SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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Eartido moderado; habíamos dicho que entre is doctrinas y Ir/s ¡u í)!o-*;;s tic ofios (ien>pos y las doctrinas y los hcciios de ahora se notaba una contradiccfott chocante: nada de esto se deslíalo ron el articulo del Sr. Borrego, qiiietí ademas tampoco parece haberse p^opue^to objeto semejante, lie aquí en pocas palabras á (|ué esta reducida ta situación respectiva de los que han tomado parteen ia conlieoda.

Noeotros decíamos á los hombres de la thuacion: «Clamásteis que el quitar los bienes al clero errí ima injusticia., una usurpación, un despojo. ¿Con qué consecuencia sancionáis tamalla ínjnsticia, y habéis apresurado su consumación por eqjwclo de muchos meses? >» Los hombres de ia situación dicen: ".Nos apondremos con todas nuestras fuerzas á que I iia, creyéndose con derecbo á la Corona, La España es muy a propósito |Kira sor bien gobernada: lo que nos falta oo son elemontos ijobcrnaliks. úwo eíement' ''-'^rritanles; y sobre todo falla un ( ( otio, uu punto de apoyo para la máquina ptditicn: iiasla que le alcancemos, todo será ó mah> o muy t)j!»:ai,'(>ro. Anpiirnldcs para ievanliir oí mundo no pedia masque uu punto de apovo^ para mover á la Espafla del hhxIo que'an quisiera tampoco seria nionosior otra cosa <pio un punto» y no seria necesario uu Arquuiiides.

¿Cómo es posible, se dice, que en esto pais nadie alcance á Cunditr un gobierno^ ¿Sera que el Africa comienro loabiMsnte en el Pirineo? Nuestra raza ¿es piw ventura di** fe rente de las demás de Éuropa? Para ai»^ niff-tar la sinrazón de cuestiones semejantes, tan olonsi vas al carácter español, harenuMt algunas suposiciones. Demos que en Pranfcia mucre Luis Felipe. y queda cncomcndadft el gobierno á la viuda del duque de Urieans, que uno do los prúicipes de la Real íaniiapelá a la;; armas, y se éfldende líoa liuer- rl empifo de medriií íHas ffirat-M para «acir ra civil que dura largos afW)s,equilíbrundusc [¡ al \)a\s do las aii.^u.Niiui» en i{ue se eocueolas fuenas beligerantes, y ocupando respeclivamenle posiciontísinespuíínables; ¿qué sucederá? El desencadcuaniiciitf» de las pasiones, y el choque de los ^jailidos lucran iocomparáblenieoU» mas terrible» de lo (]ue han sido entre nosotros; v cu medio de tan tra. Por desgracia hay pocos de estos i\w carezcan de compromisos: compromisos que tal ve/ influyan en el curso de ios acontt'cimit'iilü.s iiuis que las preocupaciones. El camino se ve. pero ¿quién sealreveá seguirle. (l(>>nu('s (If Iiaherse etiipefiado e&'Otras I cuu lauta iiupruUeuuia?

recios embates, no hubiera quien fuese cupaz, ni de fundar un ^'obierno, ni de salvar siq^uiera la oiunarquia. Esto es evidente para quien conn/ca I;i situación de la Frantin.

Pero coutinuemos la suposición. Demos i\uii de un modo ú otro hubiese terminado la guerra civil, y que sin haber perecido del todo el principio monárquico, estuviese reprcsculado \m una au¿;usta hucrtana de 13 aAos, sola entre las pasiones agitadas, entre la lucha (le ¿írandes intereses, entre ninbiciones desmedidas, entre sociedades secretas, entre inlrigas estrangeras; con la admíin'slracion desconcertada, la hacienda hiiiulida. Iii ley riiiKlaiiiciiIal sujeta á conlii^uas mudanzas, ip.s. h^biiu.s de insurrección arraigados con el tíeuipu, la di^cipI¡na del ejército ntinada por los perlurbadoies; con una iniinidad de (!( <( nótenlos de losriiali s inuchos lo sou poi la razou poderosa de carecer de pan; si esta combinación de circimstancias hubiese en rrancia, ¿qué sucedería? Para nosotros no es dudoso: pues tóeu, esto se verifica en España; asi lo ba querido la Providencia. Lo ínesplícable« pues, no c^lá en la dilieullnd de formar un Subierno, suio en que haya ui una sombra t é\, enrqoe la inmensa roayoria se resigne á obedecer y pagar.

Bien se rehará de ver que a! escrüiir estas lincas nu anda guiada nuestra pluma por «( espíritu de partidor consignamos hcciios que nadie puede desconocer; nos lamentamos de infortunios de que la nación es victima, sin (pie entremos en cuestiones sobre quién tiene la culpa. Hay aqut mucho de providencial, estraordinario: los errores y los éelitosde los hombres no dejan por esto de existir*, p«rt> nadie puede negar que ha liabido en la naturaleza de las cosas algo superior a los pensamientos y esfuerzos humanos.

