SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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S. Pues los bienes de gloria que en la otra vida se siguen por el negamiento de este gozo, no hay necesidad de decirlo. Porque demás de que los dotes corporales de gloria, como son agilidad y claridad, serán mucho más excelentes que los de aquéllos que no se negaron; asi el aumento de la gloria esencial del alma que responde al amor de Dios, por quien negó las dichas cosas sensibles, por cada gozo que negó momeriiáneo y caduco, como dice San Pablo, inmenso peso de gloria obrará en él eternalmente (1). Y no quiero ahora referir aqui los demás provechos, así morales, como temporales, y también espirituales, que se siguen a esta noche de gozo; pues son todos los que en los demás quedan dichos, y con más eminente ser, por ser estos gozos que se niegan, más conjuntos al natural, y por eso adquiere éste tal más íntima pureza en la negación de ellos.

CAPITULO XXVII EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DEL CUARTO GENERO DE BIENES, QUE SON BIENES MORALES. — DICE CUALES SEAN, Y EN QUE MANERA SEA EN ELLOS LICITO EL GOZO DE LA VOLUNTAD.

1. El cuarto género en que se puede gozar la voluntad, son bienes morales. Por bienes morales entendemos aqui las virtudes y los hábitos de ellas en cuanto morales, y el ejercicio de cualquiera virtud, y el ejercicio de las obras de misericordia, la guarda de la ley de Dios, y la política (2), y todo ejercicio de buena índole e inclinación.

2. Y estos bienes morales, cuando se poseen y ejercitan, por ventura merecen más gozo de la voluntad que alguno de los otros tres géneros que quedan dichos. Porque por una de dos causas, o por entrambas juntas, se puede el hombre gozar 1 II. ad Cor., IV, 17.

2 A y B: plática. Emplea el Santo el vocablo política en la acepción de buen gobierno en la cosa pública y de la cortesanía y otras virtudes sociales, que los Santos han practicado con gusto exquisito, cuando no eran impedimento de otras mayores.

LIBRO TFFKFRO. —CAP. XXVU de su 5 cosas, conviene a saber: o por lo que ellas son ni si, o por el bien que importan y traen consigo, como medio e instrumento. Y asi, hallaremos que la posesión de los tres generos de bienes ya dichos, ningún gozo de la voluntad merecen Pues, como queda dicho, de suyo al hombre ningún bien le hacen ni le tienen en si, pues son tan caduco;, y deleznable., antes, como también dijimos, le engendran y acarrean pena, y dolor y aflicción de ánimo Que aunque algún gozo merezcan por la segunda causa, que es cuando el hombre de ellos se aprovecha para ir a Dios, es tan incierto esto, que, como vemos comúnmente, más se daña el hombre con ellos que se aprovecha Pero los bienes morales ya por la primera causa, que es por lo que en si son y valen, merecen algún gozo de su poseedor. Porque consigo traen paz y tranquilidad, y recto y ordenado uso de la razón y operaciones acordadas, que no puede el hombre humanamente en esta vida poseer cosa mejor.

3. Y asi, porque las virtudes por sí mismas merecen ser amadas y estimadas, hablando humanamente, bien se puede el hombre gozar de tenerlas en si, y ejercitarlas por lo que en si son, y por lo que de bien humana y temporalmente importan al hombre. Porque de esta manera, y por esto (I), los filósofos;¡ sabios y antiguos principes las estimaron y alabaron, y procu raron tener y ejercitar; y aunque genriles, y que solo ponían lo<-ojos en ellas temporalmente, por los bienes que temporal y corporal y naturalmente de ellas conocían seguírseles, no sólo alcanzaban por ellas los bienes y nombre temporalmente que pie tendían; sino, demás de esto, Dios, que ama todo lo bueno (aun en el bárbaro y gentil), y ninguna cosa impide buena (2) qu< no se haga, como dice el Sabio (5): les aumentaba la vida, honra, y señorío y paz, corno hizo en los romanos, porque usaban de justas leyes; que casi les sujetó todo el mundo, pagando temporalmente a los que eran por su infidelidad incapaces de premio eterno, las buenas costumbres. Porque ama Dios tanto es 1 La e. p. suprime y por esto.

