SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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1. Siempre ha menester acordarse el discreto lector del intento y fin que en este libro llevo, que es encaminar al alma por todas las aprehensiones de ella, naturales y sobrenaturales, sin engaño ni embarazo en la pureza de la fe, a la divina unión con Dios. Para que asi entienda cómo, aunque acerca de las aprehensiones del alma y doctrina que voy tratando, no doy tan abundante doctrina ni desmenuzo tanto la materia y divisiones como por ventura requiere el entendimiento, no quedo corto en esta parte. Pues acerca de todo ello entiendo se dan bastantes avisos, luz y documentos para saberse haber prudentemente en todos los casos del alma, exteriores e interiores, para pasar adelante. Y ésta es la causa por qué con tanta brevedad he concluido con las aprehensiones de profecías, asi como en las demás he hecho; habiendo mucho más que decir en cada una, según las diferencias y modos y manera que en cada una suele haber (2), que entiendo na se podrían acabar de saber; contentándome con que, a mi ver, queda dicha la 1 Asi el C. de Ale. Los demás y la c. p. discrepan en algunas cosas ligeras. A y B dicen, "me remito a ellos en lo que toca a esto de revelaciones: pues basta saber que todas ellas la conviene al alma guardarse para caminar pura y sus error [errar, traslada A] en la noche de la fe a la divina unión." La e. p.: "remitiéndome allí, ceso en lo que toca a esto de revelaciones; pues basta saber que de todas ellas le conviene al alma guardarse prudentemente," etc.

2 E. p. según las diferencias y modos que suele haber.

LIBRO SEGUNDO — CAP. XXVIII substancia y la doctrina, y cautela que conviene para ello y para todo lo a ello semejante que pudiese acaecer en el alma.

2. Lo mismo haré ahora acerca de la tercera manera de aprehensiones, que decíamos eran locuciones (1) sobrenaturales, que sin medio de algún sentido corporal se suelen hacer en los espíritus de los espirituales (2); las cuales, aunque son en tantas maneras, hallo que se pueden reducir todas a estas tres, conviene a saber: palabras sucesivas, formales y substanciales Sucesivas, llamo ciertas palabras y razones que el espíritu, cuando está recogido entre sí, para consigo suele ir formando y razonando. Palabras formales son ciertas palabras distintas y formales que el espíritu recibe, no de si, sino de tercera persona, a veces estando recogido, a veces no lo estando. Palabras substanciales son otras palabras que también formalmente se hacen al espíritu, a veces estando recogido, a veces no; las cuales en la substancia del alma (3) hacen y causan aquella substancia y virtud que ellas significan. De todas las cuales iremos aquí tratando por su orden.

CAPITULO XXIX EN QUE SE TRATA DEL PRIMER GENERO DE PALABRAS QUE ALGUNAS VECES EL ESPIRITU RECOGIDO FORMA EN SI.— DICESE LA CAUSA DE ELLAS, V EL PROVECHO Y DAÑO QUE PUEDE HABER EN ELLAS.

1. Estas palabras sucesivas siempre que acaecen es cuando está el espíritu recogido y embebido en alguna consideración muy atento; y en aquella misma materia que piensa, él mismo va discurriendo de uno en otro, y formando (4) palabras y razones muy a propósito, con tanta facilidad y distinción, y tales cosas no sabidas de él va razonando y descubriendo (5) 2 Así el C. de Ale— A y B: se pueden hacer, etc. E. p.: se suelen hacer en los espirituales.

3 E. p.: en lo intimo del alma.

4 A y B: fundando.

acerca de aquello, que le parece que no es él el que hace aquello, sino que otra persona interiormente lo va razonando, o respondiendo o enseñando. Y, a la verdad, hay gran causa para pensar esto; porque él mismo se razona y se responde consigo, como si fuese una persona con otra; y, a la verdad, en alguna manera es así: que aunque el mismo espíritu es el que aquello hace como instrumento (1), el Espíritu Santo le ayuda muchas veces a producir y formar aquellos conceptos, palabras y razones verdaderas Y así se las habla, como si fuese tercera persona, a si mismo Porque como entonces el entendimiento está recogido y unido con la verdad de aquello que piensa, y el espíritu divino también está unido con él en aquella verdad, como lo esta siempre en toda verdad (2); de aquí es que comunicando el entendimiento en esta manera con el Espíritu Divino mediante aquella verdad, juntamente vaya formando en el interior y sucesivamente las demás verdades que son acerca de aquélla que pensaba, abriéndole puerta y yéndole dando luz el Espíritu Santo enseñador. Porque ésta es una manera de las que enseña el Espiritu Santo.

