17. Por tanto, sintiendo el alma que esta viva llama del amor vivamente le está comunicando todos los bienes, porque este divino amor todo lo trae consigo, dice: ¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres! Que es como si dijera: ¡Oh encendido amor, que con tus amorosos movimientos regaladamente estás glorificándome según la rtiayor capacidad y fuerza de mi alma!, es a saber, dándome inteligencia divina según toda la habilidad y capacidad de mi entendimiento, y comunicándome el amor, según la mayor fuerza de mi voluntad, y deleitándome en la sustancia del alma, con el torrente de tu deleite en tu divino contacto y junta sustancial según la mayor pureza de mi sustancia y capacidad y anchura de mi memoria. Y esto acaece así, y más de lo que se puede y alcanza a decir, al 1 Bz.: Es mucho mayor que la que en la comunicación...2 Bz.: absorberá el fuego.
3 XXXI, 9.
A Bg. y P saltan de esta palabra a la igual inmediata.
tiempo que se levanta en el alma esta llama de amor; que por cuanto el alma, según su sustancia y potencias, memoria, entendimiento y voluntad está bien purgada, la substancia divina (1), que, como dice el Sabio, toca en todas las partes por su limpieza (2), profunda y sutil y subidamente con su divina llama la absorbe en sí, y en aquel absorbimiento del alma en la sabiduría, el Espíritu Santo ejercita los vibramientos gloriosos de su llama (3), y por ser tan suave dice el alma luego: Pues ya no eres esquiva.
18. Es a saber, pues ya no afliges, ni aprietas, ni fatigas como antes hacías; porque conviene saber que esta llama de Dios, cuando el alma estaba en estado de purgación espiritual, que es cuando va entrando en contemplación, no le era tan amigable y suave como ahora lo es en este estado de unión. Y en declarar cómo esto sea, nos habernos de detener algún tanto.
19. En lo cual es de saber, que antes que este divino fuego de amor se introduzca y se una en la sustancia del alma por acabada y perfecta purgación y pureza, esta llama, que es el Espíritu Santo, está hiriendo en el alma, gastándole y consumiéndole las imperfecciones de sus malos hábitos; y ésta es la operación del Espíritu Santo, en la cual la dispone para la divina unión (4) y trasformación de amor en Dios. Porque es de saber que el mismo fuego de amor que después se une con el alma glorificándola, es el que antes la embiste purgándola; bien así como el mismo fuego que entra en el madero es el que primero le está embistiendo e hiriendo con su llama, enjugándole y desnudándole de sus feos (5) accidentes, hasta disponerle con su calor, tanto que pueda entrar en él y trasformarle en sí; y_ esto llaman los espirituales vía purgativa. En el cual ejercicio el alma padece mucho detrimento y siente graves penas en el esespíritu, que de ordinario redundan en el sentido, siéndole esta 1 Bg. y P: purgada y pura la Sabiduría divina.
2 Sap., VII, 24.
3 C: de su alma.
4 5: debida unión.
5 C: fríos.
llama muy esquiva. Porque en esta disposición de purgación no le es esta llama clara, sino oscura; que si alguna luz le da, es para ver sólo y sentir sus miserias y defectos. Ni le es suave, sino penosa; porque aunque algunas veces le pega calor de amor, es con tormento y aprieto. Y no le es deleitable, sino seca; porque aunque alguna vez por su benignidad le da algún gusto para esforzarla y animarla, antes y después que acaece, lo lasta (1) y paga con otro tanto trabajo. Ni le es reficionadora y pacífica, sino consumidora y argüidora, haciéndola.desfallecer y penar en el conocimiento propio. Y así, no le es gloriosa, porque antes la pone miserable y amarga en la luz espiritual que le da de propio conocimiento, enviando Dios (2) fuego (como dice Jeremías) en sus huesos, y enseñándola, y como también dice David, examinándola en fuego.
20. Y así, en esta sazón padece el alma acerca del entendimiento grandes tinieblas, acerca de la voluntad grandes sequedades y aprietos, y en la memoria grave noticia de sus miserias, por cuanto el ojo espiritual está muy claro en el conocimiento propio. Y en la sustancia del alma padece desamparo y suma pobreza (3), seca y fría, y a veces caliente, no hallando en nada alivio, ni aún pensamiento (4) que la consuele, ni aun poder levantar el corazón a Dios, habiéndosele puesto esta llama tan esquiva, como dice Job, que en este- ejercicio hizo Dios con él, diciendo: Mudado te me has en cruel (5). Porque cuando estas cosas juntas padece el alma, le parece verdaderamente gue Dios se ha hecho cruel contra ella y desabrido.
