ioci.i lai.t t ü.Ni (!\i,:;i(í;í jntr la Oousliliiritm, mieDlras esla a!>aiitl)li.'a a|K)yuha al luinislc- ¡I rio que se inlonlaba di'rrilÜar; tan pronto |l COBU) t>e ba creído con nia> o a)enos l'uudaineato, (|ue este misinu (loaurcso (XMlia ser aruia de guerra contra los luini^trus, se le (lc:»ca conservar y reuniric sit|iiicra por algunos días. Seatnus Trancos: en este punto también nos inclinamos á creer que el gobierno hace de la necesidad virtud: no es un puritanismo constitucional lo uue le lleva á no reunir el Coniireso, yá disolverle luego para convocar nuevas Corles, sino la previsión de las contrariedades que hahria de esperiinenlar en él, y de que le acarrearía complicaciones y eu)í)araz(>s, que bastantes le ira travendu el curso de las cosas, bin que sea menester acelerar la venida de graves conllictos con el calor de las discusiones parlamentarias. N.) discurre tan mal el gobierno; y aumiue en esto consulta sus propios intereses, siquiera están cuni'ornies e>ta vez con lus de ia nación, lu cual linrto sabe lo que podia esperar del actual Congreso de diputados. Sea disuelto en bueu hora, (|ue sobre fe u tumba derramaran lu&dMieyo;» bien |K)cas laKiiuias.
El cargo ma.»;;rave que en la actualidad se hace al ministerio es el que con su condúcta alienta u los mimarquicos, y espone la uacion a la espantable posibilidad de que estos triunfen en las elecciones. I'or mas que discurrimos sobre los actos del gobierno y las palabras de los periódicos (|ue le delieudcu, no alcanzamos a comprender por que se babiá hecho culpable de complicidad electoral en favor de los monárquicos. Es de creer »fuo los cargos que se le diriiíen, no tauto se iciiereii a lo [treseiile. como a lo l'utiiro; son mas bien prevenciones que acusaciones; se le culpa de haber hecho, |>orque DO se ipiiere «jue haga. Se teme (|ue el ¿gobierno deje en libertad a los monárquicos, permitiéndoles que lleven al Congreso el RÚuiero de diputados que buenaumente puedan sacar con su coucuircucia a las urnas; y asi es que ya empiezan las consabidas de* , claoiacioucs sobre lo de reacción, retroceso, y otros temas |)or el estilo; siendo probable que á uo tardar se repartirá en abundancia el apodo de carlistH. V como quiera que por ahora el partido monárquico uo se ba movido aun, a causa de que no esUiiuto disiielto el (.OI; ino|>orluua>, se i» pulpes V luasuoJr lo> i I. para (jiie este repita eclorales de 1841 > I8i5. No sabemos qué conducta observara ííobierno en las inmediatas elecciones; desde luego tenemos por diücil ipie dispense particular protección á los monárquicos; lo mas que nos atrevemos á esperar, y lo úoir co que deseamos, es que aseji^ure la'liherlad de lodos los electores, y no pejmita (jue las autoridades Iratea como ilotas a los que con razón ó sin ella sean llamados carlistas. £1 resultado dirá quién tiene en su apovo la opinión nacional.
Con las inculpaciones de que es objeto el gobierno, coincide la viva polémica que aikgunos periódicos han sostenido con la Lspe-¡anui. No parece sino que ei periódico monárquico está en el banco de ios acusados, Íf que los jueces se hau propuesto mortilicare y contundirle con interminables interrogatorios. Si admite el gobierno representativo, se habla de su arrepentimiento o de sus mañas para alcanzar el triunfo en las elecciones; si se opone á las interpretaciones» con que los parlamentarios falsean ia Constilu-(;ion,.se le acitsa de absolutista. £n vano declara uue quiere cortes, presupuestos, responsabilidad miniateriai, discusión etc. ele; se le contesta que nada ha olvidado ni aprendido. Desengáñese la.Es¡mranza, no tiene otro remedio que abjurar todos ios errores en manos de. su» adversarios, y hacei uua 4>roiesioQ de fe política que no discrepe en un ápice de las doctrinas de los |>eriodicoti (|ue la combaten. La dilicultad estii en que la profesión uo le será posible lui<:erla a gusto de lodos hus adver.sarios, y que los unos Ilamarái) todavía reti%rado lQ;que.los otro.** acusaran de rcvohuionario.
