él; porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, g siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas, tenerle por escondido, y buscarle escondido, diciendo: «¿A dónde te ascondiste?» (1). Porque ni la alta comunicación y presencia sensible es más testimonio de su presencia (2), ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma es menos testimonio de su presencia en ella (3), por lo cual dice el Profeta Job: Si viniere a mí, no le veré; y si se fuere, no le entenderé. En lo cual se ha de entender, que si el alma sintiere gran comunicación y sentimiento o noticia de Dios, no por eso se ha de persuadir a que aquello es tener más a Dios, o estar más en Dios; ni tampoco que aquello que siente o entiende, es esencialmente Dios, aunque más ello sea; y que si todas esas comunicaciones sensibles la faltaren, no por eso ha de pensar que la falta Dios, pues que realmente ni por lo uno puede saber de cierto estar en su gracia, ni por lo otro estar fuera de ella. De manera que el intento principal del alma en el presente verso, no es sólo pedir la devoción afectiva (4) y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión del Esposo en esta vida, sino la clara presencia y visión de su esencia, en que desea estar certificada y satisfecha en la gloria.
3. Esto mismo quiso decir la Esposa en los Cantares divinos cuando, deseando la unión de la divinidad del Verbo Esposo suyo, la pidió al Padre diciendo: Muéstrame dónde te apacientas, y dónde te recuestas al mediodía. Porque en pedirle dónde se apacentaba, era pedirle que le mostrase la esencia del Verbo, porque el Padre no se apacienta en otra cosa que en su único Hijo; y en pedir le mostrase dónde se recostaba, era pedirle lo mismo, porque el Padre no se recuesta, ni cabe en otra cosa que en su Hijo, en el cual se recuesta, comunicándole toda su esencia, al mediodía, que es en la eternidad, donde siempre le engendra (5). Este pasto, pues, donde el Padre se apacienta, y este lecho florido del Verbo, donde se recuesta ascondido de toda criatura, pide aquí la Esposa, cuando dice: «¿A dónde te ascondiste?».
1. Y es de notar, para saber hallar (6) este Esposo, que el Verbo, juntamente con el Padre y Espíritu Santo, está esencialmente escondido en el íntimo centro del alma. Por tanto, el alma que le ha de hallar, conviénela salir de todas las cosas según la voluntad, y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma, que es teniendo a todas las cosas (7) como si no fuesen. Que por eso San Agustín, hablando en los Soliloquios con Dios, decía: No te hallaba yo de fuera, porque mal te buscaba de fuera que estabas dentro. Está, pues, en el alma escondido, y allí le ha de buscar el buen contemplativo, diciendo: «¿A dónde te ascondiste», 1 Porque. Con esta palabra comienza el Ms. de Granada.
2 Bj.: preeminencia.
3 Lch.: testimonio de su presencia, y presencia temible, ni las sequedades y carencia en ella.
4 Bz. omite esta palabra. Md.: afectivamente.
5 Bz.:...donde engendra. Lch.: donde se engendra.
6 Bj.: hablar.
7 Bj., 8.654, Lch. y Md.: dentro de sí misma estimando a todas las cosas. Bz.: todas las criaturas.
Amado, y me dejaste con gemido?
5. Llámale Amado, para más moverle e inclinarle a su ruego, porque cuando Dios es amado, con grande facilidad oye los ruegos de su amante; y entonces se puede de verdad llamar Amado cuando el alma está entera con él, no teniendo su corazón en otra cosa alguna fuera de él. De donde algunos llaman al Esposo Amado, y no es su Amado de veras, porque no tienen con él entero su corazón; y así, su petición no es en su presencia de tanto valor.
6. Y en lo que dice luego: «Y me dejaste con gemido», es de notar, que la ausencia del Amado causa continuo gemido en el amante, porque como fuera de él nada ama, en nada descansa ni recibe alivio; de donde en esto se conocerá el que de veras a Dios ama, si con alguna cosa menos que El se contenta (1). Este gemido dió bien a entender San Pablo cuando dijo: Nosotros, dentro de nosotros (2) gemimos esperando la adopción de los hijos de Dios. Este, pues, es el gemido que el alma tiene siempre en el sentimiento de la ausencia, mayormente cuando habiendo gustado alguna dulce y sabrosa comunicación, se quedó seca y sola, y así se sigue: Como el ciervo huíste (3).