2 E. p.: y ninguna cosa buena impide.

3 Sapient.. VII. 22.

tos bienes morales, que sólo porque Salomón le pulió sabiduría para ensefiar a su pueblo (1) y poderle gobernar justamente, inshuyéndole en buenas costumbres, se lo agradeció mucho el mismo Dios, y le dijo, que porque habia pedido sabiduría para aquel fin, que él se la daba, y más lo que no habia pedido, que eran riquezas y honra, de manera que ningún rey en los pasados ni en lo por venir fuese semejante a él (2).

4. Pero aunque en esta primera manera se deba gozai el cristiano sobre los bienes morales y buenas obras que temporalmente hace, por cuanto causan los bienes temporales que habernos dicho, no debe parar su gozo en es¡d primera manera (como habernos dicho de los gentiles, cuyos ojos del alma no transcendían más que lo de esta vida mortal); sino que, pues tiene lumbre de fe, en que espera vida eterna y que sin ésta todo lo de acá y lo de alia no le valdrá nada; sólo y principalmente debe gozarse en la posesión y ejercicio de estos bienes morales en la segunda manera, que es en cuanto haciendo las obras por amor de Dios le adquieren vida eterna Y asi, sólo debe poner los ojos y el gozo en servir y honrar a Dios con sus buenas costumbres y virtudes. Pues que sin este respecto no valen delante de Dios ngda las virtudes, como se ve en las diez vírgenes del Evangelio, que todas habian guardado virginidad y hecho buenas obras, y porque las cinco no habían puesto su gozo en la segunda manera, esto es, enderezándole en ellas a Dios; sino antes le pusieron vanamente en la primera manera, gozándose (5) en la posesión de ellas, fueron echadas (4) del cielo sin nungún agradecimiento ni galardón del Esposo. Y también muchos antiguos tuvieron muchas (5) virtudes c hicieron buenas obras, y muchos cristianos el dia de hoy las tienen (6) y obran grandes cosas, y no les aprovecharán nada para la vida eterna; porque no pretendieron en ellas la gloria y honra que es de solo Dios (7). Debe, pues, J El Códice de Ale. para mostrar los de su pueblo. Parece error de trascripción.

2 III Reg.. III. 11-13.

5 E. p.: algunas.

7 Y su amor sobre todo, añade la e. p.

LIBRO TERCERO. — CAP. XXVII gozarse el cristiano, fio en si hace buenas obras y sigue buenas costumbres, sino en si las hace por amor de Dios snlo, sin otro respeto alytino. Porque cuanto son para mayor premio de gloria hechas sólo para servir a Dios, tanto para mayor confusión suy;i será delante (Je Dios, cuanto más le hubieran movido otros respetos .5. Para enderezar, pues, el gozo a Dios en los bienes morales, ha de advertir el cristiano, que el valor de sus buenas obras, ayunos, limosnas, penitencias, etc., que no se funda tanto en la cuantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que él lleva en ellas; y que entonces van tanto más calificadas, cuanto con más puro y enfero amor de Dios van hechas, y menos el quiere interesar acá y allá ( 1 ) de ellas, de gozo, gusto, consuelo y alabanza. Y por eso, ni ha de asentar el corazón en el gusto, consuelo y sabor y los demás intereses que suelen traer consigo los buenos ejercicios y obras, sino recoger el gozo a Dios, deseando servirle con ellas, y purgándose y quedándose a oscuras de este gozo, querer que solo Dios sea el que se goce de ellas, y guste de ellas en escondido, sin ningún otro respeto y jugo que honra y gloria de Dios Y asi recogerá en Dios toda la fuerza de la voluntad acerca de estos bienes morales.