21. No se puede encarecer loque el alma padece en este tiempo es a saber (6) muy poco menos que un purgatorio (7). Y no sabría yo ahora dar a entender esta esquivez cuánta sea ni hasta dónde llega lo que en ella se pasa y siente, sino con lo que 1 P: gasta.
2 Bz. abrevia: y amarga, enviando Dios.
3 Bg. y P: profunda pobreza.
4 Bz. y C: ni un pasamiento.
5 XXX. 21.
6 Bg. y P: es a veces por es a saber.
7 Bz. y C: en el purgatorio.
a este propósito dice Jeremías con estas palabras: Yo varón, que veo mi pobreza en la vara de su indignación; hame amenazado y trájome a las tinieblas y no a la luz: tanto ha vuelto y convertido su mano contra mí. Hizo envejecer mi piel y mi carne y desmenuzó mis huesos; cercóme en derredor, y rodeóme de hiél y trabajo; en tenebrosidades me colocó como los muertos sempiternos; edificó enderredor de mí, porque no salga; agravóme las prisiones; y demás de esto, cuando hubiere dado voces y rogado, ha excluido mi oración; cerróme mis caminos con piedras cuadradas, y trastornó mis pisadas y mis sendas (1). Todo esto dice Jeremías, y va allí diciendo mucho más. Que por cuanto en esta manera está Dios medicinando y curando al alma en sus muchas enfermedades para darle salud, por fuerza ha de penar según su dolencia en la tal purga y cura, porque aquí le pone Tobías el corazón sobre las brasas, para que en él se extrique y desenvuelva todo género de demonio (2); y así, aquí van saliendo a luz todas sus enfermedades, poniéndoselas en cura, y delante de sus ojos a sentir.
22. Y las flaquezas y miserias que antes el alma tenia asentadas y encubiertas en si (las cuales antes no veía ni sentía), ya con la luz y calor del fuego divino las ve y las siente; así como la humedad que había en el madero no se conocía hasta que dió en él el fuego y le hizo sudar y humear y respendar (3); y así hace el alma imperfecta cerca de esta llama. Porque, ¡oh cosa admirable!, levántanse en el alma a esta sazón contrarios contra contrarios: los del alma contra los de Dios, que embisten en el alma; y, como dicen los filósofos, unos relucen cerca de los otros, y hacen la guerra en el sujeto del alma (4), procurando los unos expeler a los otros por reinar ellos en ella, conviene a saber, las virtudes y propiedades de Dios en extremo perfectas contra los hábitos y propiedades del sujeto del alma en extremo imperfectas, padeciendo 1 Thren.. III. 1-9.
2 VI. 8.
3 Así S y Bz. Los demás: resplandecer.
4 Bg. y P añaden: padeciéndola ella.
ella dos contrarios en si. Porque como esta llama es de extremada luz, embistiendo ella en el alma, su luz luce en las tinieblas (1) del alma, que también son extremadas, y el alma entonces siente sus tinieblas naturales y viciosas, que se ponen (2) contra la sobrenatural luz y no siente la luz sobrenatural, porque no la tiene en sí como sus tinieblas, que las tiene en sí, y las tinieblas no comprenden la luz. Y así, estas tinieblas suyas sentirá en tanto que la luz las embistiere, porque no pueden las almas ver sus tinieblas si no embistiere en ellas la divina luz, y hasta que; expeliéndolas la luz divina quede ilustrada el alma y vea la luz en sí transformada (3), habiendo sido limpiado y fortalecido el ojo espiritual por la luz divina, porque inmensa luz en vista impura y flaca, totalmente le hará tinieblas, sujetando el eminente sensible la potencia. Y así érale esta llama esquiva en la vista del entendimiento.
