me a raí, que soy fuente de agua viva, y cavaron para si cisternas rotas, que no Queden tener agua (t). Esos dos males, conviene a saber: privación y positivo, se causan por cualquiera acto desordenado de! apetito. Y, primeramente, hablando del privativo, claro está que por el mismo caso que (2) el alma se aficiona a una cosa que cae debajo de nombre de criatura, cuanto aquel apetito tiene de más entidad en el alma, tiene ella de menos capacidad para Dios; por cuanto no pueden caber dos contrarios, según dicen los filósofos, en un sujeto; y también dijimos en el cuarto capitulo, y afición de Dios y afición de criatura son contrarios, y asi no caben en una voluntad afición de criatura y afición de Dios (3). Porque ¿qué tiene que ver criatura con Criador?, ¿sensual con espiritual?, ¿visible con invisible?, ¿temporal con eterno?, ¿manjar celestial, puro, espiritual, con el manjar del sentido puro sensual? (4), ¿desnudez de Cristo con asimiento en alguna cosa?
2. Por tanto, asi como en la generación natural no se puede introducir una forma, sin que primero se expela del sujeto la forma contraria que precede, la cual estando es impedimento de la otra por la contrariedad que tienen las dos entre si; asi, en tanto que el alma se sujeta al espíritu sensual (5), no puede entrar en ella el espíritu puro espiritual. Que por eso dijo Nuestro Salvador por San Mateo: Non est bonum sumere panent fiUorum, et mittere canibus (6). Esto es: No es cosa conveniente tomar el pan de los hijos y darlo a los canes (7). Y también en otra parte dice por el mismo Evangelista (8): Nolite sanctum daré canibus. Que quiere decir: No queráis dar lo santo a 1 Jerem., II. 13.
2 Asi el C. de Alo — A, B y e. p.: Los cuales dos malea en un acto de apetito se causan. Porque, claro está, que por el mismo caso que.
3 La e. p. modifica asi estas lineas: "de mas entidad en el alma, tanto ella tiene menos de capacidad para Dios, pues, como dijimos en el capitulo IV, no pueden caber dos contrarios en un sujeto; y afición de Dios y afición de criatura contrarios son y asi no caben en uno." A y B no copian las palabras: según dicen los filósofos y también dijimos en el cuarto capítulo.
4 E. p.: sensible. Vid. la nota de la pág. H.
5 Sensual. Así Ale, A y B. La e. p. cambia la palabra por sensible y animal.
6 Matth.. XV. 26.
7 Así el C. de Ale— A, B y la e. p.: perros. Lo propio ocurre un poco más abajo.
8 Matth.. VII. 6. Asi el C. de Ale. -A y B: Et alibi. La e. p.: Y en otra parte.
LIBRO PRIMERO. — CAP. VI los canes. En las cuales autoridades compara Nuestro Señor a los que negando los apetitos de las criaturas se disponen para recibir el espíritu de Dios puramente, a los hijos de Dios; y a los que quieren cebar su apetito en las criaturas, a los perros. Porque a los hijos les es dado comer con su padre a la mesa y de su plato, que es apacentarse de su espíritu, y a los canes las meajas (1) que caen de la mesa.
3. En lo cual es de saber, que todas las criaturas son meajas que cayeron de la mesa de Dios. Por tanto, justamente es llamado can el que anda apacentándose en las criaturas, y por eso se les quita el pan de los hijos, pues ellos no se quieren levantar de las meajas de las criaturas a la mesa del espíritu increado de su Padre. Y por eso justamente, como perros, siempre andan hambreando, porque las meajas más sirven de avivar el apetito que de satisfacer el hambre. Y asi, de ellos dice David: Famem patientur ut canes, et circuibunt civitatem. Si vero non fuerint saturati, et murmurabunt (2). Quiere decir: Ellos padecerán hambre como perros, y rodearán la ciudad, y como no se vean hartos, murmuraran. Porque ésta es la propiedad del que tiene apetitos, que siempre está descontento y desabrido, como el que tiene hambre; ¿pues qué tiene que ver el hambre que ponen todas las criaturas, con la hartura (3) que causa el espíritu de Dios? Por eso no puede entrar esta hartura increada en el alma, si no se echa primero esotra hambre criada del apetito del alma; pues, como habernos dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, los cuales en este caso son hambre y hartura.