CAPITULO XXVIII PE SIETE DAÑOS EN QUE SE PUEDE CAER PONIENDO EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN LOS BIENES MORALES.

1. Los daños principales en que puede el hombre caer por el gozo vano de sus buenas obras y costumbres, hallo que son siete, y muy perniciosos, porque son espirituales (2).

2. El primer daño es vanidad, soberbia, vanagloria y presunción; porque gozarse de sus obras, no puede ser sin estimar- 2 Loa cuales referiré aquí brevemente, añaden A, B y e. p.

las. Y de ahi nace la jactancia y lo demás, 'omo s(? o!icp del Fariseo en el Evangelio, que oraba y se congraciaba con Dios (1) con jactancia de que ayunaba;i hacía otr;is buenas obras .3. El segundo daño comúnmente va encadenado de éste, y es, que juzga a los demás por malos e imperfectos compara -tivnmcnie. pareciéndole que no hacen ni <V">ran Inn bien com<> el, estimándolos en menos en su corazón, y a veces por la palabra. Y este daño también le tenia el Fariseo, pues en su oración decía: Gracias te bago que (2) no soy como los demás hombres: robadores, injustos y adúlteros (3). De manera que en un solo acto caia en estos dos daños, estimándose a si y despreciando a los demás, como el día de hoy hacen muchos, que dicen: No soy yo corno fulano, ni obro esto ni aquello, como este o el otro. Y aún son peores que el Fariseo muchos de éstos, porque él no solamente despreció a los demás, sino también señaló parle, diciendo: Ni soy como este Publicano. Mas ellos, no se contentando con eso ni con esotro, llegan a enojarse y a envidiar, cuando ven que otros son alabados, o que hacen, o valen más que ellos.

4. El tercer daño es, que como en las obras miran al gusto, comúnmente no las hacen sino cuando ven que de ellas se les ha de seguir algún gusto y alabanza. Y asi, como dice Cristo, todo lo hacen. Ut videantur ab hominibus y no obran sólo por amor de Dios (5).

5. El cuarto daño se sigue de éste, y es que no hallaran galardón en Dios, habiéndole ellos querido hallar en esta vida de gozo o consuelo, o interés de honra o de otra manera en sus obras; en lo cual dice el Salvador, que en aquello recibieron la paga (6). Y asi, se quedaron (7) sólo con el trabajo de la obra y confusos sin galardón. Hay tanta miseria 1 Luc. XVIII. 12 2 La e. p. omite. Gracias le hago que.

3 Luc. XVIII. II.

4 Matth.. XXIII. 5.

6 Matth., VI, 2.

LIBRO TF.RCCRO — CAP. XXVII] acerca de este daño en los hijos de los hombres, que tenqo para nii, que las má^ de las obras que hacen publicas, o son viciosas, o no les valdrán nada, o son imperfectas ( I ) dolante de Dios, por no ir ellos desasido^ de estos interese^ i| respetos humanos. Porque, ¿que otra cosa se puede juzqar de alqnnas obras y memorias que algunos hacen e instituyen, cuando no las quieren hacer sin que vayan envueltas en honras y respetos humanos de la vanidad de la vida, o perpetuando en ellas su nombre, linaje o señoríos, hasta poner de esto sus señales y blasones (2) en los templos, como si ellos se quisiesen poner allí en lugar de imagen, donde todos hincan la rodilla; en las cuales obras de algunos se puede decir que se adoran (3) a si más que a Dios? Lo cual es verdad, si por aquello las hicieron, y sin ello no las hicieran (4). Pero dejados estos, que son de los peores, ¿cuántos hay que de muchas maneras caen en este daño de sus obras? De los cuales, unos quieren que se las alaben, otros que se las agradezcan, otros las cuentan y gustan que lo sepa fulano y zutano, y aun todo el mundo; y, a veces, quieren que pase la limosna o lo que hacen, por terceros, porque se sepa más; otros quieren lo uno y lo otro. Lo cual es el tañer de la trompeta, que dice el Salvador en el Evangelio que hacen los vanos, que por eso no habrán de sus obras galardón de Dios (5).

