los diputados de la minoría le dijesen: «Vos, <[ue condenabais |)or injusto el despojo del clero, ¿por que no restituís lo que tenéis todavía en las manos? Vott que os laHMBtaía del dí'spojd de las religiosas, ¿por que no les restituís lo (pie queda en vuestro p(jder? Vos que con taulo alarde de interés ^»or el' clero, con tantas promesas iiechaiáaleis las enmiendas (pie poníamos á la contestación al díscui so de la corona y á la reforma de la CottsUtueton. pora asegurar al clero uaa subsistencia decorosa é independiente, ¿qué habéis hecho de viieslm interés, qué de vuestras ptoiuesas^? ¿iodo vuestro celo, todá vuestra habilidad había de itasomirs» en ese proyecte incalUicable que aeahnia de presentarnos?»
Esto lo presentía el Sr. Mon; por eso se indignaba: no quería ein ¿uda «foMer á oadie; pero si sti causa era tan mala, ¿que podía hacer sino enfadarse y hacer alarde de desear dbcusiou, no solo ád la devoiuciuu de los bienes no vendidos, sino también de anular!k<; rrnlaSy no solo del 3 por (00 sino tQM»bieii del 4? Búv esto, ilcsvando laexaf!«tncion al mas «íío ¡hiiiIo eM-lamaba: «¿Se ItBia de que se reslablezca ei diezmo, ÑO JN^WO TRBS? ¿ftnbién'téMnfiieB tf VMmidnVo;Qtié mnnora de hablar, qué Mtioramientu! ¿Asi <lebt> es]»reHarsp un miaistro de la conooa? ¿Asi se espresao lus hwihrtit éB BstMo? ¿Esto es disenlir con tthna y nicMira? Y no crean nuestros Icelores que luiy en eslo equivocnrion; el iminio iuio tren se halla, no eu los cstrnctos de lus forlódms, sído en el Diario de las Sesiones.
Tocante a la cuestión de si l'is provéelos dtt la miñona podiau ser eod.sideradus cunto ■Éhiiiiidas, i o;:nniosa nuestros lectores que m tomen la pena de leer el escelentc discurso del iS>. Perpiíif'i sobre este punto en la uiisma sesión. iNo es dable presentarla cues-Itap eon mayor olvidad, nt resolverla eon MIS copia do dalos y reflexiones.
Sea como fuere, lo cierto es que el miantro no se esforzalia, do se acaloraba lauto dos bancos reconveooiOMB por mas agrias que fuesen.
Pero lié aqai que á algunos diputados esto no les ha gustado, y han dicho para sí: «quién C8 ese qño levanta lin «la»!• ¿Es por ventura el nnuiarca? ¿Es algún bouibic estraordinnrio a quien los puel»ios hajau levantado e>-Uiluas? ¿Quiéu es puC5«? ¿£ii nombre de quién se perwto«ieaire dominador? ¿En nombre del monarca? No. que el monarca no quiere ni puede querer (lue se aje á los diputados ni al mas oscuro de sus subditos, ¿ui BOrabre de la ley? ley njanda, mas no humilla. ¿En nombre de la superioridad de su puesto? £se nuvstohace ntaeBtfedwy grave el dalitf dehtUar y proceder con decoro, con circvnspeccion y mesura. Si pues ni es (^1 monarca, ni habla eu nombre del monarca; si no es la ley.
ftr ana simple cuestioB ceghmenlaria; el I ni haMa en nombre de ta ley; sí no le dn tal fondo del negocio era lo que le atormentaba, B derecho el puesto que ocupa, y antes al con solo que tuvo la liíüerc/ade preriiiitar^e, de darlo á entender inlenipestivaniente, olvi- ^dose de que una de' las primeras onalidsdes de un hombre de Estado e< una eran lirmeza de carácter, {K?ro que esta lirmeza itOiBsiste en hacer alarde de valor, en tratar con dureza á OMiloS se le oponen, y 4|IMniesnt contrario nunca el hotnnre miiestin ina$ tirmeza que coando se sobrepone a tai faispinciaees de la vanidad, al deshimbramicnto de una elevada posición. a los ímpetus de la cólera. Para dominar a los dewsíÁ es necesario dominarse á sí mismo.