Esta consideración descorazona, pero convida a tin ilifar: convida á elevar las luestiones sobre la aUnoslera <le las pasiones é intereses de momento, cual elevarlas dehe | _., el>iUé8Dfo;>y aconseja-ai hombn. de estado I do oue«U4Ud«isveaÁttras7 -No;giNiM>siil«|HSr II.

Sieuipre desconlianius del sigiu de uro. que se nos prometía con la mayor edad de la Reina; nunca esperamos nada de los milagros de la coalición; nada esperamos tampoco de los medios que ahora se enq)leaQ. I Ei partido conservador está solo en el parbementó. no li" eni!inra7nn ni Ins absoluti>tas ni ios progresistas: cu sus manos esta la uacion entera, desde las erradas del trono iias*-ta el mas iuiímo destino; ¿(pié sisU^ma podrá establecer capaz de resistir a h\ prueba, no diremos de largos años, pero ni auu de brevísimo tiempo? En nuestra opinión ninguno: y mucho dudamos (¡ue ios iuísiikís (pie parecen intenlarlOf abriguen íirme esperanza de conseguirlo.

En España antes de la revolución balita soliiaiia estabilidad; (lesi)nes de la revnli;- cion hay deaiasuida instabilidad: el c.-<cesu de la estabilidad |)odia acarrear los perjuicios de un atraso* pero la presente iastjüúlidad, si no se remedia, traerá consigo la disolución, y cuu ella uuevas catástrofes.

En 'todas las situaciones se oyen quejas contra determinadas personas, murmullos contra la preponderancia de este ó a<iuel poder; las personas desaparecen, el poder odiado se nnnde, y en pos vienen otro (loder y otras personas, objeto de las mismas reconvenciones, de cargos parecidos: iu situación vuelve á presentarse la misma, salvas ligeras moditicaGÍottes que no alteran!• escuela de las cosas.

¿ V es posible uue los hombres de estad» no se convenzan de que Ja raii del mal es muy honda, que no bastarán á curarle mudan/as de jK'rsoiias, ni un \m'o mas <i menos de latitud en las lusliliicioues? ¿E:> posible que se resuelvan' á gobernar no nias/^ue psr ra snlii- del paso lo menos \m\ que puedan, sin meditar si(|uiera si habría aigiin iiteUii» de cegar para sieuipie el funesto muuaulisl mip no nos hacemos ilusiones sobre ia diiícirftaé. de las circonslancias. sobre los obsliictilos (jiic ha »b? encontrar todó iroliier-110, sea cual lucre la dirección (|ue «juisiere tomnr: pero to(la\¡a i-reeniosque si nuestros hombres públicos luesen nienos hombres de I ' •<>, SI lii( ioi n un esl'uerao para olvilie autcredt'ultfs que los desconciertan y eslruvinn. lodax ia creemos quc.cl reoMidio no fuera imposible.

Para nosotros es tan claro que nada de lo qne se hace ni se intenta baeer es bastante para consolidar en España un gobierno. (|ue no alean/amos como hay hombres de buena fé que puedan abrií;ar semejantes ilusionr^ l'ara disiparlas no es necesario en nii ronrepto alta penetración política, bastar debiera el sentido couuiu. Kn un país Lm profundamente conmoviílo, victima por espacio de doce años de fíuerra civil y de re->ohicion. (pie no tiene mas poder <|ne la.'Migusla Huérfana (pie todavia no ha cumplido los 14 años: en un pais de Europa que esta aislado de las princi|)alcs potencias enronas: en un pais relif.Moso, que tiene paidient(>s fíravisimas cuestiones relifíiosas.

• u un pais católico, (pie tiene ipterrumpidjis sus relaciones con el Papa; en un pais monárquico placado de ensayos democráticos; • n ese pais, ver a hombres de estado erenada semeianle. ni hay a|>aT¡cncias de que lo haya. Kl soldado útí fortuna ipie se encontró en la posición mas favorable para representar mas o menos cumpliiiamente semejante pajiel, se mostró muy inferior a la altura en que le hablan colocado las circunstancias: el líeneral en ^efe de los ejércitos reunidos, elevado a la regencia con el apoyo de cien mil bayonetas, tuvo la csiraña ocurrencia de meterse á rey constitucional Esto no necc^sila comentarios. Bien paí;o su merecido. En pos de Espartero se han creado nuevas situaciones; nos abstenemos de comi)aiar hombres ron hombres, partidos con partidos, pandillas con pandillas; el (iempo se encaríiará de panm^ones que no podemos hacer nosotros.

t IV.,r Es notable el contraste (pie ofrece el año de ISiiconelde \H'U: en ambos se halla en tvla de juicio la (*,onstitucioii del Estado; en amiKis se (piiere hacer la transición poi)^ medios suaves: en ambos es ministro eLse/lw Maríinvzih la Itnsn. Pero hay la diferencia,, (pie entonces íbamos de la nionarquia a lair. revoluciím. ahora estamos ya de vuelta, yw nos vamos de la revolución a la monarquía. Entonces el Sr. Marlim z de la Hosa fuc; II l'i <pie todo puede remediarse con bala- \ escoírido para desiítnar el |uinto en (jue de-r. lias electorales, con un pcMío mas () menos <fe latitud en las instituciones, con enviar ncá y acullá alunnos afíentes á daresp<«ranzas, á esplorar terrenos, con halaírar a este i».iqnel partido. o mejor, á estas o atpiellas |»orsoiias, todo sin plan. sin concierto, siu iiiida (]ue se eleve a la altura sulicientc sotire las pasiones y ios intereses del momento, t'slo es desconsolador.

