SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Spanish

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El corregidor de Madrid lo ha dicho con uiuclia verdad en su notable alocución: el sentimiento de nacionalidad, el amor de los Lijos de España á su religión, á sus monarcas y á sus leyes: hé aqiii las causas del líívanlamienlo'de 1808; lié aqni el secreto <de que el pueblo de Madrid, inerme, abandonado á la desgracia, volviese de su letargo, y desi)reciando tas falaces ofertas de felicidad y de ventura de sus opresores, puesitos los ojos«n la Providencia, se alzase valiente á resistir ta odiosa dominación de las ihayonclas estrangcras. Estas fueron las verdaderas causas, las únicas causas de aquel ^glorioso levantamiento: vive todavia la generación que lomó parte en aquella lucha inmortal, y ella nos atestigua que la España se lair/ó á la arena del combate al mágico grito de Religión, Rey, Patria c Independencia; y auníiuc su teijtimonio no existiera, nodriamos asegurar lo mismo; puesto (pie los sagrados objetos qtie se Invocaban eran ios imicos que conocian los españoles.

Vencimos á.Napoleón, salvamos la independencia; pero las naciones no viven de independencia ni de victorias; necesitan un gobierno, y desgraciadamente se combinaron varias causas para que no le tuviéramos. (Ion el sacudimiento de i808 vía continuación de la guerra hasta l8(.t,nos pusimos en comunicación con ta Europa, de la cual hal)iamos estado casi sep- ' por espacio de tres siglos: precisamchi. ¡i inmediata comunicación fue con la Francia, donde las doctrinas disolventes hablan síjIo llegadas hasta la última exageración; v asi ¡ lejos de enseñársenos principios de orden y de mejoras gubernativas, se nos inocularon máximas de anarípiia y desconcierto. Todavia se leen con asombro los discursos de las (lórtes constituyentes y los artículos de los ) pcriódiQos de aquella época, en (jue algunps docenas de hombres alucinados de una manera deplorable, sostenían con estraña sere-' nidad la conveniencia de la aplicación de doctrinas ultra-democráticas al gobierno dv» la nación mas inouanpiica del globo, v que en atpiellos momentos estaba peleando coa nunca visto denuedo por su religión y por su rev.

La míluencia de las doctrinas disolv * ' debia ser contrariada por la inonai m...dosgraciadamenle, la flojedad, el desconcierto, los malos hábitos que se habían arraigado en España en los años anteriores al (le I80H, lejos de disminuir el ni<il, contribuyeron a su aumento. No tuvimos un monarca que supiese levantarse á la altura de las circunstancias, que comprendiese á la nación que le estaba encomendada, ni á In Europa de la cual formábamos parle; ¿(|ué sucedió? ¡triste es decirio! ningún pensamiento grande, ninguna medida nacional, una política pequeña, á merced de las intrigas, nunca delante, siempre á remolque de los acontecimientos. De aquí el desgobierno que tuvimos desde á 1830; du aquí la anarquía desde 1890 á 4833; de a(pií las exageraciones, el esclusivismo, la: imprevisión hasta 4 8.'{ 2- de aquí por fin el i triste legado de una guerra civil, de una re- Ivotucion, de un profundo dcsquiciamienlo que nos aflige todavía, y que nos afligirá durante muchos años. ¡Se clama por la unión! ¿y cuándo han estado unidos los hombres existiendo podembas cau^s t|uc proUuceu la desimiuti? ¿CttéiNt w Jm visto eii )>a/. á los pttehlos monárqniros. fii;in<ln la di-^rdríüa comeu;¿a(lo ea el régio alcázar? Vanas duclaiiaoioiK^«eHhi cnanto se diga conlra lu desunión, si no se quilan las causas que.eter-«izan la discordia. Los españoles no Inrmnii i>«;¿^«iuiculc uoa eaicepciua eulrc los pue-Msf «hriitzados: éi'Wm»rm^ hiliBtaaVsDi i iiias anán|uicas, ni naestres pechos mag reocorosüs: si Imv (ipsuninn, si Iiav disrordia, si se üi r.aiua sati.^re, es porque evistca causas y;rave». gravísimas, que perpetúan la división eiilrc los hijos éa una niisiita patria.

