en privar: no en ser valido, sino en valfr, aquella ambición que no imuta su vista a un salón de «rtesanair y (orfMS aduladores, si« UO que se ronsirlrra en espectáculo á los ojos de la nación, de ia£uropa, del mundo, de la posteridad; aquella ambician que al pensar, al hablar, al ejecutar, no aiieode ai juicio de una bandería ó de una cnMiarilla, sino al i)ien del pais; que no se pregunta ({ué dirán tal ó coa! individuo, tal ó cual magnate, tal ó cual intrigante, tal 6 cual privado, sino qué dirá la nación, la Europa, el mundo, La posteridad. Que en las grandes crisis de (os puehiea, en esos moaaeoloB solemnes en que la sociedad se Irasforma, y saliendo de un caos espantoso demanda un nuevo cicmeuto para recobrar sus fuerzas, para vivir, indignoa aerin de acaudiUaila t|uienr^ piensen en otra cosa que en el grande objeto en que se envuelve la suerte de millones de sus semejantes; quien bunque t\ incíeiiBO de la adulación en voz la gloria; quien prefiera los melosos acentos de la cansando, deja que unos pocos lu digan y lo. |i lisonja ai atronadcur estrepito de los aplausos hagan todo a nombre de ella, aunque sea | de m pueMos contra ella, entonces ni tendrá gobierna, ni paz, ni sosieíio, ni e^poranzade pro«;peridad, y sera viclmia de Uu buleiUa» paudülas, de camarillas miserables, de intrigas estrangeras; ser;i h hrS'j v e! escarnio de hís di'nins naciones; se la vera apenas en una cstrcmidad de Europa, como aquellas plantas mustias y descoloridas que vegetan en una roca junto á un lozano jarditr ÍAlil No es el pueblo espaaol quien se üal- I si misBio; no es ese pueblo, siempre dócil ¡)ara obedecer. s¡emj)re resignado para sufrir, siempre altivo cuando se trata de su dignidad é independencia, siempre heroico cuando se le piaen sus intereses, y su sangre, y su vida para ofrecerlo en holocausto en las aras de la patria. Lo que le faltan son hombres que le comprendan, que le guien, que tengan ambición grande: aquella ambición fpie no se cuida ni de honores, ni de condecoraciones, ni de carrozas, ni de palacios, ni de festines; aquella ambición que se abri^^a en los pechos generosos, en las cabezas donde oscila el genio; aquella ambición oueno se uiimenta de un retazo de cinta, ni de una placa, ni de tantas vanidades pueriles con que los hombres vulgares satisfacen su pequeño amor propio; aquella ambición que se complace en mandar, no en la osten" Nos estraviamos quiza de nuestro objeto, pero nada nos importa; ¿hay acaso estravio mas disculpable que el nacido de una indignación justa? T con juaticin se indigna el diente correr en sus venas sangre española, al pensaren el uübrtunio, en el inmenso infortunio de esta nación, grande en ai misma, y achicada, y abatida, y penlidnpor los que la han gobernado. Y es lo peor, que el infortunio no es de ayer: está en nuestra época, pero eilé también en nuestra hisioría. La nación de los Reyes Católicos, de Carlos V, de Felipe 11, pasa por las manoíi de Felipe III y relipe iV, y va á parar al desrmayado cetro de Cáríos II. Se enciende la guerra de sucesión, todavía hay brio en el fiucblo espaúol: la diadema ha cesado de brilar, todo se ha estinguido alrededor del débil monarca, como en una noche dilatada se apagan las antorchas que alumbran ún ieielro: pero iu nación vive aun, y se agita, y se levanta, y pelea, y con la subidaaltro* no de una nueva dinastía espera que se la conduzca por el camino de la prosperidad y de la gloria. £1 siglo se adelanta; la nación va recobrando su vida; si no le ban cabido en suerte grandes reyes, al menos los tiene menos descuidados, mas activos, mas ansiosos deímpulsarla en Felipe V, Fernando VI y dd inando,' en influir.eficauittnle no, I- Gáiloa Il( pero bien pronto babín de espiar dias de esperanza bajo el reinado dt^ CáHos IV. Tendamos uo velo sobre aquel infausto periodo; rubríiinos sti oprobio y vergüenza; vcrgUcu/a y oprobio que no caiao iaobre la nación española, v que arrojaba á los pueblos á un acto de desesperación en los sucesos de Aranjuez.
