SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Como quiera para concluir las negociado- Des con Roma, se atravie.<:a entre otros obstáculos uno muy grave: In dilicultad de asegurar al clero una subsistencia decorosa é iudc|)endiente. El Sr. Mon ha insistido sobre esta dilicultad, que en efecto es gravísima. Las cosas se han llevado á tal punto, que no se alcanza como se podrán remediar. No negamos que el gobierno acluaí ha hecho algo; pero hubiera podido hacer mucho adoptando desde un principio un sistema mas ret-uello. Queriendo poiior.se á cubierto de las incul(>acioncs de la revolución 1 no lo ha conseguido; y al propio tiempo ha I dejado escapar ocasiones en que hubiera \ podido mejorar la situación del clero, sin dañar á la propia. En la actualidad, compli- - cadas como están las cuestiones políticas, agot{)da la fuerza moral del gobierno, muy fácil es que el tiempo desvanezca las esperanzas de ahora, como ha desvanecido las de la pasada legislatura.

Seamos justos: si no creemos que el gobierno llegue al término dt» estas negociaciones tan pronto como el espera, todavía nos parece que es»; término se habría de j alejar subiendo la oposición al poder: ya lo hemos dicho otras veces y lo repelimos a(iui. La oposición se inclina mas á las ideas revolucionarias y esta no es buena circunstancia para alcanzar concesiones de Roma. La o[>osicion <|uisiera mostrarse mas enérgica contra lo (jiie apellida exitjencias, sin reflexionar que cuando se exige lo que es I justo, la exigencia es un derecho y el allanarse un deber.

Si el Papa se twsta á ratificar las ventas de los bienes del clero, hace una concesión inmensa; ¿y se quiere que lo haga sin ninguna garantía de que los desfiojados obtengan reparación? ¿Qué adelanta el Sumo PiODMüee concediendo lisa y llanamente la ratificación de las ventas?* ¿Tranquilizar las conciencias de los compradores? Cuando no tuvieron escrúpulo en comprar, es estraño que le tengan en retener. Mejor se diria que no se quiere la tranquilidad de concien- « cias, sino la tranquilidad de intereses. Sea como fuere, nuestros principios son conocidos: no podemos persuadimos que las cosas se hallen tan adelantadas como indica el Sr. Martínez de la Rosa; pero si lo estuviesen, si el Pontílice hablase, no desplegaríamos nuestros labios sino para. atestiguar nuestra sumisión y obediencia.

I Cuestión del matrimonio de la Reina. La oposición consenadora ha tenido en este punto una resolución nuc la honra, y una franijueza (juc el pais le debe agraden'r. El ministerio ha procurado eludir la cuestión; pero desgraciadamente para él, sus adversarios la hablan planteado de la manera mas terminante que cabe en asunto tan delicado. Las palabras del gobierno no olifante toda la mesura y la reserva, han de- " jado sospechar que en efecto habia una trisle rcnlidnü en el fondo de las nolicias que tienen alarmada la upinion pública. El señor ministro de Kslado dijo qiie el gobierno no se degradaba basta desmentir vulgaridades y calumnias: hace bien; pero tampoco el público es tan torpe para creer que ron un desden se destruye un hecho. El Sr. Martínez de la llosa no debe ignorar auc no son solos los ministros los que pueen pro|)orcionarse noticias en lo interior y CíHerior. ¿Se atrevería el ministerio á asegurar que es falso cuanto se ha dicho sobre el proyecto de «Trápani, sobre el interés que en él se ha tomado en ciertas regiones, sobre las gestiones del gabinete francés? Si ó no; la cuestión está aquí: lo demás son soberanos desdenes á que el pais contesta con un desden igualmente soberano. La opinión y la conciencia publica valea algo; están mucho noas altas que los desdenes de cualquier ministro.

