SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

Spanish

Page 32 of 39

es un henchimiento tan grande que la hinche y un poder tan poderoso que la posee, que no sólo le parecen sonidos de ríos, sino aun poderosísimos truenos. Pero es voz espiritual y no trae esotros sonidos corporales, ni la pena de otros sonidos, sino grandeza y fuerza y deleite; pero ella es como una voz y sonido inmenso, que hinche al alma de poder. Y porque para dar a entender esta espiritual voz que en la venida del Espíritu Santo se hacía en el espíritu de los Apóstoles interiormente se oía aquel sonido de fuera como de aire vehemente, por el cual se denotaba el que denlro en sí sentían los Apóstoles, que era, como decimos, henchimiento de poder y fortaleza. Y cuando una vez estaba el Señor Jesús rogando al Padre en el aprieto y angustia que había de sus enemigos, según lo dice San Juan, le vino esta voz del cielo, interior, confortándole según la humanidad, la cual oyeron de fuera los judíos, a manera de trueno, y así algunos decían que era trueno, y otros que le había hablado algún ángel; y era que por aquella voz de fuera, se notaba la fortaleza y poder que según la humanidad a Jesús se le daba dentro. De donde es de saber, que la voz espiritual es el efecto que ella hace. Lo cual quiso decir David cuando dijo: Ecce dabit vocc sucie vocem virtulis. Es a saber: Mirad que él dará a su voz, voz de virtud. Donde es de saber que Dios es voz infinita, y la voz que da en el alma es el efecto que en ella hace.

11. Y esta voz oyó San Juan en el Apocalipsis, y dice que la voz que oyó del cielo era lanquain vocem aquarum multarían, ct tanquain vocem tonitrui magni. Quiere decir: Que era la voz que oyó como voz de muchas aguas, y como voz de un grande trueno. Y porque no se entienda que esta voz, por ser tan grande, era penosa y áspera, añade luego diciendo, que esta voz era tan suave, que crat sicut ciiharedorum citliarizantium in citharis sais. Que quiere decir: Era como de muchos tañedores que citarizaban en sus cítaras. Y Ezequiel dice, que este sonido como de muchas aguas era quasi sonum sublimis Dei, es a saber: Como sonido del Altísimo Dios. Esto es, que altísima y suavisimamente en él comunicaba. Esta voz es infinita, porque, como decíamos, es el mismo Dios que se comunica, haciendo voz en el alma; mas cíñese a cada alma, dándole voz de virtud, según le cuadra limitadamente, y hace gran deleite y grandeza al alma. Que por eso dijo la Esposa en los Cantares: Sonet uox fuá in amibas meis, vox taa dulcís. Quiere decir: Suene tu voz en mis oídos, porque es dulce tu voz. Sigúese el verso: 1. En esta canción responde el alma a una tácita reprensión (1) que la podían hacer los del mundo, según lo han ellos de costumbre notar a los que de veras se dan a Dios, de demasiados en su retiramiento y extrañez en su manera de proceder, teniéndolos por inútiles y perdidos en lo que el mundo precia y estima; a la cual reprensión de muy 1 Bj.: a una tácita objeción o reprensión. Bz.: tácita obligación o reprensión.

HH5 buena manera satisface aqui el alma y de muy buena gana hace rostro a esto y a todo lo demás que e! mundo la puede imponer, teniéndolo todo en poco cuando ella ha llegado a lo vivo del amor-, antes ella misma se precia y se gloría de haber hecho esas cosas por el Amado. Y así ella misma las confiesa en esta canción diciendo a los del mundo, que si no la vieren en las cosas de sus primeros tratos y pasatiempos que digan que se ha perdido y ajenado de ellos; y que lo tiene por tan bien que ella misma se quiso perder andando buscando a su Amado por las obras de virtud, enamorada mucho de él. Y porque vean la ganancia de su pérdida y no la juzguen se puede llamar a engaño, como ellos piensan, dice que esta pérdida fué su ganancia, y por eso de industria se hizo perdida.

No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes (1) mirarme Después que me miraste. Que gracia y hermosura en mí dejaste.