III.

III.

Cuando reflexionamos.sobre el curso es- Iraño que van sÍ!.!;uieudolos acontecimientos, parecenos que la Providencia conduce á la nación por caminos ignorados del débil hombre, á algún desenlace.sorprendente, semejante a tantos otros como hemos presenciido. Ponjue en las demás revolucionas, <ann(l(» han llegado á su termino. fatigadas M sus propios esfuerzos y desangradas con l'i<: heridas que ellas mismas se abren, se li'vanla algún hombre (jue acaba de matarlas y las sepulta y hereda. Aqui no ha habido' biainos pararnos, ahora s(> ha hecho lo mismo: los esfuerzos del ministro de Estado no bastaron a detener el impulso que estaba dado en una din^ccion. no sabemos si serán suficientes á detener el impulso actual. que< llc\a una dirección opuesta.

Entre dos ej»»rcitos ipie se disputasen el paso de un puente, sena posición muy peli-i grosa la de quien se situase en el puente mismo para detener a unos y a otros: no es diliril adivinar la suerte que le tocaría: esta misma suerte le ha de caber irremisiblemente á (piien en España no se procure el apoyo, o de los monanpiicos o de los progresistas.

V.

(Ireemos que conviene aplazar la cuestiour del enlace d(« la Reina, (pie las circunstancias présenles oponen insuperables obstáculos a la acertada resolución de este gravísimo negorio: pero no ¡lodemos menos de hacer notar que hasta acpiella época no se alcanzarii la teminacion de nueAna ee«pKMciones j goberniir; y adamas es ímposiWe qae se socialPí^y ptiüticas. Rctóquensp unn yinil ve-; rouiKin difiTcntcs partidos para lo^írarlo. ees las institucioaes funoaiueolalcs, resuélvanse como se quiera los inaaoierableg pro Ueaias pendientes i!) ( I país; las esperantas y los temores sr milriran ron el nnevo ]M»rvenir que pudiera inaugurarse con el niatri-MODÍa de iá Reina; hasta que se sepa cuál será el principe que se colocará ni lado de la augusta I^^bel, todo sera iiUerino: se habrá construido una bóveda, perú ieUllara ladava.

VI.

' £1 partido progresista ¿puede gobernar Rolo? ¿Enrierrn en >í los elemeiilos necesarios para establecer uu orden de cosas tranquilo y duradero? No. Asi nos lo están diciendo las doctrinas que prncinmn,!ns sistemas que quiere eo&ayar, y luas que todo su historia^ • El partido moderado, combatido por loa. pTOjrrcsistas y los riiMn;<ri!u¡cos, /.puede gohernarY No. lina muioua tan reducida, sea cual fuere la mteiigencia ^qv^ crea poseer, partidos par Luego es imposible el mando de los partidos. \ fuera de ios partidos, ¿qué hay? ¿Existe en España al;;uiia porción de bombees que no ))uedan calilicarse de progresistas. ó mf>- deradus, o monárquicos, ó mcdio^ entre unos ú otro»f No. Pues esos tales serian hombres sin ideas y:>¡ii deseos; as dactr, sin entendimiento ni \oluntad. u uLuc{;o, su uus dirá, es imposible en £.s- I pafia el i^obiemo.* Esto no es verdad, y da los antecedentes fiue acallarnos de asentar deducimos nosotros olr.i consfciiencia. Fn Esj>aüU, como en Fnincia. cüiiiü en Luglalen a. como en todos los paises del mundo, es irnpíe^ihlc un gobierno de partidos propiamcule dicho, Iranquiio v duradero: consailese la razón, léase la hlslona » atteudase á la csperiencia, y se echará da ver el fenáo aieno social y político que a< ahünios de indicar. Kii las aKtaarquías, en las repúblicas, en los ^obiérnos mistas, se verásiempn un pensamiento su|x!rior ó los partidos, ora personiíicado en im lionibre.orn on nna corporación, ora en una ('la¿e muy reducida; w» esbaatanteá dominar tantos y tan pode- I pero siempre hay aiuo que se levanta sohie rosos adversarios.

El partido mouúrq^uico, si se empeñase en gol>cmar con an sistema violento, y sin atender al nuevo curso ipie han tomado las ideas, á la alterai iim que han sulrido las c-oslumbrcs, al conjunto de circunstancias que constituyen lo (pie se llama necesidades de la época/ ¿podría golierni'.r ' \ i DiÜtil fuera alcanzar el mando cou scmcjaules condiciones, conservarlo imposible.

