SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

Spanish

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Como también el que quiere cerrar los ojos, quedara a oscuras (1) como el ciego que no tiene potencia para ver. Y asi al propósito habla David, diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus a juventuít- mea (2). Que quiere decir: Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro que era rico, porque no tenia en las riquezas su voluntad, y asi era tanto como ser pobre realmente (3). Mas antes si fuera realmente pobre y de la voluntad no lo fuera, no era verdaderamente pobre; pues el alma estaba rica y llena en el apetito. Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aquí del carecer de las cosas; porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja el alma libre y vacia de ellas, aunque las tenga; porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entran en ella, sino la voluntad y apetito de ellas, que moran en ella.

5. Esta primera manera de noche, como después diremos (4), pertenece al alma según la parte sensitiva (5), que es una de las dos que arriba dijimos por las cuales ha de pasar el alma para llegar a la unión (6).

6. Ahora digamos cuánto conviene (7) al alma salir de su casa en esta noche oscura de sentido, para ir a la unión de Dios.

2 Ps. LXXXVII. 16. La c. p. no trae el texto latino, ni las palabras Que quiere decir.

3 A y e. p.: y así era tanto como si realmente fuera pobre.

4 Suprime la e. p.: como después diremos. Ya lo había dicho el Santo.

5 Lo que resta de este párrafo no lo trae la e. p.

6 Para llegar a la unión. Sólo en el Códice de Alcaudete se leen estas palabras.

DONDE SE TRATA CUAN NECESARIO SEA AL ALMA PASAR DE VERAS POR ESTA NOCHE OSCURA DEL SENTIDO, LA CUAL ES LA MORTIFICA-CION DEL APETITO, PARA CAMINAR A LA UNION DE DIOS (1).

1. La causa por que le es necesario al alma para llegar a la divina unión de Dios pasar esta noche oscura de mortificación de apetitos y negación de los gustos en todas las cosas, es porque todas las afecciones que tiene en las criaturas son delante de Dios puras tinieblas, de las cuales estando el alma vestida, no tiene capacidad para ser ilustrada y poseída de la pura y sencilla luz de Dios (2) si primero no las desecha de sí; porque no puede convenir la luz con las tinieblas; porque, como dice San Juan: Tcncbrae eam non comprehenderunt (3). Esto es: Las tinieblas no pudieron recibir la luz.

2. La razón es, porque dos contrarios (según nos enseña la filosofía), no pueden caber en un sujeto; y porque las tinieblas, que son las afecciones en las criaturas, y la luz, que es Dios, son contrarios y ninguna semejanza ni conveniencia tienen entre sí, según a los Corintios enseña San Pablo, diciendo: Quae conventio lucí ad tenebras? (4). Es a saber: ¿Qué conveniencia se podrá dar entre la luz y las tinieblas? De aqui es, que en el alma no se puede asentar la luz de la divina unión, si primero no se ahuyentan las afecciones de ella.

3. Para que probemos mejor lo dicho, es de saber, que la afición y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la misma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante; porque el amor hace semejanza entre 1 A. añade: Pruébalo con comparaciones de autoridades y figuras de la Sagra da Escritura, etc.