Poco ceraUada deberán de producir las exhortaciones de anión y de pasque hemos Ttíido eu;i¡í:iiiios pcrliKÍlcos; coincide con eUaa la saojjnenla liataila de Saoliago en qae eemeaáras de esptinies han quedado tendidos en el campo: cobciden nmel estampido del canon del Parque las dosrnrííis en (pie son arcabuceados doce inililaros españoles; coIncideR los lamentos de mochas familias cuvos hijos irán á espiar en tierras lejanas cJ delito de rebelión; coinciden k\< sentidas quejas de los que por sospechas <» pcecaucion habian sido presos d desterrados en Madrid y en nuich;is provim ia' coincide la exasperación con que los ()ai- Mos se abapdonan á violentas recrimmacíones; coincide la inminente resolución de un problema de que podrá resultar <! que se haga mas pruíunda que nunca l i áiswiiott 4e ke espafitles, y el que sean privados de toda iniluencia en los n0gfM;ios púldicos losíjue no pertenc/.can a la pcqueíiisima Tracción que se atreva a pre>ciiidir del seolioMento de nacionalidad, y a olvidar el |)orvenir dr (jtiiiice niillóiics de españoles. ¿Gomo pueden encontrar eco las palabras de unión? ¿Cómo pueden ser otra OMi qoe voces eaerítas, ea euyo signilicado no tienen n> ni escritores ni lectores? Xo, no es posible lu uuiou en Espaiia, niioulras el queJa predica entienda por ella Ui obe- (iiencia de todos los demás á io que él se sirva mandarles; y el sacrilicio de las opiniones, de los intereses de umchos, a ias opiniones é ¡■leraBes4e los pocos: no, no es posililc la unión, no es posible la paz mientras para consolidarla no se empleen mcd¡( mas lelicaces. La sangre vertida a toneutcs QftJha podido impedir que.se la verlieio de MWf»«BÍas etttit do Smiiga; y este eiÉlllo de ccnlcaaie^ de españoles uo evu, tHé qÉHi4»iéÍBeordta venga exif^iendo mo^ Ivas victimas. \ »'>t:!«; lini es prohalíN' (¡ue los que bao podido salvarse de la cala-strule de (falicia, y sus directores en lo interior estertor, atribuyen a circunstancias ¡u}pri>t^ vistas el lialitTse des};ríiciado la iusnncr- ¡I cion, y couú)iuan de uuevo sus planes par¡^ tvpetir la tentativa. I ¿Se harán ilusión nuestros fiobernaiites Í" rnrt 1 í vicioria obtenida so!)re!us relieKle.s? ¿Creerán que les ba;>tu la policía y la iucr/.a SMnMi pora MBpéiilir las sublevaciones, oso-: fwarlas si llegan á estallar? Lección len ible se lia r '( ibido con los últimos sucesos: por espacio de tres años se nos ha estado ponderándola subordinación y disciplina del ejercito, rei)i¡ionil i>«' hasta el fastidio qn;* por este lado nada habia que temer; y uo obstante, cuerpos de ejército son knoue s& han levantado conlra el gobierno; gefes del ejército son los que lian sufrido la pena capital en espiacion de su delito; banderas del ejército son las que se cobrirán con un velo negro en iá iglesia de Atocha. Ni la uunidia civil, á pesar de las condiciones partu ulares de su iustituto, ha podido libei larsc de la I sednceióil. pnesque se han visto algunosde ' is individuos toniando parte en la criminal ; ( Ilativa; y para que nada tallase á la ne^ urura del cuadro, se utiieroa á los cebeldc» en las aguas de Vigo.floft guardacostas f «I I lií'rganlin Aerrion.

