SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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El historial de este Códice nos le da el P. Salvador de la Cruz en el documento arriba mentado, que firma en Jaén, a 3 de febrero de 1670 y que tituló «Noticia cierta de quién escribió este libro [el Cántico Espiritual] y veneración que por ello se le debe, con algunas advertencias». Entre otras cosas, escribe a nuestro propósito el P. Salvador, después de afirmar erróneamente que el Códice era de letra del Santo, lo cual podía verse tanto comparando las letras, «como porque lo certificó así la venerable madre Ana de Jesús Lobera a la venerable madre Isabel de la Encarnación, priora que fué del 1 Dejó correr levísima sospecha respecto de la identidad gráfica de ambos manuscritos mi culto amigo, el señor Martínez Burgos, en el prólogo a su hermosa edición del Cántico de Jaén.

AL CAKTICO ESPIRITUAL XII Convento de nuestras Religiosas descalzas Carmelitas de la ciudad de Jaén, a quien, siendo novicia en el Convento de nuestras Religiosas de Granada y priora de él la venerable M. Ana de Jesús, le dio la misma venerable M. Ana de Jesús este libro en cuadernos sueltos, certificándole eran escritos de mano y letra propia de nuestro venerable Padre fray Juan de la Cruz, de quien lo habia recibido. Y la misma venerable madre Isabel de la Encarnación, siendo priora del Convento de nuestras Religiosas descalzas de Jaén, estando para morir, dió estos cuadernos, ya unidos y encuadernados como están, a la AV. Clara de la Cruz, religiosa en el mismo convento de Jaén, y priora que después ha sido de él, certificándole lo mismo».

Sabidas son las buenas relaciones espirituales, de padre a hija, que mediaron entre el Santo y la venerable Ana de Jesús desde que comenzó a confesarla en Bcas (1578) hasta la muerte del Santo (1591). Conocido es también que a instancias de esta religiosa compuso el Cántico Espiritual, siendo ella priora de aquel convento de Carmelitas Descalzas, desde que se fundó (1582) hasta que la M. Ana salió para la fundación de Madrid en 1586, pues en la elección de priora hecha en 13 de enero de este mismo año fué electa por unanimidad de nuevo la M. Ana, como puede verse en el Libro primitivo de Profesiones y Elecciones de esta Comunidad. De la venerable Isabel de la Encarnación escribe el Libro de Difuntas de las Carmelitas Descalzas de jaén: «En tres días del mes de junio de este año de el Señor de mil y seiscientos y treinta y cuatro, día sábado, a las seis de la mañana, víspera de Pascua del Espíritu Santo, murió y se llevó Su A\ajestad para sí a nuestra madre Isabel de la Encarnación, priora que era de este convento de nuestra madre Santa Teresa de Jaén, siendo de edad de setenta y un años y teniendo de hábito cincuenta ij uno. Era natural de Granada, y de allí profesa, hija de los señores Fernando de Puebla y doña Leonor Menéndez y Fucnsevilla, priora y supriora siete años. Salió de allí a fundar nuestro convento de la Encarnación de Baeza y en él fué priora cerca de once años.

Salió de Baeza y vino a fundar esta nuestra casa de Jaén, y en ella fué perlada cerca de trece años. Era sujeto muy capaz, dotada de muchas gracias, de gran prudencia, muy religiosa, dada a la oración y ejercicios santos. Fué siempre muy amada y estimada de sus monjas. Tenía grande ánimo. Ofreciéronsele trabajos y llevábalos con mucho valor y sufrimiento; de la misma manera las enfermedades. Fué la de su muerte larga, y en ella mostró el tesoro de su paciencia y de otras muchas virtudes y conformidad con la voluntad de Dios. Rescibió con gran devoción todos los sacramentos, y dejó edificadas XLn a las religiosas con esto, y su grande paz y sosiego con que se fué al cielo. Estaba su cuerpo tan tratable, hermoso y con tanto agrado el rostro que parecía estaba viva, y sentían las religiosas mucho consuelo tocando sus manos y besando sus pies como de santa, que así lo parecía y decía la gente, pidiendo reliquias suyas».