¡niP\§ HE lUflTAllÜS.
ikeiirl* da IMsl eafMms del ministerio y de sus amigos para obtener que los diputados ofendidos retirasen sus renuncias han sido mayspttde lo que era de esperar; halnéiidose nsto en este caso la confirmación de aquella reííla, de (|ue los arronzantes con los hiijnildes son humildes con los arrogantes. iMientraB la minoría ealló y sufrió, era de ver cómo levantaba su voz erniinisterin: y con. el camino que llevaban las cosas bien pron-^ qnii^s se hubieran visto en el Congreso trario con este proceder está faltando a lo que debe a su puesto, ¿(piieu es ese que asi se engríe, qne asi nos aja, qne asi uos' desdefi;i, v (jiic sin cnibar,;:o obtiene un voto lavorable del Cooí^reso? Uetirémooos de la asamblea, ya que llevamos al bogar donéslieo la coocienda^ tiaiquila y d boaor sin mancha.- « y esto ha bastado para lodo cambiase, para que se diesen pasos para evitarlo, y se iutíttmj se ittgase.
Sobre k fidtedft Mraniento, una fiilta en política: porque una vez provocada la escisión^} ya que el Congreso apocaba ai miiM0ti«i)i^waf>iieee9irío (|ue el oMnisierw y sos amigos fuesen muy |)arcos en ¿leslionar,; porque las gestiones manifet^labau una verdad que por cierto ya esta mediauamente manifiesta, v es la debilidad de esa pmw ña fra* ( inn (le! partido moderado, (jue en momentos de ilusión casi cree mandar pui fuerza propia, cuando la razón de que se sosten^, síB» eit el verdadero mando al menos en so^ apariencias, de^n nde de causas indrpt iidieules de los hombres y de los |)rincipios que ftnimaB lo que se Hma la situación. \ no se diga que instancias no se han hecho: ¿quién las ignora en Madrid? Y no se replique que han sido eu bien de km farteiciadoa, en fciwr de tas princ¡|)ios (|ue estos dolcndian: el creer en ese cariño, en esc celo improvisados, seria uu escesivo candor. i>c lian sentido mucho las iñemincias, di'¿a!X iu que se (juiera: se ha esperado lograr que se retirasen, y con este objetóse iiíirio r\ dar cuenta de ellas ásu debido tiempo, cuniu crareguiar:yesle sentÍBiento habido, porque se conoce que ea esta pequeña minoría está la nación; que esa minoría en el asunto del cuito y clero ñnhñ al. ninislcriu una lección severa, que sera aplaudida por la nación.
A un jiartido grande, poderoso, que S(» halle en posesión del mando, ¿que le puede importar la retirada de 1 8 ó tiO hombres, ü cabalmente esos cuatro dias eran los que se oosfesaria. T lai seaüartá ü hai I» equivalen á oonfeafomt. -^rque aoa prescindiendo de otras cosas qoe «on pithlicas cti los círculos políticos, ¿puede darse mayor prueba det emjpeHe que el no daiat cuenta de las renuncias ep la sesión del 23, ruando alcimn»; estaban ya presentadas desde el ¿\ '{ ¿*iue bi^^uilica esto? ¿Qué raioo ha leaido d presidente para no ama el debido curso? ¿No habia un motivo especial cuando seguían cuatro dias sin sesión? Pero mochos de ellos enteramente nuevos en la carrera política? En el ministerio y en el parlamento quedan las notabilidades de la ailoacíon; poes que ni una sola se retira del parianento, el ministerip ^be de ( ons( rvar laerza sobrante, y la renuncia de aliiunos diputados no puede traer mas incoavenien trataba de aprovechar: en cuatro diaa y sesión, pueden darse muchos pasos, pueden tenerse RHichas reuniones amistosas; coa cttatro dias hay también bastante tiempo para que disminuya el cal u!a -^anstn*.
r.ahülnientp e!.S>. M'.ni ['.n i-Mtidola desgracia de estrellarse en uno de los punios tes qne la matostla de proceder á segundas I mas importantes y delicados; deNeaoen é eleeeiones. Que sean reelegidos los dimisio- | imporlaneia que él oiismo habia hecho reuarios bien sabrá impedido el ministeTio, á!¡ saltar en sus doeimientos (tliciales, y qoe los i^uien se le aican¿a busiunle de achaque de ¡i demás ministros han encarecido repelidas etecciones; y ademas los ex-díputados en su veces. Aqof ha sida dottde ha aaaniwstada mayor número son personas que se han ocupado poco de revolver, y por lo mismo es probable que lejos de trabajar para ser reelegidos se dedicarán á sus nci^ocios domésticos: y si por solaz quieren distraerse er n h política, se confundirán con esos i 4 miiloues de eapafioles qüe con los brazos cruzados están asistiendo á las curiosas escenas del, Congreso de sus representantes.