7. Es de notar, que en los Cantares compara la Esposa al Esposo al ciervo y a la cabra montañesa (4), diciendo: Semejante es mi Amado a la cabra y al hijo de los ciervos. Y esto por la presteza del esconderse y mostrarse cual suele hacer el Amado en las visitas que hace a las almas, y en los desvíos y ausencias que las hace sentir después de las tales visitas; por lo cual les hace sentir (5) con mayor dolor la ausencia, según ahora da aquí a entender el alma cuando dice: Habiéndome herido.
8. Y es como si dijera: no sólo me bastaba la pena y el dolor que ordinariamente padezco en tu ausencia, sino que hiriéndome más de amor con tu flecha y aumentado la pasión y apetito de tu vista, huías con ligereza de ciervo, y no te dejes comprender algún tanto siquiera.
9. Para más declaración de este verso, es de saber, que allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos (6) toques de amor, que a manera de saetas de fuego hieren y traspasan al alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor. Y éstas propiamente se llaman heridas de amor (7), de las cuales (8) habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la voluntad en afición, que se está el 1 Bj., Bz. y Md.: menos que él no se contenta. Ms. 8.654: menos que él que se contenta. Lch.: menos que con él no se contenta.
2 Bj., Bz., 8.654 y Md.: nosotros mismos.
3 Ms. 8.654: Que como...4 Ms. 8.654: montesa. Bj.: montés. Bz.: montañés.
5 Lch. omite: después de las tales visitas, por lo cual las hace sentir.
6 Ms. 8.654: escondidos.
7 Bj. y Lch. omiten: Y éstas propiamente se llaman heridas de amor.
8 Md. añade: heridas de amor.
H31 alma abrasando en fuego y llama de amor, tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí, y renovar (1) toda, y pasar a nueva manera de ser; asi como el ave fénix, que se quema y renace de nuevo. De lo cual hablando David, dice: Fué inflamado mi corazón, y mis renes se mudaron, y yo me resolví en nada y no supe. Los apetitos y afectos que aquí entiende el Profeta por renes, todos se conmueven mudándose en divinos en aquella inflamación del corazón, y el alma por amor se resuelve en nada, nada sabiendo sino amor (2). Y a este tiempo es la conmutación de estas renes en grande manera de tormento y ansia por ver a Dios, tanto, que le parece al alma intolerable el rigor de que con ella usa el amor; no porque la hiera (3) (porque antes tiene las tales heridas de amor por salud), sino porque la "dejó así penando, y no la hirió más, acabándola de matar, para verse y juntarse con él en vida. Por tanto, encareciendo o declarando su dolor, dice: «Habiéndome herido» (4).
10. Y este sentimiento tan grande acaece así, porque cuanto en aquella herida de amor que hace Dios levántase la voluntad con súbita presteza a la posesión del Amado, cuyo toque sintió. Y con esa misma presteza siente la ausencia y el gemido juntamente de ella. Porque estas visitas tales no son como otras en que Dios recrea y satisface al alma, hinchéndola de pacífica suavidad; mas éstas sólo las hace para llagar más que para sanar, y más para lastimar que para satisfacer, pues no sirven más de para avivar la noticia y aumentar el apetito, y, por el consiguiente, el dolor. Estas se llaman heridas de amor, que son al alma sabrosísimas; por lo cual querría ella estar siempre muriendo mil muertes a estas lanzadas, porque la hacen salir de sí y entrar en Dios, lo cual ella da a entender en el verso siguiente, diciendo: Salí tras ti clamando y eras ido (5).
11. En las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hirió, y por eso salió clamando tras del que la había herido con la fuerza del fuego que causó la herida. Y es de saber que este salir se entiende de dos maneras: la una, salir de todas las cosas, lo cual se hace por aborrecimiento y desprecio de ellas; la otra, saliendo de sí misma por olvido de sí, lo cual se hace por el amor de Dios; el cual de ta! manera levanta al alma, que la hace salir <1e si y de sus quicios y modos naturales clamando por Dios. Y eso quiere decir aquí cuando dice: Salí tras ti clamando. Y es como si dijera: Esposo mío, en aquel toque tuyo y herida de amor, sacaste mi alma no sólo de todas las cosas, mas también la hiciste salir de si (porque a la verdad y aun de las carnes parece la saca), 1 Bz.: rebosar.
