SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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¿Quién desea en Ksparta el gubicrno ab- 5o¡uto? Si se csplítrase Sdhrc este {wrlicu-, lar la voluntad de los hombres de lodos los I parliJos, ¿que resultado se obleodria? No | es tan fácil adivinarlo conio á primera vista | pudiera jxirecer; sin embarjío, es muy prnh;i1il(' (|ue en vez de recibir una respuesta c. a nos hallásemos interpelados con olra prt'iíimta, \ según á ella couleslásemos, podria suceder muy bien (|ue algunos de lofi conocidos por liberales se trocasen en al)solutisla.s, y que al contrario, no |>ocos de estos nos sorprendiesen con el grito de, otra la libertad.

¿Y cual seria esa nueva pregunta? Iléla aquí. ¿Quienes serán los ministros del monarca absoluto? ¿Que sistema se propondrán seguir? Si proclamáis la monarquía pura y colocáis al frente de los negocios á; bombri's imbuidos en los principios de la ¡ revolución, interesados en conservar lo que ^ esta ha creado, en dejar sin re|>aracion lo que ha destruido y en continuar un sistema de gobierno que en nond)re del rey consti- i luya á la España en el estado social á que |l la revolución se pro|K>nia conducirla, innumerables serán los bberales, aun entre los! mas progresistas, que se pondnin de vuestro lado, y (]ue ace[)laran alborozados el auxdio del poderoso brazo de la monarquía fara dar tin a la obra por cuya consumación «■tan suspirando, y en la cual repelidas i creces se lian estrellado. Y entonces ¿qué partido tomarán los realistas? Es muy senetilo. «Si os pro|K>neis oprimirnos, csclama- ' rén, dejadnos por lo nienos el derecho de protestar; dejadnos la libertad de imprenta |>ara que podamos influir en la opi- > DÍon |Miblica; dejad abierto el páriamenlo. ¡ donde tal vez habrá alguno de nosotros que levantara la voz contra vuestros desmanes; dejadnos con ministros <|ue puedan ser residenciados por los cuerpos colegisladores, porque ul menos la instabilidad nnnisterial nos ofrecerá esperanzas de rentedio; la mano que ha de ejecntir el mal no la queramos fuerte; si el |>oder no ha de ser otra cosa que el instrumento de vuestras ideas é intereses, aluminamos de su robustez y fijeza; lo preferimos flaco y mo\edizo: la paz y la calma con que nos brindáis seria la raima y la paz de los calabozos y de las tumbas;^ mas queremos la vida agitada y turbulenta de un sistema de libertad. > Y cuenta que ni proceder asi los |)artidos no serian inrmivc «nenies: no harían mas (pie sacrilicar dot trinas secundarias a principios fundamentales; que subordinar los medios al lin.

Para comprender á fondo esta verdad es preciso recordar, que en tíídos los grandes neclios )K)hticos vtene envuelto un ínteres .social; las formas |)olíticas son un inslrumenlo para conseguirlo; y asi es que.se las aprueba, o se las rechaza', 6 se las modilica de diferentes maneras, según requiere la variedad de circunstancias, siempre con relación al objeto á que se las destina.

Algunos ejemplos aclararán y conlirmaran esta verdad. ¿Por qué los revolucionarios de Francia simpatizaron mas con.Napoleón que con la rama primogénita de los Borbones, no obstante que bajo el imperio de aouel no había mas ley que su espada vencedora, y bajo el de estos estaba en vigor el sistema representativo? Porque Najioleonern la personificación del nuevo orden de c<)>as i reado por la revolución de 4789, era el brazo que le defendía y aseguraba para en adelante, y la rama de los Borbones llevaba consigo el recuerdo de la organización antigua, pudíendo su[K)nérscle inclinación a restablexíerla si le hubiera sido ¡M>sible.

¿Por que los católicos l>elgas se interesaron tanviNanuiUeii» la revolución que emancipo á su jialria del ^K)der de Holanda? Por-(pie creyeron (|ue, consliluida inde|H*ndíente la Bélgica, tenían mas garantías en favor de su religión, y mas libertad para apliraria como mejor entendiesen a las iaslituciones sociales.