2 Asi Ale, A y B. La e. p.: no tiene capacidad pora ser poseída en la pura y sencilla luz de Dios.

3 Joan., I, 5. Ni este texto latino ni los demás que se leen en este capítulo lo» copia la e. p.

4 II ad Cor., VI. 11.

LIBBO PRIMERO. — CAP. IV lo que ama y es amado. Que por eso dijo David, hablando de los que ponían su afición en los ídolos: Símiles illis fiant qui faciunt ea: et omnes qui confidunt in eis (1). Que quiere decir: Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así. el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que por el mismo caso que el alma ama algo (2), se hace incapaz de la pura unión de Dios u su transformación. Porque mucho menos es capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador, que las tinieblas lo son de la luz. Porque todas las cosas de la tierra y del cielo comparadas con Dios, nada son, como dice Jeremías por estas palabras: Aspexi terram, et ecce vacua erat, et nihil; et coelos, et non erat lux in eis (3). Miré a la tierra, dice, y estaba vacia, y ella nada era; ya los cielos, y vi que no tenían luz. En decir que vió la tierra vacía, da a entender que todas las criaturas de ella eran nada, y que la tierra era nada también. Y en decir que miró a los cielos y no vió luz en ellos, es decir que todas las lumbreras del cielo, comparadas con Dios, son puras tinieblas. De manera que todas las criaturas en esta manera nada son, y las aficiones de ellas menos que nada podemos decir que son, pues son impedimento y privación de la transformación en Dios; asi como las tinieblas nada son y menos que nada, pues son privación de la luz. Y asi como no com prende a la luz el que tiene tinieblas, asi no podrá comprender a Dios el alma que en criaturas pone su afición (4); de la cual, hasta que se purgue, ni acá le podrá poseer por transformación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más claridad, hablaremos más en particular.

4. De manera que todo el ser de las criaturas, comparado con el infinito ser de Dios, nada es. Y, por tanto, el alma que en él pone su afición, delante de Dios también es nada, y menos que 1 Ps. cxni. 8.

2 Las ediciones añaden, para la mejor inteligencia de la frase: fuera de Dios.

3 Jerem.. IV. 23.

4 E. p.: que tiene afición en criatura. A: el alma que tiene afición de la criatura. B: que tiene afición a la criatura.

nada; porque, como habernos dicho, el amor hace igualdad y semejanza, y aun pone más bajo al que ama. Y, por tanto, en ninguna manera podrá esta alma unirse con el infinito ser de Dios; porque lo que no es no puede convenir con lo que es. Y, descendiendo en particular a algunos ejemplos (1), toda la hermosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad, según Salomón en los Proverbios dice: Fallax gratia, et vana est pulchritudo (2). Engañosa es la belleza y vana la hermosura. Y así, el alma que está aficionada a la hermosura de cualquiera criatura, delante de Dios sumamente fea es (3). Y, por tanto, no podrá esta alma fea transformarse en la hermosura, que es Dios, porque la fealdad no alcanza a la hermosura; y toda la gracia y donaire de las criaturas, comparada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo desabrimiento. Y por eso el alma que se prenda de las gracias y donaires de las criaturas, sumamente (4) es desgraciada y desabrida delante los ojos de Dios; y asi no puede ser capaz de la infinita gracia de Dios y belleza; porque lo desgraciado grandemente dista de lo que infinitamente es gracioso; y toda la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia. Porque nada hay bueno sino sólo Dios (5). Y, por tanto, el alma que pone su corazón en los bienes del mundo, sumamente (6) es mala delante de Dios. Y asi como la malicia no comprende a la bondad, asi esta tal alma no podrá unirse con Dios (7), el cual es suma bondad (8). Y toda la sabiduría del mundo y habilidad humana com- 1 Unicamente en e! Códice de Alcaudete leemos las palabras: g descendiendo en particular a algunos ejemplos.

2 Prov.. XXXI. 30.

3 Esta frase se cambió ya en la e. p. por esta otra: fiene su parte de fealdad.

4 No trae esta palabra la e. p. Ya se entiende en que sentido una cosa limitada puede ser sumamente desgraciada. El adverbio se ordena a encarecer la desgracia grande del alma en este caso y otros similares.

5 Luc., XVIII. 19.

6 Palta este adverbio en la e. p.

7 En perfecta unión, añade la e. p.

8 B: "Y toda la sabiduría de este mundo, etc., y todo el señorío y libertad del mundo es servidumbre, etc., y todos los deleites y sabores de la voluntad, etc., y todas LIBRO PRIMERO. — CAP. IV parada con la sabiduría infinita de Dios, es pura y suma ignorancia, según escribe San Pablo ad Corinthios, diciendo: Sapientia hujus mundi stultitia est apud Deum (1). La sabiduría de este mundo delante de Dios es locura.