23. Y porque esta llama de suyo en extremo es amorosa, tierna y amorosamente (4) embiste en la voluntad; y como fa voluntad de suyo es seca y dura en extremo, y lo duro se siente cerca de lo tierno, y la sequedad cerca del amor, embis^ tiendo esta llama amorosa y tiernamente en la voluntad, siente la voluntad su natural dureza y sequedad para con Dios; y no siente el amor y ternura de la llama (estando ella prevenida con dureza y sequedad, en que no caben estos otros contrarios de ternura y amor), hasta que siendo expelidos por ellos, reine en la voluntad amor y ternura de Dios. Y de esta manera era esta llama esquiva a la voluntad, haciéndola sentir y padecer su dureza y sequedad. Y, ni más ni menos, porque esta llama es amplísima e inmensa y la voluntad es estrecha y angosta, siente su estrechura y angostura la voluntad en tanto que la llama la embiste, hasta que dando en ella la dilate y ensanche y haga capaz de sí misma. Y también, porque esta llama es sabrosa y dulce, y la voluntad tenía el paladar del espíritu destemplado 1 Bz. pasa de esta palabra a la igual que viene luego.
2 Bg. y P: oponen.
3 Bg. y P abrevian y modifican: "enbistiere en ellas la divina luz, quede ilustrada el alma y transformada, y vea en sí la luz..."
con humores de desordenadas (1) aficiones, érala desabrida y amarga y no podía gustar el dulce manjar del amor 3e Dios. Y de esta manera siente también la voluntad su aprieto y sinsabor cerca de esta amplísima y sabrosísima llama, y no siente el sabor de ella, porque no la siente en sí (2), sino lo que tiene en sí, que es su miseria. Y, finalmente, porque esta llama es de inmensas riquezas y bondad y deleites, y el alma de suyo es pobrísima y no tiene bien ninguno ni de que se satisfacer; conoce y siente claramente sus miserias y pobreza y malicia cerca de estas riquezas y bondad y deleites, y no conoce las riquezas y bondad y deleites de la llama (porque la malicia no comprende a la bondad, ni la pobreza a las riquezas, etc.), hasta tanto que esta llama acabe de purificar al alma y con su trasformación la enriquezca, glorifique y deleite. De esta manera le era antes esquiva esta llama al alma sobre lo que se puede decir, peleando en ella unos contrarios contra otros: Dios, que es todas las perfecciones, contra todos los hábitos imperfectos de ella para que transformándola en sí la suavice y pacifiqué y esclarezca, como el fuego hace al madero cuando ha entrado en él.
24. Esta purgación en pocas almas acaece tan fuerte; sólo en aquéllas que el Señor quiere levantarlas a más alto grado de unión, porque a cada una dispone con purga más o menos fuerte, según el grado a que la quiere levantar (3), y según también la impureza e imperfección de ella. Y así esta pena se parece a la del purgatorio; porque así como allí se purgan los espíritus para poder ver a Dios por clara visión en la otra vida, asi, en su manera, se purgan aquí las almas para poder trasformarse en él por amor en ésta (4).
25. La intensión de esta purgación y cómo es en más y cómo en menos, y cuándo es según el entendimiento y cúánr do según la voluntad, y cómo según la memoria y cuándo y có- 2 Bg. y P: porque no le tiene en si.
3 Bz. añade: a más alto grado de unión.
4 Bz.: en esta unión.
mo también según la sustancia del alma, y también cuándo según todo, y la purgación de la parte sensitiva (1) y cómo se conocerá cuándo lo es la una y la otra, y a qué tiempo y punto y sazón del camino espiritual comienza, porque lo tratamos en la Moche oscura de ¡a Subida del Monte Carmelo, y no hace ahora a nuestro propósito, no lo digo. Basta saber ahora que el mismo Dios, que quiere entrar en el alma por unión y trasformación de amor, es el que antes está embistiendo en ella y purgándola con la luz y calor de su divina llama, así como el mismo fuego que entra en el madero es el que le dispone (2) como hemos dicho. Y así, la misma que ahora le es suave estando dentro embestida en ella, le era antes esquiva estando fuera embistiendo en ella (3).
26. Y esto es lo que quiere dar a entender cuando le dice el alma el presente verso: Pues ya no eres esquiva, que en suma es como si dijera: pues ya no solamente no me eres oscura como antes, pero eres la divina luz (4) de mi entendimiento, con que te puedo ya mirar; y no solamente no haces desfallecer mi flaqueza, mas antes eres la fortaleza de mi voluntad con que te puedo amar y gozar, estando toda convertida en divino amor; y ya no eres pesadumbre y aprieto para la sustancia de mi alma, mas antes eres la gloria y deleite y anchura de ella, pues que de mi se puede decir lo que se canta en los divinos Cantares dicendo: ¿Quién es ésta que sube del desierto abundante en deleites, estribando sobre su amado, acá y allá vertiendo amor? (5). Pues esto es así: Acaba ya si quieres.
