SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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Pero no se redujo a esto sólo la labor de retoque y ampliación de Fray Juan de la Cruz. Más o menos, revisó casi todas las canciones, modificando algo su texto, a veces ampliándolo, rara vez suprimiéndolo. Apenas hay una que no tenga alguna modificación respecto de la primera escritura del tratado. Las alteraciones más notables son las siguientes. En primer lugar, como ya lo había practicado en la Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura, añadió el Argumento a) «Prólogo» que había puesto en la primera redacción, y, como en los dos tratados dichos, corto y expresivo de lo que en este libro había de tratar. La introducción de este «Argumento» a seguida del poema, parece destinado a subsanar un olvido, y, además, como buen discípulo de la Escuela salmantina, a poner ante los ojos del lector un cuadro breve y comprensivo de todo el tratado, cosa que no había hecho en el prólogo.

Por efecto mismo de su bien disciplinada inteligencia, pasada aquella especie de furor divino que movió febrilmente la pluma del Santo —calcúlese lo que significan en hombre tan modesto como el solitario de La Peíiuela estas palabras del prólogo: «Por cuantos estas canciones parecen ser escritas con algún fervor de amor de Dios...» — y le hizo escribir maravillas de espíritu con algún desorden (el amor no gusta de rigores lógicos ni dialécticos), recapacitó sobre su obra y modificó algún tanto el plan primero, sin cambiarle substancialmente. Para que sirvieran como de anillo de enlace entre una canción y otra, puso a casi todas una «Anotación», donde explica y justifica la relación que la estrofa precedente tiene con la que le sigue (1); de suerte que así como en la redacción primera cada canción da comienzo con la estrofa respectiva, en la segunda se hace mediante la anotación, se- "anotación" previa, que casi en todas es de nueva redacción. Incluir algunas y glosar otras de las notas que el Santo puso por vía de borrador en el ejemplar de Barrameda; y, por último, dar distinta colocación a cierto número de Canciones, más en consonancia con la doctrina que contienen. En realidad, es el mismo Cántico, algún tanto ampliado y retocado por su autor. Débese también advertir que al hablar de variantes, se entiende en relación con la redacción primera; porque en el momento que las introdujo en la segunda el propio autor del tratado, pasa ésta a la categoría de texto genuino y autógrafo.

1 No llevan anotación la 2, 3, 4, 5 y 7. En algunas, como la 5 y la 8, la anotación está tomada de las últimas lineas de la canción precedente.

XXX guida de la estrofa. La modificación no es doctrinal, sino de método. Además, es innovación que mejora algún tanto el tratado.

Conservando las líneas generales de la primera redacción, retoca bastante el comentario de muchas canciones y les añade largos párrafos, de forma que esta segunda redacción está aumentada en una cuarta parte sobre la primera. Las hay que sin modificar nada, o casi nada, el texto, están ampliadas en largos párrafos nuevos como, entre otras, la XIV y XV. Algunas, por fin, se hallan en el mismo estado que antes, sin apenas alteración ninguna, como la V, VI, VII y algunas más (1).

Introduce el Santo en esta segunda redacción una estrofa nueva, que coloca después de la décima. La estrofa dice: «Descubre tu presencia Y máteme tu vista y hermosura Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura».

La introducción de la estrofa en este lugar parece hecha para que resulte más natural y armónico el incremento progresivo del deseo de ver a Dios que viene manifestando el alma desde la primera canción. La estrofa, tanto en lo que atañe al verso como al comento, es de perfecto corte sanjuanista, y con toda razón puede decirse de ella que es un anillo más que se ajusta perfectamente al dedo de la blanca y delicada mano de la Esposa. La estrofa y su comentario los dió a conocer la edición romana del primer Cántico, luego la madrileña de 1630 y, por fin, la de Colonia de 1639.

