SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

Page 58 of 116

troceder, (ay, cuántos y cuantos progresistas hubieran retrocedido!...¡í'.uantosy ciiánlo.s se hubieran unidoá sus adversaiios, up^dii-' dados á la sazón av^ctic/iott.t. Pero ero necesario segedr adelante; los hombres nu dotienen ásoLi^OluDlad el curso de los ¡iconk -címientosr la^irensa clautaba, ulguooii uiai osados teFvshiafaan la bandera de la junjUt central: ¡vanos esfuerzos! ¡No ero posildi? retroceder! Kl navio sebabia «bulu a la vela, y se dirigía rápido al punto. üeÑuiaiiu; ios ¡irogresistas que m habían embarcado.en él leinliai) mis brnzr < müvuMvrts. esc!;;inan(lü ¿á donde nos llevan? V el piloto se sonreía con sonrisa moladora, y los ayacuchos ^ qu« veían complidoa sus pronósticos^ se alegraban de ver envueltos en su propia ruina a tos que babian contribuido á causarla. J^ra neoeaarío smir adelante y declarar la yoría dehl Keina; la mayoría ^e declaró,r>4.| Apenas ronsliluido el írabiiiete üluza|i£ar, la nulícta de un acoalecíiuiento el inas es<- trafto de que haya cecuerdo en los fastos de la historia, sorprende á la< apital, ála España, á la ÍJiropa: ¡liiste iiiau¿4uraciondc uup ó|K>ea que se nos auuuciaba cqnio la sucor^ »b tranquilidad y •vcottiral ¡Saludable lec(^o«[, qtie «ndicaba bien «lamino babenfie tcf^nír ntiMtroi íbIii(ii— lu'cíio siguió ei asnado aun la eadem de niosl...Al escándalo del cándalo de la discusión: desde entonces se Tió con toda evidencia que le esperaban al trono grandes peli^^Tos, y ¿ la nación dias amargos. Al decoro del tronn le importaba mucho ciertamente que quedase en buen lugar la palabra de lancina; mas para conjetomr sobre el porvenir era indiferente el juicio sobre aquel asunto. A un hninbre pensador te debía ocurrir este dilema: o es verdad ó es mentira; si es verdad, ¿que sitntcion es la de un país donde se comete genioinnle atentado, y el criminal es defendido por un partido numeroso á la faz del mundo? Si es mentira, ¿cabe mayor infomia?

Por manera qne el dilema no consiente salida: hiere en uno y otro supuesto; ora se abrazase la causa de los progresistas, ora la de los moderados, el trono recibía vna herida |)rorun(Ia; en un cnso utirnje. en nlro degradación: y heridas proiundas son para los tronos asi la degradación como el ultraje. Bajoeslé aspecto debió mirarlo In diplomarla europea; este solo suceso bastaba para alejar un reconocimiento. El efecto de la declaración de la mayoría de la Reina se destruía con ol escándalo nuc inaugnraba la nueva época: un país donde pasan tales cosas ofrece pocas garantías do estabilidad; • han Irasenrrído ealorce meses, y la Enropa todavía nos deja en nuestro aislamiento* * La caida de Olózaea arrastraba irremisiblenienle la de todo su partido; y este con su conducta ae envoh'ió mas y mas en esia ruina, accplando en cierto modo la responsabilidad del ex-presidente del consejo, y aprovechando aquella ocasión para dcsplel^r un ataque general contra sus adversa* fies.

En nuestro concepto los hombres á cuyas man(^ quedaba por necesidad eucomendáda la dirección de los negocios públicos, se inoslmron á la sazón muy inferiores á la altura de las circunstancias; la Kspafta y la Saropa debieron comprender por el desen^-lace inmediato lo que se podía esperar en lo sucesivo. ¿No había sido ultrajada la magcstad Real? ¿No corría el trono nuevos pcfigros? ^.T^ose rompian de nuevo las hostilidades de los partidos? ¿Xo se encíHitraba hi nación en circunstancias enleramcnle nuevas, sumauienle crUicas? Sí; pues entonces, ¿quién debía lavar la mancha? ¿Quién fmwMtmirP ¿tQuiéa paCiio para que no le alcanzaran los tiros ám las pasiones? ¿Quien encarffursí déla dirección de los negocios públicos para hacer frente á la teninle eri6ia; y «ondueiri kr nación por el buen i j:iuuu? S!ii duda que debían ser los hombres mas conocidos por su adhesión al trono de Isabel, mas señalados por su elevada posición, mas ilualwá por sus talentos y scrvicin»;, mas influyentes por el prestigio que disfrutaran en el partido que iba á prcdomioar. Asi debía esperarlo la Espafta, asi debía esperarlo la Europa, y sin embarfTO no sucedió asi. F! presidente dei nuevo consejo de ministros fue na diputado sumamente iuven, sin mas p»» sicioii social que la de abogado, sin maS fama en el mundo político que algunos discursos en el Congreso y algiuu» escritos-nada monónpiíooi. ¿ Qoé nación «a esta? debió decir la Europa.;,Tnn falta esta la España de hombres?.Se trata del trono mismo y no se presentan Si existen y no se atreven « ¿dónde está su valor'? Si existen v no pueden, ¿qué obstáculos se io it^piden? Si ejíislen y no quieren ¿dónde está su patríotísMl Un hombre nuevo, inespcrio, quina quiera reúne la cualidad que en semejantes casos vale tanto, cual es el ser militar, ¿este homlM« se ha de «iioar|;ar4B salvar el trono y el órden público? Si es éí quien lo salva, '¿como no rivalizan por alcanzar tan alto \yTe7. \as,ipü3^raii mas üíslingutdos? Si no es él qnieml»; salva, si otros sa encararan de dirijíirlc, si él no bace masque aceptar la respor^nhi'idad. ¡desgraciada nación dunde los hombres mas elevados rebasan la responsabilidad de salvarla; donde el sostenimiento del órden v!n salvación del trono se han de lograr por medio de nu e^ tor responsable!