Las buesti's del vencedor de Europa estan en la capital del reino, se hallan a|>oderadas de nuestras forlalezas. y uos atacan villananienle por la espalda, mientras luirramos la afrenta del Irono derribando a un miserable que con su presencia ultraja el re^io alcMzar; el león se vuelve con la velocidad del relámpago, se encara con el coloso, lucha, y cae una y otra vez bañado en su sangre, V se aba de nuevo, y combate, y vence. ¿Con qué resultado? ¡Ah! Para ser tratados con desden en el Conjíreso de soberanos sobre cuyas cabezas babiamos sostenido una corona vacilante, y á cuyas capitales babian dado bumillantes lecciones (ieroria y Zaragoza. ¿Con qué resultado? Para dividirnos ios liberales con sus doctrinas disolventes, y perdernosel Rev con su poca previsión y sus imprudencias. ¿Con que resultado? Para tener seis años de un gobierno moribundo, tres años de canciones patrióticas, jwroralas, asonadas, f^uerra civil, y una restauración uuc, cuando se amansaba y era ya un verdadero gobierno, nos lega una minoría, una gpuerra de sucesión, y su infalible consecuen-•ia, la revolución...Se enciende la guerra civil; de uno y otro ladepelean como españoles, es decir, como héroes; sangre, ruinas, incendio, desolación: ¿y con qué resultado? Para entronizar a Kspartcro. Kl presii^iioso gigante es un pigmeo á los ojos de la nación, y un pigmeo descomedido: otro esfuerzo; la nación se levanta, el gigante llega hasta AlhMete, y allí queda sobrecogido de eslu|M)r, y se dirige a las Andalucías, al pasar arroja Mnbas á Sevilla y huye. Y entretanto ¿qué Anedc? La nación lleva en brazos basta ^a^ pnevlas de Madrid á los generales emigmdos, entran en el régio alcázar y se apoderan del íiohierno; ¿con que resultado? ¿No se prometían mas los pueblos que presenciar festines y escuchar discursos parlamentarios?
Doloroso es este cuadro; es preci.so trazarlo a grandes rasgos y apartar luego la vista de él, porque desgarra- el corazón, y lo desgarra cruelnn-nte, no tanto con recuerdos como con presagios. Ponpie esos acontecimientos trislQá,4Mto hábitos funestos, dejan huella profunda que no se borra sino con uiiicho trabajo, con invencible constancia, con dilatado tiem|)o. Y asi es que hemos msto entre nosotros una revolución bastarda, ra(|uitica, mezquina, que ha hecho el mal mintiendo á sus principios, que ha socavado el trono lingiendose monárquica, (|ue ha abierto profundas llagas a la religión proclamándose religiosa. que ha chupado la sangre de los pueblos a|>ellidándose humanitaria, que ha oprimido a nombre de la liber-r tad, y ha improvisado inmensas fortunas ea nombre de la igualdad; y á esa revolución la hemíts visto con todos los males de su especie, y con todos los vicios que ella exageraba y condenaba en el antiguo régimen. Si antes habia despotismo ministerial, despotismo ministerial lia habido en la úllima éiioca, y llevado al mas alto punto; si antes (labia des|)otismo militar, desnotismo militar ha habido; si antes habia dilapidación, dilapidación ha habido en un grado espantoso; si antes habia intrigas, intrigas ha habido; si antes habia camarillas, camarillas ha habido; si antes habia privanzas, privanzas ha habido; si...pero salgamos corriendo de ese terreno (pie abrasa, de esa atmósfera que aho^a.
Todos los males antiguos con la añadidura de los nuevos: el desorden revolucionario, el des|K)lismo gubernativo, el desden de los nuevos aristócratas, el espíritu de pandillage, de intriga, de oscHridad, de mise*> rias, hé aqui lo que hemos presenciado en estos años; jwro nada de verdadero gobierno, nada de administración vigorosa y templada, siempre de un esceso a otro, de una energía desj)ólica á una vergonzosa flojedad.
