SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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aterrado con su elocuencia á todos sus rivales, y ande en los periódicos de su j)artido con los esplendentes dictados de orador eminente, estadista profundo, con los apeadices de purísima honradez y acen(lrado patriotismo. Asi os conservareis en la altura en que os colocará vue^itro destino, asi no llegará hasta el trono el abra.sador aliento de las pasiones; guardaos de la tentación de tomar parle en la refriega; no olvidéis que bav guerníros nuiy fogosos; recordad lo de la tabula; persiguiendo á un enemigo podria muy bien suceder (jue hiriesen a una dio.-ia.» ¿Sabéis lo que signiíica ese discurso? ¿& - ; beis cuál es el blanco de tantos esfuerzos?

. Helo aquí. Formadas las constituciones modernas c^m arreglo á los principios mas democráticos, con numerosos artículos á pro-; pósito para dejar el gobierno en manos d< I los mas bulliciosos y atrevidos, todavía en-1 cierran algunos gérincocs, que destmuellos de la manera conreuiente por una poKlica sagaz y previsora, podrían suscitar no leves obstáculos á la amnirion desapoderada de los que se imaginan con escltisivo dereíf-ho á dis{)oner de los destinos de la nari«m porque poseen la facilidad de pronuncrar un disí urso y el arte de captarle nnapopulariidad tanto mas ruidosa cuanto mas lacticia. 'Asi era menester no dejar el |)el¡í;ro en pie, era preciso salirte al encuentro, y ya 3ue no se pudiese (juitar del todo. «I menos ismÍHuirle en fíran tuanera, y mantenerse contra él en viídlanle guarda. Para esto era indispensable falsear ¡as conslitticiories pot medio de doctrinas aclaratorias y de prácticas parlamentarias, todo con la mira de que los tres poderes se redujesen á uno solo: la cámara popular.

Es evidente que esto es lo que sucede en todos los países donde se han imT)rovisado constituciones muy democráticas: la cámara alta no siímilica nada, el poder real ha de est^ir esclusivaniente representado por el ministerio, y este no ha de ser mas que un delegado, lín servidor de las voluntades del cuerpo popular.

' En los ¡)aises donde existe ima administra- Vion muy vigorosa como acontece en Francia, el poder real tiene en su mano el reocurso, no de resistir al ascendiente de la cá-''mara de diputados, sino de hacerla de su devoción, influyendo en las elecciones, y de conservarla adicta con varios medios;' asi c^mo en Inglaterra, donde predomina la aristocracia en el órden social como en el polili-Ní6, esta consigue enviar á la cámara de los tromiines una mayoría que no contrarié el espíritu y las uúras de la cámara de los lores, Sin embargo, vemos que la Francia se encuentra á menudo en crisis ministeriales, y en gravísimos embarazos, que conlríbu-TCn no poco á ¡mjjedír que el gobierno pue-3a seguir una política grandiosa y lirme, cual cumple á una nación de primer órden; y esas crisis son debidas á la ambición de ún muy reducido número de hombres (pie se creen con derecho á perturbar el Estado por la decisiva razón de que ha pasado ya ' demasiado tiempo sin que se hayan saboreado en los goces del mando, y que ha llegado ya la éj)oca de que á toda costa derriben á sus rivales, como estos á su vez los derribaron á ellos. Miserables luchas de amor propio, donde no entra para nada el interés tie (a nación, donde los grandes negocios del Estado sirven de arma a la ambicioB y a la vanidad, donde se examinan las cuestiones mas importantes v trascendentales, no á la luz de la razón y íiajo la guia de \a pnidencía, sino al travos del prisma fie las pasiones. : y procurando abultar y exagerar todo lo qnc sirve al (pie de ellas se vale, y disminuyendo ú (H'ultando todo lo que pudiera dañarle ó embarazarle. Los países donde ha hecho estragos el es- ' 1>(ritu revolucionario, donde se han perdido as creencias y las tradiciones de los siglos, donde el vértigo de las ideas y la disipacioo y ligereza de costumbres llevan en iHjriHi corriente á los espíritus, preciso es (pie smfran las funestas consecuencias de su estado sm-ial, y (jue a falta <le buenos principios bastante poderosos para prevalecer en la ésfera iK)lilica y a|>oderarse del gobierno, vi-I van esclusivamenle dominados por la aristocracia del oro y del lilosolisino auxiliad;! per i el poder militar. iMas en Es^wña, donde se conservan muy fuertes y arraigados los principios monárquicos y religiosos, donde no j ha predominado todavía ese torbellino que agita los ánin»os y pulveriza ta sociedad; en España, re|)etímos, hay otros ele me utos de gobierno: y no necesitamos entregamos atados de pies y manos a merced de una veintena de hombres (pie, (»scoltad(js de sus satélites políticos, cientílícos y literarios, dispongan á su talante de la suerte de una nación de catorce millones.