Mediando estas circunstancias es inesplicable que esa fracción del partido moderado qu? con lanía seriedad se llama á sí misma la nación, se alarme tanto por un suceso insigniiieante; esto seria lo mismo (lue si un >'rande ejército creyese ver una uefeccion en la desen ion de alpuno^ individuos ó la renuncia de algún suballerno. Sin embargo ello es que la alarma ha existido pur sola la dimisión; y elloes también que algo debe de haber atjui, pues que nosoii necios loshomhres de la situación para hacer sacrilicios de temer mas e! nfnqrie, pocs tan briacsmcnte se ha adelantado a prevenirle. Se hace una enmienda con este objeto al proyecto de contestación al discurso de la corona; esa enmienda la rechaza el ministerio por inoportuna. Se presenta otra á un artáouio de la Canstílneion; y en eoneeplo del mÍMMrio no es la Constitocion e! lugar á propósito para consignar el principio de nna subsistencia (¿<^oroj(a« independienk] vadumaSf esa enmienda w oontfene-sniD pafehii das. Viene el proyecto del Sr..won.taii Heno de palabras \a< ia- i f tnn ha vistoel publico, y al projjonerse aii;iiüos diputados acudir al remedio, el ministro se opone con todas susfuenras, con!;) ninvnr indignaciatt, á que los proyectos difereules del suyo sean considerados como enmiendas; quiere que se sometan i todos los trámites de verdaderos proyectos, por la sencilla raron í1«» qnp en este caso liauian de llegar a la discusión amor propio y en contra de su propio- inte* S Inas larde que el del gobierno, y rés. Interés diibió de haber en que lasrenun- este tenia en su mano el emplear un argucias no se consumasen; daño debía de haber para la situación en que los dimisionarios llevasen á eabo su propósito. Por eslodecia> mosmas arr¡!)a. qne á falta de miramiento se habia añadido un yerro en poliliea; por»- que yeno es y yerro craude, cuando la debilidad de una sltuaiion va haciéndose mamentó muy sencillo, y era qne el Con^so habia dado ya su voto y no dehia contindeeinse. Esto hubiera sucedido adoptándose lo que proponía el Sr. }1on. Pues bien. ahor i puede estar muy ^ati^lecho; ni el Congreso niel ministerio so habrán de dar mucho trabajo por este ncgoeio, habiends renunciado aitinsta» a4 haoaiia resallar «as y mas, «I « el carfo de dipniados la nrayor ptrta éa las firmantes de la enmienda, Mvalfit diüas mas trascuudenlalcs...■..
■«íPm manara que danambaraaMidael gobierun de esa |>e(|ueña minoría, y con el constante apoyo del Conirreso, puede caminar con entera libertud por e^u que se apellida '8eB<tefe de la ley, y tomar las medida» que mas ie-airrnden para reorganizar t i pais No sin razón se lian estreniecido de lanía prosperidad los hombres de la situación, |)eiisanéo wm dada qne en la instabilidad de las cosas humanas no conviene (letiinviada felicidad aqut en la tjerra. ^ue si esta consideración m Mediara, ¿se ha víalo jamás partido álgumtn situación mas ápropéaiU» para enfreirse? ¿Dónde están esos progresistas que a^for erM dueños del ministerio, v del parlimjgato y de todos los destinos *de la nail^|ip4>ío están. ¿Dónde esos monárquicos(pie le atrevieron á tomar {wrle en las elecciones? Nu están. ¿Donde esa íracciou del partido wadwndn, qoe enenta entre sns filas hombres muy cítmpronn'tidos en favor de Isabel U, pero que han tenido la desgracia de contagiarse con la participación de las íéeM monárquicas y religiosas, entendidas eri* sentido diferente del que les da la sitiiaeiOn? No están: estaban y acaban de salir. ¿Qnién representa pneaiui iineion?¿No hay en ella ni pn^sislas, ni oMinárqnicos puros, ni monárquicos entre los puros y los constitucionales? ¿No hay mas (jue parlamenta-«M ¿La naemi entera se na heeho parlamentaria? ¿Y de cuando acá? ¿Cómo se ha logrado una conversión tan estiqieiula? Y si esto no es asi, ¿donde esla la represeniacioní ^ ii B» Iny representación, ¿dónde ealá el gobierno repr^^sentativo? •f Verdades tristes, desconsoladoras, capa- -Hles de amargar el placer de verse enteramen- '"^t dvtMa de todo. absolutamente de todo, sin adversario ni rival. Verdades que han «OBiprendido bien, períectamente, algunos inlnstros en élaaomeato de llegarles lanot»- eia de las renuncias. Ellos veian que entonces la rosa se mostraba demasiadode bulto, que no quedaba ningún medio de hacer ilusión, y por esto se lamentaban de ser demasiado felices, de pornianecerducños del campo de una manera tiiii esclusiva. Que ese -Metusivismo podía escusarse en hombres de otras opiniones, en haBlhwaqie dtefcnd i t t.e n la solierania del rey, y no considerasen las Cortes sino como un consejo, mas no cu los qne prodiMnIa soberanía del pariamentov pues que si los mioistros gobif man, si ministros, lo han de deber á lu voluntad ád parlamento, consídcrándoae como nna mmí- «ton de este, no nombrada pero si indicada dn una manera einiti, terminante é iripsistible. £n esa aobenuiia 'is inconcebible que no se hayan hecho entrar y procurado eonser\ar todos los elementos soeiales, pue? que no hay ninguna rar.on para que el privilegio que en las demás materias anda tan decaído, se establezca tiinicamenle en bvor de cierto» hombres.