2 Y de esta manera alumbrado y enseñado de este maestro el entendimiento, entendiendo aquellas verdades, juntamente va formando aquellos dichos él de suyo (3) sobre las verdades que de otra parte se le comunican De manera que podemos decir que la voz es de Jacob, y las manos son de Esau (4) Y no podrá acabar de creer el que lo tiene que es asi, sino que los dichos y palabras son de tercera persona; porque no sabe cun la facilidad que puede el entendimiento formar palabras para si de tercera persona (5) sobre conceptos y verdades que se le comunican también de tercera persona.

3 Y aunque es verdad que en aquella comunicación e ilus- 2 La e. p. omite las palabras en aquella verdad, como lo está siempre en toda verdad.

3 E. p. suprime él de suyo.

4 Gen.. XXVII. 22 5 Por descuido suprime el C. de Ale. lo que hay de persona a persona, que traen los demás.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIX tracion del entendimiento en ella de suyo no hay engaño, pero puédelo haber y haylo muchas veces en las formales palabras y razones que sobre ello forma el entendimiento. Que por cuanto aquella luz, a veces, que se le da es muy sutil y espiritual, de manera que el entendimiento no alcanza a informarse bien en ella, y él es el aue. como decimos, forma las razones de suyo; de aqui es que muchas veces las forma falsas, otras verosímiles o defectuosas. Que, como ya comenzó a tomar hilo de la verdad al principio, y lueqo pone de suyo la habilidad o rudeza de su bajo entendimiento, es fácil cosa ir variando conforme a su capacidad; y todo en este modo, como que habla tercera persona.

4. Yo conocí una persona que teniendo estas locuciones sucesivas, entre algunas harto verdaderas y sustanciales que formaba del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, había algunas que eran harto herejía (1). Y espantóme yo mucho de lo que pasa en estos tiempos, y es, que cualquier alma de por ahi con cuatro maravedís de consideración, si siente algunas locuciones de éstas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y suponen que es asi, diciendo: Dijome Dios; respondióme Dios; y no será así (2), sino que, como habernos dicho, ellos las más veces se lo dicen.

5 Y allende de esto, la gana que tienen de aquello, y la afición que de ello tienen en el espíritu, hace que ellos mismos se lo respondan, y piensen que Dios se lo responde y se lo dice. De donde vienen a dar en grandes desatinos, si no tienen en esto mucho freno, y el que gobierna estas almas no las impone en la negación de estas maneras de discursos. Porque en ellos más bachillería suelen sacar e impureza de alma, que humildad y mortificación de espíritu, pensando que ya fué gran cosa y que habló Dios; y no habrá sido poco más que nada, o nada, o menos que nada. Porque lo que no engendra humildad y caridad, y mortificación, y santa simplicidad y silencio, etc., ¿qué puede ser? Digo, pues, que esto puede es- 1 E. p.: que tenían mucho error.

torbar mucho para ir a la divina unión, porque aparta mucho al alma, si hace caso de ello, del abismo de la fe, en que el entendimiento ha de estar oscuro, y oscuro ha de ir por amor en fe y no por mucha razón.

6. Y si me dijeres que por qué se ha de privar el entendimiento de aquellas verdades, pues alumbra en ellas el espíritu de Dios al entendimiento, y asi no puede ser malo, digo que el Espiritu Santo alumbra al entendimiento recogido, y que le alumbré al modo de su recogimiento (1), y que el entendimiento no puede hallar otro mayor recogimiento que en fe; y así no le alumbrará el Espíritu Santo en otra cosa más que en fe. Porque cuanto más pura y esmerada está el alma en fe (2), más tiene de caridad infusa de Dios; y cuanto más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los dones del Espíritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica (3). Y aunque es verdad que en aquella ilustración de verdades comunica al alma él alguna luz, pero es tan diferente la que es en fe, sin entender claro, de ésta, cuanto a la calidad, como lo es el oro subidísimo del muy bajo metal; y cuanto a la cantidad (4), como excede la mar a una gota de agua. Porque en la una manera se le comunica sabiduria de una o dos o tres verdades, etc., y en la otra se le comu,-nica toda la sabiduria de Dios generalmente, que es el Hijo de Dios que se comunica al alma en fe (5).