2 Bj. y Bz. omiten: nada sabiendo sino amor.
3 Md.: hiriere.
4 El siguiente párrafo falta en B). hasta la frase, éstas se llaman heridas. Lch. salta del verso a la frase de amor que hace...5 B). y Lch.:...y ya eras ido.
y levantástela a ti, clamando por ti, ya de todo desasida para asirse a ti. «Y eras ido».
12. Como si dijera: al tiempo que quise comprender tu presencia no te hallé, y quédeme desasida sin asirme a ti (1), penando en los aires de amor sin arrimo de ti y de mí. Esto que aquí llama salir el alma para ir al Amado, llama la Esposa en los Cantres levantar, diciendo: Levantarme he y buscaré al que ama mi alma rodeando la ciudad por los arrabales y las plazas; busquéle y no le hallé. Levantarse aquí, se entiende espiritualmente, de lo bajo a lo alto, que es lo mismo que salir de sí, esto es, de su modo y amor bajo al alto amor de Dios; pero dice que quedó llagada porque no le halló. Por eso, el enamorado vive penado siempre en la ausencia, porque él está ya entregado, esperando la paga de la entrega del Amado, y no se le da, y estando ya perdido por él no ha hallado la ganancia de su pérdida, pues carece de la posesión del Amado. Por tanto, el que anda penado por Dios, señal es de que se ha dado a Dios y que le ama.
13. Esta pena y sentimiento de la ausencia de Dios suele ser tan grande en los que van llegando a perfección, al tiempo (2) de estas divinas heridas, que si no proveyese el Señor, morirían; porque como tienen el paladar de la voluntad y el espíritu limpio y sano, bien dispuesto para Dios, y en lo dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor, que ellos sobre todo modo apetecen, padecen sobre todo modo; porque como por resquicios se les muestra un inmenso bien, y no se les concede, y así es inefable la pena y el tormento.
Pastores, los que fuerdes Allá por las majadas al otero, Si por ventura vierdes Aquel que yo más quiero, Decilde que adolezco, peno y muero.
1. En esta Canción el alma se quiere aprovechar de terceros y medianeros para con su Amado, pidiéndoles le den parte de su dolor y pena; porque propiedad es del amante, ya que por la presencia (3) no puede comunicarse, hacerlo por los mejores medios que puede. Y así el alma, de sus deseos, afectos y gemidos se quiere aquí aprovechar como de mensajeros, que también saben manifestar lo secreto del corazón, y así dice: Pastores los que fuerdes.
2. Llamando pastores a los afectos y deseos, porque ellos apacientan al alma de bienes espirituales. Porque pastor quiere decir apacentador, y mediante ellos se comunica Dios a ella (porque sin ellos no se le comunica), y dice: «Los que fuerdes». Es a saber, 1 Bj.: con asirme a ti.
2 Lch. omite: tan grande en los que van llegándose a perfección al tiempo.
3 Bz.: ausencia.
los que de puro amor saliéredes; porque no todos van, sino los que salen de fiel amor.
Allá por las majadas al otero.
3. Llama «majadas» a los coros de los Angeles, por los cuales de coro en coro van nuestros gemidos y oraciones a Dios; al cual aquí llama el otero, por ser él la suma alteza; y porque en él, como en el otero, se otean g ven todas las cosas y las majadas superiores e inferiores, al cual van nuestras oraciones ofreciéndoselas los ángeles, como habernos dicho, según lo dijo el ángel a Tobias, diciendo: Cuando orabas con lágrimas y enterrabas los muertos, yo ofrecí tu oración a Dios. También se pueden entender estos pastores del alma, por los mismos ángeles, porque no sólo llevan a Dios recados, sino también traen los de Dios a nuestras al^as, apacentándolas como buenos pastores de dulces inspiraciones y comunicaciones de Dios, por cuyo medio Dios también las hace, y ellos nos amparan de los lobos, que son los demonios, y nos defienden de ellos como buenos pastores.