¿Cual es la can.sa de que en Inglaterra é Irlanda sean los católicos los mas ardientes defensores de la causa de la liliertad? Porque el protestantismo está a|)odcrado del mando, y está atrincherado en las instituciones aristocráticas, y no es posible des-I truir su monopolio en no promoviendo eu l[ el país las ideas y las instituciones demolí cralicas.

I -•,¿Céma es que en Francia los católicos, •on el epiflcopadu a la cabeza, reclaman la mas ámótia liberltd de enseñaiza? Porque ía increaulidad y ia indiferencia están ejerpuebles, ÍZistfí de la Iglesia, todo era nada en presencia de la autoridad del Sol)erano; y esto ¿por qué? Porquje el soberano era un osnMcnte instrumento pnra lograr el «ieiido el moDopaiio, y no es posible de- objeto que s£ deseaba; |)orque, el pqderoso Jbader la tefinan aíno con el amolio áe la limo del monarca altatialM todos lorólstflikertad.

¿ Por qué motivo los católicos de Polonia eslan suspirando por un cambio político? Aaaqve- el* deapoliaaae roso pesa wnre ellos con mano de hierro; porque están viendo que si la Providencia no hace un railo;;ro, ■á la vuelta de algunos años habrá conseguido el gabinete de San Petersburgo descatolizar é> §íraii parle de los subditos de su imperio >^.>if(ka9d»^obenaba l¿spar iMioa»'lMbm^ AMO, ¿MMeaB»* paOa un solo hoamre religioso oue no se alejírase de qo« hubiera libertad de imprenta para protestar contra los proyectos de afsoM-f y tantos desmanea como soeometían contraía Iglesia? No por cierto. Nos alegrábamos todos de que el brazo levantado para herir se hallase detenido por mil obstáculos; que se- aiitieae enervado \m el clamor de la pacasa y la opoaioipn de ia trífnre»o6mo culos y triunfaba de todas las resistencias.

('.ambláronse las circunstancias; los reyes, amaestrados por la esperíencia moslraroñ espirita ét resistencia á ciertas innovackmes, y desde entonces se enTrió e! entusúísmo realista de los que las deseaban.