7. Y si me dijeres que todo será bueno, que no impide lo uno a lo otro, digo que impide mucho, si el alma hace 1 Este principio, de profunda y trascendental filosofía y fecundísimo en la teología mística, lo- desenvuelve muy bien el P. José de Jesús Mana en un escrito que titula Respuesta a una duda (Ms. 4478 de la B. N ), donde, entre cosas, dice: "Como prueba Sto. Torcas (De vertíate, q. 12, a. 6), la iluminación divina, como cualquier otra 'orma espiritual, se comunica al alma al modo del que la recibe, o a lo sensible, o a lo espiritual: o a lo particular, o a lo universal. Y asi, toca al que la recibe disponerse para que se le comunique, o con la medida chica (como dicen) o la sensible, o con la grande o a lo intelectual."

2 E. p.: en perfección de viva fe.

3 La e. p. no dice mas que tanto más la alumbra y comunica sus dones.

4 E. p.: y cuanto a la abundancia de luz.

5 E p. de Dios generalmente por una simple y universal noticia que se le da mi almM en fe.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIX caso de ello; porque ya es ocuparse en cosas claras y de poco tomo, que bastan para impedir la comunicación del abismo de la fe, en la cual sobrenatural y secretamente enseña Dios al alma, y la levanta en virtudes y dones como ella no sabe Y el provecho que aquella comunicación sucesiva ha de hacer, no ha de ser poniendo el entendimiento de propósito (1) en ella, porque antes iria de esta manera desviándola de si, según aquello que dice la Sabiduría en los Cantares al alma diciendo. Aparta tus ojos de mí, porque esos me hacen volar. Es a saber: volar lejos de ti, y ponerme más alta; sino que simple y sencillamente, sin poner el entendimiento (2) en aquello que sobrenaturalmente se esta comunicando, aplique la voluntad con amor a Dios pues por el amor se van aquellos bienes comunicando, y de est£ manera antes se comunicarán mas en abundancia que antes. Porque, si en estas cosas que sobrenaturalmente y pasivamente se comunican, se pone activamente (4) la habilidad del natural (d) entendimiento o de otras potencias, no llega su modo y rudeza a tanto, y así por fuerza las ha de modificar a su modo, y por el consiguiente las ha de variar, y asi de necesidad ir errando (6) y formando las razones de suyo, y no ser ya aquello sobrenatural (7) ni su figura, sino muy natural y harto erróneo y bajo.

8 Pero hay algunos entendimientos tan vivos y sutiles que, en estando recogidos en alguna consideración, naturalmente con gran facilidad, discurriendo en conceptos, los van formando en las dichas palabras y razones muy vivas, y piensan, ni mas ni menos, que son de Dios; y no es sino el entendimiento, que con la lumbre natural, estando algo libre de la operación de los sentidos, sin otra alguna ayuda sobrenatural puede eso 1 E. p. muy de propósito.

2 E p. sin poner la fuerza del entendimiento, i A y B: al amor de Dio* 1 Por distracción copia el C de Ale altivamente.

5 La e. p omite esta palabra.

6 La e. p irá a peligro de errar.

7 E. p. io cual no sera ya sobrenatural '.5 y más. Y de esto hay mucho, y se engañan muchos pensando que es mucha oración y comunicación de Dios (1), y por eso, o lo escriben, o hacen escribir. Y acaecerá que no será (2) nada, ni tenga sustancia de alguna virtud, y que no sirva más de para envanecerse con esto.

9. Estos aprendan a no hacer caso sino en fundar la voluntad en amor humilde, y obrar de veras, y padecer imitando al Hijo de Dios en su vida, y mortificaciones (3), que éste es el camino para venir a todo bien espiritual; y no muchos discursos interiores.