Si por ventura vierdes.
4. Y es tanto como decir: si por mi buena dicha y ventura llegáredes a su presencia, de suerte que él os vea y os oiga. Donde es de notar, que aunque es verdad que Dios todo lo sabe y entiende, y hasta los mínimos pensamientos (1) del alma ve y nota, entonces se dice ver nuestras necesidades, y oirías, cuando las remedia o las cumple; porque no cualesquier necesidades ni cualesquier peticiones llegan a colmo que las oiga Dios para cumplirlas, hasta que en sus ojos llegue bastante tiempo y sazón y número (2) para concederlas o remediarlas; y entonces se dice verlo y oirlo, según es de ver en el Exodo, que después de cuatrocientos años que los hijos de Israel habían estado afligidos en la servidumbre de Egipto, dijo Dios a Moisés: Vi la aflicción de mi pueblo y he bajado para librarlos (3), comoquiera que siempre la hubiese visto. Y también dijo San Gabriel a Zacarías: Que no temiese, porque ya Dios había oído su oración en darle el hijo que muchos años le había andado pidiendo, comoquiera que siempre le hubiese oido. Y así ha de entender cualquier alma, que aunque Dios no acuda luego a su necesidad y ruego, que no por eso dejará de acudir en el tiempo oportuno, el que es ayudador, como dice David, en las oportunidades y en la tribulación si ella no desmayare y cesaré. Esto, pues, quiere decir aquí el alma cuando dice; si por ventura vierdes, es a saber, si por ventura es llegado el tiempo en que tenga por bien de otorgar mis peticiones.
Aquel que yo más quiero.
5. Es a saber, más que a todas las cosas, lo cual es espiritualmente hablando, cuando al alma no se le pone nada delante que la impida hacer y padecer por él cualquier cosa.
1 Lch. y Bj.: los mismos pensamientos.
2 Lch. omite: número.
3 Lch. y Bj.: aliviarlos.
Decilde que adolezco, peno y muero.
6. Tres maneras de necesidades representa aquí el alma, conviene a saber: dolencia, pena y muerte; porque el alma que de veras ama, en la ausencia padece ordinariamente de tres maneras, según las tres potencias del alma, que son: entendimiento, voluntad y memoria. Acerca del entendimiento dice que adolece, porque no ve a Dios, que es la salud del entendimiento. Acerca de la voluntad dice que pena, porque no posee a Dios, que es el refrigerio y deleite de la voluntad. Acerca de la memoria dice que muere, porque acordándose que carece de todos los bienes del entendimiento, que es ver a Dios, y de todos los deleites de la voluntad, que es poseerle, y que también es muy posible carecer de él para siempre, padece en esta memoria a manera de muerte.
7. Estas tres maneras de necesidades representó también jeremías a Dios en los Trenos diciendo: Recuérdate de mi pobreza, y del axenjío y de la hiél. La pobreza se refiere al entendimiento, porque a él pertenece la riqueza de la sabiduría de Dios, en la cual están como dice San Pablo, encerrados todos los tesoros de Dios. El axenjiu, que es hierba amarísima, se refiere a la voluntad, porque a esta potencia pertenece la dulzura de la posesión de Dios; de la cual careciendo, se queda con la amargura, según el Angel dijo a San Juan en el Apocalipsis, diciendo: Que en comiendo el libro le haría amargar el vientre, tomando allí al vientre por la voluntad. La hiél se refiere a la memoria, que significa la muerte del alma, según da a entender Moisés en el Deuteronomio, hablando de los condenados, diciendo: Hiél de dragones será el vino de ellos, y veneno de áspides insanable. Lo cual significa allí el carecer de Dios, que es muerte del alma, y estas tres necesidades y penas están fundadas en las tres virtudes teologales, que son fe, caridad y esperanza, que se refieren a las tres dichas potencias: entendimiento, voluntad y memoria (1).