Hay en España muchos elementos de vida; hay impulso, hay movimiento, hay fuertes tendencias hacia el progreso intelectual y matenal; pero este se halla, no en las regiones del [M)der sino en la sociedad: de esta nace el bienj. de aquellas el entorpecimiento, cuando no el mal. Y por eso, pornue estamos profunilamenle convencidos ne esta verdad; porriue estamos profundamente convencidos de las tristes condiciones á que está sujeto el poder; porque tememos que si ese poder se quedase enteramente solo, abandonado á si mismo, seria capaz de acarrearnos males mayores que los que ahora sufrimos, y de rej)róducir los inconvenientes del despotismo ministerial de línes del último siglo^ y principios del presente, por esobenioB deseado, no qnc desaporeciera enteramente la institución de las Cortes, sino que se rsforinase, haeiénildo de mannra que shi disminuir la fuerza de la autoridad Real la templase con la concurrencia de las luces y del apoyo de lo mas selecto del pais. No hemos oucrido Córtes ni perturbadoras m eselivas (Jf los ministros, porque lo primero trar ronsigo la anarquía, y lo segando falsea ia institución; pues que' en vez de templar fortalece el despotísmo míBísterial, rodeándole -de ntia npanenria de rr presen líirion, y acostumbra a ia comilón y a ia vtllanii^.- En los ocho aitfetilos sobre reforma de la Conslitncinn cas sobre esie p Ter al monarca vtetima de wi engafVo, smiiesen dejnr al tiempo o! remedio dcí maf, y volver a decir lo mismo cuando se presentase ia oportunidad, rettráodoieai nogardaméstico con In frente serena y I* eenciBwia tranquila.
Y esto se conseguiría en España ci liui qne la naáon estáñese representada en las Cortes con verdad: y entonóos habria esperanza de que se remediasen esos vicios del gohiérno tan difíciles de curar porte inveterados; e ntoaces habria esperanza que subiese hasta las rPriones del poder esa nhunflí^nle V fecunda savia que existe en la sociedad le víviioaae, y le lolmeleeieee, esnañola, y, ^ espusimos nuestras ideas polili- fl y le comuiiirase el espíritu nacional de que í punto, indicando cuál era la ' tanto necesita; entonces habria esperan /.a de forma que en nuestro concepto debia tener en Bspafta la institución de las Córtea. Sea lo que fuere del acierto aplicación, nuestra idea era encontrar uu medio para reunir 'en un foco comnn la inteligencia, la moralidad, la riqueza del pais, y Imcerias iafluir porintervalos, y de una manera suave t cfieax, en la estera del gobierno. Para mejor lograr este objeto deseábamos oae el nonai^ ca nada tuviese que temer de las Córtes en sentido anárquico, j)ues asi notrah^jíinfi por destruirlas, j se complacería cu llaiiiailas á 80 lado; deseábamos que las Córtes se compusieran de elementos Av} toño indi jiendientes, para que cuando fuese necesario se ha-Hawn en ellas hombres de carácter bastante firme para hacer llegar á los oidoa del soberano las 'quejas de los pueblos, no solo contra autondades subalternas nuo contra los mismos mintsfrosT; de^eéNimos una responsabilidad ministerial also mas efectiva de ra que se lo;,Ta c on las constituciones de moda; deseabamosíjue cuando la opinión publica acusase a un ministro; cnando la conciencia publica estuviera escandalírada, se encontrasen hombres que se atreviesen á dedr ai monarca: «Señor, tenéis á vuestro lado un ministro ^ue abusa de vuestra coníianza; que dilapida los caudales públicos; que se ha enriquecido rápidamente con el Mdor y las lágrimas de vuestras pueblos; que rodeado de villanos satélites reparte entre ellos las condecoraciímes, los empleos, el oro, como eibotin de una victoria.» Homl)res qne tuviesen valor para sostener su pal il ra, y)ara hnci r fn nte á la cólera del acusado, para arrostrar con dignidad y calma el esperan / que los negocios del £stado se tratasen con etevaoion y dignidad, y no como de mucha tiempo se ha hecho, cual si la nación fuera el patrimonio de pocas ftersonas, y á veces tan oscuras, tan insigniíicantes, tan incalía— ees de entender en materias de gobiaiMi, que no se hubieran ntrevido á mostrarse en público como mtluyeoles, ten^erosas de indignar la altives castellana.