Un tercem, ó mejor diremos coarto partido, que ni quisiese á los pro-i ' -isias, ni á \m moderados, ni á los mouarquu us y quo se empeñase en gobernar sin el apoyo de nilt^na de las fuerzas (]ue dan vida a estos tres, ¿podrió gobernar? Ño. Para nosotros es tan evidente como la imposibihJad de audur nia chazan Luego ningún partido por si solo puede la ntruosfern de los jwrlidos, y que cuando no ios mata, los precisa a mantenerse eo ciertos limites, y a que empleen sus fuer* zas alrededor dé un punto determinado del cuai no pueden prescindir."

¿Existe en Eíípatia esle pensamiento? (^inro es que no i lo que existe es una institución veneranda, y por todos venerada; pero la Providencia ha (nifM Í io que esa ins-LiLUciua quedase sin [leuNUnieulu propio, y lo que es mas sensii)le, que no pudiera ta-' nerle en mucho tiempo. Aqiii iin hay un consejo, no hay una corporación, uu hay nada que llene el vacío; de lo cual resulta esa asombrosa instabilidad que el mando de 1(H pai iidoN Iiae consigo. Fn-i-; íjobiernan sin eslar sujelus a otra cosa que á sus inspiralargo trecho y al aire libre, por una maro- | cienes propias, sin mas objeto que fm conma, soplando con furia encnnlrndrtx vientos.

¿Pueden íormarsc coaliciones de diferentes partidos y con ellas fundar y conservar UD gobierno? No. T este gobierno no será posible hasta que se consiga que unos ú otros rcnuncioQ á sus opiniones, á sus pasiones, á sm intereses, ó ({uo vivan ea paz y armoh scrvacion, sin mas re^Mas <jue sus ilu.siones. pasiones é infíMí^^es: de lo que dimana esa iiební que lt>.s devora, y que atríie sobre el pais calamidades sin cuento.

Ciertos periódicos lian linhlado de rninarillas, de poderes invisibles y otras cosas semcjanles; sea de esto lo que fuero, lo.

