12. Pero la causa porque el alma no desfallece y teme en aqueste recuerdo tan poderoso y glorioso, es por dos cosas. La primera, porque estando ya el alma en estado de perfección, como aqui está, en el cual está la parte inferior muy purgada y conforme con el espíritu, no tiene el detrimento y pena que en ras comunicaciones espirituales suele tener el espíritu y sen- 1 E. p. modifica: "excelencia de Dios en lo intimo del alma, que es el sueño suyo que aquí dice, suena en el alma una potencia inmensa en voz de multitud de excelencias de millares de millares de virtudes. En las cuales parando el alma y deteniéndose, queda ella terrible y sólidamente ordenada como huestes de ejércitos y suavizada y agraciada en aquél que encierra todas las suavidades y gracias de las criaturas."
2 Gr. y T: perlas.
3 Esther, XV, 16.
4 E. p.: "pues no es ángel al que conoce, sino al mismo Dios y Señor de los Angeles, con su rostro lleno de gracias..."
5 Asi la mayor parte de los manuscritos; alguno que otro traduce partecita. A: que cuando oyéremos una centella.
6 Job., XXVI, 14.— E. p.: "De la cual dice Job: si apenas podemos o ir un pequeño silbo de ella, ¿cómo podrá sufrir la grandeza de su trueno?"
7 job, xxni. 6.
7 job, xxni. 6.
tido no purgado y dispuesto para recibirlas; aunque no basta ésta para dejar de recibir detrimento delante de tanta grandeza y gloria; por cuanto aunque esté el natural muy puro, todavía, porque excede al natural, le corromperá, como hace él excelente sensible a la potencia, que a este propósito se entiende lo que alegamos de Job. La segunda causa es lo que hace al caso, que es la que el primer verso le dice aquí el alma, que es mostrarse manso y amoroso. Porque así como Dios muestra al alma esta grandeza y gloria para regalarla y engrandecerla, así la favorece para que no reciba detrimento, amparando al natural, mostrando al espíritu su grandeza con blandura y amor, a excusa del natural, no sabiendo el alma si pasa en el cuerpo o fuera de él. Lo cual puede muy bisn hacer (1) el que con su diestra amparó a Moisés para que viese su gloria (2). Y así tanta mansedumbre y amor siente el alma en él, cuánto poder y señorío y grandeza, porque en Dios todo es una misma cosa. Y así es el deleite fuerte, y el amparo fuerte en mansedumbre y amor, para sufrir fuerte deleite; y así antes el alma queda poderosa y fuerte que desfallecida. Que si Ester se desmayó, fué porque el Rey se le mostró al principio no favorable, sino, como allí dice, los ojos ardientes (3), le mostró el furor de su pecho. Pero luego que la favoreció, extendiendo su cetro y tocándola con él y abrazándola, volvió sobre sí, habiéndola dicho que él era su hermano, que no temiese.
13. Y así, habiéndose aquí el Rey del cielo desde luego con el alma amigablemente, como su igual y hermano (4), desde luego no teme el alma; porque mostrándole en mansedumbre y no en furor la fortaleza de poder y el amor de su bondad, la comunica la fortaleza y amor de su pecho, saliendo a ella de su trono del alma (5) como esposo de su tálamo donde estaba escon- 1 E. p. modifica: "y dispuesto para recibirlas. La segunda y más principal causa es la que se dice en el primer verso, que es mostrarse Dios manso y amoroso. Porque asi como él muestra al alma esta grandeza y gloria para regalarla y engrandecerla, asi la favorece y conforta, amparando al natural, mostrando al espíritu su grandeza con blandura y amor. Lo cual puede muy bien hacer..."
2 Exod., XXXIII, 22.
4 E. p.: como su esposo y hermano.
5 E. p. suprime: del alma.
dido, inclinado a ella, tocándola con el cetro de su majestad y abrazándola como hermano; y allí las vestiduras reales y fragancia de ellas, que son fas virtudes admirables de Dios; allí el resplandor de oro que es la caridad; allí lucir las piedras preciosas de las noticias de las substancias superiores e inferiores; allí el rostro del Verbo (1) lleno de gracias que embisten y visten a la reina del alma, de manera que transformada ella en estas virtudes del Rey del cielo se ve necha reina, y que se puede en verdad decir de ella lo que dice David en el Salmo cuarenta y cuatro, es a saber: La reina estuvo a tu diestra en vestiduras de oro y cercada de variedad (2). Y porque todo esto pasa en la íntima substancia del alma, dice luego ella: Donde secretamente sólo moras.
