realización de otras poilria producir disi;usto en unos, pero escilaría entusiasmo en otros; esta causarla en lodos, no solo disgusto. sino irritación desesperante, al ver que por miserables intrigas se han comprometido para siempre los intereses de la nación. Los que en esto pensasen, reflexionen que el enlace de la Keina es un paso del que no se puede retroceder; y esos pasos no es político darlos con ligere/a en un pais en que con tanta frecuencia se encuentran abismos.
Cuando se examinan los motivos que UU^Uexi iuiluir cu que se muestre UuUo empeño para llevar adelante una combinación tan desventurada, do se encuentran razones ni de política interior ni estcrior, niñada que por necesidad no se haya de limitar á un pequeñísimo circulo; no circulo de opiniones, no de partido, sino de personas.
¿Qué nípri'scntaria el conde de Trápani mando de la Ueiiia? ¿Es el símbolo de nf^^un interé.s nacional, es la personilicacion de alguna idea política, es una garantía de codt servacion, es un elemento de j)ro^reso, es ' un recuerdo histórico, es un emblema de gloria?
¿De donde viene? ¿Viene de algún reino poderoso que imponga con sus ejércitos, (jue cubra el mar con sus Ilotas? No; viene de Ñapóles. ¿Viene de algún reino que ocupe un alto lugar en el congreso europeo, que influya en sus decisiones, que pueda ofrecer esperanzas de que podrá servirnos de algo en las complicaciones del [Kirvenir? No: viene de.Nápoles. ¿Viene de algún pais que man'he á la cabeza «le la civilización, y cuyo contacto haya de desenvolver en Es- ])aña las ciencias, la agricultura, la indus-> tria y el comercio? No: viene de.Nápoles. ¿Viene de algún pais cuyo solo nombre baste para produ( ir en el ánimo de los españoles vivo entusiasmo?.No: viene de Nápoies. Pero antes de venir de Ñapóles, ¿ha prestado grandes servicios á su |)atria, ha ügurado á la cabeza de los ejércitos, se ha sentado en los consejos de su rey, ha contribuido al planteo de mejoras administrativas, á la consolidación de algún sistema político, es conocido como literato, como militar, como hombre de estado? Es un niño aue acaba de salir de un colegio: viene de Ñapóles.
¿Quién le cnvia? ¿Es acaso algún acuerdo euroiMío? Las potencias del Norte lo resisten; Metternicl» esta disgustado con la política del rey de Nápoies; la Inglaterra sonríe desdeñosamente. El gabinete de las Tullenas es quien aconseja la combinación, mirándola, como se supone, desde un punto de vista eminentemente español, y por consiguiente tratando de liacer á la España fuerte en lo interior, respetada en lo eslerior y proporcionarle que en brevísimo tiempo % pueda recoger tan ImíIIos frutos como los (icl pacto de familia, y obtener ventajas como las de la batalla de Trafalgar.