En esto do hay conlradu ( ion, no hay inconsecuencia, h«y(i##Krr(es Ihltade Kuené fe, de fr,inf|ní^7;i en co!»fe<:nr la verdader* ffiaafdo^obenaba l¿spartero con miais^ |j causa que impele á defender un determina* do Bialema pemioo, ó al menos Ima Aofliof que por el momento no deja advertir distin-^ lamente el móvil principal avll'll BÚSIM que obedece a su impulso. ' ^'X* Flor ti leflella Oe hemos presentado # ocha de terqne no escopiuamos de esta regia general ninguna ciase de opiniones: en todas los hombres son los mismos; jamás sacñficárAn lo 'principal á lo accesorio. T ea efecto, se comprende fácilmente el ape^ á los bienes de^ fortuna, que satisfacen conti-■vamente' n^eslrai^'M^fciÑidflnles, y nos prafa porcionan comodidad y regalo; se compren» de el deseo de vivir bajo un sistema en que se dislrute completa liliertad de pensar y de hacer lo que Meil Mlvcoi, con tal que wí m falte al respeto denido á las leyes; se comprende el anhelo de ver prosperar la riqueza y la inteligencia del pnis en que habitamos, porque en ello se interesas el amór "áe la I palna y el propio; en (iii, se comprende el apego a todo aquello que nos aíécta ÍHpe8ail|^ lenMole, que eslá en Intima y [wrpélna i# lacion con nuestras ideas y sentimientos; y por lo mismo se comprende el entusiasmo por la religión, la aticien a conservar y au^-aieiilaraneslrasitieDes, e^«f¡■l de'ileainai' gloria, de asei:tirnr nui'>.lri dicha; mas np se comprende lan laí ilmciite ese entusiasmo ni apego tratándose de formas políticas, desde el momento en que cesande estar unidas CÉB alguna idea ó sentimiento de grande influencia sobre nuestra alma, y mocho menos dqsde q«e «sttis femás «smédai lo'qno.iiM es mas caro. Asi un hombre caUÜieo schará monárf juico si ve que la monarqola favorece la rcíi^iun; y se ioclinará á ia libertad poÜtiea,é:tal mcalíno en IHMday Bélgica fo envarlirt m «ididiir |aftidiri».d0 la 4»- la polftiea.88 anda. Suponed qne en Francia el clero está.apoderadoesclus¡vamenU3 de la universidad; niCousin,niViltemain, ni oio- ^0 ^<lDdos sus seeoaeea goslaadfán por cierto ese monopolio universitario; demandafán ea alta voz ia libertad de enseñanza, el eumpümiealo de las promesas de la Carta •4a ISBA. Saponed que en Inglaterra la arisr tooracia es católica y el pueblo irlandés que ¿^me en la opresión es protestante; por «iarlo oue lea sesteaedorea del aiatema es- 4ai)iecido no serán los partidarios de la lgl&~ flia reforauida, antes al contrario, ellos echarán en cara á los católicos el monopolio religioso y politice, é imüaodo i 0*Coaaell pedirán la mejora social de sus hermanos, wvDcaodo ua orden de cosas mas democrático, y combatirán contra la anstocracia icatólica apellidando libertad. ¡J ^-^ ',hu Antes de la revoiucioa francesa. cuando Ja mayor parte de los monarcas de iburopn lia Miolaban déaOiaaBle á las-'ia^Miaeienes 4e.ia eaoueia que se proponía un cambio religioso y social, se oyeron las mas ras- .Ireras {adulaciones a los reyes; su poder -ata encafocida oaa iaa exagemcion intolerable; el anaaiea lo aia lodo; la Yia de las | tías de la conscrvacioa, y prosperidad de la ' sí leyes de la mayor truí^oendencia, y sio rfliiriou (jiif iH iUa. Kl proicsUmle prodama- omhareo p-ncootraba numerosos sostemádorei ra U república, bt con ella pucdt^.^iislraerse aun eulre los miamos que de coQ^úUcioii^ á bhttveridtd^de Felipe- II y ri^re^^el.dur 'I Im blasoiafaen. «K$lo es triste, se-deei», pe-(|ue (le.K\h,\; y i)nMlicará contra ella si ocu- ro es necesario; es preciso prescindir de IbrpHcl trono un Enrique VllLo Utta it><i|M}l.de, mas, la cuestión es de vida o muerte; laat iMiaterra.,. \ circungtancia:» son tan crílicas.^ picadas atte: ^ el Fondo de las revut^lias que nos agi- sean se podrá entrar de nievo ta el ómib.-tan de treinta anos á esta parte, ¿predomi- ' lejíal...» El ministerio, según parecía, pona por ventura la i^ueslion política^ No, ¡es ij día contar con un bilí de indemnidad, si ciertft^qve do. Lo que prcdoniiua.es la cues- con onvotode gracias. Sobie lodo elflkiMltstioiiifiCffiU que afecta á un tiempo la reli- | Brabo-Oarrasco contaba rnloiiiiiBln winni'' gÚPHyJlos intereses materiales. Nadie ha ol- • culi'' 1"^ "im' oriipnn de materias de Aa«-tidose qoeen 4b I i ut la cuuvocaetou de cor- '| ciunda; y cou la \o'¿ de estos, casi casi sotes eeAstiiuy entes, ni aun la publicación de i ahogaban ioeirumore»4e los se aire vjon» la Consliliiciim fueroo mal miradas por la ¡íe- I ¡i murmurar contra la prolonícx ion del estaiieniÍKlad <h'] putblo español hastauiie se pal- ' do de sitio aun después de rendida Cartageparoulas uutuauuis que se trataba de inlrodu- | na. El mintolerio, á pesar de haber obser:^ t ir a la sombra del nuevo sistema; muchos híHnbres basta do los pertenecientes á las clase$>Aias|»erjudicadas, se espcesaban a la sa* xttj)||^mM<Bianera que si noniaba poco su oi^Biww poUtica, manifestafaia la buena Te con quesenubieran prestado á tales inno- <\ vaciones si ej»tas no se hubiese n eiic auiuiado,,i a destiuir (a organizaeion> social antigua. Per |> m desdi' que se vió con toda claridad (¡iie en lacueslinii pulitic^ iha envuelta la vida o la