14. Dice que en su seno mora secretamente, porque, como habernos dicho, en el fondo (3) de la sustancia del alma es hecho este dulce abrazo (4). Es de saber, que Dios en todas las almas mora secreto (5) y encubierto en la sustancia de ellas; porque si esto no fuese, no podrían ellas durar. Pero hay diferencia en este morar, y mucha; porque en unas mora solo, y en otras no mora solo; en unas mora agradado (6), y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa, mandando y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar nada ni hacer nada. El alma donde menos apetitos y gustos propios moran, es donde él más solo y más agradado y más como en casa propia rigiéndola y gobernándola mora. Y mora tanto más secreto, cuanto más solo; y asi en esta alma en que ya ningún apetito mora, ni otras imágenes ni formas de alguna cosa criada secretísimamente mora, con tanto más íntimo interior y estrecho abrazo, cuanto 1 E. p. modifica: de las noticias sobrenaturales, y allí el rostro del Verbo.
2 Ps. XLIV, 10.
3 C: profundo.
•4 E. p.: del alma y sus potencias se hace este dulce abrazo.
5 C: como señor absoluto de ellas.
6 E. p. abrevia: Pero hay mucha diferencia en este morar, porque en unas mora agradado...CANCION rv ella, como decimos, está más pura y sola de otra cosa que Dios. Y así está secreto, porque a este puesto y abrazo no puede llegar el demonio, ni entendimiento alguno a saber cómo es (1). Pero a la misma alma en esta perfección no le está secreto, que siempre le siente en si; sino según estos recuerdos, que cuando los hace le parece al alma que recuerda el que estaba dormido antes en su seno, que aunque le sentía y gustaba, era como ei ámado dormido en el seno '(2), que no se comunican las inteligencias y amores de entrambos, hasta que entrambos están recordados (3).
15. ¡Oh, cuán dichosa es esta alma que siempre siente estar a Dios reposando y descansando en su seno! ¡Oh, cuánto le conviene apartarse de cosas, huir de negocios, vivir con inmensa tranquilidad!, porque con una motica (4) no inquiete ni remueva el seno del Amado (5). Está allí de ordinario como dormido en este abrazo con la sustancia (6) del alma; al cual ella muy bien siente, y de ordinario muy bien goza (7) porque si estuviese en ella siempre recordado, ¿qué sería? Comunicándose las noticias y los amores, sería estar en gloria. Porque si una vez que recuerda, ¡tan mala vez! (8), abriendo el ojo, pone tal al alma, como habernos dicho, ¿qué sería si de ordinario estuviese en ella bien despierto? (9).
16. En otras almas que no han llegado a esta unión, aunque no está desagradado, por cuanto aun no están bien dispuestas para ella, mora secreto en su alma (10); porque no le sienten de ordinario. sino es cuando él las hace algunos recuerdos sabrosos, aunque no son del genero de éste, ni tienen que ver 1 E. p.: alcanzar bien a saber cómo es.
2 E. p. suprime lo que falta de este párrafo.
3 C traslada: "el amado dormido en el seno que cuando uno de los dos está dormido no se comunican las inteligencias de entrambos hasta que están ambos despiertos."
4 A y Bz.: noticia.
5 A: renueue el sueño del Amado.
6 E. p. omite esta palabra.
7 C añade: aunque no siempre, sus recuerdos.
8 E. p. por rar? mala vez. traslada tan solamente.
9 A y T: dispuesto.
10 E. p. omite: en su alma.
con él. Pero al demonio y al entendimiento no le está tan secreto como estotro; porque todavía podría entender algo por los movimientos del sentido, por cuanto hasta la unión no está bien aniquilado, que todavía liene algunas acciones acerca de lo espiritual (1), por no ser ello totalmente espiritual. Mas en este recuerdo que el esposo hace en esta alma perfecta, todo es perfecto; porque él lo hace todo (2), y entonces en aquel excitar y recordar, que es al modo de como cuando uno recuerda y respira, siente el alma la aspiración de Dios, y por eso dice: Y en tu aspirar sabroso De bien y gloria lleno ¡Cuán delicadamente me enamoras!