Y este pensamiento del gabinete de las lulleiias ¿(^ liiio de vastas combinacioacs, Goo e5 una iilonlija, que dala de uuiy anti^uu, i tan rodeado de sinsabores, y qae en que se hayan consultado en enasto 9m, I pudiera acarrear eoBsecoeneiM CrislM. Ba dable los intereses de España atendiendo | verdad que proba hlenieiite se liizo el ineapausadamenlc á los inroiivenieules? Nada | pcrado reconocimiento romo una especié' de de eso: se abrigalutn otros proyectos; y ha | preliminar favorable, dispuesto por la uíiciosa sido predso aramlonarlos: en otras circuns- l| intervención del gobierno fraDcés, y con la táncias quizás no se hubiernn visto con des- es[)ernnza de nbl(Mier algunas ventajas en agra4ocombinacionesak)ra rechazadas: pero caitd)io de la Irialdad de Mettcmicb; pero srlia dicho que la e<)MnABlSs|)afia no pudia i era preciso no coniiar demasiado en loque saKr de la raiiiilia de los Borbones: echando l| hiciera esperar un gobierno que, á pesar de su l)iienn vnlimlínl, no siempre alcanza a sacar trinDÍaiites sus provectos diploniatinna ojeada Sül;re los vario-^ prmi-ipes, ocurre el conde de Trápani, cu>a lamilia esta muy emparentada con la de Orieans, y que naturalmente lia de encontrar simpátias en el {)alacio de Madrid. jSc necesitalia mas para a decisión? ¿La mano de la Reina de Espafli es por Ventura de tanta importancia que i^lkaya de meditar afins enteros cómo se dispone de ella? El iíahinete de las Tulle -rias ¿no se quitará de delante este lastidiuso iiegodo? T sobre todo, ¿no se asegurará de | nion-Paetieco tma bandera deoposieion esta manera el que no se tome en M nlriil una resolución importante, sin que antes vaya un cstraordinano de Madrid á París a pedir instrucciones? ¿\o se maniata para siempre al fíabinele español, para que nunca jamas pueda hacer nada ni en favor de los carlistas, de quienes se Ic supura por un ahisiuo, ni de los progresistas. perpetuando v haciendo in cesarias ciertas influen- COS. Como quiera, el matriÍDonio con el conde de Trápani ha llegado á ser imposible: la impopularidad que le rechazó instintivamente desde los primeros aaunqios, se ba robustecido con la discusión, estribnDdoM una opinión pública tan respetable, que M se contrariaría sin trraves inconvenientes. En este concepto, al levantarse en larestra la candidatura napolilana, no se ha hecho mas (pie tomar un puesto en las filas ya formadas de lodos los partidos. La fracción que ha protestado contra semejante combinación, ha querido ser cspafiola. Tal vez intereses de bandería huhieran podido inclinarla también á coadyuvar á una empresa que aseguraba la escrusíon de la oaodidatira (lo Hourfies: pero si ha creído que no era cias (iiie deben de envolver repugnancia per- i t:ünvenienle el conde de Monlcmolin, tarasonal? ¿Y no es este un escelentc sistema I bien ha rechazado con vigor al otro conde •"para asegurarla debilidad del gobierno español, para aumentarla cuanto cahe y tenerle asi dependiente de otras voluntades, bastaidó levantar el dedo para que se vea for- Xi|o á hincarse de rodillas?
Con este prestigio europeo vendrá •■! consu rival: en este últinto ha hecho UB bien, y según todas la apariencias, el momento elegido ba sido muy oportuno. Cuando de tal modo se btn levantado quejas, alguien lie» ne motivo de quejarse; cuando de tal moda se ha sentido que se levantase la vo7,, intede de Trápani: e>tas serian las inllucücias ^ res debía de haber en que continuase el siqne le servirían como de aureola páÜ^lft- I lencio.
cerle grato á los españoles, para que celebrasen su entrada en España con alborozo y entusiasmo. Venido de una nación de tercer órden, de corta edad, con prevenOiones poco favorables. ( <iii el i!i<irusl(> de la Europa, y éooducído por l;i mano de un gnliinele estrangero, ¿como seria recibido por el pueblo español, tan amante de sn dignidad, tan lleno de grandes recuerdos, tan sobrado de altivez y energía? Por cierto que sí el rey de'Nápolés pro- Hasta se ha querido disputar el derecho de hacer semejantes manírestaciones. invocando la Cunslilucion del Estado y el decoro de la corona, desenvotviéndMe mes y mas la idea que de mucho atrás va indicándose, de que el enlace de la Reina es poco mas que un asunto de familia, y por consiguiente fuera de la jurisdicción de la iríbana, de la prensa, de la opinión pública. Con mas ó menos claridad se ba sostenido esta doctrina, tan contraría á iodos los haesas ciirn adquirir noticias sohrc la situación de || principios de politice, tan opMSta á lo que España y la disixtsicion de jos partidos con ' dicta en las netuales circunstancias de Esrewectp á su hermano, aq Juera esiraüo il paña el simple sentido común; siendo de ^j#^llijÍlíMlnase^#WMMÍ|l|^ proyeáb ' notar qse en este lerreM se hta cados dos peri»>dicos nue. Ilovailos por su fuerte oposiciuu ul conde de Mouleiiioliii, iio sieppK han tratado con la dabida tolerancia á los que le snslenian. Olrfi voz no se mues- Cren tan diliciics en roncedcr una lihcrtad que lan pronto han tenido (]ue invocar |>ara si mismos.