1. Animándose ya la Esposa y preciándose a sí misma en las prendas y precio que de su Amado tiene, viendo que son cosas de él, aunque ella de suyo sea de bajo precio y no merezca alguna estima, merece ser estimada por ellas, atrévese a su Amado y dicele que ya no la quiera tener en poco, ni despreciarla, porque si antes merecía esto por la fealdad de su culpa y bajeza de su naturaleza, que ya, después que él la miró la primera vez en que la arreó con su gracia y vistió de su hermosura, que bien la puede ya mirar la segunda y más veces, aumentándole la gracia y hermosura, pues hay ya razón y causa bastante para ello en haberla mirado cuando no lo merecía ni tenía partes para ello No quieras despreciarme.

2. Como si dijera: pues así es lo dicho, no quieras tenerme ya en poco.

Que si color moreno en mí hallaste.

5. Que si antes que me miraras, hallaste en mí fealdad de culpas e imperfecciones y bajeza de condición natural (2).

Ya bién puedes mirarme, Después que me miraste.

4. Después que me miraste (3), quitando de mí ese color moreno y desgraciado con que no estaba de ver, ya bien puedes mirarme más 1 Bz.: Ya bien podrás...2 Lch.: consideración natural.

3 Md. comienza el párrafo por Quitando de mí.

veces; porque no sólo me quitaste el color moreno mirándome la primera vez, pero también me hiciste más digna de ver, porque Gracia y hermosura en mi dejaste.

5. Mucho se agrada a Dios en el alma que tiene su gracia (1), porque en ella mora bien agradado, y ella está en él engrandecida, y por eso la ama inefablemente, y la va comunicando siempre en todas las sazones (2) y obras de ella más amor y dones; porque alcanza mucho el alma que está subida en amor y honrada en Dios. Y así lo da a entender Dios hablando con su amigo Jacob por Isaías, diciendo: Ex quo honorabilis ¡actas es ¡n oculis meis, et gloriosus. ego dilexi te. Quiere decir: Después que en mis ojos eres hecho honrado y glorioso, yo Le amé, esto es: has merecido más amor mío, y en él mas gracia de mercedes mías por la honra y hermosura de gloria que de mí tenías.

Esto da también a entender la Esposa en los Cantares, diciendo a las hijas de Jerusalén: Nigra sunt sed formosa ¡Mae Jerusalem, ideo dilexií me /ex et íntródttxit me in cubiculum suum. Que quiere- decir: Morena soy, hijas de Jerusalén, pero hermosa; por tanto me ha amado el Rey y metido en lo interior de su lecho. Es a saber: aunque soy morena de mío, soy hermosa de él, y por eso me comunicó más amor y metióme más adentro haciéndome mayores mercedes.

6. Bien puedes ya, Dios mío, mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura de honra y gloria y riqueza con tu primera vista en mí dejaste.

Cogednos las raposas, Que está ya florecida (3) nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una pina, Y no parezca nadie en la montiña (4).

1. Viendo la Esposa las virtudes de su alma puestas ya en el punto de su perfección, en que está ya gozando el deleite y suavidad (5) y fragancia (6) de ellas, así como se goza la belleza y olor de las plantas cuando están floridas, deseando continuar esta suavidad y que no 'naya cosa que pueda impedírsela y atajársela (7), pide en esta canción que le cojan (7) y aparten de sí lodas aquellas cosas que pueden derribar y ajar (9) la flor de sus virtudes, como son todas las turbaciones, tenta- 1 Md.: a quien ha dado su gracia.