Pero nada de esto se consepruirá si los hombres independientes por su carácter y por su posición no procuran tomar en los negocios pábHeos la parle aue les corresponda; si unos se recatan por ncsi nido, otros por exagerados temores. ¿Pues qué? ¿Es concebible el descuido cuando se trata de todas los principios, de todos los intereses qne existen en el seno de la sociedad? ¿ Temores? ¿Y de qué? ¿No hay medios legates? ¥ habíeiido estos y no empleando etroa ¿oné se ha de temer?— Pero será dable que las leyes sean atropelladas. =Cierto; ¿pero sabéis cuándo? Cuando procuren influir íob menos y callen y se oaenreaean los mü; cuando no haya suficiente entereza paramanifestar lisa y llanamente las convicciones propias, todas, enteramente todas, sta o(»^ tar ninguna, pero no sucederá si en la prensa, si en la tribuna, si en los círculos polK ticos, si en unas elecciones generales htKjf resohádon, hay arrojo para deein cestopensamos, esto queremos, esto sostenemos, por el triunfodeeslolndiaiamos. » Y nocomo(|uiera, sino abrazando todas las grandes cuosüones pendientes en el pais, y dirigiendo con respecto á ellas la opinión pública, n^cUficando los errores, templando las exageraciones.
} desagrado del Bey; hombres que al " aieulando la timidez » y desenvoívieodo, y lo, y uniformando tantos elementos de órden. de gobierno, de porvenir como se hallan desparramados en esta sociedad desventurada, que solo esta esperando una voz poderosa que la llame para emprender con aliento y brío el camino de la prosperidad.
EXAMEN DE LA DE LA REINA DOÑA ISABEL II.
• Adrmat, «Aom, jo rrw> qaa do r* Crij<l<nlt' i-rrilrr tir vitú la* laeciuoel de U iikirii. Lm cimtioim ti» tif -•'<<'\ "lAm tcrniiwnc par ui* laUlU,; ¡>retemlnn. wíWm, no Imii »<'i i'<r*<; hMU fMr Im drrrchu* m ha* fk»- > ^7 Sr. ¡laraur^t dt Mintfíarct, ra la ■ ■ I './r fHrro d» ttM. María 4a üu Articilo 1 Al examinar la gravísima cuestión del enlace de la Reina, no ínlluyen en nue«;tro ánimo miras de partido, ni interés por ninguna fauiilia, ni afecto a ninguna persona; waVgMÍo es demasiado grave, demasiado trascendental, para que un hombre de intención recta y deseoso de la felicidad de su patria no prwure apartar de su mente cuanto pudiera desviarle del objeto principal, me -jor diremos único, que debe tener presente en esta cuestión: un porvenir de pa/ y pros|)eridad para la nación española. Y el prescindir de tmlo linaje de consideraciones, ó torcidas, ó inconducentes, ó secundarias. Será tanto mas favil al autor de estos artículos cuanto (|ue no le ligan con ningún partido, con ninguna familia, con ninguna persona compromisos de ninguna clase. Durante la guerra civil no salió de la oscuridad de la vida privada, entregado á ocupadones inofensivas; y si bien desde en ^e comenzó á defender las doclrínas y sistomas (|uecree conformes á la verdad y convenientes a la dicha de su patria no ha cesado de esí ribir manifestando su opinión sobre los puntos mas imporlanle> asi religiosos como políticos, abriga lu convicción de haber desiMiijKínaTlo su tarea sin mostrai-se ciego partidario de ninguuo de los bando? que han destrozado con sus discordias á esta nación infortunada. Kn todos sus escritos ha sido consecuente; y no le sería difícil probar que, lo que escribe hoy no es mas que la continuación y el desarrollo de lo que escribió ya en 1840;' pero la consecuencia no es la terquedad, ni la convicción el fanatismo.