No: la cupslion del matrimonio de la Reina no puede ser resuella ni tratada como «santo fte tunilia. Hay en ella una cuestión nacional, una enHtioo qua entraña todas las diímas cuestiones; con la resolución de eila se resuelven lodos los problemas pendientes en el pais: si se resnelfe bien, la Espafia recobrará su tranquilidad, sa apiorao y volverá á entrar en la comunión de las naciones europeas; si se resuelve mal, se abre de noeva sobré nuestra infortonada patria la caja (lr> Pandora.
««La Reina, se dice, dehe ser libre: f|uien ocupa el trono de España. no ha de carecer de vn derecbo de que disfruta el último de los españoles.» Aqui se sií'nta una verdad indisputable, y por medio de un sofisma se deduce una consecuencia inadmisible. La fteina ha de ser libre, es Irerdad; pero ¿se entiende por esto f[ne su elección en este caso no esté mas liuulída míe la del ultimo de los espaftoles? A medida que se elevan las personas en el órden social, pierden en lilM>riad lo que íranan en consideración v poderío. La iiltertad existe en ellos; perb BNB eiretnscríla one en los dennas. La libertad de la hija de un hombre del pueblo DO reconoce mas límites i\\u' los señalados por la conveniencia, la luorui y el honor; la libertad de la bija de un grande, ya no es tan lata; la de la hija de un príncipe, lo es mucho menos; y en llegando á una reina se reduce tanto, que la elección está circunscrita é moT pocas personas. ¿Hay por esto violencia? \o. Si violencia hay, es la violencia de la posición, de las cosas mismas: esta violencia es, como si dijéramos, una ptrte del peso con que oprimen al monarca el cetro y la diadema.
La Reina delw ser libre, es cierto; pero Í'.esla libertad se entiende en ningún sentilo como la libertad de los demás espoflolesT No. Ved si la Reina, ahora mismo, es tan libre de hacer sus paseos como un simple particular; ved si no se leü'inta una gritería atronadora contra el viaje á las provincias Vascongadas; ved si podría, sin ^'ravísimns ínconvenienles, visitar diterenles corles de Kuropa W lialtlar pues de libertad en este caso, cunvieuc deíiuirla, jKirque esta pala-^ bra tiene infinitos sentidos, según los obj^» tos á (jne se aplica; en uiniíun pais del mundo, bajo niniíuna tornui de gobierno, se ha entendido jamas que un rey fuese libre para hacer lo inismoque un ciudadano cualquiera. La Reina ha de ser libre ou la flercioir. pero esta libertad tiene sus limites, no impuestos por nadie, sino natmies. Na se dip ce qoe nn particular carezca éB^^kml$é porque haya de atender a lo que eidge 49 conciencia, su honor, su couvenieiida; tampoco se podrá decir que la 1Mm4í wfrule libertad, porque el ser Reina le imponga el debi'r de procurar la tranquilidad y el bienestar de la nación que la i^^ovidencia lu ha encomendado.