Iláhiesenos cu adelante de la cumple lu seguridad que tiene el gobierno de la fidelidad de sus subordinados: vaya el geni ial Narvaez alas Corles á pronum-iar sus discursos tremebundos, amenazando á los per-Mrbodores, asegufanda que la corrujK-ion es imposible en las lilas de la lealtad; la I exageración de semejantes palabras cau.sába una impresión desagradable en tud(>& los hombres caerlos, que de mucho4iempQf* atrás estaban previendo lo que podia suceder y era muy temible que s^icediesii!; pero ahora será un recuerdo lo que antes era un -pfooéstico. y los presuntuosos anuncios dé seguridades liilums ser.ñn desvanecidos con la memoria de haber sido dusmcolidas las segorídades pasadas. I Esta lección tan dolorosa, comprada co^ ahundante efusión de sangre española, pn- I diera ser de ¿jrau provecho si no se cicriao los ojos á la luz de la verdad. En lo4o pais baydesAiéeMs, Üay aaoapiracioaaa y 6u< I hfevaciones contra el gobierno, cuando este no se halla cimentado en una base anchurosa, y las ambiciones abrigan la esperanza, de que podrán satisfacerse, con tal qnc se atrevan. i correr los azares de una lacha. El j escarmiento de los que perecen no contiene á los que en lo sucesivo se quieren arrojar al i! mismo trance, porque el renierdo de la victoria conseguida por otros y la vista del {»ingUe bolin que recogieron, estimula á los íombres inquietos v los impele á correr nuevos jwligros. Ni ía disciplina de los ejércitos, ni la subordinación de los pueblos se otilicncD con simples mandatos: son obra del tiempo, son el resultado de muchas causas, unas maniíieslas, otras ocultas, pero todas lentas, como lo son siempre las que concurren á elaborar objetos preciosos.

Si los discursos, si los decretos, si las le- 'yes, si los manifiestos, si las promesas y las. amena/as, si los premios y los castigos bastasen á restablecer el orden moral, calmando los ánimos, templando á los partidos, obligando á las opinion«'s á encerrarse en el terreno de la discusión, ¿dónde liabria mas órden moral (jue en España, que cuenta por centenares las medidas para conservar el orden público, y las leyes represivas, y los |)rogramas halagüeños, y los manifiestos estrepitosos, y la profusión de cruces, grados y empleos de todas clases, y donde, se envían mas hombres al patibulo por delitos políticos que en todas las naciones de Europa juntas? La misma insistencia en exhortar á la unión manifiesta (iiie la unión es imposible, mientras no se adopten medios mas radicales. Las ponderaciones de la disciplina del ejército é incorru[)libilidad de los dei>endientes del gobierno, indican que estas cosas no se hallan tan aseguradas como fuera de desear. Cuando hay completa seguridad, se disfruta de ella sin recordario, ni siquiera advertirlo: nadie piensa en la buena salud de un hombre hahitualmente robusto; pero todos hablan del buen semblante de una ¡xírsona enfermiza y que por circunstancias particulares se siííiite algún tanto mejorada, ('uando un gobierno pondera continuamente la lealtad de sus subordinados, sus protestas encierran al mismo liemjK) una siqiiica y una amenaza: una súplica á los fieles |);«ra que no vacilen. una amenaza á los dwlealcs para que se detengan.

Los que se 0[)()ncn á los proyee*os de verdadera reconciliación de todos los españoles, los que toman la palabra órden por sinónimo de mando propio, y la de reorganización por equivalente á*eselusivi«:mo en provecho de sus opiniones é intereses, cesen do hablar de unión, que todos saben lo qwe significa en su boca: «unios todos, para servirme de pedestal.» Mientras no se abandonen tan errados caminos, condenados estamos á presenciar discordia incesante, (rae se fomentará con las recriminaciones diarias, y estallará en insurrecciones ¡)eriódicas. La sangre vertida hasta ahora será funesta semilla de la que se ha de verter en adelante: en pos de unos disturbios vendrán otros disturbios, en pos de nnas venganzas vendrán otras venganzas; y la nación de los héroes del dos de Mayo arrastrará una existencia convulsiva, ofreciendo en medio de la Europa el desolante espectáculo de los repúblicas de América.