luuefte ürl clero regular, la conservación o (lerdida de todos los bu iies y dañas medios 4' subsistencia del secular, la puiTza de la kfi su alteración con las malas doclriuus, la iatsfiñdad de la. disciplina ó ilegitimas y trascenobiales mudanzas, las cuestionés de djgioKiMf señoríos y mayorazgos que afecta vado la conducta was aMutista de fue haj ejemplo, era no obstante liberal, patriota; ei^ sus manos estaban segiu;p8 las institucio'» nes; el pais podía vivir tranquilo, y esR. preciso convenctM-se de que estábamos atravesaodo un breve csjcicio, que no •■i ri i niiis que un instantáneo ecbpse en ios resplandores de la libertad. Se habla de si terminada la crisis habrá modilicacinn, tal vez mudanza miuisterial; esto escita mas o meaos disgustos, mas no provoca irnlucion. IM'aa «d nMmicntOndeeisivo, seespaice h-voz de que la crisis es l>rnv<K-;i(l:i por iii'i:(ii'¡n df los bienes del clero; dtcese que tarrasou es TiC'" tima de su afbn de vender, que los miniilM» caen pi^iiae se resisten á la Bididn de I» suspensión; hasta so añade, ¡qué horrorf li||lanAas oli:asu clases,, y por aíiadidura un ¡ que se trata de v4)Uer la vista atrás, que-.sé •MWÍototal de empleados en que habían do | Intenta algún arreglo sobto loo bieMO y* <)uedar sin destino cuantos no simpatizasen coalas nuevas ideas, desde eiUonces toda iuQQvaciou pnbtica quedó condenada irremisiUeoMAta^, y mirado como altamente pelif-roM) cuanto tendiese á modiíicar en lo mas üiinmiu el antijíuo re|^en^. ^, ¿Qué mma anón awsmo acabamos de palpiíjtsla verdad; ahora mismo acabamos de ver lo po( o (|ue valen á los ojos de los hombfff^ las íorinas políticas. Oe^puet^ de la cai-Olózaga sidiid al poder un miaistociD suspendió la Constituí ion, desarmóla:ia, di^claró la nación entera en estado dejitio, encarceló á los hombres mas influj^nUis del partido progresista, fusiló eon lO' simple identificación de personas, puso en baca da S. M. glabras íoraiidable« con resvendidos; entonces hay una esplosion de celo, de entusiasmo por las instituí iones libi':-rales;la lil>erlad peligra, el íaualismo nosva a devorar, D. Carlos está á laspuérlÉI» ¿quien saín; si mañana desperlaremos ( uniitik mmisierio compuesto de obispos, y si teftdif»nos UM reacción tan espantosa'coiao laai de 4^4 4 Y ms'.M.iimal lalanaal «i.prer ciso aprestarse a la lid; c< necesario estrechar la lalange; tal vez sea preciso ver tiij; sangre, se verterá; tal' vos seaní indíapo»* sables nuevos ostracisuios. se aplicarán: en lili los murmullos no bastahaii. crait precisas terribles iinu-na/iis. que hubieran asustado á no andar acoinpañadaa de indudablo impotencia. ¿Y de dónde tanta i'\;>lt;icion* De que se creia que peligraban aignnss a^** cpibíciQttes, qutí debeu de haberst: hecho á onndieicHies nstante favorables, cuando se muestra tanto celo por la validez del contrato. ¿A t{ué estaba reducida la cuestión política, de instituciones, de libertad? Triste es decirlo: á cuestión de dinero. Mientras el mhiistni Hnri^nda ¡mpulsai)a la vontn, todo marchaba muy bien, la libertad no peligMrfm; se Imla de la suspensión, enlmMefl I se desborda o! celo por la causa de la libertad. La libertad pues no era, ni la imprenta suspendida, ni las cortes cerradas, ni la Constitución infringida, ni la milicia deiuniiiidt« ni el derecho de legislar invadido por el gobierno, ni la inviolabilidad de los diputados eaeneelados, ni las garantías constitucionales anonadadas eon el estado de aifSe; eran las fincan rompidas y por comprnr. rra el interés individual en su espresiun mas niezqiiioa. flé aquí lo que vales las mstilucioiies i políttcas cuando se las compara con otros B objetos que afedaa con mas intijiiklad y efi- ] «acia. I Diferentes veces henos reflexkmado se- I brr la rTicsflnn tlin-istica (iiie se ha agitado en España desde 1832, y buscado la causa de la afiliación de los partidos bajo las diíeraotaabaiidefas, TSMmprc nos ha parecido f]t)í» de eí!n resulta'ba en claro la verdéid rpie estamos demostrando. £o general los libera- • les, y todoB'Ios parlidaríos de reftimias vas ó menos latas, estuvieron por la legitimidad de Isabel; asi como gran pnrte de los realistas, de los que temían por ia rebgion y las instituciones antiguas, se deeídiéron por I láde D. Carlos. Respetamos como el que, mas las convicciones de los que de una y otra parte se entregarou a uu detenido y pn^undo examen de la cuestión bajo el aspertn íoirnl: rnnlV'^nnios que no faltnrtnn rs^ cepejones honrosas en que la severidad de 1«Mipíos no permitiría sacriflcar la jvstieia a la conveniencia; pero creemos que poede asegurarse sin temor de errar, que lo que prevaleció en el ánimo de la inmensa mayoría, ain entre los que no pertenecen al vulgo, no fueron las razones IcííoIc^, sino las ( sociales y políticas. ¿Se escandalizan tal vez í los que sostuvieron a Isabel, ^ proteslau 3m profundizaron la onestíon bajo el ponto e vista le?n! sin gozarse en la conveniencia, sino después de haberse asegurado de la fnatiéia? ¿Se escandalizan lanMes k» car* listas, y alegan igual motivo que sos adversffíosf 'tas bisa, vamos- á presentar dotf reflexiones que nu consienten respuesta.