Kn buen hora que cada cual sostenga las teorías políticas que mejor le parecen, y que procure impugnar las de sus adversar ríos como mejor entienda; pero la ju.sticta y la buena fe qxigcu que no se desiiguren las dücJrinas abenas, y n uso de i - ci)r al e.slremo opucM i i u i lo i-f i eu el punto en que nos hallaint E^s evidente que las doctrinas piiliUca.<> uc la Esperanza no son las del Timpo ni las del Espitñol; pero decir que el periódico monárquico es absolutista, que es reaccionario, y que quiere cosas incompatU)les con las necesidades de. la Kspafia actual y el espíritu de IncjKM'a. nu es justo: esto revela una intolerancia nada favorahle á la tcniplan'/.n du la discusión, y;il ariaigr» de las inslilui iones y coslunilires [mlilicas (juc se (|uieren defender. Si en la linca <juc separa los dos es-Iremos, el absolutismo y la república, no se pueden esco^'er dilerenles puntos, ¿a «jué se redurirá la discusión política en los países repidos jmr íiohiernos representalivos"? Con tal (pie no se fallo a las leyes vigentes, ¿no Kera (lennilido sostenía la conveniencia o la •ecesidad de inter[)retarlas en sentido mas riguroso ó mds lato, según los respectivos prin(i|>iosdo los contendientes? Y esta discrepancia en la interpretación ¿autoriza por ▼entura á llamar partido ilegilimo á ninguno de los (pie toman parte en los debates? \ la víspera de unas elecciones generales, cuando es tan reciente la memoria de los amaños y \iolencias de las elecciones anteriores, ¿es justo, es generoso, es tolerante el declamar contra el gobierno por la soñada protección a un partido tli'fjUimo?
Ksto ()<>r estraño (¡ue sea, no nos sorprende; liace mucho tiempo (pie liemos aprendido }Kir las lecciones déla esperiencia, lo (pie valen las protestas de liberalismo, y legalidad y tolerancia, cuando se las {»one á prueba. (!ada ctial las entiende á su modo; es decir, en cuanto le favorecen los intereses de su partido: (pie en viéndose estos contranados o en peligro de serlo, el lilieralismo se convierte en despotismo, la legalidad en violencia, la tolerancia en opresión.
Atendidos los antcícedentes de los hom^- hres íjHe están en el gobierno, recelaríamos (|ue se dejaran asustar por estas declamaciones, si la exageración que en ellas rebosa, DO destruyese en buena narle el efecto Íue se intenta producir. Al leer el artiriilo el Tiempo, en su número del ¿i, donde se trata á los monárquicos con una dureza y acritud que por cierto no merecia el t(mo templado y cortés de la Ksjteranza; al notar como se procura afear la conducta del gobierno, casi tratándole de cómplice en una reacción carlista, lemiamos (pie algunas de a(|uellas rellexioncs, aunque infundadas, pudiesen (pii/a ejercer inlUiencia en el ánimo de los gobernantes, é impelerlos hacia el mal camino por donde se los (piiere llevar; pero cuando después de tantos y tan tremendos cargos, llegamos al fin del artículo y vimos la consecuencia que se proponia sacar el escritor, nos quedamos tranquilo.'^, Iy nos pareció que el articulo llevaba la contestación inii> nuuplida en su propia exageración.
He aijui las palabras literales: «/'or eonsignieiite, el editor inoraimente respmüték de esos artículos de los diarios absol» fistos, es ni mas ni mems (¡ue el ifohicrtio mismo." Cuando tropieza un(» con exageraci(mcs semejantes la sonris;i asoma en los labios y la causa queda juzgada.
Madrid Sitrjaniodr l»;< Kspaña y l'ortugal son dos naciones que parecen destinadas a formar una sola,.\jntgar por el mapa, no se encu(?ntra ninguna razón plausible ponpie hayamos de vivir separados..No nos divide ninguna cordillera, ningún rio; sus numtañas son prolongación de las nuestras; sus rios son continuación de los nuestros. Ceñimos á Portugal por el.Norte, por el Oriente, y por el Mediodia: ai contemplar aipiella zona que constituye el vecino reino, nadie sospecharía (pie fuese un ¡)ais independiente, antes la tendría por umi de las provÍDcias españolas. Con mas facilidad se comprendiera (¡ue no perlene<'iescu a la España las provincias Vascongadas, la Navarra, el alto Aragón y el principado I de Cataluña: s¡(juiera encontramos alii nna frontera natural en las márgenes del Ebro.