Sí aquel desenlace nanifésM» un error imperdonable ó una impotencia I¡i>tiinns?i. aquel ministerio hizo sin duda cosas de la mayor trasoendeacia; mostró una energía hasta entonces no vista, una osadía al nivel de los peligros, un brío proporcionado á!o arduo de la empresa. Tal \ci fue una íortuna que no tomase las riendas del nwmio al» fíinia de tantas ílnstrcs nulidades como pnpulan entre nosotros, y que conservan el Honroso titulo de notabilidades, con tal que tengan la pmdaacla de no ponerse de maimagar ol nltrtja? ¿Quién acudir A ia d»> ^ nitiealo; para cato ■» quita la team éJas •benraciones que se han presentado, ni ha- I evidente que el proyecto por dé pronto eré' que el ministerio de aquella época pudiete ofrecer é la España y á la £un>pa otra «MÜMqne la enerirfa. Y la energía no basla parn fiindnr nii oMcrno, para cicatrizar las llagas de las naciones, para grangearse el amor de los pueblos y atraerse el aaapatg de loa estraftos. La energía no basta, es necesario un sistema lleno de rn7nn, de justicia, de miras elevadas; es necesario algo í que se le hubiese llevado á cabo. BHs que OB alíela qie locha por defenderse; I Si el mar^uét dt Vibma qo §é halneié es preciao un gobierno sabio en la dirección, | contentado con dar los:ptiáñtoé' decfetoaj justo en el castigo, firníe en el mando; es sino ([iic estos hubicííen rnmiado parte de un uecesario el esplendor de altos couucimien- | plan vasto ca el cual estuviesen resueltas,iía, de elendes earaeteres, de almas I todas las cuestíones sociales y políticas que realizable, que en Ta autoridad real habiá^ Tuerza suíiciente para llevarle a cabo, y que hubiera sido acogido con júbilo por la inae»» sa mayoría ile h nación. Pero un buen principio no es lo mismo que un buen término,' V este término hubiera sido mas ó nenoa feliz segon lo mas ó meMseomplelo del sía*' tetna, seiíun la mayor Ó menor fii igrandes igrandes Como quiera, se creó entonces lo que se ,Jlama la situación; y habiendo lernuuado ^ cometido el niaislerío González Brabo, cayó. En su época se manifestó con toda claridad lo que puede todavia en España la •atondad real por sf sola; y que noseriatan difícil como algunos creen fundar un gobierpesan sobre la nación; si hubiese contado con algo masque con el ejércitoyia policía, y se hubiese apoyado en las ideas, sentimientos é intereses qne predominan en lit sociedad española, la felicidad del término habria correspondido á la del princijMo; aa otro caso, no. • »;i i No sabemos lo que Inihiera acoiikciida <■> Bo sólido y fuerle, si luego de pasada una!| aquella suposición, mas por desfrracia palde esas crisis violentas que con tanta IVc- | pamos lo que ha sucedido en la otra, lodo wnatt atraresamea, se trabajase en eiepr I ae está como se estaba, escepto lo qne at^ un verdadero estado civil, contentándose loa I ha empeorado. Después de tantos meses tohombres de influencia con ejercerla un poco? davia nos hallamos envueltos en la discusión BMnos esclusiva, á trueque de dislrulnrla i de la reforma constitucional, el pais sin Ofw< •mis segura, j sobre todo oms beneficiosa I ganizar, la administración y la hacienda tftB< al pais. Desgraciadamente no se ha encon- desordenadas como siempre, sin hnber jotrado todavía quien haya comprendido esta Terdad, que tantas y tan duras lecciones habria p vIuId enseñar. El ministerio González Brabo triunfó de la revolución con el apoyo que le prestó la buena voluntad del pais; pero un escaso número de hombres se crevó con derecho á desentenderse de sus auxiliares, aprovechándose ellos soloB del resultado de la victoria, iáilioinbrado el acloal mmisterío, y antes te constitnirse definitivamente, sobrevino grado el reconocimiento de una potencia, sin haber adelantado en las negociaciones' con Roma; con el clero á merced de un pro* yecto como el del Sr. }lon\ sin hal><»r dado Úq paso en la reconciliación de los ánimos; con la división de los partidos cada día maat profunda; sin esperanza de un verdadero estado civil: con la necesidad cüdadia creciente de auoyarsc solo en el poder militar, Ídedefenaefel érden péblioo por nedi» e destierros y de fusilamknt(». Esta es la /(jMra crisis, motivada segtm se hn dicho por I obra de los hombres de la situación; gócenr* ^^l^dcsacuerdo de los couscjeros de la coro- i se en ella.