¿ Cómo es que cabalmente todos tos boi»- bres de ciertas opiniones sociales y pnííticas viesen la cuestión legal de una misma manera, V todos sus adversarios de otra? Esto» ¿no indica mas claro que la luz del dia, qúé [)Ocos pensaban en el derecho, sino en el resultado de ocupar el trono Isabel o D. Carlos?

Otra reftazion. Supongamos que'D. Cárlos, en vez de ser un príncipe profundamente religioso, decidido Enemigo de toda clase de inuovaciooes que pudiesen traer algún peligro á la antipui organizaeion; bnbieaa sido conocido ¡wr su escepticisirm rn malrria de religión, por su espíritu amigo de retórmas en todos géneros, por su aversión al clero, \m sus tendencias libéralos; y que al contrario, la Reina viuda hubiese estado íntimamente ligada con el clero, y se hubiese distinguido por 80 odio á los eotoatiMoiftles, por un carácter inflexible, incapaz de tran8occione«í de ninguna especie, de «¡ufrte que bajo su regencia no hubiese habido la menor esperanca de innovar; ¿qué hHMa snriNlido? Para nosotro.s es eviflrrifc que se hubieran trocado los (lapeles, los ld)erales se hubieren apifiado en torno de D. Carlos, y los realistas en derredor de la cma de fea-^ h('\. Y cuenta, que por e^^to nn Ies achacamos mala fe ni a unos ni á otros; uo decimos que sostuviesen como legitimo lo que éttín. ilegítimo: la mayor parte de los hombifissoa' incHpncps ni aun de estudiar esa claso de cuestiones: entre los que á ello se dedican son poquísimos los que las comprenden i fondo; y entre los capaces de tanto, son también muy raros los que se sobre)>onen a ia influencia del vehemente deseo de encontrar la verdad del lado que conviene. Asi, ptf imitación, por espirito de prr>^t'liti<?nm. por instinto de conservación, por pasión se forman las ophdones sobi« los puntos mas gmves; y en habiéndose llegado á las armas, en habiéndose puesto á lo que se cree vi^niad el sello de la sangre, ya no se exauuna nada mas, ya solo se trata de sostener lo ase*^ tado; quien lo combate es iluso, cuando no traidor; porque en los libros y en los hechos encontramos, uo lo que hay, sioo lo que que* Estas son verdades ciertas, evidentes, palpables, fundadas en la razón, en la historia, en la esperteneia, y sobw todo ói ttl carácter de.' espíritu humano. Jamás, dtítm lodo en mediando alganas raaonas; par-po»' das ni ana dinastia ni una ¡nstilurinn politií n (\ue se crean incompaUMes con las ideas que se'frofesen con viva fe> ooiilos seatimientos nmfúáerosm del ceniM. con gnoáesinterfses (\w se quieran conservar ÓUSUflir. Se elu4irao Us leyes, se falsewAilM dectri- * itt modo t otro no Mlvái efugios ftn olMrar conforme á lo que oonvieBe, á lo íjae se mira confío de mas alta importancia (|ue ims turniio políticas y las dinastías.