4. Por lo dicho se verá cuánto más hace Dios en limpiar y purgar un alma (4) de estas contrariedades, que en criarla de no- 1 Meajas. Desde la e. p. se cambió esta palabra por la de migaja, menos familiar. Meaja dice el Santo en los Amaos, que se conservan autógrafos en Andújar.
2 Ps. LVIII. 15-16.
3 Por equivocación mecánica, saltó el copista del Códice de Alcaudete a otra palabra igual que viene una linea después. Lo suprimido se lee en los demás manuscritos.
4 La e. p. modifica en la siguiente forma estas líneas: "Por eso no puede entrar esta hartura de Dios en el alma si no se echa primero de ella esta hambre del apetito, pues, como está dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, que son hambre nada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios, más opuestas y resistentes son a Dios (1) que la nada; porque ésta no resiste (2). Y esto baste acerca del primer daño principal que hacen al alma los apetitos, que es resistir al espíritu de Dios, por cuanto arriba está ya dicho mucho de ello.
5. Ahora digamos del segundo efecto que hacen en ella, el cual es de muchas maneras, porque los apetitos cansan al alma y la atormentan y oscurecen, y la ensucian y la enflaquecen. De las cuales cinco cosas iremos diciendo de por si.
6. Cuanto a lo primero, claro está que los apetitos cansan y fatigan al alma; porque son como unos hijuelos inquietos y de mal contento, que siempre están pidiendo (3) a su madre uno y otro, y nunca se contentan. Y asi como se cansa y fatiga el que cava por codicia del tesoro, asi se cansa y fatiga el alma por conseguir lo que sus apetitos le piden; y aunque lo consiga, en fin, siempre se cansa, porque nunca se satisface; porque, al cabo, son cisternas rotas las que cava, que no pueden tener agua para satisfacer la sed. Y asi, como dice Isaías: Lassus adhuc sitit, et anima e¡us vacua est (4). Que quiere decir: Está su apetito vacio. Y cánsase y fatígase el alma que tiene apetitos; porque es como el enfermo de calentura, que no se halla bien hasta que se le quite la fiebre, y cada rato le crece la sed. Porque, como se dice en el libro de Job: Cum satiatus juení, arctabitur, aestuabit, et omnis dolor irruet super eum (5). Que quiere decir: Cuando hubiere satisfecho su apetito, quedará más apretado y agravado; creció en su alma el calor del apetito y así caerá sobre él todo dolor. Cánsase y fatígase el alma con sus apetitos, porque es herida y movida y turbada de ellos y hartura. Por lo dicho se verá cuanto mas es, en cierta manera, lo que Dios hace en limpiar y purgar un alma," etc.
1 La e. p.: maj parece que estorban a Dios.
2 Añade la e. p.: a Su Majestad, y el apetito de criatura sí.
3 Diciendo escribió por error material el copista del Códice de Alcaudete. Loa demás trasladan pidiendo.
4 Isai., XXIX, 8. Las ediciones suplen la traducción de la primera parte del texto latino, que el Santo y los Códices omitieron: Después de cansado y fatigado, todavía tiene sed, etc.
5 Job.. XX. 22.
LI6R0 PRIMERO. — CAP. VI como el agua de los vientos, y de esa misma manera la alborotan, sin dejarla sosegar en un lugar ni en una cosa. Y de la tal alma dice Isaías: Cor impii quasi mare fervens (1). El corazón del malo es como el mar cuando hierve; y es malo el que no vence los apetitos. Cánsase y fatigase el alma que desea cumplir sus apetitos, porque es como el que teniendo ¡íambre, abre la boca para hartarse de viento, y en lugar de hartarse se seca más, porque aquél no es su manjar. A este propósito dijo Jeremías: In desiderio animae suae attraxit ventum amoris sai (2). Como si dijera: En el apetito de su voluntad atrajo a sí el viento de su afición. Y luego dice adelante, para dar a entender la sequedad en que esta tal alma queda, dando aviso y diciendo: Prohibe pedem tuum a nuditate, et guttur tuum a siti (3). Que quiere decir: Aparta tu pie, esto es, tu pensamiento, de la desnudez; y tu garganta de la sed, es a saber: tu voluntad del cumplimiento del apetito que hace mas> sequía (4), y asi como se cansa y fatiga el enamorado en el día de la esperanza, cuando le salió su lance en vacío, se cansa el alma y fatiga con todos sus apetitos y cumplimiento de ellos, pues todos la causan mayor vacío y hambre; porcue, como comúnmente dicen, el apetito es como el fuego, que echándole lefia crece, y luego que la consume, por fuerza ha de desfallecer.