«S. M. del>e tenor n! menos la iniciativa, se nos dirá, y entrometiéndose la prensa en el negocio, haciéndose maniiéstaciones públicas de qoe se combatirá ó se sostendrá á tal o cual pretendiente. esta iniciativa desaparece.» A los que asi hablan les dirigiremos una pregunta. ¿ Es ¡losible que errados consejos hagan también errará S. 11. en la iniciativa "M'.reenios que hasta ahora nadie ha atribuido a los consejos de la corona, ai á la corona misma, el privilegio de la in^libilidad. ¿Qué será, pues, mas fevorable al decoro de la corona, el (jue las manilestaciones de la opinión publica eviten anticipadanente na error en ta iniciativa, d el que la misma opniion pública, haciendo conocer un error, hafra retroceder á la corona después de haberse equivocado en la iniciativa? También nos parece indudable que es mas deoo* roso no cometer un error que tener que enmendarle. I>ueí:o importa sobremanera al decoro de la corona que esta iniciativa esté Kréviamente ihistrada por una discusión pálica; que se vean de auletnano las simpatías ó antipatías con que puede contar esta o aijuclla persona, que pudiera ser favorecida con la iniciativa.
Todas estas prdabras delil>erlad, de decoro, de derecho de iniciativa son muy bellas; en algún sentido, signitican también verda;- des íiMiísputables; pero en otro son también muy vagas; y se^iun como se tomen pueden espresar principios absurdos en teoría, y altamente funestos en ht práctica. La cuestioii libre de accesorios inútiles, y despejada de las nubes ron que se procura envolverla, se reduce a lo siguiente: el enlace de la Reina m ¿C8 un nef;(iciü de alta ímporfanría para Ja España? ¿Si ó no? La prensa española ¿tiene derecho á ocuparse de un negocio de alta importa mil rurn la España? ¿Sí 6 no? ¿Es posible ocuparse del mejor modo de hacer el matrimonio, sin indicar cuáles son las personal que convienen, y cuáles las qae oo con: icnfü"*; Si ó no? I'rcsiMilada la cucsttou bajo este punto de vista, no admite dos solndoiies: no es necesario apelar á teorías beeho un adversario polilico en un punto dt la mayor importancia; v quien sio sostenerle ano, no le rechace aniertamenle, estamhion «n ndvor<ario rn pn!íti<-n. pues no quiere reconocer ia necesidad de una eschishm, que se ha considerado indispensable.
Esta división tiene lariías consecuencia?. \iiti's de renli/.nrse oí mntrinionin, se trnharía una viva lucha entre las dos fracciones: lucha que naturalmeniaeoiitribiiirja á átsa' noiiár^nícas, ni constitucioneles, ni revola- | volver mas y mas los elementos de discordonanas; basta el sentido roniun. ^ - > - • •.
La prensa tiene ciertamente que guardar hs eoBsideracíottes debidas é laangiñta persona de (lue se trata; pero en el Hmile de ellas pticde ventilar la cuestión como mejor entienda:^ para hacerlo asi le asiste un derecho indispulable consignad<ven ta ley que asegura ia filie rtad (le la prensa; y á 'ejercer este derecho la obliíra el deber de no abandonar los intereses de la nación en la eaestion mas f^rave, mas trascendental que ofrecerse pueda á una monarquía cnlnrada en las circunstancias en que se halla la española. Asi lo hemos pensado siempre, y hemos obrado en consecuencia: desae que hemos visto á la prensn entera apoderarse de la cuestión y examinarla eslensamente, se han dwninui'do los serios temores que abri- § abamos de que con el silencio de iosperí6icos no se tomase una resolacíon de resaltadus deplorables.
Uno de los mas fuertes ar.gtimenl08 fraternales que pueden hacerse ( onira la reunión-Pacheco, es el que ha echado un iiérmen de división en el seno del partido moderado, 'cabalmente en los momentos críticos que mas imperiosamente reclaman la unión para hacer frente á los demás partidos. Si bien exisdia. y que podría acabar con m rompimiento de diticil soldadura. En lus diferentes movimientos que dorante la discusión deberfi ejecutar la fracción adversaria del conde de Trapani, seria niny posible «pre nlp-im vaivén lo arrojase fuera de la órbita de la siliiacion; y que baNAndose mas cercana á otra sistema se precipitase liária él, por efeciS de las leyes de gravitación univers il.