El golpe (juc se ha dado en el Congreso á la candidatura de Tra|)ani, no debe apreciarse por el resultado de las votaciones; en estos negocios, y cuando la impopularidad ha llegado á tal estremo, la mera discusión es por si sola un triunfo. Se babia discutido y protestado en reuniones particulares; sé habia discutido y protestado en la prensa; faltaba que esa protesta resonase en la tribuna: esta protesta ha resonado va; este es el mas bello timbre de la o|M)sicion conservadora. No temiamos que fuese otra su conduct<i; siempre creimos que en medio de sus ilusiones políticas, habia una cosa muy verdadera y |>ositiva: el sentimiento de nacionalidad que se levantaba ctmtra un proyecto en que se comprometen el porvenir y la gloria de nuestra patria. » LA II.WIFESTACION Al apreciar la importancia de los acontecimientos políticos, confunden algunos el resultado oticíal con el resultado verdadero, aplicando á este la medida (|ue les ofrece I aquel. De aquí es el preguntar con ansiedad qué sucederá, cuando mas bien se debiera comentar lo sucedido. Hechos hay de tal importancia intrínseca, que por sí solos, independientemente de todas las consecuenrias oliciales, producen su efecto por absoluta necesidad. A esta clase corresponde la manifestación de los individuos de la mavoría del Congreso sobre el conde de Trápaoi. Desde que la vimos anunciada, nos parecieron de escaso interés las respuestas satisfactorias ó evasivas que pudiese dar el gobierno, asi como la mayor ó menor energía con que los lirmanles llevasen á calió su pensamiento: siempre creímos' que aunen el caso de que estos desistiesen, o aquel se negase á dar esplicaciones de ninguna clase, el golpe estaña dado, el efecto era seguro. Esta manifestación, por solo haber existido y haber sido firmada por un número respetable de los individuos de la mayoría del Congreso, hacia imposible la realización del matrimonio. Que si á pesar de la imposibilidad hubiese quien se empeñara en llevarle á cabo, nosotros no nos ocupamos de empresas imposibles; no queremos conjeturar sobre los resultados: en política se verifica también aquel principio de los^ dialécticos: de un imposible se sigue cualquiera cosa.

Faltaba este suceso para que con mas razón se pudiese decir que España es el pais de las anomalías..\o sabemos que tenga ejemplo en la historia, el (|ue los amigos de un gobierno se hayan comprometido á exigirle formal promesa de que oo autorizará ni aconsejará un enlace de una Reina, por estar íntimamente convencidos de que seria funesto al pais, á las instituciones y á la cmsolidacion de la monarquía. Parece que el ministerio quedó desconcertado á la primera noticia del acontecimiento; y en verdad ({ue con mucha razón: nosotros creemos que los diputados de la mayoría no intentaban un voto de censura; pero le daban y muy severo. En el asunto mas grave, nías trascendental que pe.sa sobre la nación, decían al gobierno lo siguiente: «Nosotros somos tus amigos; te sostenemos contratodas las oposiciones que se levantan contra ti; bien lo sabes; pero hay un negocio sobre el cual no estamos enteramente seguros de que tu conducta será lo que debe ser. Precisamente tememos (|ue contribuyas a realizar una cosa funesta al pais. á las tfwr- Digitizcd by Coogle Digitizcd by Coogle itei^jf d ta conjtoluiacton át la monarquía. 1 en prueba de ouestra desconüanza, te cxi^Htiios formal promesa de que BO lo autorizarás ni aconsejarás. Discurro a qué punto habrá llegado nuestra de.scondaun, cuando nm vemos redoeidos á tamafia estremídad, ¿ pesar de la unión que contiiro teoenos, á pesar de ios la/.us de nniistad, estrechados mas y mas con los recieutes y porfiados combates que hemos arrostrado en to defensa. » para estrechar la ami^; al fin las oposiciones le dicen af JoMfno: aSomostiii adversarios: creemos que gobtemas malf: retírale;» pero eso de decirle: «aunque somos tus amigos uecesilanios exigirte promesa formal de qne no autorizarás ni acoo» spjarás una co.sa funesla ¡il país, á la.'í instituciones y á la consolidaciuu de iu mouar-. quia,» esto es nuevo, es estrafio, es uu suceso propiamente espaAol, por lo singulaií.