No habrán sido ino|>ortunos estos recuerdos al entrar en una cuestión (jue tan fuerte y vivamente preocujM» los ánimos en diferentes sentidos; y ciertamente no sin ra/on, pues (juc su gravedad es tanta, sus resultados inmensos; seguros y estables si son buenos, irremediables si son malos. Reclamamos pues la atención, la tolerancia, la indulgencia de todos los hombres pen.sadores V honrados; les rogamos (¡uc se dtíS|)ojcnííe toda prevención favorable ó contraria á esta ó aquella resolución; (pie depongan sus preocn|)aciones, (pie también las tienen muchas veces en abundancia las cabezas pensadoras; que hagan el sacriíicío de sus resentimientos, (pie también se all)ergan eu los corazones honrados. No hay esfuerzo que no se deba hacer, no hay sacrihcio (pie no se deba arrostrar cuando se interesa en ello el porvenir de siglos de tantos milhmes de hombres; y mas todavía cuando e.stos hombres s(m nuestros comjiatricios, cuando el país (pie ha de salir iavonnido ó dañado es nuestra patria, esa patria en que vimosla luz primera, y(jue guardará nuestras cenizas.
¡ iVueslras'cenizas! ¡.\h! ¿ Quien sabe si las guardará? ¡ Tantos españoles se han encontrado prívados de este ultimo consuelo! ¡ Yacen en tierra estrangera las cenizas de tantos proscritos victimas (le nuestras lamentables discordias!...Si no procuramos con todo esfuerzo cernu t tiianantial infausto, ¿(piii'n puede lisonjearse de (pie no será arrebatado por alguua de esas tempestades ({ue han llevado en -confuso torbellino desde el cetn) del monarca hasta la vara del último empleado, ({ue han arrojado á países estraños (lesde las familias mas humildes hasta las generaciones de principes? Proscritos han estado los hombres mas distinguidos que liguran actualmenle en la escena militar y política, y algunos de ellos condenados á muerte; proscritos están los hombres mas señalados en tienq>o de Espartero; proscríto está Espartero, proscrito D. Carlos, proscrita ha estado la rema Cristina. ¿Cuando {Mmdremos lin á esa infausta cadeiui? Y si no procuramos terminar- ;la, 44<'Ñ^i>^ 'o^ nuevos proscritos? ¿(ínálel person;ii<' (jue arrastrara a o!rosen íiiu ruiua? Uay bcj^undad...¿No ia luvieron otros? luy abundancia de medios...¿iNo la tuvieron otros? Hay resolución ¿No la tuvieron otros? Hay'organizacion de un partido ¿No la tuvieron otros? Elevémonos sobra li aliiáifera d<> las pasiones, de los ¡nteresí's ¡msafíeros; olvidémonos del | día de boy para ¡^nsar ea d de maMna; uo | nos haganioa Ouaioñes teíbfn 16 praaenie; no I nos lisonjeemos demasiado sobre el porve- j venir, que para conjeturar la dif«*renna que uoede ir, que irá, del día de maiiana ai de j noy, noB bmta eomiderir bqne vndelde hov al de ayer.
fese j)orven¡r pende del enlace de la Reina: nada de lo que se ha becbo, nada de lo que se hace, nada de lo qne anharé, rncibirá un sello indeleble que garantice sn ' «stabilidad y duración, hasta que sepamos séMI ha de ser el príncipe que obtengi In < mano de Isabel II.
Esta es la clave de lodo edificio q»ie se levante: porgue es nece^rio no comprender la sibiaeion de España para hacerse, la ilusión de (jue el enlace de S. M. podrá ser uü acontecimiento conuin, que se encajone en el cauce de los suresos ordinarios de tal modo, que ni temple m infiere el impelo de ellos, ni tnerrn n jii(i(iiti(|ue su corriente.
Tal es la situacioa de España, tal la de Svropa, talei las ceadicinnes á que está sujeto en la aetoaKdndeltnnooenpndnpor una Reina hnérfena y niAa que es imposible, de todo punto imponible, que el eninee de S.M. no mfluya poderosámenle^n nuestra polilicn inírrior, y en nuestra posición con respecto a las potencias estran^ras.