El gran pecado de los reinados de Felipe 111 y Felipe IV es el no haber consolidado la conquista de Portugal hecha por las armas de Felipe 11 bajo el mando del ilustre du(|ue de Alba: ahora estamos reducido> a votos estériles para la consecución del mas grande objeto que jamas se ofreciera a j la nacionalidad de los pueblos iberos. La imprevisión, la desidia, la flojedad del gobierno hicieron que se perdiese aquella preciosa joya, con la cual era la península uno de los reinos mejor situados de Europa. El Piríneo como una muralla para resguardarnos de las invasiones de la Francia, y como un puente por donde pu<liéranios amenazarla; el Océano al.Norte y al Poniente con escelenlcs ventajas tanto para la marina militar como ¡»ara la mercante; al Oriente y al Mediodia el.Mediterráneo para estar en'co- HiuiiK-acion cüu el Levante y el Afri*'»: y Hor lin, Ceuta y (iibrallar qm; nos hiicinii dueños de las llaves del Mediterráneo y del Océano. ¡Que diferencia entre lo que fuimos y io que somos! Al considerar la dilatada «érie de errores que nos han conducido á leoH'jaiite estado, privándonos de un porve- BÍf-que indudahiemente hubiera debido ser Blas poderoso y brillante que el de la Inglaterra, la tristeza embarca el corazón, y es dilit il no indignarse contra los autores de tanta des^ra<'ia.
Forlu;<al lejos de ser una nación |>o<ierosa e indejiendiente, está enlrefíado por una parle a la triste alternativa de la ananpita o el despotismo; y por otra, gime esclava bajo eiyujíode la Inulalerra; siendo lo mas lamentable, el /pie M(í puede consolarse de su estado presente con la esf>eranza de mejor porvenir. ¡ Desventurado pais condenado á ser juítuete de las intrifías estrangeras y victima de la discordia civil! ¡desgraciado pais, que en medio de sus males no puede contar con aquellos recursos que ofrece un territorio vasto y una población numerosa; r y que ha de sentir ahorrados sus arranques ¡' de nacionalidad con la convicción de su impotencia!
Un reino como Portugal, solo podia conser • I florecienle, gii.i rilando muy unida y t i la su nacionalidad, esa nac ionalidad que guio á Vasco de Gama al descubrimiento de nuevos mundos, é inspiró á Cn- l moen.s. Desde el momento en que permitía I la relajación de los vínculos interiores, es- I taba perdido para sienq)re; su porvenir era el de, ser una colonia inglesa, si no tuviese la fortuna de ser absorludo por ia lispaña.
Desgraciadamente, estas dos naciones ion parejas en su ráj>ida decadencia ' i! nMiinos siglos. La España no acertó a « liar su conquista; el Portugal no se aproveciió de su independencia. Ambas vivieron con la espalda vuelta ¿ la Kuropa: | ricas de oro y de recuerdos gloriosos se olvidaron de su porvenir; y cuando ipiisieron entrar en el movimiento europeo lo hicieron con el raquítico íilosotismo del mar(|ues de i'ombal y del conde de Aranda. La revolución franepsa vino bien pronto á sacudir el letargo de losgabinetesde Madrid y LLsboa; KMOi«stc era lan profundo que npi-nas bas- ItiMÓ disiparle el espectáculo del suplicio del rey y los bramidos del volcan qu« der- | raniaba su ardiente lava \m todo el continen- ' te; fue necesario que sq prtAlllítisc n a la cabeza de un ejército Junol en Lisl)on, y Mural en Madrid.