elemeataa qim natufaimente se le- cierto es que á jugar ixir los efeetaa no 'v^ mos en niníuna parle lijeza de pensamiento., unidad de miras, concierto de plan; no vese atacan, se derriban sucesivamente, siu mas resultado que mudanzas du empleados f estériles ensayos de sislenius. - ' «,Mn KsptAa, de ooee iiikMs á esta [Mirte, se I estado a plicandu mas que en ninmm pais IsBáxiroa de que el fíey reina y no yobier' H^i T esto ha sucedido tanto coa la QxbtancáB ot laa Górtes como sin ^ ílas. Los nuaistcrios han sido espresion di" coinlúnacioncs 4e prohoujbres de parlidu, sm sujecton a «n regla, sin mimisíoa á una voluntad. El partido convertido* en gobierno de esta manera lan (b'plornitle, nu ha podido ^'obcrnar sino coiuo tal; para esto ha necesitadu ateu-^ItMKmt^ á los honlNWi, y poco ó nada á las cosas; no b;i podido satisfacer tod.is las nnibiciones y e\iii;cDcias, y por lo mismo ha ticulo 36 de la Constitución de II _ iihierlo solemnemente lasCórtcs; la^ (li-^IViila de tranquilidad; la autoridad deja llciua (iá obedecida en lodo ei ámbito de^lr moürfiiafvBO hay ninguna eoesUaB^Hraii' ,:(M-:i que pueda turbar la paz ni pan^f i^a cunllicto al gobierno; y en estas círcunstan» cias 6Q halla dueño del poder el partido (jue» •WW concepto, es el único ca{>az de ciettr trizar las llagas ahieríns por la revolución, y a))ruvecK»r los bienes que la misma baya producido; de contener, asi á k)s que inte»* ten sumiracsren loa desastres de la auarquéa* como á los que se propusieren llevarnos á las violentas reacciones del despotismo. Dueft» da>i|Bfc|igteiio 4 solo en las cortes « en po- ' sesión de todos los empleos, arbitro de los de>iinos de la nación, el partido con>ervaiMAilvgar a numerosas deserciones. Loque:¡ dor ba visto,ilepr el iu(^m«^pto supremo en al«ibiral gobierno ^ra un partido, ha de- \ que puedMWWilestar 4Ípp#tquiere, to quf ppoerndo en pandilla, que aislada y descon- j pu(íde, loque vale, li (inc es, disipando con liada de susanti^os amigos, los lia idu tro- t heuiius y no con meras palabras las equiv^ •Mdoeaadvcnarios, y de abi la pnrfrada | ca^iiHies.en que hayamos incurrido 1^ que debilidad, el esclusivismo, la cólera de la l no hemos augurado bien de su mando. Asi intoler;)u<'ia, el dcürio de un moribundo, i lo reronocen sus principales orejanos; ellos Esta esc'cua se ha repelido en España varias L coii)jc^C|^eu que, si ahora no organiza el iPMes; y se repetíHi otras machas, y sieni- I ptl^^fñw^a un gobierno que satisfaga- las pre, basta que en la elevada región del po- [ necesidades de la nación, se hunde, y se. der baya uit pensamiento propio, al cual se | liiuide ¡)ara siempre. Las venlajns de l,i prohayan de someter los partidos que se apode- I seule situación nvpecloal partido dueño del üá (M IPldft«r I •. M.. >. p mando las reconoíMa francaniente elirmíff*, Sin e>ta condición es imposible todo go- Jo en ^ii numero de 11 del corriente, coO' bierMO; no dura ninguno que no lo noscai ■riftntni él falle, no hay esfjeranza da otro ■¡alema qm el aatdal de nuesti as an^gnas rnlonifls, que con algunas modilicaciones, hi^as de la diferencia de situación, es el wamo qua desda la muerte de Fmpdp! Vil \mttmm pffBaaiipiaiMio.eii Eapafta,, <•./.rv miuaiuio a su partido con el dhscrediy^^jj^ ruina si uo dula al país de las \e^^Mt9f¡0ft urgeticia ^e^ii«,,ía^i eo^iyioj^ lo admip^p.;^ La Heina ba cunijilidn los catorce años; la mavoria, que la fuerza de los aconlecimicntos'y el voto de las Cortes habían ya dccla^ r.ido hace nuirhr)^ ni:^:-i's, ba llegado ahora aun para bts que no han querido reconocer jftiíu» l^íjlij^ad <iuc la con.si¿;n9da en cl ar- ?osr restableció f or terrera vrz pn nnrstra patria, ban ihTlo l:is l.urli-s (l<> \:\ iLicion b:iJo coiidicif^ n<>s t'in r;iV(ii.'il'lrs y \i itl:)j<i>-:is c<'mo lU fO Mp arahn do vei ilicarse esU' };raiide acto. ' Concluida bMe cinco años la gwnr» civtt, ^ imitmaret dtqw ftuda voévwá retoñar rí nvmtírot no la provoeamot con muttrat itnprutUneia$; Vt'iiciil.i i ri loíios los cani|>(!s y liyjo tudns sus Tises la rcvolticiüu: arrojado por cl voto púliliro á lícrni eslrangera el soMado K'inerarío é ingrato qun ■>!<6iBier|wiiewe «mm un obsWtqilo pnl» lea fm^ litaciones y H trono: (troiegido csic por la fnoeeo* rh mi>íma (fcl an¿(*t qne lo ortipa. amado del blo, fucrlc ya por la ley, rodando de lo« mas valit'ntp» T do los mas lonlcs, y fiinoiítnando en oasí ledas las esf(>ra!t de la RoNsrñacion aqcicltosqiie un intcv y salvar tan prwikxíos ohj«to»« < prohrteion ét la Europa. y M "^tlÜÉééko prótiúnc'méti por S. M. en la iMdttlié'apeítlTOde las cortos es el primer pTOjsrmma de gobierno que ha presentado al . pais el inin'isterio acliial, y asi es necesario MláíCist al^in tantó en sa exámcn.

Poco tenemos íhjc «lorir sobro los dos párrafos en se haliln de rolnciones con las |>oteiicías eslran^eras: estando reducidos 1t fpunéi generales qnc en semejantes casos ve acostiinihran, y á dar cii Mil.i di- la embajada de la Sublime Puerta y de la ter-BÉñnacion de las desavenencias con el impelid'd6 Marruecos, carecen de interés por tersar sobre 'negocios ya conocidos del pú-* ' Sin- effib a rp:», dúl iüilsás nañ iMÍItrt)Tés en Tos párrafo»: mencionados: o! absoluto silencio sobre reronnoimiento de las doinas potencias, y un paréntesis lisonjero para la Mnda. lío primero no lo estrafiamos. antes creemos qu*» rsla es la conducta que se debía se.íU'r, porque no hay necesidad de hattr concobir esperanzas (jue no se puedan cumplir, ni de emplear ostentosas frases de infícpendencia y dignidad nacional, cuando m> están atacadas ni amenazadas la dignidad W lli independencia.

Tocante al paréntesis diremos francamente que nos ha parecido alí:o inoporlnnn, v un si es no es oticioso: cuando todos sabemos que 1* jomadas de Isly, Tánger y Mogador han sido hechos dO armas felices pero muv pequeño»;, parece míe en hora de una fteina de España, y hablando á la nación en cortes, no sienta bien lo de tanta eehridad y gloria, cuando no habia necesidad de hablar de la terminación de la fiuerra entre Francia y Marruecos, y mucho monos de calilicarla.