y allómalo. Ya se dt'ja suponer (jiie no qnere- Si esto 00 es voto de censura, no alean- | uios inculpar á ios señores lirmautes, y que itmoa en qné consisten esa clase de votos: I antes Ues les McHaimis maráñenle for cuantas mas protestas se hagan de que no | su resolución; solo inteptamoÉt hftCtt notar se ha querido hostilizar al ministerio. tanto peor para este; pues que resalta mas clara la de9Conflan7.a (pie ha llevado las cosas é lal estremo, no embarazante la aversión á las hostilidades. Probablemente no se ocultaría esta verdad al ministerio cuando mosliaba su disgusto, cuando sus amigos de la prensa llamaban á la manirestacínn pnhre ardid ét la oposición conservadora, y esplicá-Jim como un efecto de sorpresa lo (¡uc era el froto de madura reflexión. Desgraciadamente la oposición se defendió de una manera victoriosa; y un articulo inserto en el 4kut$lltt»o del 83 de enero, da))a esplicacio-^ nesquc no debieron Sí-r nada gratas al líe-' wWo, á quien se contestaba principiando esa particularidad que confirma mas y mas la verdad siguiente: en £spaña son tan i)ro> fondos los senUmienlos de iiqfior, M nobleza, de nacionalidad, que en llegando á un punto en que se trate de íaslimarlos, nadie puede contar con nadie, ni aun con sus mejores amigos: cuando menos se piensa, haf ima esplosioii de dichos sentimientos, y produce ios efectos mas inespeEadt». Recordamos á los estrangeros esta verdad para eoando se pnopongatbesplicar nuestrasanomallas.

llocha la merecida justicia á la nobleza de sentimientos de los Sres. firmantes, nos han de permitir que les dirijamos algunas (d)servaciones. Un paso de tanta gravedad mMr estas palabras: a£slanK)s autorizados de L y en materia de su^o tan delicada, no se n fiimi«ra nías solmne para manifestar, ele.»

Tratándose de persnnn- que estiman su hnnor, era de esperar (¡uc no les scntaria bien el aue se dijese que se les babia sorprendido \M firma en un negocio tan impoitánte, f que después de haber dado su voto de censura no se dejarían aplicar el dictado de inocentes. En cnanto al pobre orA'd de parii da sin mucha premeditación; y asi es de suponer que los señores lirnianl«'s no se resolverían a ejecutar su desi¿;niu, sin haberlo pensado coq la detención (|ue su importancia reehimaba. Ahora bien: ó los tirnianles desconfiaban del ministerio, ó no: si no desconfiaban, ¿a qué exigir la formal promesa de que no autorñaria ni aeonsejaria lio, lejos de considerar como tal el papel I nn enlace funesto al pais, i las instituciones,^ suscrito, «han creido y en esa creencia per- | y á la consolidación de la monarquía? y si manecen, hacer un servicio á su patria y i desconfiaban, versando la desconfianza so eomplir un deber sagrado; y vuando tan santo objeto se han propuesto, no pueden temer que les sea desfiiTorable el juicio de la nación ni el f^tllo de lá historia.» Seme- ^ntes espticaciones no indicaban ni ligereza antrs de la ejecución, ni arrepentimiento después: el voto de censura eru en cumplimiento de un deber satjrado, y á la santidad del úbjeto hablan de hacer justicia el juicio de la nación, el fallo de la historia. La oposición podia esciisar su defensa.