Pensar que el matrimonio de la Heina de España hn deiaewejatBe ai de la Heinade In^íbterra, (»^tn i:*; que no hi\ de influir en bien ni en nial en los destinos de la nación, ' enana aberración tan torpe que por fortuna padecerán muy pocos. En In diaoision que ha tenido lufíar en lf>« «'urrpo'; colciíislanorcji sobre el articulo de la retoruia cooslituciooal relativo al matrimonio del rey, lodos los oradores han estado courornies en la jíravedad y trascendencia de este neíiocior y si bien el Sr. Martínez de la Rosa observó que esln -givvedad no era tama en los ■gobierno^ rcp^^-'^•^t;tti^'os cnmn en los absolutos, noso^os creemos que esta misma circunrtancin lo haoo de maeba mayor gravedad en Kspana. Kn efecto: si tuviéraibae ahora un gobierno absoluto, sometido á ciertas reglas lijas de política interior y ea^ terior, fuera mucho mas fáeil que el 4BnlMe de la Reina no las alterase. y t]"!' h nación y su gobierno pro^guiesen en su uuucha con paso tranquilo. Pero cuando las pasiones están removidas v exaltadas por efecto de o>;;i misma punlicidad que cada dia las remueve y exalta de nuevo, entonces mi easamieoto desacertado pnede pro* docir ohoques mas tivos, vanaeioñes ée rumbo mas repentinas, y acarrear resultados de mayor trascendencia. La observación del Sr. ministro de EsiBáo seria admisible si se tratase de nn país como la In^dalerra, donde se verilica que el rey reina y no gobierna; donde hay un pensamiento de gdbienio 6|o, constante, ínidependieDtc de la voluntad de Iní monarcas, y en cierto modo biisla de los mismos ministros. Pero en España ^. qué arraigo tiene el gobieno representativo? ¿Dónde está ese pensamiento político superior á los partidos y á los reyes? ¿Quiéu lo tiene? ^Üónde está una aristocracia semejante á la inglesa T ¿D6iido> la riquern \ [i inslruccinn áv las dases medias? ¿Kn cual, de las regiones de! poder, los hábitos de orden, de buen gobierno, de administración templada y hrme? i - i «^m: La verdad de lo qnc eshnm*; diriendo se puede contírmar «on un ejemplo muy sen^- cilio, parangonando dos países dittniloodb España, y de los cuales el uno vive bajo el gobierno* absoluto y el otro bajo el represuilalivo: Austria y Francia. Si supooemots que los trooea de estas dae mainnea* esim ocupados por una niña de poi ns nftn?,; nn cual de los dos tendrá mas importancia el matrimonio de la Reina? ¿En cuál délas dos naciones habrá mas pffbabílidad de que e! on!a re fir la < >berana acarree modibcaciuues? No dudamos que en Francia; y es bien cierto qoe en tnl caso Jos pwtÚss lucharían desesperadamente para obteMr cada cual el canaidato que mm h conviniese. La nación eitfera se pondría en e^pecta^ tivn, enmovimíeBto, eonndo enA«alria el negocio se discutiría tan solo en! nitos consejos, solo jugarian en el las combinaciones diplomáticas, y probablemente se llevaría á cabo sin ninguna undanta en la política iiili I ii i. y á lo mas con ^í^iinti mo-I diíícacíon cu el sistema de las relaciones esteriorea. i pues como la aftercion del Sr. miníftro de Estado, muy exacta tratándose de Inglaterra y otros paises que se eacieatreo tm circunstáncias parecidas, no es •pKotUe á la simfJe diferencia de l¡is formas representativas ó absolutas. £1 ser de mas o menos ioiportaaoii «licw seBeMBtes lo nace de la« hnau politicas, sino de k líliicion en f|ue se encuentran las naciones: cuando estas se bailan en su estado normal, eiiloocfli^ MIÉawío «8 de meeor importancia, Y'éum puede carecer de ella; pero cuando tto'd^fnitan de este bien, cuando viven agitadas y revueltas, eo Iraosicion, entonces la imipMtnm es nracha, sean las formas absolutas ó representativas; siendo notable que ee jal easo la misma esencia de las represnHattvas trae consigo muchos mas azares jqil» iilKíjllwoliilMv 7' por eomigoiente aumenta oÉ gñi mnina la'imporlHioíi del eplace. ' ' ■íl.''imí* ' No lo dudemos, de la rasoliieíoii dé este negocio depende en gran parle la suerte del país, y por lo mismo es necesario que este se interese en ei de una uiauera particular, meditándole cod el debido detenimiento, formándose sobre él una opinión juiciosa, y manifestándola por los medios legales que están en so mano. Bmitiremos nuestra t^i-BioK lisa y llanameile, peio no tratamos de imponerla a los demás: coniprendemos muy bien cuan natural es que haya en este punte mocha disoordancia; qué unos repelen fifrcU lo que otros miren imposible, que unos califiquen de provechoso lo que. otros consideren como funesto. Lejos de desear que se sorprenda al público con «n enltce repeoti-BOjejos de pretcrulcr (|iie se aho-íuc ó se menosprecie la opinión nacional, solo esperamos de esta misma opinión el triunfo de la nues-In; 7 en esto damos una praeba inemiivoca, de que si anduviésemos errados al menos habremos sido sinceros. Nada de intritenebrosasv nada 4te viotencias, nadado amaños indignos: publicidad y mas publicidad, hé aqui lo fjue deseamos en este negocio; publicidad y mas publicidad para evitar mu sorpresa: aplaoemos la resolocimi, pero entretniito mediteoMS coál seré la mas convenieute.