A esto, y á nada menos que á esto, nos llevaría la adopción de la máxima el rey reina y nu (fobiernn. De los dos cuer|H)s cole-I gísladores, el uno tiene una influencia licli-• fia; solo el popular la tiene efectiva: viviendo el rey á discreción de los- ministros y los ' ministros á discreción del Congreso, y estando el Congreso á la disposición de un número muy contado, lejos de abrirse para España una era de bonanza y prosperidad, comenzaríamos otra en que el país seria victima de la rivalidad y lucha de ambiciones estériles, introduci riamos el funesto sistema de ipie la habilidad del monarca haya de consistir en jugar con dos ó tres < Mpac¡(lades. sacrilicandoallernatÍN amenté la una a lautra; falto de estabilidad el gobierno no.«¡eria po- ( sible llevar adelante ninguna clase de mejoras, y manteniéndose al país en una agitación sorda, efecto de los manejos del que (juisiera escalar el poder, correríamos el riesgo de nuevas insurrecciones en que la « Google bles azares,.rj, ¿Y no es una vergOenza para uu pueblo Meen al^o estime su dignidad, t\ que á ÉlflMB.se buya de enconlnr largo tiempo ^oBieriio,'¿ causa de que dos ó tres individuos no aciertan á coavenirse, y tienen 110 interés en suscitar obctáculoa á la eombioacion ministerial, según las práctica^ parlamenlariiiv? Si canjarilliis (i<'iien los reyes, ¿Qo lus tioQJt;n ^anüutiu esusUe muera (as que. cga distintos njDyn|)re^ y con mentidos títulos se erijien en tiranos de la sociodád? Jl^ crisis espiiiosus, ¿uo ^'uardun tiiinliicii e%s una afectada reserva (¿ue. salve su responsabilidad y no dañe á so fepatacion de JlffQibrefi de estado, mientras sus satélites en ft^fi^WP ¿y.<?W.ja prensa hacen díiciaíacior mu aas 0 menos esplíeitas, que revd^n el (HSnsafCiiento del iiersunaje qw) ha unido á sus facultades tribunicias la magestad.^irli#[Mpsa{iUidad di^ un muuafca?

9^i)oaiifia i^ecpraamos qoeeuandp los puritanob cou.'^titucionales se proponían resistir á la ambición y ai sable de Kspai lcro con el inipc'ucUab^ escudo de las practica^ parla-■lúilarias* npiMitras la nación estalla mirawlo con zozobra que pclií:ral);i »■! trono, que pela j^cU^iQn, que pcb^^raba la independencia, se nos precisaba á esperar la r^^s iií.i> un i coiiibioacioii ministerial que habia (ic (lar cumplida soIik ion al complicado problema; y al ^ran pueblo uue en Ips tiempos ao^guos y modernos se ha complacido en i^l|(a|las de ^'i^'untes, venciendo el islamismo, cnnqui^ílando un mundo, intimidando ñ la Jbiufy^a y derrocando, á Napoleón, se le oitiiiplM naístir 4 juegos de ntflos, á farsas, de piiriiioos. y se le conlal)a como un suceso de ^portiificia, como upa prenda de lisonjero mrveiúr, comp esperanza de remedio, i^l ¿ U(>9ii». están aquellos poderes á la tan robustos, aquellos hombres tan influyg^r tes, tan necesarios, que sin ellos uo era posible {5'oberuar, ni era dable que la Espaiia ontinuase existiendo? Ksparlero esta pr^Sr (•rito. Olóiciifia fii^'¡li\<). l.o|)ez (.culto, Corli^ na en la ^;arcel. Ué aqi^i ^ei|iusU-ado con b^-cbos^ lo qae valen esas máximas, esas préC;-licas 4eiM€ienia ímpoctacioii. Sía> anaigo, sin apoyo, sin simpatías en el |)ais, se ois^ pan al primer.suplo, v suio qitr^um^i^iuj za que Ies dan la ilusión y U¡|li|^^^y mismos que las aborreceikt VMMK teiichroMi pareeciKis ver en lontananza Üii laiiUiuiu ¿li^uulcscu »|ue iiu exiile sino en uue^ra Imaginación, el^vesliglo se dlsij^ tan pronto como nos acercamos á ély i^ cercioramos (^ue po h<ty nada.,, SOBRE LA AOMINISTRACIOIir ' Alupbos $on los elo¿$ios que ha recibido de ciertos periódicos el Sr. Carrasco, de suerte aue sí k opinión por ellos manifestaila hiifiiesp estado fiíndada en hechos, se habrá podido concebir la esperanza de que nuestra- hacienda ibaé salir djbl estado de abatimiento y embrollo á que la. ha condu -cido una dilatada serie de errores, maldades y desaciertos. Grande hubiera sido la Slona del Sr. Carrasco si hubiese conseguí- 0 un objeto tan árdno é importante; pero desgraciadamente, se^un las apariencias, no llevan las cosas el mejor camino, y las á,tai ó cual hora habia sido llamado |i I ilusiones, si algunas se han tenido, comienuena-Visla este o a<|uel indi\i(luo, v que (^^oz^a y Cortina hubiau pasado. de.hra(;ern ñor Ja Puerta d^l StU. Saíiéiannos al i^pstro IOS colores, si no recordásemos que la nación tuvo otro medio mas grandioso y eficaz para dar iiu ^ uua isiluacion injusta, violenta^ O' i^sa; 'ú no.recordásemos que los púa- )rmaron una coaUcion que valió y pudo á&iilP^tíl^fi la de. Olózaga y Cortina*; si no recordásemos aquel ma^íiico levan ta micolp 4Be hizo tfii^s tapta iniquitlad y miseria, y que hundió en poKu. rt fUijo;i'la nada á los zan a disiparse.