Fiara abstenerse de esto todavía mediaba otra consideración, que seria de mucho poso si se tratase de las desavenencias de la Fron- Hik con nna nación enropea, pero que tampoco debía ser desatendida aun tratándose de Marruecos, donde no es probalilo que se ocupen mucho del análisis de los discursos 'de apertura de cortes. Esta considerador es MnitUtreset, tumlik'n i-sUi vez se nos (^sf•a|)a^c Ál goberoalit; Uel Kslaüu sin <|ur á lu incnos liubié-^culus dolado al pais de a)|uril:is leyes iinporUiite.s, neceüariaa^ lUgtutíánM, (¿M i&i eo to |H)l¡lioo como en lo adMÍaiMntf«a f ettNiémioo Metoun m étfk-MMeiMiaciooji.

la de no herir la susceptibilidad dé cidos, en el mísmo párrafo donde ee dice que tantn se r/wn rnnxervnr fn paz ron elimperio de Marruecos, y cuando se da la noticia do ffnt se hallan ya convenidas las bases do it!t tratado en cuya virtud obtendrá España la salisfarcion que de juatieia se le debe, y que no se halla todavía ratilicado el tratado en el modo y forma convenielMes.

So rniTipronde niny Men que en Francia so procuren agrandarlas dimensiones de la campaña de Marruecos; que con la mira de dar prestigio al jóven príncipe vice-almimnto y d.^ entretener la vanidad nacional, se t>rcsenten los trofeos de las pequeñas batalas. ya que no es posiMe ofrecerlas grandes como las do Maren^o y Austerlitz; pero en Kspafia dohomos dar á los hechos el valor <pio tongan y nada mas: en un discurso del Hoy á las cámaras firancesas bnbienin sentado hi^^n semejantes palabras, en el ée hi Koina do Fspaña, no.

Eslas observaciones no son hechas con espfritn de criticar; son dictadas por hi riH 7.nn, jioi- o! (losoo do (pío en dooninentos de esta clas(; no se caiga en faltas tan reparables: faltas á que es probable no se tflienit en Blarmecos, pero que no es regular que pasen desapercibidas en Lóodres y en otras partes.

Con ra«on ó sin ella se ha acvsado é lo» hombres de la situación de estar muy inclinados en favor do la Francia, y do escuchar demasiado sus consejos: y asi fuera de desear (|ue se evitasen cnioadosameiite todae las noMsion 's que pudiesen dar pie á semejantes sospechas. El embajador inglés en Sevilla ha dado una lección 4^ á m que deseen aprender la reserva neoesaiin eo asuntos diplomáticos cuando liay algún peligro de escitar rivafidades, ó' de indicar con imprudencias ane se propende en demasía hacia una de los lados.

Eu España, toda política que uo procure con muchísimo cuidado, coa escrupulosidad, mantenerse en equilibrio entre la Francia y la Inglaterra, os luia poülica errada y sumamente dañosa al país: con la Francia se f uede contrapesar a la Inglaterra. con la nglaterra á la Francia; y 'cuando nayamos podido anudar las relaciones con las potencias del.Norte, con el peso de estas podremos equilibrar la preponderancia deaqneltas. No nos cansaremos ae repetirlo: buenas relaciones con toitos, intimidad con nadie; la BipaOa e» SQ tsiado actual po mmfk oteo I ímbímb y nsIMades; é^náB, m htMwtni»ji|, fruto de la intimidad con las grandes nació- | pidamentc la carrera para encunibrarse á Iq» oes de Europa que lo que saca el débil aso- primeros puestos del Estado; dundo se haciado con ei fuerte: para aquel el tiabajo y lospeUgiw, pan este la gloña y e) provecho.

PNo olvidemos que á pesar de nueatra doidad lúdavja tenemos mueboseleimiloe de adependeiMiia; el caráctef nacional, mesira posición pcninsulnr y en ol último conlin de Europa, y parlicularmeule lu misma rivabdad de las naciones empefiadas en influir en nuestros deslinos. En la división a^^ena poseemos ou esQ^leole medio de fuerza propia.

.Ha ñamado sobremanera la atención pública el párpalo relali\o a l:i rrujiina de la CoostiUiciou, porque eslabi)Q los ammos muy ■asensos é inquielos con los rumores que liajiian circulado estos últimos dias sobre el Sroyecto de npla/ar la indicadíuerorma. Esi aplazamieulo en las circunstancias actuales podia ser muy largo y basta indefinido, mayormente atendidas las vicisitudes que en España suelen correr las Cortes, en las que todavía no hemos visto un ejemplo de muerte natural, pues que hasta ahora todas han perecido n6 iratú, y algunas en la cuna £1 jroblehio en esta parte ha sido esplict- M á mas no poder, anunciauflo que el proyecto de I i'fornia cnnsliliicíonal seria |)resentadü, y en luí primeras sesiones, caiilicandole de punto etetteialisimo, cuya gravedad no podia ocultarse á la ilustración y patriotismo de las Corles, y ihi lauta urgcmia que la uunor dilación pudrid acarrear ¡ierjutcius m- ^ Tal vez nos e<iuivoqucmos. p(Mo nos lia ^farecido descubrir cu la redacción del dicho oPárrafo on esfuerzo por manifestar la vulun- JHld decidida de llevar a cabo la espresada reforma con la mayor brcvi\la(l. l>to contrasta ^de una manera particular con las voces que Jbobian circulado, y las indicaciones de un ^ríódico que no suele estar fallo de noticias.