1 Para que pueda servir de guión a los que deseen compulsar las diferencias de los Cánticos representados por los manuscritos de Barrameda y Jaén, damos esta nota con las principales diferencias que hay en cada canción del jienense. El Prólogo es igual en ambos. El "Argumento" que viene a continuación del poema, sólo lo trae el de Jaén. Este y el de Barrameda los indicaremos por las letras J y B. Las canciones se p.nen por el oiden con que se leen en el de Barrameda con su equivalente de Jaén (1).

1 — I La anotación es nueva. El texto muy cambiado y el comentario al primer verso se aumenta todo lo comprendido en los números 7-12 de esta edición.

2 — 2 El texto bastante retocado.

3 — 3 La Declaración muy retocada. Se pone comentario al primer verso y varia algún tanto el del segundo. i — -t Igual en ambos.

(1) No estará demás observar que alguna* discrepancias de J respecto de B, se leen en los manuscritos de la primera redacción.

XXXI Y no sólo se introducen la canción y su comento, sino la «Anotación» que en la segunda redacción del Cántico se pone a la Canción XII, aunque en la romana estas líneas son las últimas del comentario de la XI. Esto nos confirma más en que el P. Jerónimo envió el manuscrito que sirvió para la edición de 1527, y, además, que no hizo cotejo detenido de los Cánticos, pues no se ve la razón de que mandase a Roma y publicase él dicha anotación y no las demás que se leen en la segunda redacción de este tratado. Respecto de ésta cayó quizá en la cuenta por la proximidad al comentario de la canción X. ¡Hay cosas tan raras y tan difíciles de explicar!

Por último, saca el Santo algunas canciones de su puesto primero, y las coloca en distinto lugar.

Para que el lector se percate rápidamente de este cambio, damos aquí la correspondencia mutua de ias estrofas en ambas redacciones del Cán tico Espiritual: 5 — 5 Igual en los dos. El último párrafo de la primera redacción sirve de anotación a la canción sexta en el de jaén.

6 — 6 Sólo alguna vanante sin importancia.

7 — 7 Como la anterior.

8 — 8 El último párrafo del comentario de la séptima canción de B sirve de anotación a la octava de j. En el resto se registran bastantes retoques.

9 — 9 Anotación propia de J. Algunas variantes en los comentarios de los versos. 10 — 10 Anotación propia de J, y variantes en los dos últimos versos.

11 — 12 Anotación propia de j. En la Declaración se registra alguna vanante. El ultimo de J es añadido.

12 — 13 Anotación propia de J. Lo restante igual.

13 — H La Anotación de ] se compone de las primeras lineas de la Declaración de B y algunas más que se añaden. Lo restante igual. Los comentarios con alguna levísima variante.

H — 15 Los comentarios con leves variantes. Al del último verso se le añaden los párrafos comprendidos bajo los números 29 y 30.

16 — 25 La anotación propia de j. El comentario de los dos últimos versos tiene algunas variantes.

17 — 26 Anotación propia de Jaén. El comentario del cuarto verso tiene bastantes cambios; se le añaden los párrafos del número 13 y se modifican los restantes comentarios de la canción.

18— 27 Anotación propia de jaén. Al comentario del último verso se le añade el párrafo comprendido con el número 8.

19 — 28 Anotación propia de J. Muy cambiados los comentarios de los versos 4 y 5.

20 — 29 Anotación propia de J. Al comienzo del comentario al último verso se añaden unas líneas en j.

21 — 30 Anotación propia de J. Al comentario del último se le añaden los párrafos comprendidos bajo los números 10 y 11.

22 — 31 Anotación propia de J. Al verso tercero se le añade un párrafo, y se retocan bastante los dos últimos.

23 — 32 Anotación propia de J. Retoques en los dos últimos versos. El párrafo comprendido bajo el número 9 es de J. solamente. 24 — 33 Anotación propia de J. Se pone comento al verso primero, se retocan los XXXII Redac. 1.» Redac. 2.» Redac. 1.» Redac. 2.* Redac. 1.» Redac. 2.»