5. Por tanto, toda alma que hiciere caso de todo su saber y habilidad para venir a unirse con la sabiduría de Dios, sumamente es ignorante delante de Dios y quedará muy lejos de ella; porque la ignorancia no sabe qué cosa es sabiduría, como dice San Pablo que esta sabiduría le parece a Dios necedad; porque delante de Dios (2), aquellos que se tienen por de algún saber, son muy ignorantes, porque de ellos dice el Apóstol escribiendo a los Romanos, diciendo: Dicentes enim se esse sapientes, stulti jacti sunt. Esto es. Teniéndose ellos por sabios, se hicieron necios (3). Y solos aquéllos van teniendo sabiduría de Dios, que como niños ignorantes, deponiendo su saber, andan con amor en su servicio. La cual manera de sabiduría enseñó también S. Pablo ad Corinthios: Si quis videtur inter vos sapiens esse in hoc saeculo, stultus fiat ut sit sapiens. Sapientia enim hujus mundi stultitia es' 'apud Deum (4). Esto es: Si alguno le parece que es sabio éntre vosotros, hágase ignorante para ser sabio; porque la sabiduría de este mundo es acerca de Dios locura. De manera que para venir el alma a unirse con la sabiduría de Dios, antes ha de ir no sabiendo que por saber; y todo el señorío y libertad del mundo, comparado con la libertad y señorío del espíritu de Dios, es suma servidumbre y angustia y cautiverio.

6. Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros tales oficios, y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenida y tratada, no como hijo, sino como bajo esclavo y cautivo (o), por no haber querido él tomar su santa doctrina, en que nos enseña que el que quisiere ser mayor sea menor, las riquezas de todo lo criado comparadas con Dios, que es la suma riqueza, nada son, etc." Lo restante del capitulo no lo copia.

1 l ad Cor.. III. 19.

2 La e. p.: no sabe qué cosa es sabiduría, y delante de Dios. etc.

3 Ad Rom.. I. 22.

y el que quisiere ser menor sea el mayor (1). Y, por tanto, no podrá el alma llegar a la real libertad del espíritu que se alcanza en su divina unión; porque la servidumbre ninguna parte puede tener con la libertad, la cual no puede morar en el corazón sujeto a quereres, porque éste es corazón de esclavo; sino en el libre, porque es corazón de hijo. Y esta es la causa por qué Sara dijo a su marido Abraham que echase fuera a la esclava y a su hijo, diciendo que no habia de ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre (2).

7. Y todos los deleites y sabores de la voluntad en todas las cosas del mundo, comparados con todos los deleites que es Dios, son suma pena, tormento y amargura. Y así, el que pone su corazón en ellos, es tenido delante de Dios por digno de suma pena, tormento y amargura; y así no podrá venir a los deleites del abrazo de la unión de Dios, siendo él digno de pena y amargura (3). Todas las riquezas y gloria de todo lo criado, comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. Y asi, el alma que lo ama y posee, es sumamente pobre y miserable delante de Dios, y por eso no podrá llegar a la riqueza y gloria, que es el estado de la transformación en Dios (4); por cuanto lo miserable y pobre sumamente dista de lo que es sumamente rico y glorioso.

8. Y, por tanto, la sabiduría divina, doliéndose de estos tales, que se hacen feos, bajos, miserables y pobres, por amar ellos esto hermoso y rico a su parecer del mundo, les hace una exclamación en los Proverbios, diciendo: O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios hominum. I ntelligite, parvuli, asíutiam, et insipientes, animadvertite. Audite guia de rebus magnis locutura sum. Y adelante va diciendo: Mecum sunt divitiae, et gloria, opes su- 1 La e. p. enmienda: "Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros tales oficios y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenida y tratada, no como hijo querido, sino como persona baja, cautiva de sus pasiones, por no haber querido él tomar su santa doctrina que enseña, que el que quisiere «er mayor sea el menor."