7. Y aun el apetito es de peor condición en esta parte; porque el fuego, acabándose la leña, descrece; mas el apetito no descrece en aquello que se aumentó cuando se puso por obra, aunque se acaba la materia, sino que en lugar de descrecer, como el fuego cuando se le acaba la suyá, él desfallece en fatiga, porque queda crecido el hambre y disminuido el manjar. Y de éste habla Isaías, diciendo: Declinaba ad dexteram, et esuriet: et comedet ad sinistram, et non saturabitur (5). Quiere de- 1 Isa!.. LVn. 20.
2 Jerem.. II, 24. E. p.: Y así. dice de la tal alma Jeremías.
3 Jerem., II, 25.
4 La e. p. cambia la frase que hace más sequía, de los Códices, por la de causa más sequedad, y suprimiendo las palabras que siguen, reanuda el discurso: El apetito es como el fuego.
5 Imü.. IX. 20.
cir- Declinará hacia la mano derecha, y habrá hambre; y comerá hacia la siniestra, y no se hartará. Porque éstos que no mortifican sus apetitos, justamente, cuando declinan (1), ven la hartura del dulce espíritu de los que están a la diestra de Dios, la cual a ellos no se le concede; y justamente cuando corren hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna criatura, no se hartan; pues dejando lo que sólo puede satisfacer, se apacientan de lo que les causa más hambre. Claro está (2), pues, que los apetitos cansan y fatigan al alma.
CAPITULO Vil EN QUE SE TRATA COMO LOS APETITOS ATORMENTAN AL ALMA. PRUE-BALO (3) TAMBIEN POR COMPARACIONES Y AUTORIDADES.
1. La segunda manera de mal positivo que causan al alma los apetitos, es que la atormentan y afligen a manera del que está en tormento de cordeles amarrado (4) a alguna parte, de lo cual hasta que se libre no descansa. Y de éstos dice David: Funes peccatorum circumplexi sunt me (5). Los cordeles de mis pecados, que son mis apetitos, en derredor me han apretado.
Y de la misma manera que se atormenta y aflige al que desnudo se acuesta sobre espinas y puntas, asi se atormenta el alma y aflige cuando sobre sus apetitos se recuesta. Porque a manera de espinas hieren y lastiman y asen y dejan dolor.
Y de ellos también dice David: Circumdederunt me sicut apes: ct exarserunt sicut ignis in spinis (6). Que quiere decir: Rodeáronse de mí como abejas (7), punzándome con sus aguijones 1 Asi el C. de Ale— A, B y la e. p.: "cuando declinan al camino de Oios (que es |a diestra), tienen hambre, porque no merecen la hartura del dulce espíritu. Y, justamente, cuando comen hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna criatura, no se hartan," etc.
3 Así el C. de Ale. y la e. p. — A y B: Pruébase por comparaciones y autoridades de la Sagrada Escritura.
4 El Códice de Alcaudete traslada abarreado. Me parece errata de transcripción.
5 Ps. CXVIIl. 61.
6 Ps. CXV1I, 12.
7 Rodeáronse de mí como abejas. La e. p. está conforme con el Códice de Alcaudete. A. y B trasladan: rodeáronme como abejas pumadoras.
LIBRO PRIMERO. — CAP. VI y encendiéronse contra mi, como el fuego en espinas; porque en los apetitos, que son las espinas, crece el fuego de la angustia y del tormento. Y asi como aflige y atormenta el gañán al buey debajo del arado, con codicia de la mies que espera, asi la concupiscencia aflige al alma debajo del apetito por conseguir lo que quiere. Lo cual se echa bien de ver en aquel apetito que tenia Dalila de saber en qué tenia tanta fuerza Sansón, que dice la Escritura que la fatigaba y atormentaba tanto, que la hizo desfallecer, casi hasta morir diciendo: Defecit anima c/us, et ad mortem usque ¿assata est (1).