6. Deben, pues, éstos, para huir este daño, esconder la obra, que sólo Dios la vea, no queriendo que nadie haga caso. Y no sólo la ha de esconder de los demás, mas aún de si mismo. Esto es: que ni él se quiera complacer en ella, estimándola como si fuese algo, ni sacar gusto de toda ella; como espiritualmente se entiende aquello que dice Nuestro Señor: No sepa tu 3 E. p.: estiman.

i Suprime Ui c. p. lo cual es verdad, si por aquello las hiciéívn. y sin ello no las hicieran.

5 Matth., V!. 2.

siniestra lo que hace tu diestra (1). Que es como decir: no estimes con el ojo temporal y carnal la obra que haces espiritual. Y de esta manera se recoge la fuerza de la voluntad en Dios, y lleva fruto delante de él la obra; de donde no sólo no la perderá, sino que será de grande mérito. Y a este propósito (2) se entiende aquella sentencia de Job: Si yo besé mi mano con mi boca, que es iniquidad y pecado grande, y se gozó en escondido mi corazón (3); porque aquí, por la mano, entiende la obra, y por la boca entiende la voluntad que se complace en ella. Y porque es, como decimos, complacencia en si mismo, dice: Si se alegró en escondido mi corazón, lo cual es grande iniquidad y negación contra Dios. Y es como si dijera: que ni tuvo complacencia, ni se alegró su corazón en escondido (4).

7. El quinto daño de estos tales es, que no van adelante en el camino de perfección. Porque estando ellos asidos al gusto y consuelo en el obrar, cuando en sus obras y ejercicios no hallan gusto y consuelo, que es ordinariamente cuando Dios los quiere llevar adelante, dándoles el pan duro que es el de los perfectos, y quitándoles de la leche de niños, probándolos las fuerzas, y purgándolos el apetito tierno para que puedan gustar el manjar de grandes, ellos comúnmente desmayan y pierden la perseverancia, de que no hallan él dicho sabor en sus obras. Acerca de lo cual se entiende espiritualmente aquello que dice el sabio, y es: las moscas que se mueren, pierden la suavidad del ungüento (5); porque cuando se les ofrece a éstos alguna mortificación, mueren a sus buenas obras, dejándolas de hacer, y pierden la perseverancia, en que está la suavidad del espíritu y consuelo interior.

1 Matth.. VI. 3.

2 Asi el C. de Alcaudete. — A. B y e. p.: donde no sólo la perderá, más machas veces, por su jactancia y vanidad interior pecará mucho delante de Dios.

3 Job. XXXI, 26-28.

4 Asi el C. de Ale— A y B. Porque dándose a si y atribuyéndose aquella obra, es negarla a Dios, cuya es toda buena obra; a ejemplo de Lucifer, que en il mismo se gozó, negando a Dios lo que era suyo, alzándose con ello, que fué causa de su perdición. La e. p. trae estas lineas casi igual a A y B.

5 Ecdes.. X. 1.

LIBRO TERCERO. — CAP. XXVIII 8. El sexto daño de éstos es, que comunmente se engañan teniendo por mejores las cosas y obras de que ellos gustan, que aquéllas de que no gustan; y alaban y estiman las una*, ij desestiman las otras (1), como quiera que comunmenlc aquellas obras en que de suyo el hombre más se mortifica (mayormente cuando no está aprovechado en la perfección) sean más aceptas y preciosas delante de Dios, por causa de la negaciun que el hombre en ellas lleva de si misino, que aquéllas en que él halla su consuelo, en que muy fácilmente se puede buscar a si mismo Y a este propósito dice Miqueas de éstos: Mulam munuum suuriim diriint bonutn (2). Esto es: Lo que de sus obras es malo, dicen ellos que es bueno; lo cual les nace de poner ellos el gusto en sus obras, y no en sólo dar gusto a Dios •Y cuanto reine este daño, asi en los espirituales, como en los nombres comunes, sería prolijo de contar, pues que apenas hallarán uno que puramente se mueva a obrar por Dio* sin arrimo de algún inlerés de conduelo o gusto, u o1n> re>petu.

