necesario que no se funde en privilegios que of^ndon ni <*n rorncrdos que se hayan di^imdo. Conviene atender á lo que exii^te, m a lo que existió; conviene organizar Ib alta cámara, no como inn escrprinn on favnr de ciertas clases, sino corno una iuslilucion esclusivamenle consagrada á la felicidad pública.
De <'sín <o iiini'!*' el Sonado no debe ser de elección ponuiar, poro que lanijMJcu debe ser de sola etecciori real. La Constitución de 1837 adulociadel primer defccl); el proyorto del gobierno y d de Ja couiisioo adolecen del secundo.
¿Dónde eslan los individuos que gozan de imii'peiulencia y de un inlltijo eficaz, (pnpueda ejercerse á un niisini) tiempo sobre el poder real y sobre la nncion?
Al tratar de recn!;or oslas influencias, claro es que se han de considenir ¡1 > <i: t¡;enc's, UDO moral y otro material; usi es (|ue en lodos los provectos figuran la rcli¿^iou y la riqueza; lodos •admiten obispos y graades propietnrins.
¿ CoiiviMutrii (pie los obispos sean senadores por elección reni? \o. Sí esto se admite, se Talspa el principio: muchas veces nn n -pres«MUará el senador la verdadera influciu ia episcopal, sino la intriga cortesana. Kl hacer á los obispos senadores vitalicios de elt i ion real, llevará consifío el [)erpi'lu<) abandono de algunas iglesias, y no traerá u las regio-•nes del gobierno lu que este necesita jxira el bien de los pueblos, á salier: conocnnienlo práctico di> I.H niTí'siílath's do! país, y n!lo prestigio a los ojds del clero y del pueiiio. Ivs decir y ni tw para formar la *^ley, ni fuerza para ejecutarla.
.\o es posible ni conveniente que vayan al Senado todos ios obispos; ni que los que va- Ían sean elegidos \m el rey, ni por el puelo, ni por el clero, ¿(juik) se vfTÜicara pues el nombramiento? O dejándolo al orden de antigüedad. 6, lo (|ue sería masacerlado, concediendo á los mismos obispos el derecho de elegir enlre ellos n los que debiesen representarlos. Pero ¿que sislema electoral se podría adoptar? No serla difícil escogitar va< rios; hé aquí uno muy si n illn Los cuerpos eleclorales dciueran ser laníos como las metrópolis; el numero d los elegidos, uno al menos en todas las melrópolis: dos en l!f*írant!f> n ctni-o Irm eIeclo;es; electores. De esta suerte el banco de io» obispos no escedena nunca üe H o 13; y descoutando los que no podrian asistir por enfermedad á otras causas se puede conjeturar (pie por lo común no pasaría de tü el numero de ios pre^iUeb. £i st^emade elección ludria ser el voto escrito remitido. al metropolitano, y habiendo de reunir el eieiíid'i nííívona ahsnitila. Siemlo lun escaso el núnuíro de electores, uo sena duicd j>onci"Sü de acueido por escrito. La elección debería hacerse cada cinco artos. VA eIef;¡do debería poder ser r 'ele^^ido. Con esle sisAemn irían al Seiiadd ubispos de todos los puntos de Ks(>aíVa, re])resentartan verdaderamente al ( iierpo episi ()|);il, uo quediiri;iu el pastor lus iglesias smo j^ot breve tiempo, y solo turnando, pues es ^laro í|imi la eMocioairit variaudo naluralmenlc.
En cuanto á h íínride/a, supuesto que se rechaza el derecho hereuilario^ nu parece mal el sistenM indicado ya de que los individuos fuesen elegidos poi los mismos grandes. Las condiciones que se piidrian exi^nr senan 30 afios v 300,000 reales de renta. i,a dignidad podría ser decenal. pasado cuyo término la granílez;! reiieliria la elección, ksk salvaba- esta elevada cíase el derecho que le pertenece, y se obviaban It» inconyeniculcs (pie se objetan al sistema hereditario.
Kl número de ios elegidos podría ser de i'ó.
En cuanto á la gran propiedad, ya pertenezca á la nobleza ó á otras clases, sena muy conviMiieiile (p(e estuviese representada de una m.uiera indejK'udietUe de iu vuiuulud de los ministros. Para lograrlo seria pn>ciai» limitar mucho la facultad de elegir, exigiendo (pie en la cámara hubiere siempre un cierto numero de grandes propietarios, cuyas rentas fuesen muy crecidas, y radicadas en las jirovincias á las cuales ¡a elección correspondiere; pues uu sena nada oleusivu a la magestad real, el que habiéndose de buscar los fírandes elementos de conservación, eslabilidafl (' iiiflnencia, se procuran recocerlos de todos ios puntos del reiuo.