1 - — — 2 - H — — 3 - — — 4 - — — 5 — — — 6 - — — 7 - — — 8 - — — 9 - 10 - 11 - 12 - Tal es el cuadro relativo a la variación material en el orden de colocación introducido en la segunda redacción del Cántico. De él se deduce que mantienen su primitivo puesto las catorce primeras estrofas y las siete últimas, con la sola diferencia conocida desde la once por la introducción de la estrofa nueva. Las restantes, en número de veintidós, ocupan distinto lugar (1).

restantes y se añaden algunos párrafos al último: Que gracia y hermosura en mí dejaste.

25 — 16 Anotación propia de ]. y bastantes cambios en los comentos a los versos.

26 — 17 Anotación propia de j. y bastantes modificaciones en lo restante de la canción.

27 — 22 Anotación de J. Se retocan los comentarios, sobre todo del primer verso.

28 — 23 De la Declaración de B se hace Anotación de ), con alguna variante. Pone declaración nueva a ], introduce en el comento variantes y añade al fin del último verso el largo párrafo comprendido bajo el número 6 de esta canción.

29— 20 Anotación propia de ). La Declaración muy cambiada. El comentario igual, con alguna ligera variante, y en el del verso último se añaden los párrafos que se leen en los números 12, 13 y 14.

30 — 21 Muy cambiados los comentarios.

31 — 18 Anotación propia de }. y algunas variantes en los comentarios. 32 — 19 Anotación de ). y bastantes variaciones en los tres últimos versos.

33 — 34 Anotación de Jaén. Se añaden unas lineas al comentario del primer verso y en los restantes se iutroducen muchas variantes.

34 — 35 La Anotación de ] es la Canción de B. Se escribe nueva canción para J y se retoca bastante el comentario del último verso.

35 — 36 Anotación propia de }. Se registran muchas variantes en los comentarios. 36 — 37 Anotación de J. Se introducen bastantes cambios en los comentos.

37 — 38 Anotación de ]. Muy vanados algunos comentarios.

38 — 39 Anotación y Canción propias de ]. Los comentarios con alguna vanante en los del primero y segundo verso. Al ñnal de éste se añaden algunas lineas y se cambian mucho las restantes glosas. 39 — 40 Cambia ]. las primeras lineas de la Anotación, que es a la vez Declaración e Introduce muchas variantes en todos los versos.

1 Dentro de esta variación, la mayor parte continúan unidas en grupo. Asi el XXXIII A todo lo dicho hay que añadir los arreglos que al margen o en los espacios interlineados puso el Santo en el Códice de Barrameda. y que en una u otra forma se recogen en este segundo estado. Los arreglos que se incorporan a esta segunda redacción en las dos formas dichas, andan alrededor del centenar. Unos son correcciones o enmiendas de descuidos del copista, que se leen ya en todos ya en algunos de los manuscritos del Cántico; otros adiciones que no se leen en ninguna parte; otros, iniciaciones de pensamientos para desarrollarlos luego. De estos se hallan con alguna mayor frecuencia de la canción XXIV en adelante.