INCERTIDUMBRES, Le ha sucedido á la España lo que suele acontecer al viandante que abandona el camino trillado y loma veredas desconocidas; después de haber andado mucho. y por terreno escabroso, llega |M)r fin á nn punto donde 'el camino se acaba. Es necesario lomar nueva dirección ¿cuál?.No se sabe. ¿f5e volverá al punto de partida? ¿andaremos hacia la derecha ó hacia la izquierda? Todo es imposbic. IS'ecesidad de tomar una dirección nueva; incerlidumbre Qn la elección; impoftihUidnH por lodos lados: hé aqni la situación de España.

Hace largo tiempo qiie nos hallamos en este caso; (lero en la actualidad sanios un periodo en (|ue la inceiii i iiiii>rc, la necesida<l y la im¡>osibilidad se hacen sentir con toda su fuerza.

¿ Durara el ministerio? No se salw. ¿Hayacuerdo entre sus individuos? Es incierto. ¿Cuándo se disolverá el Congreso y se convocará otro nuevo? Se ignora. ¿Sé entrará Digitizefl by Google Illitoo eE «é MiteBNr^OMiitacioDal, con arreglo á la ley de 4%k!Sf E^'^oAbso. ¿Se trate^ por el coade de Trápani? Así dicen. ¿Oon qoé probabilidades? No os (nril deter- MMiprlo. ¿Por qué medios? No esté bastnnmmro. easará proalo la ReiM? Bs problemático. ¿Cómo oslan los negocios de Roma? Peudien le s. ¿ Hny esperanzas? Como siempre. ¿Hay desalíenlo? Según las noticias. ¿Qué sé piein hacer? Lo que aconsejen las circmistaMiaa. En lodo ífteerlidionbre.

%i8míí bueno formar un miníflerio eoi»- fWle; ptTO es imposible. La ufrioD de las fracciones del parlido moderado es urgente. SI quiere cohlinuar goberoaodo; pero esta wum es impesiUe. Seria my eoofeotesle al crédito de las instituciones observar es* tridamente la Constilocion; pero es imposible. Seria úlii salir de los estados escep-«ieaeles; pero es imposible. Sería muy inportanlB para el ^sosiego del pais resolver pronto la cuestión del matrimonio de la Reioa; pero es imposible. Por otro lado y Cira evitar un error de trascendeocni, seria ueno aplazar la resolui ion de este negocio; pero también es imposible, üay quien desea aiiKboel ealace eoaeleoade'de Tiápani; ptro es iDpoeíUe. No tútit ouiea pieD8a.ea un Coborgo; pero es imposible. Son conocidos jos partidarios del infante D. I^nrique; foro es iaipoaiMe. Bi de lleolemoltD seria el mejor; pero añaden que es imposible; Urge arreglar los negocios de Uoma; pern es imposible. Muy buen efecto produciría ^ raooMciniento de las potencias del Norte; pero es imposible. El honor nacional exige que nos quitemos el yogo de la FranicioydAla Inglaterra; pero es imposible, 'itt trínJb de la revelación ameiMKn; pero monio de S. M. Es necesario lleviír piMr nie^ jor camino que hasla ahora las negociaciones con la Santa Sede. Es necesario no dejar á la Iglesia en el deplorable eRado ea ifo^se encuentra. Es necesario procurar salir de* ese aislamiento en (|uc nos hallamos desde 1 833 ton respecto a las potencias del Norte. Es necesario adoptar una resolnciov sobre los elementos que han de preponderar en la esfera política, y saber hacia cuál de los partidos se ineVaa ia balana: sí fea iié« nárquicos ó la opo8Ícioaii4h«iada conservadora. Todo esto es necesario; y con estes necesidades, todas de pnmerOrden, se com* bioan otras* de ahfsima impeflAneia, lnti> mámente enlazadas con aquellas, figurando en lugar muy preferente la reforma del sistema tributario. » y..v...I Meditando á veees sebe» esta situacioo tan deplorable, estendemos nuestras miradas por el campo de la polilica en busca de una tracción ó de un hombre que pueda remediar los males del pais, sacaríe de la iocop^' tiduinhre, hacer posible alguna cosa buena, y sali&íacer alguna necesidad: ^ lo eonfesa- OMM ingennanieiite, no parece sino que se hf tirado un nivel sobre todo, para que nadie pueda levantarse sobre los demás, y conducir los negocios por on camino acertado. Ni para el bien ni para el nud te desoobre nin-¿ gnna eminencia: lo malo está desacreditado: • lo bueno desorganizado: lo antiguo está caduco; lo nuevo en embrión; y la sociedad y la política no presentan en nuestro pais mas que un informe conjiinlo de lineamentos, unos que se van horrando, otros que se van marcando; pero sin que sea dable determinar á pteto fijo enilseri la naturaleza, cuál es ya imposible. I,a conservación del orden; el porvenir de este ser cuyas formas se haí4, «a necesaria; pero es imposible. Importaría " ' ' ' ' • Cuncho calmar loa ániaM» y reooneniar los partidos; pero OS impoflíbíe'. bopeaibilidad pora todo.