I, con respecto á la marcha política que convenía emprender. Sepruii pnrece, el marques de Vilumn quería organizar y aun constituir el pais por medio de decretos; lus demás opinaron en sentido contrario, y re- ■tirándose del ministerio el marqués de 17hma, comenzó la nueva era que todavia uo j|a eonclnído. - ^,,Jh4€uál sería á estas horas la suerte do Sefiálese un hecho, un sólo hecho qdfrhidique haber la España adelantado algo para tener verdadero gobierno, y ser admitidade nuevo en la comunión política de Europa; señálese la resolución de un solo proUenui; í]uo siinpli(i(pie la coniplieacion de nuestros negocios; dígase si se ve otra cosa qoe el trono defendido á dnraa penas de taa ataques de la revolución. Y esto ¿cómo? ¿Acaa si el dictamen del morquñ de VUu- ¡ so por la fuerza de las leyes, por la robus-#w kabiese prevalecido? Para nosotros ea l tez de la organización interior, por la unión « áaids grandes idees é intereses nacionales? Noi'oada de esto vuraos, loque vemos st, » t'jérbito leal quu e&lá siempre sobre {Mermas.

7. Y eslo se IlnmrtcrMf tm íiDliiorno? Las naciones ^.son por ventura uq uampamenlo? ¿Ei Bdario de lot remes acaso una forta' feza r En el inisnio disrurst» do la corona, eii If apertura (1k las Córfps arliinl s, se sefialalia este mal, y &e anunciaiia la cs{>eran£4 diri^remédio;- ¿dónde «stá el ottoiplimiento de esln ('«|)t'r,in7.ii? V es lo peor que la raiz de este innljio osla en el rarntipr de r'^lc ó aquH hundiré, sino cü U iialinale/.a lUisiua dai^^caíite; en la falsa situación en que se eiicut>ntr.> e'^tn soi iciiad y el |\oder «'ucaríja-Uftde lígula. Si el ^ieneral Aanacz liuluese mitiMiludo h la alevdsia de sus asesinos, olfouú otnñ Í6 htibicran reemplazado: porqiKv mientras nó se hnrríi iin esfuerzo para coDslitu/r ul i^er l)a¡o ius condiciones que pueden darle estabilidad y fuerza propias, latiíflsecas, ndependíentes, neoesaríe será que 1,1 busque en los militare^. K^to'j militares serán uno ó. uiHciios, se llamaran Aarmez é fwnolro ncmhre; tendrán mi carácter m»^ ó menos resuelto, miras mas ó menos aímlmMo>as; pero c! Iirrhn sera e! mismo: no habrá poder civil, y í>i unicauieulc poder nnlltar.- Es curiosa la ^iM Íeilad con qt»r se nos ha hkv de parl:imonlo, de 4kmslilucion y de iilieatad. ¿fuereis saber Jo que lodoe.so vale? Itoc^M las siíjuieules |irc£runtas. ¿Puede fiirt»sislÍT un ministerio que esté en opfi>:cion caQ'AartMute? ¿Fueden sostenerse unas Cortea «inef estén en lucho con el ji^encrai A'iirfvfw? Este ew el centro del gobierno. Y en las provinrfa';: piifí!'^ se.'.'iiir en su pur^io un gefei wjlitMtü en desacuerdo con ei capttan gslieral'? ¿INiede continoamna diputación en Itieha con el capitán íreneral? ¿ iNiede sostenerse un periódico que no quiera consentir un capilau peneral? Uesolved estas caesttnnes como mejor cts poreaea; la ojúiffon pública. inrjor diremos los hechos, las iuín resuelto de aulemano. Que si opusiereis ranenes y eluífios, os preguntaremos si os írtre veríais á mi ensayo, trasladando el Jüo (Id CnuirviUo. ni aun otro pertodirr» de oposición menos tuerte, a ciertas y ciertas c«|litalc!