8. Y es de notar que el alma en el dicho verso no hace más que representar su necesidad y pena al Amado, porque el que discretamente ama, no cura de pedir lo que le falta y desea, sino de representar su necesidad, para que el Amado haga lo que fuere servido; como cuando la bendita Virgen dijo al amado Hijo en las bodas de Caná de Galilea, no pidiéndole derechamente el vino, sino diciendo: No tienen vino; y las hermanas de Lázaro le enviaron, no a decir que sanare a su hermano, sino a decir que mirase que al que amaba estaba enfermo. Y esto por tres cosas: la primera, porque mejor sabe el Señor lo que nos conviene, que nosotros; la segunda, porque más se compadece el Amado viendo la necesidad del que le ama, y su resignación; la tercera, porque más seguridad lleva el alma acerca del amor propio y propiedad en representar la falta que en pedir a su parecer lo que le falta. Ni más ni menos hace ahora el alma representando sus tres necesidades, y es como si dijera: Decid a mi Amado que pues adolezco, y él sólo es mi salud, que me dé 1 Md. añade: aunque no cada cual sea propio sujeto de cada una de las tres dichas virtudes.
mi salud; y que pues peno, g él sólo es mi gozo, que me dé mi gozo; y que pues muero, y él sólo es mi vida, que me dé mi vida.
Buscando mis amores Iré por esos montes y riberas, Ni cogeré las flores, Ni temeré las fieras, Y pasaré los fuertes y fronteras.
1. No sólo basta al alma orar y desear, y ayudarse de terceros para hallar al Amado, como ha hecho en las precedentes canciones, sino que junto con eso ella misma se ponga por la obra a le buscar; y eso dice que ha de hacer en esta canción, diciendo que en busca de su Amado ha de ir ejercitándose en las virtudes y mortificaciones en la vida contemplativa y activa; y que para esto no Tía de admitir bienes ni regalos algunos (1), ni bastarán a detenerla e impedirla este camino todas las fuerzas y asechanzas de los tres enemigos: mundo, demonio y carne, diciendo: Buscando mis amores, 2. Es a saber, a mi Amado, Iré por esos montes y riberas.
3. A las virtudes llama montes: lo uno, por la alteza de ellas; lo otro, por la dificultad y trabajo que se pasa en subir a ellas, ejercitando la vida contemplativa. Y llama riberas a las humillaciones y mortificaciones (2) y desprecio de sí, ejercitándose también en la vida activa; porque para adquirir las virtudes, la una y la otra es menester. Es, pues, tanto como decir: buscando a mi Amado, iré poniendo por obra las virtudes altas, y humillándome en las mortificaciones y cosas bajas. Esto dice, porque el camino de buscar a Dios, es ir obrando en Dios el bien y mortificando en sí el mal de la manera que se sigue: Ni cogeré las flores.
H. Por cuanto para buscar a Dios se requiere un corazón desnudo y fuerte, libre de todos los males y bienes que puramente no son Dios (3), dice en el presente verso y en los siguientes la libertad y fortaleza que ha de tener. Y en éste dice, que no cogerá las flores que encontrare en este camino, por las cuales entiende todos los gustos y contentamientos que se le pueden ofrecer, los cuales son en tres maneras: temporales, sensuales y espirituales. Y porque los unos y los otros ocupan el corazón y le son impedimento para el verdadero camino espiritual, si repara o hace asiento en ellos, dice que no cogerá estas 1 Bj.: riquezas algunas.
2 Bj. y Bz.: mortificaciones y sujeciones.
3 Md. añade: o no llevan a Dios.
flores ni pondrá en ellas su corazón; y es como si dijera: ni pondré mi corazón en las riquezas y bienes que me otreciere el mundo, ni admitiré los contentamientos y deleites de mi carne, ni repararé en los gustos y consuelos de mi espíritu, de suerte que me detenga en buscar a mis amores por los montes y riberas (1). Y esto dice por hacer lo que aconseja David en este camino diciendo: Si las riquezas abundaren, no queráis poner en ellas el corazón, esto es, no queráis aficionaros a ellas, lo cual entiende así de los gustos espirituales como los demás bienes temporales (2). Donde es de notar, que no sólo los bienes temporales y gustos y deleites corporales impiden y contradicen el camino de Dios, mas también los consuelos y deleites espirituales, si se tienen o buscan con propiedad, estorban el camino de las virtudes. Por tanto, al que ha de ir adelante, conviénele que no se ande a esas flores. Y no sólo eso, sino que también tenga ánimo para decir: Ni temeré las fieras Y pasaré los fuertes y fronteras.