Este fenómeno político se hace tanto mas {)osib1e, si se considera que los contumaces en la oposición se haci«nn iniposíMes por mucho tiempo, después de hecho el matrimonio, y como los partidos no gustan de dejar sin acción sns nierzas y energía, seria (le temer qtie esa energía y esas fuenaslDmasen una dirección nueva.
La actitud tomada y^Uimamente porfosdíferentes órganos del partido moderado esa respecto á la cuestión del matrimonio, es muy digna de observarse; no por lo míe es en si, sino por lo que índica, y por lo qoc anuncia: es síntoma de una división mas profunda de lo que parece; es anuncio de lo 3UC pudiera suceder con el tiempo. Ha halá- 0 por ahora una ligera escaramn):a,'enqiie va los combatientes se han iiHisiiaclo ana que otra ve/ animados en detna'^ia: ¿qoién tía ya de mucho antes esc gérincü de divi- i sabe si los aconteciuiienlospodí iaii enipeñarsion, necesario es confesar que la reunión- | tos mas y acarrear una refriega?
Pacheco ha contribuido á desenvolverle; porque asi como la uuion es mas Inerte cuando se simboliza en uua persona, asi lo es ia división, cuando el motivo dé ella es también una persona. I'n poco Ttin.<; ó menos de constitucHinalisnio, la condiK!a política mas ó menos uuritana, son cosas muy cla>ticas, susceptibles de rail modificaciones, y que llegado el caso pueden lrnii<¡gii-se quizás con una palabra. Pero esto de decir: «nosotros no queremos al ronde de Trapani,» es Imnáruna posición muy clara, mu^- despejada, no Ciiben anil)i,mieda<1r< Onten sostenga al conde de Trapani, es el mismo En situaciones de snyo esclusivns, el mas exclusivo es el mas lógico, y á veces el vas previsor: y menester es confesarlo, el mejor medio para asegurar la csclnsion y 1^ varia hasta sus últimas consecuencias, es hacer el njalrimonio con el conde de Trápaoi. \o es cierto que el resoltado correspondiese al buen deseo; pero es cierto que SOn optimistas lie ( Vi Iiiviiui los que lo aconsejan, y calculan sus buenos efectos en caso de realizarse. Fuera progresistas; y no corooqniero, sino para siempre: fuera carlistas; v m como ijuiera, sino para sieni|MV: fuera i>;irj siempre los sosj)echusos, de quienes se haya Digrtized by Google t tenido al^oiQ iodicio que simpatizaban coo el conde de Monlemolin: fuera todos los modendofl que ie opdsif ron á It Témela del prfncipt» napolitano. El terreno qnedn muy escaso; pero en cambro son pocas las personas que en él han de caber. Tienen bastante ngar para vivir holgadamente.
Y nóle>í" fiinr): on nqnnl snptipstn todas las cuestioiu's políticas se transtbrmarian en dínéslieas, y por consiguiente no serian susceptibles sino de uña solución. monárqnicoi; reclarnfirian su?; derechos polít'rf>v • v esto fueran mañas para derribar la dinastía. Im progre^íütaü serian nl)j(>(o de ¡«niales sospechas; y hasta la inofensiva fracción del partido moderado, que se opusiera al rasamiento, llevaría sobre su frente el anatema de sütidináatfea, que mas de una m que -brantaria su hrio on Ins cncstiones políticas y hns1a en liis aiiininisiriitivn»; v linancieras, Eü la o¡)osit ion a un niiíuslerio, se creería descubrir la aversión al principe; en la orfranizncion de los ramos de la administración, se verían los hilos de un sistema para baeerle daf^o; y si un dia se tratase de intereses de la liaUi civil, ¿quién se atrevería álevantnr!n vo7 en favor líc la economía de algunos nHlionos en una dotación, cuando esta tos habria de ser eonsiderada como nn atenti^do por el mero hecho de salir de la boca de un adversario del principe?