2. El apetito tanto más tormento es para el alma, cuanto él es mas intenso. De manera que tanto hay de tormento, cuanto hay de apetito, y tantos más tormentos tiene, cuantos más apetitos la poseen; porque se cumple en la tal alma, aun en esta vida, lo que se dice en el Apocalipsi de Baoilonia (2) por estas palabras: Quantum gtonjicavit se, et in deliciis ¡uií, tantum date iLLi tormentum, et luctum (3). Esto es: Tanto cuanto se quiso ensalzar y cumplir sus apetitos, dadle de tormento y angustia. Y de la manera que es atormentado y afligido el que cae en manos de sus enemigos, asi es atormentada y afligida el alma que se deja llevar de sus apetitos. De lo cual hay figura en el libro de los Jueces, donde se lee que aquel tuerte Sansón, que antes era fuerte y libre y juez de Israel, cayendo en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza, y le sacaron los ojos, y le ataron a moler en una muela (4), adonde le atormentaron y afligieron mucho (5); y asi acaece al alma donde estos enemigos de apetitos viven y vencen; que lo primero que hacen es enflaquecer al alma y cegarla, como abajo diremos, y luego la afligen y atormentan, atándola a la muela 1 Judie. XVI. 16.
2 La e. p. omite: de Babilonia.
3 Apoc.. XVm. 7.
* La e. p.; "De lo cual hay figura en aquel fuerte Sansón, que antea lo era tanto, y libre. Juez de Israel, que cayendo en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza. I« sacaron los ojos, y le ataron a moler en una muela, donde asaz le atormentaron y afligieron." A y B. siguen al C de Ale. pero en vez de maela leen atahona, y suprime» las palabras: y afligieron macho.
5 Judie.. XVI, 21.
de la concupiscencia, y los lazos con que está asida son sus mismos apetitos.
3. Por lo cual, habiendo Dios lástima a éstos que con tanto trabajo y tan a costa suya andan a satisfacer la sed y hambre del apetito en las criaturas, les dice por Isaías: Omnes sitientes, venite ad aquas; et qui non habetis argentum, properate, emite, et comedite-. venite, emite absque argento, vinum, et lac. Quare appenditis argentum non in panibus, et laborern vestrum non in saturitate? (1). Como si dijera: Todos los que tenéis sed de apetitos, venid a las aguas, y todos los que no tenéis plata de propia voluntad y apetitos daos prisa; comprad de mi y comed; venid y comprad de mi vino y leche (que es paz y dulzura espiritual), sin plata de propia voluntad, y sin darme por ello trueque alguno del trabajo, como dáis por vuestros apetitos (2). ¿Por qué dais la plata de vuestra voluntad (3) por lo que no es pan, esto es, del espíritu divino, y ponéis el trabajo de vuestros apetitos en lo que no os puede hartar? Venid, oyéndome a mi, y comeréis el bien que deseáis, y deleitarse ha en grosura vuestra alma.
4. Este venir a la grosura es salirse de todos los gustos de criatura; porque la criatura atormenta, y el espíritu de Dios recrea. Y asi, nos llama él por San Mateo, diciendo: Venite ad me omnes, qui labor atis, et onerati estis, et ego reficiam vos, et invenietis réquiem animabus vestris (4). Como si dijera: Todos los que andáis atormentados, afligidos y cargados con la carga de vuestros cuidados y apetitos, salid de ellos, viniendo a mí, y yo os recrearé, y hallaréis para vuestras almas el descanso que os quitan vuestros apetitos, y asi son pesada carga, porque de ellos dice David: Sicut onus grave gravatae sunt super me (5).
1 Isai.. LV, 1-2.
2 A y B repiten: vino y leche, que es paz y dulzura.
3 E. p.: de vuestra propia voluntad.
4 Matth., XI, 28-29.
5 Ps., XXXVI!. 5.
LIBRO PRIMERO— CAP. VIII EN Ql'E SE TRATA COMO LOS APETITOS OSCURECEN Y CIEGAN AL ALMA (1).