Arrojadas de |a península la huestes <le Napoleón, la infeliz Lusilania volvió á reanudar sus tradiciones de ilojedad y desgobierno, mezclándolas torpí'iiienle con las ideas impías y anárquicas del siglo WIII. Para colmo de iiilortunio, se introdujo la discordia en la familia real, v lucharon her-r • manos con hermanos. La muerte, del rey Fernando sorprendió a D..Miguel y A D. Pedro peleando bajo los muros de Lisboa: bien pronto se ligaron las causas que lenian sim* palias intereses comunes: y fueron espulsados de Portugal a un mismo tiempo dou Miguel y D. Carlos. » Sea lo que fuere de las cualidades |>ersonales de D. Miguel, lo cierto es que se habia agru])ado alrededor suyo lo que podia llamarse el Portugal antiguo; loque fueron en España los carlistas, eran en Portuual los migiielistns: con el triunfo de doña Mana de la (íloria, se vieron arrumbados todos los elementos antiguos, y quedaron los nuevos esclusivamenle dueños del cam(K). Entre estos dominaba la revolución; y no era dilicil prever que no se dejaría sujuxgar j>or la voluntad de una corlti levantada sobiv los paveses de la libertad. Hallóse el trono do doña María de la (iloria entre dos enemigos formidables; bien que al.:¿unos hombres vanos, se hicieron la ilusión de ({ue su frágil mano sería dique ba.^tnnle |M)de> roso para contener el torrente (|ue amenazaba desbordarse en dos direcciones opueslasr Tna solución se ofrecía para robustecer la nacionalidad portuguesa, y constituir un gobierno estable y fuerte; y era una alianza entre lo antiguo y lo nuevo, simbolizada en la rcconcilincion de la real famílin« Por motivos que ahora no es del caso recordar, no se verilicá el enlace entre D. Miguel y doña.María de la (iloria; y desde entonces csla princesa contó por enemigo a todo el partido monárquico, viéndose por otra parle precisada á ofender al partido de la revolución, si ipiería contener algún tanto sus desmanes, inclinándose á los princicipios de orden, hacía los ijue lodo gobierno )>ropendc por irresistible necesidad. Los unos la llamaron usurpruiora." los otros opresora e ingrata; doce años han transcurrido desde su com|)leto triunfo; y la anarquía det vora todavía aquel infortunado pais: la reac- * ciüii <>n pos de la rOTMNhm, la revolDcion cu nos de la reacción, hé aquí su historia. Vfdle ahora mismo sumido en el caos mas espantoso, corriendo ta san¿;re del pueblo y del ejército; y el cetro y la diadema de doña Mana, judíele de las turbas en las calles de Lislioa.
l>os aconlecimicnlos de Porlujíal llaman vivamente la atención de los hombres politicos de España; porque se ha observado que cst<»s dos paises nacidos para ser nno solh, simpulizaii en el bien y en el mal, se jwirecen a aquellas organí/acioncs que una monstruosidad ha hecho dobles; pero (¡ue c(mserva;i un tronco común |>or donde se comunican reciprocamente sus afecciones y dolencias. Nosotros nun(|ue no desconocemos el peligro. nos ocupamos poco de el; mas bien uuela gravedad d<'l heclw en si mismo, absorbe nuestra atención la triste claridad del anuncio.
So ha dicho (pie la Fspaíia y Portugal se hallaban en una situación.semejante; esto no es exacto: Portugal se halla en la situación en <}ue nos hallaremos irremisiblemente nosotros, si se consuma el funesto desi¡ínio de casar a la Reina Isabel, desoyendo la opinión del pais, y no atendiendo a lo qoe ivclaman en alta voz los intereses de la nación, del trono y de la dinastía reinante: en la historia de Porlujíal está escrito nuestro fiorvenir.
¡Coincidencia notable! los acontecimientos del vecino reino estallan en el monuMito misino en que no falta quien agita en Madrid el proyecto del casamiento de la Reina con un principe Coburgo. Parece que la Providencia ha querido que los hombres ciegos que abrigan un designio semejante, tengan a la vista un espectáculo del porvenir que le preparan ala Esparta. ¿Y quien sabe si este pudiera ser mas triste todavía del que está sufriendo el Portugal? Hay entre los dos paises «na diferencia que importa mucho no olvidar: porque en ella se puede hindar la previsión de (¡ue nuestro porvenir seria mucho mas complicado, mucho mas terrible, mucho mas irn'inediable ípie el de Portugal, si se cometiese un desacierto en el matrimonio de la Reina.