Las necesidades no son menos que las imipMibilidades y las íneertidunriHes* Bo ne- Uañ lodavia tan mal señaladas.. <^ ' vv^i^ ' Hay eo los deslinos de la EsfMi''ieMM algo (le eslraordinario que descubre de una manera visible la acción de la Providencia, conduciendo a esta nación por caminos ignovados. Este caráoterprovideneial, á veces infunde aliento y esperanza; pero á veces inspira un terror que hace estremecer. La ccsario que el gobierno abrigue un pensamiento claro y lijo, y que de esa claridad l lu^pito u» «^uv ^^w^iu^v^.. Y fijeza tengan conocimiento, no solo los | época es evidentemente de transición, y de (vdívidoos que le eomponao, sino también transición con mudanzas profundas: ¿aoónla nación. Es necesario que se entre en un j de vamos? ¿porqué caminos? ¿qué objetos aiatema legal, formando si es preciso leyes | están destinados a perecer? ¿cuales son los ilMi soferas; que por nacho «pM lo sean I que la justicia dtfina ha niarcidoeon el foP' 'tHi4oier«M.taloFMi q^e el eaprieho i aridaUeaellode^ cspíacioiTNopQedosa* borlo el débil hombre; poro lo cierto es que U) historia de (|uince años á esta parle nos presenta la acción de una mano terrible (jue corta todos los hilos (jue jKxIrian conducir la nación á un estado, no diremos de felicidad, pero ni aulíde sosiego. Echemos una 'ojeada sobre los acontecimientos.

La guerra dinástica se hubiera evitado teniendo el Rey Fernando un hijo varón: no lo tuvo.

La guerra podia aplazarse, y probablemente evitarse, viviendo el Rey alfíunos años: el Rey muere en la flor de sus dias.

Una victoria pronta de uno de los contendientes podria eviuir grandes desastres: ambos son bastante fuertes para luchar, ninguno para vencer.

Descuella en las lilas de D. Carlos nn hombre de genio, (|ue en oocos meses arrolla y destroza cuanto se le opone, vence en las Amezcoas. rechaza sobre el Ebroel ejército de la Reina, y ataca á Bilbao para marchar luego sobre Madrid: ¡vanos peusauiienlos del lionibrc! la bala que respeta á sus granaderos, le hiere a él; á los pocos dias se leia en todos los pcrifklicos con abultados caracteres: Zumalacárregui ha muerto.

Los suce.sos preparan la elevación de un hombre en las lilas de la Reina: la guerra termina: este hombre es proclamado Regente: pero carece del genio de Croniwcl y.\a-|)olcon, V cae de una manera lastimosa.

Otro íioudire le sucede: su carácter es mas enérgico; pero su pensamiento político no iguala á su energía; su prestigio mengua rápidamente, y al lin cae, y también de una muñera lastimosa.

¿Por qué después de habérsenos cerrado lodos los caminos regulares, hemos debido ser tan infor'.unados que no se haya levantado entre nosotros un hombre que con el ascendiente de su genio haya justilicado sus derechos al mando? Ese />or (¡ué es un secreto de la Providencia: nosotros vemos el hecho: ignoramos su lin.