10. También en este género de palabras interiores sucesivas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que tienen alguna inclinación o afición a ellas. Porque al tiempo que ellos se comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de digresiones, formándole al entendimiento los conceptos o palabras por sugestión, y le va precipitando y engañando sutilísimamente con cosas verosímiles. Y ésta es una de las maneras con que se comunica con los que (4) tienen hecho con él algún pacto tácito o expreso; como se 'comunica con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, informándoles el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles, falsas y erróneas.

11. De lo dicho queda entendido que estas locuciones sucesivas pueden proceder en el entendimiento de tres causas, conviene a saber: del espíritu divino, que mueve y alumbra al entendimiento (5), y de la lumbre natural del mismo entendimiento, y del demonio que le puede hablar por sugestión. Y decir (6) ahora las señales e indicios para conocer cuándo proceden de una causa y cuándo de otra, seria algo dificultoso dar de ello enteras muestras e indicios (7), aunque bien se pueden 1 La e. p. añade: y lo que les pasa, o lo escriben.»

2 E p: Y acaeceré que no sea nada todo.

3 E. p.: mortificándose en todo.

4 E. p.: Desta manera se suele comunicar con los que.

5 Asi los manuscritos. La e. p.: que le mueve y alumbra.

6 La e. p pero.

LIBRO SEGUNDO.— CAP. XXIX dar algunos generales, y son éstos. Cuando en las palabras y conceptos juntamente e! alma va amando y sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu Santo, el cual siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto Cuando procede de la viveza y lumbre solamente del entendimiento, el entendimiento es (1) el que lo hace allí todo, sin aquella operación de virtudes (aunque la voluntad puede naturalmente amar en el conocimiento y luz de aquellas verdades), y después de pasada la meditación queda la voluntad seca, aunque no inclinada a vanidad ni a mal, si el demonio de nuevo sobre aquello no la tentase, lo cual no acaece en las que fueron de buen espíritu; porque después la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios, e inclinada a bien; puesto que algunas veces después (2) acaecerá quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido de buen espíritu, ordenándolo asi Dios por algunas causas útiles para el alma Y otras veces no sentirá (5) el alma mucho las operaciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo. Que por eso digo que es dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras, por los varios efectos que en veces hacen, pero éstos ya dichos son los comunes, aunque a veces en rnas, a veces en menos abundancia. Aun las que son del demonio, a veces son dificultosas de entender y conocer (4), porque aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vamdad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición fervorosa de voluntad fundada en amor propio, que a veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace el demonio por mejor se encubrir, el cual sane muy bien algunas veces hacer (5) derramar lágrimas sobre los sentimientos que 1 E. p. el es.

2 E. p. suprime esta palabra.

3 E. p.: ofras veces también no sentirá.

1 Asi el C. de Ale. Los demás de conocer, solamente 5 Faltan en la e. p las palabras algunas veces.

él pone, para ir poniendo en el alma las aficiones que él quiere. Pero siempre les procura mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.

12 Quedemos, pues, en esta necesaria cautela, así en las unas como en las otras, para no ser engañados ni embarazados con ellas; que no haqamos caudal de nada de elias, sino sólo de saber enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfección su ley y sus santos consejos, que es la sabiduría de los Santos, contentándonos de saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que no los propone la Iglesia. Que ésto basta para inflamar mucho la voluntad, sin meternos en otras profundidades y curiosidades ( 1 ) en que por maravilla falta peligro Porque, a este propósito, dice San Pablo: No conviene saber más de lo que conviene saber (2). Y esto baste cuanto a esta materia de palabras sucesivas.