9, El séptimo daño es, que en cuanto el hombre no apaya el gozo vano en las obras morales, está más incapaz para recibir consejo y enseñanza razonable acerca de las obras que debe hacer. Porque el hábito de flaqueza que tiene acerca del obrar con la propiedad del vano gozo le encadena: o para que no tenga el consejo ajeno por mejor, o para que, aunque le tenga por tal, no le quiera seguir, no teniendo en si ánimo para ello Estos aflojan mucho en la caridad para con Dios y el prójimo; porque el amor propio que acerca de sus obras tienen, les hace resfriar la ceridad.

1 Así el C. de Ale — A y B y aprenden y desprecien /a» otras. La e p y re prueban y desprecian las otras 2 Mich.. Vil. 3.

CAPITULO XXIX [)B LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN AL ALMA DE APARTAR EL ÜOZO l>E LOS BIENES MORALES.

1. Muy grandes son los provechos que se siguen al alma en no querer aplicar vanamente el gozo de la voluntad a este genero de bienes. Porque, cuanto a lo primero, se libra de caer en muchas tentaciones y engaños del demonio, los cuales están encubiertos en el gozo de las tales buenas obras, como lo podemos entender por aquello que se dice en Job, es a saber: Debajo de la sombra duerme, en lo secreto de la pluma ( 1 ), y en los lugares húmedos (2). Lo cual dice por el demonio (3), porque en la humedad del gozo y en lo vano de la pluma (4) (esto es, de la obra vana) engaña al alma Y enganarse por el demonio en este gozo escondidamente, no es maravilla; porque sin esperar a su sugestión, el mismo gozo vano se es el mismo engaño; mayormente, cuando hay alguna jactancia de ellas en el corazón, según lo dice bien Jeremías diciendo: Arrogantia tua decepii te (5). Porque, ¿qué mayor engaño que la jactancia? Y de esto se libra el alma purgándose de este gozo.

2. El segundo provecho es, que hace las obras más acordada y cabalmente; a lo cual, si hay pasión de gozo y gusto en ellas, no se da lugar; porque por medio de esta pasión del gozo, la irascible y concupiscible andan tan sobradas, que no dan lugar al peso de la razón, sino que ordinariamente anda variando en las obras y propósitos, dejando unas y tomando otras, comenzando y dejando sin acabar nada. Porque como obra por 1 La e. p.: caña.

2 Job, XL, 16.

3 Algunos Códices saltan de esta palabra a otra igual que venía un poco raá» abajo, suprimiendo las (rases intermedias, que se leen en odas las ciones.

4 Como nota primera.

L1X, 6. guno de trae ¡a versión de este texto. La e uce u LIBRO TERCERO CAP. XXIX el gusto, y éste es variable, y en unos naturales mucho mas que en otros, acabándose éste, es acabado el obrar y el proposito, aunque sea cosa importante De éstos, el gozo de su obra es el anima y fuerza de ella, apagado (1) el gozo, muere y aeaba la obra, y no perseveran Porque de éstos son de quien dijo Cristo que reciben la palabra con gozo, y luego se la quita « I demonio, porque no perseveren (2) V es porque no leniau mas iuerza y raices que el dicho gozo. Quitarles, y aparlarles, pues, la voluntad de este gozo, es causa de perseverancia y de acertar (3) Y así, es grande este provecho, como también es grande el daño contrario El sabio pone sus ojos en la sustancia y provecho de la obra, no en el sabor y placer de ella; y asi, no echa lances al aire, y saca de la obra gozo estable, sin tributo de sinsabor (4).