Otras influencias ha habido, justas, naturales, y que poJian suplir la falta de otras estraordiuarias; también se han malogrado: y cosas que jiodian ser de una utilidad incalculable,.se hau convertido en obstáculos, en origen de graves inconvenientes. ¿Será (jue en épocas de aciaga recordación se haya repelido la aparición de la mano misteriosa, escribiendo en la pared formidables destinos? Muchas veces lo hemos temido, v aun lo tememos ahora.

Se ha dicho que nos complacíamos en )inlar cuadros sombríos: abundantes prue- )as tenemos dadas de nue este no es el género de nuestra predilección; pero en un terreno cpie tiembla, y á la vista de un ria de sangre, ¿quien ha piolado jamás un cuadro halagüeño.

Pero vamos al objeto político. Todo hombre de gobierno en España, debe penetrarse profiindainentc de la situación qiio ¡ hemos descrito; y que por triste y desconsoladora, no deja de ser verdadera. La lección que de esto se «1 ^-acar es, que ningún pensamiento \ i amenté grande dejará de encontrar gravísimas dilicultades: á lodo se opondrá la terrible palabra i»*- ' ¡mible. Pero esta imposibilidad no es absoluta para lo bueno; solo espresa grandes dilicultades: en superarlas se rifrn la gloria de un hombre de miras elevadas y de alma fuerte.

Precisamente, en esas épocas de incertidumbr<? y de imposibilidades, es cuando se con(|uistan los mas honrosos lauros: fácil cosa es el gobernar, cuando t(ído camina por los senderos regulares, y al soplo de la prosperidad; lo difícil, lo arduo de las lareas giib(»rnalivas. está en épocas como la que estamos atravesando, cunn<lo perdido el rumbo y á la lucha de encontrados vientos la tempestad arrecia. > ¿Sabéis quién liene mas probabilidadeíí I de triunfo en é|)ocas de incertidumbre? El que no la padece, el (pie sabe á punto lijo lo que j)¡ensa, lo que quiere, y adonde va: este es el que con ánimo exento de incertidumbre puede curarla en los negocios públicos; este 'es el que lleíia á hacer posible lo imp:)sible, y que acaba por realizar lo que otros llamaron absurdo. Esto se verilica en los partidos como en los individuos: el i>orvenir de España irá á parar á las manos, no de los que deseen con mas impaciencia apoderarse del gobierno, sino de los que sepan prepararse para él, con pensamiento bien formulado, y con resolucionr>s bien determinadas. Esto no lo han comprendido los dos hombres que se han hallado en la mejor posición para hacer el bien del pais, y labrar su propia grandeza. Espartero y Narvaez. ¿Qué se j)odia es|>erar de un general en gefe de los ejércitos reunidos, empeñado en representar seriamente el papel C7 lÉir^Ble constitucional, y de no hombre fiHMMfTiMSx, tspírando á' ser no caudillo ptriamcntario? Afortunadamente hemos salido (le la (lictadirra militar en el centro del gobierno, j>t)r mas que; esta continúe en las fvorhicias: ¿(-oinprenderáDSU verdadeira poción los hombros políticos?

No os raro en Kspafia ol onconlrnr hombres que tienen pretensiones al titulo de ptlHícos, T qne no abrían un pensamiento aeterminadn snhn' ntnmin;i fio las ¿grandes coestiones que ¡)eniien sobre el país. Enhorabuena que se conozcan las dilicultades, fas imposibilidades, si se quiere, qne por todas parles nos rodean: pero no se comprende (me hombres públicos no se hayan pregiratifo á si ¡¡ropios, y no hayan rcsiíeltoen su interior las cuestiones sígnientcs: de lo dilicil, ¿qué es lo menos dilieü? de lo iioposihle, ¿que es lo menos minosiblc? de NHMMó, ¿qué es lo menos malo? Ha jo este aspecto deben presentarse las ciiesliones en el "estado aelunl de Ks¡nña;t'n todas las resoluciones hay inconvenientes, dilicultades, ffl|MMbilidad; pero es precisa, es urgente ütn resolución. y por tanto el optar por lo Denos dilicil, por lo que consigo trae menos Iteonvenientes.