5. En los cuales versos pone los tres enemigos del alma, que son mundo, demonio y carne, que son los que hacen la guerra y dificultad al camino. Por las fieras entiende el mundo, por los fuertes el demonio, y por las fronteras la carne.
6. Llama fieras al mundo, porque al alma que comienza el camino de Dios, parécete que se le representa en la imaginación el mundo como a manera de fieras, haciéndole amenazas y fieros, y principalmente en tres maneras: la primera, que le ha de faltar el favor del mundo, perder los amigos, el crédito y aun la hacienda; la segunda, es otra fiera no menor, conviene a saber, que cómo ha de poder sufrir no haber ya jamás de tener contentos y deleites del mundo y carecer de todos los regalos de él; y la tercera, es aún mayor, conviene a saber, que se han de levantar contra ella las lenguas, y han de hacer burla de ella y todos le han de despreciar; las cuales cosas de tal manera se le suelen anteponer a algunas almas, que se les hace dificultosísimo, no sólo el perseverar contra estas fieras, más aún el comenzar el camino.
7. Mas algunas almas más generosas pónenseles delante otras fieras más interiores y espirituales de dificultades y tentacioftes, tribulaciones y trabajos de muchas maneras, cuales las envía Dios y permite a los que quiere probar como al oro en el fuego, según aquello que dice David: Que son muchas las tribulaciones de los justos. Pero el alma bien enamorada, que estima a su Amado más que a todas las cosas, confiada en el amor de su Esposo y de su favor, osará decir con ánimo: «Ni temeré las fieras».
Y pasaré los fuertes y fronteras.
8. A los demonios, que es el segundo enemigo del alma, llama fuertes, porque ellos con grande fuerza procuran tomar el paso de este 1 Bj. y Bz.: bosques y riberas.
2 Así Gr., 8.654 y Md. — Bz. y Bj.: gustos sensuales como de los demás gustos temporales.
camino, y porque también sus tentaciones y astucias son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, y porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos de mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra. Y por tanto, hablando David de ellos dice: Los fuertes pretendieron mi alma. De cuya fortaleza también dice Job: Que ni hay poder sobre la tierra que se le compare a este del demonio, que fué hecho de suerte que a ninguno temiese, esto es, ningún poder humano se podía comparar con el suyo; y asi, sólo el poder divino basta para le vencer, y sola la luz divina para poder entender sus ardides. Por lo cual el alma que hubiere de vencer su fortaleza, no podrá sin oración, ni sus engaños podrá entender sin humildad y mortificación. Porque asi dice San Pablo, avisando a los fieles estas palabras diciendo: Hermanos, vestios las armas de Dios, para que podáis resistir contra las astucias del enemigo; porque esta lucha no es como contra la carne y la sangre; entendiendo por la sangre al mundo, y por las armas de Dios la oración y cruz de Cristo, en que está la humildad y mortificación que habernos dicho.
9. Dice también que pasará las fronteras, por las cuales enliende las repugnancias y rebeliones (1) que naturalmente tiene contra el espíritu la carne; la cual, como dice San Pablo, siempre codicia contra el espíritu, y se pone como en frontera resistiendo al camino espiritual. Y estas fronteras ha de pasar el alma rompiendo las dificultades y echando por tierra con la fuerza y determinación del espíritu todos los apetitos sensuales y afecciones naturales; porque en tanto que los hubiere en el alma, de tal manera está el espíritu impedido debajo de ellas, que no puede pasar a verdadera vida y deleite espiritual (2). Lo cual nos dió bien a entender San Pablo, cuando dijo: Si mortificáredes las obras de la carne con el espíritu, viviréis. Este, pues, es el estilo que dice el alma en la dicha canción que le conviene tener para buscar a su Amado, es a saber: constancia y valor para no bajarse a coger las flores, y ánimo para no temer las fieras, y fortaleza para pasar los fuertes, sólo entendiendo en ir por los montes y riberas de la manera que ya está declarado.