Con todos estos cambios de puesto de las estrofas en la segunda redacción, el Cántico Espiritual fundamentalmente permanece el mismo. Al tratar del plan de la primera redacción dijimos que el mismo Santo le daba en el comentario al verso primero de la canción XXVII. En el mismo verso y comentario de la redacción segunda (estrofa XXII), le repite también el Santo, modificado en la siguiente forma: «Para declarar el orden de estas canciones más distintamente y dar a entender el que ordinariamente lleva el alma hasta llegar a este estado de matrimonio espiritual, que es el más alto de que ahora, mediante el favor divino, habernos de hablar, es de notar que antes que el alma aquí llegue, primero se ejercita en los trabajos y amarguras de la mortificación y en la meditación de las cosas espirituales que al principio dijo el alma desde la primera canción hasta aquella que dice: Mil gracias derramando. Y después entra en la vía contemplativa, en que pasa por las vías y estrechos de amor, que en ef suceso de las canciones ha ido contando, hasta la que dice: Apártalos, Amado, en que se hizo el desposorio espiritual. Y demás de esto va por la vía unitiva, en que recibe muchas y muy grandes comunicaciones y visitas y dones y joyas del Esposo, bien así como a desposada, y se va enterando y perfeccionando en el amor de él, como ha contado desde la dicha canción donde se hizo el desposorio que dice: Apártalos, Amado, hasta ésta de ahora que comienza: Entrádose ha la esposa, donde restaba ya hacerse el matrimonio espiritual entre la dicha alma y el Hijo de Dios. El cual es mucho más sin comparación que el desposorio espiritual, porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divina y Dios por pargrupo 15-24 de la primera redacción, pasa con el mismo orden al 24-33 de la segunda; de suerte que los de mayor cambio son los cuatro grupos siguientes, de a dos XXXIV ticipación, cuanto se puede en esta vida. Y así, pienso que este estado nunca acaece sin que esté el alma en él confirmada en gracia, porque se confirma la fe de ambas partes, confirmándose aquí la de Dios en el alma; de donde éste es el más alto estado a que en esta vida se puede llegar. Porque así como en la consumación del matrimonio carnal son dos en una carne, como dice la Divina Escritura, así también consumado este matrimonio espiritual entre Dios y el alma, son dos naturalezas en un espíritu y amor, según dice San Pablo, trayendo esta misma comparación, diciendo: El que se junta al Señor, un espíritu se hace con él; bien así como cuando la luz de la estrella o de la candela se junta y une con la del sol, que ya el que luce ni es la estrella ni la candela, sino el sol, teniendo en sí difundidas las otras luces. Y de este estado habla en el presente verso el Esposo, diciendo: Entrádose ha la Esposa, es a saber de todo lo temporal y de todo lo natural, y de todas las afecciones y modos y maneras espirituales, dejadas aparte y olvidadas todas las tentaciones, turbaciones, penas, solicitud y cuidados, transformada en este alto abrazo» (1).

Ya se ve por las mismas palabras del Santo, que el Cántico Espiritual permanece el mismo en la segunda redacción, con dos modificaciones que no alteran la substancia del plan primitivo. Es la primera, que de quince canciones que en esta redacción emplea en cantar los desposorios del Alma con Jesucristo, sólo cinco (12, 13, 11, 25 y 2ó) conservan en la segunda redacción el mismo oficio, y las diez restantes pasan al matrimonio espiritual (15-21). Parece que el Santo quiso dejar éstas últimas, que describen maravillosamente los efectos del amor de Dios en sus manifestaciones más encumbradas para el matrimonio espiritual, que siendo mucho más perfecto y requiriendo más intenso amor le cuadran mejor, y dejó para el desposorio, que aún no es estado seguro de unión con Dios, los peligros que a veces turban esta unión suave, con grande ansiedad del alma, cosa que no ocurre en el matrimonio espiritual. Por eso, cuatro canciones (31, 32, 29, 30) que en la redacción primera manifiestan, en una u otra forma, esta inquietud que experimenta el alma por el temor de perder al Amado y que las colocó el Santo dentro de las canciones del matrimonio espiritual, en la redacción segunda pasan a formar parte de las que declaran el estado de desposorio. A nues- 1 Las modificaciones introducidas en estas lineas, responden a lo que dijo en el "Argumento" que en esta segunda redacción añadió el Santo. Le falta por recoger lo pertinente al estado beatifico que el alma anhela en las últimas canciones de este segundo estado del Cántico, como luego diremos.

Al. CfcYilCJ ES*.MEIVUAL tro juicio, el cambio mejora los dos estados y les da más precisión y justeza en la explicación de los efectos que en ellos el alma experimenta.

La segunda modificación, prevista en aquellas palabras del argumento que se puso a la segunda redacción: «y las últimas canciones tratan del estado beatifico, que sólo ya el alma en aquel estado perfecto pretende», se ordena a introducir estos deseos de gloria mansos, apacibles y dulcísimos que siente el alma, como medio único de permanecer unida al Amado eternalmente. De esto habremos de hablar de nuevo en los Apéndices, impugnando algunas opiniones del P. Chevallier.