Sabido es que todos los altos empleados, y muy parliciduiBente los del víanoso rento de hacienda, suelen ser el blanco dt- la maledicencia, y que con nuicha l'acilidad se les achaca que no evitan cual deben la malversación de las rentas pttblieas, aiift que no se les imputan otros caraos mas graves. £1 clamor de que se hacen contratas ruinosas está casi siempre á la órden del día, como suele decirse, y apenas ee eo^ mienza á hacer la oposición a un ministro se.ojU'uy¿ei:«^i^,a )Ms¿ii|iir,a. |u.«ii^ciuu. i de Hacienda,.cuando ya se le echa en cara Digitized la dila]mlnc*¡ún del Erario por su escesiva rondi'sreiidciKia con iosachiWes agiotistas. Prr ln mismo no estrañaríainoÉ que se verificase lo niisiuo con el Sr. Carrasco, ya gne Btendo ministro de Hadeoda rio podía* evitar los inconvenientes que están anejos ¿ la | aprtf r irla sUta. Qui Iwfli AoAonfog, $( one- INífo nos haflamádo muy paiíieBlannente la alcnrion el qnc un poriodico redactado por personas eulendidas, y que desd(» un principio se ha declarado en oposición al gabinete, haya formulado sus cnr^'os con tal precisión y tal tono de «^r^rurid ni, que no parece abrigue recelos de que pueda ser desmentido. Bien necesario sería que el mmistro de Aicíenda deshiciese la equivocación, si es qoe existe, asi como también parecería regular ^ue los periódicos que han encomiado la administración del seflorCarra^ o saliesen, ó á defender al señor ministro si podian hacerlo con datos que le justificasen, ó á exigirle esplicacioues por no continuar «& ser apologístaa de qnían lo lo mereciese, oYa que se nos provoca imprudentemente, dice El Tiempo en su número de 25 de este mes, y se nos llama á un terreno donde la victoria ha de ser seguramente nuestra no-: proponemos hacer á los diarios del gobierno algunas preguntas, la pritnerade las cuales ts la siguiente: «¿Es verdad que en el ministerio de Hacienda se ha hecno el dia 1 1 del corriente el contrato siguiente para la construcción de unos vapores de gneirat . D, A. iñf regará Mf.m, IO.00O,O0tf en metálico, comprobiado\o OD el tesoro co» carU«s de pago de la pagaduría militar. 10.000,000 en cuponeB no llegado» i e^iitsttmr, despwvde cobniikis ios valonsqee reciba ea pag»» Jlt.«ii.

ümí/^rá D. N.