2 Gen.. XXI, 10.

3 La e. p. suprime: siendo él digno de pena y amargura, i Lo que resta del párrafo sólo se lee en A. y e. p.

LIBRO PRIMERO.— CAP. IV perbac et justitia. Melior es! jructus meus auro, et lapide prctioso, et geniminu mea argento electo. In viis justitiae ambulo, in medio semitarum judicii, ut ditem diligentes me, et thesauros eorum repleam (1). Quiere decir: Oh varones, a vosotros doy voces, y mi voz es a los hijos de los hombres. Atended (2) peque-Muelos, la astucia y sagacidad; los que sois insipientes advertid.

Oid, porque tengo de hablar de grandes cosas. Conmigo están las riquezas y la gloria, las riquezas altas y la justicia. Mejor es el fruto que hallaréis en mi, que el oro y que la piedra preciosa; y mis generaciones, esto es, lo que de mí engendraréis en vuestras almas, es mejor que la plata escogida. En los caminos de la justicia ando, en medio de las sendas del juicio, para enriquecer a los que me aman y cumplir (3) perfectamente sus tesoros. En lo cual la Sabiduría Divina habla con todos aquellos que ponen su corazón y afición en cualquier cosa del mundo, según habernos ya dicho. Y llámalos pequeñuelos, porque se hacen semejantes a lo que aman, lo cual es pequeño. Y por eso les dice que tengan astucia y adviertan que ella trata de cosas grandes y no de pequeñas como ellos. Que las riquezas grandes y la gloria que ellos aman, con ella y en ella están, y no donde ellos piensan. Y que las riquezas altas y la justicia en ella moran; porque aunque a ellos les parece que las cosas de este mundo lo son, diceles que adviertan que son mejores las suyas, diciendo que el fruto que en ellas hallarán, les será mejor que el oro y que las piedras preciosas; y lo que ella en las almas engendra, mejor que la plata escogida que ellos aman; en lo cual se entiende todo género de afición que en esta vida se puede tener.

2 Asi Ale. y A. La e. p.: Entended. Los demás manuscritos no traen estos párrafos.

3 Cumplir copian los Códices de Ale. y A, en el sentido anticuado de henchir que leen las ediciones, desde la princeps.

DONDE SE TRATA Y PROSIGUE LO DICHO, MOSTRANDO POR AUTORIDA-DES Y FIGURAS DE LA SAGRADA ESCRITURA CUAN NECESARIO SEA AL ALMA IR A DIOS POR ESTA NOCHE OSCURA DE LA MORTIFICA-CION DEL APETITO EN TODAS LAS COSAS.

1. Por lo dicho se puede echar, en alguna manera, de ver la distancia que hay de todo lo que las criaturas son en si a lo que Dios es en si, y cómo las almas (1) que en alguna de ellas ponen su afición, esa misma distancia tienen de Dios; pues, como habernos dicho, el amor hace igualdad y semejanza. La cual distancia, por echarla bien de ver San Agustín, decía hablando con Dios (2) en los Soliloquios: «Miserable de mi, ¿cuándo podrá mi cortedad e imperfección convenir con tu rectitud9 Tú verdaderamente eres bueno, y yo malo; tú piadoso, y yo impio; tú santo, yo miserable; tú justo, yo injusto; tú luz. yo ciego; tu vida, yo muerte; tú medicina, yo enfermo; tú suma verdad, yo toda vanidad» (3). Todo esto dice este Santo (4).

2. Por tanto, es suma ignorancia del alma pensar podrá pasar a este alto estado de unión con Dios, si primero no vacia el apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pueden impedir, según que adelante declararemos (5); pues es su- 1 E p.: Ya habernos dicho la distancia que hay de las criaturas a Dios, y cómo las almas.

2 Asi Ale. y la c. p.— A y B no traen las palabras hablando con Dios.

4 Soliloq., II. Migne: Patr. lar...t. XL. p. 866. La e. p. añade: Lo cual dice este Santo en cuanto el hombre se inclina a las criaturas.