Bn estas desavenencias nada tenemos <fne Ter por ahora los qne, aoAeniendo el cnliice con el conde de Afonfetnolin, somos considerados como \ itandos por onos v otros. Bástanos esperar, y (|ue los acontecunicnlos aigan so curso. Bueno es que al mismo tiempo rjiic s(» ha rechazado la cnndidatnra de Bourges, hava sido rechazada también como igvalmenle funesta ta otra, oue alonas per-Moas celosas por el bien púMico se apresurai)an á ofrecer; bueno es que iin periódico liberal baya dicho ya que ios sostenedores del conde 'de Trápafii no son mas liberales qne los que abop:an por el conde de MontemoHn; bueno es tamhicn que en mas ds un lu^ar se baja indicado, que quizás este último presentaría menos incoDveDÍentes que el protegido por la Francia.
IBHiEUOMB Mientras los órganos de la situaeion pintaban el estado del pais con colores bala* pneños. y asecuraban qoe la tranquilidad no se turbaría en Cataluña, á pesar del descontento acarreado par la tymiM, oorríM camino de Madrid losestraorJinarios oortadores de la noticia de graves desordenes, seguidos como es costumbre, de sangrientas catástrofes. El paisanage se bama mbíevado, se babia batido con la tropa; x d\-p\m< desfrraciadns lia luán sufrido la pena capital no sabemos i>i precediendo alguna formalidad; pero siendo en todo case muy breve. A Ihs dos dias, nueva'^ y ^Ro-irifrif^s refricíías en Sabadell y Tarrasa; nuevo llanto para muchas familias; nuevos eleaMalan de discoidia lanxados en el seno del pais, 7 fecundados con sansrre. ¿Continúan todavía las desgracias? La insurr«5ciott¿babraettcontrado eco en otros puntos de Espafla? k la hora que escribimos estos renglones no podemos sal)erlo: pero aunque las cusas Imbicsen terminado asi, ¿no son baslaule tristes semejantes acontecimientos para aflií: II' profundamente á lodo corazón español? ¿ No son bastante graves para descubrir eu ellos el anuncio de otros mas grdvcs todavía? ¿No son bastante elocuentes para daainentir esa bueca palabrería con que se quiere alucinar a la nación, haciéndole creer que ha entrado de lleno en un NStesMt de paz y le^^alidad. coando á cada momento ve sa1j)¡car con la saníip' <íe sus hijos sus calles y sus cam|íOS? ¿Que importa saber quién tiene la culpa? Lo que ea efíáanlo as la existencia de un profmido malestar que se revela de diferente? maneras, que ahorá se reviste de una apariencia, dc^ues de otra, (pie hoy toma un pretesto, mafiani otro: lo que es CTÍd«lte es (pie el gobierno no se consol! dn. <ino que bambolea sin cesar; lo que es evidente es que en semejante situación el gobierno no gobierna, sino que se deliende; que no piensa ni |tnede pensaren la ransn ¡túblicn moo en ia coiiservacioo propia; io que es evideiUe es que Dig'itized by G en lal bituaciüu no imperan ni pueden imperar las leyes; r^uc la fnerza es el únieo bitro d(> li s destinos del pais, y que los boinbres pensadores ven que se aleja cada día ñas el lan suspirado momento de dar lin al dcspolísmo de la Tuerza y i la disolución de la anarquía, y de asonlnr «obre la ruina de ambos el ejercicio de un poder suave y flnne, soperíorá loa partidos, independiente de toda protección militar, recibiendo su robustez y eneri^ío de las ideas y costumbres del pais. del astuuimiento de la tMnensa niayoría nacNmal, apiñada alrededor de un trono que ejerza posifivameiite sus funciones, sin mas voluntad rjnc el cumplimieolo de ias leyes, sin luus uuiu one k eoQvenleDcia pública. Esto es h» evi-(írntf; esto es lo (nu; n'salta en la negrura del cuadro; esto es io que domina todas las interprctaLiuue.s y tergiversaciones; esto es lo que ningún esfuerzo puede ocultar á los ojos de los j)ur!)!(!v ronsternados.