Este arreglo que el Santo hizo en el Cántico Espiritual— que nos recuerda el practicado por la Santa en el Camino de Perfección (1) — y como todo lo del Solitario de Duruelo no fué tan sonado como su importancia parecía reclamar, ni debieron de darse cuenta cabal de ello los mismos que con él convivían. Hay testimonios antiquísimos que nos hablan de las cuarenta canciones del Santo, pero ninguno hace resaltar las modificaciones introducidas por él en la copia que las contenía. Ni el mismo esclarecido autor y docto crítico — notable para su tiempo— del Genio de la Historia, P. Jerónimo de San José, se debió de enterar perfectamente de ello, cuando, como luego veremos, en la edición que hizo del Cántico se limitó a añadir a la primera redacción de este tratado una estrofa que le faltaba según copias que vió y manejó. Tampoco el P. Andrés de Jesús María, que publicó en 1703 la segunda redacción, alcanzó la trascendencia de lo que hacía. De aquí sus quejas acerbas por lo que creía infidelidades y omisiones de los editores del Cántico hasta la fecha en que publicaba el suyo.

Algo parecido ocurrió con el padre general de la Descalcez, fray Manuel de Jesús María y José, que en una nota que puso al principio del Códice de Loeches, que copia la segunda redacción del Cántico, y que, según es dicho, firmó en Madrid el 25 de noviembre de 1756, después de probar con buenas razones que no es autógrafo del Santo, advierte que no tiene más diferencia con la edición publicada en Sevilla (1703) que la falta de una estrofa; y como quiera que se trate de una copia muy bien hecha, sospecha el P. General que el Santo no debió de escribirla al principio, «sino que la añadió después, y la hizo incorporar en otros traslados, si es que se encontrare en los del primer escrito; o que para la primera impresión (2) se tomó de el que escribió segunda vez».

1 Cfr. Biblioteca Mística Carmelitana, t. III, Introducción.

2 Se refiere a la hecha por el P. Jerónimo de San José, año de 1 630, en Madrid.

XXXVI El único que en firme cayó en la cuenta de la doble redacción del Cántico Espiritual, aunque sin comprender bien toda su importancia, fué el P. Andrés de la Encarnación. En dos hojas sueltas que dejó escritas en el Códice de Barrameda, firmadas en Madrid a 3 de junio de 1757, dice, entre otras cosas, lo siguiente: «Y prevengo, porque la primer nota de este libro no dé motivo a alguna confusión, que N. Sto. Doctor escribió dos veces la declaración de sus canciones. La primera, como se vera en este ejemplar, antes que el Santo le añadiese de nuevo. La segunda, como se nota en el que sirvió a la impresión practicada en Sevilla, año de 1703. Esto supuesto, he podido conjeturar que al formar el santo Doctor la determinación de trabaxar segunda vez su obra, fué apuntando en la copia presente (que lo era de su primer escrito) lo que se le ofrecía de nuevo sobre los sentidos y mayor explicación de sus misteriosas canciones, siendo las más veces, no tanto adicción, cuanto recuerdo del concepto que nuevamente le ocurría; todo lo cual le sirvió después para darnos aquel su excelente escripto con summa perfección. Y por este motivo llamó al presente, en la forma que ahora se ve: Borrador de que ya se sacó en limpio. Este es mi sentir, y para que conste en todo tiempo, lo firmo de mi mano en este nuestro Convento de Sn. Hermenegildo de Madrid, a 3 de Junio de mil setecientos cincuenta y siete. — Fr. Andrés de la Encarnación, Comm.o». Unos años más tarde afirma lo mismo en las Memorias Historiales, letra C, número b9, testimonio que habremos de citar por extenso en otro lugar.