preciso confesar qiie esas manlfestncáones de amigos, ndson muy i propósilo bre un punto tan grave, ¿por qué sostenían al ministerio? Se Jirá que este era un asunto diferente, enhorabuena; pero jamás se puede apoyar á uu gobierno de quien se aesconfia hasta tal ponto y é quien se cree capaz de un alentado; pues atentado seria y pavísimo, el hacer una cosa funesta a| país, á las instituciones y ¿ la conselidaokMi' de la BBonarquia* El dilema no tiene contestación, y preciso es confesar que en este punto la oposición se halla en uu terreno menos dificil. A un ministerio ¿ quien 8e< cree capaz de cosas semejantes,- no se la Dlgitized by Google debe sostener nuQca; los diputados Uenea •1 deber de esforzarse en derribarle: los sefkákOI firmantes le ban creído capaz de ellas, y sin embarfro le han sostenido. Nosotros apenas alcanzamos á esplícar esta nueva anoinalfa, sino apelando a las inoonseeoencías en que incurren' á menudo los hombres. . Quizás pudiera esplicarsc de otro modo la misteriosa iLuuuuilia. Sabido es uue entre los sostenedores del gobierno actual, los hay en no escaso número fjiio no le prestan apovo jMtnpu' lo c reait bueno, sino porcpie consideran imposible su reemplazo por otro que no sea peor; es decir, que se resip;nan á él como a un mal neciísariopara ovitar otros niaynri>< Ku este caso ia inconsecuencia se esl'th a, y aun á primera vista desaparece: ve-■106 (.cÑM harta frecuencia que los hombres surreniin ma! menor para evitar otro mayor, sin que por esto sea licito acusar de inconadraencia lo que solo es eibeto de previsión y cordura. Si;i r^f i * -¡>!i( ¡¡l ion se acojen los nulividuoN de ia mayo; i fii:n;!nl'"í d*' In maniícslaciuu, desde lue^o los damos por siueorados del eargo de inconsecuencia; pero niloiiccN estamos en nuestro dcreclio al consignar lo que por necesidad se inlerina de tales aatecedcnles: «la sitoacion de España ha Uegaiioilal punto, que ya no es posiblo ün buen i:ol)icrn'); la elección ha de ser entre gialo y menos malo, y de estos es aun el BÜBMS malo Qoo de quien se recela 'qne haga cosas funestas al i)a¡s, á las instituciones y á la consolidación de la monarquía. » Consignamos este hecho como una simple conseonéiidé; puéff por nuestra parte lo rechazamos, no sdtDi- pt^simistas, tenemos mas esperanzas sobre el porvenir de la España, tenemos mejor opinión del estado del pais.

Un país en que solo fuesen posibles gobiernos malos, seria un pais de malvados ó de imbéciles. Quien no quiera arrostrar esas dednociones, refógiese en hi mcoDseenencia: nosotros le dejamos gostososaquel triste asilo.. Comoquiera, esta es una nueva fase de* la situación que uo dejara de producir resoltados. En la fraccÍDn que apoyaba el sistema dominante se ha verificado un hecho que manifie^in los gérmenes de división que en su seno se abrigan. Asi, el partido moderado, ya dividido en dos fracciones que se hacen la uif i a mas cruda, ha visto subdi-]ñdirec una de ellas, que aunque cantidad ÍMi^^faima con reacio á la nación, era sin embargo mayoría en el Óíden oficial y legal.

Se ha mostrado que en esa fraccíoji gunos hombrea capaces de seguir en su ef^ rado camino, «n letroeéder por la presendi de abismos; pero que en cambio hay otros, y en no escaso numero, que en llegando a cierto punto dicen boita. Honor ¿ los noUen senlimientos que inspiran semejante conducta; para nosotros es un placer el encontrar la ocasion.de hacer Justicia á nuestros adversarios. Guando los hombres llegan al punto de arrostrar la inronsecuencla cn ciunplimienlo de un deber, no eslan lejosde conocei el errado principio en que estriban: á veces la fiilta-^ lógica es eiéoto de patriotianm; pero en tal caso ya es nuis posible que andando el tiempo, el.putriolismo enderece la lógica. ' Pero dejemos á los individuos de la fMf^ fia, y consideremos la manifestación bajo otro ponto de vista, h. todo iiombre rellexivo, la maoiiestaeion de 4^ hablamos ha debido inspirarle consideraciones bien Irislef. Despues del manifiesto del infante D. Ennque, los diputados amigos del gobierno se creen en la necesidad de reprobar nn proyecto de enlace de la Reina, atdi' andok* las calilicaciones mas duras que calieu en política ¿Dónde estamos? ¿Qué situaem es la nuestra, cuando presennMmos sucesos semejantes? ¿Donde estamos, que hombres graves, amantes del trono de Isabel il. amigos del gobierno, se creen' ^obltgadoffé espresarse de tal nrádo, en un asunto tan delicado, cn que están de por medio la persona de la Reina y sus augustos parientes? ¿Se reflexionó i dónde vamos? ^Se rcflexioi» lo que son para el pais semejan! ¿Se piensa en lo qué espresan, en lo que radican, en lo que anuncian? ¿Se ha hed» atención á todo lo que se dice, a las desa|ñan • dadas alusiones de la prensa? ¿También es nada todo eso? ¿también sou melancólicos soeAos de vüionaríos? f Ah! WteblemfiijiM' la suerte de una nacíon donde lan reoba golpes sufre la monarquía; tend)lemos por la suerte de una nación que asi ve deslustrado el brillo de esa institución tutelar, emblema de sus pasadas glorias, esperan/a de su parvenir; de esa institución que deja de ffcr fuerte si deja de ser esplendorosa; tembleraos por la suerte de la nación. y roguemos élt l'ü \ideneia que salve el trono de San Fernando en la deshecha borrasca r}ue le esta I combatiendo hwe largjÓB aftos, y que amei nata conriiatírie todavía dniaite nima ut^ Olgitized by Google Olgitized by Google ^ Cuando al fijar los ojos sobre taa formidable conjunto de males y pelijíros vemos esas brillantes tiestas en que los nia^'iiates áe la corle o>tentaQ su opulencia; cuando al son de los tambores que anuncian la marcha de un español al patíbulo, olmos responder la música de los conciertos y los uaiirs. nuestro corazón se estrecha de angustia parcciéndonos «pie hay en las actuales circuiistauiias al^ío de terriblemente latidico. Teineriaiiiosenjíafiarnos, si no viésemos que esta con nosotros la conciencia pública.