Mil veces io hemos dicho, y no nos cansaremos de repetirlo: la situación es radiealflieite falsa; las opndicioiies bajo las cuales se quiere establecer en España un crobierBO son iasuficieules, y ojalá que tiu hubieae sos que iosuficieneia en ellas, y que algunas no envolviesen una necesaria contradicción con el establecinuoiilo de un gobienio. Los acontecimientos vienen por desgracia á confirmar nuestra opinión: no nos complacemos en ello; | bároaro placer seria el que se recibiera de la efusión de sangre! Pero preciso es recordar esta opinión; preciso es recordar estos pronósticos, por cierto nada dinciles de hacer; preciso es insistir en una verdad lan importante y tan poco atendida, l^m evidente v con lal pertinacia negada; preciso es inculcarla para que la comprendan, la sientan los bonibres de bien de todos los partidos, los que no necesiten de esclusivismo; los uue no hayan menester proscripción de todo lo que no les sirve ó adula; \o< <]\u' por su frri'ina independíenle u por su capacidad pueden ocupar en la sociedad' un puesto distinguido, sin que hayan de acudir al triste medio de achirarlo lodo, de anonadarlo todo para aue pueda parecer algo su pequenez ó aullad: los que no necesiten arrojar el- anatema sobre la moralidad, sobre todas las virtudes, |v>r;\ d'sviar el anatema ron que la conciencia publica castiga la inmoralidad. Oaeir que la colpa no es de - la situadMi Ísino de k& partidos estremos; que la causa de nuestros bmIcs no se halla en la falsedad de la situación sino en la obstinación de los mismos partidos, equivale a no decir nada i o a confesar lo mismo que tratamos de es- I tabh eer. lina situación de gobierno no es l 111 puede siT una abstracción; es una reali-¡ dad en atedio de otras realidades; un hecbo, en medio de otros hechos; una situación da; gobierno no puede por lo mismo conaido- Irarse en sí sola. en los únicos elew»ento$ que eniran en ella; es necesario considerarla en sos relaciones con la sociedad en que se halla; y cuando por estas relaciones se descubre que otros elementos muy poderosos, mas poderosos que ella, no ia aceptan, ni pueden aceptarla á no dejar da ser lo que son, t nlonces es necesario convenir en que la situación es falsa, i.uando se examina una situación de gobierno, e$ I preciso entender, no solo á la cantidad da iuerza que posee, sino á la cantiti id di- n*-sisti nria que ha de encontrar; asi como eu uii problema se considerau á un mismotil»' iN) las canlidMies conducentes al obj^, y ias que se oponen a él: positivas y negativas. La situación del gobierno que" se quiere sostener en Bspafia como estado definiti' vo, se halla en el caso de contar con demnsiados e!iMiif»iiio< 1;í »'ond»;)ten. y con pocos que la apuvau; v por esta causa en afto y ^ledio que lleva 3e duncioo. eo a6a < y medio que en la vida de las sociedades oo representa masque pocos instantes, ha tei nido que altogar cuatro insurrecciones, ven I los intervalos de paz ha vivido incesaÁte^ I mente con las armas en la mano, temiendo a I cada moniento nuevos ataques. Si esto m prueba la falsedad de la situación, no alcanzamos qué se necesita para probarla. Nada importa el que los nin\ imientns sí I hagan con un pretesto que en realidad encubra motivos y miras muy diferentes: ea todas épocas se"^ ha visto el mismo femiineaa: cuando h;n en los pueh!(v< \ cnliiflrr.ts causas de iu(|uielud, los que con uno u otroobi jeto se proponen bacanas obrar, claro es que se hao de aprovechar de lo que cncueolna á la mano; y seria exigir demasiada moralidad a los conspiradores el empeñarse en que si un pretesto les sirve para realisar sos designios, no hayan de em|)!earh' cual si fuese un verdadero motivo. Lo que buscan ellos I son medios de acción para desenvolver los elementes de desorden que ae abrigan en el Digrtized by Google scDO de la sociedad; iina vc7. provocado el deaórdén, una vez rolo el vinculo que impedía el que cada elemento tomase la dirección que le es propia, lo denins es cuestión de j)ornienorcs cuya resolución importa poco en la totalidad del problema. El modo do evitar las conspiraciones es aplicar el remedio a la raiz del mal. (piitando de la sociodad, no a los hoHíbres por medio de fusilamientos, sino las cosas quu la ímpiietan y perturban.