Testigos fehacientes de este segundo estado del texto del Cántico Espiritual son las copias manuscritas, de grande importancia, que han llegado hasta nosotros— en los siglos XVI, XVII y XVIII hubo muchas más — y corroboran los testimonios antiguos que hablan del Cántico de las cuarenta canciones. Ellos nos dan prueba irrefragable de lo que dice el Santo en la portada del Códice de Barrameda, de haberse sacado copia limpia de este manuscrito, que él apostilló con cierta profusión.

Por otra parte, el estilo así de la estrofa nueva como el de los párrafos añadidos cuadra perfectamente al Santo, y viene en abono de la autenticidad de ellos, como siempre se han tenido en la Orden desde que se conocieron en toda so integridad e importancia. No creemos que el más fino discernidor de estilos advierta diferencias entre las estrofa XI y las demás del Poema. Lo mismo podemos decir del comento que se añade en el estado segundo del libro.

Como ni los primitivos biógrafos ni los testigos que vivieron con el Santo y le vieron componer sus tratados nos dan de esto los pormenores que habríamos menester, no sabemos cómo ni cuándo AL CANTICO ESFIRITUAL XXXVII hizo el arreglo de esta segunda redacción. No es fácil que escribiese todo el tratado de nuevo; más bien creo trabajaría sobre alguna copia de la redacción primera (1). Para las modificaciones que introdujo al texto primitivo, iría señalando el lugar que habian de guardar las canciones según el nuevo plan, y en hojas sueltas iría escribiendo, a más de la estrofa que comienza: Descubre tu presencia, con su respectivo comentario, los párrafos más o menos largos que añadió a las exposiciones de algunos versos; y asi arreglada, la fío a un buen amanuense para que la pusiera en limpio. Esta copia hecha según los arreglos definitivos del Santo, bien pudiera ser la que hoy guardan las Carmelitas Descalzas de Jaén, de la que hablaremos en seguida. La letra magnífica en que está escrita abona la sospecha, pues es muy lógico que las copias que habían de servir como de matrices para futuros trasuntos, fueran de letra clara, por lo menos.

En cuanto al tiempo en que pudo hacerse este arreglo del Cánlico, presumo sería poco después de escrito el primero, que fué en 1584. Fundo mi presunción en que para el mes de agosto de 1586 ya estaba terminada la segunda redacción, puesto que la M. Ana de Jesús entregó una copia de ella a la M. Isabel de la Encamación cuando ésta era aún novicia en Granada, y esto hubo de hacerlo, lo más tarde, por la fecha indicada, antes de salir la dicha M. Ana para la fundación de Madrid, puesto que ya no se vieron en esta vida, y la entrega fué personal (2).

1 Por esta época tenía ya muchas ocupaciones el Santo, y no es fácil se resolviera a escribirle todo de nuevo, cuando las tres cuartas partes del primero habían de pasar intactas al segundo. Las canciones que retocó mucho, como la primera y alguna otra, es fácil las escribiese integras. Aun al amanuense se le facilitaba asi el trabajo de copia.

2 No se sabe con fijeza el día que salió la M. Ana de Granada con sus compañeras para la fundación de Madrid. Ni el P. Manrique en la Vida que escribió de la Venerable, ni el P. Francisco de Santa María (Historia de la Reforma, t. II, 1. VII, c. 47), dicen nada a este respecto. El P. Bertoldo de San Ignacio (Vida de la Madre Ana de Jesús, t. I, 1. IV, c. V), escribe que salieron a principios de julio. El P. Gerardo (t. II, p. 379) afirma que fué en junio. En cambio, todos están conformes en que el día 7 de septiembre estuvo en Madrid, y en que la víspera por la mañana oyeron misa ante la célebre imagen de la Santísima Virgen que en Illescas se venera. Aun en el supuesto de que por ser en verano caminasen de noche y con el fresco de las primeras horas de la mañana, muy bien pudieron salvar las cien leguas bien estiradas que separan a Madrid de Granada y descansar algunos días en las Descalzas de Malagón y Toledo, aunque hubieran salido a principios de agosto. En bastante menos tiempo llenaba la Santa ésas y mayores distancias. Tampoco es cierto que las acompañara el Santo durante el viaje. Todavía el 4 de septiembre de 1 586, firmó las actas del Definitorio que se celebraba en Madrid (Biblioteca Mística Carmelitana. t. I, p. LXXX-LXXXI): de suerte que aunque saliese este mismo dia, y en rápida cabalgadura, al encuentro de las religiosas, las hallaría lo más lejos en Toledo, donde parece descansaron.