Es probable que la M. Ana entregase el Códice de Jaén, entonces en cuadernillos sueltos, en agosto de 1586, pocos días antes de salir para la fundación de Madrid, que se realizó en septiembre (el 17 se puso el Santísimo Sacramento), para donde salió la M. Ana con otras religiosas de Granada. No dejarla la Madre de llevar a la Corte otro ejemplar, o quizá varios, para si y sus religiosas; y alguno de ellos iría a parar muy pronto a la emperatriz doña María, que ya dijimos leía y apreciaba mucho los escritos de San Juan de la Cruz, y con ella muchas damas de la Corte y aristocracia madrileña (1).

Poco antes de morir, como acabamos de saber por el P. Salvador, la M. Isabel de la Encarnación entregó el Códice a la M. Clara de la Cruz, que hacia quince años que había tomado el hábito en las Descalzas de Jaén y tenía a la sazón treinta y tres (2). Era ya para esta fecha una de las religiosas más completas de la Comunidad. De ella dice el Libro de Difuntas: «Viernes, 6 de noviembre de 1671, fué Nuestro Señor servido de llevarse para si a la M. Clara de la Cruz, a la una del día; de edad de setenta años y cincuenta y dos de hábito. Fué religiosa muy observante penitente, y de lindo ingenio para cualquiera cosa que tomaba en sus manos de labores y bordados y flores...Mientras tuvo salud fué muy asistente al coro, con particular cuidado en sus ceremonias y puntualidad en el rezo y advertencias de él. Observó los ayunos y el traer estameña hasta que la rindieron los achaques. Cuatro años antes de su muerte, que fueron de gota e hidropesía, con que padeció mucho, cayó en la cama, donde estuvo tres o cuatro meses hética. Murió con todo sentido, con gran conformidad de Dios y actos muy fervorosos de todas las virtudes, y quedó después de muerta tan alegre y apacible el rostro, que era consuelo mirarla. Fué muchas veces sacristana, por la gracia y aseo con que ejercitaba este oficio. Fué priora de esta casa una vez, y clavaria muy ordinario, que para todo tenía gracia y habilidad».

Dieciocho meses antes que muriera la M. Clara, hizo las diligencias dichas acerca de la procedencia de este Códice el P. Salvador 2 Según el Libro de Profesiones y Elecciones de jaén, la M. Clara hizo su profesión el 15 de febrero de 1620. y fué electa priora a 23 días del mea de marzo de 1658.

XLIII de la Cruz; a lo cual quizá no fueron ajenas las mismas religiosas, pues siendo aquélla tan venerable y que tanto crédito habia de dar a la preciosa reliquia que tenían, suplicarían a la M. Clara dejase un testimonio que perpetuase el origen del celebérrimo Manuscrito de Jaén; y así lo hizo por medio del citado P. Salvador, conventual por entonces del convento que en la misma ciudad tenían los Carmelitas Descalzos. La medida no pudo ser más providente, pues con ella dió a este Códice una prueba tan irrecusable de su procedencia sanjuanista, como ya no hubiera podido darse jamás, puesto que nadie se hallaba en tan favorables circunstancias para ello, muerta la M. Isabel, como la M. Clara de la Cruz, que de aquélla lo recibió.

Ya se ha indicado que, a pesar de sus primores caligráficos y la limpieza con que está hecha la copia, tiene bastantes errores materiales. Sin ir más lejos, en el título del prólogo escribe chisto por christo. Pero estos deslices son minucias de ninguna importancia, y más cuando hay otras copias autorizadas para poder consultar y rectificar estos yerros, como ocurre en el caso presente.

Códice de Avila. — En el primitivo Convento de las Carmelitas Descalzas de San José se guarda un Códice del Cántico Espiritual, magníficamente encuadernado en planchas de plata y esmaltes, con bonitas aplicaciones de la misma materia en los cuatro ángulos y broches muy artísticos. Como reza una inscripción grabada en las mismas planchas, esta obra se hizo en 1878, gracias a la munífica largueza de la piadosa dama, excelentísima doña María del Carmen Azlor y Aragón, condesa de Guaqui. Hállase en perfecto estado de conservación. Mide 150 por 100 mm., y cuenta hasta 185 hojas, sin foliar. La que hace de portada, dice: Jhs. María. — Declaración de las Canciones que tratan del exercicio de amor entre el alma y X.e en la qual se tocan algunos púnelos y efjectos de oración, a petición de la Aladre Ana de Jesús, Priora de las Descalzas de San Joseph de Granada, año de 1584. En la siguiente hoja comienza el prólogo.