^ohriendo, pues, al fwnto de donde par^ lHMa\ es preciso convenr « r^c di* que en Esptfta la cnestíon dominante no es la de formas potilicas; que sobre eHa descuella la de creencias é intereses. Poned sobre el trono á un R<'v iiiipio, y los hombres relipjiosos protestaran contra el absolutismo e invocarán «rdicntcnieiit» la HlMTlad. 9«poMd unas Cortes donde dominen los hombres enemigos de la n'v<»ln('ion. qnc proponiMn reparar las grandes iujuslicias que se liau cometido; sÉpaied que eali tn ooÉftradiooion eoo ellas mi ftey reformador, enemijío de volver la viaéa atrás, y todos los realistas estarán en ftivor de las Córles. y buena parte de los liberales á favor del Rey.

T!l prisioni ro de Bourp:es no creemot qne tenga ganas de imitar á José de Austria o á D. Pedro de Portugal; pero estamoi aegun» deque si á ello se resol viese, la bolsa rebosaría de entnxjavíinn por I). Carlos y su dinastía; que á entonces babel se empeñase en eorntaUrli^iAM de b i«nÉMÍaa, en no-respetarlos h'-rhis consmáiM, bien pronto se eeharian en olvido los antecedentes del hermano de Fernandu, y se le llamaría con los brazos abierttl^iMia talvir la libertad, es decir, los intereses.

Y entonces, ¿creéis que no menguaría el «ele de los que pelearan en Navarra, en Ara- Mi y CataluflaY ¿Cneis que D. Carlos impío seria mirado como D. Carlos reliííioso? Si ha> quien tenga tanta fe en las conviccio- Mi fundadas en la lev de PeKpe V, crea Mborabueiin que no nabria mudanza; con respecto á nosotros, seria vano el empeño de conveucerDos de que ni en favor de Don 'ni <le Isabel pudiese llegar á taoto la incia Iciritimista.

i\ iene siu duda atender mucho á la naturalf'/.a de tas nHtüneiones boliticas; imjwrta sobremanera conservar el principio de legitimidad romo una de las mas sólidas í;ainntias de estabilidad y de drdeo; pero tamos preciso no olvidar que lis creewMas, los sentimientos poderosos, los?randos intereses, ejercen sobre la sociedad una intluencía mas eficaz, y que en comenzando la tOP cha no es dudosa ui violoría.

En el jL'ran drama que de treinta afios á esta parte se esta representando en nuestro pais, se han visto notables ejomploii '4é^^ tas verdades: no las olvidea los Immbres <]úe' hayan de dirigir los n<'i:nri()s pnlilico-í, cU' los actos que todavía nos ialla prebciiciar an-' ta» que Ueguemos al doaenlaeiyj EL NUEVO MflilSTBRIO.