XXXVIII XXXVIII En la glosa al verso tercero de la canción XXXI se leen estas frases: «Mas cuales y cómo sean estas tentaciones y trabajos, y hasta dónde llegan al alma para poder venir a esta fortaleza de amor en que Dios se une con el alma, en la declaración de las cuatro canciones, que comienzan: Oh llama de amor viva, está dicho algo de ello». El comentario a estas estrofas debió de componerlo, en cuestión de quince días, hacia fines de 1585, a raíz de ser elegido vicario provincial de Andalucía (1). Poco después, liaría los retoques de la segunda redacción, y conocidos sus aguantes, no tardaría mucho en tenerlos listos para sacar traslados limpios.

Habla el Santo en la canción XIII, cómo la M. Teresa había escrito admirablemente de cosas de espíritu, «las cuales — dice — espero en Dios saldrán presto impresas a luz». Las mismas palabras liabía estampado en la primera redacción de 1584. Como el decreto acordando la impresión de las obras de la Santa, en que intervino el Doctor místico es de 1 de septiembre de 1586, de haber preparado la redacción segunda del Cántico después de esta fecha, habría modificado algún tanto la frase, ya que las esperanzas en 1584 habíanse concretado casi en realidades con el acuerdo unánime de los superiores—él era uno — de la Descalcez, trámite decisivo en esta materia, si no había alguna dificultad por parte de la censura (2).

COPIAS DE LA SEGUNDA REDACCION DEL «CANTICO».

De esta segunda redacción comenzaron a sacarse copias en seguida, y han llegado hasta nosotros nueve, que sepamos, la mayor parte de ellas muy antiguas, ya que fueron hechas las más dentro del siglo XVI, y hay indicios vehementes de que algunas son coetáneas del mismo Santo, y hasta testimonio explícito y solemne existe respecto del Códice de Jaén, que por ser tal, merece hablemos de él en lugar preferente, si bien las restantes sólo discrepan de él en cosas secunda-» rías, debidas en su mayor parte a descuidos de los amanuenses.

1 Fué electo en Pastrana, a mediados de octubre del dicho año de 1585.

2 Esto parece lo más corriente; cabe, con todo, que el Santo dejase la frase sin modificar aun en el caso de haber preparado en fecha postenor el segundo estado del Cántico. ¿Quién puede adivinar la inmensa varied¿id de posturas que un autor puede adoptar respecto de sus escritos? Qué cosa más natural, pongo por ejemplo, que la Santa hubiera modificado la fecha de conclusión de su Autobiografía al aumentarla por segunda vez años después? Y. sin embargo, no lo hizo, y fué el P. Béñez quien nos advierte de eilo, porque conoció ambas redacciones (Cfr. B. M. C, t. I, p. 372). Adoptar en estas cuestiones criterios rígidos e inflexibles, es sentar jalones para correr caminos extraviados.

XXXIX XXXIX Algo parecido ocurre con el manuscrito de Segovia, si bien el testimonio de Colmenares nos parece tener menos grados de certidumbre respecto de éste, que el de Isabel de la Encarnación cuanto al de Jaén. Ambos, sin embargo, se ayudan g corroboran y son testimonio precioso de la doble redacción sanjuanista del Cántico y argumento, hasta ahora no refutado, contra la supuesta condición apócrifa de la segunda redacción de este tratado que defienden algunos críticos de última hora. Tampoco dejan de robustecer nuestra tesis los demás manuscritos de esta segunda redacción, antiquísimos todos y de inestimable valor crítico.