1. Lo tercero que hacen en el alma los apetitos, es que la ciegan y oscurecen. Asi como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; o como el espejo tomado del paño no puede recibir serenamente en si el rostro, o como el agua envuelta en cieno no se divisa bien la cara del que en ella se mira (2); así, el alma que de los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar (3) para que ni el sol de la razón natural, ni el de la Sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David, hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui, at viderem (4). Que quiere decir: Mis maldades (5) me comprendieron, y no pude tener poder para ver.
2. Y en eso mismo que se oscurece según el entendimiento, se entorpece también según la voluntad, y según la memoria se enrudece y desordena en su debida operación. Porque, como estas potencias según sus operaciones dependen del entendimiento, estando él impedido, claro está lo han ellas de estar desordenadas y turbadas. Y así dice David: Anima mea turbata est valde (6). Esto es: Mi alma está mucho turbada. Que es tanto como decir: desordenada en sus potencias. Porque, como decimos, ni el entendimiento tiene capacidad para recibir la ilustración de la sabiduría de Dios, como tampoco la 1 La e. p. y A y B. traen, con alguna leve diferencia: Pruébalo por autoridades de la Sagrada Escritora.
2 E. p.: no se divisa bien el rostro del que en ella se mira.
3 El Códice de Alcaudete es el único que traslada luz por lugar, que se lee en los demás y en las ediciones.
4 Psalm. XXXIX, 13.
6 Pj. VI. 4.
tiene el aire tenebroso para recibir la del sol, ni la voluntad tiene habilidad para abrazar en si a Dios en puro amor, como tampoco la tiene el espejo que está tomado de baho para representar claro en si el rostro ( 1 ) presente, y menos la tiene ia memoria que está ofuscada con las tinieblas del apetito para informarse con serenidad de la imagen de Dios, como tampoco el agua turbia puede mostrar claro el rostro del que se mira (2).
3. Ciega y oscurece el apetito al alma, porque el apetito, en cuanto apetito, ciego es; porque de suyo ningún entendimiento tiene en si, porque la razón es siempre su mozo de ciego (3). Y de aqui es que todas las veces que el alma se guia por su apetito, se ciega; pues es guiarse el que ve por el que no ve, lo cual es como ser entrambos ciegos. Y lo que de ahí se sigue, es lo que dice (4) Nuestro Señor por San Mateo: Si caecus caceo ducatum praestet, ambo in foveam cadunt (5). Si el ciego guia al ciego, entrambos caerán en la hoya. Poco le sirven los ojos a la mariposilla, pues que el apetito de la hermosura de la luz la lleva encandilada a la hoguera. Y asi podemos decir, que el que se ceba de apetito, es como el pez encandilado, al cual aquella luz antes le sirve de tinieblas para que no vea los daños que los pescadores le aparejan. Lo cual da muy bien a entender el mismo David, diciendo de los semejantes: Supercecidií ignis, et non viderunt solem. Que quiere decir: Sobrevínoles el fuego que calienta con su calor y encandila con su luz (6). Y eso hace el apetito en el alma, que enciende la concupiscencia y encandila al entendimiento de manera que no pueda ver su luz. Porque la causa del encandilamiento es, que como pone otra luz diferente delante de la vis- 2 En ella, añade la e p.
3 La e. p. escribe Porque de suyo no mira razón; que la razón es la que siempre derechamente guia y encamina al alma en sus operaciones.
4 E. p.: Y lo que de aqui viene a seguirse, es puntualmente lo mismo que dice, etc.
5 Matth.. XV, 14.
6 Ps. LVI!, 9. Sólo en el Códice de Alcaudete se leen estas frases. Los demás Mss. se limitan a traducir cayóles o dióles la luz en los ojos y deslumhrólos. La c. p.: sobrevínoles el fuego y no vieron el sol.
LIBRO PRIMERO —CAP. Vni ta, cébase (1) la potencia visiva en aquélla que esta entrepuesta, y no ve la otra, y como el apetito se le pone al alma tan, cerca que esta en la misma alma, tropieza en esta luz primera y cebase en ella (2), y asi, no la deja ver su luz de claro entendimiento, ni la vera hasta que se quite de en medio el encandilamiento del apetito.
