHndo que estériles desordenes, acabando todo por una restauración <> deleaidos y helados en presencia de iancmado esos grandes centros industriales que tan u propósito son para que las ciases mas numerosas se contagien con ideas disolveos tes; donde la inmensa malaria aMé-Míaada a las tareas agrícolas, de sayo tan pnriticas. sosegadas y conservadoias, ¿que pueden prometerse los que sueñen en con'* mar la revotatnon, si pensasen llevarln al estremo de reconstituir sobre bases rnícramente nuevas la sociedad entera? Hemos visto recientenienle qw al inManm reKgion mm mudanza cismática, los desatent;tdn<! autores del proyecto w sinliemn ÜiQiUzeú by Google ÜiQiUzeú by Google titnd imponente <lol pueblo español, y rc- Imcedioron espantados de su propia obra. Ahora bien, a una nación a (juien no si; ha podido seducircoii mentidas promesas de un cmtianismo mas|iuro,con las declamaciones á favor de la anticua disciplina. ron las en^rM)sas palabras de que no se trataba de dcslrnir nada im|Mirtanle y si únicamente 4MPe^till)^■('e^ las practicas de otros tieni- , a t'>a nación. n*pclin»os. pro|>onedle delirios dcinocnUicos que bullen en otros p«Í9es, aconsejadle que derril>e el trono, tfiie abandone su relijíion, que ensaye sistemas nuevos de organización social sin mas ílogiiuis ({ue el de la fraternidad, (|ue plantee iraas formas p<jliticas sin mas vinculo que el de convenciones y confederaciones pasaderas; a esc pueblo <|ue aclama con entusiasmo á las personas reales, y que se agolpa de tal modo en los templos que no calM' en \n< anchurosas naves de sus nuichas y esjwciosas l»asilicas, a ese pueblo habladle de revoluciones profundas, de mudanzas radicales en laswiedad, y veréis como en vez de entusiasmo no rccojícis otra cosa (fue indiiinacion o desprecio.

En los dilatados años que llevamos de revueltas, la esperiencia li i i ii^cíiailo (jue aun \^ iaiiovaciont's j>oliliea> que se han guarecido á la sombra de la monarquía, no bau podido alcanzar arraigo ni vencer el desvio con que fueron miradas desde su nacimiento, i Y de aqui es que el |)artido progresi.sla, que i según.sus doctrinas ha de a{)elar siempre á la solKüranta popular, se ha visto preciado á guardarse del verdadero pueblo, y no ha podido encumbrarse sino [)or medios violentos, ni sostenerse en el poder cuando se ha pf>dido veriíicar un desarrollo pacilico de la opinión pública. Mientras ha estado en el mando se ha visto condenado á vivir en conflBua zozobra, sintiéndose abrumado por ^^Ée inmenso peso de la opinión (jue, formade los realistas y de los nioderados. hacia I inclinar la balanza ' hacía ellos, no obstante el lial)er en la otra toda la fuerza y los re-, cur>os de que dispone un gobierno esta-: blecido. I No alcanzamos cómo algunos hombres de ^ talento que ligunm entre los progresistas no, han reflexionado sobre la posición eminen- | temcni'» falsa en que se hallan colocados, áempre que tratan de gobernar conforme ¡ á sus doctrinas de movimiento. Si conceden, ma» latitud á los derechos electorales se i verán precisados á falsear desde luego so propia obra, impidiendo por astucia ó violencia el que acudan a las urnas los hombres que figuran en el partido monárquico y en el moderado, jwrque no pueden ignorar que donde esto último se verifique van á quedar en insignilicante miñona; si arman al pueblo, sera preciso que procuren eliminar de las lilas a los ciu<ladaiios mas distinguidos, y que anden a caza de quienes no tengan otra o|)iníon que la del interés ó exaltación del momento: por manera, que asi en el terreno de la discusión como en el de la fuerza llevaran por necesidad la peor parte, siempre que Jején desarrollar cumplidamente las mismas leyes que ellos habrán confeccionado. Preciso* les ha de ser, pues, el falsearlas; y ningún partido <|ue haya de estar falseando continuamente su projMa obra puede prometerse mas que una vida enfermiza y de muy corta duración.