De este segundo estado tomamos por specimen al de Jaén, que Fr. Juan de la Cruz entregó en Granada a la venerable Ana de Jesús. Con él conforman, salvo erratas materiales, los manuscritos de Avila, Alba, los dos de Burgos y el de Baeza. En los tres restantes hay mayor número de vanantes, pero en lo substancial se ajustan también al de Jaén.

Códice de Jaén— Con broches y cantos dorados y forrado en elegante terciopelo carmesí, hace el Códice del Cántico Espiritual de las Carmelitas Descalzas de Jaén un volumen de 306 páginas dobles, seguido de algunas poesías del mismo autor, que llegan hasta la 330, donde termina. Las tres hojas en blanco que siguen a éstas, se pusieron al encuadernar el Códice como hoy se halla, que fué en tiempo de la Madre Isabel, de quien luego se hablará, como se Infiere de lo que dice el P. Salvador de la Cruz, autor de la Noticia historial que viene al frente del Códice y hace cinco hojas y media, de otro papel, y algo más pequeñas que la copia, y se puso juntamente con ella. Antes de dicha «Noticia> vienen cuatro hojas en blanco, de guarnición o refuerzo, dos después de ella, y a seguida la portada del Códice en estos términos: Declaración de las Ca/ciones que tratan del exercicio de / amor entre el alma y esposo Chis-jto (sic) en la qual se tocan y decla-/ran algunos puntos / y affectos de orado ¡ a petición de la Madre Ana / de Jhesus / Priora de las Descalzas de Sanl Joseph de granada / año de 1584 / años. La vuelta de la portada no tiene nada escrito. A la hoja le falta como un centímetro del margen superior. Mide el Códice 150 por 100 mm„ y deja amplios márgenes, de suerte que la parte escrita ocupa 105 por 75 mm. La paginación que, como es dicho, se hace por hojas, comienza en la siguiente a la portada.

La copia está hecha con mucho esmero y limpieza, y la letra es muy clara y hasta tiene como cierto aire de la del Santo; lo que dió lugar a que durante siglos pasase como autógrafo suyo, y como tal XL se publicó por primera vez en la edición de Sevilla, año de 1703, por el P. Andrés de Jesús María, de la cual se hablará más adelante. Con todo, un ligero cotejo de ambas letras persuade en seguida que la del Códice jienense es más acabada y perfecta que la del Santo, sin exceptuar aquellas letras de mayor parecido como la 1, d, etc. Difieren bastante también en la ortografía de las palabras que el Santo escribía uniformemente. Asi, para la pronunciación suave de la c, emplea el Santo esta letra lo mismo que hoy hacemos; en cambio, el Códice de Jaén usa la g, como a la sazón era corriente. La palabra peccado, v. gr., se lee en el Códice con doble c, y el Santo la escribe con una. Hoy este extremo de la escritura sanjuanista puede darse por averiguado y pasado en cosa juzgada. Las copias fotográficas han facilitado las comparaciones de grafía, que en otro tiempo fueron difíciles, principalmente cuando los originales eran escasos, como ocurría con los del Santo.

Tampoco me parece de la misma letra que el Códice de Sanlúcar. Ambas son excelentes, pero la de éste es algo más redonda, y más tirada la de Jaén. No dejan de tener ambas algo de parecido, y letras como la b, d, g, y y algunas otras son muy semejantes. No diría yo que ambos amanuenses fueran escogidos por el Santo para sacar traslados limpios y de fácil lectura de sus borradores respectivos (1). La letra de uno y otro es de hombre, y sospecho que no muy sabidos en achaques ascéticos o místicos, a juzgar por las erratas materiales que cometen; lo que da mayor autenticidad a las copias, puesto que de todo se les podrá juzgar capaces menos de adulterar a sabiendas el sentido doctrinal de lo que transcribían. A entrambos los creo seglares. Bien sabido es que entonces habia excelentes pendolistas en las poblaciones grandes, oficio que fué perdiendo su importancia paralelamente al desarrollo de la imprenta.