17. En aquel aspirar de Dios, yo no querría hablar, ni aun quiero; porque veo claro que no lo tengo de saber decir, y parecería menos (3) si lo dijese; porque es una aspiración que Dios hace (4), en que en aquel recuerdo del alto conocimiento de la Deidad la aspira el Espíritu Santo con la misma proporción que es la noticia en que la absorbe profundísima<-mente en el Espíritu Santo, enamorándola (5) delicadísimamente según aquello que vio; porque siendo (6) llena de bien y gloria, la llenó de bondad y gloria el Espíritu Santo, en que la enamoró de si sobre toda lengua y sentido en los profundos de Dios; y por eso, aquí lo dejo (7).
1 E. p. omite: acerca de lo espiritual. C traslada: acerca de lo sensual.
2 E. p. añade: en el sentido dicho.
3 C: mucho menos.
4 E. p.: que Dios hace al alma.
5 C: proporción que fué la inteligencia y noticia de Dios en que...6 Bz., C, Gr. ye. p.: siendo la aspiración.
7 E. p.: en que la enamora de si sobre toda gloria y sentido, y por eso lo dejo.
(SEGUNDA REDACCION) LLHMñ DE AMOR VIVA Declaración de las Canciones que tratan de la muy intima y calificada unión y transformación del alma en Dios, por el Padre Fray Juan de la Cruz, Carmelita Descalzo, a petición de D *■ Ana de Peñalosa, compuestas en la oración por el mismo, año de 1584 (1).
PRÓLOGO 1. Alguna repugnancia he tenido, muy noble y devota señora, en declarar estas cuatro canciones que Vuestra Merced me ha pedido, por ser de cosas tan interiores y espirituales, para las cuales comúnmente falta lenguaje; porque lo espiritual excede al sentido, y con dificultad se dice algo de la sustancia (2) del espíritu si no es con entrañable espíritu. Y por el poco que hay en mí, lo he diferido hasta ahora que el Señor parece que ha abierto un poco la noticia y dado algún calor (debe ser por el santo deseo que Vuestra Merced tiene, que quizá como se hicieron para Vuestra Merced (3) querrá Su Majestad que para Vuestra Merced se declaren), me he animado, sabiendo cierto que de mi cosecha nada que haga al caso "diré en nada, cuánto más en cosas tan subidas y sustanciales. Por eso, no será mío sino lo malo y errado que en ello hubiere; y por eso lo sujeto todo al mejor parecer y al juicio de nuestra Santa (4) Madre Iglesia Católica Romana, con cuya regla nadie yerra. Y con este presupuesto, arrimándome a la Escritura Divi- 1 Así S. Casi igual se lee en Bg. y P.— C no copia el título, sino que empieza por la palabra "Prólogo."— Bz.: Canciones que hace el alma en la última unión con Dios, hechas g comentadas por el P. Fr. Juan de la Cruz.
2 C y Bz. añaden: porque también se habla mal en las entrañas...En cambio Bg. y P omiten las palabras del espíritu, que se leen a continuación.
3 Así Bz., Bg., C y P.— S: como se hicieron por su devoción.
4 S y Bz. omiten santa.
na, y como se lleve entendido que todo lo que se dijere es tanto menos de lo que allí hay, como lo es lo pintado de lo viva|, me atreveré a decir lo que supiere.
2. Y no hay que maravillar que haga Dios tan altas (1) y extrañas mercedes a las almas que él da en regalar. Porque si consideramos que es Dios, y que se las hace como Dios, y con infinito amor y bondad, no nos parecerá fuera de razón; pues él dijo que en el que le amase vendrían el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, y harían morada en él (2); lo cual había de ser haciéndole a él vivir y morar en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo en vida de Dios, como da a entender el alma en estas Canciones.