La facultad del rey para elegir no debiera ser iüniltndn: tal vez no convendría lijarle el numero, pero si el tiempo. Asi, para impedir que desde luego se nos provea de senadores para largos afios, y prevenir al abuso de los ministros, se po.lna establecer un litres en llegando a diez; habiendo de perle- ii mite al número de senadores de la primera — tiempre el elegido al número de los H hornada, que mocho tememos ha de aer nnm&mn; r rm medb mejante se podría I tcrio, «siquiera jMiiinrastrardesprcndírnieii-*' adnptnr pan las soeesifaS. Si esto no se ha- I to, hubiera debido mnni restarse menos celO'.
fc. do<:U' liifíTM sf^ piif*?!f» nso-rnrnr ípif en so d"! derecho csclusivo de consMifuir el brevísimo tietnpo so hahra hecho ampiisinio i Seuado como mejor le agrade. Esto fuera 090 de Uiít (hcoltades de la corona; v será f desconsolador si no recordáramos que asi el jtrerix) resignarse, ó a inulli[)líi>ar iniefiiií-, Hslamonlo «le l'róeeres como los Signados de danuMile los senadores, ó ñ sufrirlos tales como nos los depare la buena voluntad de cualquier ministro.
Kl hacer vif;i!ii ¡a l;i de Uuhs los senadores y de sola eleceion real. no producirá en España los resultados quetlfrunos se prometen. Tendremos un cuerpo dotnle haiirá IvHufires muy res|K*tables por el saber, por la ]>robidad, por las canas; pero entrarÉgi M él muchísimos empleados favoritos de ministros, no pocos personasíes á íjuií'nes se deseará obsequiar, y no sabiendo como hacerlo sin trastos ni compromisos, se los honrará ean la dignidad' de senador. De esta snerte no se IVu niii iki |in(ler político, solo.se lotjra crear una cosa que ni e< cnn^jejo ni es lK>der, y no desempeña las luuci<mes de la Constitución, todos ohr;i de las manos de los hombres, son d(! ayer y ya han desaparecido. Con mucha proh«hiÍn!nd de acierto I que su vida sena mas larga que la de la ('oikslitucion relbrmada. Presentes estaban los autores de otr.is constituciones, que han tenido el deft^ constield (li- \ erliis perecer.
Knlretanlo consignemos ios hechos sir» giiientes; la grandeza ni la gran pn)piedad de ninguna clase no entrarán en el Senado por di'reeho prf>pio, y!o mismo ^e aplica á los arzobispos y obispos. Los individuos son admitidos, las clases no. Verdad es que se hace espresa mención de obispos y írrnndes, pero esto es un fuiro cumplimiento. Claro es que no era posible escluirlos cuando queda uno ni de otro. Es preciso no perder de vista | ahiertiria puerta á tantos otros: asi la Cons- 1 I litucion reformada se muestra urbana sin mucho sacrilicio. Estos individuos si quior ren disfrutar tan alto honor será menester qiM! procuren congraciarse con los ministros presentes ó futuros, pues quédelos ministros dependerá esclusivaniente el adquirir la di^ ntoad solicitada. Con esto, con la levelectiv ral vi::ente, las p''á(iicns ndDpI.nlns con ij buen éxito en las ultimas elecciones, la ra-Ij pida estincion de los mayorazgos, el comple-Ka la disensión se ha podido nolar una ¡ to despojo del claro, y un paso do alta f]nf tf'do cuanto se haee no es nms fjtie tin ensayo, y |)or lo mismo cj» inútil empeño el aspifar á1a pqietnídad. Esta es una de las razones que nos inducían á pro[M)ner que en In Constitución hubi<>>'' fodcs los menos artículos posibles; y cada día nos vamos per-«aadiendode que' no andábamos tan desca> minado*; etiíin!(» le dábamos solo dos. Pocos mas serian menester: todo lo demás es formar rcíilamentos.