Ya estamos seguros de que nuestros temores serán acoiridos con desden por los mismos que los inspiran: esto poco importa; no nos (iiri;;inios á ellos sino á la nación: ella presencia lo que pasa. ella auaura el jiorvenir. C;ida dia cpie trascurre nos alirma en nuestras convicciones y nos evidencia la verdad de nuestras doctrinas, porque cada dia nos trae una prueba de la absoluta imposibilidad de (|ue las cosas siíjan el camino por donde se las ipiiere llevar, liemos dicho que no se tuiidaria un gobierno, la esperioncia conlirma nuestra opinión: la descomposición que se observa en el canqni de la política, de cpie es otro ejemplo la manifestación que nos ocupa, y la noticia de nuevos distiirl)i<»s que lia contristado el pais; bé aquí los hechos; en vista de ellos dipse lo que se (pilera, la nación juz^'ará.

Pero volvamos al asunto principal, por mas que In diiiresion no sea inoportuna.

Es de lainenlar (pie haya sido necesario llegar á tales estreñios. y (pie la provocación haya v^-nido de donde menos se debía esperar. ¿Como se quiere (pie el pais se tran(piiltce, (pie los ánimos se calmen, que el trono se robustezca, cuando los que debieran dar ejemplo de cordura se portan de ima manera tan triste? Kl suceso de que hablamos seria para nos(ítros un motivo de júbilo, si sólo atendiésemos á lo presente; I>ero piMisamos en el porvenir de esta nación desventurada, de ese trono tan mal aconsejado, y por lo mismo nos alligequese haya <lc llegar a semejantes escándalos; que escándalo es el (pi(5 un pais entero haya de protestar contra el matrinujnio de la Reina con tal o cual persona. Esto ha sido necesario, convenimos en ello; esto ha sido un gran bien, lo címlesamos; pero la misma necesidad es por si sola un escándalo; pero ese (jmn bieu solo puede llamarse con este nombre, porípie es uu mal que ha evitado I males mucho mii\uit >. Dt^spues de tantos escarmientos, la nación tenia derecho á esperar (jue se procediera con mas circunsj peícion, ya que no con mas celo por el bien del país; desgraciadamente no ha sucedido asi: desgraciadamente se espcrimenta todo lo contrario- ¡ la España es bien infortunada!