En Portugal no hay mas que un pretendiente á la corona, y este se halla bastante desconceptuado aun eiitr»- mis mismos parno: 0.9 un hombre solo, y^Hw |K>r los acontecimientos. Muy al contrario socede en España. El casamiento de la Reina con un ('omirgo e<piivale á un cambio de dinastía: es la esciusion de toda la familia de los Borbones en la cual se cuentan muchos principes en la flor de sus años, y que se verían condenados a la triste alternativa de vivir para siempre en la oscuridad 6 en el destierro, ó de perturbar el reposo <le su patria. Con los odios, los rencores, la cva^pcricicm de los j)arlidos, ¿qué conliii.-> iicia8 ma-< fatales no se podrían ofrecer jMrn tentar la ambición de unos, satisfacer el resenliiniento de oíros y arrojar al país teas incendiarias que provocasen conllagiacioneíi espantosas? Para prever semejantes acontecimieiilos. ¿es necesario por venltira o\ ser iroleta? ¿acaso no bastan las lección i'> de la listoria y de la esperiencia, ó el simple conocimiento del cora/on humano? Pero ¿que decimos: ¿se necesita mas ipK- dar una mirarla a lo que tenemos á nuestro alrededor, á lo que estamos viendo y palpando? ¿se necesita masque el aciago presentimiento de la nación entera? y Esta es la lección (|ue debemos sacar de I los acontecimientos de Portugal: en ellos podemos leer nuestra historia de los aftos venideros, si no se procede con mucha circunspección en el negocio del enlace de Ift Reina. Allí una princesa joven, aqni una princesa mas joven todavía; alli una Carta reslaunuia, arpii una Constitución refomitda; alli mandando un partido (pie se llama de la inteligencia, del orden y<le la libertad; a(|ui mandando otro partido que se engalana con los mismos nombres; allí «n gobierno que se apellidaba enérgico en defensa del ornen, prudenleinente activo en el sendero de las reformas, aqui otros gobiernos que ostentan idénticas pretensiones; allí un ejército linnemenle adherido álos gobernantes, aqui ministerios que se hnn jactado de la misma \entajn: allí el partido monanjuico postergado, abatido, tachado de fanático, ignorante y conspirador contra el trono y las instituciones, aipii otro partido monán|UÍco, blanco de inculpaciones semejantes; allí el partido revolucionario acusando de traidor al gobierno y á sus sostenedores, y recordando Á Doña.Maria de la (i loria la sangre vertida por &u trono en la guerra conira 1). Miguel, aqui el tidarios, por la condm ta (pie observe) cuan- I partido progresista acusando al moderado de do los sucesos le hablan colocado en el tro- ■ apostata, de enemigo de la libertad, de irei- I dor á las instiliiciones, do opreíwrde los puehlds, recordaTííln inccsanlenieiiíe á la Reina Isabel la snnjire de los patriólas derramada e& la cuprra contra Don (darlos. ¿(Juc lalta piva que el parangón sea de lodo punto «MU», V no haya la mas ligera discrepancia? Una cosa, una sola cosa; el casamiento de la Reina Isabel con un princiiie Cohurgo. Si esto se verifica, envidianios la serenidad de los que osen echar al porvenir una mirada Iranfpiiia; nosotros no nos atrevemos á niirarle siquiera: le volvemos la espalda, v prelerinios levantar los ojos al ciclo invocando sobre nuestra desventurada patria la bondad de la Providencia.
(leí lodivuiuo iuíluvetili' DE LA üPOSinON CONSEIlVADÜllA, Uailnil 10 úi- jiiníii >ti' ttit.
Los periódicos de la oi)os¡cion cooscrvadora han publicado una Míinorin un in dieiduo iujluiienle df aquel partido se ha cisío en el raso dr escribir. Según parece por la solemni<lad de la |)ublicac¡on, y ujas todavía por las noticias que últimamente han tin uladü sobre negociaciones de cambio ministerial, elaiso habrá sido grave. Como quiera, la antigua minoría lia lomado esta Memoria por un programa. con arreglo al cual habrían tenido que gobernar sus hombre», si hubiesen obtenido la confianza de la corona.