El Códice tiene dos clases de letra, claras ambas y muy legibles. La primera llega hasta la frase «limpiándola de todas sus imperfecciones y poniendo en razón-, de la Declaración de las canciones XX y XXI. En la palabra siguiente comienza la segunda clase de letra hasta el fin. Una y otra deben ser de fines del siglo XVI y de copistas que entendían el latín, porque muchas palabras están escritas a la latina. El primer amanuense, en el cuerpo ya de la obra, contra la costumbre observada en todos los Códices, no copia la estrofa entera, sino sólo el primer verso, y los restantes los suple con un etcétera. El segundo las copia íntegras, y el número de orden de XLIV cada una de ellas es romano, a diferencia del primero, que emplea el el arábigo.

La copia esta hecha con mucho esmero, y es muy fiel. Apenas tiene variantes con la de Jaén, y de importancia escasísima. Hay alguna omisión mecánica, pero muy breve y fácil de suplir por otros manuscritos. Al margen pone las citas de la Sagrada Escritura. Al encuadernarse, se cambiaron algunas hojas de su lugar propio enchufándolos en otro.

Todavía, a fines del siglo XVII, y por un general tan docto como el P. Alonso de la Madre de Dios, fué tenido este Códice por de letra del Santo Padre, como lo indica la siguiente nota, de puño y letra del citado P. General, puesta al fin del Cántico Espiritual del Códice de Segovia (fol. 113), del que adelante hablaremos, que es del tenor siguiente: «Cotejé este libro y su letra con el de las Canciones, escrito y firmado de N. S. P., questá original en el convento de religiosas nuestras de esta ciudad de Abila. Y se conoce claramente ser la letra de ambos de una misma mano. Y siéndolo de la del Santo el citado, no debe dudarse que lo es también éste. Abila y octubre 17 de 1692.— Fr. Alonso de la Madre de Dios, Gral.» Mal perito calígrafo habría hecho el buen P. General, puesto que ni son de la misma letra, ni menos proceden de la pluma del Santo. Además, median muchas variantes entre ellos. Basta examinar la firma (Fr. Juan de la -{-), que se pone al fin del Cántico, un poco más abajo de la última línea de la canción XL, para convencerse en seguida que no tiene el Códice tan preciado origen.

Códice de Burgos.— Hace un manuscrito de 215 por 150 mm.. forrado en pergamino. Paginado por hojas desde la portada, llega hasta la 122. A diferencia de las demás copias, el poema le trae en las cuatro últimas páginas. Es muy antiguo, de letra clara, redonda y trazos gruesos y muy bien hechos. Puede ser coetáneo del Santo. Desde muy antiguo perteneció al Convento de Carmelitas Descalzos de Burgos. En la primera hoja en blanco se lee, de letra del P. Andrés de la Encarnación: «Este Manuscrito es de el Archivo de nro. Colegio de Burgos». En la siguiente, reflejo sin duda de lo dicho por el P. Andrés de Jesús en la edición que publicó en 1703 en Sevilla, de la que luego hablaremos, dice el citado Fr. Andrés de la Encarnación: «Este manuscrito es de las canciones de N.° p.e S. Juan dff la Cruz. Y se advierte que está según el original y no tiene el defecto que tenían los impresos antes de la última impresión de Sebilla, por lo que se deue apreciar y guardar por lo que puede suceder en AL CANTICO FSPIRITUAL XLV lo futuro. Fáltale el Prólogo. Al fin se hallan unas canciones añadidas que se deuerán ver...»

La hoja que sigue da comienzo al texto del Cántico por el «argumento», de suerte que carece de prólogo, porque las cuarenta canciones que suelen venir a continuación, ya hemos dicho que las trae al fin del tratado.

La copia discrepa muy poco de la de Jaén, y no por intención hecha, sino por descuidos de copista. Por efecto de estos descuidos, hay algunas omisiones cortas, fácilmente subsanables. También omite los títulos de las anotaciones que vienen al comienzo de cada estrofa, y la palabra «Declaración», que pone el Santo a continuación de los cinco versos de que se compone cada una de las canciones.