I 4,000t000 nUbranzits Fiobrc b renta de ¡Mluanas admtsique se e&pidic riormoaiia* 10JOOIkt1KNI< en llagaré* M Iccoto fM se lial>nin Je satisiaQeir CB el. tercer plaio de 1| •DtictpackMi deleontator de (abaeot.

bles en pago de de» eb««>deliitni«»a*^ ' Tota. to.ooo,iior "Por otra condición se esfablecc, que si el gobierno llegase á contratar algún emrpréslito, los efectos sobfe aduanas, aaoguM y tabacos cirríba citados ^^prim rrriíiidn?; rn parte de pago de dicto empréstito ^mo mC' tálico efectivo. ' »;.Es verdatf' lanbién- que se ban hecho miuchos C(mtrntn<<, tnn OTiero^ns y tfiTi rhüdestinos, en iguales lénninos con corta di~ ferencia I ¿Bs cietfd que de vestftas están empeñadas lají rentas de aduanas, piierta«, tribnco»;, TríiT-idn v olrfll» de no* menor importancia por mociios meses, y en muchas provincias por tod* I» qiie qMdtt del año?

»¿Es verdad que después de este dea* Kilfarroes imposible que nadie pacda go» emar?

» Contesten los periódicos minístefiBUa la que gusten.» ^ Hasta aqut Bl Tiemjio; y por cierto que retando tan osadamente á los periódicos ral* nisteriales á que cortf^^^ten lo (pie gusten, no le debe ser negada ln contentación, dado que en ello se interesa el honor del ministra y el decoro de los que te han defendido.

Cuando la guerra civil apreniialw, cuando de no ser satisfecha una aiencioo perentoria podia resultar la insnbetdinacion en el ejército, la p<'rdida de una provincia 6 de una posición importante, entonces se concibe muy bien que vinieran casos en qvB faeren necesarias dolorosos sacrificios, en que con grave perjuicio de! Erario se hobiesc de ceder á las exigencias de un prestamista que hacia un anticipo. Pero anork^ ¿dónde están los motivos que puedan ni legitimar ni escusar contratos tan ruinoso^? Mucho dudamos que sea este el camino de tevanlar el crtdito, y de n aüzar las cspernnrns rnn que «íc nos vieiM halaiaiido éa tres meses á esta parte.

El arriendo de tabacos, cuyas ventajas tanto se nos han encarecido, ha sido tam- Imn objeto de una aéñe de artácolos en d Dlgitized by Google MÉPYMMMS, «fUe cuaudo menos Mceii m\iy dudoso el provecho nne de sctnpjantc conAralo puede reportar al Erario. So ái¡o MMMM DOMO eoM 4{tte vo snfHa contradirrion, oiie jiiiiuis osta renta habnproduri(!o líquidos mas allá de cinruenla inilloaes; esta aserción fue ya desmentida en aqmNM días, pues üo es exacto lo q«e afirma El Tiempn de que tédo^ las lu-riiMliros que a la sazou existían u{)r()hnsen el arriendo. De los diarios, A"/ Mundo lo eombatió; ▼ eh el nuestro, siempre se mostró una pnulenlc (Ic^^cunlinnza. Km el nuniern iH de Íél>rer0t en la.s«>cí ion que lleva por titulo Manía M gobierno, i^^<^i wdiiiáW»'^ dtatift Atiendo romo un ensnyo. en el su-*^ popslo. enipen). 'Ir ^]\)^^• <•! irolMcrno hiihiosc reflexionado mitre hs inacendeHlales abv^ kulmf '■"■'!'!<' i'r.'h-Hf.i ' '!ns prndüi-- küée la rtnta. \ en el numero de A de abril, lejos de parlicipar.iiel entusiasmo^ aNwfOso ane maniiestamn algunos periódims por oí rrnii'te de los 110.040, 000 rcatefjfÜP^. ^ admitir como cierto el dato de «Wmm RUÉ no Inibieae' eaioetfiáa nunca cÍDC(ien(H millonea de reales, se obeer» vaha que <■! rcrn ifí" era ventajoso si se tenían en cuenta las especies verltdas por a/^ ^mio», de qiMf IwftaefénAa, admmiBtniBMio w)r ííí esta renta, no perelbia la mitad de la rnnti<i:ii! en que se la hahia adjudicado; y en sepjida se recordalw que en la Meporia leida en el Eslamenli» db* Préewres SS8 de setiembre de is:5.". constaba nue hia año en que la espre^ada i«nta kuMa «■eedido 4e eien mHlones.