El gobierno (Ii( c una gran verdad, y emite ai propio tiempo uu pensamiento político llau laníos incentivos para desvanecer las cabezas con ambición insensata; dond^ consumen inútilmente las fuerzas del podbr y de los pueblos; donde se malogran tautos; talentos, que encarrilados en ocupaciones» científicas y artísticas ^>odrian ser al pais do alguna mayor utilidad de la qui> le son aho<. ra, poniendo cu pcligiq jd orden públk^ entorpeciendo la mafcna del gobierno,< <Mr cicndo imposible la estabilidad. ' ¿Pero como se cierra el cam|)0 de las dis-; cusioncs políticas? ¿Se couscuuirá este objeto con un senado vitalicio d hereditario, sf nu se b;ice que la ley fundameiil<il cierre la entrada del Congreso a todosbs que no posean una propiedad respetable, si no se hace que el poder tenga mas fuerza, y no se vean i cada paso preci>ados los gobernantes á comparecer delante del ^raA j lirado, compueslo de pretendientes que dnMea coloeacion, de empleados que ambicionen ascenso, de cesantes (jue anhelen venganza, de agiotistas que busquen encubridoreso cómplices? ¿á0 cerrará el cam)K) de las discusiones poUticas si no so remedian los abusos de la imprenta, si se deja subsistente el principio constitucional de la fuerza ciudadana? ¿Se cerraM el campo de las discusionesfwUticas si no te piensa algo mas seriamente que hasta aiiora en la solución de los grandes pi'ühiemas|>endientes on el pais, que le tienen inqaielo»y que mientras existan le agitarán de nueva, y le arrojarán por necesidad al terreno de Ü Kohiica. por mas esiuerzos que lia^aelgq- ¡erno para evitarlo? > <t; Contiene el discurso algunas gcneralidap* des sobre reformas de administración y hacienda y restablecimiento del crédito:' estos puntos son ciortamente de la mayor impoi»-lancia; pero es preciso no olvidar que mientras continué tau inuerta y azarosa la situación política, poco ó mida oe adelantará ^ ninguno de dichos ramoo. Buena parte ije las pasiones políticas no son nins en la actuaidad que |iusiones comupes; itay /pa^ b^u muy juicioso, cuando afirma que la nación | codicia que ambición; no se procáradupr antiela ver cerrado cuanto antes el campo de i al pais uu recuerdo inmortal con buenas icla^, discusioijes uolíticas. Repelidas \ccos yes o instituciones, se prefiere deslumhrarle h|mpi sostenido la urgente necesidad de sa- con suntuosos palacios y Dia^^udic^s carrozas; jkml terreno de la polilica; de ese terreno y asi es que la adminiftfociopi,;Ia haciendo ardiente donde caben todas las malas pasio-! y el crédito se hallan con frecuencia a mer- {f^; donde medran tan fácilmente las me- ■ ced de la llamada poUtica, que cn,i§iu:J|9* pido por cierto, con que se encubren los que van labrando fortunas escandalosas. ¡Cuántos y cuántas hemos visto levantar en los ólllMMiet aftos! cm qué títulos?- ¿Ha síoo por ventura dispensando j^randcs lienetícios al pais, despleíiando elevados talentos o eslraordinaria laboriosidad? ¿Son muchas de esas fortunas loq\it> debe ser la nqoeza en buenos principio-^ (!(> mor;»! y do ocoboiuia potitica, la recompensa del trabajo, el premie^ grandes servicios t Si se debieran representar en blasones iitiilo"; de atgunós que se han levantado a hi cumbre social, ^cuál es el timbre que pudieran adoptar? _ Por estos metivos, que hacen mas neoeiiirio cerrar el campo de la política, por estos mismos motivos sera mas dilicil (pie se cierre. Todavía hay muchas amlticioiics cpie WtisflKer: y tras de estas ya desarrolladas, ya prontas a alcanzar el objctn deseado misten ya otras, y en pos de ellas vendrán Otras, basta oue una voz firme dip^a, basta.

TM&Ble á los acreedores del Estado, el ^tt¿Ílrr>o asienta el princinio de que '<el rtr dertaineiAe • y es que ím fa^ueiÉ R^ÉiSvm^ davía al punto'en que se pueda dismimnrsin peliirro la fuerza de! ejército, á causa dp| desorden de la administración v del no sali-^ Cíente vigotr de la aoloridad eMi: es (tecíf, que se consiírna como una necesidad para la atitoridad civd la pujanza de la autoridad militar. Esta es una verdad muy triste, pero es unaTeidad: tal es la dttni.Yond(cion de las naciones en que se (piebranta la fiier/a de las leyes y se debilitan ó se destruyen los principios^ las íttstftndones que dominaban á los pueblos eon SD influencia eficaz j sdave: las socied-idr's no pueden ^^vi^ stn freno; cuando taita lu l'uerza moral es preciso emplear ta Rsien.'