marcarla teruleticia d" muchos diputados a hmitar la facultad electoral del rey. Y conviene advertir, (|uc no ha sido esto con miras revoliieionanasaino mas bien conservadoras, pnes <pic se ve l>!(>n cinro que el no poner un coto a esta (acuitad, mayormente tmándom de nn Senado vitalicio; 'equivale ^ constituir un Senado á gusto de seis hombres: es decir, á fundar uno de Ins mas altm (loderos del Estado sobre el frágil cimiento de opiniones muy reduciílas y esclusivas, de niínis d;' pjnlido \" de;)'i':'r;nnps tuT^'Oaales. Por manera que en esta discusioii los veidaderos conservadores, Ids amantes de wn orden menos mudable ya que no complefnm^nte sólido, han sido los que trataban de hmúar la facultad electoral del monaríta. Y rnsei ndn)cia (pie se está combinando y acelerando, quedará la siluaaou aseguradla definitivamente y la Espaíla felia. m m. > va» la admimUm de to» e^etiátit- En los arlif ulos que pnMicamos sobre la reforma de Constitución muchi» tiempo antes (pie el gobierno maüifestase su deseo de reformarla, emitimos nuestra opinión sobre los jmntns mas importarles de ella, asi con respecto a las prerogativas del Rey comu á en verdad que salta á los ojos con demasiada I la organización y facultades del Senado y evidencia lo que significará e.sa facultad en H del Congreso: pero al tratar de este último «1 estado actual* r paróccnos que el miniS' * esqnivamosoon premeditado designio el en* trar en la cncstion de si convenía que los eclesiásticos pudiesen ser elegidos. Los utolivos desemejante conducta, que á primera vísU pudiera parecer estrana, eran(>l evitar que se dijese que nos llevaba á la reforma tin espíritu de clase, y el considerar que, atendidas las présenles ctrcunstaacías, poco podía influir el que entrasen ó dejasen de entrar en el Congreso alifunos eclesiásticos. £1 negocio por de pioiito no nos parecía de liaslanfe ímportaDcia para que sobre él de^ biéramos entablar una luclia sobre tnnfas otras como estábamos sosteniendo. Pero supuesto que el Sr. Kguisabttl ha suscUado esla owstion, presentando una enmienda para que en el articn!o se suprimiesen las paiabras del estado mijar, es nuestro deber manifestar lo que opinamos, así sóbrela enmienda como sobre el modo COn que la ba desechado el Congreso.
¿Vúv íjué se escluje a los eclesiásticos? Porque se cree necesario separar al clero de las contiendas políticas. Asilo ha diehohi rumísioa pormedio dekSV. tíerirande i.»*, y lo mismo alegan a |>oca diferencia los periódicos ptriamentaríos. Peroentonces ¿porqué se admiten obispos y hasta otros eclesiásticos en el Senado? Todas las leyes han de pasar por TOO y otro cuerpo; no es posible que haya en ei país ninguna contienda {njlilicade mucha consideración en que no tonu; parte el ■Senado; si nu repugnara a la dignidad de un obispo y de un arzobispo el manifestar en el alto rucrpo su opinión sobre el negocio que se ventile, ¿porqué habia de repugnar a la de un^simple eclesiástico? Si se trata de formar leyes, concurre asi el Senado como el Congreso; si dií votar contribuciones, las vola el Seuadoconio ei Congreso; si de una desavenencia c<m el ministerio, la piiiMle tener el Senado como elCongreso: si nada de esto ost;? fii confradiccion con el decoro det)ido a ia aila dignidad episcopal, ¿témo podré estarlo eetrel que cofrespobde a una chise inferior?