En el margen inferior de la portada, de letra poco menos antigua que el manuscrito, y de mujer, se puso: al vso de ana m.* de Jesús. No serla difícil que la religiosa que aquí se cita fuera una de las hijas de aquel simpático Nicolás Gutiérrez, vecino de Salamanca que dió seis al Carmelo y fué grande amigo de la Santa (1). Ana María, como ya se ha dicho en otra parte de esta edición, fué muy querida de Santa Teresa en la Encarnación de Avila, y una de las religiosas de esta casa más afectas al Santo y que más se aprovechó de su dirección espiritual. La letra de la mencionada inscripción no es de ella, que la tenía muy mala, sino de otra religiosa, que la poseía más clara y de mejor traza. Esto, que lo tengo por muí) probable, pues en los Conventos de Descalzas no se registra tal nombre por esta época, es indicio de la antigüedad del Manuscrito— muy a tono con lo que indica la letra —, y hasta pudo dársele el Santo cuando en los últimos años de su vida estuvo de asiento en "Segovia, o bien remitírsele por medio de alguna persona de confianza.

Fué una lástima que en el Dicho que para la beatificación del Santo tomaron a esta religiosa en el Convento de la Encarnación, (27 de junio de 1616), cuando contaba ya setenta y seis años, no se le hiciese ninguna pregunta ex profeso acerca de los escritos del Santo como se hizo a los testigos que declararon en Segovia y otros lugares; es fácil que nos hubiera dejado alguna noticia peregrina de ellos, y hasta si poseía algunas copias originales, como nos dice, a otro propósito, que recibió billetes espirituales del Santo y vió otros papeles sobre idéntico argumento. A la M. Ana María sólo se le hicieron ventiocho preguntas, y la correspondiente a los escritos en el Interrogatorio de 1616 es la treinta y cinco. ¿Quién sabe, de hacérsele esta pregunta, lo que hubiera declarado?

1 Cfr. Biblioteca Mística Carmelitana, t. V, cap. XIX.

XLV!

En cuatro hojas sin paginar, que vienen al final de este manuscrito, firmadas por el P. Andrés de la Encarnación (no pone la fecha), se copia una poesia atribuida a la Santa (1), y otra que se 'dice ser del Santo, de la que hablaremos en el tomo siguiente.

Códice de Alba de Tormes.— En la página 568 de este Códice (2), comienza el Cántico Espiritual sin más título que las palabras Vía iluminativa. En seguida se lee: «Prólogo a la Me. Ana de Jhs., descalza carmelita. Por cuanto», etc. Este modo de comenzar es conforme a la nota que se lee al fin de la Noche Oscura, en la página anterior a la que comienza el Cántico, la cual dice: «Hasta aquí escribió el santo fray Juan de la Cruz de la via purgativa, en que trata lo activo della y passivo, como se be en el tratado de la subida del monte y en este de la noche oscura; y como murió, no escrivió más, y de aquí adelante se sigue la via iluminativa y luego la unitiva».

Tiene pocas variantes con el Códice de Jaén, y debidas a descuidos materiales del que hizo esta copia, salvo el de Avila, que es el que mejor y más fielmente le traslada. Alguna omisión corta se registra y alguna modificación de palabras o frases, pero de escasa importancia. Ni las modificaciones ni las omisiones coinciden con las advertidas en el Códice abulense. Por descuido, se omitió la estrofa décima al principio del Cántico en que reproduce íntegra la poesía, pero viene luego en el comentario. Sistemáticamente se suprime también de todas las canciones el título que al principio de ellas suele venir con estas palabras casi uniformes: Anotación para la canción siguiente, como se advirtió en el de Burgos.

Manuscrito 6.624 (3).— Da comienzo el Cántico Espiritual de este Códice en la página 332, por la palabra prólogo, sin título ninguno, y termina en la 554 v.° Copia con bastante fidelidad al Manuscrito de Jaén, aunque no carece de variantes, y alguna que otra adicción y omisión. La más considerable de éstas es la de la canción XIII. Como el Códice de Alba, suprime también el título que viene al principio de cada estrofa. Según ocurre con los demás tratados del Santo que copia, también en éste sigue en todo al de Alba.