3. Porque aunque en las Canciones que arriba declaramos, hablamos del más perfecto grado de perfección (3) a que en esta vida se puede llegar, que es la transformación en Dios, todavía estas canciones tratan del amor ya mas calificado y perfeccionado en este mismo estado de transformación (4); porque aunque es verdad que lo que aquéllas y éstas dicen es todo un estado de transformación, y no se puede pasar de allí en cuanto tal, pero puede con el tiempo y ejercicio calificarse, como digo, y sustanciarse mucho más en el amor; bien así como aunque habiendo entrado el fuego en el madero le tenga trasformado en si y esté ya unido con él (5), todavía afervorándose más el fuego y dando más tiempo en él, se pone mucho más candente e inflamado hasta centellear fuego de sí y llamear.
4. Y en este encendido grado se ha de entender que habla el alma aquí, ya tan trasformada y calificada interiormente en fuego de amor (6), que no sólo está unida en este fuego, sino que hace ya viva llama en ella. Y ella así lo siente» 1 Bg. y P añaden: tan altas y subidas...Bz.: tan altas y extrañas maravillas y mercedes.
2 Joan. XIV. 23.
3 C: de oración y perfección.
4 Bz. salta de esta palabra a la otra igual inmediata.
5 Bg. y P: y está ya consumido en él.
6 C: de amor divino.
y así lo dice en estas canciones, con intima y delicada dulzura de amor, ardiendo en su llama, encareciendo en estas canciones algunos efectos que hace en ella, los cuales iré declarando por el orden que en las demás: que las pondré primero juntas, y luego, poniendo cada canción, la declararé brevemente; y después, poniendo cada verso, le declararé de por sí (1).
FIN DEL PROLOGO 1 C: y después de por si declararé cada verso. S añade: Fr. Juan de la Cruz, descalzo carmelita. C: Fr. Juan de la "f. Soli Deo honor et gloria. Amen.
CANCIONES QUE HACE EL ALMA EN LA INTIMA UNION DE DIOS (1).
1. a — ¡Oh llama de amor viva, Que tiernamente hieres De mi alma en el más profundo centro! (2).
Pues ya no eres esquiva, Acaba ya si quieres, Rompe la tela de este dulce encuentro.
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado. Que a vida eterna sabe, Y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la (4) has trocado. 3.3 — ¡Oh lámparas de fuego, En cuyos resplandores Las profundas cavernas del sentido, Que estaba obscuro y ciego, Con extraños primores Calor y luz dan junto a su querido! 4.a — ¡Cuán manso y amoroso Recuerdas en mi seno, Donde secretamente solo moras: Y en tu aspirar sabroso 1 S añade: su Esposo Amado.
2 Bz. y P: De mi alma el más profundo centro.
3 Bz.: Oh cautiverio suave.
4 Bz.: lo.
De bien y gloria lleno Cuan delicadamente me enamoras! (1).
i Oh llama de amor viva, Que tiernamente hieres De mi alma en el más profundo centro! (2) Pues ya no eres esquiva, Acaba ya si quieres, Rompe la tela de este dulce encuentro.
1. Sintiéndose ya el alma toda inflamada en la divina unión, y ya su paladar todo bañado en gloria y amor, y que hasta lo íntimo (3) de su sustancia está revertiendo no menos que ríos de gloria, abundando en deleites, sintiendo correr de su vientre los ríos de agua viva, que dijo el Hijo de Dios que saldrían en semejantes almas (4), parécele que, pues con tanta fuerza está trasformada en Dios y tan altamente de él poseída, y con tan ricas riquezas de dones y virtudes arreada, que está tan cerca de la bienaventuranza, que no la divide sino una leve tela. Y como ve que aquella llama delicada de amor, que en ella arde, cada vez que la está embistiendo, la está como glorificando con suave y fuerte gloria, tanto, que cada vez que la absorbe y embiste (5) le parece que le va a dar la vida eterna (6), y que va a romper la tela de la vida mor- 1 Los manuscritos añaden: "La compostura de estas liras son como aquellas que en Boscán están vueltas a lo divino, que dicen: "La soledad siguiendo. Llorando mi fortuna.
Me ooy por los caminos, que se ofrecen", etc., en las cuales hay seis pies, y el cuarto suena con el primero, y el quinto con el segundo, y el sexto con el tercero."