Añádase á todo esto una consideración nniy importirnte, y es que el partido progresista con sus tendencias re\olucionarias, aun en los intervalos en que muestra pretensiones de fundar un gobierno, tiene por indeclinable necesidad en contra de si al poder esencialmente conservador, que es el trono. Asientcn.se las teorías que se quiera, preténdase inculcar á los revés la enseñanza progresista del mejor mo<ío((ue quepa en imaginación humana; jamas será posible que la monarquía simpatice con lo que se encamina á limitarla y relajarla, cuando no á destruirla. Ksto se funda en la misma naturaleza de la institución, en las mas fuertes inclinaciones del corazón humano: en vano será luchar contra semejante hecho; no serán parte u destruirlo todas las declamaciones ni estuerzos. ¿Y qué podrá esperar el partido progresista teniendo contra sí á In inntensa mayoría de la nación con un punto de apoyo tan íirme como es el trono? Claro es que semejante combinación de circunstancias ha de producir al partido situaciones sumamente diliciles, cuyo desenlace no puede ser otro que su caída*. Cuando la mayoría del pueblo simpatiza con ciertiís ideas, con este auxilio es dable neutralizar el poder del monaa*a; y al contrario, cuando el monarca está inclinado a ellas, con su ayuda se puede contrapesar algnn tanto la pujanza de la mayoría del pueblo: mas cuando ambos son enemigos de on «ist«nu, ¿qué recurso les queda á los que ji§ emUewen üostenede? JÜ^tk nías que ima seiie (le atenUidos vtíúám «tArOfló y el .j)ucblo, oprimiendo,i este con el prolchUi de la obscrvaiiciti de la ley, y ultrajando a;f^^el«u uoud)re de la libcríad. 7>:Tal e» ÍA sitúa* ioa ddlpailidofirofíreMsUi en E>|><in:», mí «juiere aU'nerse a sus doclrtnos y anlecedeíilcf;; |M)sieion suiaamcule feisa, en eslreino peli^írosa, que solo puede j|0afreflr desastres al paiH ^iCtOMa i^aiislac* rion á los autores «Ir! (inuo en U\> l)n'\es luomrntos df $u cusluísa viclona. bi diihe mi Mimierio, ó será denibftdo pflfr Iks Górtes^ áMdü si estas le son Tavorables, sobrevendrá de un ukkIo ú otro una crisis, cuque ia corona retirara la cftuiiuu^a a iu:i muutrli^, yi««los vendrán al suelo €Q|iil984»órt< les que!(»s sosteninn. l'ani rocoiirar lo perdido sera uií'ucstcr una uueva revolucioyu en (tó de la cual se repetirá una y juil voces» a misma escena. En vano es deelamaj^ocMihT Ira las cnniarillas, coiUra el ejtM i ¡lo. coutra lo» reirofírados, contra los rejes uiímous: ¿podoi» destruir el trono? No. Dt jaudole que^xiata, ¿podéis (ie:^p(ljarle de sus incli- «aciones naturales? No. ¿Podéis lo}<;rar que, (al.vas algunas ebceuciunes, no. ponga #l<^¿aoiilroilo «I «jéroi^ por honor, p^[t^|awbtOMcP9r.efetto de su misma or^^a^ nizacihn. por interés |Wopio? No. ¿Podéis cauiittat las uit as del pueblo, y hact^r que ■IM^ teníais en contra el inmenso. |ie80 >qiie re-u!ta d*- la opinión de los realistas y niocienados? No. Pues entonces en vano es lunlif^ coBtra la uat^ralexa, d^ las coi^; es fí^^so resignarse áÉMMiMÉMhii^fVMÉD ■ es posible d('<lniir. ' medio desesperado quizas se haya oi^Urridot á algunos, y os.tf ie|arie.á iwi revoiueion atrevida que no respetasOítPi 4a iW«>ma persona del niunarea, no liara esla-.l|iec<5rla república, sino para destituir ia iliaaiítía de los BMrboDcs. Pero y \m medios (le llevar á cabo tan desalentado proyecto, ¿dónde están? ¿Con quien ieempla/.ais a la augusta, familia reinante? ¥ cuando por un c<Hljuiit0;'de cirounslancias que os íavoreciesen UQll manera eslraordinaria liubié • seis., conseguido el miento, ¿qué bubierais paliado? Nada. A.segurada la nueva dinaalia se presentara de nuevo el misino feuóim'uo: eiKonlrariais en ella el mismo desvio, la rai.süta resistencia, porque lut i\m <iuc.^ citmes inseparabllís de uh trono espéñoi.* Y lutíru lMcu.po^Utí que eu vei ét. gaaaiirt rio liaUaBei0 iui el^ rnwfcinrf TpéwMdm porque si aseutaseis un el solio a un varón de alguna edad, es probable (pie a vosotros y a olro.>> que, se os paicceu os trat«u»e cuu mas sevtfrídad.da i» qHA •hfeié *i*b Nifei de i i años.

Creemos, baber demo^tradu que el laiieriuloioo (Áisne Muo sabidas dcaasir^sas^iji es bavto cíImIo <|uejliOttilM«» nfmrkm m canzado ya uoa píngUe íoriuna y posición social. disim¿;uj4u, «{ue sou lutr iyÚMireiuUar dos ptmikm ái<|ue puede aspiiMMMi^hMMM ^'0^0, cuntinúeu todavía en busca de aves»* turas piiüiolii as para deslíiccr agrav«oe» liecluJ.^ u ia diosa jbsta vida, por que bt* suMilido últimawaiHes itfle. ye q/m comienza a ser pelimosa; ¿no seria mas prudente que altaudouarao el azaroso uticio. y disírutarau de las dulziuas de U paz, ai menos aquellos que. haa: alcaoiad». á.pm* pawkmrsa el oUim mm éjjmhtl»?