■■' Otra consideración se ofrece aqui. y que ^muy importante no perder de vista. Hay Teaoittciones que ofrecen menos diticultadcs ^ÍÉMíMIlAiieas; pero en cambio complican mas y mas el porvenir: y hay otras que presentan por el pronto mástlrhcultad, poro Sí simplifican y aclaran lo venidero. Para Nmitamns á p>neraiidades, fijémonos en iin caso (leterrniiiado.

' El matrimonio de la Reina con el conde ^0_Mpani es imposible: tales v tantas son íi^flrevenciones qne hay en1o<fo8 los partido* contra e! príncipe napolitano. A cada paso se oye decir á ciertas personas: el uiatrineirio de la Reina con el conde deMonteidoKn, seria la mejor combinación; pero con las prevenciones que existen todavía, este matrimonio es imposible. Igualemos imposibilidad con imposibilidad; ¿caál es preferible pnrn un hombre de gobierno? Aten dejltai resultado. ¿Qué cuestión se resuelve 'iMnif eUndc de Trapani? nin¿;uua. Quedan en pie las cuestiones dinást'cas: qoedaa en pie las políticas; el trono, en ve/ de ir iear en fuersa, pierde; lo^ partidos en vez de JirteoBcHiaree, se separan mas profundamente. ¿Qtié enestiones se resnelvea con el conde de Montemolin? La dinástica desaparece; el trono adquiere una fuerza inmensa; los partidos se enla/an y se funden; los negónos (le Roma son de fácil terminación; el reconocimiento de las potencias del Norte es seguro.

Dificultad por difícultad, ó impoeibinOad' por imposibilidad, ¿cuál es preferible para un hombre de gobierno? Para lo uno es muneaier un earoerao; pero deade luego se p«M pa el resultado; para lo otro se necesita un esfuerzo también; ¿y qué hay después? nada: ó mejor diremos, lo que hay son las mismas complicacionea llevadas á'un grado insoluhle; lo ipie hay es la pérdida de toda csperauza de sosiego para la generación actual. ■ Si el gobierno no tiene ideas bastante fijas sobre lo que mas conviene á la España, ó no se siente con bastante resolución para ejeeiterio, puede en la actualidad ilustrar sa opinión j hacer un bien inmenso ai pais, sm mas que la observanria de una ley. Las elecciones se acercan: lodos los partidos, se aprestan á tomar parte en ellas: déjelos en amplia libertad para trabajar en la consecución de sus respectivos objetos, y vea si puede ohieier un congreso en que* sea repreaentada fielmente la nación espafiola. Si esto se hace, habrá en las Cortes opiniones encoBlradas, v en estas habrá matices mas ó menoa subidos; pero de todas maneras se logrará;iL'o menos esclusivo qat lo que hemos tenido hasta ahora; y quizás de aquel mismo choque surja algún rayo de luz que ilumine el caos. I'ara esto no ha menester el gobierno ni medidas estraordinarias, ni contraer compromisos de ningima especie: solo necesita ser gobierno, haciendo que la ley iea fielmente, cumplida. Lealtad en el gobierno, actividad en los electores, hé aqui lo que ahora necesitamos: si aquel se conduce mal é estoe proeedeu con negligencia; si por una cuabpiiera de estas causas ó por ambas juntas, el sistema representativo ha de ser lo que ha sido hasta ahora, no vemos dónde está la salvación; no la venm n de arriba abajo, ni de abajo arriba: en cuyo caso, lo mejor será que unos y otros dejemos la nave abandonada á si misma para que flote á merced de los vientos, y aporte par casiK-ilid;td á playas felices, ó se eatrdteen una roca solitaria. ' * '^í- ' ' Digltlzed by Google SL G0S:2?.W0 7 LA OPOCICIClf.

MadrM ti ittmyo da!•»«.