Conio quiera, úempre es muy interesante el esladd qi»p prevenía el rilaílo p<»riítdico •É flQnúmeru del ¿tí, v que demuestra de 4m ■Mwein Ifrefrayabíé lo tfyne ^ue aquella operación que se nos (|uiso ofrecer como mi acontecimiento de la mayor impartaBcia.

mciiiítx de «iiia manera Katisfnetoria; yioh|U(i I ei de^urcciu v el silencio asientaa muv bien vemiíkm trilMÍi^jÍiiiihoa 6 de' vfkwV'tfffiM I elamaciones. mas<'CÍÉ«ido el qne tiaoo la^ oposií ion se liitidn en dalos numérw*osv i cuando están de por luedio ^nivLsimos intu« n>ses. de caya>biieMi administración tÜM^ el pais un ineonleslaUie dereelio a eercit>- j ral■^e. [jreciso es que no se huva el (*uer|K> á ta diiicullad, que no se esquue la lucha, sino que éae aanifiesle In equiviicado d» los dalos en que se tunda - 1 • ' <» se iudique cuales son kts uioUvüS quo Uau influida para oaeiie ereyesa canvaaianlni obrar de a(|uelía manera, con tm perjwá» da ka ioteresea públioat...• f. • ■ ••: ■MMtaiiMy**' » im.

La debilidad de qne ie bii sentidi» atacado el ministerio (¡onzaN / Rrabo a])cnas < ons<!- guido el triunfo, la proAuula división (píese ha introducido entre sus antiguos S(»sleuedor res tan pronto como se liaUann deaembararel zados de sus rivales los progresistas, los j^ritos de alarma que rcsucnaQ continuamente por la atpoeala aüaim que se apatUda. ¿ano>ayacncna, no son ciertamente finóme-, nos eslrafios á los ojos de <[uieu lija su atoll-. cioo cu la vÚL de nuestros luulos; pero de»? bieiM aer un desengaflo para los incautoai (jue esperaban de buena fe la ¡nau:-nraii(in de una época ret^ular > Ixuiaiu tble. desde la hora enque se hubiese obtenidoel triimt'n soH bre los rebeldea da Alicante ) C.arla^a'na.

Se ha dicho que el miuistrrio no hahia comprendido su posición, que la culpa no ha 8ido de las cDsat aino.ge loalMimbces, y qjaO'CatOs habían desaurovetfbkdo uM-aítuocion que de suyo oslnna iriiiando por el buen sendero, «i no hubiese habido el cuq)cñude apaMaiw da él. Tampoco •«eaaMada^a<)i^ gobierno haya sepiido A ( ¡uniiio hkiv;.. tad»« •uuí|iiailHicu|soo4iuo por efittt.woUvo i« diofíAiaiiifMPiip de dltloMo fénero qn^ loade otros escritores; pero mí podemos negar, que á mas de la culpa de los hombres ha hdbido la cuipu de las cusas; que el pésimo estado de estafi era hastaatéÑI kutunar todas las medidas que no llegasen á la raíz ód^mi^iífm ahí como se ha dcsga^do es4e nittiaMeiise desgdstarán^ loa sucesivos..si GenniiuHMiB Goaio hasta aqüi, siia haeao loa.gobernantes un esfuerzo para crear un mn^o.órdea xle cosas, qpe ao adolezca de laiiÉeaHidundKe;f fluotOMÍini qM to^tri-' bajado todos los aistmas i|aa hemos tenido en los últimos afios.

El carácter de aueslro gobieroo de mucho tiempo áesta parte, es aueaonenda et po* der sino un partido; de lo que resulta, que lo que impera no es la ley sino la voluntad de los hombres. £1 espíritu de insubordinación y de resistencia aneneitee aquí no poderoso fomento, porque nadie se aver^riicn/a ni indiana de estar bajo el mando de un poder á quien leoonbce por superior, pero no hay <Íaien tolere con calma el TÍvír najo la dominación de un igual. Fl proirrosisla, oí moderaila. e| carlista se acomodaran cop ungol^ib'iiA^fó néM^ftinguno de estds h£nbres; de lo contrario, el gobierno solo tendrá de su parle á los de su denominación. y esto mientras les contente sirviéndoles de instrumento: Cortina obedftcieffaá miMNbtysii á GoBfzatex Brabo jámás. -'••T) adviértase, C[ueal hacer esU-is observactolMS do tiOS' limitamos á las épocas de go> biemo representativo; abarcamos taMbien las del absolnto desde 1814. Tanto en aquella época como en la de 4823, et monarca fldineviA á empaliar con mano Aiefle.e1 ti^ tunn del Estado, como cumplí» éla dignidad del trono y al bien del pais; en ambas dejé que los caidos no viesen solo al monarca, site ápersonás que teiniibani;u nombre; e« ambas consintió que la nionanjuía anduvies^e acompañada de la demagogia: por(|iie tam*« bteittiiy demagogia que grita viva el rey.