4. Por lo cual es harto de llorar la ignorancia de algunos, que se cargan de extraordinarias penitencias y de otros muchos voluntarios ejercicios, y piensan que les bastará eso y esotro para venir a la unión de la Sabiduria divina, y no es así, si con diligencia (3) ellos no procuran negar sus apetitos. Los cuales, si tuviesen cuidado de poner la mitad de aquel trabajo en esto, aprovecharían más en un mes, que por todos los demas ejercicios en muchos años. Porque asi como es necesaria a la tierra la labor para que lleve fruto, y sin labor no le lleva sino malas hierbas, asi es necesaria la mortificación de los apetitos para que haya provecho en el alma. Sin la cual oso decir, que para ir adelante en perfección y noticia de Dios y de sí mismo, nunca le aprovecha más cuanto hiciere, que aprovecha la simiente echada en la tierra (4) no rompida Y asi, no se quitará la tiniebla y rudeza del alma hasta que los apetitos se apaguen. Porque son como las cataratas, o como las motas en el ojo, que impiden la vista hasta que se echen fuera.
5. Y asi, echando de ver David la ceguera de éstos, y cuán impedidas tienen las almas de la claridad de la verdad, y cuánto Dios se enoja con ellos, habla con ellos diciendo: Priusquam intclligcrcnt spinae vestrac rhamnum: sicut viventes, sic in ira absorbet eos (5). Y es como si dijera: Antes que entendiesen vuestras espinas, esto es, vuestros apetitos, así como a los vi- 1 Cebase, se lee en A y B. El de Alcaudete traslada ciégase. Me parece error de copia Cebase se lee también en e. p.
3 La e. p. dice: "que se cargan de desordenadas penitencias y de otros muchos desordenados ejercicios, digo voluntarios, poniendo en ellos su confianza, y pensando que solos ellos, sin la mortificación de sus apetitos en las demás cosas, han de ser suficientes para venir a la unión de la Sabiduria divina, y no es asi, si con diligencia."
i E. p.: la semilla que se derrama en la tierra.
5 Pi. LVII. 10.
vientes, de esta manera los absorberá en su ira (1). Porque a los apetitos vivientes en el alma, antes que ellos puedan entender a Dios, los absorberá Dios en esta vida o en la otra con castigo y corrección, que será por la purgación. Y dice que los absorberá en ira, porque lo que se padece en la mortificación de los apetitos es castigo del estrago que en el alma han hecho (2).
6. i Oh si supiesen los hombres de cuanto bien de luz divina los priva esta ceguera que les causan sus aficiones y apetitos, y en cuántos males y daños les hacen ir cayendo cada día, en tanto que no los mortifican! Porque no hay fiarse de buen entendimiento, ni dones que tengan recibidos de Dios, para pensar que, si hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer, y hacer caer poco a poco en peor. Porque ¿quién dijera que un varón tan acabado en sabiduría y dones de Dios, como era Salomón, había de venir a tanta ceguera y torpeza de voluntad, que hiciese altares a tantos ídolos y los adorase él mismo, siendo ya viejo? (3). Y sólo para esto bastó la afición que tenia a las mujeres, y no tener el cuidado de negar los apetitos y deleites de su corazón. Porque él mismo dice de sí en el Eclesiastés: Que no negó a su corazón lo que le pidió (4). Y pudo tanto este arrojarse a sus apetitos, que aunque es verdad que al principio tenía recato; pero porque no los negó, poco a poco le fueron cegando y oscureciendo el entendimiento, de manera que le vinieron a acabar de apagar aquella gran luz de sabiduría que Dios le había dado; de manera que a la vejez dejó a Dios.
7. Y si en éste pudieron tanto, que tenia tanta noticia de 1 La e. p. y las restantes dicen: "Antes que vuestras espinas, que son vuestros apetitos, se endurezcan y crezcan, haciéndose de tiernas espinas espesa cambronera, y estorbando la vista de Dios, como a los vivientes se les corta el hilo de la vida machas veces en medio del discurso de ella, asi los sorberá Dios en su Ira."