Madrid la ilr mavo á» iHi.

üecon' Cayo el uiinisterio (jou¿alcz tírabo y ocupó su puesto el ministerio Narvaéz. Sdigno*-ran el motivo y el objeto; pero lo oue no es dudoso hasta ahora es la nulidad -! •! r'";iillado. A fuer de gabinete español se ha entregado i nnatianquibíilaoeion';>diiiaie ^ le ha sobrecogido esa somnolencia 'inaepnrabte de las poltronas ministeríales. somnolencia de que no se han librado sus ioinediatos antecesores, eacepto cuando se ha tratado de sofocar los pronimriMiiiicntos do Alicante y Cartagena. Sin cinbargo, a lo (jue jiarece el sue&o no es del todo tranquilo, pues que aegun rumores no todas las -aUhoi están scíjuras: no puede ser de otra manera en terreno tan mal nivelado. ''t' Gmitando los ém Ifaasurridos desdb Jn formación del ministerio, y comparándolos con el poco camino andado, recordamos (fue casi no se necesito mas tiempo para ir desdo Valónela ¿ Toirejon, y esto dando la vuelta - ¡' por Teruel. ¿De donde la diftM Micia? Ks muy sencillo. Entonces el gefo del ejercito espedícionarío decía: « me voy á soeorrer la ciudad situada, » y la ciudad fue socorrídatdespués añadía: « eM 4 estaré á las puertas de Madrid, » y no foltó ¿ la cita; en seguid» aflaáa; j^me voy i batir é Semmo Y Zarbu^t no, y famgo vuelvo y entro en la capitalgvy Seoane quedó prisionero, y su eicrcilo incorporado al vencedor, y se ahncron las puertas de Madrid. Narvaes sabia, pueé, i punto íijo lo que quería y debía hacer, lo cual contribuía no poco á que su-accion fue-II se rápida, pracÍM, certera. ■»'*-~*^- Oigitized by Google nisterio ¿le ha sucedido lo mismo? Si hubiese lenido que dar uu parle ¿hubiera podido á(xifXfffit¡i^,mm» i^*i¿d: cm; es uii objeto, esos IM máimi^ pienso empl«ar? Lo du^ damos; v nsi oí presidente del Consejo no ha obrado 000)0 «1 vcLiiceUor de lorrejon. Se <Uffi.que ao es lo mismo la gierra que la poliU«&;i>cieiJ^ittei)te; pero asi como en aquella c! secreto de la victoria oslá miiclias xacei^ ea i^^ piernas, ai^i en esta consiste a iiiuu4o en elAaicMo de apidvecliBr oportiKflHUides que ])asan con la velocidad del relámpago. También en política como en fíuerra es fatal la inUui;i&iou; también en política como en guerra conviene á veces envolver al ea^i^ antes que pueda dcsplpiinr sus columnas: esta táctica bien la sabe el ¿general Nam«.

En España lodo ministerio, por solo serlo, pierde ciida dia sus fuerzas en crecida cantidad: e.s un viviente espoesto á nn einnu-Bnro.'dr inflaeacias 'mtrtmm'y el recibirla» en la inacción es aumentar su malignidad y esponcr.se á mayores peligros: tai corriente du aire que seria muy dañosa si nos encon- Infe acatados, ba lo as haHándoMa-eD no-» vimiento. Diceso que todo se aplaza para después del viaje de S. SI. Diticilmente se oiwié que esto pro<>eda de |H'reza; en circimstancias tan críticas, revola ó timidez ó iiicerlidumbre: ambos estremns son fatales. ¿ úué/ se habrá adelantado de a(]tti a tres Bmaef Sa babráfténnKnlado la divisioii entre los vencedores y el encono y aliento de los vencidos; el polMenio se habrá desacreditado profundamente, siendo dilicil rehabiyiarlo en la opinioo del pais, que si bien no se adherirá n sus adversarios, al menos le habrá espedido un titulo de insuliciencia.

