2. Ha, pues, el espiritual de purgar y oscurecer su voluntad en este vano gozo, advirtiendo que la hermosura y todas las demás partes naturales son tierra, y que de ahi vienen y a la tierra vuelven; y que la gracia y donaire es humo y aire de esa tierra, y que, para no caer en vanidad, lo ha de tener por tal y por tal estimarlo, y en estas cosas enderezar el corazón a Dios en gozo y alegria, de que Dios es en si todas esas hermosuras y gracias eminentisimamente, en infinito sobre todas las criaturas Y que, como dice David, todas ellas, como la vestidura, se envejecerán y pasarán, y sólo él permanece inmutable para siempre (1). Y por eso si en todas las cosas no enderezare a Dios su gozo, siempre será falso y engañado. Porque de este tal se entiende aquel dicho de Salomón, que ' dice hablando con el gozo acerca de las criaturas, diciendo: Al gozo dije: ¿por qué te dejas engañar en vano? (2). Esto es, cuando se deja atraer de las criaturas el corazón.
1 Ps. Cí. 27 2 Ecclcs.. II. 2.
LIBRO TERCERO— CAP. XXI!
CAPITULO XXII Dfc LOS DAÑOS OI I- SE I.K SIGUEN AL ALMA DK PCNPR EL GOZO PE LA VOH'WTAM EN LOS BIENES NATURALES.
1. Aunque muchos de estos daños y provechos que voy contando en estos géneros de gozos, son comunes a todos; con todo, porque derechamente siguen al gozo y desapropio de él (aunque el gozo sea de cualquier género de estas seis divisiones que voy tratando), por eso en cada una digo algunos daños y provechos, que también se hallan en la otra, por ser, como digo, anejos al gozo que anda por todas. Mas mi principal intento es decir los particulares daños y provechos que acerca de cada cosa, por el gozo o no gozo de ella, se siguen al alma Los cuales llamo particulares, porque de tal manera primaria e inmediatamente se causan del tal género de gozo, que no se causan del otro, sino secundaria y mediatamente. Ejemplo. El daño de la tibieza del espíritu, de todo y de cualquier género de gozo se causa directamente, y así este daño es a todos estos seis géneros general; pero el fornicio (1) es daño particular, que sólo derechamente sigue al gozo de los bienes naturales que vamos diciendo.
2. Los daños, pues, espirituales y corporales que derecha y efectivamente se siguen al alma cuando pone el gozo en lo> bienes naturales, se reducen a seis daños principales. El primero es vanagloria, presunción, soberbia y desestima del prójimo; porque no puede uno poner los ojos de la estimación (2) en una cosa, que no les quite de las demás. De lo cual se sigue, por lo menos, desestima real de las demás cosas (3); porque, naturalmente, poniendo la estimación en una cosa, se recoge el corazón de las demás cosas en aquella que estima; y de este 1 Fornicio, copian Ale. A y B. latinismo que el Santo usó, y que la e. p. traduce por sensualidad.