CAPITULO XXX EN QUE TRATA DE LAS PALABRAS INTERIORES QUE FORMALMENTE Sh HACEN AL ESPIRITU POR VIA SOBRENATURAL. — AVISA EL DAÑO OLE PUEDEN HACER, V LA CAUTELA NECESARIA PARA NO SER EN-GAÑADOS EN ELLAS 1 El segundo género de palabras interiores son palabras formales, que algunas veces se hacen al espíritu por vía sobrenatural sin medio de algún sentido, ahora estando el espíritu recogido, ahora no. Y llámelas formales, porque formalmente al espíritu (3) se las dice tercera persona, sin poner él nada en ello. Y, por eso, son muy diferentes que las que acabamos de decir; porque no solamente tienen la diferencia en que se hacen sin que el espíritu ponga de su parte algo en ellas, come ha- Y curiosidades. Faltan estas palabras en A y B. Ad Rom.. XII. 3 A y B añaden parece que.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXX ce ( 1 ) en las otras; pero, como digo, acaécenle a veces sin estar recogido, sino muy fuera de aquello que se le dice, lo cual no es asi en las primeras sucesivas, porque siempre son acerca de lo que estaba considerando 2 Estas palabras, a veces, son muy formadas, a veces no tanto; porque muchas veces son como conceptos en que se le dice algo, ahora respondiendo, ahora en otra manera habiéndole al espíritu. Estas, a veces, son una palabra, a veces dos o más; a veces son sucesivas, como las pasadas, porque suelen durar, enseñando o tratando algo con el alma, y todas sin que ponga nada de suyo el espíritu, porque son todas como cuando habla una persona con otra Como leemos haberle acaecido a Daniel, que dice hablaba el ángel en él (2). Lo cual era formal y sucesivamente razonando en su espíritu, y enseñándole, según allí también dice el ángel diciendo: Que habia venido para enseñarle 3 Estas palabras, cuando no son mas que formales, el efecto que hacen en el alma no es mucho. Porque, ordinariamente, solo son para enseñar o dar luz en alguna cosa, y para hacer este efecto, no es m-enester que hagan otro más eficaz que el fin que ellas traen. Y f>ste, cuando son de Dios, siempre le obran en el alma; porque ponen al alm? pronta y clara en aquello que se le manda o enseña; puesto que algunas veces no quitan al alma la repugnancia y dificultad, antes se la suelen poner mayor (3), lo cual hace Dios para mayor enseñanza, humildad y bien del alma. Y esta repugnancia, más ordinariamente se la deja cuando le manda cosas de mayoría, o cosas en que puede haber alguna excelencia para el alma; y en las cosas de humildad y bajeza, les pone mas facilidad y prontitud. Y asi leemos en el Exodo, que cuando mandó Dios a Moisés que fuese a Faraón, y librase al pueblo, tuvo tanta repugnancia, que fué menester mandárselo tres veces y monstrarle señales; y, 1 E. p.: acaece.

2 Dan.. IX. 22.

3 E. p.: antet la suele tener mayor.

con todo eso, no aprovechaba, hasta que Dios le dio por compañero a Aaron, que llevase parte de la honra (1).

4. Al contrario acaece cuando las palabras y comunicaciones son del demonio, que en las cosas de más valor (2), pone facilidad y prontitud, y en las bajas, repugnancia. Que, cierto, aborrece Dios tanto el ver las almas inclinadas a mayorías, que que aun cuando él se lo manda y las pone en ellas, no quiere que tengan prontitud y gana de mandar. Y en esta prontitud que comúnmente pone Dios en estas palabras formales al alma, son diferentes de esotras sucesivas, que no mueven tanto al espíritu como éstas, ni le ponen tanta prontitud, por ser éstas más formales y en que menos se entremete el entendimiento de suyo; aunque no quita que algunas veces hagan más efecto algunas sucesivas, por la gran comunicación que a veces hay del divino espíritu con el humano, más el modo es en mucha diferencia. En estas palabras formales no tiene el alma que dudar si las dice ella, porque bien se ve que no, mayormente cuando ella no estaba en lo que se le dijo; y si lo estaba, siente muy clara y distintamente que aquello viene de otra parte.

5. De todas estas palabras formales, tampoco caso ha de hacer el alma como (3) de las otras sucesivas; porque, demás de que ocuparía el espíritu de lo que no es legitimo y próximo medio para la unión de Dios, que es la fe, podría facilisimaraente ser engañada del demonio. Porque, a veces, apenas se conocerá cuáles sean dichas por buen espíritu, y cuáles por malo. Que como éstas no hacen mucho efecto, apenas se pueden distinguir por los efectos; porque aun a veces las del demonio ponen más eficacia (4) en los imperfectos que esotras de buen espíritu en los espirituales. No se ha de hacer lo que ellas dijeren, ni hacer caso de ellas, sean de bueno o mal espíritu. Pero se han de manifestar al confesor maduro, o a persona discreta y sabia, para que dé doctrina y vea lo que conviene en ello y dé su consejo, y se haya en ellas resig- 1 Exod.. III y IV.