:.Momentos hay en <|ue e>peranios (pie se I aprovecharán las lecciones de la espenencia; pero hablando con ingenuidad, esta espe- ' ran/.a va siendo cada dia menor: comenza- ; mos á temer muy seriamente que no se ¡lueda evitiir a la España la triste suerte de «jue nos habla en una de sús obras un hombre de la situación; que solo del esceso del mal pueda salir el remedio. Las circunstancias son complicadas v. infaustas, no lo negamos; las cosas tienen mas culpa (¡ue las personas, es verdad: pero también creemos (pie las personas han contribuido y contribuyen mucho á empeorar las cosas, y que al lado de la culpa de esta, ligura en gran manera la culpa de las personas.

A la Reina Isabel también le toca una parte de la mala suerte que le ha cabido a la nación: sobre las dIstMi ■ i i que precedieron a su nacimiento, i,rienla guerra que acompaño a su infancia y los profundos trastornos con (jue inauguro su mayoría, hay las dilicultades, las complicaciones y los sucesos un tanto revolucionarios, que como siniestros agüeros preceden su matrimonio. Mejor es que los pocos años de la augusta hiuírfana no le permitan comprender bien lo critico de su posición y los azares de su reinado; mejores (|ue no sepa lodo lo que han sufrido, todo lo que sufren, todo lo (jue sufrirán sus pueblos; tampoco podria remediarlo.

El dia en (pie la madurez de los años, las lea-iones de la esperientia y (piizás los infortunios, le hayan revelado las cosas que ahora se ocultan a su inocencia, compense á los |)ueblos con iusticia y bondad lo que los |)ueblos han adelantado con sufriinienlo^ sin medida, con torrentes de sangre. Para entonces no le jiedimos rigor contra 1()S consejeros (pie la hayan engañado: le pedimos indulgencia y olvido; (jue bien serán menestQr para que la indignación soberana no se haga senlir con mucha fue ría. No son solos los pueblos los que saben decir kmta; también lo dicen los reyes. Esperemos que á tiempos tan malos sm-ederan otros mejo- » res; esperemos que terminara por tiu esta época de calamidad, cuyo liisloriodor podrá comenzar como Tácilo: opas adgredior opiinum casibus, alrox pra-lUs, discors seditionibus, ipsa eíiam pace sofvum.

ÜE l.k MAMFeSTACIOM Escrita (D Bwcetuoa el S Je lebrero i» lUt j |HiMk'a<lo m Madrid ti 1 1 dri múaio.

El año <fti6 promete ser fecundo en grandes acontecimientos: a|>cnas habia consumido las dos terceras partes del mes de enero, v nos habia ofrecido va muchos sucesos de la mayor importancia: un manifiesto de un principe de la real familia, una c ¡nspiracion en Gerona, una insurreccionan el Am]>urdan, amagos de disturbios en Barcelona, una manifestación de algunos individuos de la mayoría del Congreso, una crisis ministerial, peligros de un cambio j)rofundo en la situación, y por tin dos soicmni's decliirdciones del ministerio, una por boca do!.SV. Mon para atestiguar a la faz del mundo entero la cordial inteligencia y perlecta conformidad do opiniones entre todos los miembros del gabinete; otra por conducto del general Nanuez, sobre el malí.monio de la Reina. Esto es lo que se llama aprovechar el tiempo. En otras é[)ocas, por ejemplo en las de nuestros pacíficos mayores de los reinados de Fernando VI, Cáríos III V Carlos IV, cada uno de estos sucesos, suponiéndolos posibles, hubiera ocupado la atención del gobierno y del público durante algunos años. Ahora es tanta la curiosidad pública, se la ha escitado y e.stragado de tal modo con la abundancia de alimentos estimulantes, que á cada correo necesita un acontecimiento estruordinarin, si no ha de estar desazonada con su insaciable voracidad. La pren.sa destinada á satisfacerla, siente todas la fuerza de esas inmensas necesidades: si trasmirrcn algunos dias sin alg<ina novedad im|H)rtanle, no falta (piieR la. tinge, con la esperanza de que bastará esperar pocos mas para que la ficción se mas grave y trascedentai que el fingido, haga olvidar la serenidad de la mentira. .No hay prensa en Europa ni en América que en materia de noticias esté mas abunaantementc abastecida que la de España. La inglesa tiene que contentarse meses y años con la cuestión de cereales, alguna novedad de la India ó de los mares de la China, las negociaciones sobre el derecho de visita y los asuntos del Oregon; la francesa se ocupa durante largo tiempo de las pe(|U(}fias intrigas entre Thiers y üuizot, de la indemnización Prichart, y se le dan en vez de los boletines del imperio los parles del mariscal Bougeaud anunciando tremendas victorias, seguidas ya que no de la toma de Viena, de Berlín, de Moscou, al menos de algunas cabezas de ganado lanar y otras especies que largamente se detallan como es de ver en el lugar correspondiente. La prensil espailola, si bien no puede referir los hechos heroicos (lue han menudeado en la última guerra de los siete años, ti<;ne siempre a la mano acontecimientos políticos de la mayor gravedad, que por desgracia van alternando con escenas de sangre. No se trata en Esparta de una mcn intriga ministerial, cuvo resultado haya de ser un simple cambio de nombres o una muy ligera modificación en la política; la cuestión está en si ha de haber una mudanza profunda y absoluta en los hombres y en las cosas; si partidos enteros han de ser proscritos ó no; si las leyes fundamentales han de ser destruidas ó cuando menos reformadas; si la Reina se ha de casar ó no con este ó aquel príncipe; y esto último no se trata en el terreno de la diplomacia, si no á la faz del orbe, haciéndolo como se dice ahora, cuestión de rei^olucion ó parlamcnlo.