2 Bz. y Bj.: acciones por sazones.

3 Bz.: florida.

4 Lch.: campiña.

5 Lch.: sabiduría por suavidad.

6 Bj. y Bz.: suavidad y gloria.

7 Lch.: alejársela. Bj.: abajársela.

8 Md.: acojan.

9 Lch.: abajar por ajar. Bz.: ahogar.

ciones, desasosiegos, apetitos, imaginaciones y otros movimientos, que suelen impedir al alma la paz y quietud y suavidad interior, al tiempo que suele estar más a su sabor gozando de las virtudes todas juntas en su Amado; porque suele el alma a veces en su espíritu ver las virtudes todas que Dios le ha dado (obrando él en ella esta luz), y ella entonces con admirable deleite y sabor de amor las junta todas y las ofrece al Amado como una piña de flores, en lo cual recibiéndolas el Amado entonces, como a la verdad las recibe, gran servicio recibe en ello; porque el alma se ofrece juntamente con las virtudes, que es el mayor servicio que ella le puede hacer; y así es uno de los mayores deleites que en el trato con Dios suele recibir éste que recibe en esta manera de don que al Amado hace. Y así, deseando ella que no le impida cosa este deleite interior que es la viña florida, desea lo quitar (1) no sólo las cosas dichas, mas que también haya gran soledad de todas las cosas (2), de manera que en todas las potencias y apetitos interiores y exteriores no haya forma ni imagen ni otra cosa que parezca ni se represente delante del alma y del Amado, que en soledad y unión de entrambos están haciendo y gozando esta piña.

Cogednos las raposas, Que está ya florecida (3) nuestra viña.

2. La viña es el plantel que está en el alma de todas las virtudes que dan al alma vino de dulce sabor. Esta viña del alma está florida cuando en la unión de la voluntad con el Amado el alma está deleitándose y gozando todas esas virtudes juntas; y a este tiempo suelen acudir a la memoria imaginativa muchas y varias formas e imaginaciones, y en la parte sensitiva muchos y varios movimientos y apetitos que inquietan al alma, y con su mucha sutileza y viveza la hacen perder el gusto y suavidad de que entonces el alma está gozando, molestándola mucho. Y suele a este tiempo haber muchas turbaciones y horrores y temores (4) que suelen poner los demonios, y a todas estas cosas llama raposas. Porque así como las ligeras raposinas con sus sutiles saltos suelen derribar y maltratar la flor de las viñas, así estas imaginaciones y movimientos con su presteza (5) impiden y derriban del alma la flor de la suavidad de que entonces, como habernos dicho, está gozando, y también porque asi como las raposas son maliciosas y sagaces en fiacer daño, así éstas imaginaciones y los demonios con ellas procuran maliciar y derribar la flor de la suavidad del alma, porque no haya fruto.

3. Esto mismo pide la Esposa en los Cantares, diciendo: Capiíe nobis vulpes párvulas, quae demoLiuntur vincas: nam vinea nostra floruit. Que quiere decir: Cazadnos las raposas pequeñas (6) que estragan las viñas, porque nuestra viña está florida. Y por eso quiere el alma 1 Md.: le quiten.

2 Lch. suprime: mas que también haya gran soledad de todas las cosas.

3 Bz.: Que está ya florida. Bj.: Que está ya muy florida.

5 Lch., 8.654 y Bz.: presteza y ligereza. Md.' ligereza y presteza.

6 Md.: pequeñuelas.

aquí que se las cacen, y porque también haya lugar ele hacer lo que se sigue, es a saber: En tanto que de rosas Hacemos una piña.

4. En esta sazón que el alma está deleitándose en el pecho de su Amado, de la flor de esta viña acaece así que las virtudes se ponen todas en pronto, como habernos dicho, y en su punto, mostrando y dando al alma su fragancia y suavidad en la misma alma y en Dios, de manera que le parece al alma una viña muy florida de ellas y del Amado, y entonces ella las junta todas haciendo actos muy sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las ofrece ella al Amado con gran ternura de amor y suavidad; a lo cual la ayuda el Amado, que por eso dice hacemos una piña, conviene a saber: él y yo.

5. Y así es como una piña de rosas esta junta de virtudes, porque así como la piña es una pieza fuerte, y en sí contiene muchas piezas fuertes y fuertemente abrazadas, que son los piñones; así esta piña que hace el alma para su Amado es una sola perfección del alma, que fuerte y ordenadamente abraza en sí muchas perfecciones de virtudes muy fuertes y dones muy ricos, porque todas las perfecciones de virtudes (1) convienen y se ordenan en una perfección del alma; la cual, en tanto que está haciéndose y otreciéndose al Amado en el espíritu, conviene que se cacen las raposas. Y no sólo eso, sino también Y no parezca nadie en la montiña (2).