Animada polémica ha suscitado en la prensa de la corte el documento que nos ocupa, llegando algunos periódicos á manifttlw una indignación que no creyéramos debiera escitarles una cosa tan inofensiva. Sea cual lucre el objeto con (pjc la Memoria haya sido escrita y publicada, sean cuales fueren las circunstancias que hayan dado ongeu u un paM» tan singular, estamo.s profuDdameule convencidos de que sus efectos aeran nulos cuando menos; y aun parece muv probable que ha de acarrear grave pcrjuicioa la misma oposición conservadora Hablando ingenuamente, creíamos (pie el autor de la Memoria tenia mas habilidad: la publicación del documento nos ha desenga« fiado. Quien ha de acaudillar un partido, debe conocer los puntos flacos de sus doctrinas. Cuando un sÍAtema es vago y débil no puede ser presentado con precisión: semejante empeño hace resaltar su vaguedad y pone de maniiieslo su flaqueza. La oposición conservadora ha cometido con esto una falta; ha empeorado notablemente su sitúa** ciun. Defendida hábilmente por dos periódicos, sosteuiendo continuas escaramuzas, cambiando sin cesar de posición, ora atacando á >us adversarios, ora rechazando los ataques, dejaba en el ánimo de los lectores cierta oscuridad y confusión, <jue eran sumamente provechosas á un partido cuyo secreto uriucqMd habia de ser ocultar su pro«i pia debilidad. Tan vi\o y sostenido ha llega> do a.ser algunas veces el fuego de pequeños dcslacamento>, ipie ha podido dudarse si tras de ellos eslal>a un grande ejército apoyado en fuertes plazas é inatacables rcduGtüs: desgraciadamente, el gefe no ha comprendido esta |)osicion y ha (|ucrí(io presentarse en primera linea desplegando su bandera, y mostrando con toda claridad los medios de que dispunia para sacarla viclorio.sa. El resultado ha sido funesto; en vez de iin programa, creemos que ba hecho un epitafio.
La.Menioria se distingue por sus pretensiones a la grave severidad que debe caracterizar los escritos de los hombres de estado. El estilo en general es frió y desnudo: en esto también se ha cometido una falta: la desnudez solo pueden sufrirla los conceptos robustos: cuaniio estos son débiles, conviene cubrirlos mañosamente y ^in afectación, con abundante ropaje de palabras.
La Memoria comienza protestando que do se trata de censurar ni juzgar a los ministerios anteriores; y a renglón seguido falla á la protesta, haciéndolos los mas graves cargos que se han dirigido jamás á ministerio alguno. Política a la vez violenta y débil, demasiado obsequiosa ante una potencia estrangera; política (pie desconfía de las instituciones del país, esclusiva respecto a las personas, harto cuidadosa del poder ministerial, bien poco interesada en la dignidad del trono, inactiva para los negocios, poco celosa de los intereses comunes, que ha dejado caer sobre la corona todo el mal consiguiente a una candidatura impopular; polilica (|ue ha exagerado su acción hasta lUivaruos á un verdadero peli^rro: polilica cuyos resultados han sido matar la le en la permanencia de las instituciones, la disolucioQ del partido njoderado i\\\v antes se hallaba comíselo. la actitud amenazadora de los |>arlidos estreñios <|ueante>eran impotentes, el no estar á cubierto como deliieran en la opinión publica el trono y la familia real; una insurrección, la cual pudo ser muy seria, la jíosibilidad de que ha< iendo las elecciones bajo su iullujo, puestas en juego las pasiones de todas ciases. salga de las urnas \in parlamento revolucionario; por lin el desaliento en lodos los espíritus, el ¡leligro en todas las conciencias; esta es la política que se atribuye á los ministerios, que no se trata de censurar ni de juzgar. Si esto RO es juicio y censura. no comprendemos el significado de tales palabras.
El autor de la Memoria no ha echado de ver (|ue bajo el aspecto histórico, el párrafo en que se describe la verdad de la situación, encierra tantas inexactitudes como palabras. No parece sino que los males de Kspaña (latan solo de dos años; y (jue antes nos hallábamos en un estado tan normal. monárquico y parlamentario, como puede serlo el de Inglaterra. Analicemos el párrafo en cuestión.