¿ Y todavía se dirá que la situación es halagüeña; que el estado de las cosas es satisfactorio; que caminamos á una reorganización, cuando ninguno, absolutamente ninguno, de los grandes problemas pendientes sobre el país esta resuelto, ni lleva camino de resolverse? ¿y se dirá que se gobierna, cuando después de tantos años de par material no se na dado un paso para conquistar la paz moral, y es preciso estar de continuo sobre las armas, si se quiere conservar el orden publico? ¿cuando los negocios presentan cada dia nuevas fases y complicación mas inestricable? ¿ cuando al leconvierta en realidad, óalgun hecho todavía ■ vantarnos por la mañana suele sorprendernos alguna novedad aconlccida en la noche, y oslamos inciertos de si trascurrirá el dia sin que nos sorprenda otra novedad lodavia mayor? Esa rncerlidumbre. esa zozobra, la actual deberia considerarse descompn«.^tx del todo. La división ha sido on una cuestión de parlamento, en una cuestión de gabinete, en una cuestión de nacionalidad: si en un ¿(|ue están indicando? ¿no indican un pro-; punto como este no se halla de acuerdo la tundo malestar, nacido de causas que afectan el corazón de la sociedad española? Solo hombres superiiciales pueden desconocer esta verdad; solo homiires que viven para el dia de hoy sin cuidar del de mañana, pueden contemplar tranquilos ese flujo y reflujo de acontecnnientos que nos afilan y perturban. Desengáñense nuestros hombres de gobierno: esto es la lela de Fenelope, se hace y se deshace de continuo; creen ir adelaulaudo y no advierten que su movimiento es circular, y que vuelven siempre al mismo punto.

Atengámonos _|)or hoy al ruidoso suceso de la maniteslacion de algunos individuos de la mayoría sobre el matrimonio de la Reina, y á la declaración del ministerio; negocio dilicil, (¡ue al decir de los ministeriales, ha lenido un desenlace suave y satisfactorio: convenimos en que esta suavidad ha sido la mayor posible; pero á [K'sar de ella, el desenlace encierra tanta gravedad, es de tamaña trascendencia, (|ue en nuestro concepto ha modilicado profundaineute la situación, preparando otra (]ue no sabemos cual ha de ser; pero si que será muy diferente de la de ahora. Convenimos en lo suave, negamos lo satisfactorio; á no ser que se entienda satisfactorio para la oposición, como diremos en su lugar.

Fijemos los hechos y examinemos sus consecuencias. Los hechos son: la división en el seno de la mayoría; la desconlian/a de una parte de csla con relación á la conducta del ministerio en una cuestión importantísima; la humillación del ministerio ante las exigencias de la mayoría, apoyadas por el voto nacional.