5 Impedir, según adelante declararemos. Asi el Códice de Alcaudete. Los restantes escribían: que la pueden pertenecer. Y la e. p.. para suplir en alguna manera •la falta de sentido que hay en esta frase, añadía: en cuanto a él por el amor propio pueden pertenecer.

Ni con el emoliente que aplicó a este pasaje el P. Diego de Jesús, se libró de la denuncia esta frase del Santo por ciertos vigías demasiado avanzados y despiertos de la fe. Es la primera de las proposiciones que reprobaron en los escritos del Santo, según la "Respuesta" del P. Basilio Ponce de León, de que hablamos en los Preliminares. Satisface cumplidamente a ella el docto agustino, tomando como base de refutación y defensa la proposición tal como viene en la edición principe. Con mas extra- LIBRO PRIMERO. — CAP. V ma la distancia que hay de ellas a lo que en este estado se da, que es puramente transformación en Dios. Que por eso Nuestro Señor enseñándonos este camino, dijo por San Lucas: Qui non rcnuntiat ómnibus quae possidcí, non potest mcus essc discipulus (1). Quiere decir: El que no renuncia todas las cosas que con la voluntad posee, no puede ser mi discípulo. Y esto está claro; porque la doctrina que el Hijo de Dios. vino a enseñar (2), fué el menosprecio de todas las cosas para poder recibir el precio del espíritu de Dios en si. Porque en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espíritu de Dios en pura transformación.

3. De esto tenemos figura en el Exodo, donde se lee que no dió Dios el manjar del cielo (3), que era el maná, a los hijos de Israel, hasta que les faltó la harina que ellos habian traído de Egipto. Dando por esto a entender, que primero conviene renunciar a todas las cosas, porque este manjar de ángeles no conviene al paladar que quiere tornar sabor en el de los hombres. Y no solamente se hace incapaz del espíritu divino el alma que se detiene y apacienta (4) en otros extraños gustos, más aun enojan mucho a la Majestad Divina los que, pretendiendo el manjar de espíritu, no se contentan con solo Dios, sino que quieren entremeter el apetito y afición de otras cosas. Lo cual también se echa de ver en este mismo libro de la Sagrada Escritura (5), donde también se dice, que no se contentando ellos con aquel manjar tan sencillo, apetecieron y pidieron manjar de carne (6).

sión y copia de autoridades defiende a! Santo el P. Nicolás de Jesús María, teólogo muy aventajado de nuestro famoso Colegio Salmanticense en su Elacidatio. parte 2», cap. 1, págs. 125-140. donde prueba con sobra de doctrina la conformidad de la proposición del Santo con los Padres de la Iglesia, teólogos y místicos más autorizados. Poca necesidad de defensa tiene proposición tan clara. Con leer los últimos libros de la Subida del Monte Carmelo y ver en ellos los daños que causan al entendimiento, memoria y voluntad los mismos favores sobrenaturales si se abusa de ellos, o no se los administra discretamente, se habrían ahorrado la perdida de tiempo en buscar nieblas de error en donde no hay más que transparencias de doctrina clásica en achaques de perfección cristiana. ¿Quién duda que podemos abusar de las cosas sobrenaturales y con el abuso impedir la unión del alma con Dios7 1 Luc. XIV, 33.

3 E. p.: Que no dió la Majestad de Dios el manjar del cielo.

5 E. p.: se echa de ver en la misma Escritura.

6 Núm.. XI. 4.

Y que Nuestro Señor se enojó gravemente, que quisiesen ellos entremeter un manjar tan bajo y tosco con un manjar tan alto y sencillo; que, aunque lo era, tenia en si el sabor y substancia (1) de todos los manjares. Por lo cual, aun teniendo ellos los bocados en las bocas, según dice también David: Ira Dei descendit super eos (2). Descendió la ira de Dios sobre ellos, echando fuego del cielo y abrasando muchos millares de ellos; teniendo por cosa indigna que tuviesen ellos apetito de otro manjar dándoseles el manjar del cielo.