('iremos sin e!!il>aríro (jue la conservación de la tran()uili'ia(! publica iio dej>ende de nlfíiinos hnlaliones mas ó menos; depende si de que itara el Trono no sea una necesidad natlii". (le niir- 1 í ni-rsonilicacion de la fuer/a Sública sea el Monarca. y nadie mas que el [enarca; nA cemo el Moñnrra y solo el >fnnarca es la personificación de la ley..\ estas condieiones dei)eu someterse todos los súh- -iaiien la hacienda y la buena fe del¿;obier- ^ ditos de una monarouia bien ordenada: nada in les ofreeerán la mejor garantía.» Verdad s los dispensa ni pnede dispensarloB de ello', económica de la mas alta inq)ortancia, cuyo j ni elevada categoría, ni talento, ni ser\icios; olvido por cierto bien voluntario, ha hecho: toda i>oliti<a (¡uc se desvie de este camino, es que se procurasen infundir grandes espe- i funesta, luu 'sla para e! trono, funesta para 'mias de mejorar el erédito en la desí.qnn-; la nación, fbnesla para los mismos- que «b cion de hipotecas especiales. cuando una dolorosa esperiencia na venido á continuar que la fuerza del crédito estaba poco menos que en razón inversa d'd aumento de las h¡- M)tecas. \o, no ha sido la mejora del crédito ello se eiii')!""!nnMv í.a dis( i[)!ina es una cadena que ha de comenzar en el último soldado y delie terminar en el rey: el primer eslabón ha de estar prendido (fel cetro; de otra suerte nacen la ambición, la rivalidad.

oque se ha buscado con la incorporación de la envidia, y en pus de ellas las intrigas, la os bienes de la Iglesia al Erario: si fuese i| insubordinación, y al fin las insurrecélones posible descorrer el velo de lo (¡ue se ha es« i¡ Y el trastorno del Estado. Ejemplos terribles lado haciendo sobre el parlirniar por espacio ' hemos visto imi!a doniinaeion de Ksparlero: de algunos años; la nación vería norrorizada |, este ¿¡¡eneral tuvo la imprudencia de minar la Ms dilapidaciones y los escándalos- qne se ü disciplina en provecho propio; en 4811 eshan ocultado con los nombres de fomento de perinientó (pie no faltaban otros ¿renerales hi prosperidad publica, desarrollo de la riqueza, circulación de capitales, robusteci-¿ienlo de crédito. " La Reina, después de haber dicho que iMÚa la mas viva satisfacción en anunciar '«yw él «Jéreito ofrece en la aeCualidad nn esikdo admirable de disri|>1iiia, ha aftadídoque que sabian.sublevar las tropas, y en 134.3 sufrió en el puerto de Santa.María una digna espiacioB de los eseándaios do BareeloiNi y Valencia.

Kl discurso termina con la espresion del deseo de crear nna lAarína poderosa. y reformarfundamentalmcnte la administración de la fuerza de este se jM)dra dismlnir sin peli - justicia, sin baberhaW.ido una palabra sobre el «roen cuanto se robustezca la acción de las clero ni sobre las relaciones con la Santa Sc- "WfMifblWlM -del árregilo de la admínis- | de. ¿SérA olvido? Es imposible. ¿9érA de^- fracion y del vigor de la autoridad civil. ' piíjiie? Eslo fuera (!::nin-indn ¡iiienl: no pn- ' Hav tq«y| la cooü'sion de una verdad triste >: demos creerlo. ¿Sera* reserva diplomática?

l^irta no fra Incompatihif ron afsniia df* si los írobiernos río deben snfisfbccT una cnaquellas frases geocrales que en nada coiii- ¡i riosidad imucrUucale, Unipoco dciien sin ^meteh, y qae mas bien son mirad»» co- {I graves motivo» escitar una ewiosídad tan ' justa, conU) (>s la quf se fooda en ana no*- vedad ilc t;il trasciTi(l''nfia.

Lo recuerdo do Keijgion, tal como hubieft aabklo espresarto el ilustre literato que ocupa el ministerio de Kslado. no liiihiiTa sPntpdít mal lmi bot a de una Ucina Niña, en (>l dia de su cumpleaños, eu el acto de abrir una espresioD de corteafa. Lm^ Miicationes terminantes (S ovasiva?; (|iie«>l nohíiMno se proponga dar en las (lurtes, ¿nue tucuut«oienle habia'de indicarlas en ef díaeorso^ Sn In realidad. para nada no;^ hacen Talla las clausuhis (]v.o se erhnn tb» rnpiios: pues éiticilmente nos hubieran iniiindido csjieranlas, ni «Smpado temores; pero esto no impide las C.órtes, de dirigir la toz n sus pueblos.