2 La e. p. añade: demasiadamente.
3 E. p.: desestima real, y como negativa de las demás cosas.
desprecio real es muy fácil caer en el intencional y voluntario de algunas cosas <ic esotras, en particular o en general, no sólo en el corazón, sino mostrándolo con la lengua diciendo: tal o tal cosa (l), tal o tal persona no es como tal o tal. El segundo daño es que mueve el sentido a complacencia g deleite sensual y lujuria (2) El tercer daño es hacer caer en adulación ij alabanzas vanas, en gue hay engaño y vanidad, como dice Isaías diciendo: Pueblo mió, el gue te alaba te engaña (3). Y la razón es. porgue, aungue algunas veces dicen verdad alabando gracias y hermosura, todavia por maravilla deja de ir allí envuelto algún daño, o haciendo caer al otro en vana complacencia y gozo, y llevando alli sus afectos (4) e intenciones imperfectas. El cuarto daño es general, porgue se embota mucho la razón y el sentido del espíritu también como en el gozo de los bienes temporales, y aun en cierta manera mucho más. Porque como los bienes naturales son más conjuntos al hombre que los temporales, con más eficacia y presteza hace el gozo de los tales impresión y huella y asiento en el sentido y más fuertemente le embelesa. Y a5i la razón y juicio no guedan libres, sino anublados con aquella afición de gozo muy conjunto; y de aqui nace el quinto daño, que es distracción de la mente en criaturas. Y de aqui nace y se sigue la tibieza y flojedad de espíritu; que es el sexto daño, también general, que suele llegar a tanto, que tenga tedio grande y tristeza en las cosas de Dios, hasta venirlas a aborrecer. Piérdese en este gozo infaliblemente el espíritu puro, por lo menos, al principio. Porque si algún espíritu se siente, será muy sensible y grosero, poco espiritual, y poco interior y recogido, consistiendo más en gusto sensitivo gue en fuerza de espíritu; porgue, pues, el espíritu está tan bajo y flaco, gue en sí no apaga el hábito de tal gozo (porque para no tener el espíritu puro basta tener este hábito imperfecto, aunque cuando se ofrezca no consienta en los 1 Tal o tal cosa. La c. p. suprime estas palabra».
2 Y lujurio. Estas palabras no se leen en e. p.
3 Isai., Ili; 12.
LIBPO TFRCERO — CAP XXII 2Q7 ■ctos del gozo), mds debe vivir, en cierto manera), en la flaqueza vkl sentido que ni la Fuerza d I espíritu; si no (l), en h pi'rie» • ción y fortaleza qur tuviere en las ocasiones lo vera, aunque no niego que puede haber muchas virtudes con hartas imperíerciones; mas con estos qozos no apaqados, ni puro ni sabroso espíritu interior, porque reina (2) la carne, que milita contra el espíritu; y aunque no sienta el daño el espíritu, por lo menos se le causa oculta distracción.
3. Pero, volviendo a hablar en aquel segundo daño, que contiene en si daños innumerables, aunque no se pueden comprender con la pluma ni significar con palabras, no es oscuro ni oculto (3) hasta donde llegue, y cuanta sea esta desventura nacida del gozo puesto en las gracias y hermosura natural, pues que cada dia por esta causa se ven tantas muertes de hombres, tantas honras perdidas, tantos insultos hechos, tantas haciendas disipadas, tantas emulaciones y contiendas, tantos adulterios, estupros y fornicios (4) cometidos, y tantos santos caídos en el suelo (5), que se comparan a la tercera parte de las estrellas del cielo, derribadas con la cola de aquella serpiente en la tierra (6); el oro fino, perdido su primor y lustre, en el cieno; y los ínclitos y nobles de Sión, que se vestían de oro primo, estimados en vasos de barro quebrados, hechos tiestos (7). ¿Hasta dónde no llega la ponzoña de este daño?
4. ¿Y quién no bebe poco o mucho de este cáliz dorado de la mujer babilónica del Apocalipsi? (8). Que en sentarse ella sobre aquella gran besiia, que tenia siete cabezas y diez coronas, da a entender que apenas hay alto ni bajo, ni santo 1 E. p. la cual: 3 E. p. oni'te: no es oscuro ni t» ulto.
4 Asi Ale y B —A: fornicaciones. La e. p. suprime esta palabra.
5 En el suelo. Omite utas pal.mras la c. p. n Apoc.. XII, 4 7 Thren.. IV. 1-2.
8 Apoc, XVII. 1. — Aquí faltdM al Códice de Alcaudetc once hojas, que el Padre Andrés de la Encarnación ¡as suple, tomándolas del antiguo manuscrito que en su tiempo se guardaba en Duruelo ni pecador, que no dé a beber de su vino, sujetando en algo su corazón, pues, como allí se dice de ella, fueron embriagados todos los reyes de la tierra del vino de su prostitución. Y a todos los estados coge, hasta el supremo e ínclito del Santuario y divino Sacerdocio, asentando su abominable vaso, como dice Daniel, en el lugar santo (1), apenas dejando fuerte, que poco o mucho no le dé a beber del vino de este cáliz, que es este vano gozo. Que por eso dice, que todos los reyes de la tierra fueron embriagados de este vino, pues tan pocos se hallarán que, por santos que hayan sido, no les haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y gusto de la hermosura y gracias naturales.