La división en el seno de U mayoría es un hecho evidente; unos lirman la luanifestacion, otros no; ¿cabe linea divisoria mejor marcada?

Ladi\isionno versa sobre una cuestión sectuidaria, sino sobre una de las mas graves del pais; quizás la mas grave de todas, pnr(|uc hasta cierto punto cslau ]>cndientes cic ella todas las demás.

Kn cual(|uiera pais donde el sistema parlamentario tuviese mas signiticacion de la mayoría, ¿en cuál deberia estarlo?

Creemos haber demostrado en el ariirnio. anterior (lue la mamíestacion de los indivi» dúos de la mayoría era un voto de censuni' tanto mas duro, cuanto menos intentado. La dcsccnlianza no podia espresarse de una manera mas signilicutiva; el asunto no podia ser mas grave. Los lirmanles decían: anosolros desconliamos; » los no Armantes ó no desconliaban ono querían manifestar su desconiianza; si unos la abrigaban y otros no, la ' división estaba en el fondo de los sentimientos; si todos desconliaban. la división estaba en la necesidad de manifestarlos; en ambo.s supuestos la división era igualmente mar- ' cada; |>orque en estos casos la cuestión de si se ha de manifestar la desconíianza, es por si sola una gran cuestión publica.

Dígase lo que se quiera, la oposición det Congreso ha salido triunfante en la cuestión del matrimonio: los individuos tirmantes le han dado la razón; y el ministerio, cediendo, ha conlirmado el fallo de los individuos de la mayoría.

¿Que decía la oposición del Congreso? Se agitan intrigas para realizar el enlace de la ' Reina con el conde de Trapani; la nación es- < la inquieta, recelosa del porvenir: el proyectado matrimonio seria funesto al pais, a las instituciones, al trono mismo; es necesario ' que el ministerio se esplique haciendo desaparecer la ansiedad publica. ¿V qué han dicho los individuos de la mayoiia lirmanles de la manifestación? lo mismo; ahí se la encuentra en lodos los periódicos, sin que na- ' die haya osado desmentir su contenido sustancial. La fracción de la mayoría ha dado la razón á la minoría, y el triunfo de esta ha resaltado mas con la misma distancia en que la mayoría se ha mantenido con respecto á la misma. lia habido diferencia por cierto entre la fracción de la mayoría y la minoría; pero esta diferencia no le lia sido á esta menos favorable (]ue la misma semejanza.

La semejanza entre la minoría y la fracción de la mayoría ha consistido en que ambas han dicho: desconfiamos; el peligro es inminente; hablemos para provenirle: la diferencia ha consistido en que la minoría ha que tiene entre nosotros, una mayoría como í dicho: ya que la cuestión es grave, ya que el peligro es inminenle, ya que para prevé- \ confianza, para desvanecer toda sospecJw, nirle es necesario hablar, hableujos en pleno parlamento, venliicnios á los ojos del pais loque al pais interesa; val;íaniouos délos ni(;dios coiisifrnados en las iustiliicionos que nos rigen, para prevenir un mal que á las instituciones afecta; hablemos ohrialmcnic al gobierno de S M., puesto <píe se trata de la suerte del trono y del [wrvenir de la llcina. La Iraccionde la mayoría ha dicho: hablemos y hablemos alto para que la nación nos oiga; descarguemos nuestra conciencia de la res- )onsabilidad que pudiera pesar sobre ella; sepa la nación cuál es nuestro dictamen; sépalo el líobierno; sépalo el trono; pero no promovamos en el seno del parlamento una cuestión que podria dividirnos. ¿Ouién tiene razón, la mayoría ola minoría? ¿quien es mas parlamentario? ¿quién mas conse-, cuente? ¿No hay algo de singular en esa división que se quiere ocultar y que se propala en alta voz? En las columnas de los periridicos ¿hay acaso menos publicidad que en la tribuna dol parlamento?.¿ No hay algo de original en esa unión que se rasga cvando se (juiere salvar, y se pretende salvar cuando se rasga? Cuanto mas rellexionantos sobre este suceso mas nos atirmamos en Ja idea de que es uno de los mas anómalos que se han visto en la historia de ios parlamentos.