')-6í, meditémosla, examinéiiMsIa, aunque sea por largo tiempo; que no es menester poco si se ha de presentar la verdad a los ojos de muchos estraúaaiente preocupados i per el ínfinje de las eiroonstancits, yl¿ de- ■ clamacíones de los interesados en perpetuar nuestros infortunios. Si se logra el aplazamiento esperamos (|ue al lin la razón triunfará de las pasiones, la verdad del eifor, If política n;uM(»nal de las inilui'in i is estrangeras, el interés general de los intereses particiilues, Isi designies grandiosos y de porvenir, de las miras mevqnmas y de las combinaciones transitorias Hasta ahora la prensa, con escasas escepciones, ha manifestedo cierto recelo de entrar de lleno en esta cuestión; su mismo grandor im|)onia respeto; y viendo cada cual en la resolución de ella el triunfo ó la ruina de sus esperanzas « ó la reiliiM}ion'<é' desaparición de sus temores, parece que se deseaba no remover este negocio, pretiriendo las migustias de Ü incerUdombre á dar un paiF'oel cual'^ era posible veheri atrás.
Pero en esta ultima temporada las circonstancias han variado; los portidse' hm descubierto 6 creído descubrir que si ellos dormían habla (juien velaba; que mientras ellos no se aprestaban para resolver acertadamente este negocio, quiaás no faltaha quien iba trabajando para resolverle sin anuencia de ellos, de su propia cuenta. El efecto de esta so«>ecba ha sido sorprenden -to: le opinión pAbnca se ha manifestado de «na manera muy viva; y si bien la prensa de la situación se ha mostrado en ^nerai poco inquieta, no ha saeedidolo mismoen él Congreso, á pesar del triunfo del ministerio en las elecciones; no ha sido lo mismo en la nación, que se ha sobresaltado con la sola idea de que fuera posible una sorpresa, sio»- pntiznndo vivamente con los diputados que han dado des<Ie la tribuna la voz de alerta.
No negaremos la conveniencia de díANfr por algún tiempo la resolución definitiva de este negocio, pero también es indudable que es necesario prepararla; y el mejor modo de obtenerlo es ihistrar someella la opinión Eública. Es cierto también que la Reina dee quedar en la mas completa libertad en la elección de su esposo, pues que ni la religión ni la moral permiten qne en este caso se haga la menor violencia ni á un simjde particular, cuanto menos a una reina; pero también es cierto que los príncipes, por la misma elevación de su categoría y por las altas consideraciones que han de tener presentes en sus enlaces, disfrutan npr la misma han» de los cosas de mina üiymzea by GoQgle I lalitad en su elección, siendo mny cantadas las pt'Tsonas enlre las rúalos pueden escoger; Uiubien eá cierlo, que si en el pequefto núnero de estas penonas se halla alguna (\añ merezca ñc una manera particular las suupalias del pueblo eepaAol, y que traiga grandes ventajas á It ctost del traao y de la nación, es muy probeble que ea igualdad de circunstancias merecerá también la preferencia de la au¿$usu Isabel; tautbien es cierto, que anadie' como es S. M. de^la Íblicidad de sus piichIoF;, atenderá de una manera muy solícita a conciliar las afecciones de su coraron con los intereses de la Kspa-Qa; tainliieaeseiertoque enla tierna edad déla Ilí'iji.1. cttaníío no es posible que nliri- Sue otros» seuUiuieulOi» que el vivo anhelo e hieer k dicha de sas súbditos, ejercerá poderoso ascendiente sobre su ánimo candoroso el consejo de quien, señalándole una persona en la que se reúnan tudas las circUBStancias que cumplen al esposo de la Reina de las Españas, le (lit;a: «SeQorat ^ te es el enlace que convendria a Y. M. y á la nación gobernada por vuestro cetro.»