Ksle aislamiento fuera menoseslraúoy de consecuencias menos Tatales, si en la ac^ tualidad hubiesen de limitarse el gobien* y las ('órtes á medidas de escasa trascendencia. £u tal caso el ajtoyo, siempre necesario, no lo fuera tanto como ahora, y por lo mismo pudiera ser descuidado ó despenado ron menos ineonvenienles. Pero cuando se trata nada menos que de la reforma de la ley fundamental, del planteo de las leyes oT'* gañirás, del arreglo de la hacienda, de la dotación del eiillo y clero; en una palabra, cuando lodo está por hacer, y lodo lo intentan hacer los hombres qne dominan, coiiTenia (jiie esa situación se ensanchara, que entra* sen en ella el mayor numero de elemeO;* tos posibles, y ya que se decide de la suerte de la nación, no ae decidiese sin seranlea con&ullAda la nación.
Las varias fases que van picscnlando los partidos, las modiUcaciones que sufren, la» combiuaciones en qne entran, ki mayor ó menor influenria qne ejercen, bts diferentes medios que emplean para eslonder sus principios, aplicar sus sistemas, lograr sns mes, son objetos de la mayor importancia en la observación de las revoluciones; y basta podría quiza.s añadirse que ese estudio es el estudio de la revolución entera. Se dirá que para comprender a fondo una revolución es necesario estudiar la nat ion en que sucede, y en la nación hay algo que no está en kw partidos; pero si ínen esto es verdad lomados los partidos en su vida activa y nnlitanles no lo es considerándolos como íenomo-■0, nacidos de olioa hechos latentes, «ono Digilized by Google inflaniacífmes que so niiestrsn en dptprnii- cesioo, é Dadas puQtos, pera qnc snpoiicQ siaem- dinastía. bargD ana sobreabundancia de calor la Los hombres pensadores del partido promasa df! la ^ngn<í. En el nuindo moral romo | gresísla iio debiaii olvidar esta verdiát «üi m el fi<iro nnrin sun'dc sin cansa: los par- circunslanria que encierra todos ios suceiOt tidos, las laeciunrs. ins panddias niisntas uo í de los últimos i i años; y hia embai^ la btt naeeii' «lin alsun principio d« fermentación, f perdido de vista. Los pmgresislas Esta fermentación trac consigo la vida ó la muerte, la vcsretacion lo/ana o la corrupción asquerosa, seguo los uicmuntos que están en cointúnacíon? las circonstancias en que S''!ia!I:in: [mM'o iuir::i n nir.In. rxi^ílp siempre anferiormcnte ni nacimienlo de lospnrlidos, de las facciones y pandillas. De aqui es (fue estudiado ecio á foodo, queda eslodiada la sociodriil £1 partido que en España ha lí¿;uradu á ia cabeza de la revohicfon es el liamaiio progresista. ¿(Inálcssnn üos primípios y sistemas, rnál su situación? Encnnfranio'i «ii cuna en ta escuela del siglo XV lil; hallamos s« tipo social y poHlico en ta asamMea constituyfiiic fiiit'rraá todas las ideas anUíiuas, giierra a todos los hechos: Arsrtielies y Mendizal. Arguelles ha consumido 30 años en declamar contra el antigno despotismo, contra el clero, contni Rmnn:; qué pensamiento de gohierno, de oriíani/acion social se ha ««eiRiúrado en ia rednndante envoltura de sus llhiabras? Ninítlino. Mondizahal ha hecho su nnmhre proverhial en ntaleria de destrucción: triste celehritlad, que también ambicionaba el incendiario del templo de • Diana.