Es (lip;na de llamar la atención la actitud de la oposición conservadora con respecto al ministerio. Este es acusado de anli-constilucional, ahora como antes; pero la acusación se funda en un becho nuevo, que á decir verdad no alcanzamos con qué razón puede ser censurado. No babrán olvidado nuestros lectores míe el primer mioisterio Narvaez íue repelidas veces acusado de fallar á la Constitución de <8i.>, porque conservaba el Congreso de la de 1837: este cargo era grave, y de él no pudo sincerarse jamás el gobierno. Habiendo cambiado las cosas, parece que los ministros, de los cuales tres pertenecieron á dicho gabinete, no tralnu de reunir el actual Congreso, y antes piensan disolverle a no tardar, convocando Cortüs con arreglo á la Constitución y á la nueva lev electoral; y hénos a(|ui con la novedad de que por esta intención, una de las mas constitucionales que han tenido los ministros, son acusados lamliien de poco constitucionalismo, y de esponer la nave del Estado a formidables peligros. El no reunir el Congreso actual, es un crimen de leso parlamento; y no hay palabras bastante espresivaspara pintar su negrura y fealdad. Confesamos ingenuamente que no comprendemos semejante conducta, y que esto nos convence mas y mas de que el puritanismo constitucional se altera fácilmente cuando están de por medio los intereses de partido.

¿ Por qué se acusaba al gobierno de anticonstitucional cuando no disolvia el actual Congreso? Conjue era una anomalía sobremanera chocante el tener unas Cortes formadas de dos cuerpos, uno con arreglo á la Constitución de i 84.!), otro con arreglo á la de <837; porque un Congreso que habiendo sido formado de este último modo habia reformado la lev fundamental, debia desaparecer, cuando menos por razones de delicadeza, y porque su vitalidad podia considerarse eslinguida desde el momento en que habia establecido bases diferentes de las que habian servido para su furmacion. El cargo que se hacia al gobierno era [)or consiguiente muy justo; y todo el tiempo que se continuaba en situación semejante, se infringía la Constitución en t>u letra y espi- ' ritu. Cuando, pues, la oposición cooserva-r dora dirigía esta ai;usaciOQ al gobierno, so conducta era consecuente: comU<ilia desde el terreno de la Constitución ai gobierno que se habia separado de ella.

Sí la inlracciou de una ley merece censura, la observancia es digna de elogio. Siquiera sean los miamos infractores los que i traten de observarla, no se los puede reprender porque se propongan reparar su falta. En este caso sé^ hallan algunos Ue los | actuales ministros; y parece que si de esto se <|uisiose tomar pretesto para hacerles la oposición, se debiera condenar su cüi;ducta pasada, poniéndola ea parangón coa sa I conducta presente; mas no condenar su conduela présenle, con la cual enmiendan su conducta pa^i^da. Esto último es colocarlos á ellos en un. terreno ventajoso; es darles ' motivo para decir: «ved cuaji injustos erais cuaudü uus acusabais de fallar a la Comilitucíon porque no disolvíamos el Cougre^o actual: vosotros mismos os habéis encargado de vindicarnos: después de teñios meses, después de promulgada hace largo tiempo la ley electoral, todavía creéis (|ue debe reunirse al actual cougreso; reflexionad si teníamos mas razón nosotros cuando le com>ervabamos, habiendo transcurridu mucho menos tiempo, y no habiéndose aun formado la nueva ley electoral. O no tenéis razón ahora o no la teníais entuuces. De todas maneras, nosotros somos por lo menos tan constitucionales como vosotros; y si no os aventajamos en conslilucionalismo, no presentamos por lo menos tan palpable la luconsecueücía.u Esto podrían decir los miuibtros; y por cierto que á sus adversarios no les seria i lacil replicar de una manera satisfactoria.

Por nuestra parle creemos que en e^te punto el gobierno ha sido hasta ahora inconstitucional, pero que ahora procede con mucho mas conslilucionalismo que sus adversarlos, negándose á reunir el actual Congreso.

Preciso es confesar que las costumbres constitucionales tienen poco arraigo en nuestro país, y que todavía no hemos podido hacernos escrupulosos en la observancia del nuevo régimeu. Para saber ({ue interpretación dará un partido a un articulo de la Constitución, no se debe atender a lo que está escrito en el código, ni á la mente coa que se hizo la ley, sino ¿ los intereses del