27. Es a saber, acaba ya de consumar conmigo perfectamente el matrimonio espiritual con tu beatífica vista, porque ésta es la que pide el alma; que aunque es verdad que en 1 Bg. y P: según la parte sensitiva.
2 Bg. y P añaden: antes que entre.
3 Así C, Bg. y P.— S: asi ahora le es suave la misma que antes le era esquiva. Bz.: y asi embestida en ella, le era antes esquiva, embistiendo en ella.
4 Bg. y P: lumbre.
5 VIII, 5.
este estado tan alto está el alma tanto más conforme y satisfecha cuanto más trasformada en amor, y para sí ninguna cosa sabe ni acierta a pedir, sino todo para su Amado; pues la caridad, como dice San Pablo (1), no pretende para sí sus cosas, sino para el amado; porque vive en esperanza, todavía, aunque no se puede dejar de sentir vacío, tiene tanto de gemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acabada posesión de la adopción de los hijos de Dios, donde consumándose su gloria se quietará (2) su apetito. El cual, aunque acá más juntura tenga con Dios, nunca se hartará ni quietará, hasta que parezca su gloria, mayormente teniendo ya el sabor y golosina de ella, como aquí se tiene. Que es tal, que si Dios no tuviese aquí favorecida también la carne, amparando el natural con su diestra (como hizo a Moisés en la piedra (3), para que sin morirse pudiese ver su gloria), a cada llamarada de éstas se rompería el natural y moriría, no teniendo la parte inferior vaso para sufrir tanto y tan subido fuego de gloria.
28. Y por esto, este apetito y la petición de él no es aquí con pena, que no está aquí el alma capaz de tenerla; sino con deseo suave y deleitable, pidiendo la conformidad de su espíritu y sentido, que por eso dice en el verso: acaba ya si quieres, porque está la voluntad y apetito tan hecho uno con Dios, que tiene por su gloria cumplirse lo que Dios quiere. Pero son tales las asomadas (4) de gloria y amor que en estos toques se traslucen quedar por entrar a la puerta del alma, no cabiendo por la angostura de la casa terrestre, que antes sería poco amor no pedir entrada en aquella perfección y cumplimiento de amor. Porque, además de esto, ve allí el alma que en aquella fuerza deleitable y comunicación del Esposo la está el Espíritu Santo provocando y convidando con aquella inmensa gloria que le está proponiendo ante sus ojos, con maravillosos modos y suaves afectos, diciéndole en su espíritu lo que en los Cantares a la 1 I ad Cor., XIII. 5.
3 Exod. XXXIII. 22.
4 Bz.: asomos.
Esposa, lo cual refiere ella diciendo: Mirad lo que me está diciendo mi Esposo: levántate y date prisa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; pues que ya ha pasado el invierno y la lluvia se fué y alejó y las flores han aparecido en nuestra tierra. Y ya ha llegado el tiempo de podar y la voz de la tortolilla se ha oído en nuestra tierra; la higuera ha producido sus frutos, las floridas viñas han dado su olor. Levántate, amiga mía, graciosa mía, y ven paloma mía en los horados (I) de la piedra, en la caverna de la cerca; muéstrame tu rostro suave, suene tu voz en mis oídos, porque tu voz es dulce y tu rostro hermoso (2). Todas estas cosas siente el alma y las entiende distintísimamente en subido sentido de gloria, que la está mostrando el Espíritu Santo en aquel tierno y suave llamear con gana de entrarla en aquella gloria; y por eso ella aquí, provocada, responde diciendo: Acaba ya si quieres, en lo cual pide al Esposo aquellas dos peticiones que él nos enseñó en el Evangelio, conviene a saber: Adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua (3); y es así, como si dijera: acaba, es a saber, de darme este reino; si quieres, esto es, según es tu voluntad. Y para que así sea Rompe la tela de este dulce encuentro.
29. La cual tela es la que impide este tan grande negocio; porque es fácil cosa llegar a "Dios quitados los impedimentos y rompidas las telas que dividen la junta entre él alma y Dios. Las telas que pueden impedir esta junta y que se han de romn per para que se haga y posea perfectamente el alma a Dios, podemos decir que son tres, conviene a saber: temporal, en que se comprenden todas las criaturas; natural, en que se comprenden las operaciones e inclinaciones puramente naturales; la tercera, sensitiva, en que sólo (4) se comprende la unión del alma con el cuerpo, que es vida sensitiva y animal, de que dice San Pablo: Sabemos que si esta nuestra casa terrestre se desata, 2 II. 10-14.