2 La e. p. traslada: "Porque aquellos cuyos apetitos viven en el alma y estorban el conocimiento de Dios, los sorberá él en su ira: o en la otra vida con la pena y purgación del purgatorio, o en esta con penas y trabajos que para desasirlos de los apetitos les en via, o por medio de la mortificación de los mismos apetitos. Para que con esto se quite de en medio de Dios y de nosotros la luz falsa de apetito que nos en can dllaba y impedia para no conocerle y aclarándose la vista del entendimiento, se repare el estrago que los apetitos habían dejado."
3 III Reg.. XI. 4.
4 Eccles.. U, 10.
LIBRO PRIMERO. — CAP. VIII la distancia que hay entre el bien y el mal, ¿qué no podrán contra nuestra rudeza los apetitos no mortificados? Pues, como dijo Dios (1) al Profeta Jonás de los ninivitas, no sabemos lo que hay entre la siniestra y la diestra (2). Porque a cada paso tenemos lo malo por bueno, y lo bueno por malo, y esto de nuestra cosecha lo tenemos. Pues ¿qué será si se añade apetito a nuestra natural tiniebla? Sino que como dice Isaías: Palpuvimus, sicut coeci parietem, et quasi absque oculis attrectavimus: impegimus meridic, quasi ¡n tenebris (3). Habla el Profeta con los que aman seguir estos sus apetitos, y es como si dijera: Habernos palpado la pared, como si fuéramos ciegos, y anduvimos atentando como sin ojos, y llegó a tanto nuestra ceguera, que en el medio dia atollamos, como si fuera en las tinieblas (4). Porque esto tiene el que está ciego del apetito, que puesto en medio de la verdad y de lo que le conviene, no lo echa más de ver que si estuviera en tinieblas.
EN QUE SE TRATA COMO LOS APETITOS ENSUCIAN AL ALMA. PRUEBALO POR COMPARACIONES Y At'TORIDAPES DE LA ESCRITURA SAGRADA.
1. El cuarto daño que hacen los apetitos al alma, es que la ensucian y manchan, según lo enseña el Eclesiástico, diciendo: Qui teügerit picem. inquinaba 'ur ab ea (5). Quiere decir: El que tocare a la pez, ensuciarse ha de ella; y entonces toca uno la pez, cuando en alguna criatura cumple el apetito de su voluntad. En lo cual es de notar, que el Sabio compara las criaturas a la pez; porque más diferencia hay entre la excelen- J La e. p. en vez de Dios pone fl Señor: "Como dijo el Señor al profeta )onás."
2 Jon.. IV. 11.
3 bal. LIX. 10.
4 Leense estas lineas en la e. p. "Sino que. lamentándose, dijo Isaías hablando con los que aman seguir estos sus apetitos: Palpado hemos la pared, como si fuéramos ciegos y anduvimos atentando como en tinieblas, y llegó a tanto nuestra ceguera, que en el mediodía atollamos como si fuera en oscuridad."
5 Eccli.. xm. I.
5 Eccli.. xm. I.
cia del alma (1) y todo lo mejor de ellas, que hay del claro diamante o fino oro a la pez. Y así como el oro o diamante, si se pusiese caliente sobre la pez, quedaría de ella feo y untado, por cuanto el calor la regaló y atrajo; así el alma que esta caliente de apetito (2) sobre alguna criatura, en el calor de su apetito saca inmundicia y mancha de él en si. Y mas diferencia hay entre el alma y las demás criaturas corporales, que entre un muy clarificado licor y un cieno muy sucio. De donde así como se ensuciaría el tal licor si le envolviesen con el cieno, de esa misma- manera se ensucia el alma que se ase a la criatura; pues en ella se hace semejante a la dicha criatura. Y de la misma manera que pondrían (3) los rasgos de tizne a un rostro muy hermoso y acabado, de esa misma manera afean y ensucian los apetitos desordenados al alma que los tiene, la cual en si es una - hermosísima y acabada imagen de Dios.