6. Porque para este divino ejercicio interior es también necesario soledad y ajenación (3) de todas las cosas que se podrían ofrecer al alma, ahora de parte de la porción inferior que es la sensitiva, ahora de parte de la superior que es la racional, que son en que (4) se encierra toda la armonía de potencias y sentidos de todo el hombre que aquí llama montiña. Dice que en esta no parezca nadie, es a saber, no parezcan en las potencias y sentidos (5) ningunas formas ni figuras de objetos ni otras operaciones naturales, porque en este caso si los sentidos exteriores e interiores obran, estorban; ni tampoco parezcan en las potencias espirituales otras sus operaciones y ejercicios, porque en llegando al sabor (6) de unión de amor ya no obran ni conviene obren las potencias espirituales, pues está ya hecha la obra de unión amando (7), así como llegando el término cesan todos los medios; no parezca, pues, nadie en la montiña; sola la voluntad esté asistiendo al Amado en la dicha manera.

1 Lch. añade: y dones.

2 Lch.: campiña.

4 Md.: que son las en que.

5 Bj.. Lch., Bz., 8.654 y Md.: sentidos sensitivos.

6 Md.: al saber.

7 Md.: amando lo entendido.

El aspirar del aire.

2. Esta habilidad que el alma pide para amar perfectamente, llama aquí aspirar del aire, porque es un delicadísimo toque y sentimiento (1) que el alma siente a este tiempo en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar subidamente con aquella aspiración levanta al alma y la informa, para que ella aspire a Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira al Hijo (2), y el Hijo al Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella la aspiran en la dicha transformación. Porque ' no sería verdadera transformación si el alma no se uniese y transformase también en el Espíritu Santo, aunque no en revelado y manifiesto grado (3) por la bajeza de esta vida. Lo cual es para el alma de tanta gloria y deleite, que no hay decirlo por lengua mortal, ni el entendimiento humano alcanza algo de ello (4).

3. Pero el alma unida y transformada en Dios aspira en Dios a Dios la misma aspiración divina que Dios, estando en ella, aspira en sí mismo a ella, que es lo que entiendo quiso decir San Pablo cuando dijo: Quonium autem estis filii Dei, misit Deas Spiritum Filii sui in corda clamantem: Abba, Pater. Lo cual en los perfectos es en la manera dicha. Y no hay que maravillar que el alma pueda una cosa tan alta, porque dado que Dios le haga merced que llegue a estar deiforme y unida en la Santísima Trinidad, ¿qué cosa tan increíble es que obre ella su obra de entendimiento, noticia y amor en la Trinidad juntamente con ella como ella, por modo participado, obrándolo Dios en ella?

4. Y cómo esto sea, no hay más poder ni saber para decir, sino dar a entender cómo el Hijo de Dios nos alcanzó y mereció este alto estado y puesto, cuando por San Juan dijo al Padre: Voló ui quos dedisti mihi, ui ubi sum ego, et illi sint mecum. Que quiere decir: Padre, quiero que los que me has dado, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, es a saber: haciendo la misma obra que yo participativamente. Y también dice: No ruego solamente por estos presentes, sino también por aquellos que han de creer por su doctrina en mí, que todos ellos sean una cosa; de la manera que tú, Padre, estás en mí y yo en ti, así ellos en nosotros sean una misma cosa; y yo la claridad que me has dado, he dado a ellos, para que sean una cosa, como nosotros somos una misma cosa; yo en ellos y tú en mí, porque sean perfectos en uno; porque conozca el mundo que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí, que es comunicándoles el mis- 1 Lch.: toque y entendimiento.

2 Md.: "para que ella aspire a Dios una subidísima aspiración de amor, semejante a la que el Padre aspira al Hijo, y el Hijo al Padre, que es el Espíritu Santo que a ella le dan en la dicha transformación."

3 Bz. lee: que es el mismo Espíritu Santo, aunque no en manifiesto grado...4 Md.: ni el entendimiento humano lo alcanza.

mo amor que al Hijo, aunque no naturalmente como al Hijo, sino, como habernos dicho, por unidad y transformación de amor. Como tampoco se entiende aquí quiere decir el Hijo al Padre (1) que sean los santos una cosa esencial y naturalmente como lo son el Padre y el Hijo; sino que lo sean por unión de amor, como el Padre y el Hijo están en unidad de amor. De donde las almas esos mismos bienes poseen por participación, que El por naturaleza; por lo cual verdaderamente son dioses por participación, iguales y compañeros suyos de Dios. De donde San Pedro dijo: Gracia y paz sea cumplida y perfecta en vosotros en el conocimiento de Dios y de Jesucristo Nuestro Señor, de la manera que nos son dadas todas las cosas de su divina virtud para la vida y la piedad por el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y virtud, por el cual muy grandes y preciosas promesas nos prometió y dió, para que por estas cosas seamos hechos compañeros de la divina naturaleza; lo cual es, de la manera que dijimos, participar el alma en la obra con la Trinidad, en la unión dicha. Lo cual, aunque se cumple perfectamente en la otra vida, todavía en ésta se alcanza gran rastro y sabor de ello en el estado perfecto, al modo que vamos diciendo, aunque no se puede decir.