¡Oh, bosques y espesuras. Plantadas por la mano (3) del Amado! ¡Oh, prado de verduras, De flores esmaltado, Decid si por vosotros ha pasado!
1. Después que el alma ha dado a entender la manera de disponerse para comenzar este camino, que es el ánimo para no se andar 1 Bj. y Lch. trasladan por error revelaciones.
2 Md. añade: "en que no excluímos la de la gracia, antes la suponemos en el que ha de caminar a la perfección de la vida mistica y espiritual."
3 Bj.:...por las manos...Lch. y Md.:...de mi Amado. Ms. 8.651:: Plantados por la mano de mi Amado.
ya a deleites y gustos, y fortaleza para vencer las tentaciones y dificultades, en lo cual consiste el ejercicio del conocimiento de sí, que es lo primero que ha de hacer el alma para ir al conocimiento de Dios, ahora en esta canción comienza a caminar la consideración y conocimiento de las criaturas al conocimiento de su Amado, criador de ellas; porque después del ejercicio de! conocimiento propio, esta consideración de las criaturas es la primera por orden en este camino espiritual para ir conociendo a Dios, considerando su grandeza y excelencia por ellas, según aquello del Apóstol que dice: Que las cosas invisibles de Dios, son conocidas del alma por el conocimiento de las cosas criadas. Habla, pues, el alma en esta canción con las criaturas, preguntándoles por su Amado. Y es de notar que, como dice San Agustín, la pregunta que el alma hace a las criaturas es la consideración que en ellas hace del Criador de ellas. Y asi en esta canción se contiene la consideración de los elementos y las demás criaturas inferiores y la consideración de los cielos y de las demás criaturas y cosas materiales que Dios crió en ellos, y también la consideración de los espíritus celestiales, diciendo: ¡Oh, bosques y espesuras.
2. Llama bosques a los elementos, que son tierra, agua íue:jo, viento (1); porque asi como amenísimos bosques están poblados de espesas criaturas, por el grande número y muchas diferencias que hay de eílas en cada elemento: en la tierra innumerables variedades de animales, en el agua innumerables diferencias de peces, y en e! aire también muchas diversidades de aves; y el elemento del fuego, que concurre para con todos para la animación y conservación de ellos; y así, cada suerte de animales vive en su elemento, y está locada y plantada en él como en bosque, región donde nace y se cría. Y, a la verdad, así como lo mandó Dios en la creación de ellos, mandando a la tierra que produjese los animales; y a la mar y a las aguas los peces, y al aire hizo morada de las aves, y por eso, dice el alma luego viendo que él lo mandó así y que asi se hizo: Plantadas (2) por la mano del Amado! (3).
3. Esta es la consideración, de que estas grandezas y diferencias sola la mano de su Amado pudo hacerlas. Donde advertidamente dice; por la mano; porque aunque oirás muchas cosas hace Dios por mano de los ángeles, ésta que es criar nunca la hace por otra que por la suya propia. Y así, las criaturas mueven al alma mucho al amor de su Amado, viendo que son cosas que por su propia mano fueron hechas.
¡Oh, prado de verduras.
1. Esta es la consideración del cielo al cual llama prado de verduras, porque las cosas que en ellos hay criadas nunca fenecen ni se marchitan con el tiempo, sino que como frescas verduras, en que se 1 Bj., Lch., Bz., 8.654 y Md.: agua, aire y fuego.
2 Bj. y Bz.: Plantados...3 Lch. y Md.:...de mi Amado. Aquí el 8.654 lee igual que Gr.
recrean y apacientan los justos, siempre están en su ser inmarcesible; en la cual consideración se comprende también toda la diferencia de las estrellas y otros planetas celestiales.
5. Este nombre de verduras pone también la Iglesia a las cosas celestiales cuando rogando a Dios por las almas de los difuntos, hablando con ellos dice: Constituyaos Dios entre las verduras deleitables. Y dice también que este prado de verduras también está de flores esmaltado.
De flores esmaltado.
6. Por las cuales flores entiende los ángeles y almas santas, con los cuales está aquel lugar adornado y hermoseado como un gracioso y subido esmalte en un vaso de oro excelente.
Decid si por vosotros ha pasado.