<«E1 trono y la familia real eslabón á cubierto, y hoy no lo eslan tanto como debieran en la o()¡nion pública. Kl eslnlmn ¿a (¡ué época se leliere? Suponemos que no se habla de la época de Fcrnauílo llama<la utnhiosa: y que en este concepto la.Memoria se limita á una parte del tiempo trascurrido desde la muerte del Rey. P«r mas que cavilemos no alcanzamos á recordar cuándo ha sucedido que el trono y la familia real hayan estado á cubierto. Durante la goberna- i clon de la Reina.Madre, esta augusta señora I fmbücó tantos maniliestos como exigieron as circunstancias; y tales y tan o|)ueslas I cosas se decian en ellos, que no eran lo mas á propósito (lara dejar á cubierto á ta real persona. En su nombre habló (]ea Bermudez; en su nombre habló Martinez de la Rosa; en su nombre habió el motín de la (íranja. La augusta persona estaba tan a cubierto, (jue después de mil catástrofes se vió echa- i da ^lel reino en las jilayas de Valencia. I Desde 1840 hasta I84H las jicrsonas reales, íjuc permanecieron en Palacio estaban á cubierto, ponjue las resguaniaba su inocencia; | pcru la nciua CrisUu^ lejos de chilar ú cu- ' bierto, aun después de estar refugiada el palacio de Courcelles, fue continuo obj^ to de violentas invectivas. El soldado de fortuna que se habia cubierto cou la iuviolabi>-lidad constitucional, y ({ue ejcrcia las luncioiies de monarca, eslul>a (au a cubierto (X)nu) es do ver eu I<js artículos y caricaturas de los periódicos moderados de aquella e|)ocr, y como lo atestigua el haber tenido que salvarse a bordo del Malabar, l'or lin, desde 1843 hasta el |>iosenle, el trono ba estado tan á cubierto como ha debido esUMi* en una época que se inaugura con el suceso de Ulozaga y se cierra con el negocio de Trápani. En la inauguración, la veracidad de la Reina esta (uiosla en duda en |>leno parlamento. En el final, la Reina Madn> se vé precisada a defenderse en las coliiiiinas de los pcri()dicos por medio de su secretario particular el señor I). Aiifouio María Habió.
uCreíasc (|ue las instituciones en que el lodo.r monán|uico ocupa el lugar preferente labian de ser una verdad, y noy no se tiene fe en su pornianencia.» También desearíamos saber cuando han sido una verdad las instituciones, y si es muy recionte la falla de fe en su permanencia. Vamos a los hechos que es nuestro terreno favorito.
La historia de las instituciones verdad, ha sido la siguiente. El Estatuto Real se inauguró después de las rej)n'senlaciones délos generales Llauder y (Jue.<ada; sus cortes se abrieron bajo el puñal de los asesinos que regaron de sangre los templos y ias otiles de.Madrid. y.se cenaron bajo los mismos puñales ase.sinos amenazando el pecho del Sr..Martínez de la Rosa, entonces ministro de Estado y presidente <lel eonsejo; por fin, el Estatuto cayó entre las llamas de los convenios de toda España. la muerte o la fuga de los religiosos, y la anarquía de las juntas de <s:i;i.
El proyecto de reforma del Eslatulo nació bajo la dictadura ministerial de MeudizAbal, lro[>ezo con la dictadura ininislerini de fsturiz, y se hundió con la prof;i de la regia cámara y el paseo por ta-- i a. > de Madrid do los miembros |talpilanles del infortunado Quesada.
Aqui comienza la Constitución del aík> 48( de esta nace la Cousliluciun de M. msfTMlt en el momento de publicarse, |)or la espada de los oficiales de Espartero en el |)ueblode Aravaca.
Las iostiludoBeft-vordud sigueo «u Iriunfanto bajo la protección del general ¿••m ejércitos reunidos, qne les presta su 9fo\o con los manifiestos del Mas de las Ma - tas y de Barcelona.
La época de tKiO á i3 realiza las instilu- •fcliJCJt-verdad comenzando por el embarque de la Reina (tolwrnadora en Valencia \ acabando por el embarque del Regente en el puerto (Ip Santa María.
Ocsdp á tsitt las instituciones- verdfld se pcrsonili; an en el ministerio I.opez que pisa la (ionsliliK'ion disolviendo el Senado y haciendo todo cuanto bien le parece; e« el ministerio Olozaga que da lupar á un esrandalnso nronfecimieuin; en el tiiinisterio (Ion/ale/ IJiabo (|Uf» se arroga la mas amplia dictadura; en el ministerio Narvae?,, modelo de templanza y legalidad; en el ministerio Miraflores que cae, a pesar de tener el asentimiento de los cuerpos colegisladores; en o\ segundo ministerio Narvaez que publica su fniufeío manifiesto suspendiendo la í'onstitucion y tomando por si y ante si cuantas medidas creyó convenientes; y por lin, en el ministerio Isturiz que habiendo llegado á un campo de Inntas ruinas, se ha sentado en medio de ellas, y en acliliid irampiila y silenciosa, parece que está medil^indo sobre la vanidad de las cosas himianas, y muy particularmente de la»; instituciones-verdad.