Asi es de notar qse pasados los primeros mnmnntns do calor, efecto natural de la reacctoQ j)rovocada por los desmanes de la demagogia liberal, á medida qne:elpodeil nenii^tivtco se iba emancipando de lareiif geneías que le apremiaban, el trono se preseetaba.mas aiirmado, ma.s robusto; su accfen, sineer menee fuerte, era mas templada y snnvc: los hombres de todns las opiniones se avenían mejor pon on sebieTno á &Kjpi sombijB taiteapeitfeíeado |m) nominaciones, reemplazándose con ta que debiera existir, la de espanoles.

¿Qué viuo a ser el cambio de 1832 a pensar de haberse inaugurado con una amnisliéf. Kl predominio (K' Inv ¡üm-i uIi s sobre los realistas; la prediieccion páralos primeros; el desvio, la desconfianza para loe se^ndneái para aquellos el AiveVi para estos la pfllí^ cucion. Hasta aignnos de los hombres que 6 estaban dudosos en la.fittesUaB de le^itimi^ dadvóne teniu bástente teaolufiion paiA tomar las armas contra el gobierno de Isa-r bel, se arrojaron después á este estrcoMii hoatigadoo |M)r sus enemigos: bubiérans« metido aín dilieiilted al.cetro de la bija di Femándo, mas no querían sufrir el altivo tnando de un rival que á nombre 4e la Reiq na los oprimía y ultrajaba., vv, Entre las fracciones en que se ba dividido el partido liberal, se ha podido observar el mismo fenómeno; los caiqos no han, visto ea el gobierno á delegadoe del naonato* simé enemigos que^ habiendo salido venoedorea por la intriga ó la fuer/a. se habían constituido en ministerio,. en Lrtbuuales, en eun nhedosdetedae las clases: ea deeír^ in» junta supreuui (jue se habla establecido á las frradas del trono, y que había esteudido su impeno por el ámbito de la nación., an r Recdmiiee. tedas las épocas desde 483% pónganse la mano sobre el pecho los hombres honrados de todos los diferentes parti?: dos, y digan si han visto jamás en el peder «n véraadeae soperier, si le han ff»iiiitoni¿ do con otro carácter que el de iu\ rival que por un momento prevalecía, y a quiea e<« preciso derribar é tedt eoate. De aqjBÍ.hadii» manado que la lei^alidad ha sido una palabra vana; qin' si la han invocado asi los vencet dores. como los vencidos, la ia\ucaciou ha siiUMWia bipocrea(Ai i<pMll' en realidad 4 HMfi ni otros han reconocido otro faiiio inapf^r lable que el de la fuerza. "bLnmatikumi^' ¿Hasta cuándo duró la legalidad deMÜ^ tinez de la Rosa y del conde de TQlttMt Hasta que el ensayo de la casa de Correos pudo hacerse en mayor escala cu el levanlamie«to<d<ra/re<ite^*886. ¿Qué podottele^ galidad de la revisión del Estatuto contra el salilc do Ins sar^rtMitos de la Granja "í ¿Qué la legiiJiüadde Calaüava y Mendixabal contra las mánifestacieaesde Aravaca? ¿Quéia leg»> 'j lidnd d ' la n pencia de tiristina y de las cori tes de 4tt4U contra un general que queria ^isorpar aquella y dispersar á eslas, teniendo fiara ello l.i (iccisiva razón de cien mil bayonetas? ¿Y cuiiDto duró á su vez laie^nilidadde ttpartcro? Tanto manto le sostuvo la Fuerra. ?lomyoen 1841 porque la fuer/a no le abandonó; rayó en IH.i:{ porquo la fuerz.a se puso de parle del pronunciamiento. La legalidad dfl niinisti'rio Loper triunfo de los centralistas a < afionazos, y la de <ion/.ale/, Bralio lie ha sancionado con el sable de Koncali. ¿Cómo entendinii la legalidad los (|ue se proponían cnmbinr la situación en Madrid? Clon una dcscarira a quenf»a-ropa sobre Narfvez. ¿Cmno ha sostenido su le^^lidad el irobierno alarado? Suspendiendo la Constitncion. desarmando la milicia, y declarando en estado do sitio a la nación entera.