La mi-ioii ] nes del partido pro^^resista, que misión tienen y misión tremenda los IHirtidos revolucionarios, ha sido amontonar ruinas, y lo ha cuníplido: ahí están. Ahora clama que se intenta restaurar lo que él llWTibó, su sed de destruir le entraña; suefia que grandes edificios. y no hay mas que montone<5 de ruinas; y si íleseaha aventarla, otros se han encargado de esta tarea. . Tal es el carácler del partido progresista h ijo el aspecto social: mas por las circunstaiu in^ particulares de España ha estado sujeto a condiciones también particulares. En Francia' la revolución lo deml)6 todo á ia primera arremetida; en Tí^paTin han sirio necesarias tres Ja de IKtti, de 18¿0 V de 1834. Dos vec^s la revolución ntra\ esó la frontera, dos veces le fue preciso repasarla. A la tercera ha triunfado. peni niinliéndose en cierto modo á si misma, escudándose con el tro- I ron un grande error indisponiéndose de na modo tan estrepitoso con una |)crsona que tarde o temprano hahia de ejercer influencia en España: aquello fue qt^mar las nave», y estos arrebatos no siempre salen bien. Pero agravaron el error indisponiéndose fiersoaalmcnte también con la misma Isabel en la cuestión de CHózaga. Quien dice á un soberano que miente, se hace incomna tibio con el; y esa incompatibilidad es leriiule pora el porvenir de un partido. ¿No^ había olmo medios de ^lir del paso y de lo^ar el mm» objeto y no arrostrar tamañas cosí-ecuencias? Decian inuchos que de las dos fraccioBCS en que se dividieron los progresistas «taba* entre los ayacuchos los homhres de menos capacidad: es posii)Ie que sen asi, bien que estas cosas no es tan lacii determiuaria;^; pero hemos pensado varias veces que ia famosa coalición y el giro dado al asunto de Olózaga eran bastantes á desacreditar, (}n lo tocante t previsión política, a hoÁbieeijie rayaran mas alto quo.Olóiin, CurtÍMy Lope?. Los llamados ayacucnos quedani vengados hasta en la cuestión de ajiior futef»io. A los biógrafos do dichos "peMoiafss es dejaríamos que encomiasen sus talentos políticos, su previsión, su tacto; solo pediríamos que no olvidasen dos hechos: eulraroB «tt le Goalicioa, y se oemfwenetienn personalmente con la Reina.
Quizas nos eugañemus; qui¿as cslusjhechos no tengan la importancia que les demos: pero (toseariamoe que se eonMgpMsee, apelando al juicio de ios hombres pensado res. £a nuestro coofiepto, no cabia errar mas inconcebible en gema del fiertide progresista, ü no hacer la revolución de f ó llevarla á sus últimas consecuencias. Y eslas consecuencias iban muy ieios. O uo entrar en la coalición « ó faeceV todos ke esÉM^ zos iniaiíinables para mantenerse en el terreno legal, no querer ver adunde se iba, conservarse coligado, amigo por fuerza, esperando ocasión mas opeilime peei denibirá los parlamentarios.
, hi partido progresista en siuiieiukno, eproveehándose de una guerra de s»- • le dwil, buscó un ai^oyo, ideüifkétHf siir- If con la de un soldado: error falal, casi 1 sieaipic siu remedio. La fuerza vive de la; fiirza, y imwre á mtim ét h Aierza, y i coando cíla se ha eatronizado, las doctrinas ij de un partido han cesado de ejercer acción vilal, sus biüteiuas han caducado: eu líe-. gané» ¿ este punto, no sodo haber otro re- || curso que abrazarse con el i ' ' p i vivir o morir con el. Espartero era siu uuua de e>ca$a compreosioQ poiilica; pero aun asi y lüdo, era unt necesidad paik el pwtido qué ' le hahia decrcf idd ovaciones y encimihraéát a la reui-m la. Lo¡> progresistas de la ¡ CHlioíeadijerou ponsf: «nosotros somos el | pedestal del coloso; retirémonos, y el coloso, cisrá y se hará pedazos.-) l'ero no advirtnrou que esos pedazos ios apluslanau.
A fuerza de imprudencias han logrado los probond)rt's progresistas, no solo hundir a su {>arlido, siuo ponerle en una situación: MSMSsenle crítica con respecto al trono: no (liremns (|iití le hayan hecho enemigo de la liioaiitia reinante, pero si que le han coló- | (ado en cierta actitud que la Tuerza de los;{ aconteciraieulos pudiera convertir en abierta hostilidad. Si solviesen los prosresisfas al ' poder, ¿que Iraccion gobernaría? ¿Los lia- á nndoe ayaeneliost Entonces Espartero era | regente, ó prolector, ó presidente nalo del ¡i consejo de ministros, que tanto importa lo:! UQü como io otro. Andarían los años, i>o- I is Isabel II iría adelantando en edad. |)o- dria cniitraor matrimonio, [)0(ii i;i querer ' ; mandar por si misma con un mando ciéci- ' y%t y entonces ¿qué le quedaba a Usparte- |i I ro? Ilabieodo de optar por el ostracismo ó el | Inando supremo, pocos se bailarán que op- ¡I I lea poi- üi ostracismo. Si se apoderasen del j isftisrM les faoobfss de la eoaKtwMi, Olóza^ I 01 era el ministro indicado, ó cuando menos el personaje iniluyeiitc de la época: y después du las íamosas denegaciones, los nom> Ivés de (Mózaga y déla Reina, ¿no dieei I mas que lodos los (li>ciirsos? A estos nombres SI que podría esplicarseles el famoso di- 1 ebo de Miraiieau.