5. ¡Oh, almas criadas para estas grandezas, y para ellas llamadas! ¿qué hacéis? ¿en qué os entretenéis? (2). ¡Oh, miserable ceguera de los hijos de Adán (3), pues en tanta luz están ciegos y a tan grandes voces sordos, pues en tanto que buscan grandezas y gloria, se quedan miserables y bajos, de tantos bienes indignos! Sigúese lo segundo, En la noche serena.

9. Esta noche en que el alma desea ver estas cosas, es la contemplación, porque la contemplación es oscura, que por eso la llaman por otro nombre mística teología, que quiere decir sabiduría escondida y secreta de Dios, en la cual sin ruido de palabras y sin adminiculo y argumento (4), como en silencio y quietud de la noche, a oscuras de todo lo sentido, enseña Dios ocultísima y secretísimamente (5) al alma, sin ella saber cómo; lo cual se llama entender no entendiendo. Porque esto no lo hace el entendimiento activo, que llaman los filósofos, el cual obra en formas y fantasías de cosas; mas hácese en el entendimiento en cuanto posible y pasivo, que no recibe las tales formas y fantasías, sino pasivamente recibe inteligencia substancial, la cual le es dada sin ningún oficio suyo activo, ni obra.

10. Y por eso, llama aquí a esta contemplación noche serena; porque así como la noche se llama serena porque está limpia de nublados y vapores en el aire, que ocupen la serenidad, así esta noche de contemplación está para la vista del entendimiento rasa y ajena de todo nublado de formas y fantasías y noticias particulares (6) que pueden 1 Gr. omite al Padre.

2 Las anteriores frases de este párrafo faltan en Gr.

3 Gr.: oh, miserable guerra de los hijos de Adán.

4 Md.: y sin estruendo y argumento.

5 Bz.: altísima y secretísimamente.

6 Lch., 8.654, B)., Bz. y Md. omiten particulares.

entrar por los sentidos, está limpia también de cualesquier vapores de afectos (1) y apetitos; y así es noche para el sentido y entendimiento natural, según enseña el Filósofo, diciendo: Que así como el ojo del murciélago se oscurece en la luz del sol, así nuestro entendimiento con la mayor luz natural.

Con llama que consume y no da pena.

11. La cual llama es el amor ya perfecto de Dios en el aliña. El cual tiene ya consumida y transformada al alma en sí (2); porque pará ser perfecto, estas dos propiedades ha de tener, conviene saber: que consuma y transforme el alma en Dios, y que no dé pena la inflamación y transformación de esta llama en el alma, y así es ya amor suave, por cuanto hay conformidad y henchimiento de ambas partes, y, por tanto, no da pena de variedad en más o menos, como hacía antes cuando el alma no estaba capaz del perfecto amor; porque es ya como el carbón encendido que con gran conformidad está ya igualado y transformado (3) en el fuego, sin aquel humear y respendar (4) que hacaí antes y sin la oscuridad y accidentes propios que tenía antes que del todo entrase el fuego en él. Las cuales cosas tiene el alma en penalidad hasta que llegue a grado de amor perfecto en que la posee el amor llena y cumplida y suavemente, sin pena de humo de pasiones y accidentes naturales, pero transformada en llama suave que la consume y muda en movimientos y acciones de Dios, en la cual llama dice la Esposa que le ha de mostrar y dar todas las cosas que ha dicho en esta canción, porque todas las posee y estima y goza en perfecto y suave amor de Dios.

Aminadab tampoco parecía.