3. El tercero es divino provecho, y es que, apagando el gozo vano en estas obras, se hace pobre de espíritu, que es una de las bienaventuranzas que dice el Hijo de Dios, diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reine» de los cielos (5).

4. El cuarto provecho es, que el que negare este gozo, será en el obrar manso, humilde y prudente. Porque no obrará impetuosa y aceleradamente, empujado (6) por la concupiscible e irascible del gozo, ni presuntuosamente, afectado por la estimación que tiene de su obra, mediante el gozo de ella, ni incautamente, cegado por el gozo (7).

5. El quinto provecho es, que se hace agradable a Dios y a los hombres y se libra de la avaricia, y gula y acedía espiritual, y de la envidia espiritual, y de otros mil vicios.

2 Luc, VIH, 12.

3 E. p.: Quitar, pues, y apartar la voluntad de este gozo, es excelente disposición para perseverar y acertar.

1 E. p.: sin pedir el tributo de los sabores.

5 Matth., V. 3.

6 E. p.: llevado.

7 Faltan en el C. de Ale. las palabras guíeme* que se W-en en A. B y e. p ni incautamente, cegados por el gozo.

CAPITULO XXX EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DEL QUINTO GENERO DE BIENES EN QUE SE PUEDE GOZAR LA VOLUNTAD, QUE SON SOBRENATURALES - DICE CUALES SEAN Y COMO SE DISTINGUEN DE l.OS ESPIRITUALES, Y COMO SE HA DE ENDEREZAR EL GOZO DE ELLOS A DIOS.

1. Ahora conviene tratar del quinto género de bienes en que el alma puede gozarse, que son sobrenaturales. Por los cuales entendemos aquí todos los dones y gracias dados de Dios, que exceden la facultad g virtud natural, que se llaman grath datas, como son los dGnes de sabiduría y ciencia que dió a Salomón; y las gracias que dice San Pablo (1), conviene a saber: fe, gracia de sanidades, operación de milagros, profecía, conocimiento y discreción de espíritus, declaración de las palabras y también don de lenguas.

2. Los cuales bienes, aunque es verdad que también son espirituales, como los del mismo género que habernos de tratar luego; todavía, porque hay mucha diferencia entre ellos, he querido hacer de ellos distinción. Porque el ejercicio de éstos tiene inmediato respecto al provecho de los hombres, y para ese provecho y fin los da Dios, como dice San Pablo (2): Que a ninguno se da el espíritu, sino para provecho de los demás; lo cual se entiende de estas gracias. Mas los espirituales, su ejercicio y trato es sólo del alma a Dios, y de Dios al alma, en comunicación de entendimiento y voluntad, etc., como diremos después. Y así, hay diferencia en el objeto; pues que de los espirituales sólo es el Criador y el alma; mas de los sobrenaturales es la criatura (3) y también difieren en la sustancia, y por consiguiente en la operación, y asi también necesariamente en la doctrina.

1 1. ad Cor., XII. 9-10.

2 Ibid., v. 7.

3 Asi los Códices. La e. p. dice: "Y asi, hay diferencia en el objeto: pues que c- espirituales ion entre Dios v ei alma. is las otras sobrenaturales que declamos, se ordenan a otras criaturas para el provecho de ellas.

LIBRO TKRChHO. — CAP. XXX 3. Pero hablando ahora de los dones y gracias sobrenaturales corno aquí las entendemos, digo que para purgar el gozo vano en ellas, conviene aquí notar dos provechos que hay en este género de bienes, conviene a saber: temporal y espiritual. El temporal es la sanidad de las enfermedades, recibir vista los ciegos, resuciiar los muertos, lanzar los demonios, profetizar lo porvenir para que miren por si, y los demás a este talle. El espiritual provecho y eterno es ser Dios conocido y servido por estas obras por el que las obra, o por los en quien y delante de quien se obran.