5. Donde es de notar, el decir que se embriagaron. Porque por poco que se beba del vino de este gozo, luego al punto se ase al corazón, y embelesa y hace el daño de oscurecer la razón, como a los asidos del vino. Y es de manera, que, si luego no se toma alguna triaca contra este veneno con que se eche fuera presto, peligro corre la vida del alma. Porque tomando fuerzas la flaqueza espiritual, le traerá a tanto mal, que, como Sansón, sacados los ojos de su vista (2) y cortados los cabellos de su primera fortaleza, se verá moler en las atahonas, cautivo entre sus enemigos; y después, por ventura, morir la segunda muerte, como él con ellos (3), causándole todos estos daños la bebida de este gozo espiritualmente, como a él corporalmente se los causó, y causa hoy a muchos; y después le vengan a decir sus enemigos, no sin gran confusión suya: ¿Eres tú el que rompías los lazos doblados (4), disquijarabas los leones, matabas los mil filisteos, y arrancabas los postigos, y te librabas de todos tus enemigos?
6. Concluyamos, pues, poniendo el documento necesario contra esta ponzoña. Y sea, que luego que el corazón se sienta mover de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuán vana cosa es gozarse de otra cosa que de servir a Dios, y cuán pe- 1 Dan., IX, 27.
2 De su vista Asi los Códices. La e p. suprime por redundancia esta frase 3 La edición de 1 630: como él la primera con ellos, i E. p.; los lazos tres doblados.
LIBRO TF.RCEBÓ — CAP. XXII ligrosa i| perniciosas considerando cuanto daño fue para los angeles nozarsc u complacerse de su hermosura y bienes naturales, pues por es!d cayeron en los abismos feos; y cuántos males siguen a los hombres cada día por esa misma vanidad, y por eso se animen con tiempo a lomar el remedio que dice el Poeta a los que comienzan a alicionarsc a lo lal: Dale priesa ahora al principio a poner remedio; porque cuando los males han tenido tiempo de crecer en el corazón, tarde viene el remedio y ( i I la medicina. No mires al vino, dice el Sabio, cuando su color está rubicundo y resplandece en el vidrio, entra blandamente, y muerde como culebia y derrama venenos como el régulo (2).
CAPITULO XXIII DE LOS PROVECHOS CM I- SACA EL ALMA PE NO PONER EL dOZO EN LOS BIENES N ATI RALES.
1. Muchos son los provechos que al alma se le siguen de apartar su corazón de semejante gozo; porque, demás que se dispone para el amor de Dios y las otras virtudes, derechamente da lugar a la humildad para sí mismo, y a la caridad general para con los prójimos. Porque, no aficionándose a ninguno por los bienes naturales aparentes (3), que son engañadores, le queda el alma libre y clara para amarlos a todos racional y espiritualmente, como Dios quiere que sean amados. En lo cual se conoce que ninguno merece amor, si no es por la virtud que hay en él. Y cuando de esta suerte se ama, es muy según Dios, y aún con mucha libertad, y si es con asimiento, es con mayor asimiento de Dios. Porque entonces, cuanto más crece este amor, tanto más crece el de Dios; y cuanto más el de Dios, tanto más éste del prójimo. Porque del que es en Dios, es una misma la razón y una misma la causa.
1 El remedia u. añadí rl C di Ale 2 Prov., XXMI. íl — 1.\ í'asr <i derr.imx reneno* romo el rrgiiln. es del Códice de A'c. y d.- In c p. — A y IV y derrama su ponzoña ^mo basilisco. E\ basilisco, animal fabuloso, ai que atribuían lo.íntiguos la virtud maléfica de matar con la vista, era llamado por otro nombre reculo.
3 La e. p. omite esta palabra.
2. Sigúesele otro excelente provecho en negar este género de gozo (1), y es que cumple y guarda (2) el consejo de Nuestro Salvador que dice por San Mateo: Que el que quisiere seseguirle, se niegue a si mismo (3). Lo cual en ninguna manera podría hacer el alma, si pusiese el gozo en sus bienes (4) naturales; porque el que hace algún caso de si, no se niega ni sigue a Cristo.