é ifiic iHffi abstenemos- de nombrar; y si» cmliarfío allí estaría de una pane i l pí»*-der militar, do otra vosotros con la Cow>tiuictou en la aiuno^ ' I Es menester no hacerse ilusiones; es preciso atreverse á mirar las codas earai acara; para verlas como son en si; lo demás son palabras vanas, declamaciones sin sentido, vulgaridades de que so ricn lodos los liom-Iires Juiciosos, luj|;arcs comunes pma4ieaar pa[)el, para cns^Óaral pübüct y eniraiMa quizas a si mismo. Y lo repeliums: esto -es un., triste necesidad, emanad» de la íaisa posición tiu ouc no« encouiramos; derrili»- dos les que añera deanHn, les tBoeedeñae otros (|ue se verían sujetos á condiciones semejantes, ¡ I risle norcfíiílad hi de proscribi( ó ser proscritos, íasnar o ser fusilados I * Un iieriodieo^progpeaista, d iUnmi»- Pé" blii i». ha ¡iiMM i.iilo una nota do lo> fiisiiadoi por delitos políticos devdo que siiiiionKi al poder ios niodenidus; ios periudieos de la situación han procurado ateeUerel-efiMílo de esa iiorriliio rsladislii-a; no'rrv no se puedo negar que, sean cuales fueren tes considoraciones uoe con este obfeio se lie<^. hay en el funao «en verdad que dcs.'arra ci co^ razón, lloscimilos ealorce hombres fusilinJos en el espacio de un aíio, os un guarisuioque estremece. Nowlro» no «(«ranes deteeeo* cor la critica situación en que se ha eiu oiitrado el gobierno, no queremos dlvidar lo afíjitadov revuelto de los lieiupos; puju no er I agiiauo y podemos inomM de lamenta mus de que ea a- I ol siiclo Xl\ una nación de Europa hawtél ofrecer semejantes horronís. ■ i * Los <|ue han defendido á los homlireerde la situación han encomimlo ia humanided'di los goliernantes: sea enhorabuena: >i?nlvais á los hombres turnio peor para la mIuboob: )orque ai siendo fanmanos ba«' teiíMo'qéa fusilar á tantos, ¿qué habrían hecho sieadá riíTurosos? ¿Que silmicinn es esta, dondtí'á pesar de iu liuinunidad de los gobcniantas es necesario hacer tantas ▼tclíina^'?^ iríddicais á los hombres condonáis U\ siiuacion; si vindicáis ía siliiacion coiideuai>a li/shoiuhies: escojcd iu que meaos os desagrüMo, qii« niniíuno de los est«eaao& pueda apadaias mucho.

¿Qué habremos adeianlado.cou la^eÜHv ma dé la Coustilucíun? Bien prohtoile'vaaMi á esperimenlar: etf probable qtjcla situaciaft continuará lo mismo con la CoUstiluciou re^ formada que con ia Cunstitucioo sin retoc" mar. El gobierno seguirá observándole en lo que no le sirva d&obstáeulo. prescindirá, de ella cuando lo croa convenienlo. el podtir i militar se encariñara de sostener el orikuiif •U naeioa ooBlkoaré ea la misnlá itwvrtidorobrc, ert ht misna stoioJirá que htsla atfQÍ. Con osle sistema lanío sirve la C.onsliltK-i.m (le isríT Cíiiiin!a de JSI2. Sí fuese PomWc íiacer la urueba v |í¡ai»l»;ar por al¿tuvuluciou, semejantes ^cfliprtti» i itorr«a|M}É»-den priucípaliueiile ¿ k» mUitaro..s;;|)ortfuC, olU^lienén JaíiiiBirza á.sii clisfM>sioÍQii) tm i>MiNC lutuiri lii uiut'Ud V pur ui¿iu- i av. uiiiiuidiiuciia que ui^uiiu> uuuiuiH» tul m meses éste úilind código. \K>ro conscr- bícionado conscírvarse «n p(»icionea ei^ <amUio noialiii^ La i^n|)riMiUi cianiarin: tamdas ejorcicndo grande íntluencia en la. vaaÁch.; df!o< m'jrocios. pero estas cosas «ra meiieslci subordinarlos á un pudcr superior.

biaiidaim alM»ra: en la €oDsti(iicion habría j no solo d<; (lerfíi-lio sino también de hecho.