4. Cuanto al primer provecho, que es temporal, las obras y milagros sobrenaturales poco o ningún gozo del alma merecen; porque, excluido el segundo provecho, poco o nada le importan al hombre, pues de suyo no son medio para unir al alma con Dios, sino es la caridad. Y estas obras y gracias sobrenaturales, sin estar en gracia y caridad, se pueden ejercitar, ahora dandi i Dios los dones y gracias verdaderamente, como hizo al inicuo profeta Balaán y a Salomón, ahora obrándolas falsamente por vía del demonio, como Simón Mago, o por otros secretos de naturaleza. Las cuales obras y maravillas, si algunas habian de ser al que las obra de algún provecho, eran las verdaderas que son liadas de Dios. Y éstas, sin el segundo provecho, ya enseña San Pablo lo que valen (1), diciendo: Si hablare con lenguas d^ hombres y de ángeles, y no tuviere caridad, hecho soy como el metal o la campana que suena Y si tuviere profecía y conociere todos los misterios y toda ciencia; y si tuviere toda la fe, tanto que traspase los montes, y no tuviere caridad, nada soy, etc. (2). De donde Cristo dirá a muchos que habrán estimado sus obras en esta manera, cuando por ellas le pidieren la gloria (3): Señor, ¿no profetizamos en tu nombre e hicimos muchos milagros? Les dirá: Apartaos de mí, obradores de maldad ('i).

1 A y li soíi.

2 1. aJ Cor., XIII. 12.

5. Debe, pues, el hombre gozarse, no en si tiene las tales gracias y las ejercita; sino en si el segundo fruto espiritual saca de ellas, es a saber: sirviendo a Dios en ellas con verdadera caridad, en que está el fruto de la vida eterna. Que por esu reprendió Nuestro Salvador a los discípulos, que se venían gozando porque lanzaban los demonios, diciendo: En esto no os queráis gozar porque los demonios se os sujetan, sino porque vuestros nombres están escritos en el libro de la vida (1). Que, en buena teología, es como decir: Gózaos si están escritos vuestros nombres en el libro de la vida. Donde se entiende que no se debe el hombre gozar sino en ir camino de ella, que es hacer las obras en caridad; porque ¿qué aprovecha y qué vale delante de Dios lo que no es amor de Dios? El cual no es perfecto si no es fuerte y discreto en purgar el gozo de todas las cosas, poniéndole sólo en hacer la voluntad de Dios. Y de esta manera se une la voluntad con Dios por estos bienes sobrenaturales.

CAPITULO XXXI DE LOS DANOS QUE SE SIGUEN AL ALMA DE PONER EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN ESTE GENERO DE BIENES.

1. Tres daños principales me parece que se pueden seguir al alma (2), de poner el gozo en los bienes sobrenaturales, conviene a saber: engañar y ser engañada, detrimento en el alma acerca de la fe, vanagloria o alguna vanidad.

2. Cuanto a lo primero, es cosa muy fácil engañar a los demás y engañarse a sí mismo, gozándose en esta manera de obras. Y la razón es, porque para conocer estas obras cuáles sean falsas y cuáles verdaderas, y cómo y a qué tiempo se han de ejercitar, es menester mucho aviso y mucha luz de Dios, y lo uno y lo otro impide mucho el gozo y la estimación de es- 1 Luc. X, 20.