l'no de los motiv os mas poderosos paraescluir al clero del Congreso sera el que en nhiguo caso puedan concitarse contra él las pasiones populares, por efecto del choque acarreado [wr las cuestiones políticas; pero si esta razón vale algo, probaremos que tampocx) 4ebeestir la Iglesia representada^n el Senado: porqo"' ^icndoel alto cuerpo una institución de suyo mediadora, lia de serpor neceaídad <a nucUsimos casos uBainflUtacion de resistencia, pues solo resistiendo de nna parle á las invasiones del poder v de o|ra ai im- < pctu de la oleada popular, lienari et objeto á que se le destina en el juego de!a máqui- I na política. Ahora bien: sabido es que se levantan y se exasperan l.is pasiones cuando encuentran resistencia, y enlmcesel MmMo I de sus iras es naturalmente aquello que sirve de obstáculo. Luego el argumeuio indicado mas arriba adolece del delecto de probar demasiado, y por consiguiente noprue-I ha nadn. Ouod nimis probal nihi! jrrobat. I Pero lo curioso que hay en este particu- I lai* es la contradicción en que se ha inourridp. Se esduye á los eclesiásticos da imoaar* po en m debieran hacer mas que con-• currir a ta lormacion de las leyes y a la vo-I tacíon de los impuestos, y se admite á k» ohis|)os y demás eclesiásticos en otro donde ; deí)eran «MtMrcr Ins mismas funciones, y ' ademas úUas luiporlanlisimas, iotimanieate i enlazadas con las contiendas políticas, yqm ■ en miu Iios casos podrían ser agenas de su carácter de paz y mansedumbre, á saber, juzgará los ministros, como y también á los delincuenlcs contra la seguridad del Bey ó contra la seguridad del Kstado. En ambos casos habría de ser mucha por necesidad la emltacion de las pasiones, en ambos se encontraría el Senado envuelto en lo mas ardiente de la refriega j>olílica: ¿có-I mo se salvaba el que los obi^xm y los demás eclesiásticos que núblese no tomasen es la contienda una parlo indi rorosa, ó no concurriesen al fallo en que tal vez se impusiera la pena de muerte? Esto quedaria á discreción de los interesados se nos, dirá; enhorabuena, pero ronfi'satl al menos que en ulumo resultado no descansariais en la institución política sino en la pradenda de las. personas. La paridad es igual eon respecto al Congreso: también quedaria á discrrcion I de las diputados eclesiásticos ei couocci* I liasta qué punto cumplía a su decoro el t»-* mar parle en una discusión mas ó menos acalorada, y el acertaren el verdadero pun-: lo en que les con venia colocarse. Pero esta prudencia, se nos repUcará, no la ten<WaB; permítasenos ante todo qneagrarteicaiB^ le I cortesanía de quien asi replicare, pero per- \ mltaseuos también dudar de la competencia de quien asi lo atirmare. Recordamos muy bien que hablando de los artículos del Pfrtsannentode UiA'acion un periódico, les hizo el obsequie deeeeoiitcaries aquella Cklla de mas (lí* osla scnliMuia cie\o luieiiaiiHMae el h para presenlarsR en el ft>ro, los hormírf^ que esto escribe que cabía apelación al tri- I del fon) aom los qtie jienctran en iM'teili-^ bunal de la opnioii pública.
\<) se í|iii<Ti' (jiM* lo«í «•cN'siiisticns so nio?.-cícn on neja>cios polilicns; s^a asi, poro deiMamos qu# MI IKM reífpoiwte ám prenpniM: -|im eclesiásticos, podrán y débefnifMeiiato Mr0n fOS '- ' ' ' ' sii)? (Iroomos (ino tindío |n dKBpulara.. lut jaai< dcreclu), di loseson va- ni siíjiiiiT I In rabí"/,! fiara contof^lar A )oñ qjue lo iuUiq)dan, ni de señales de vi-* da itara,op«iei«li-i<k>s qne le ilespojan y4i Wffíni liíunm ha Iiorlio liu'iirar mas en ef caniiK» (lo la |M»IUica a la Holigidii, a la I^rlosia; al cluru^ que el partido moderado?/!^ 'Mll4ns ictn»stioftes polllicas van* unidas la^? felo«>iñ«t cn«, hiofio se e\ip iii:.» cos;i injusta coaiidu 6e pretende que los ooIcsiásiitMM ««W)MbMIImii!