lamilici;! nru'ional; cu In nación no la habría.:¡ Soull cu Fr.inci.) y >Vdliu¿íl<ni on In>;lat«^ -Na exiiiitiria mas (nic un. i ciiniara, y esla, no \¡ ra¿iio ocupan clcvadu{>ue8to, DOejereeibiin-Li ( €onlra|)e8nda |»or Li uU a. podría escedcrscy anienaxar al trono...Nüsotios creouHís que si nlinra a! C.oiifíreso de los dipula. se le ocurneaic üsiraiiiiiitár»(!, quien!c dcteodria-no fuera el Senado. Mandando Is'ofoatz serte coríoso ver á la cámara tfntea atreverse confrp. f'l T)im!'t.

lllUM Wt Hin'Mon entran en el Soull y ministerio v salea emi>iU>;o de él. sin (pii* pi>r es!o pcluiv c! oiilfii público. Se io:s tiene poi* ItoHibnfs tfnpoi lautos, mas no por faomlires neeasarios. K^ia es la ^oria que deben ambicionar los miülaroa.ttl España; fucrn <!<• aquí no hay sino pttCgrea No lendrcnioh el imp<'no de las leyes has- i, para el ^ais y para eilos. «ip u^uun ig. ta oae haya m poder civil, superior á todos || ' Un militar que se eucoeatre f» la.altti ^ bshoiubres y a todos \oi partidos; y este no sicion que hemos indicado, debiera jnuSibMM es posíI)!i' en España sino en el rcirio alca- jj atender a los peligros de ella que á las vetir z<ir. Fuera de alii no so euconlraran masque j. lajas; debiera trabajar por crear uua »ttuar ainbiciiMes y rivalidades, eternos manantía- \ eion eo que no Tóese jseeeaano, pre^iand» l"s (If (rastornr^s. Ilaí<!.t (\\w veamos que el que la necesidad d-^ un ticnifio suele acacr Irono tiene l»aslanlo iiicr/a, no snln Icijaí si- j rear ia imposibilidad de otro; debiera coano efectira. para depositar o retirar su con- j- servar en sus manos todo el ¡i{id^t «k que líanr.a en quien nejor le parezca; tiesta que li necesitasen su Raioa y,50 patria^ pam paah üi'? situaciones no se pcrsDaifiqnon en nii»_ñiii túbditoi basta que del rey abajo ntnffuuo deto -ser eonaiiierado como uoa necesidad, nn a'canttiá la naoíoiiJa estabilidad que nc- La verdadera supremacía del monarca no oKloye la dehida consideración al mérito y s'-r icios, aules la garootiy^'i; no destruye las | eatejiorias, antes las consolida y af:nn/n. Si ' k» boa\hrosque en difercnlus épocas se lian, taciiiiibrado en España, liabiesen sido' mas; previsx)res. si hubiesen reflexionado que en £spajia no cal>e [icrfít^tnidad parn nini^nn ij poder (fue no sea el Irouu, hubieran sido des- j |Keniiiiios hasla por interés propio, modes- i i ís h.isia p '• nrtíhicion; jiorqiie hubieran tttinprendido que era mejor aljíomr^nosv seguro, que al^o mas y poco durable, üuíihífan coiiiptenditiu (juc el biea di l país y el stiyo pro[)!0 reclamalian que se sii \¡i'>,>!i di» eiiraiuto inccsnntcmcnle licuar a im punto en <pie, sin eonq)romeler tan sagraiios obje<-. tos, le fuera dable deshacerse de,la parlcs4te poder que U-, >(ibn para conservar sottmeBlf» la parte ípie h conv icuo. V cslo ¿ctjmo lo-<-grarlo? ¿liuuiu ^jikiidieaduüe car^o cuniSOr sicgo, cottealiia,F«onímpm*aKdMrCoaiQkh vaeion de miras, d(;l < stado del país., de^^an posición ■■' ■i "j'sprclo a las potencias' de Ettropa, piuüieaudose siu rotkos y sin di8'iM<|-. lo á sos propios ojos los grandei problaani pendientes sobre la España, y cuya resolur l ioii ha (!e (ieridirde sn suerte; estemiicudi) la vista mas ada del día de hoy; uo úalido oídos á los (|ue, coo unos cuantt^. temían oh!;j:a(ii;s lie refnriiia, de admiaifcljra.'ioR y hacienda, vigor gulieruativo^ aliaiMus- de orden V libertad, y otras fc;ases por este kti-. ñor, allanan todas' las diiioolladek y Ju^llf^ con espprnn7as de. lixuijcrí) porvenir- sifíb bu elevación y de suiallueucia para salir de |)ensandoseriay cuucicnaudameole bubre los ana ntuaeioñ y pasar á un atado, adqui- j (Elementos de gobierno* sóbrelos ^e-IMla», riendo la ^^loria de haber realizado «Da tran- iI sobre r\ inodo de atraerlos y combinarlos |mí« Mnon que les grangcani sólido renombre de ra dar ul poder supremo 'indepen<lci)ci;i y •'•leao». españoles y grandes políticos. 1 fue ría, que no estnbe únicamente «MLk.^jjyiOO — 4» Debería, no solo trabajar para des- ^oMir lis eoaspiraeíones y veneer las insur- Tcccioncs. sino para hacer íiii[)usí1j!cs las retoliicion<?s; recordando que va mucha diferencia de una conjuración a una revolución, y c(ue no siempre se ha triunfado délas revo-•aciones caando se baa sofocado las coospi-^ Madrid it (le<lie)c<nbr« im Los graves suce«» de la sesión del 24 cq «1 CoB(^resode diputados causarán profunda impresión eo toda Kspaña; y por la circunstancia agravante de haber sido un nunisiro de ia coruna quien los ))rovocara, no dejarán iiaafiar la atención de Europa, Es en vano que la Europa quiera distrafríc de pensar en uosotros, ya que con tanta frecuencia la hacemos volver hácía acá sus miradas é faena de aconlecímienlost doiwosos unos, rst ranos otros, Y ruidosos y graves todos. Motines en las ciudades, proQuaciauiieatos «B toái la BiCHHi, coaticiofies y romiHinieii' les, insurrecciones y saplictos, ultrajes heal monarca en su palacio, escándalos del Sr. Mon llc^aria las cosas á alguna estremídad: no follaba quien se lo iñbia' id' vertido muy espresaiminlc á un alto personaje. Nadie se ha olvidado de que el seüor JJurgos, a pesar de sus canas y mucho saber, fue tratado con bastante dureza; qoe el Sr. Er¡aÚa tuvo míe recordar con viveza severidad al Sr. Mon el respeto debido á los Sros. diputados; y en fin, nadie dejite de notar que la seguridad del apoyo de it mayoría, el carácter persona! y qiii/n? otros motivos, parecían dar á ciertas discusiones un tono nada conveniente, que á la hora iwnos pensada podía producir un conflicto. El Sr. ministro de H;w u»nda se apresuró á p!'>-vocarte, dicieodu (|uc la enmienda lírmatia por el imir^it/f lisFtliHMeA nnionfisn otrosdíputados. habiasJdo introducida doiM manera ratera.