1 Su primer verso: "En las internas entrañas" (Cfr. B. M. O, t. VI, p. LXVII. La del Santo: "Oh, dulce noche oscura."

2 Se habló de él con alguna extensión en la Introducción de la Subida del Monte Carmelo, p. 276.

3 Véase lo que se dijo en la Introducción a la Sabida, p. 279.

XLVII Manuscrito 8.492.— Forrado en pergamino, es un Códice que mide 145 por 100 mm., y hace 184 hojas (por hojas se hace la paginación), rubricadas por el notario Gregorio Fernández Toledano, cuando en compañía de los PP. Juan del Espíritu Santo y Miguel de San José, profesores de Teología Moral de nuestro Colegio de San Basilio de Baeza, compulsó este manuscrito con el de Jaén. Las discrepancias que hallaron, o creyeron hallar, las señalaron en el texto con una rayita roja debajo de la palabra o frase variada, y al fin del Códice pusieron la lista de todas las registradas. En general, está muy conforme con la jienense. Hay muchas erratas materiales y omisiones, debidas algunas a saltar la copia de una palabra a otra igual por descuido de vista, de que ningún manuscrito se halla inmune.

El Códice es muy antiguo. Bien pudo ser escrito poco después de la muerte del Santo, o tal vez en vida suya. La dicha compulsación se hizo a ruegos del P. Andrés de la Encarnación en 1759. El acta notarial donde se ponen todas las variantes que hallaron entre éste y el Códice de Jaén se firmó en 30 de junio del dicho año por el notario, los dos profesores dichos y la M. Isabel de la Madre de Dios, a la sazón priora de las Carmelitas Descalzas de aquella ciudad. En el folio 222 trae dos poesías del Santo, y al fin diez hojas sin paginar. La foliación se hizo al propio tiempo que el cotejo. Traído en el siglo XVIII al Archivo General de S. Hermenegildo, pasó a la Biblioteca Nacional en la exclaustración de los Regulares.

Códice de Segovia. — Otro Códice del Cántico poseen actualmente los Carmelitas Descalzos de Segovia. Mide 205 por 155 mm. Primitivamente estuvo forrado en cartón y badana encarnada, pero en 1180 se le aplicó, aunque le viene algo grande, otra pasta forrada de terciopelo carmesí con flores de hilo de oro, que había servido primero para un ejemplar de cierto sermón que se regaló a D.a Bárbara de Portugal, mujer de Fernando VI, el cual vino a parar a manos de un religioso nuestro, que le dió el uso indicado. Así consta de unas advertencias o prevenciones que por esta fecha escribió el P. Manuel de Santa María, y se hallan en siete hojas al frente del Códice. Esta prevención está firmada por él en 9 de mayo de 1780.

En la portada que puso el propio P. Manuel a las siete hojas dichas, trae este título en forma de óvalo: «Copia / antigua del Libro j de las Canciones / de N. P. S. Juan de la f / santificada con el contacjto de su mano sagrada y ¡ en que (como se discurre en los preliminares), parece ¡hallarse aunque poca, le/tra suya en correcciones I de las doce primeras hojas. ¡ Púsosele esta cubierta j en xlvti!

1780». A continuación vienen las siete hojas dichas en que el P. Manuel estudia el origen del Códice 9 su mucha autoridad. No le tenía él por original, pero creyó que algunas notillas marginales puestas en las doce primeras hojas eran de la misma pluma del Santo. Recuerda que ya el P. Sigüenza (Historia de San Jerónimo..., part. III, lib. IV, Disc. 11), a los que creían que en El Escorial había autógrafos de algunos Santos Padres decía: «Y advierto lo primero, que cuando aquí y en otros autores que tratan de librerías oyeren decir y leyeren que hay muchos originales de mano, no entiendan que son los que escribieron los mismos autores por las suyas; que de éstos, si hablamos de los de mil años arriba, apenas hay cuatro en el mundo y es como milagro hallarse. Originales se llaman libros de mano antiguos, aunque sean de muchos años después de sus mismos autores, por la autoridad que han cobrado de trescientos o cuatrocientos años o más» (1).

Hablando del Códice de Avila, dijimos que el general de los Carmelitas Descalzos, P. Alonso de la Madre de Dios (2), tuvo este de Segovia por autógrafo, dando por razón que su letra es igual a la del abulense, y éste le tenía por del Santo. El P. Manuel deshace, con razón, este error, harto evidente para refutarlo con detenimiento. Pero creyó que algunas adiciones y enmiendas que se registran en las doce hojas primeras, «cuidadosa y prolixamente reflexionadas y careados sus caracteres...con los de las dos cartas, que se veneran como originales indubios de su mano en la sacristía de este real y primitivo convento [Duruelo], bien podrá ser que yo me equivoque; pero dificultosamente puedo dejar de persuadirme de que son dichas expresiones de la sagrada pluma de N. Querúbico Padre». La letra más parecida a la del Santo en estas enmiendas es la r, y en ella fija particularmente la identidad de ambas escrituras el P. Manuel.