7. Esta pregunta es la consideración que arriba queda dicha: decid qué excelencias en vosotros ha criado.
Mas, ¿cómo perseveras. Oh, vida (1), no viviendo donde vives, Y haciendo porque mueras, Las flechas que recibes, De lo que del Amado en ti concibes?
L Como el alma se ve morir de amor, según acaba de decir, y que no se acaba de morir, para poder gozar del amor con libertad, quéjase de la duración de la vida corporal, a cuya causa se le dilata la vida espiritual. Y así habla con la vida de su alma, encareciendo este dolor diciendo: vida de alma, ¿cómo puedes perseverar en esta vida de cuerpo, pues te es muerte y privación de aquella donde ya vives más verdaderamente el amor y deseo? Y mayormente siendo bastantes para que mueras las heridas que recibes de los toques del Amado, y del vehemente amor que te causa lo que de él sientes y entiendes, que son heridas que de amor matan?
Mas, ¿cómo perseveras Oh, vida (2), no viviendo donde vives?
2. Para cuya inteligencia es de saber, que el alma mas vive donde ama que en el cuerpo donde ella anima; porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella le da a él vida y ella en to amado tiene su vida. Pero allende de esta vida de amor, por el cual vive el alma en cualquiera cosa que ama, el alma tiene su vida natural en Dios, según aquello que nos dice San Pablo: En él vivimos y nos movemos y somos. Y como el alma vea que tiene su vida 1 Lch.: Oh, alma.
2 Lch.: Oh. alma.
natural en Dios por el ser que en él tiene, y también su vida espiritual por el amor con que le ama, quéjase porque persevera todavía en vida corporal, porque la impide de vivir de veras donde de veras tiene su vida por esencia y por amor, como habernos dicho. En lo cual es grande el encarecimiento que el alma aquí hace, porque da a entender que padece en dos contrarios, en los dos versillos, porque lo que dicen en ellos es tanto como decir: alma mia, ¿cómo puedes perseverar así, pues vives sin vivir de veras donde vives por amor?
Y haciendo porque mueras, Las flechas que recibes.
3. Como si dijera: y demás de lo dicho, ya que perseveras en c! cuerpo, donde no tienes tu vida, cómo todavía perseveras, pues por si solos bastan a matarte los toques de amor, que en tu corazón recibes, de lo que de parte del Amado en ti sientes y entiendes, que eso quiere decir: De lo que del Amado en ti concibes.
tí. Es a saber, de la hermosura, grandeza y sabiduría y virtudes que de él entiendes.
Los ríos sonorosos.
9. Los ríos tienen tres (1) propiedades: la primera, que lodo lo que encuentran embisten y anegan, y la segunda, que hinchen los bajos y vacíos que hallan delante; la tercera, que tienen tal sonido que todo otro sonido privan y ocupan. Y porque en esta comunicación del Amado siente el alma en é! estas tres propiedades muy sabrosamente, dice que el Amado es los rios sonorosos. Cuanto a la primera es de saber, que de tal manera se ve e! alma embestir del torrente del espíritu de Dios en este caso y con tanta fuerza apoderarse de ella, que le parece vienen sobre ella todos los ríos del mundo que embisten, anegan todas sus pasiones y acciones en que antes estaba. Y no porque es cosa de tanta fuerza, es cosa de tormento; porque estos ríos son rios de paz, según por Isaías el Esposo lo dice diciendo: Mirad que yo declinaré sobre ella como un rio de paz, y como un torrente que va r?dundando gloria. Y así toda la hinche de paz y gloria. La segunda propiedad que el alma dice sentir, es que esta divina agua hinche los bajos de su humildad (2) y llena los vacíos de sus apetitos, según lo dice San Lucas diciendo: A los hambrientos hinche de bienes. La tercera propiedad que el alma siente en estos ríos de su Amado es sentir un sonido y voz espiritual que es sobre todo y voz, el cual priva y excede todo sonido. Y en declarar cómo esto sea nos habernos de detener un poco.
10. Esta voz o este sonoroso de estos rios que aquí dice el alma, 1 Por descuido omite Gr. esta palabra.
2 Lch. añade: para después levantarla a mayor gloria.