Uu proyectil que estalla en medio deim concurso no pnrauee una sensación mas viva y repentina: un %úKo de indijínar ion?e levantó en el Congreso; pidieron la palabn muchos diputados, otros reclamaron queae escribiese la espresiondel ministro, y este procuró esplicar su ¡dea, diciendo que no se referia á las personas, y que solo hablaba de ta teoría de presentar de ese modo ks proyectos de ley. Esta esplicacion equiv á lo siguiente: ffvo no hago caer la raiena <W A f^laoiento, hé aqui las escenas (|ue l sobre vuestras perdonas, pero os digo que Mmos ofreciendo i la £uropa, aun des- ^ ^ »^ ^ pues de concluida la guerra civil. Como si temiéramos que las naciones estranf;eras pudieran creer que hemos entrado en un cami-*lo de órden y sosiego, nos cucariramns de recordarles nuestra situación irregular y mal segura; cuando algunos dias de calma podrían inducirlas á esperar que ha llegado «I lératnode nuestra agitación Jes presentamos un suceso cstraudinariocono diciéndoles, lodacia tío.

late es el país de las anomalías, se oye •é cada paso; mas esto no es verdad: aaui como en todas partes existe el enlace de los efectos con sus causas; no estamos fuera de las leyes déla fanmanidad; los sucesos no proceden del acaso. i*cro los estrangcros que nos conten)[)lan suelen prescindir de los antecedentes, y por esto se sorprciideu al ver.«iorlos sucesos en cuya preparación no ha--bian reparado..\.>i, eu el caso f]m m;^ üm |>a son varios los que no se han admirado habéis hecho una cosa de una manera ratera.') Necesario es confesar que la csplicacií»a podía ser alfío mas satisfactoria, y qne el honor de las personas se salvaba no sin mucha sutileza. El papel no se habia eierils por si mismo, no se habia ido á la mesa por sí solo; el papel era inocente de la ratena; la flumsra no era una cosa abstracta, separada ni separable, de las personas: estas aa^ bian escogitado y empIenHo hmantra-, si pues hi^ ratería esta caía sobre las personas. Ni vale decir que se hablaba de n toaría, pues el caso era práctico y presente, y objeto de la misma mismísima discusión; y si fuera admisible la esplicacion del Sr. mi-I nistro, siempre que nos viniese «« tolaiia de emplear una csprcsion galnnn, pariríamos salir del nial paso diciendo: «caballero, es verdad que yo he dicho que la manera coa que Y. se oonduce es ratera, '6 insolente, é estúpida, etc., etc., pero yo no me refiero pa son vanos lus que nu m; uuu auuiirauo i: áV., hablo en teoría.» Esta es una ficción qu* éel ruidoso escándalo de la sesión del 24; no | no se comprende muy bien; es una espc^MS fMtefai quien habia^prarisio qos el jengnaje \ de pastliminío de bonm ñtU -por éStm- Sin embargo, erCongreso se dió por satisfecho, los aiiraviados no. ¿ Ti-nia razón el Congreso en darse por satislecho!'' I'arerenos (jue no. ¿Pues que se quería mas? lina cosa muy sencilla; lo mismo que despucs de la votación creyó necesario o conveniente el Diisnio señor ministro: oirecerse a dar mas esplicacioncs y hasta á retirar la palabra.