La segunda razón en su abono que trae este insigne crítico de la Descalcez en la centuria décima octava, se funda en un dicho del famoso historiador Diego de Colmenares. «No desayuda»— continúa diciendo el P. Manuel— «a esta mi persuasión lo que da por asentado en la misma rotulata el recopilador de las Historias de Castilla, en él solo volumen de la de su patria Segovia, licenciado Diego de Colmenares..., el cual como quiera que se adelantase en lo primero que afirma de ser este Cuaderno original de la mano y puño mismo del Santo, por 1 Aunque no se este conforme con esta definición del P. Manuel, es, sin embargo, interesante para apreciar con exactitud el verdadero sentido que en su tiempo daban a la palabra original.

2 Siendo provincial de Castilla la Vieja, fué elegido general en 1688.

XLIZ no haber manejado letra suya; pero igualmente se propasara el que le negase lo segundo (contra sus bien asentados créditos de fidedigno), esto es, que le recibió inmediatamente de mano de nuestro Padre aquella muy devota suya de la ciudad de Segovia. De la que habiendo llegado últimamente a poder del gravísimo escritor, sacó de aquel antecedente la consecuencia que no pasa por acá...»

Consecuente el P. Manuel con su persuasión de que las notas dichas eran de San Juan de la Cruz, escribe más adelante: «Tenemos pues, de lo dicho (si es que hacen alguna fuerza las precedentes conjeturas), que de diferentes trasuntos que de este Cuaderno se practicaron al principio..., llegó el presente a manos de nuestro Santo, que le comenzó a corregir por si mismo, y no permitiéndole el acabar de hacerlo sus muchas ocupaciones y negocios, le entregó para el consuelo de aquella devota suya, como arreglado al original en la substancia». Esta segunda Advertencia la escribió en Duruelo, a 18 de junio de 1761.

Con el título de «Otra advertencia inexcusable y appendix de la antecedente», dice este religioso que habiendo pasado en 1762 a Segovia y puéstose a su cuidado el Archivo del Convento, halló en él un libramiento escrito y firmado por Colmenares, mediante el cual pudo comprobar que la «Rotulata» preliminar era de la misma pluma, y le ocurrió el feliz pensamiento de unirlo al Códice, para que más fácilmente pudiese hacer el cotejo quien lo deseare. Lo escrito por Colmenares, que hace veces de portada del Códice, dice: Cántico espiritual entre Calma ¡ y Cristo su esposo / por el Venerable Padre fray / Juan de la Cruz, j Es original de su misma mano j que le dió a una persona / desta ciudad de Segovia muy / devota suya. / Esta ya impreso con las demás / obras del venerable Padre I en Madrid año 1630 y ¡ en Barcelona año 1635. Añadióse al fin de relación de lo que /sucedió al Beato Padre en Avila / con una monja que fingía tener / espíritu de Dios teniendo mu- ¡chas legiones de demonios.— L. Diego de Colmenares. 36 a.

El P. Manuel lo paginó por hojas y en tinta roja. Hace 113, mas una sin paginar en blanco. Al principio le faltan el prólogo y las estrofas del Cántico, que casi todos los Manuscritos copian juntas a continuación del primero, y da comienzo por el «Argumento», y con él la foliación.

El Códice segoviano tiene más diferencias con el de Jaén que los de Avila, Burgos y Alba. En las doce primeras hojas, que comprenden tres canciones, se hallan, de distinta letra que la copia, muy antigua también, algunas correcciones y adiciones sin importancia, pero L luego se conoce que se desistió del propósito, porque no se ven más en lo restante del Manuscrito.