3 E. p no ha de hacer el alma mucho caso como.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXX nada y negativamente. Y si no fuere hallada la tal persona experta, más vale, no haciendo caso de las tales palabras (1), no dar parte a nadie; porque fácilmente encontrará con algunas personas que antes le destruyan el alma que la edifiquen. Porque las almas no las ha de tratar cualquiera, pues es cosa de tanta importancia errar o acertar en tan grave negocio.

6. Y adviértase mucho en que el alma jamás de su parecer ni haga cosa ni la admita de lo que aquellas palabras le dicen, sin mucho acuerdo y consejo ajeno (2). Porque en esta materia acaecen engaños sutiles y extraños; tanto, que tengo para mí, que el alma que no fuere enemiga de tener las tales cosas, no podrá dejar de ser engañada en muchas de ellas (3).

7. Y porque de estos engaños y peligros, y de la cautela para ellos está tratado de propósito en los capitulos diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de este libro, a los cuales me remito, no me alargo más aquí; solo digo que la principal doctrina es no hacer caso de ello en nada (4).

CAPITULO XXXI F.N QUF. SE TRATA DE LAS PALABRAS SUSTANCIALES QUE INTERIORMEN-TE SE HACEN AL ESPIRITU. — DICESF LA DIFERENCIA QUE HAY DE ELLAS A LAS FORMALES, EL PROVECHO QUE HAY EN ELLAS, Y LA RESIGNACION Y RESPFTO QUE EL ALMA DEBE TENER EN ELLAS (5).

I. El tercer género de palabras interiores decíamos que eran palabras sustanciales, las cuales aunque también son formales, por cuanto muy formalmente se imprimen en el alma, 1 E. p. añade más vale, tomando ¡o sustancial y seguro que ttuxeten, en lo demás no haciendo caso de ellas.

2 La t p omite esta palabra.

i Asi el C. de Ale— A y B: "sólo digo que la principal doctrina, y mas segura para esto, es no hacer caso alguno de esto, aunque mas parezca, sino gobernarnos en todo por razón, y por lo que ya nos ha enseñado la Iglesia y nos enseña cada día."

5 Notabilísimo es este capítulo, como tantos otros de este admirable tratado. Con mucha claridad y precisión define el Santo lo que entiende por palabras substan- SUBIDA DEL MOIÍTE CARMELO difieren, empero, en que 18 palabra sustancial hace efecto vivo y sustancial en el alma, y la solamente formal no asi. De manera, que aunque es verdad que toda palabra sustancial es formal, no por eso toda palabra formal es sustancial; sino solamente aquella que, como arriba dijimos, imprime sustancialmente (1 ) en el alma aquello que ella significa. Tal como si Nuestro Señor dijese formalmente al alma: Se buena; luego sustancialmente seria buena. O si la dijese: Amame; luego tendría y sentiría en si sustancia de amor de Dios (2); o si temiendo mucho la dijese: No temas; luego sentiría gran fortaleza y tranquilidad. Porque el dicho de Dios y su palabra, como dice el Sabio, es llena de potestad (3) y asi, hace sustancialmente en el cíales. En estas calidades no puede irse mas allá Algunos repararon, sin embargo, en lo que el autor dice de que el alma no nene qué temer de estas hablas, ni hacer otra cosa que aceptarlas con humildad y pasivamente, pue.-.to que dependen sólo de Dios. El las Imprime y ejecuta con su poder omnímodo, sin que ella haga otra cosa que re cibirlas. Lo cual nada tiene de extraño, pues, como dice Sto Tomás (2-2. q. 76, a. 1) comentando las palabras del Salmo XXXII úixit et [*cta\sunt. ro Dios el hablar e» obrar Tampoco llama el Santo hablas sustanciales porque se *e|ccuten. por decirlo asi. en la substancia del alma, sino por ia eminencia de ellas, que se abstraen de los sentido;., y sólo pertenecen a!as facultades espirituales, de suerte que se verifican en lo más interior del alma, que los Escolasricos acostumbran llamar substancia cuya doctrina y tecnicismo si\)ue comúnmente nuestro Doctor Asi. a la contemplación, por su excelencia, se le llama gozo substancial, y devoción substancial a la sólida y bien fundada. Cuando Dios favorece al alma con tales locuciones, no debe ella esforzarse por adquirirlas, porque su esfuerzo e inquietud podrían retraer a Dios Nuestro Señor de su obra, ya que de El fólo depende, como es dicho. El alma toopera preparándose con resignación y humilde afecto a recibirlas, y nada más: pero no permanece en inacción completa, como algunos han sospechado. Ni tiene que temer engaño en estas locuciones, como dice c¡ Samo porque tales operaciones no pueden proceder del dr momo, a quien no es concedido ilustrar inmediatamente el entendimiento, sino median te los sentidos, o la imaginación, según que con Sto. Tomás opinan todos sus más au torizados comentaristas, y es sentir corriente en la Escuela Por eso. Sta. Teresa, conforme con esta doctrina, tenia por muy seguras las locuciones intelectuales, y en el capitulo III de las Moradas Sextas, expone una doctrina coincidente en todo con la explanada aquí por S. Juan de la Cruz. En el citado capitulo se lee: "Ora manera hay como habla el Señor a el alma, que yo tengo para mi ser muy cierto de su parte, con alguna visión inteletual. que adelante diré cómo es. Es tan en lo intimo del alma, y parécete tan claro oir aquellas palabras con los oídos del alma a el tnesmo Señor, y tan en secreto, que* la mesma manera del entenderlas, con las operaciones que hace la mesma visión, asegura y da certidumbre no poder el demonio tener parte alli." Véase también el capitulo XXV de la Vida.