3. Este Aminadab en la Escritura Divina significa el demonio adversario del alma que siempre la combatía y turbaba con su innumerable munición de tentaciones, porque no se entrase en esta fortaleza y escondrijo de recogimiento en la unión del Amado; en el cual puesto está ya el alma tan favorecida y victoriosa y fuerte en virtudes, que el demonio no osa parecer (5) delante de ella. De donde por estar ella en el favor de tal abrazo, y el demonio tan ahuyentado, y porque también habiendo vencido al demonio perfectamente un alma, cual ha hecho la que llegó a este estado, no parece más delante de ella, y así dice muy bien, que Aminadab tampoco parecía.

Y el cerco sosegaba.

4. El cerco entiende aquí por las pasiones y apetitos del alma, que 1 Lch. omite y de afectos y Bz. omite además y apetitos.

2 8.654, Bz., Bj., Lch. y Md. suprimen lo que sigue hasta la frase: y asi es ya amor suave.

3 Md.: está ya muy semejante y transformado, i Md.: restallar.

5 Bz. y Lch.: parar.

la cercan 9 combaten cuando no están vencidos en derredor (1), por lo cual las llama el cerco; el cual dice que también está ya sosegado, porque en este estado están de tal manera las pasiones compuestas y los apetitos mortificados que ninguna molestia (2) ni guerra hacen.

Y la caballería A vista de las aguas descendía (3).

5. Por las aguas entiende aquí los bienes espirituales que en este estado se dan al alma. Por la caballería entiende las potencias de la parte sensitiva, así interiores como exteriores, las cuales dice la Esposa que en este estado descienden a vistas (4) de las aguas espirituales, porque de tal manera está ya en este estado purificada y espiritualizada en alguna manera la parte sensitiva del alma, que ella con sus potencias sensitivas y fuerzas naturales se recogen a participar y gozar en su manera de las grandezas espirituales que Dios está comunicando al espíritu, según lo quiso entender David cuando dijo: Cor meum et caro mea exultaverunt in Deum vivum. Que quiere decir: Mi espíritu y mi carne en uno se gozaron y deleitaron en Dios vivo.

6. Y es de notar que no dice aquí la Esposa que la caballería descendía aquí a gustar las aguas, sino a vista de ellas, porque esta parte sensitiva con sus potencias no pueden esencial y propiamente gustar los bienes espirituales, porque no- tienen proporcionada capacidad (5) para eso, ni en esta vida ni en la otra; sino por cierta redundancia (6) de espíritu los reciben con recreación y deleite, por el cual son atraídas estas potencias al recogimiento en que está bebiendo el alma los bienes espirituales (7); lo cual es descender (8) más a la vista de ellos que al gusto esencial de ellos; y así gustan la redundancia que del alma se comunica en ellos. Dice que descendían, y no otro vocablo alguno, para dar a entender que estas potencias descienden y bajan de sus operaciones al recogimiento del alma; en el cual sea servido el Señor Jesús (9), Esposo dulcísimo, de poner a todos los que invocan su nombre. Amén.

1 Bz. omite en derredor.

2 Md.: que casi ninguna molestia.

3 Bz.: Al cerco de las aguas descendía, i Lch.: viviendo a vista.

5 Bz.: proporción ni capacidad.

6 Lch.: redundación. Md.: por cierta redundancia del espíritu reciben recreación y deleite. Igual leen Bj. y 8.654.

7 Bz.: viendo el alma y gozando los bienes espirituales.

8 Lch.: ios cuales descienden.

9 Lch.: el Santo Jesús.

APÉNDICE II SOBRE LA CONDICION APOCRIFA DEL SEGUNDO «CANTICO» (1).

I Como gs sabido, el Cántico Espiritual no se publicó en la primera ni en la segunda edición española de las obras del Santo (1618 y 1619). La causa, aunque no se expresa en las dos ediciones citadas, fué que se comenta en ella, más particularmente que en otros tratados suyos, el inspirado libro de los Cantares de Salomón, y los tiempos que corrían cuando se preparaba la edición de las obras de San Juan de la Cruz no eran los más propicios para la publicación de trabajos de esta índole.