3. Hay otro grande provecho en negar este género de gozo, y es que causa en el alma grande tranquilidad y evacúa las digresiones, y hay recogimiento en los sentidos, mayormente en los ojos. Porque, no queriendo gozarse en eso, ni quiere mirar ni dar los demás sentidos a esas cosas, por no ser atraído, ni enlazado de ellas (5), ni gastar tiempo ni pensamiento en ellas, hecho semejante a la prudente serpiente, que tapa sus oídos por no oir los encantadores (6) y le hagan alguna impresión (7). Porque guardando las puertas del alma, que son los sentidos, mucho se guarda y aumenta la tranquilidad y pureza de ella.
4. Hay otro provecho no menor en los que ya están aprovechados en la mortificación de este género de gozo, y es que los objetos y las noticias feas no les hacen la impresión e impureza que a los que todavía les contenta algo de esto. Y, por eso, a la negación y mortificación de este gozo, se le sigue la espiritual limpieza de alma y cuerpo; esto es, de espíritu y sentido, y va teniendo conveniencia angelical con Dios, haciendo a su alma y cuerpo digno templo del Espíritu Santo. Lo cual no puede ser así, si su corazón se goza en los bienes y gracias naturales (8). Que para esto no es menester consentimiento 1 Del C. de Ale. son las palabras en negar este género de gozo.
1 Con perfección, añade la e. p.
3 Matth.. XVI. 24.
5 La e. p. omite: ni enlazado de ellas.
7 Ps. LVII. 5.
8 E. p.: si su corazón se deja llevar algo del gozo en los bienes y gracias naturales.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXIII ni memoria (1) de cosa fea; pues aquel gozo basta para la impureza del alma ij sentido con la noticia de lo t;il (2), pues que dice el Sabio, que el Espíritu Santo se apunara de los pensaniienbos que no son de entendimiento, esto es. de la razón superior en orden a Dios (5) 5. Otro provecho yeneral se le sigue, y es, que demus que se libra de los males y daños arriba dichos, se excusa también de vanidades sin cuento, y de otros muchos daños, así espirituales, como temporales,, y, mayormente, de caer en la poca estima que son tenidos todos aquellos que son vistos preciarse o gozarse de las dichas partes naturales, suyas o ajenas. Y asi, son tenidos y eslimados por cuerdos y sabios, como de verdad lo son todos aquellos que no hacen caso de estas cosas, sino de aquello de que gusta Dios.
6. De los dichos provechos se sigue el último, que es un generoso bien del alma, tan necesario para servir a Dios como es la libertad del espíritu, con que fácilmente se vencen las tentaciones y se pasan bien los trabajos, y crecen prósperamente las virtudes (4).
CAPITULO XXIV QUE TRATA DEL TERCER GENERO DE BIENES EN QUE PUEDE LA VO-LUNTAD PONER LA AFICION DEL GOZO, QUE SON LOS SENSUALES. —DICE CUALES SEAN Y DE CUANTOS GENEROS, Y COMO SE HA DE ENDEREZAR LA VOLUNTAD A DIOS PURGANDOSE DE ESTE GOZO.
1. Sigúese tratar del gozo acerca de los bienes sensuales (5), que es ei tercer género de bienes en que deciamos poder gozarse la voluntad. Y es de notar, que por bienes sensuales (6) entendemos aquí todo aquello que en esta vida puede caer 1 La e. p. suprime las palabras ni memoria.
2 Lo que resta de este párrafo, se omite en la e. p, pero no en la de 1630 3 Sap.. I. 5.
5 E. p.: sensibles.
6 La e. p., como en la nota anterior.
en el sentido de la vista, del oído, del olfato, gusto y tacto, y de la fábrica interior del discurso imaginario, que todo pertenece a los sentidos corporales, interiores y exteriores.