#<|M^^ oifil soba entronioliílít li:i^(a en fas materias do «nlonos, impidioiuli/ a los (we lados el ejcr-^ '«i«io de fonforirias; se ha enlroMtHido «n #1^ de juri<<di(-cioiV'*poniondo ámiclM» Igle^ sias en lf»s nía \ oros oontlictoR y aearreaado «l«Í6aia; el gobierno civil' ha despico á la ■^lultesit de sfi»^fiinle.cios,'d«iiiM'fcieiie8; ilé lado; «le los Cambios de {rohierno ha dependido que fiioso mas o nionoí por^^íniiM, quó esta^iese mus o menos oprinuda. utas O ine-IM ««jaiAa; ¿eAmbewpmIMe preaflMdirite Cí^as ftimias vilo osos honibref;? Ahora ha habiirticulos ijiri' SI» publicaron en alfíunei^p#l> riodicos, y que iio crai! ciertamonte los fpii^. menos contribuían a bucer bambolear el poderlo Ksparteró.' Los eeÍe«iÉ9lieo8^no'*M^ dran hacer en pro de la Islosia loque hacm loa seglares y, ¿6'iir lam rane?!■, - K»8ÍBgalaff>8Ístema el qut; sequieré apl^ eaitalielepa. ite irata de pagar una contriMi» cion: cr aprriniado alo;;aqno osrolosinstiooí «esto Jio vale; pague V/;. por 'ser ecter ■éaliflaiJi»idejhi¿aiaqpeiii<iilwh.»ée raíjla^ BMMl goce de na T>nrvilesi»itBlijt¡iiitw;'>iié aeftor^iiel tiempo do los privilo crios \m ^mñ\ es(Mreeiso ulejierse al dereclio oomun; tis- M p<^ aaPieeiemáitiaéiaatiMfaria wvtúMdaño.» Fero so tr.tlade xmd¿'echo; «yo soy docBostionesdo jurisdiecion; ¿SB'qireria'que i ciaáadaiio:-=:liíorio. (tero V. es eciesié^ititédero callase? Las hay HOliré los ^nes | Qa.iBc£l ser oileÁiuilici» no quita el ser ciii*-= Juanes |KwHfl. sobre mfttpnfa de dolfff I thulaafl iiiiMil«vetdad. ipero V. á mhs de crd^ rwi wohri' vM Í!)i!('|H ndoneia hastn on lo OS- y dadano • ' ' • >. por md*' jiiritoalv sobre sciitiiiarios'. y sobre nidason- i aera quenco» ser ctydatlaiio se pieix^n léi <Suii>ürtíd>tey; /.se quiere queélvleffi MÁit fnivilegklade eatestaalii»; v!<omr«ér eeteu-Ks evidente <fue 9esm el curso quo míáií aiásiieo ee plérdea les derechoa'<le eindada^ las rosas poiihca^. - los honiltros quo ' no. Kl demcbo coaüinf N^alo para drislndf hiV anuden, »e vera ia l<(iesia en n>ayoro> o I privilegio)», luas no. para prolefífr ios que el fUUUmiHiBftictot?: 7.se qiliéfé'timibíen'que detieabeJi^.; Ijéinaff«iaarnlar;'perefrinaaplif ro eaile. v que no pienso on osas cosas <'.acion de los principios de igualdad. ' íjon Ü-> años y español. pnodc sordi^ putado el iik^ n:H:uroiicpuiidionto de otie ina, el calavera maa piírdído 4' en ona {MÜrtnrir; cualquiera: la ley ' DO lo osrhiyo, aniiqiN* baya ejercido las ' fonciones nias bajan V deaiNTwiabfes t la <baata<«er <es|Kinol r te^ ner 25 afios, para ser leigidlader / diapOD0f ¡do las bariciiilas do los ospnñoles on la vota cion de los impuestos, y hacer si viene la ocasioa, que se le humille el gobierno; v si on ol ii i-i'i 1 pueblo vlvicic por casualidad un ocloH,i-i; M 1 iM 'ri' i i n ( oino Cisnoros ó Kiclieliou, y tan sabio v elocuente como •u^'.i;,,io qiii» pondero suerte y on nerto uKKio la do ia roli^ioo? ¿Se qnerra que so obt?!pos como alíine IttS reilittiya a Sns diócesis? i qae Hecntn y l/onNo? Y'slise eacotftrasen ministnis ^'i • r. ¡nodiason niojor las rofnsde io 1^1.'' I'i nacen los im( V(»s? Ksfo oslíi en el coraíon del ev¡>, hombio,en la n^tiiral» / ini«;ina do las cosas: rad 5i podéis la («ulitic'a de la religión.
separad «i no Pinul tfWH! RUt f^i<¿IMÍMNKIe nqtfella iioalte^ I Bossuel, esté hombre no podría ser dipulaton i\ o-;(n. r vovois como el r!» ro ni» / do...Todo so baco por el decONi del mismo f.'ttf-'lidHliea } jierí»' '.lasta qne ton-^ * clero, ¿quien lo duda?
CieMwíile'qae jpwos se )mnm h ihuios ác q«e faietinMenda rtel.SV. Eynizahnl fuese, no Uiremo.s aprobada, pero ni aun tomada ea consideración; pero en cambio tampoco MPÍan muchos los que se Hgnrasen que al faablar del clero, f^! í'ongreso babia ofrecer la escena qua ol'rectd. Era de esperar ma tolerancia, mas dÚNmalOt nMspruden* <it<: no sttcedié añ. SI den» hobiera podido ser escliiiflo, pero merecía ser tratado, con ai^una couiuderaciant é atencioocttaDdome< •w, Véase «t esta eomidefaeioii se favo per lo que resuha de la dcscricioB hecki por k)8 mismos period i ros lif la situación.