2 P como en la nota de la página anterior.
4 Joan, Vil, 38.
5 C abrevia: en ella arde, cada vez que la absorbe y embiste.
6 Bg. y P: la gloria y vida eterna.
tal, y que falta muy poco, y que por esto poco no acaba de ser glorificada esencialmente, dice con gran deseo a la llama, que es el Espíritu Santo, que rompa ya la vida mortal por aquel dulce encuentro, en que de veras la acabe de comunicar lo que cada vez parece que la va a dar cuando la encuentra, que es glorificarla entera y perfectamente, y así dice: ¡'Oh llama de amor viva.
2. Para encarecer el alma el sentimiento y aprecio con que habla en estas cuatro canciones, pone en todas ellas estos términos: oh y cuan, que significan encarecimiento afectuoso; los cuales cada vez que se dicen, dan a entender del interior más de lo que se dice por la lengua. Y sirve el oh para mucho desear y para mucho rogar persuadiendo, y para entrambos efectos usa el alma de él en esta canción; porque en ella encarece e intima el gran deseo, persuadiendo al amor que la desate (1).
3. Esta llama de amor es el espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumida y transformada en suave amor, sino como fuego que, demás de eso, arde en ella y echa llama, como dije; y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina.
Y ésta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que los actos que hace interiores es llamear, que son inflamaciones de amor, en que unida la voluntad del alma, ama subidísimamente, hecha un amor con aquella llama.
Y así, estos actos de amor del alma son preciosísimos (2), y merece más en uno y vale más que cuanto había hecho toda su vida sin esta transformación, por más que ello fuese. Y la diferencia que hay entre el hábito y el acto, hay entre la trasformación en amor y la llama de amor, que es la que hay entre el madero inflamado y la llama de él, que la llama es efecto del fuego que allí está.
4. De donde el alma que está en este estado de trasfor- 1 Bg. y P añaden: de la carne mortal. Bz.: al amor que la desee.
mación de amor, podemos decir que es su ordinario hábito, y es como el madero que siempre está embestido en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego del amor, que tan vehementemente sale cuanto es más intenso el fuego de la unión, en la cual llama se unen y suben los actos de la voluntad arrebatada y absorta en la llama del Espíritu Santo, que es como el ángel que subió a Dios en la llama del sacrificio de Manué (1). Y así, en este estado no puede el alma hacer aclos, que el Espíritu Santo los hace todos y la mueve a ellos; y por eso, todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios. De donde al alma le parece que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino, la está dando vida eterna, pues la levanta a operación de Dios en Dios.
5. Y éste es el lenguaje y palabras que trata Dios en las almas purgadas y limpias, todas encendidas (2), como dijo David: Tu palabra es encendida vehementemente (3); y el Profeta: ¿Por ventura mis palabras no son como fuego? (4). Las cuales palabras, como él mismo dice por San Juan (5), son espíritu y vida; las cuales sienten las almas que tienen oídos para oirías, que, como digo, son las almas limpias y enamoradas, que las que no tienen el paladar sano (6), sino que gustan otras cosas, no pueden gustar el espíritu y vida de ellas, antes les hacen sinsabor. Y por eso cuanto más altas palabras decía el Hijo de Dios, tanto más algunos se desabrían por su impureza, como fué cuando predicó aquella tan sabrosa (7) y amorosa doctrina de la Sagrada Eucaristía, que muchos de ellos volvieron atrás.
6. Y no porque los tales no gusten este lenguaje de Dios, que habla dentro han de pensar que no le gustarán otros, 1 Judie, xm, 20.