3 Matt., VI, 10.
4 Sólo. Bg. y P. omiten esta palabra.
tenemos habitación de Dios en los cielos (1). Las dos primeras telas de necesidad se han de haber rompido para llegar a esta posesión de unión de Dios, en que todas las cosas del mundo estén negadas y renunciadas y todos los apetitos y afectos naturales mortificados y las operaciones del alma de naturales ya hechas divinas. Todo lo cual se rompió e hizo en el alma, por los encuentros esquivos de esta llama cuando era ella esquiva; porque con la purgación espiritual que arriba hemos dicho, acaba el alma de romper con estas dos telas (2), y de ahí viene a unirse con Dios, como aquí está, y no queda por romper más que la tercera de la vida sensitiva. Que por eso dice aquí tela, y no telas; porque no hay más que ésta que romper, la cual por ser ya tan sutil y delgada y espiritualizada con esta unión de Dios, no la encuentra la llama rigurosamente como a las otras dos hacía, sino sabrosa y dulcemente; que por eso dice aquí y llama dulce encuentro, el cual es tanto más dulce y sabroso, cuanto más le parece que le va a romper la tela de la vida.
30. Donde es de saber, que el morir (3) natural de las almas que llegan a este estado, aunque la condición de su muerte, cuanto al natural, es semejante a las demás, pero en la causa y en el modo de la muerte hay mucha diferencia; porque si las otras mueren muerte causada por enfermedad o por longura de días, éstas, aunque en enfermedad mueran o en cumplimiento de edad, no las arranca el alma, sino algún ímpetu y encuentro de amor mucho más subido que los pasados y más poderoso y valeroso, pues pudo romper la tela y llevarse la joya del alma. Y así, la muerte de semejantes almas es muy suave y muy dulce, más que les fué la vida espiritual toda su vida; pues que mueren con más subidos ímpetus y encuentros sabrosos de amor, siendo ellas como el cisne, que canta más suavemente (4) cuando se muere. Que por eso dijo David, que era preciosa la muerte de los santos en el acatamiento de Dios (5), porque» 1 II ad Cor.. V, I.
2 Bg. y P: Acábanse en el alma de romper las dos telas.
3 Amor, leen algunos manuscritos.
5 Ps. CXV. 15.
por aquí vienen en uno a juntarse todas las riquezas del alma, y van allí a entrar los ríos del amor del alma en la mar, los cuales están allí ya tan anchos y represados, que parecen ya mares; juntándose allí lo primero y lo postrero de sus tesoros, para acompañar al justo que va y parte para su reino, oyéndose ya las alabanzas desde los fines de la tierra (1), que, como dice Isaías, son glorias del justo.
31. Sintiéndose, pues, el alma a la sazón de estos gloriosos encuentros tan al canto de salir (2) a poseer acabada y per feo tamente su reino, en las abundancias de que se ve estar enriquecida (porque aquí se conoce pura y rica y llena de virtudes y dispuesta para ello; porque en este estado deja Dios al alma ver su hermosura y fíale los dones y virtudes que le ha dado, porque todo se le vuelve en amor y alabanzas, sin toque de presunción ni vanidad, no habiendo ya levadura de imperfección que corrompa la masa) ¡ y como ve que no le falta más que romper esta flaca tela de vida natural en que se siente enredada, presa e impedida su libertad, con deseo de verse desatada (3) y verse con Cristo, haciéndole lástima que una vida tan baja y flaca la impida otra tan alta y fuerte, pide que se rompa diciendo: Rompe la tela de este dulce encuentro.
32. Y llámala tela por tres cosas: la primera, por la trabazón que hay entre el espíritu y la carne; la segunda, porque divide entre Dios y el alma; la tercera, porque así como la tela no está tan tupida (4) y condensa que no se pueda traslucir lo claro por ella, así en este estado parece esta trabazón tan delgada tela, por estar ya muy espiritualizada e ilustrada y adelgazada, que no se deja de traslucir la Divinidad en ella; y como siente el alma la fortaleza de la otra vida, echa de ver la flaqueza de estotra, y parécele mucho delgada tela, y aun tela de araña, como la llama David, diciendo: Nuestros años como la araña meditarán (5). Y aún es mucho menos delante del alma que así 1 C: alabanzas de los bienes de la tierra.