Comenzó el Sr. ¿auisa^a^ diciendo: «La «yMÚenda que he leudo la haara de presen* lar es ñc tnntn importancia...» (Jíucikos señores diputados salen del salón; la confusión y el nudo que promueve este movimiento eUígan al endor i suspender por algunos momentos $u discurso.) Ksto es algo mas que indirereacú y desden. Pero el Mgmi' uM habló de qise eeopáraa hn escaftos del Congreso penoMS beneméritas (Marinnllos, los pocos señores diputados que permanecen en sus asientos hablan entre si ) Praeiguió maaifeslMdo s« eslraileaa de que el gobierno y la comisión se hubiesen hasta tal punto olvidado de qm habia nerpsidad de nacer una reparación:»olemne, igualando Ma clase beneaiMta i taadeana íiidivi-> dúos dn In f;imilir\ española, y reintegrándola cwuplelameute en sus dcrectios. (Salea aáa eeftores diputados: en«l banco de ios ■úaistros solo queda el -5r. Martinet de la ñésa ) El Sr. Ef/uhabal no df»si<:fió, pero le fue preciso continuar suírtendo los rumores JBMtcnMille». Y para que M eé pudiese d»- ar de la cansa, tan pronto como se terminó el discurso en favor del clem y contfnzó la conletilaciOQ a el, volvieron a ciUrar en el aaloft laaehee seftofes dipnlados que habían salido \s\ se trata a! clero; nsi si> vpatUaa tos um graves negocios; ese desden se pemitcft auicbos dipntados y algunos mi-«alfoi: 8¿ptfb It ~ El gobierno jia tnuaíado completam^ale. de los esfuenee de la feyoliieioB. A peav de la encrfíia, de la audacia, de h< rnnií)inaciones, del dinero, bao tenido que sucuu»-hir cuautos han levantado la bandera de iasorreccion; y hai sido desbaratados loe planes de los que se proponian eníirlxihtrla. Según ludas las apariencias, si la revolucioa hubiese vencido, lacaiásiroiébabrnaíéae»* poBtoaa: loa ánimos estaban de tal suerte enconados, que probablemente los vencedores no hubieran tenido la discreción necesaria para abstenane deeíerlee aelaa «p» hubieran podido comprometer su triunfo; r'zás hubieran, como suele decirse, jii^ael todo por el lodo; quizas presenciar£i-« BMM eaceMiferDúdabies de que los ultimoa años no nos han ofrecido ejeiri|)Io todavía. No entraremos eu la dicuston í»o&tenida j>or los periódicos progresistas v parlamealarias de si los sublevados de la Rioja proclamabaa ó no á Isabel II; sea de esto lo <jue fuere, lo cierto es que aun cuando se hubiese conaerrado el tnmo, su exísteMia al wmmm por algún tiempo, hubiera sido Duramente nominHÍ, pues qoo los nuevos poderes creados por la revolución le hubieran por necesidad ahaorhido. ¿Qué podrá aer Dota Isabel H desde el momento en que entraran en Madrki Espartero y Olózaga, y subieran las gradas del regio alcázar en brazos de loe pVQBOBctados? CreeoMS quepan oonveacersc de esta verdad no se necesila cono* cer, basta sentir la fuerza de una siiuaciwi.
No creeoMO siii eBri)argo que los revel»^ eioiiafíos iMibiesen abolido solemnemente le monarquía, ni aun que hubiesen destituido, á Isabel U: estos escesos pasan un momeiv-i to por eabeaas aeah>radas; y qiiias e» le* primeros arranques de los nombres de acción que llevan la delantera en la acometida, se dan al intento algunos pasos; pero biOBywte se apoderan del mando los mas previsores, v raiuiaiiíiu o dirtfiietuití Ia9 pasiones populares, se cstuerzan por coni^ir tiiir una sOHacM» que, aunqu» mal aisM* ' tada, les dciie chorear los placeres dek mando, y aprovecharve de sus ventajas. Aá, pacéccBOS que escepto uu ios primer<itt priro monos qae imposible retroceder para CDtrar de nuevo en la seada de la temptaoza, ifé trmi» 4e bikel habiera lido coaaervaé» como m nedio de lecalNir obedieada en lo interior, y de no sembrar demasindo la alarma en lo esleríor: los príncifiales cau- «íMeB progTcsís^s bo aar taii toétaaifae m <lqMMMiau la imposibilidad de establoi-rr en F«pnna la república, y los irísuperables obstáculos qoe se oponen a un repentino can)-Mivd«4inastia. ConlñMiando, naes,aominalmenlr ol tmno do Isabel II, la revolución hubiera inamlado en su nombre, siendo probable que >t las principales cabeaas de loa progresistas biibiesea 'Negado á tiempo, j tenido bastante tirmeza y habilidad para eont/ener la revolución, esta hubiera seguíw^ottf-'éi^^téBout^^itiñ' uMSfaaS'ÉMes i^e ev otras ocasiooett desacreditándose primero por sus escesos, dcbilit mdose lueco por falla de pábulo, y desapareciendo después al príaMr fOlpe qne le hubiera descargado om ■'! -V it'rcvi'! ', auxiliada por la iUBaasa BMToría de los pueblos.
És preciso desengañarle; aquí e« tiBfMMÍble lan>r>eti( ion de loscolaaÍÉassacudimienliw de la revolución francesa: el pueblo «MApI se baila en situación muy diferente; iPmii y eaataailiea efltmea ümmtím eon los principios j sistemas revorucionaríos; y la reTolocion misma carece entre nosotros de aquel eDtusiaaaao que en la nacían veeina degeneró ea el bórriMe Ibaatiimo de la Convención, acarreando aquellos ftNmidablcs acontecimientos que hicieron temblar á la Europa y estremecer la humalidad eatera. En EsfiaAa lafefalaaica ealé en la superitcie, en cierta capa qne sobrenada, y que puede hacer muy poco si no la ' reataete el arisino gobierno: ai eaiM aoa» alros se hubiese de veriñcar un gran mov¡> miento nacional, seria á no dudarlo en un sentido directamente opuesto. £1 mayor que la ba WÍMo desde 4M8 faa el qaa derriba á Espartero, al representante déla revolución.