2 Bg. y P: que son todas ellos encendidas.
3 Ps. CXVin, 140.
4 XXIII. 29.
5 VI, 64.
6 P y Bg.: /impío el paladar suyo.
7 S: tan soberana...
como aquí se dice, como lo gustó San Pedro en el alma cuando dijo a Cristo: ¿Dónde iremos, Señor, que tienes palabras de la vida eterna? (1). Y la Samaritana olvidó el agua y el cántaro por la dulzura de las palabras de Dios. Y así, estando esta alma tan cerca de Dios, que está transformada en llama de amor, en que se le comunica el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, ¿qué increíble cosa se dice que guste un rastro de vida eterna, aunque no perfectamente, porque no lo lleva la condición de esta vida? Mas es tan subido el deleite que aquel llamear del Espíritu Santo hace en ella, que la hace saber a qué sá"be la vida eterna, que por eso la llama a la llama, viva; no porque no sea siempre viva, sino porque le hace tal efecto, que la hace vivir en Dios espiritual -mente, y sentir vida de Dios (2), al modo que dice David: Mi corazón y mi carne se gozaron en Dios vivo (3). No porque sea menester decir que sea vivo (4), pues siempre lo está; sino para dar a entender que el espíritu y sentido vivamente gustaban a Dios hechos en Dios (5), lo cual es gustar a Dios vivo; y esto es vida de Dios, y vida eterna. Ni dijera David allí: Dios vivo, sino porque vivamente le gustaba, aunque no perfectamente, sino como un viso de vida eterna. Y así, en esta llama siente el alma tan vivamente (6) a Dios y le gusta con tanto sabor y suavidad, que dice: Oh llama de amor viva Que tiernamente hieres.
7. Esto es, que con tu ardor tiernamente me tocas. Que por cuanto esta llama es llama de vida divina, hiere al alma con ternura de vida de Dios, y tanto y tan entrañablemente la hiere y la enternece que la derrite en amor, porque se cumpla en ella lo que en la Esposa en los Cantares, que se enterneció tanto, que se derritió, y así dice ella allí: Luego que el Es- 1 ]oan., VI, 69.
2 P y Bg.: Y vivir vida de Dios.
3 Ps. LXXXIII, 3.
4 Bg. y P: que sea Dios vivo.
5 Bg. y P: hechos vivos en Dios.
6 Bz.: ciertamente.
poso habló se derritió mi alma (1). Porque el habla de Dios es el efecto que hace en el alma.
8. Mas ¿cómo se puede decir que la hiere, pues en el alma no hay cosa ya por herir, estando ya ella toda cauterizada (2) con füego de amor? Es cosa maravillosa, que como el amor nunca está ocioso, sino en continuo movimiento, como la llama está siempre echando llamaradas acá y allá; y el amor, cuyo oficio es herir para enamorar y deleitar, como en la tal alma está en viva llama, estále arrojando sus heridas como llamaradas ternísimas de delicado amor, ejercitando jocunda y festivalmente las artes y juegos del amor, como en el palacio de sus bodas (3), como Asuero con su esposa Ester (4), mostrando allí sus gracias, descubriéndola allí sus riquezas y la gloria de su grandeza, para que se cumpla en esta alma lo que él dijo en los Proverbios, diciendo: Deleitábame yo (5) por todos los días, jugando delante de él todo el tiempo, jugando en la redondez de las tierras, y mis deleites es estar con los hijos de los hombres (6); es a saber, dándoselos a ellos. Por lo cual estas heridas, que son sus juegos (7), son llamaradas de tiernos toques que al alma tocan por momentos de parte del fuego del amor, que no está ocioso, los cuales dice acaecen y hieren De mi alma en el más profundo centro.
9. Porque en la sustancia del alma, donde ni el centro del sentido (8) ni el demonio puede llegar, pasa esta fiesta del Espíritu Santo; y por tanto, tanto más segura, sustancial y deleitable, cuanto más interior ella es, porque cuanto más interior es (9), es más pura; y cuanto hay más de pureza, tanto 1 Cant.. V, 6.
3 Bg. y P añaden: del amor y de sus bodas.
4 C: con la bellísima esposa...5 Bz.: Deleitábamonos.
7 Bg. y P: fuegos.
8 Bg. y P: donde ni entra el sentido.
9 Bg. y P: deleitable e interior es.
I más abundante y frecuente y generalmente se comunica Dios; y así es tanto más el deleite y el gozar del alma y del espíritu, porque es Dios el obrero de todo, sin que el alma haga de suyo nada (1). Que por cuanto el alma no puede de suyo obrar nada si no es por el sentido corporal, ayudada de él, del cual en este caso está ella muy libre y muy lejos, su negocio es ya sólo recibir de Dios, el cual sólo puede en el fondo del alma (2), sin ayuda de los sentidos, hacer obra y mover el alma en ella. Y así todos los movimientos de la tal alma son divinos; y aunque son suyos, de ella lo son también, porque los hace Dios en ella con ella, que da su voluntad y consentimiento. Y porque en decir que hiere en el más profundo centro de su alma da a entender que tiene el alma otros centros no tan profundos (3), conviene advertir cómo sea esto.