2 Bg. y P: tan al cabo de subir.
3 Bg. y P: de ser desatada.
4 Bg. y C: opaca. Bz.: es tan poca.
5 Ps. LXXXIX. 9.
está engrandecida; porque como está puesta en el sentir de Dios, siente las cosas como Dios; delante dei cual, como también dice David, mil años son como el día de ayer que pasó (1). Y según Isaías, todas las gentes son como si no fuesen (2). Y ese mismo tomo tienen delante del alma, que todas las cosas le son nada, y ella es para sus ojos nada; sólo su Dios para ella es el todo (3).
33. Pero hay aquí que notar, ¿por qué razón pide aquí más que rompa la tela, que la corte o que la acabe, pues todo parece una cosa'J Podemos decir que por cuatro cosas: la primera, por hablar con más propiedad, porque más propio es del encuentro romper que cortar y que acabar. La segunda, porque el amor es amigo de fuerza de amor y de toque fuerte e impetuoso, lo cual se ejercita más en el romper que en el cortar y acabar. La tercera, porque el amor apetece que el acto sea brevísimo, porque se cumpla más presto (4), y tiene tanta más fuerza y valor cuanto es más presto (5) y más espiritual, porque la virtud unida, más fuerte es que esparcida; e introdúcese el amor al modo que la forma en la materia, que se introduce en un instante, y hasta entonces no había acto s'ino disposiciones i ara él; y así los actos espirituales, como en un instante, se hacen en el alma, porque son infusos de Dios, pero los demás que el alma de suyo hace, más se pueden llamar disposiciones de deseos y afectos sucesivos, que nunca llegan (6) a ser actos perfectos de amor o contemplación, sino algunas veces cuando, como digo, Dios los forma y perfecciona con gran brevedad en el espíritu (7); por lo cual dijo el Sabio, que el fin de la oración es mejor que el principio, y lo que comúnmente se dice, que la oración breve penetra los cielos. De donde el alma que 1 PS. LXXXIX, 4.
2 XL, 17.— Bg. y P añaden: ante él.
3 Bg. y P: le es el todo.
4 S: Se acabe más presto.
6 Que muy pocos llegan, se lee en la primera Llama (pág. 25, n. 27).
7 S abrevia: los forma en el espíritu.
ya está dispuesta, muchos más g más intensos (1) actos puede hacer en breve tiempo que la no dispuesta en mucho; y aun por la gran disposición que tiene, se suele quedar por mucho (2) tiempo en el acto de amor o contemplación. Y a la que no está dispuesta, todo se le va en disponer el espíritu; y aun después se suele quedar el fuego por entrar en el madero, ahora por la mucha humedad de él, ahora por el poco calor que dispone, ahora por lo uno y por lo otro; mas en el alma dispuesta, por momentos entra el acto de amor, porque la centella a cada toque prende en la enjuta yesca, y así, el alma enamorada más quiere la brevedad del romper que el espacio del cortar y acabar. La cuarta es, porque se acabe más presto la tela de la vida (3), porque el cortar y acabar hácese con más acuerdo, porque se espera que la cosa esté sazonada o acabada, o algún otro término (4), y el romper no espera al parecer madurez ni nada.
34. Y esto quiere el alma enamorada, que no sufre dilaciones de que se espere a que naturalmente se acabe la vida ni a que en tal o tal tiempo se corte; porque la fuerza del amor y la disposición que en sí ve, la hacen querer y pedir se rompa luego la vida con algún encuentro o ímpetu sobrenatural de amor. Sabe muy bien aquí el alma que es condición de Dios llevarantes de tiempo consigo las almas que él mucho ama, perfeccionando en ellas en breve tiempo por medio de aquel amor, lo que en todo suceso (5) por su ordinario paso pudieran ir ganando. Porque esto es lo que dice el Sabio: El que agrada a Dios, es hecho amado; y viviendo entre los pecadores, fué trasladado y arrebatado, porque la malicia no mudará (6) su entendimiento, o la ficción no engañara su alma. Consumido en breve, cumplió muchos tiempos. Porque era su alma agradable a Dios, por tanto, se apresuró a sacarle de en medio, etc. (7). Hasta aquí 2 Bz. y C: por harto.