Estas conjeturas no nos impiden el reco- ■acer que el pronunciaaMeoto de f 84i habíala podido dar reaoNaéoa mas graves qu& los anteriores, y que si la revolución hubiese podido desahogar su venganza en altos peraonajea, lal fwae bobiofa lialo empujada por sus propios eseeaos mas allá de lo qw la btfarailbt; peio onaalaéUiBw au* puesto su trinnro hubienrsido' macbo'^ oni efímero todavía. El áaiao andfo que Mtf (le vivir por algún tiempo, era conservar el IaoBibre del trono de Isabel, crear á su- son»- bn M poder coa un titulo cualquiera, que esto peeo importa, y aparentar á los ojos^' Kuropaque el cambio no habia -ido tnn ra- I dical cono se pudiera creer. De esta suerte I oaatiMaba por algún tiempo tai aridoril I la Reina, aun sin despojarla espresainnite de la mayoría, y se dejaba que entn lnnto los ucuotecimientos se desen\ol vieran, indi* I caído el caouaa que convenia seguir: >JllgiiH< nns víclim.'is. un cnnihio Iota! de eniplcadns, uua emigración numerosa, abundantes pro-■weioaea civiles y militares, improvisacioa de alguaayfcitiÉiaa jnibabilitacion deotrasy desiíttbierno peneral, asonadas allá y acullá-, I festines patrióticos, oposición de los vencidaa, wievaá cgaapiíraataaeiB,' inqoioiad |ieH maaente f nuevas insurrecciones, nuevo» )ronunciamientos, nuevas calamidades do' I todas ciases, ningún provecho para la n»» ciaa;bé aqui los i«sultadoB.^iÉMai aMM ' están v i ^iiji fns á retólas tijas, se caiCQl#ií| marcha como la de los planetas en so ér* bita: basta que obren ea d siüeaBa político y social otras fuerzas, las revoluciones pe-' riódicas de Kspnfia serán las mismas. El Ere testo lu libertad y dicha de los pueblosi^-tiaeiaoaiaaqMe bvietam. ««r Esta nueva tentatíva awy dolorosa por la* sangre española que se ha derramado, httf producido no obstante un bien de alguna* eonaideracíon, aclarando la reapeeliva posi*' cion de los partidos, y dando la medida deK 1 valor de las palabras y anuncios de ciertoshombres. No habrán olvidado aoealfas leo-» tores, que algunos órganaa do la «iMnioBi» habían afirmado que existia una alianza, eif^^ tre los prugresistat) y los carlistas, irabajaii^ do todoa de eaÉaaoo pan dervibir* al go-> bienM>, sin perjuicio de disputirse despuea^ d provecho de la victoria. Rslos cargos n<K fueron ligeras indicaciones que se permilie> se algún peiiódíeo; las eonspiraaiaaat dof las carlistas eran cosa averiguada para loa^.- mismos consejeros de la corana. Tantos y. tan positivos eran los datos, que autorizaron ^ para tronar desde lo alto de la tribuna oan~« tra ios criminales, conlirninndo asi las insinuaciones que se había, penuitido un secretario dal daa|»acho en oaa eiroalar flMtivadd» por las elecciones. El movimia&lo qoo a» i aetaa babia coaaeiiado era al aanneio. étt fla/irncion que HMliiiora el -troii» dt} liHibiel.il...<:., viEitAlla. ta úNsarMteio» de.SSiirbuio; pot algunos momejilos s« alarma el pais vecino, m es.jK;claliva de las OíMuI)¡iiiK Íonos uunque podra conUir ai caudillo de ios subloiuidii)ü; vai-FB^ ltt/provÍBeias Va^on^adastci^ tan allí, á un paso, piuMlenoú' ('Ilirolcoque el parU4M'io4le J¿s|>ar(eru 80hleii)i;a cuu las trop^s-éBiJaB«íwi|:'y isin entbargo Ibh prorr vincia» ViHWUglrtto.y ta'Novarra, aqaeUn proviucias (|ue por enpario <U\ sims anos six- ^uritiiuu Uk luiiiia. vm un ejercilu de luas <ie eíMMÍI JionbrMv'iMnnaaeoAn^ tranqiMtas; no »|>rov'echan lii oporlunidiMl, la