4. ¡Oh, si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y abundancia de espíritu, por no querer ellos acabar de levantar el apetito de niñerias, y cómo hallarian en este sencillo manjar del espíritu el gusto de todas las cosas, si ellos no quisieren gustarlas! Pero no le gustan (3), porque la causa por que éstos no recibían el gusto de todos los manjares que había en el maná, era porque ellos no recogían el apetito a solo él. De manera que no dejaban de hallar en el maná todo el gusto y fortaleza que ellos pudieran querer porque en el maná no le hubiese, sino porque ellos otra cosa querían. Asi, el que quiere amar otra cosa juntamente (4) con Dios, sin duda es tener en poco a Dios, porque pone en una balanza con Dios lo que sumamente, como habernos dicho, dista de Dios.

5. Ya se sabe bien por experiencia que cuando una voluntad se aficiona a una cosa, la tiene en más que otra cualquiera, aunque sea muy mejor que ella, si no gusta tanto de la otra. Y si de una y de otra quiere gustar, a la más principal, por fuerza ha de hacer agravio, pues hace entre ellas igualdad (5). Y por cuanto no hay cosa que iguale con Dios, mucho agravio hace a Dios el alma que con él ama otra cosa, o se ase a ella. Y pues esto es así, ¿qué sería si la amase más que a Dios?

2 Ps. LXXV1I, 31.

3 E. p.:...gustarlas más; y porque quisieran hacerlo, no le gustan.

4 La e. p. suprime esta palabra.

5 E. p.: V. ii de una y de otra quiere gustar, a la que es más principal ha de hacer agravto por fuerza, por la injusta igualdad que hace entre ellas.

LIBRO PRIMERO. — CAP. V 6. Esto tambicn es lo que se denotaba (1) cuando mandaba Dios a Moisés que subiese al monte a hablar con él; le mandó que no solamente subiese él solo, dejando abajo a los hijos de Israel, pero que ni aun las bestias paciesen de contra (2) del monte. Dando por esto a entender que el alma que hubiere de subir a este monte de perfección a comunicar con Dios, no sólo ha de renunciar todas las cosas y dejarlas abajo (3), mas también los apetitos, que son las bestias, no las ha de dejar apacentar de contra de este monte, esto es, en otras cosas que no son Dios puramente, en el cual todo apetito cesa, esto es, en estado de la perfección. Y asi es menester, que el camino y subida para Dios, sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos; y tanto más presto llegará el alma, cuanto más priesa en esto se diere. Mas hasta que cesen, no hay llegar, aunque más virtudes ejercite, porque le falta el conseguirlas en perfección; la cual consiste en tener el alma vacia y desnuda y purificada de todo apetito. De lo cual también tenemos figura muy al vivo (4) en el Génesis, donde se lee que, queriendo el patriarca Jacob subir al monte Betel a edificar allí a Dios un altar en que le ofreció (5) sacrificio, primero mandó a toda su gente tres cosas: la una, que arrojasen de si todos los dioses extraños; la segunda, que se purificasen; la tercera, que mudasen sus vestiduras (6).

7. En las cuales tres cosas se da a entender, a toda alma que quiere subir a este monte a hacer de sí misma altar en el que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia pura, que primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber perfectamente hecho las dichas tres cosas (7). Lo primero, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extra- 1 Asi Ale. y e. p.— A y B: eso también es lo que quiso dar a entender Dios.