2. Y para oscurecer y purgar la voluntad del gozo acerca de estos objetos sensibles, encaminándola a Dios por ellos, es necesario presuponer una verdad, y es, que, como muchas veces habernos dicho, el sentido de la parte inferior del hombre, que es del que vamos tratando, no es ni puede ser capaz de conocer ni comprender a Dios como Dios es. De manera que ni el ojo le puede ver, ni cosa que se parezca a él; ni el oído puede oir su voz, ni sonido que se le parezca; ni el olfato puede oler olor tan suave, ni el gusto alcanza sabor tan subido y sabroso, ni el tacto puede sentir loque tan delicado y deleitable, ni cosa semejante; ni puede caer en pensamiento ni imaginación su forma, ni figura alguna que le represente, diciéndolo Isaías asi: Que ni ojo le vio, ni oído le oyó, ni cayó en corazón de hombre (1).
3. Y es aquí de notar, que los sentidos pueden recibir gusto y deleite, o de parte del espíritu mediante alguna comunicación que recibe de Dios interiormente, o de parte de las cosas exteriores comunicadas a los sentidos (2). Y según lo dicho, ni por vía del espíritu, ni por la del sentido puede conocer a Dios ia parte sensitiva. Porque no teniendo ella habilidad qu<? llegue a tanto, recibe lo espiritual (3) y sensitivo sensualmente, y no más. De donde, parar la voluntad en gozarse del gusto causado de alguna de estas aprehensiones, seria vanidad, por lo menos, e impedir la fuerza de la voluntad que no se emplease en Dios, poniendo su gozo sólo en él. Lo cual no puede ella hacer enteramente, si no es purgándose y oscureciéndose del gozo acerca de este género, como de lo demás.
4. Dije, con advertencia, que si parase el gozo en algo de lo dicho seria vanidad, porque cuando no para en eso, sino que luego que siente la voluntad el gusto de lo que oye, ve y trata, se levanta a gozar en Dios y le es motivo y fuerza para 2 Asi A, B y e. p. El C. de Ale. suprime aquí unas palabras.
3 La e. p.: recibe lo espiritual y intelectivo sensualmente.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXIV eso, muy bueno es; y entonces no sólo no se han de evitar las tales mociones cuando causan esta devoción y oración, ma--se pueden aprovechar de ollas, y aun deben, para tan santo ejercicio, porque hay almas que se mueven mucho en Dios por los objetos sensibles Pero ha de haber mucho recato en esto, mirando los efectos que de aiii sacan; porque, muchas veces, muchos espirituales usan de las dichas recreaciones de sentidos ton pretexto de oración y de darse a Dios; y es de manera, que mas se puede llamar recreación que oración, y darse gusto a si mismos más que a Dios Y aunque la intención que tienen (1) es para Dios, el efecto que sacan (2) es para la recreación sensitiva, en que sacan más flaqueza de imperfección, que avivar la voluntad y entregarla a Dios.
.r>. Por lo cual, qui<>ro poner aquí un documento con que se vea cuándo los dichos sabores de los sentidos hacen provecho y cuándo no Y es, que todas las veces que oyendo músicas u otras cosas y viendo cosas agradables (3), y oliendo suaves olores, o gustando algunos sabores y delicados toques, luego al primer movimiento se pone la noticia y afición de la voluntad en Dios, dándole más gusto aquella noticia que el motivo sensual que se la causa, y no gusta del tal motivo sino por eso; es señal que saca provecho de lo dicho, y que le ayuda lo tal sensitivo al espiritu; y en esta manera se puede usar, poique entonces sirven los sensibles para ei fin que Dios los crió y dió, que es para ser por ellos más amado y conocido. Y es aquí de saber, que aquel a quien estos sensibles hacen el puro efecto espiritual que digo, no por eso tiene apetito, ni se le da casi nada por ellos, aunque cuando se íe ofrecen le dan mucho gusto, por el gusto que tengo dicho que de Dios le causan; y así, no se solicita por ellos, y cuando se le ofrecen, como digo, luego pasa la voluntad de ellos, y los deja y se pone en Dios.