rav(»rabl« coyuulura; |irosiiroen sumisas a las auU>i'idjido{»«..dc'ji<u a lropai> que dirtperouu. u ShubiftOv y ellas coniinÚMi««lreglMlÍ»A'8l» tareaü, sin dar la jikis lij^cra soíial de que se ■ropofl^.perturbar la paji Ue. quo duH Casi al mismo tiempo jtfvedefi ilos v^Ue^ del alio Ara^'on algunos f;eles rcToIncionaríQs, düsarmau a los soldados yi oeflraiúafii-os qta'«M4|eBti»B eaHftcho. y Aaüóv Mstatan una junta, esparcen las mas c»tup(mda8.JM4 litílas. ¿Oué ocasión mas oportuna i)ara lovaalar ci grito los uarlislu^ dul pais, o liuuer una irrupdioB te át AsDeia, •«! eA)cio e^isliiin canspiracíones, si en realidad s« ttabia coruiiiuado la roalioion? ¿Oué coyunlora mas favorable parapouoreo conibu^oa «ia-líawtm, '>-ltráiil«r.ol.tísifludarie d» guerra civil? Y sin embargo, el capitnn.co- DoraL de aquella jpruviiioia.uo se Ua visio obligadoá taiiiáhaiiigéim<«Mdida;<lui peAuki dispoder de.lQalrafa8{paraidirí^irlBa(^tf4 les revolucionarios, y 61 mismo on piíreoní ha dejado la capital y se ba (>ue6t0 a la f ubitt'deiaS'eoliinMa. ¿Qvé Inéíea- tode-«ir tot¿Quése cpnlesla a MMiicjiuitos hechos? lk>(\ué se reducen las eaiuauuos iaulas veces repetidas? • • '. • > ncikis,! i:&oa.hoMbi«8>de taMtiiionn, y el (^itf^ no que j)nrn!m n ^uyo han recibido un laa felá debeuguño, debieran ^aprender a. ser iMt «tnlw OI) adetante; En ninf^un punto de España, en medi» «lelas düspasqüe han aaltado eo diferentes |)arte8. en medio de la •tarma general, oq media 4u kis etUiiaurUH é inminente* del peliixro, eu niniíun puutodf' Ksp^ñ a, repeÚHios, se UaeMVoutruUu u lo^umnárquícos aieKcladdaea ta.|fa»a;.^iniui;ua pwito de España se ha visto el menor iAdi^yt cío (le (|ue los carlistas se hubiesen coU^^aJo cün 4üs revolucionarios^ ea loiiab i^acie^ 9^ hM«nM»irBd»«alMMlMy •ale«BMfili»-««#» los, sin qucks prestasen lospuehios el meiioc auxilio, antes dejando que las tropas los tiisn pefsasen y prendiesen, y las<€4MiMsÁeue<» MMM lotreopácnasen áiMiiBrto. LiB pw>wnr^ cias mas calunmiadas. las (]ue mas justo mo^ ttvu lemán Ue estar reseiUida^,haut:uuUoui|r do enlacalma matkprttCiuidaj.f. •, i^i iifcii Sinemfanrg», ¡ttm MtaWftl'QB ^lélp» de la situación, en estos últimos días, nada auiu^s^que el i\i de noviend^ei tu^.elu^jt^ BáneiD* «ü. M. ípMfttkM» tai mítíom mas satislaclorias sobre la iranquibdad de todos \os puntos de la pcninsuia, nos trac una correspondencia de París, donde so nos informa de las iraa.del emperador de ttusia por la alianza que ha tratado de liaccren España el partido carlista coa el exaitaUo. Uaj^ cosas que el mejor modo d(» impugiMirlas ^ tnntnnhiriH» aSMiubo un liempo^dioela oarla. en que el emj»eradorile Rusia se mostn» la* )^ableá la.causadeU^.C^Ios^ es jMciMisicr. hneffle lajwrtwi» d0qw»liB«tÍHiÍG9iiie»le pwjr que porconviceipn lia detestado sieiupru la» revoluciones y el ra»licalismo. Al salRM'qtielos absoUilisLas españoles prolcudeu hacer c^UH' cnvHlifOOB&partecov el emperador ni i<|ttí%- re oir ya hablar ni de D. Carlos ni de sus partidarios.» Este importanlcdesculMimicMto sobre les motivos die la iMienadispofiiJiunfif «MMk'dal iUlúoiila, anda aoompa9|a4oM^^ susodicha correspondencia de otro no menos curioso. En ella han inUu»do mA^que Bés4e políli6a;'li»aeiÍi«fc»'.iiii aeiliiniei^ del corason; al emperador de lUisia que antes no se intercsalta por nnda que ]K;rleueciosü a la España liberal, le ba venido caUi iatorés par im caMM.esiraordioario.