El Sr. Mon al dar griicias al Con^Teso cumplia con un dei)er, porque el (^oniaeso en verdad le habia favorecido demasiado; pero al propio liem|)o, y sin advertirlo segúrame ote, acusaba al Conjercso de demasiado indulgente, pues que anadia satisfacciones nuevas, enteramente nuevas. ¿Qué cosa mas natural que al instante de oirsc las reclamaciones contra la malhadada espresion decir el ministro: «señores, e.^^ta palabra me ha escapado en el calor de la improvisacioD; no lia sido ni podia ser mi cinimo ofender á nadie; desde luego la retiro?» En tal caso no hahia quien pudiese dejar de darse por satisfecho; el decoro del ministro tampoco sufría nada, porque no s<í rehaja el decoro de una persona (jue en el calor de una improvisación suelta una espresion mal socante, |>ero (|ue luego tiene la generosidad de confesar su desliz, y de refKirarle retirando la palabra. El Congreso en este asunto dcbióscr mas mirado (|ue si la ofensa se le hubiese hecho á él, pues si cuando se trata de cosa propia podemos ser mas ó menos indulgentes, no asi cuando está de [X)r medio ta agena. Ia)s ofendidos eran una minoría muy reducida, y esta circunstancia aconsejaba que se procediese con njas consideration, sobre todo en un negocio de honor.

El asunto era tanto mas delicado, y ta satisfacción debia ser tanto mas cunq)lida, cnanto que la espresion munera ratera no parecia en el di>curso una palahra suelta, sino una fórmula breve y dura en (pie se comp ' ' n el sentido y el tono del discurso. II,.,,1 ),i hablado el Sr. ministro del principio del progreso mas rápido, y del sistema de reacción mtis espantosa, en lo que se podia soNpechar no sin fundanuMito cpie iba envuelta una calificación de la enmienda; habia hablado de la necesidad de evitar que se votasen tas leyes por sorprfsn; de que la discusión exigía tramites, y que cuan«lo no se quieren tramites no se (¡niere la verdad; hftbia observado ({ue la cuestión era de bus da; habia repetido que convenia presentarse con franqueza. y no querer arrancar por sorpresa una resoinnon; y después de toilo eso viene al fin la caliíicacion de manera ratera, que espresaba de un modo claro, mas terminante, mas nido, ese intento de sorprender, esa falta de franqueza, de buena fe.

U Estas ol>servaciones manilieslan que laca- I IIHcacion causadora del tumulto.10 era una de aquellas palabras que ocurren en un momento de calurosa vivacidad y que mas liien esj>resan la agitación de ánimo que una idea, sino que s¡gnií¡<'aha un pensamiento que estaba en la cabeza del ministro hacia mucho rato, pensamiento que se iba presentando bajo diferentes formas, pen» (pie al iin tuvQ la desventura de tomar una tan grosera y repugnante que levantó la indignación de todos los oyentes. Asi repetimos que habia necesidíJd de una declaración inuyesplicila. y que el (Congreso hubiera hecho bien en' exigirsela al ministro en el acto, pues habiendo precedido la declaración del Congreso era de temer que los diputados resentidos, si quedaran satisfechos con las últimas esplicaciones del ministro no lo quedaran de la resolución del Con;zreso, y. asi considerasen conveniente renunciar el cargo de diputados.

Entre la declaración del Congreso y las últimas satisfacciones del.SV. Jíon habia mediado ya un grave incidente, cual era haber estendido en el acto y presentado la renuncia de sus cargos los señores marqués de Vihtma, Egnizahal, y creemos también el Sr. duque de Abranles; y era de temer que los seguirían sus demás compañeros, siquiera por el generoso sentimiento de compartir en todo ía misma suerte. La renuncia de esos diputados era un golpe recio para el ministerio, y tampoco era favorable al Congreso; y la mayor prueba de (pie no exageramos lá im[)ortancia de este paso, se halla en los estraordinarios esfuerzos (pie para evitar las renuncias han hecho el minislerío y sus amigos.