«Kl partido moderado se hallaba compacto y hoy se halla disuelto,» ¿(luándo se hallaba compacto? Si mal no reconlamos, el purilaniíimo constitucional se ha nianilestado en todas las epoeas en que el partido moderado ha sido dueño del poder. Durante la regenria de Kspartero, el jtartido moderado se hallaba ciertamente compacto, como lo ^an todos los <*nerpos sometidos á una presión poderosa. Cuando esta ha eesadó, el parliflo moderado se ha disuelto por sí mismo.- la disolución estaba en su seno: no es el gobierno quien se la ha comunicado; por el contrario, él es quien ha disuelto al gobierno. y disolverá á cuantos- se establezcan csclusivaniente sobre sus hombres y doctrinas.
«Los partidos estreinos eran impotentes, y hoy anjenazany nos desbordan.»» Los partidos estreiiios son el carlista y el progresista; veamos cuál fue la época de su impotencia. ¿Kra imnoienle el partido carlista cuando lo< deslncamenlos de Cabrera estaban en el centro de Castilla la Nueva, y para contener á las fuerzas de las provini í;i«- \ ¡ congadas era necesario iin ejercito de mas 1 de cien mil hombres? ¿Era impotente el par- I tido progresista cuando echaba a la Reina GcP' bernadora, deslifuia á todos los empleados, ¡ dispersaba al partido moderado como un puj nado de polvo, sofocaba la insurrección de I octubre, hacia la revolución centralista, i amenazaba bajo la dirección de TMózaga, y ' se levantaba en Alicante y Cartagena? ¿Eran impotentes los carlistas V los progresistas, cufindo tomaban parí»' (íii el pronunciamiento de lH.i:t, y ayudaban á los moderados para derribar á Es()artero?
¿.\ qué época se refiere el autor de la Memona? ¿I) ' -ta ese punto de partida en ' ¡ el nial ei.iin lan leliVes, y desde donde hemos venido á parar á ese cumulo de desj gracias? La verdad de la situación está pini*»-' tada en algunas [lartes con exactitud; pero el punto de partida es meramente ideal. Hay ahora lo que ha habido siempre desde la muerte <le Fernando; y en obsequio de la imparcialidad es menester confesar. que con relación a ciertos periodos anteriores, I algunos males lejos de aumentar han dismi- I nuido. Nuestra situación es triste, deploraii ble. peligrosa; el autor de la Memoria tiene ¡ razón: pero las causas no se hallan pre- I cisamente en la conducta de estos ó de aque-;»»' I líos hombres: son mas profundas. están en la raiz de las cosas: cuando el autor de la Memoria las señala tan superliciales, nos parece ver á un hombre que atribuye á esj cesos de régimen las convulsiones tíe un eni fermo de quien se sabe (pie ha tomado un violento veneno.
Examinemos los principids de sistema y de conducta, que según lu Memoria deberla ♦ adoptar el nuevo gabinete.
«Mabrlase antes que todo de poner enteramente á cubierto al trono y á la real fa-I inilia. Es necesario que la responsabilidad I de cuanto se haga pese sobre el ministerio.» I ¿Cómo se hace este milagro? ¿Se trata de I responsabilidad legal? Nadie pensará en e\i- II girla al trono v á la real familia, cuando I desde IM3;i níidie la exige á los ministros,! no obstante el largo abuso que casi todos I han hecho de sus facultades. ¿Se trata de la ' responsabilidad moral? Entonces ¿cómo se logra que los periódicos ó la» opinión pública no la hagan pesar sobre otras pe • > l'ara esto, dice la Memoria, es indi,11,ii ble que el ministerio tenga una plena con-' lianza (pie nadie pueda poner en duda: sea ■ Digitizcd by Google én hucn hora, este es un deseo muy natural en candidatos ministeriales; pero la dilicullad está en realizarle, y en (pie iflimas el público le crea realizado. ¿Como cvila el que se hable de jioderes ocullos, de influencia de camarilla, de real prediiercton por estos ó a(|uclios minislms, osle o aquel sistema, de ílivision en el seno del gabinete, de discordia entre los individuos influyentes, de intri^'as para nuevas combinaciones y sobre todo de crísis'í Dice la.Memoria: «Ál palacio no han de subir sino adnriiciones: » nosotros no somos tan monár(]uicos. Al pal.iyio, diriamos.no han de subir sino respetuosas verdades. Las adoraciones van envueltas en una nube de incienso que desvanece y ciega á los ídolos. Las adoraciones á Dios; a los reyes la verdad.