No es pues dañoso, no es impropio, no es ofensivo al decoro de la roagestatí el (|ue la opiuitíu pública se manifieste aobre este negocio: It Esfiefta tíme en él un interés demasiado grande para que no tome nna parte le;_itima y dccoro-ía; tiene en él un mtere^ demasiado viial para que pueda liar so rasolttcion al acaso: ouc fíarie al acaso seria el dejarle encomendado esclusivatnente á oscuras combinaciones que podri;ui muy bien tener otro objeto que la iélicidud de la nación. No, loque interesa á la Kspaña no puede ser indecoroso al trono; y á la España le interesa iniluir cpn su opinión en la veaolacion Acertada de tan importante negocio.
Muestre la nación este interés de una manera decorosa |>ero significativa, por medio de las Cortes, por medio de la prensa, y por cuantos conductos legales estcn en su mano, que si asi lo liiciere, nadie, absolutamente nadie se atreverá a disponer de la suerte de España poruña miserable intriga; nadie, ali^olutatnente nadie será bastante wado para precipitar este suceso, posponiendo los grasdes intereses nacionales á particulares designios, á intrigas estrangcras; nadie, absolutamente nadie será bastante resuello |)ara condenamos á medio sígb de postiacMiii, de desdiden y desventuras; nadie, absolutamente nadie será hn? tante atrevido paia cunipromcter coa un [)aso imprudente el porvenir del trono de Isabel U y de loa imenoa que le están encomendados.
Que Bo lo olvide la nación, su voto en esta materia esde mi peao iacenlfasta)ile: no queremos que se empefie en darle desde luego, pero si que mnestre su deseo de ser consultada át la manera conveniente. ^ue uo lo 'olvide la naoioo: siempre que ella ha n»> nifestado su volunl-ínl m Ih c un punto, nadie ha sido capaz de contrariarla. Que no lo olviden los lunubres de Estado: si por algún tiempo la nación se ha mostrado como adormecida, si se ha resignado á sufrir, á tolerar, manifestando aquella longaniuiidad que distingue á la eoldura, dorante este tiétnao se ha coiuarTadouiiabuso, ha continuado una ofensa; pero siempre (pie cansada de sufrir ba dicho basta, el abuso ha cesado y la ofensa se ha bvado.
Se ba dicho (|uc la cuestión del enlace de S. M. es cuestión europea; convenimos en ello, en cuanto ü^e quiera espiesar que afecta mlereses europeos, y qve par h> misroo las pote ni las de Europa procurarán influir en esta resolución del modo que re^»-pectivamente les convenga; pero el priniero, el grande impulso en uno ú otro sentido no debe venir de la Europa sino de la España; que indigna fuera del nombre de uaciun si manifestándose indiferente, aceptase lo que le impusieran los estran^íeros. \o se desprecien enhorabuena las cond)inacioue§ diplomáticas, aprovéchense cual conviene las influencias que puedan eontribnir al buen vxlU) fie una manera decorosa; que no n(a-(jue nuestra iudepeudencia ni ofenda nuestra dignidad; pero súsndoel negocio emi^ nentemente e^ttiol, tiabiyemos en ellos españoles, y sepa la Europa que hay aquí un pueblo que sube lo (]ue vale, y que no se olvida de so porvenir. Sépak» la Europa, y «nlonces andarán con mas tiento hi< pn tencias que de alfíunos años á esta parle se han acoslumhrado á niiidrnos como pupilos que no podemos emancipamos de sn tálela. Y entonces, si hubiere entre nosotros españoles bastante degenerados para olvidarse de lo que deben á su patria y haoeria un daño ifreparabie, retrocederán á la vista de la opinión nacional: |>orquc no se desprecia liviauamenle ia opmiou de esla nación grande y generosa, que venció al capíian del ai- *