6. La causa de no dársele mucho de estos motivos, aunque le ayudan para ir a Dios, es porque, como el espíritu que tiene 2 Causan, dice la e. p.
esta prontitud de ir con todo y por todo a Dios, está tan cebado y prevenido y satisfecho con el espiritu de Dios, que no echa menos nada ni lo apetece; y si lo apetece para esto, luego se le pasa y se le olvida, y no hace caso. Pero el que no sintiere esta libertad de espíritu en las dichas cosas y gustos sensibles, sino que su voluntad se detiene en estos gustos y se ceba de ellos, daño le hacen y debe apartarse de usarlos. Porque aunque con la razón se quiera ayudar de ellos para ir a Dios, todavía, por cuanto el apetito gusta de ellos según lo sensual, y conforme al gusto siempre es el efecto, más cierto es hacerle estorbo que ayuda, y más daño que provecho. Y cuando viere que reina en sí el apetito ( 1 ) de las tales recreaciones, debe mortificarle; porque cuanto más fuerte fuere, tiene más de imperfección y flaqueza.
7. Debe, pues, el espiritual en cualquier gusto que de parte del sentido se le ofreciere, ahora sea acaso, ahora de intento, aprovecharse de él sólo para Dios, levantando a El el gozo del alma para que su gozo sea útil y provechoso (2) y perfecto, advirtiendo que todo gozo que no es en negación y aniquilación de otro cualquier gozo, aunque sea de cosa al parecer muy levantada, es vano y sin provecho, y estorba para la unión de la voluntad en Dios.
CAPITULO XXV QUE TRATA DE LOS DAÑOS QUE EL ALMA RECIBE EN QUERER PONER EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN LOS BIENES SENSUALES.
1. Cuanto a lo primero, si el alma no oscurece y apaga el gozo que de las cosas sensuales (3) le puede nacer, eriderezando a Dios el tal gozo, todos los daños generales que habernos dicho que nacen de otro cualquier género de gozo, se le siguen 2 Sólo el C. de Ale. añade: y provechoso.
3 Sensibles traslada la e p, asi en este caso, como en los que ocurre al Santo emplear la pabra sensuales.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXV . c éste que es de cosas sensuales, como son oscuridad en lo -azón, tibieza y tedio espiritual, etc Pero, en particular, muchos son los daños en que derechamente puede caer por este gozo, así espirituales, como corporales o sensuales.
2. Primeramente, del gozo de las cosas visibles, no negándole para ir a Dios, se le puede seguir derechamente vanidad de ánimo y distracción de la mente, codicia desordenada, deshonestidad, descompostura interior y exterior, impureza de pensamientos y envidia.
3. Del gozo en oir cosas inútiles, derechamente nace distracción de la imaginación, parlería, envidia, juicios inciertos y variedad de pensamientos, y de éstos otros muchos y perniciosos daños.
4. De gozarse en los olores suaves, le nace asco de los pobres, que es contra la doctrina de Cristo, enemistad a la servidumbre, poco rendimiento de corazón en las cosas humildes, e insensibilidad espiritual, por lo menos según la proporción de su apetito 5. Del gozo en el sabor de los manjares, derechamente nace gula y embriaguez, ira, discordia y falta de caridad con los prójimos y pobres, como tuvo con Lázaro aquel Epulón (1), que comia cada día espléndidamente (2). De ahi nace el destemple corporal, las enfermedades, nacen los malos movimientos, porque crecen los incentivos de la lujuria. Críase derechamente gran torpeza en el espíritu, y estrágase el apetito de las cosas espirituales, de manera que no pueda gustar de ellas, ni aun estar en ellas ni tratar de ellas. Nace también de este gozo distracción de los demás sentidos y del corazón, y descontento acerca de muchas cosas.
6. Del gozo acerca del tacto en cosas suaves, muchos más daños y más perniciosos nacen, y que más en breve asvierten el sentido al espíritu (3), y apagan su fuerza y vigor De aqui 1 E. p.: aquel rico comedor.