Las variantes, de ordinario, carecen de interés doctrinal y aun literario, y muchas son descuidos evidentes de copia. En algunas se procuro expresar la idea con más claridad. A conseguir esta claridad y a la evitación de defectos literarios, o que por tales los juzgó el autor de estas correcciones, se encaminan la mayor parte de las enmiendas que tiene este A\anuscrito respecto del de Jaén. En ía canción XIII suprime el comentario al verso Que el ciervo vulnerado; lo propio ocurre con el verso tercero de la XV. Por faltarle dos hojas al Códice, se echa menos grande parte de la canción XIX y unas lineas de la siguiente, que es lo que aquéllos abarcaban. Algunas otras omisiones hay, pero breves. La copia, en conjunto, parece algo descuidada.

Si hemos de estar a la afirmación de Colmenares, hombre de probada honradez histórica y amigo de no afirmar más de lo que sabia, esta copia la dió el propio San Juan de la Cruz a una persona de Segovia. «muy devota suya», que no juzgo inverosímil fuese doñc; Ana de Mercado y Peñaiosa, cuyas relaciones espirituales con el Santo fueron muy íntimas. A esta piadosísima señora se debió principalmente la fundación de Segovia, hecha por el propio San Juan de la Cruz. Muy justo es que a tan insigne benefactora, que, además, no se sustentaba de otra doctrina de piedad que la del célebre místico Carmelita, le diese este libro, que tanta contiene y tan en armonía con los medros espirituales de doña Ana, logrados ai calor de tan eminente director de almas. De sentir es que Colmenares no nos dé otros pormenores de dónde estaba la copia en su tiempo, quién le certificó que había sido donada por el Santo a una persona muy amiga suya, y otros datos que nos habrían servido mucho ahora para señalar más puntualmente la antigüedad de ella. Trabajaba Colmenares en el primer tercio del siglo XVII (en 1637 publicó su hermosa Historia), cuando las tradiciones referentes al Santo estaban todavía tiernas y limpias, a lo que creo, de adherencias que suelen adquirir en el rodar de los tiempos. La tradición pudo conservarse muy bien en las Descalzas y Descalzos de esta ciudad, con quienes tanto doña Ana del AVercado como su sobrina doña Inés de Mercado, y en general, los amigos del Santo mantuvieron cordiales relaciones (1) 1 Precisamente, una de las carmelitas descalzas de Segovia, por nombre Isabel de Jesús, que conoció al Santo y recibió de él el libro de las cuarenta canciones, vivió hasta 1663. y no ignoraría ni la existencia, ni la historia de la copia de que habla Colmenares. En las Deposiciones de Segovia, y lo trae también el P. Jerónimo de San José (Historia, 1. VI, c. VI), de la familiar y antigua comunicación del Santo con doña Ana y su sobrina, se lee, que cuando bajaba el Santo a confesarlas en Segovia Ll Tampoco es improbable que antes de morir la persona a quien el Santo entregó este Códice, lo diese al convento de religiosos. El hecho es que, como observa el P. Manuel de Santa María, por los años de 1670 ciertamente estaba en el archivo del Convento, puesto que el P. Manuel de Jesús, prelado que acabó en Segovia el citado año de 1670, dejó asentado en el Libro de Becerro de la Comunidad que había en el arca de tres llaves «un libro en l.o, encuadernado en cartón y badana colorada, que se dice ser el libro de las Canciones, original suyo, con testimonio dudoso para algunos ^.

Cuando el general fray Alonso lo tomó, en 1692, para cotejarlo con el de San José de Avila, debió de llevarlo, por si o por otra persona, a Duruelo, y allí estuvo cerca de un siglo, hasta que, electo prior de Segovia el que lo era de Duruelo, fray Juan de la Virgen, lo llevó consigo con intención de que el P. Manuel pusiese en dicho Códice el libramiento de Colmenares, para los fines que antes se expresaron, y enterados que primitivamente no había pertenecido a Duruelo, sino a Segovia, lo dejaron aquí, donde se halla ahora, guardado con el cuidado que se merece.

No habiendo más razones que las dichas para afirmar que perteneció al Santo este Códice, no hay tampoco fundamento sólido para darle preferencia" al de Jaén, que continuamos considerando el mejor de los manuscritos de la segunda redacción del Cántico, robustecido además con la conformidad que con él tienen los de Avila y Burgos, todos antiquísimos y de grande autoridad. Por otra parte, si el Códice segoviano se halló en poder del Santo, no debió de manejarle mucho; porque no se comprende, de otro modo, que no hubiera dejado alguna apostilla respecto de las omisiones que tiene, que algunas veces comprenden glosas enteras de versos, y muchas lecturas evidentemente equivocadas. Tiene, además, respecto del jienense muchas diferencias, sin trascendencia doctrinal las más, pero las tiene. Al de Segovia copian, por lo regular, los Mss. 18.160 y 12.411, copias ambas bastante descuidadas.