Se nos observará que si se rcconciiiarao Ifis dos bandos, no lial)ria necesidad del j)re- " domiuio esclusivo ui de los esparteristas ni ' és los eoaKoionistas: enhorabuena, pro i¡ tanto peor paia el partide. Con el predomi- | nio de uno había ima incompatibilidad; con ' la tuston resultarían dos. Antes \ ciamos a i na; entonces veríamos a Espartara, T. á Olozaga, y al trono y a la Reina.
En otro Ingar eaplicaroos el erigen, caráeter y tendencias del partido moderado, como y también los nitiv diversos elementos de que se conijione, y üJi»liaj¿uimos culón" ees como dislnigalMM ahora; entre wm (llantos (pie se apropinn e^te nombre y un considerable numero de ciudadanos, respetables por nmchos títulos, que habiéndose adherído sincerameols al trono de Isabel II y deseado relninins, no ([iiieren que el trono sirva de baudera a la ioju.siicia, ni <]ue sé cobijen á Ut soabia de él pasiones é m-* tercses (pie nada tieiien que ver ni con la cuestión di nastic^i, ni con el esplendor de la corona, ni con la felicidad de la nación. Así, tosobserfaeianesque baimosse refieren mas bien á una pequeñísima fraCoiOB del partido <pje no al |iaríid(iin sino.
El carácter de ese parddo ha sido el tener un pensamiento revolucionario, eombmsdo con la timidez: deseo de loiíraV nn liii, pero falta de audacia paca emplear los medios. £1 se eocarg:ó de abrir las puertas á la revolución, y el se enoaqp de legalísarla. Na mató a los frailes. ni incendió los convenios, pero dejo incendiar y matar, y no se ba eneontrade mal con qué otros le desea»^ barazascn de conventos y de frailes. No decretó la supresión del diezmo, peco ya que oíros lo hicieron. b;i aroi^ido con plai (ir la supresión, y ja delV ndi ria con ardor si ne^ cesario fiicse. No de^p i');i h\ 1 ílesia do sus bienes, pero supuesto «|uc otros la despojaron él ha acelerado ' la «enta cnanto le ba sídoposibie, bá aceptado el beeho que llama consumado, pero en cuya consumación no le ha cabido escasa parle: y si bien ha suspendido la venta de lo poco que qiwdaba por no poder resistir mas a la fuerza de la opinión publica y á sus recien' ■> compromisos, no ha sido para ima resUtucirm, sino conservsndo la prenda pan lefalizar por medio de ella toda la obra revokicifn.nia. Injustos han sido los progresistas cuando en este punto han llamado reaccionarios á los hombres de la situación, siendo tan fácil de ver (pie esa apariencia de reacción no era luda contra la revolución, sino en algún modo en favor de la revehníeB*, no para des« truir sus hechos, sino para censolídailoSi poni('*ndoles nn sello inviolable.
El talento de esploUiciou lo ha tenido ese partid» de«na masem LiliuuidIÉW, porana es esoclcnte csplotodor miicn s;iho connr miicn «lucirse de tal manera qiu' alcance mucho y á poca costa. Así es quo mientras los \hognsistts 86 han indispuwto oqq el trono y comprnnii'lido las ventajas que á la revolución resultan de aliarse con la corona para servirse de ella como ínstrumeato, los moderados han seguido uua conducta dramemf*1ra!mpnt(í opuesta. Ahora mismo están csplolando la cuestión dioástica cun uaa hacas; á los antiguos moderados que uo perlenecen i la sitaacion tam|)oco los quieren por sus tendencias anlidinastiras, A los primeros les dicen: «vosotros no cabéis aqui, ¿poos qu^, no es bastante «jue os dejemn*; tranquilos por estas inniediíiriones, y que pui la }Kirte de atuera asistáis ai brillante espectáculo de oaestro tríunlby» Comparados estos partidos. /.por cuál optaríamos en caso de elección? llesde luc^o supondrán loa parlameatarioB que, llemiis por el espfriltt ae liaeerles la goerra, díretoM que cllo«5 son pporps qtic lo<!>ro'j^ro<!>'1n<. qíi?* estos sou ira neos, y que es mejor tratar coa cspi billdad singular, h. los monárquicos ios re- | enemigos dcscobierti» qae eon embocadoc; chazan por sus hechos autidiuasíicos, á los! pero se cuííañan, nosotros no confR einc? progresistas por >iis intenciones antidinásti- esa oposición cierra (¡no no ve los hechos mas patentes, que uo pulpa loque tieae en sus manos. Aun eon nuestros advenuMS deseamos ser justos. Desde lue^^o convénimos en que ios progresistas son maa...w.»w - -| — — r, ~ — pues nos traeríais á D. Carlos.» A los se- francos; pero esa franqueza es algo ruda.
gundos: «vosotros tampoco, porque apoyaríais á Es|>:ir»»'ro rvir ) una usurjvarion; » y á los úlliutos: « vosotros lam{)oco, porque inaeeñUwi»»fe sin duda os tais ¿ Bourgea. Os habéis colocado en naa pendiente en e«- yo fondo está I). Carlos.»