2 Luc. XVI, 19 i Asi tos Códice» La e p. y que más en breve diñan al espíritu.
nace el abominable vicio de las molicies o incentivos para ella, según la proporción del gozo de este genero. Criase la lujuria, hace el ánimo afeminado y tímido, y el sentido halagüeña y melifluo y dispuesto para pecar y hacer d.tíío Infunde vana aloyria y gozo en el corazón, y cria soltura de lengua y libertad de ojos, y a los demás sentidos embelesa y embota, según la ivmlidad del tal apetito (¡| Empacha el juicio, sustentándole en insipiencia y necedad espiritual, y moralmenle cria cobardía e inconstancia; y con 'aniebla en el ¡.Unid y flaqueza de corazón, hace temer aún donde no hay que temer. Cria este gozo espíritu de confusión algunas veces, e insensibilidad acerca de la conciencia y del espíritu; por cuanto debilita mucho la razón y la pone de suerte, que ni sepa tomar buen consejo ni darle, y queda incapaz para los bienes espirituales y morales, inútil como un vaso quebrado.
7. Todos estos daños se causan de este género de gozo, en unos más intensamente (2), según la intensión del tal gozo, y según también la facilidad o flaqueza o inconstancia del sujeto en que cae. Porque naturales hay que de pequeña ocasión recibirán más detrimento que otros de mucha.
8. Finalmente, de este género de gozo en el tacto se puede caer en tantos males y daños como habernos dicho acerca de los bienes naturales, que por estar allí ya dichos, aqui no los refiero, como tampoco digo otros muchos daños que hace, como son: mengua en los ejercicios espirituales y penitencia corporal, y tibieza e indevoción acerca del uso de los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía.
1 La e. p.: según el grado del tal apetito.
2 E. p.: en unos más, en otros menos, más o menos intensamente.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXVI CAPITULO XXVI DE LOS PROVECHOS OLE SE SIGUEN AL ALMA EN LA NEGACION DEL GOZO ACERCA DE LAS COSAS ^ENSIBLfcS, LOS CUALES SON ES-PIRITUALES Y TEMPORALES.
1. Admirables son los provechos que el alma saca de la negación de este gozo: de ellos, son espirituales, y de ellos, temporales.
2. El primero es, que recogiendo el alma su gozo de las cosas sensibles, se restaura acerca de la distraección en que por el demasiado ejercicio de los sentidos ha caído, recogiéndose en Dios; y consérvase el espíritu y virtudes que ha adquirido, y se aumentan y va ganando (1).
3. El segundo provecho espiritual que saca en no se querer gozar acerca de lo sensible, es excelente, conviene a saber que podemos decir con verdad que de sensual se hace espiritual, y de animal se hace racional; i\ aun que de hombre camina a porción angelical; y que de temporal y humano se hace divine y celestial. Porque así como el hombre que busca el gusto de las cosas sensuales y en ellas pone su gozo, no merece ni se le debe otro nombre que estos que habernos dicho, es a saber: sensual, animal, temporal, etc.; así, cuando levanta el gozo de estas cosas sensibles, merece todos éstos, conviene a saber: espiritual, celestial, etc.
4. Y que esto sea verdad, está claro; porque como quiera que el ejercicio de los sentidos y fuerza de la sensualidad contradiga, como dice el Apóstol, a la fuerza y ejercicio espiritual (2); de aquí es que, menguando y acabando las ñas de tas fuerzas, han de crecer y aumentar e las uf as fuerzas contrarias, por cuyo impedimento no cree an. Y así, feccionándose el espíritu, a porción perior alma que tiene respecto Asi el Códice de Alcaudete — A y B y de nuevo va ganando. La e d oraue estas palabras.
Gal.. V. 17.
SUBIDA DLL MONTE CARMELO y comunicación con Dios, merece todos los dichos atributos; pues que se perfecciona en bienes y dones de Dios espirituales y celestiales. V lo uno y lo otro se prueba por San Pablo, el cual al sensual, que es el que el ejercicio dé su voluntad sulu trae en lo sensible, le llama animal, que no percibe (1) las cosas de Dios, y a esotro que levanta a Dios la voluntad, llama espiritual, y que éste lo penetra y juzga todo hasta los profundos de L)\o* (2). Por tanto, tiene aquí el alma un admirable (3) provecho de una grande disposiciun para recibir bienes de Dios y dones espirituales.