A la lengua francesa se debe la primacía en la publicación por medio de las prensas de este hermoso libro del Doctor español. René Gaultier, consejero de Estado en Francia, persona muy influyente en la Corte y uno de los que más eficazmente trabajaron para llevar Carmelitas Descalzas a su nación, fué quien primero dió a la luz el Cántico en París, según se indicó en la Introducción. Se ha dicho, y nada más verosímil, que para su versión gálica se sirvió Gaultier de algún 1 Hacemos aqui un extracto, que quisiéramos resultase completo y fiel, de los trabajos del P. Chevailier respecto del tema que encabeza este escrito, y damos también nuestra desautorizada opinión sobre ellos. En realidad, lo que sentimos acerca de lo que aquí se trata, ya lo hemos dicho en la Introducción; sin embargo, en este estudio hemos de descender a pormenores que en aquélla omitimos para no repetirnos.

Sólo ante lo que creo una obligación me resigno a publicar este trabajo. Como obligación reputo la consideración que debo al laborioso autor a quien tengo el honor de contestar. No decir nada de este asunto, podría achacarse a desprecio. En los años, ya no cortos, que llevo escribiendo, jamás he contendido con nadie. Por carácter rehuyo las polémicas, de cuya inutilidad, por lo menos, siempre estuve convencido, salvo alguna rarísima excepción. Nunca he podido presumir que yo lograra convencer a un adversario doctrinal; ni jamás tampoco he podido convencerme a mi mismo, que si entablo polémica, me hagan callar asi como así. Pues si de mi — de tan corto ingenio — propendo a creer que no me impondrían silencio a la de tres, y que encontraría siempre razones más o menos especiosas para contestar, ¿cómo podré sospechar siquiera que voy yo a imponer a los demás mí punto de vista, cuando todos son seguramente más ágiles y agudos? Mi norma de conducta ha sido ésta: cuando respecto a doctrinas que yo he podido sustentar se me ha refutado, he procurado leer con detenimiento y friura la refutación. Si me convence, la acepto, y cuando se ofrece ocasión enmiendo el yerro. Si no me convence, o veo que el refutador anda por los cerros de Ubeda, callo. Prefiero pasar plaza de ignorante, a perder tiempo, y quizá caridad, polemizando inútilmente. Cuando los juicios erróneos rozan con la sandez o la pasión, tomamos un calmante espiritual, y asunto concluido. Tal conducta cuesta observarla, pero, a fin de cuentas, me parece para mí la más discreta y útil. De los demás, no juzgo. No olvidemos tampoco que hay ingenios que gozan luchando y que poseen una fuerza nefasta de destrucción, aunque sean incapaces de hacer en toda su vida un mal cambucho.

ejemplar español que le proporcionó la venerable Ana de Jesús cuando en 1604 entró con sus compañeras de fundación en Francia.

En 1627 salía de las prensas romanas otra traducción en italiano del mismo libro, hecha por el P. Alejandro de San Francisco, definidor general de los Carmelitas Descalzos de la Congregación de Italia (1). La novedad mayor que la versión italiana traía sobre la francesa, fué la de publicar una estrofa nueva, la XI, concebida en estos términos: «Descubre tu presencia Y máteme tu vista y hermosura Mira que la dolencia De amor no bien se cura Sino con la presencia y la figura».

Sin previo acuerdo, seguramente, se publicó este mismo año el Cánticp Espiritual en Bruselas (2). El Cántico en la edición de Bruselas contiene las treinta y nueve estrofas del de París, al cual se asemeja casi en todo. Hay poquísimas diferencias, y éstas secundarias, entre ambos manuscritos. Aunque no conste positivamente, es muy probable que la edición belga se regulase también por algún códice que llevo a ¡os Países Bajos la venerable Ana de Jesús y sus compañeras de fundaciones. Quizá el mismo que sirvió para la parisiense.

Por primera vez salía de tórculos españoles el Cántico Espiritual en la edición que hizo el año de 1630, en Madrid, Fray Jerónimo de San José, por encargo y recomendación de los Superiores generales de la Congregación española de Carmelitas Descalzos (3).

Con yerros, más o menos calificados, fuese reproduciendo la edición madrileña en todas las sucesivas, así nacionales como extranjeras, hasta que en 1703 hizo una en folio, de presentación magnífica, insuperable entre las españolas, el P. Andrés de Jesús María. Da cuenta de ella en un trabajo que pone al principio y rotula: «Introducción y advertencia general a la lección de estos libros (1).