Esto es lo que se llama beneficiar un negocio: bien se conoce que andan en la tarea hombres ai osluinhrados á hacer muy [)roductivo un |>e(picño capital haciéndole ganar un loo por IDO. No era fácil creer que á la cuestión dinástica se le pudiesen dar tantas vueltas, todas favorables á la situación, todas morttieras para lo que no esta en la situación.
Esto en lo dinástico: no es menor su habilidad cu lo político. Orden y libertad son dos palabras que les sirven admirableincule, espada de dos filos con que hieren é cuantos se Ies acercan. Adelantan los pioiivsislas, afrús a nombre del orden; vienen los monárquicos airás, á nombre de la libertad. Por manera que la situación podría compararse á im edificio de do^ [Micrín^. cii la una esta de í enliaela el orden, en la otra la lihertad; los progresistas van á la puerta del «irden y oyen el terrible atrás, los monárquicos van n la puerta de I t liiiertad alrds, también; y si los pro^jresistas rccianuin que se les eonlie al menos la puerta de ta libei^ tad y los monárquicos la del orden, se les contesta á los últimos: «vosotros con las exageraciones raonarquic as comprometeríais el órden;» y á lo«])rímcros: «vosotros con el entusiasmo patriótico pondríais en pcli;_M'o la libertad.. Nosotros somos los iintco.s buedesearga golpes á diestro y siBÍestro. y la fraii'inr/;! de dar jjolpe?? no nos jrtisla, lo confesamos también trancamente. El «aor Mayans no ba faeclio todo I» que podía bicer, pero aun asi y todo, en caso de haber de optar entre él y Alonsn y Becerra, ¿qué católico seria tan ciejio que optase por estos dos Altimos? El Sr. Mon en el fcmana prov(>cto sobre la dotación de rnltn y clero, casi casi se ha elevado á la altura de Me»-dizabal; mas ni por ello optaríamos por este último, quien sin duda no habría suspendido la venta, y habría llevado á termino con toda rapidez la obra de la revoluciou. Algunos dicen: «ó todo ó nada; » narénnos mas prudente otra regia: asi no todo, algn.» El Sr. ministro de Estado no lia emprendido el mejor sendero para llevar a calK) una KeóncíliaeioB con la Santa Sede; pcvo al menos se ocupa de esto,!i;il)!a con mucho respeto de la cabeta de la Iglesia. lo que si no es bastante, siempre es muy diferente de pubiiciir maníHestos en que se insulte {grosera mente al Papa. conin se iiiro en tiempo de Espartero. Kl miuisleno de la Guerra y sus dependeneias no siempre 90 atienen a lasestoHtai pnaeripoiones cooftitucionales: sin emharsío. atmqtte el ma»do de los militares sea algo dun>. es prctenWc á las cotttinuasasonad», en qiw «e áuahogabán con frecuencia la milicia 'MOÍSmI y los ayuntamientos de la época Cuuio eii este modo de ver las cosas creemos tener numerosos conMNiñeros, podemos inferir que la alianza <ie h-^ mon irquicos y progresistas, que en ciertas crisis nos y de loi otro; * han dado por hec^ta los pertódicee de In tuacion, y aun ahora tratan de resucitar, bien que coa aiguuas limitaciones, es ua absurdo que m «Me «a cabezas bien Ofgiiiiizadas, y una inmoralidad de que no se baria cul^iabie lúiigun boaibre honrado. iCéao se foraa la aiiaiua? ¿Cediendo los f||MpMltt de sus principioa, flonviniendo en él casaniiento do la Reina ron el hijo de D. Carlos? £nlonces dujariau de ser progre- Sblas; y á juzgar por sis órganos, ■» eslan dispuestos á Uinto sanifiiio. ¿Se haria con la idea de acarrear uu trastorno, atrayendo pOK Jigua tiempo sobre ei país el maúdo de Mkieñlncioa^ para que á la mas eapantosa anarquía pudiese seguir una restauración cooiplela? La religiou enseña aue no se ha de raicer el mal para obtener el bien; la religión Qpndena la Tunestn Bázima de aue el lin legitima los medios: y por úUimo la esperieucia ha demotiirado, que después de rapetíne los males una y otra vez, no ha venido el bien. ¿Quién provoca un mal eierlo por una esperanza tan incierta?