¿Por qné tamo recelo en enoarame eonlas grandes onettioiies pendiaotes? ¿Por qué esa vacilación (|uc á nadie satisface. que á lodos descontenta, que entibia a lus amigos, eAvahalOBa A laa enemigos, y eonviecle en^ desvie la indiferencia? Esto revela cuan des-COBOeido se tiene el pais (}ue se ha de gober-■a»q Jorque es por si solo una calamidad in-BMMa>: Nonai|ms -tadolgeiioía de vueetitia enendíTos- no contéis con el apoyo de vuestros aduladores;' contad si uouiél «poyo de iMaaita, fatigada de revolweioaes, aMíeiK ta de ja^tioia. Vnestros < -uemi^ no os lian de peraonar; vuestros aduladores pueden abandonaros, que algunos hay que saben voImv Itt eiyaMas^ y es. aegnro que at abandonarán cuando no cs¡>eren ni boiMMT» ni oro; la nación no abandonará á los golMir-, nanleh que emprendan con aliento y brio ardua tarea de salvarla. Peco la saivacieanair es el orden del momento, el solo orden material;, es el orden estable, permanente^ asegurada sebee sólidos ciniéniea, eanadac laa vita por, élade so introducen los qwüil proponen minarle..Nada se adelanta con prendera un individuo, coo abuyenVar a otro^ nada se adelanla con um energia. viidealif» (jue mas bien se parezca a las convulsiones (le un delirante que á la atcion de un hombre robusto: uo hay orden, no hav socio'^ dad, nieatraa laa puebloa no saMn,,q«áa leyes los gobiernan, y en lugar de estas no ven otra cosa que la yoluotad dü lo% (¡ue mandan. Ni el Itleirt» ú la>Toliutaé} iadividiial aoft suJicieaies garantías, por^ mas que supusiéramos á aquel muy claro y elevado,.y a esta muy iie^cta, desinteresada y tUrme. ¿a^EaiMfta.'iio aabeéaju «pie reginl men vive; ignora el porvenir que le bu de caber, y desea vivamente salir de incertiduiiibre. V en \erdad que es muy razunabie semejanle exigencia: para hacerla tiew^lft tiacion un derecho que nadie le puede cimM' Un ministna hay en el gabiaele e&qiueaí serian escusaUes al^goflos BNmenlos de*ya<| ( ilación, (le (pilen no {Hiede reclamarse que siga desde luego, uita maidi» 4eqidida, y^ ene «iertamente ea digno de «Iftene censúi^ aeración por no decir de compasión. aten-, dido el caos (pie lia de desembrollar, el vacio que ba de llenar, el abismo une ha del cerrar: esto ministro es el de Hacienda*' Alarmantes rumores liaii circtdado sobre es-' te particular, sentidas quejas han hecb)^ resonar peiiédicoa 4a ledas opinionea: aiei^ da lo.peor el que bábiéndosc atacado a} aní||: lerior ministro no con simples declaraciones sino con guarismos, y, provocado, á Y 4i sus panegiristas á que eniráran «a It IMp el público no ha recibido las ei^cacipa|||> que tenia derecho á esperar. '; v ífH Se ba dicho que el Sr..Mon se inclinaba^^ dejar la cariara de Hacienda, y tomar la d% Estado en caso que el marqués de > ilumn no aceptase: no sabemos bast# que.punto^ sari fnndada,eala notieia, pero, diremos rraiicauteotc que semejante paso nos parece indigno de un hombre de las cualidades del Sr. Mon..Nadie le disputa inteligencia en e| une, y JOS rnisvaa ydvenMríoa po]Mioaa.l|| reconocen honradez: ¿rónm pndrin. puts, iustificarse a los Ofosflai país, si (i> spiirs de íPPMM^^MmMm» €Btado de la Hacienda, pasase á otra silla mas cómoda, dejando intactos ios maies que debía reaiediar? Loque i íaim el Moado tmim m w le-ccaHalMi pop