En los siglos XVIII y XIX el Cántico Espiritual fué reimprimiéndose conforme a este ejemplar hispalense. Y no es que durante este tiempo no se pusiese en tela de juicio la procedencia autógrafa sanjuanisla del Códice de Jaén, pues ya dudó de su calidad de autógrafo el P. Andrés de la Encarnación; pero dejamos advertido en otro lugar que sus estudios críticos acerca de los escritos del Santo no se tomaron en cuenta hasta la edición que hizo en Toledo el Ph Gerardo de San Juan de la Cruz. Es el primero que en caracteres de imprenta habla de haberse escrito dos veces el Cántico Espiritual, porque privadamente ya lo había afirmado el citado P. Andrés de la Encarnación (5). Asi y todo, hasta el malogrado P. Gerardo no se había hecho 1 Véase la Introducción.

2 También se habló de ella en la Introducción.

3 Al principio de la Descalcez teresiana sólo hubo una congregación, pero luego que se fundaron algunos conventos en Italia y otras naciones, Clemente VIII dividió la Reforma en dos congregaciones, española e italiana, por sus Letras de 13 de noviembre de 1600.

4 Véase lo dicho en la Introducción.

5 De este extremo se hablará más adelante.

ningún estudio detenido y serio de las diferencias que habia entre la primera escritura del Cántico, bien representado por el Códice de Sanlúcar de Barrameda, y la segunda redacción, de la cual se da como specimen o tipo el Códice de Jaén.

Estudia estas diferencias en su «Introducción al Cántico Espiritual», párrafo II, bajo el título «Los dos Cánticos». Como diferencias capitales de entrambos Códices, señala que el primero consta de treinta y nueve canciones, y el segundo de cuarenta; que el orden entre ellas es muy distinto; que en «la segunda escritura, cada estrofa va precedida, por lo general, de su anotación, lo cual falta en el de la primera, si se exceptúan las estancias 13 y 14»; y, por último, que se hallan «en el segundo Cántico [el de Jaén] muchos párrafos que se desean en el primero». Continúa observando muy discretamente, que estas diferencias dan fisonomía propia al Cántico de Jaén, y que ellas no pueden provenir «de mera falta de cuidado y fidelidad por parte de los amanuenses». También rechaza la hipótesis que sostiene que el Cántico de Barrameda es el genuino del Santo, y el de Jaén «de un discípulo suyo que amplificara sus conceptos y diera distinta colocación a sus estrofas». El P. Gerardo defiende la procedencia sanjuanista del Códice de Jaén, por lo que hace, no a la autenticidad de letra— hoy no puede sostenerse semejante afirmación, ni él la sostiene tampoco —, sino de la doctrina, orden y disposición de las estrofas, tal como está expuesta en el Manuscrito jienense, apesar de sus innegables faltas y descuidos de transcripción. He aquí lo que escribe a este respecto: «En el borrador antes mencionado [el Códice de Sanlúcar) j rastreamos ya algunas de las amplificaciones que hizo su mismo autor en el segundo Cántico. Hállanse en él varias notas de letra del Santo añadidas al texto, cuyos conceptos no se encuentran en los manuscritos de la primera escritura y sí en los de la segunda. Esto prueba que el Místico Doctor, después de escrito su libro y de sacarse traslados de él, meditó nuevos pensamientos sobre el asunto y los fue apuntando en aquel manuscrito para luego explanarlos en la segunda composición que proyectaba de aquel tratado. Nueva demostración de la verdad que defendemos, es el siguiente pasaje, tomado del verso 4.2 de la canción 31, el cual dice así: «Mas cuáles y cómo sean estas tentaciones y trabajos y hasta dónde llegan al alma, para poder venir a esta fortaleza de amor en que Dios se una con el alma, en la declaración de las cuatro canciones que comienzan Oh llama de amor viva está dicho algo de ello...» Este párrafo nadie dudará que sea original del Santo; y como quiera que no se halle en ninguno de los manuscritos del primer Cántico y se encuentre en todos los del segundo, es una prueba más de que el Reformador del Carmelo escribió dos veces su famoso tratado. ¿Se desean nuevas pruebas de nuestro aserto? Pues ahí están varios manuscritos, casi todos del siglo XVI, que son otras tantas autoridades que lo demuestran; ahí está sobre todo el Códice de las Carmelitas de faén, que si no es el autógrafo del Santo, como hasta