2. Por lo cual, llorando Jeremías el estrago de fealdad que estas desordenadas afecciones causan en el alma, cuenta primero su hermosura, y luego su fealdad, diciendo: Candidiores sunt Nazaraei ejns nive, nitidiorrs lacte, rubicundtores ebore antiguo, sapphiro pulchriores. Denigrata est super carbones facies eorum, et non sunt cogniti in plateis (4). Que quiere decir: Sus cabellos, es a saber, del alma, son más levantados en blancura (5) que la nieve, más resplandecientes que la leche, y más bermejos que el marfil antiguo, y mas hermosos que la piedra zafiro. La haz de ellos se ha ennegrecido sobre los carbones, y no son conocidos en las plazas. Por los cabellos entendemos aquí los afectos y pesamientos del alma, los cuales, ordenados en lo que Dios los ordena, que es en el mismo Dios (6), son más blancos que la nieve, y más claros que la 1 La e. p. dice: Mas diferencia hay entre la excelencia que puede tener el alma, etc."
2 Asi el G de Ale. — A y B: el apetito. E. p.: asi el alma en el calor de tu apetito que tiene a alguna criatura saca. etc.
3 Pararían se lee en A, B y las ediciones.
4 Taren-, IV. 7-8.
5 Levantados en blancura. Así se lee en el Códice de Ale y en la e. p.— A traslada: más blancos que la blancura, y B. más hermosos que la blancura.
6 A, B añaden aquí: que es en el mismo Dios. Por descuido, tal vez, no lo trasladó la copia de Alcaudete. E. p.: que es en el mismo.
LIBRO PRIMERO.— CAP. IX leche, y más rubicundos que el marfil (1); y hermosos sobre el zafiro. Por las cuales cuatro cosas se entiende toda manera de hermosura y excelencia de criatura corporal, sobre las cuales dice es el alma y sus operaciones, que son los nazareos o cabellos dichos; los cuales, desordenados y puestos en lo aue Dios no los ordenó, que es, empleados en las criaturas, dice Jeremías, que su haz queda y se pone más neqra que los «carbones.
3. Que todo este mal y más hacen en la hermosura del alma los desordenados apetitos en las cosas de este siglo (2); tanto, que si hubiésemos de hablar de propósito de la fea y sucia figura que al alma los apetitos pueden poner, no hallaríamos cosa por llena de telarañas y sabandijas que esté, ni fealdad de cuerpo muerto, ni otra cualquiera cosa inmunda y sucia, cuanto en esta vida la puede haber y se puede imaginar, a que la pudiésemos comparar (3). Porque aunque es verdad que el alma desordenada, en cuanto al ser natural (4) está tan perfecta como Dios la crió; pero en cuanto al ser de razón está fea, abominable, sucia (5), oscura y con todos los males que aquí se van escribiendo y mucho más. Porque aun sólo un apetito desordenado, como después diremos, aunque no sea de materia de pecado mortal, basta para poner un alma tan sujeta, sucia y fea, que en ninguna manera puede convenir con Dios en una unjón (6) hasta que el apetito se purifique. ¡Cuál será la fealdad de la que del todo está desordenada en sus propias pasiones y entregada a sus apetitos, y cuán alejada de Dios estará y de su pureza!
4. No se puede explicar con palabras, ni aun entenderse con el entendimiento la variedad de inmundicia que la variedad de apetitos causan en el alma. Porque si se pudiese 1 E. p.: que el antiguo marfil.
2 En Ib e. p. no se leen las palabras: en las cosas de este siglo.
3 E. p. abrevia asi estas tres lineas: ni fealdad a que la pudiésemos comparar.
4 E. p.: cuanto a su substancia natural.
5 E. p. suprime el adjetivo abominable.
6 E. p. de pecado mortal ensucia y afea al alma y la indispone para que no pueda convenir con Dios en perfecta unión. A y B: ninguna unión.
decir y dar a entender, seria cosa admirable y también de harta compasión, ver cómo cada apetito, conforme a «u cuantidad y calidad, mayor o menor, hace su raya y asiento de inmundicia y fealdad en el alma, y cómo en un solo desorden (1) de razón pueden tener en si innumerables diferencias de suciedades mayores y menores, y cada una de su manera. Porque asi como (2) el alma del justo en una sola perfección, que es la rectitud del alma, tiene innumerables dones riquísimos y muchas virtudes hermosísimas, cada una diferente y graciosa en su manera según la multitud y diferencia en los afectos de amor que ha tenido en Dios; así el alma desordenada, según la variedad de los apetitos que tiene en las criaturas, tiene en sí variedad miserable de inmundicias y bajezas, tal cual en ella la pintan los dichos apetitos.