Hay toílavia otras circunstancias que hacen nías indisculpable la conducta del ministro. Si este se hubiese encontrado en una de aquellas situaciones en que se han visto tantos ministros, atacados, agobiados, casi insullados por la oposición; en uno de aquennfe. de franqueza, achacando falla de am- | líos mom(*ntos en que el hombre, acometido has cosas al modo de introducir la enmien- • por sns adversarios sin consideración algura, » » se iüHt precbado n rucfaaiar, por decirlo asi, la fuerza con la fuerza, nu hiU)iera sido tan de esUañar que su discurso hubiese sido duro, violento, y aun era concebible qve en el calor de la improvisación se le esciiparan palabras (jue luego debiese relirar; pero üada de esto sucedía, uo habia precedido discurso de ninguna clase, el ministro era qnien abria la disriüííon, y esta discusiDii no se entablaba todavía sobre el fondo del negocio, sino sobre los trámites que este debía seisuir. ¡ En una cuestión de tramites, en una cuestión de re^'tamenlos acalorarse tanto, dejarse llevar a tales estreñios, dar. lugariiamaikM OM^etos, y esto por un mi- | nistro! jQué dirá la España! ¡Qué dirá la Europa!

Aun mas; también hubiera siúu menos chocante ese estravio, si la minoría que pro- i ¡Kinia la enmienda hubiese sido una minoría turbulenta, facciosa, que solo liubicse tratado durante las sesiones de eiUorpecer la marcha dél gobierno y de lasCórtes, y que bnhif»»;o appladoa las pasiotn--:, ly.ir s(> hu -biese mostrado dispuesta a espíoliu lodos los recunos para dallar al aninistn); pero nada de esto ha sucedido: esa minoría apenas ha des[>logado sus labios una que otra vez; en presente. Pero nada én oAe baa aifniaJidü; se han engreído ctm una mayoría tan numerosa, han creído que tNidiau tratar con dureza i la aúnoría, «{ue podía* levaniar-al* to. muy alto y recio la voz, cuando eso> disidentes se atraviesen á propom-r un pensamiento propio en opoí^icitto con el iniüÍ5Íei io. Y solo lum vistt) que su conducta era errada, ciuiiulu esa minoría se ha inaiiircsl-adu ¡nclioada a renunciar. Entonces lian sentido el vacio que lea dejaba la ausencia de esos honbfes índepeiúlieiitcs. no empleados, y que si en algunos puntos les habrían hecho la oposición, se habriau puesto de parle del ^bierao siempre que se.ttatase del árdea, del trono, del bien dd pois.

La csprcsion do manera ratera no podía convenir de ningún modo a esas enmiendas; en ellas no había nada de sorpresa; no había nada de clandestinidad: todo eni público, todo a la In/, del dia. ¿I'orqti;?;»ues, tanta indignación? ¿S<itjeis jorque? i*orque fácilmente se indigna qinen no tiene la razón de su parle; porque al Sr. ministro no [a uuijia j$ustar que se suscitase la cuestión de Ki'devolncion de los bienes no vendidos, ni que se le exigiese algo mas de lo que ál proponía para la sohsistencin drmro'^n inciertas ocasiones ha disentido del ministerio, i dependiente del clero. El iniuislro presentípero en otras ha Totado con ¿1. No se ha vi8< I ría el ahogo en que se había de ver, cuando to ( posición sistem.ít¡ca, ni siquiera aquella organización (]ue en semejantes casos nunea descuidan las minorías.

1^ los hombres de la situación hubiesen comprendido sir* intiTfs»"-'. si htdiiesen estado animados de espíritu de reconciliación, si no hubiesen querido llevar tan lejos ese esclusivÑsmo que los conduce por un camino altamente peligroso, habrían conocido que uua lumona como esa les convenía, porque con ella podían, manifestar que eran tolerantes, y esa toleraucia les costaba por cierto pora rnsa: con ella podían manifestar que en el virmgreso no estaba un partido tan solo como se había querido- suponer, pues que una pnrte de él, aunque pequeña, profesaba ideas muy diferentes de la mayoría; con elía hubieran podido cubrir algún tautolos defectos i\[v':ú origen de las Cortes actuales ha arliaeado la prens». la opinión púl)lica, y que en el seno mt&mQ del Congreso proclamó tan fintioaBKnle el Sr. Egaña; eoa ella leoiao una apariencia de oposición, y de consiguiente algún velo para disfrazar r! es dusifisuio y la estcecfaez de la situacmo