10. Y cuanto a lo primero, es de saber que el alma, en cuanto espíritu, no tiene alto, ni bajo, ni más profundo, ni menos profundo en su ser, como tienen los cuerpos cuantitativos; que, pues en ella no hay partes, no tiene más diferencia dentro que fuera, que toda ella es 'de una manera y no tiene centro de hondo y menos hondo cuantitativo; porque no puede estar en una parte más ilustrada que en otra, como los cuerpos físicos, sino toda en una manera en más o en menos, como el aire que todo está de una manera ilustrado o no ilustrada en más o en menos (4).
11. En las cosas, aquéllo llamamos centro más profundo que es a lo que más puede llegar su ser y virtud, y la fuerza de su operación y movimiento, y no puede pasar de allí; así como el fuego y la piedra, que tienen virtud y movimiento natural y fuerza para llegar al centro de su esfera y no pueden, pasar de allí, ni dejar de llegar ni de estar allí, si no es por algún impedimento contrario y violento. Según esto, diremos que la piedra, cuando en alguna manera está dentro de la tie- 1 Bz. pasa de esta palabra a la igual que viene poco después.
2 Bg. y P añaden: y en lo intimo.
3 S, Bz. y C: oíros centros más profundos.
4 Bz.: de una manera, ilustrando o en más o en menos.
rra, aunque no sea en lo más profundo de ella, está en su centro en alguna manera, porque está dentro de la esfera do su centro y actividad y movimiento; pero no diremos que está en el más profundo centro, que es el medio de la tierra; y así siempre le queda virtud y fuerza e inclinación para bajar y llegar hasta este más último y profundo centro si se le quita el impedimento de delante; y cuando llegare y no tuviere de suyo más virtud e inclinación para más movimiento, diremos que está en el más profundo centro suyo.
12. El centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad de su ser (1), y según la fuerza de su operación e inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus fuerzas entienda y ame y goce a Dios; y cuando no ha llegado a tanto como esto, cual acaece en esta vida mortal, en que no puede llegar el alma a Dios según todas sus fuerzas (2), aunque esté en este su centro, que es Dios, por gracia y por la comunicación suya que con ella tiene, por cuanto todavía tiene movimiento y fuerza para más y no está satisfecha, aunque esté en el centro (3), no empero en el más profundo, pues puede ir al más profundo de Dios (4).
13. Es pues de notar, que el amor es la inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se une el alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se concentra con él. De donde podemos decir, que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo (5), y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios haber en la casa de su Padre (6). De manera que para que el alma esté 1 P: Según su calidad de su ser.
2 Bz. omite: según todas sus fuerzas.
3 C: aunque está satisfecha.
4 S: Profundo en Dios.
5 C: vitativo.
6 Joan, XIV, 2.
en su centro, que es Dios, según lo que habernos dicho, basta que tenga un grado de amor, porque por uno sólo se une con él por gracia; y si tuviese dos grados, habrá unídose y concentrádose con Dios otro centro (1) más adentro; y si llegare a tres, concentrarse ha como tres; y si llegare hasta el último grado, llegará a herir el amor de Dios hasta el último centro y más profundo del alma, que será trasformarla y esclarecerla según todo el ser y potencia y virtud de ella, según es capaz de recibir, hasta ponerla que parezca Dios, bien así como cuando el cristal limpio y puro es embestido de la luz, que cuantos más grados de luz va recibiendo, tanto más de luz en él se va reconcentrando, y tanto más se va esclareciendo; y puede llegar a tanto por la copiosidad de luz que recibe, que venga él a parecer todo luz, y no se divise entre la luz, estando él esclarecido en ella todo lo que puede recibir de ella, que es venir a parecer como ella (2).