¿Hay aliío que responder á estos hechos? ¿Los hemos \Mr ventura exagerado ó desfigurado? ¿Y qué arrojan ellos de si, sino la tlVte verdad de que en los últimos diez flfkos ha desaparecido el inqierio de la ley*? Esto es triste ciert^mjente, es de.sconsofcdor, |M»ro incontestable: y asi se debió prever desde que se vió enervada la monarquía con la cuestión dinástica y la acción de los principios revoincionarios. Faltó el poder reguiador, y los elementos que antes vivian m fWZ T armonía. se entri>garon a la lucha; desapan*ció la ley, sucediéronse las armas; Uifi nombres y los partidos se encontraron 'Nacarados unos con otros, y obedecieron al instinto de conservación. oponiendo la fuerza a la fuer/a.

La continuación de la locha ha traido la modilicncion. ruando no la disolución de los partidos que la sostenían; por manera que en la actualidad In situación es totalmente diferente. no solo de lo que era en <8:t3, sino también en épocas posteriores..Muchos de los qui> se batían encami/ndaniente en las provincias del Norte se hallan contundidos en un mismo ejercito, l)ajouna misma bandera; y por lo locífnte a las fracciones del partido hberal. se han visto ya tantas defec ciones, existen tantas posiciones dudosas, se han modilicado de tal suerte las opiniones, ue ya es imposible reconocer en los partios militantes á los mismos que se hicieron cruda guerra en los ailos anteriores. I^s homhn's antiguos están poco menos que arnimlíados totalmente, y se pueden tener por dichosos si los (jue los han reemplazado les permiten ocultar un puesto en las lilas que antes acaudillaran.

1'Si tamaña mudanza se ha verificado con respecto á los hombres, no es menor la que I se ha rcaliiado en las ideas; y nos ahsten-í- ' drenMS de probarlo atpii, supuesto que en la reseña que llevamos hecha de los jtartidos lo hemos dejado fuera de dinla.

Inlerinios de estas consideraciones, q«é ha sonado la hora de crear una situación enteramente nueva, de aprovpriiars*' de e>la descomposición de los jtartidos, la que es preciso fomentar y acelerar para que llegue presto ií su tin. No pretendemos (pie ««e fim*-I de. un gobierno sobre alianzas ni coalii ionesí, porque á wn edíHcio sólido no le deseamos cimiento de arena. No nos alucina el que en; momentos de calor los partidos se mezl'len v confundan; por esto no han perdido su níítiimleza: pasado el < alor volverán á sú es^. lado: los metales espuestos á un fuego nr»-' diente se «lerriten v se dejan conducir mienh tras conservan la iluidez. pero en enfriándose recobran su primitiva dureza.

Asi no queremos esa>í fusiones facticias, j que ñor necesidad han de ser pasaguras: j ciianao se fpiieren mantener en fusión dos I cuerpos que se repelen, es necesario, para evitar la separación, un terrero que prevaj lezca sobre la accimi de ambos y los absof-1 ba, y alworbiéndolos los ma. lié aquí la imagen de un jKider fuerte; hasta (pie lo ¡ consigamos, la unión seráiina palabra vana: I habrá alianzas para derribar, mas no combl- nación para edificar..Mediten estas verdades b»s que estén encargados de conducirlos n(^- gocios públicos, y cuantos se hallen ¡nten*- sados «n el establecimiento de un órden de cosas satisfactorio V estable. ' Mas por |»oder fuerte no entendemos harbitrariedad. no un gobierno sostenido únicamente por las bayonetas, sino un poder que después de hálier resuelto tíidas las cuestiones pendientes, después de haber disipado ese cúmulo de esperanzas y temores que trabajan las entrañas del pais,'se asieríle sobre una basa anchurosa y (irme, not<^-I niendo otrc) lema que justicia y lev.