2 De contra. Así se lee en el códice de Alcaudete. A y B.: junto al monte. La e. p.: a la vista del monte.

3 E. p. no trae: y dejarlas abajo.

4 E. p.: al vivo, solamente.

5 Los códices trasladan ofreció, que las ediciones cambian en ofreciese.

6 Gen. XXXV, 2.

7 Referidas, añade la e. p.

ñas aficiones y asimientos; y lo segundo, que se purifiquen del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos, con la noche oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintiéndose ordinariamente (1), y lo tercero que ha de tener para llegar a este alto monte, es las vestiduras mudadas, las cuales, mediante la obra de las dos cosas primeras, se las mudará Dios de viejas en nuevas, poniendo en el alma un nuevo ya entender de Dios en Dios, dejando el viejo (2) entender de hombre y un nuevo amar a Dios en Dios, desnuda ya la voluntad de todos sus viejos quereres y gustos de hombre, y metiendo al alma en una nueva noticia y abismal deleite (3), echadas ya otras noticias e imágenes viejas aparte, y haciendo cesar todo lo que es del hombre viejo, que es la habilidad del ser natural, y vistiéndose de nueva habilidad sobrenatural según todas sus potencias. De manera que su obrar ya de humano se haya vuelto en divino, que es lo que se alcanza en estado de unión, en la cual el alma no sirve de otra cosa sino de altar, en que Dios es adorado en alabanza y amor, y sólo Dios en ella está. Que por eso mandaba Dios que el altar donde habia de estar el arca del Testamento (4), estuviese de dentro vacio (5); para que entienda el alma cuán vacía la quiere Dios de todas las cosas, para que sea altar digno donde esté Su Majestad. En el cual altar tampoco permitía ni que hubiese fuego ajeno, ni iue faltase jamás el propio; tanto, que porque Nadab y Abiud que eran los hijos del sumo sacerdote Aarón, ofrecieron fuego ajeno en su altar, enojado Nuestro Señor los mató allí delante del altar (6). Para que entendamos que en el alma, ni ha de faltar amor de Dios para ser digno altar, ni tampoco otro amor ajeno se ha de mezclar.

3 Y abisal deleite. El Códice de Alcaudete no trae estas palabras, por omisión involuntaria del copista. Las traen A, B y C. El manuscrito D traslada: habitual deleite. Las ediciones abismal deleite. La primera lectura es la del Santo, que empleó la palabra abisal, ya quiid en desuso en 1616. cuando se hizo la primera edición.

4 El Arca del Testamento. Asi los Códices. La e. p., más conforme con lo que dice la Escritura, cambia así la frase: donde se habían de hacer los sacrificios.

5 Exod.. XXVII. 8.

6 Levit.. X. I. E. p.: delante del mismo altar.

LIBRO PRIMERO. — CAP. V 3: 8. No consiente Dios a otra cosa morar consigo en uno. De donde se lee en el libro primero de los Reyes, que metiendo los filisteos el Arca del Testamento en el templo donde estaba su ídolo, amanecía el idolo cada día (1) arrojado en el suelo, y hecho pedazos; y sólo aquel apetito consiente y quiere que haya donde él está, que es de guardar la ley de Dios perfectamente, y llevar la cruz de Cristo sobre sí Y asi no se dice en la Escritura Divina que mandase Dios poner en el arca, donde estaba el maná, otra cosa, sino el libro de la Ley (2), y la vara de Moisés, que significa la cruz (3) Porque el alma que otra cosa no pretendiere que guardar perfectamente la ley del Señor y llevar la cruz de Cristo, será arca verdadera que tendrá en si el verdadero maná, que es Dios (4), cuando venga a tener en sí esta ley y esta vara perfectamente sin otra cosa alguna.

EN QUE SE TRATA DE DOS DAÑOS PRINCIPALES QUE CAUSAN LOS APETITOS EN EL ALMA, EL UNO PRIVATIVO Y EL OTRO POSI-TIVO (5).

1. Y para que más clara y abundantemente se entienda lo dicho, será bueno poner aqui y decir cómo (6) estos apetitos causan en el alma dos daños principales: el uno es que la privan del espíritu de Dios; y el otro es que al alma en que viven, la cansan, atormentan, oscurecen, ensucian y enflaquecen, según aquello que dice Jeremías, capitulo U: Dúo mala fecit Populas meus: dere-Liquerunt fontem aquae vivae, et foderunt sibi cisternas, dissipatas, quae continere non valent aquas. Quiere decir: Dejáron- 2 LW. XXXI 26.

3 Núm.. XVII. 10.

4 Aquí termina la e. p.

5 La e. p. añade: Pruébalo con autoridades de la Escritura.

6 E. p.: será bueno decir aquí cómo.