3 Bg. y P: más presto la vida.
4 Bg. y P: o alguna otra cosa.
5 Bg. y P: lo que en mucho tiempo. Bz. abrevia: en ¿>rei>e tiempo, porque esto es lo que dijo el Sabio...6 C: arrebatará.
7 Sap.. IV, 10-14.
son palabras del Sabio, en las cuales se verá con cuánta propiedad y razón usa el alma de aquel término romper; pues en ellas usa el Espíritu Santo de estos dos términos: arrebatar y apresurar, que son f-jenos de toda dilación (1). En el apresurarse Dios se da a entender la prisa con que hizo perfeccionar en breve el amor del justo; y en el arrebatar se da a entender llevarle antes de su tiempo natural. Por eso es gran negocio para el alma ejercitar en esta vida los actos de amor, porque consumándose en breve, no se detenga mucho acá o allá sin ver a Dios.
35. Pero veamos ahora por qué también a este embestimiento interior del Espíritu Santo le llama encuentro más que otro nombre alguno. Y es la razón, porque sintiendo el alma en Dios infinita gana, como habernos dicho, de que se acabe la vida, y que como no ha llegado el tiempo de su perfección no se hace, echa de ver que para consumaria y elevarla (2) de la carne, hace él en ella esto: gmbestimieníos divinos y gloriosos a manera de encuentros, que, como son a fin de purificarla y sacarla de la carne, verdaderamente son encuentros con que siempre penetra, endiosando la sustancia del alma, haciéndola divina, en lo cual absorbe al alma sobre todo ser el ser de Dios. Y la causa es, porque la encontró Dios y la traspasó en el Espíritu Santo vivamente, cuyas comunicaciones son impetuosas, cuando son afervoradas (3), como lo es este encuentro, al cual, porque el alma vivamente gusta de Dios, llama dulce; no porque otros muchos toques y encuentros que en este estado recibe dejen de ser dulces, sino por la eminencia que tiene sobre todos los demás; porque io hace Dios (4), como habernos dicho, a fin de desatarla y glorificarla presto, de donde a ella le nacen alas para decir: Rompe la tela, etc.
36. Resumiendo, pues, ahora toda la canción, es como si dijera: i Oh llama del Espíritu Santo que tan íntima y tiernamen- 1 S añade aquí: en lo que hace Dios.
2 Llevarla por elevada, leen Bz., Bg. y P.
3 Bz.: favorecidas.
4 Bg. y P: porque le luce Dios. Bz. omite: porque lo hace Dioa. como habernos dicho.
te traspasas la sustancia de mi alma y la cauterizas con tu glorioso ardor!, pues ya estás tan amigable que te muestras con gana de dárteme en vida eterna, si antes de ahora mis peticiones no llegaban a tus oídos, cuando con ansias y fatigas de amor en que penaba mi sentido y espíritu por la mucha flaqueza e impureza mía y poca fortaleza de amor que tenía, te rogaba me desatases y llevases contigo, porque con deseo te deseaba mi alma, porque el amor impaciente no me dejaba conformar tanto con esta condición de vida que tú querías que aun viviese (1); y si los pasados ímpetus de amor no eran bastantes, porque no eran de tanta calidad para alcanzarlo; ahora que estoy tan fortálecida en el amor, que no sólo no desfallece mi sentido y espíritu en ti, mas antes fortalecidos de ti mi corazón y mi carne se gozan en Dios vivo con grande conformidad de las partes; donde lo que tú quieres que pida, pido; y lo que tú no quieres, no quiero, ni aun puedo (2), ni me pasa por pensamiento querer; y pues son ya delante de tus ojos más validas y estimadas mis peticiones, pues salen de ti y tú me mueves a ellas, y con sabor y gozo (3) en el Espíritu Santo te lo pido, saliendo ya mi juicio de tu rostro, que es cuando los ruegos precias y oyes, rompe la tela delgada de esta vida y no la dejes llegar a que la edad y años naturalmente la corten, para que te pueda amar desde luego con la plenitud y hartura que desea mi alma sin término ni fin.
¡Oh cauterio suave! ¡Oh regalada llaga! (4) ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado, Que a vida eterna sabe, Y toda deuda paga! Matando, muerte en vida la has trocado!