Manuscrito - 18.160.— Es el que perteneció a Gayangos, del que ya hemos hablado (1). Precisamente del Cántico Espiritual es una nota que Gayangos pone en la primera hoja, donde, advirtiendo que el Códice tenía variantes con la impresión de 1629 (es la del P. Jerónimo de San José), cita como ejemplo la estrofa XXVIII. El Cántico (ya lo hacía desde Granada), decían los religiosos: "Ya están juntos San Jerónimo, Santa Paula y Eustoquio." 1 T. I, p. 282.

LlI se encuadernó con los otros tres tratados del Santo, a continuación de La llama, de la que le separan tres hojas en blanco. En la siguiente dice: «Jhs. M.». Canciones muy devotas sobre los Cantares que canta el alma a su esposo Cristo, en los cuales, declarados por sus versos, se trata de las distintas vias de oración hasta el último grado del matrimonio espiritual, que es a lo que el alma puede llegar en esta vida, compuesto por el P. Fr. Juan de la Cruz, religioso descalzo de la Primitiva Regla de Ntra. Señora del Carmen». Turnan en la copia varias letras, todas muy antiguas.

El traslado está hecho con poco esmero, y se pueden contar en él innumerables descuidos materiales. En la mayor parte de las variantes (omisiones y modificaciones) es igual al de Segovia. Las discrepancias que se notan son debidas a los descuidos en que incurren al trasladar uno de ellos del otro, o entrambos de la misma copia. Los dos terminan también en la misma frase de la estrofa XXXVIII. Tanto este manuscrito como el 12.411, parecen estar sacados por el de Segovia, u otro parecido, aunque con mucha libertad y descuido en la traslación.

A veces, aunque no muchas, hace una especie de abreviación, suprimiendo numerosas frases con cierto cuidado para que no se interrumpa el sentido. Así, v. gr., las quince últimas líneas del comentario al verso «El silbo de los aires amorosos», de la canción XIV las resume así: «Y dice que no conocía su rostro, porque aunque es altísima visión, no se ve la esencia de Dios. Pero dice que era imagen, porque aquella inteligencia, como habernos dicho, de palabra escondida era allí como imagen y rostro de Dios. Y luego dioe que oyó una voz de aire delicado, porque se entiende «el silbo de los aires amorosos». Y así se ha de entender que siempre acaecen éstas con estos temores naturales, que es a los que comienzan a entrar en el estado de la iluminación y perfección, porque en otros antes acaece con gran suavidad».

Suspende el traslado en la frase: «Y dice luego lo séptimo para declarar aquello: «Al que venciere», dejando sin copiar lo restante de la canción XXXVIII y las dos siguientes; y no por falta de espacio, pues la última página tiene sólo dos líneas escritas.

Manuscrito 12.411. —Se habló en el prólogo de la Noche Oscura de este Manuscrito. Después de la copia en latín de un libro de Ruysbroeck, en la siguiente hoja traslada las Canciones con el título: Jesús, Maria Joseph. — Síguense unas muy devotas / canciones sobre los cantares que / canta el alma a su sposo X° / en las cuales de-¡claradas por sus [ versículos se trata de las tres bias de oración asta el háltimo grado del / matrimonio sprl. que es a lo que un / luí alma puede llegar en esta vida / compuestas por el Padre Fr. Juan I de la Cruz religioso descalzo de la primitiva regla de Nra. S* del Carmen. Le falta el prólogo, y el «Argumento» que trae después de las estrofas lo titula «Prólogo al lector». La copia es muy descuidada, suprime lineas y párrafos enteros con alguna frecuencia, y acaba con la frase de la canción XXXVIII que reza el Manuscrito 18.160. De las dos estrofas restantes no trae nada. Este manuscrito carece de importancia. En lo que copia, sigue con más fidelidad al de Segovia que al de Jaén.

Con la misma frase que la copia anterior (18.160) suspende ésta también la traslación del tratado. Bien se ve en todo que una es copia de otra (1).

ALGUNAS EDICIONES DEL «CANTICO ESPIRITUAL».