14. Y así, en decir el alma aquí que la llama de amor hiere en su más profundo centro, es decir que cuanto alcanza la sustancia, virtud y fuerza del alma, la hiere y embiste el Espíritu Santo; lo cual dice, no porque quiera dar a entender aquí que sea ésta tan sustancial y enteramente como en la beatifica vista de Dios en la otra vida, porque aunque el alma llegue en esta vida mortal a tan alto estado de perfección como aquí va hablando, no llega ni puede llegar al estado perfecto de gloria, aunque por ventura por vía de paso acaezca hacerla Dios alguna merced semejante; pero dícelo para dar a entender la copiosidad y abundancia de deleite y gloria que en esta manera de comunicación en el Espíritu Santo siente; el cual deleite es tanto mayor y más tierno, cuanto más fuerte y más sustancialmente está transformada y reconcentrada en Dios (3), que por ser tanto como lo más a que en esta vida se puede llegar (aunque, como decimos, no tan perfecto como en la otra), 1 C: grado.
2 C. a parecer todo luz, no distinguiéndose él y ella en cosa, sino que todo pareciese luz. Y así...3 Bg. y P: en Dios el alma.
lo llama el más profundo centro. Aunque, por ventura, el hábito de la caridad puede el alma tener en esta vida tan perfecto como en la otra, mas no la operación ni el fruto; aunque el fruto y la operación del amor crecen tanto de punto en este estado, que es muy semejante al de la otra; tanto, que pareciéndole al alma ser asi, osa decir lo que solamente se osa decir de la otra, es a saber: en el más profundo centro de mi alma.
15. Y porque ¡as cosas raras y de que hay poca experiencia (1), son más maravillosas y menos creíbles, cual es la que vamos diciendo del alma en este estado, no dudo sino que algunas personas, no lo entendiendo por ciencia ni sabiéndolo por experiencia (2), o no lo creerán, o lo tendrán por demasía, o pensarán que no es tanto como ello es en sí. Mas a todos estos yo respondo, que el Padre de las lumbres, cuya mano no es abreviada y con abundancia se difunde sin aceptación de personas, do quiera que halla lugar, como e! rayo del sol, mostrándose también a ellos en los caminos y vías alegremente, no duda ni tiene en poco tener sus deleites con los hijos de los hombres de mancomún (3) en la redondez de la tierra. Y no es de tener por increíble que a un alma ya examinada y probada y purgada en el fuego de tribulaciones y trabajos y variedad de tentaciones y hallada fiel en el amor, deje de cunv plirse en esta fiel alma en esta vida lo que el Hijo de Dios prometió, conviene a saber: que si alguno le amase, vendría la Santísima Trinidad en él y moraría de asiento en él (4); lo cual es ilustrándole el entendimiento divinamente en la sabiduría del Hijo, y deleitándole la voluntad en el Espíritu Santo, y absorbiéndola el Padre poderosa y fuertemente en el abrazo y abismo de su dulzura (5).
16. Y si esto usa con algunas almas, como es verdad que lo usa de hacer, de creer es que ésta de que vamos hablando 1 C: noticia en vez de experiencia.
2 S: personas, entendiendo por ciencia g sabiéndolo por experiencia...3 Bz. omite: de mancomún.- 4 Joan, XIV, 23.
5 Así S y C — Bz.: en el abrazo sabroso. P y Bg.: en el abrazo de su dulzura.
no se quedará atrás en estas mercedes de Dios; pues lo que de ella vamos diciendo, según la operación del Espíritu Santo que en ella hace, es mucho más que lo que en la comunicación (1) y trasformación de amor pasa; porque lo uno es como ascua encendida; lo otro, según habernos dicho, como ascua en que tanto se afervora (2) el fuego, que no solamente esta encendida, sino echando llama viva. Y así, estas dos maneras, de unión solamente y de amor y unión con inflamación de amor, son en cierta manera comparadas al fuego de Dios, que dice Isaías. que está en Sión, y al horno de Dios que es;cá en Jerusalén (3); que lo uno significa a la Iglesia militante, en que está el fuego de la caridad no en extremo encendido; y la otra significa visión de paz, que es la triunfante, donde este fuego está como en horno encendido en perfección (4) de amor. Que aunque, como habernos dicho, esta alma no ha llegado a tanta perfección como ésta, todavía en comparación de la otra unión común, es como horno encendido, con visión tanto más pacífica y gloriosa y tierna, cuanto la llama es más clara y resplandeciente, como el fuego en el carbón.