2 La edición de 1630 dice: sustancia de amor, esto rs. verdadero amor de Dios. La e. p. modifica asi estas líneas: dijese formalmente al alma. Amame, luego tendría g aentiria en si impulsos de amor de Dios.

3 Eccles. VIH. 4.

LIBRO SEGl'NDO. — CAP. XXXT alma aquello que le dice Porque esto es lo que quiso decir David cuando dijo CatBd, que El dará a su voz, voz de virtud (1) V 8 si lo hizo con Abraham, que en diciendo que le dijo: Anda en mi presencia y se perfecto (2), luego fue perfecto y anduvo siempre acatando a Dios. V este es el poder de su palabra en el Evangelio, con que sanaba los enfermos, resucitaba los muertos, etc., solamente con decirlo. Y a este talle hace locuciones a algunas almas, sustanciales y son de tanto momento y precio, que 1c son al alma vida y virtud y bien incomparable, porque le hace mas bien una palabra de estas, que cuanto el alma ha hecho toda su vida (3).

2 Acerca de estas (4), ni tiene el alma que hacer (5), ni qué querer, ni que no querer, ni qué desechar, ni que temer No tiene que hacer en obrar lo que ellas dicen, porque estas palabras sustanciales nunca se las dice Dios para oue ella las ponga por obra, sino para obrarlas en ella, lo cual es diferente en las formales y sucesivas. Y digo que no tiene que querer ni no querer, porque ni es menester su querer para que Dios las obre, ni basta con no querer para que dejen de hacer el dicho efecto; sino hayase con resignación y humildad en ellas. No tiene que desechar (6), porque el efecto de ellas queda sustanciado en el alma y lleno del bien de Dios, al cual, como le recibo pasivamente, su acción es menos en todo. Ni tiene que temer algún engaño, porque ni el entendimiento ni el demonio pueden entrometerse en esto, ni llegar (7) a hacer pasivamente efecto sustancial en el alma, de manera que la imprima ) Pv LXVII. 34 2 Cien.. XVII. 1 3 E. p. dice porque tal ve: le ha e más bien una palabra de estas, que cuanto el alma ha hecho en toda su vida.

4 E. p: de estas palabras.

5 Qné hacer. El Códice de Akaudete salta de estas palabras a otras iguales que vienen enseguida.

6 La e p. abrevia as, las anteriores lineas de este párrafo Acerca de estas palabras ni tiene el alma qué hacer, ni qué querer por entonces de suyo, sino háyase con resignación y humildad en ellas dando su libre consentimiento a Dios, ni tiene que desechar, ni qué temer. No tiene que trabajar en obrar lo que ellas dicen, porque con estas palabras sustanciales obra Dios en ella, lo cuai es diferente en las formales y sucesivas. No tiene qué desechar " SUBIDA DFL MONTE CARMELO