5. Pero el tercer provecho es, que con grande exceso se le aumentan los gustos y el gozo de la voluntad temporalmente; pues, como dice el Salvador, en e^ia vida por uno le dan ciento (4). De manera que si un gozo niegas, ciento tanto te dará el Señor en est.i vida, espiritual y temporalmente; como también por un gozo que de esas cosas sensibles tengas, te nacerá ciento tanto de pesar y sinsabor. Porque de parte del ojo ya purgado en los gozos de ver, se le sigue al alma yozo espiritual, enderezado a Dios en todo cuanto ve, ahora sea divino, ahora profano (5) lo que ve De parle del oído purgado en el gozo de oir, se le sigue al alma ciento tanto de gozo muy espiritual, y enderezado a Dios en todo cuanto oye, ahora sea divino, ahora profano (6) lo que oye; y asi en los demás sentidos ya purgados. Porque asi como en el estado de la inocencia, a nuestros primeros padres todo cuanto veían y hablaban y comían en el Paraíso, les servia para mayor sabor de contemplación, por tener ellos bien sujeta y ordenada la parte sensitiva a le razón; así el que tiene el sentido purgado y sujeto al espíritu de todas las cosas sensibles, desde el primer movimiento sace deleite de sabrosa advertencia y contemplación de Dios.
1 A y B: que es el que no percibe.
2 1. ad Cor., II, 14.
i Admirable. Con las dos últimas silabas de esia palabra, se reanuda la copia del P Juan Evangelista, interrumpida durante algunas hojas, como se di)o en la pag. 297.
i Matth.. XIX, 29.
í> E. p.: humano.
6 Como la nota anterior LIBRO TERCERO. — CAP. XXVI 6. De donde al limpio torio lo alto y lo bajo le hace mas bien i) le sirve para mas limpieza; asi como el impuro, de lo uno y de lo otro, mediante su impureza, suele sacar mal Mas el que no vence el gozo del apetito, no gozará de serenidad de gozo ordinario en Dios por medio de sus criaturas y obras El que no vive ya según el senlido, todas las operaciones de sus sentidos y potencias son enderezadas a divina contemplo cion. Porque siendo verdad, en buena filosofía, que cada cosa, según el ser que tiene, o vida que vive, es su operación, si el alma vive vida espiritual, mortificada la animal ( 1 ), claro está que sin contradicción, siendo ya todas sus acciones y movimientos espirituales de vida espiritual, ha de ir con todo a Dios. De donde se sigue, que este tal, ya limpio de corazón, en todas las cosas halla noticia de Dios gozosa y gustosa, casta, pura, espiritual, alegre y amorosa.
7. De lo dicho, infiero la siguienle doctrina, y es, que hasta que el hombre venga a tener tan habituado el sentido en la purgación del gozo sonsih!i>, que de primer movimiento (2! saque el provecho que he dicho, de que le envíen l.is cosas luego a Dios, tiene necesidad de negar su gozo y gusto acerca de ellas para sacar de la vida sensitiva al alma; temiendo que, pues él no es espiritual, sacará, por ventura, del uso de estas cosas más jugo y fuerza para el sentido que para el espíritu, predominando en su operación la fuerza sensual, que hace más sensualidad, y la sustenta y cria. Porque, como Nuestro Salvador dice, lo que nace de carne, carne es; y lo que nace del espíritu, espíritu es (3). Y esto se mire mucho, porque es asi la verdad. V no se atreva el que no tiene aún mortificado el gusto en las cosas sensibles, n aprovecharse mucho de la fuerza y operación del sentido acerca de ellas, creyendo que le ayudan al espíritu; porque más crecerán las fuerzas del alma sin estas sensitivas, esto es, apagando el gozo y apetito de ellas, que usando de él en ellas.
1 La e. p.: según el ser que tiene es la vida que vive: rl que tiene ser espi'ttual. mortificada la vida animal.
2 E. p. suprime que de primer movimiento.
3 Joan.. III. 6.