Abrigamos la pruíunda convicción de que Vk aitiiiinon presente es muy transitoria, como sumamente falsa; es un cdilieio levantado sobre arena, que si no cae por el empuje de los vientos, se huudirá por su propio Si á la muerte de Fernando VII la Profidencia hubiese querido qp» el hijo y heredero del Rev fnese un príncipe de 2') anos y no una niña áe tres, hubiérascevilado laguerra civil, no habríamos sufrido lasoriamimies de una minoría, y lenta, justa v ordenadamente se hahrian introducido las reformas que reclamaban de cousuno el estado de nuestra sociedad y el espirita de la época. En tal caso, lejos de haber necesidad de (|iie se organizasen partidos, hubiera sido hasta criminal la idea de hacerlos nacer; y sometida la España al iaqierio vigoroao.y hlaiuln delcetro del monarca, habría caminado por la senda del bien, sin esas convulsiones y catástrofes en que se halla envuella tan a menudo, sin verse precisada á ninguno de esos esfqer/os que tan < aro le cuestan, V tau pocas ventajas le wroducen. Desgraciadamente no ha sveedno ssf: taviflMS una larga minoría, tuvimos una guerra de sucesión, tuvimos una revolución; y esa revolución, y esa guerra de sucesión, y esa minof~ - — --— — -T I I i VIUU, j \,£ru.
peso^^jHt creemos también qae los partH rta-, han acarreado tesultados dos que cuenten con elementos de vida y ¡ qm. (>s|yeri d^fuqrza deben prepararse para los moa»álo8 «úrflacos, cu\ o plazo nadie puede determinar, pero cuya venida nadie puede desconocer. Mas esta preparación no ha de hacerse cou uiiau/>as uunurales, con coaliciones mentidas, en que enemigos irreconciliables se abracen para hacer la guerra a su común adversario, y despedazarse luego reciprocamente en el mismo término de la victoria. No, no es este el camino: no, no es este el camino señalado por la moral, por la prudencia, por la política. ^ Cual es pues? Mas de mía vez lo hemos dicho; sin embargo, en obsequio de la importancia del residtado esplanaremoa mas nuestras ideas cu otro articulo.
.,, mentamos todavía y qne es- 'perimenUiremos \m largo tiempo, muv largo. La revolución no campea en las canes y idaaas, pero sí en las instituciones. en las leves, en los hombres: la guerra de sucesión ha terminado, pero aun se siente en las cntrafias de la sociedad aquel malestar <pM siempre dimana de tantas opiniones contrariadas, de tantos sentimientos heridos, de tantos intereses vulnerados, de tantas esperanzas fgillidas, y de esa linea divisoria entre vencedores y vencidos, ó entre dominadores y dominados; linea divisoria que en casos semejantes, si no se borra con unt sUsnza, solo desaparece cuando ha descendido al sepulcro toda la generación que ha tomado parte en los acoutecimientos. La minoría legal ha tocado á su 6n, pero es necesario esperar la lenta, la lentísima marcha del tiempo, para que la augusta Isabel adquiera aquel conocimiento de las cosas y de los hombres rsoloi^esttlla de espenflimia muy dilata- Lenta, lentísima llamamos a esa marcha del tiempo, ¡wrque el tiempo, que vuela para los dichosos, seairaaMoon la pesadesdel nhmo sobro la cabota de k» d^svesluradis.
Pero en la carrera de la vida las naciones como los individuos han de resignarse a los designios de la ProTÍdencia, que dnfKMie de la suerte de Ins imperios: es preciso tomar los hechos, no como se quisieran, sino como sou. £s necedad el mecerse en vanas esperanzas, es temeridad querer estrellarse contra la fuerza de las cosas, es robardía el abatirse en presencia del inliuruiuio, y pos-Irene, y Imr. La Bspalla se ealvará sí ella propia se salva; si nu, nu: la España recobrará su aplomo si ella trril>;íj!i por rrrohrarle; si no, no: la iíspaíia leiuira ¿oUcmo si ella emplea sus meoios para que se ftmde, y se afirme, y se arraigue; si no, no: la España vera cesar esc sistema (|ue ya lleva algunos afios de Kobernai uiU'iuuitiio, y pertnrtiaade, y espwlaado, si elía procura eficazmente que cese; si no, no: Y lo repetimos, si no, no; SI la £í>pa&a mp piensa en sí misma, si no recuerda lo pasado, h no atiene de i lo presente, si no mira al porvenir, si descuidada como la buena fe, y floja como el