Sí.» comprende muy bien que cuando un pais vcSu tranquilidad conipletamente asegurada, fundando la convicción de esta seguridad en la espericncia de los largos años que vive tranquilo, si por ima casualidad se altera el orden en uno u otro punto, no reflexione el gobierno sobre la situación del pais en general, no investigue si hay en él verdaderas causas de desorden. y atienda úoicamcnle á la localidad perturbada, no |>eDsando en otro remedio que en el castigo de los revoltosos. Entonces, es escusable el que se achaque la culpa á tal ó cual |KTSona. a tal ó cual bandería; que se quite el disfraz al pretesto, manifestando el verdadero motivo, y que no se emplee mas correctivo para lo pre>eule mi precaución para lo venidero, que el desengañar á los incautos y el reprimir á los di.scolos con ejemplares escarmientos. Pero cuando la trani|uilidad se altera no raras, sino muchísimas veces; cuando los puntos en que se perturba son varios; cuando a pesar de la diversidad de los motivos o preteslos siempre encuentran .Mícuaces los agitadores; cuando el carácter que en delioitiva toman semejantes acontecimientos, no se Umita nunca a [)arlicularidades relativas a esta o aípiella provincia, sino que sea cual fuere el pretesto con que hayan comenzado, siempre se dirigen á un mismo blanco, siempre acaban por un mismo grito, ahajo el yuOierno, entonces preciso es reflexionar (|ue efectos generales deben de tener causas generales; que efectos constantes deben de tener causas constantes; (|ue sucesos repetidos en todas las provincias deben de tener un origen independiente del provincialismo; que sucesos provocados por muy diferentes personas V clases deben de tener una raiz indepcnaiente de clases y personas; que sucesos en que en varias épocas han tomado parte, cuando no la iniciativa, todos los partidos, deben de leucr una procedencia independiente de todos los partidos; entonces preciso es reconocer que hay en la.sociedad alguna causa de malestar, grave, protunda, general, permanente, en cuva investigación deben trabajarlos hombresde e?- * tado, mas bien que en vanas acusaciones, ' que lejos de calmar irritan, mas bien que en ' castigos tremendos, que esparcen la maíi terrible semilla para nuevos trastornos: la sangre.
Ilasla ahora no vemos que se piense en nada de eso: se sigue el mismo sistema quo en las c|)ocas anteriores; siendo de noiap que cambiando un nombre, emplean el mis- - mo lenguaie los |>oderesrombati(los, ya sean , progresistas, ya sean moderados. Cuando , inundaban los progresistas todo se esplica- < ba con la alianza de ios moderados con los -carlistas; cuando mandan los moderados lodo se esplica con la alianza de los prr>— ■ gresistas con los mismos carlistas, ¿ruede desearse esplicacion mas satisfactoria, mas completa, mis analítica, mas pro-1 luiida? Este es el tema obligado, asi de las