¿fuereis malar la revolución? Ouitiad de en medio las cuestiones que le sirven de pábulo. ¿Queréis alejar el temor de reacciones? Hac^d que caiga un fallo delinitivo sobre los nego< ios que pudieran promoverla*. * No hay país que pueda estar fraiupiilo bajo la.s condiciones en que se encuentni el. nuestro. Aquí 1<kIo es provisional, todo incierto; vemos lo que |><isa lioy, nada salamos de k» 5 pasará mañana. Ni hay menarquia abla, oi ^obtcruu rooreMsolalivo, ai dicmfmmar, m piévii noBwt, m liber> tad de imprenta, sino tma confusa mescolanza, una situación iudelinibie, monstruosa en que no prevalece ningún principio fijo, «ii que no foobierna niu^uos i^la. Es impombh continuar asi: no hay organiiaclon social que resista á Uwiailo conjunto de imititoeiOMs Üibeadu ^ de éMftiMs prodiandas y noaplicadat, de auseacit de.toda ley, ha»-ta de toda vohintad (irme y decididn. Vivimos cono aquettos boiubres despilfarrados AMItteitaB aiempre á la mmeá ét la paalaa ff lOeoesidad del momento; que gastan en un día las rentas de iiuu hos mesos; que consuuteu estéril o funeslumente suh fuenas íi&ieaa y morales; c^ua ae duenneo tranqmlaa en medio de los riesgos mas graves: (jue sola ae ponen en actitud de defensa cuando sobrevieiie un tcanee de vida A éb amarte; que asían proyedaBdo contiaai|aBMile un sistema, un arreglo, un orden que no llega jamás. ¿Cuánto no esperaban algunos, de los cambios Terifieadoaea kw wÍíwmo aKaes?

índiea <|ue no está olvidada la cuestión de las formas políticas. Se clama sin cesar contra km proyaatoa de los carlíaiaa^ y esto ñMÜea que no falta quien pionsji en In mcstion dinástica. Se habla de las exigencias del cien), de la revocación de la venta de los bienes, de que se quiaia- d aa- aaifoiare m arreglo deíiiiitivo; y esto demuestra que está todavía en pie la cuestión religiosa. ContinuanNa iaeonMinicadaa ooei la mayor parte da Eaf»-pa, se pinta de diferentes maneras la disposición de estos ó aquellos gabinetes; con lo cual se echa de ver que existe como aAos alfés la enaslien da laa falaeioBaa interaaaia* nales. Un pais que se halla en semejante estado es imposible que disfrute de calina: no es estraño que nos agitemos eu febril uiaiestart lataalnflo es a» estemos conUana* mente entregados á convulsiones honavaaas. Con la incertidumbre es incompatible la cati ma; no es posible que estemo» traoinílaB ' bey sí Mnaams la suerte qaa aaaipiacfc'ila car niaflana. ¿Quién duerme sosegad* l! borde de.un pr ] Cómo saludaban alborozados la venida del siglo de oro! Y sin eniliargo conlimia la incertiduiul)n>, el malestar, la zozobra.

Una esperiencia baria trisia ba venido á demostrar ( u;in liiíeramente pensaban los incautos que veiau en la declaración de la nuiyoria de la Reina el término de todas las discordias, el remedio de todos los males. Sin duda que fue nn;¡r ni' ¡ mí. i t,, fflicisimo la declaración de la mayor edad de Isabel; ain dnda qne eon él In mejorado mucho la situación del pais^ y que el poder ha manifestado nna rucr/.a que basta el presente le bahía faltado; pero no es menos cierto en lontananza la voz de la tempestad?: Ks pues indis|)ensal)le, nrueute, que los hunihres líautadus a gobcnuu ei pais lleguen á la laife del Bwl y M se cmiaalen con vanos paliativos; es preciso que resuelvan lo que esté ()or resolver, y que corten lo que sea iusolabie; es necesario que se quitasde en medio taotoawHhraajda diareinia» lautos prelestos de revuelta; es necesario crear un orden de cosas enteramente nuevo, ¿ cuya sombra pÉadaB aaajena tadaalaa míaresos legilimos, todas ws opiniones razonahles: e< necesario que sepa la nación á que dclMj atenerse en adelante, y que no vea la •Mese ba víalo con teda alaridad qne varias || edntitWaabm 'dal funesto sistema «o ^ae aa- Je his cansas de nuestro malestar habían quedado intactas, y que por lo misnio el porvenir de la nación está nuiy lejos de presen-IMIM daspi^o y placenteroi iLa lucha de los narliíms continúa; los elementos de discoroía bullen todavía cu este suelo desven-•luvdat lá menarquia tieiíe en so livor grandes pnHwbilidadas de triunfo; mas Asías no son tales qne quiten lodo temor de ntievas revueltas, y «pie dejeu completamente tranqmlosá los que se wtei«fttn< aioearaalenle por la suerte del trono y la conservacioti del orden público. Se nos alarma conlinuainente eoU los peligros que corre la Constitución 4fi i837: saa de aatotoqaafmia i al mnmt l(t se trata de salir di'l I; i • lu y. sm pensar en el |M)rvenir; es necesario que haya algo mas que una situaemn, es menester oq st/aia; «t aaelaaaa can» bu- taiilias aa le emm9fmm, daaaaa «ttoltonr.