1 C: que tú querrías que a mí viniese.
2 S omite: ni aun puedo.
3 Bz.: fervor y gozo.
4 S: Oh regalada llama.
33 1. En esta canción da a entender el alma cómo las tres personas de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, son los que (1) hacen en ella esta divina obra de unión. Y así la mano y el cauterio y el toque, en sustancia, son una misma cosa; y póneles estos nombres, por cuanto por el efecto que hace cada una les conviene. El cauterio es el Espíritu Santo; la mano es el Padre, y el toque el Hijo. Y asi engrandece aquí el alma al Padre e Hijo y Espíritu Santo, encareciendo (2) tres grandes mercedes y bienes que en ella hacen, por haberla trocado su muerte en vida, trasformándola en sí. La primera es llaga regalada, y ésta atribuye al Espíritu Santo; y por eso la llama cauterio suave (3). La segunda es gusto de vida eterna, y esto atribuye al Hijo, y por eso la llama toque delicado. La tercera es haberla trasformado en sí, que es dádiva (4) con que queda bien pagada el alma, y ésta atribuyese al Padre, y por eso la llama mano blanda. Y aunque aquí nombra las tres, por causa de las propiedades de los efectos, sólo con uno habla, diciendo: En vida la has trocado, porque todos ellos obran en uno, y asi todo lo atribuye a uno, y todo a todos. Sigúese el verso: ¡Oh cauterio suave!
¡Oh cauterio suave!
2. Este cauterio, como habernos dicho, es aquí el Espíritu Santo, porque como dice Moisés en el Deuteronomio: Nuestro Señor Dios es fuego consumidor (5); es a saber: fuego de amor, el cual como sea de infinita fuerza, inestimablemente puede consumir y trasformar en si al alma que tocare. Pero a cada una abrasa y absorbe como la halla dispuesta: a una más, y a otra menos; y esto cuanto él quiere y como y cuando quiere. Y como él sea infinito fuego de amor, cuando él quiere tocar al alma algo apretadamente, es el ardor del alma en tan sumo gra- 1 Bg. y P omiten: son los que.
2 Bg. omite esta palabra. P lee: y Espíritu Santo, tres grandes muros...3 Así Bg. y P. Los demás cauterio solamente.
4 Asi Bg. y P. Los demás trasladan deuda.
5 IV, 24.
do de amor que le parece a ella que está ardiendo sobre todos los ardores del mundo; que por eso en esta junta llama ella al Espíritu Santo cauterio, porque así como en el cauterio está el fuego más intenso y vehemente y hace mayor efecto que en los demás ígnitos, asi al acto de esta unión, por ser de inflamado fuego de amor más que todos los otros, por eso le llama cauterio respecto de ellos. Y por cuanto este divino fuego, en este caso, tiene trasformada el alma en sí, no solamente siente cauterio, mas toda ella está hecha un cauterio de vehemente fuego.
3. Y es cosa admirable y digna de contar, que con ser este fuego de Dios tan vehemente y consumidor, que con mayor facilidad consumiría mil mundos que el fuego de acá una raspa de lino, no consuma y acabe el alma en que arde de esta manera, ni menos le dé pesadumbre alguna, sino que antes a la meclida de la fuerza del amor la endiosa y deleita, abrasando y ardiendo en ella suavemente. Y esto es asi, por la pureza y perfección del espíritu en que arde en el Espíritu Santo (1), como acaeció en los Actos de los Apóstoles, donde viniendo este fuego con grande vehemencia, abrasó a los discípulos (2), 1oí> cuales, como dice San Gregorio (3) interiormente ardieron en amor suavemente. Y esto es lo que da a entender la Iglesia cuando dice al mismo propósito: Vino fuego del cielo, no quemando, sino resplandeciendo; no consumiendo, sino alumbrando. Porque en estas comunicaciones, como el fin de Dios es engrandecer al alma, no la fatiga y aprieta, sino ensánchala y deleítala; no la oscurece ni enceniza como el fuego hace al carbón, sino clarifícala y enriquécela, que por eso le dice ella cauterio suave.
4. Y asi, la dichosa alma que por grande ventura a este cauterio llega, todo lo sabe, todo lo gusta, todo lo que quiere hace, y se prospera, y ninguno prevalece delante de ella, nada le toca; porque esta alma es de quien dice el Apóstol: El espiritual todo 1 Asi S. Los demás omiten en el Espíritu Santo.
2 II. 3.
3 Hom. 30 in Evang.