2 La e. p.: al hombre.

LIBRO TERCERO —CAP. XXXI tas obras. Y esto por dos cosas: lo uno, porque el gozo embota y oscurece el juicio; lo otro, porque con el gozo de aquello, no sólo se codicia el hombre a quererlo más presto; mas aún es mas empujado (1) a que se obre sin tiempo. Y dado caso que las virtudes y obras que se ejercitan sean verdaderas, bastan estos dos defectos pata engañarse muchas veces en ellas, o no entendiéndolas como se han de entender, o no aprovechándose, de ellas y usándolas como y cuando es más conveniente. Porque, aunque es verdad que cuando da Dios estos dones y gracias, les da la luz de ellas, y el movimiento de cómo y cuándo se han de ejercitar; todavía ellos, por la propiedad e imperfección que pueden tener acerca de ellas, pueden errar mucho, no usando de ellas con la perfección que Dios quiere, y cómo y cuándo el quiere. Como se lee que queria hacer Balaán, cuando contra la voluntad de Dios se determinó de ir (2) a maldecir al pueblo de Israel; por lo cual, enojándose Dios, le quería malar (3). Y Santiago y San Juan (4), querían hacer bajar fuego del cielo sobre los samaritanos porque no daban posada a Nuestro Salvador, a los cuales él reprendió por ello (5).

3. Donde se ve claro cómo a éstos (6) les hacia determinar a hacer estas obras alguna pasión de imperfección, envuelta en gozo y estimación de ellas, cuando no convenia. Porque cuando no hay semejante imperfección, solamente se mueven y determinan a obrar estas virtudes cuando y como Dios les mueve a ello, y hasta entonces no conviene. Que por eso se quejaba Dios de ciertos profetas por Jeremías, diciendo: No enviaba yo a los profetas, y ellos corrían; no los hablaba yo, y ellos profetizaban (7). Y adelante dice: Engañaron a mi pueblo con su mentira y con sus milagros, como yo no se lo hubiese mandado, 1 E. p.: indinado.

3 Núm.. XXII. 22-23 4 Llevados del celo, añade aquí la e. p.

5 Luc. IX. 54-55 6 La e. p. añade: imperfectos de que vamos hablando.

7 Jerem.. XXIII. 21 ni cnviádolos (1). Y allí también dice de ellos: Que ven las visiones de su corazón, y que ésas dicen (2), lo cual no pasara así, si ellos no tuvieran esta abominable propiedad en estas obras.

4. De donde por estas autoridades se da a entender, qur> el daño de este gozo, no solamente llega a usar inicua y perversamente de estas gracias que da Dios, como Balaán y los que aquí dice que hacían milagros con que engañaban al pueblo; más aún hasta.usarlas sin habérselas Dios dado, como éstos, que profetizaban sus antojos y publicaban las visiones que ellos componían, o las que el demonio les representaba. Porque, como el demonio los ve aficionados a estas cosas, dales en esto largo campo y mucha materia, entrometiéndose de muchas maneras, y con esto tienden ellos las velas, y cobran desvergonzada osadía, alargándose en estas prodigiosas obras.

5. Y no para sólo en esto, sino que a tanto hace llegar el gozo de estas obras y la codicia de ellas, que hace que si los tales tenían antes pacto oculto con el demonio (porque muchos de éstos por este oculto pacto obran estas cosas), ya vengan a atreverse a hacer con él pacto expreso y manifiesto, sujetándose, por concierto, por discípulos del demonio y allegados suyos. De aquí salen los hechiceros, los encantadores, los mágicos, ariolos y brujos. Y a tanto mal llega el gozo de éstos sobre estas obras, que no sólo quieren comprar los dones y gracias por dinero, como quería Simón Mago, para servir al demonio; pero aun procuran haber las cosas sagradas, y aun lo que no se puede decir sin temblar, las divinas (3), como ya se ha visto haber sido usurpado el tremendo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo para uso de sus maldades y abominaciones. Alargue y muestre Dios aquí su misericordia grande.

6. Y cuán perniciosos sean éstos para sí y perjudiciales 1 Jcrem., XXIII, 32.

2 Ibid., 26.

3 Lo restante, hasta el punto, se suprime en la e. p.

lii;no tkwceho. cap. xxxi 32/3 p.-irii la Cristiandad (1), cada uno!o podra bien el a minen te entender. Donde es de notar, que todos aquellos magos y ario-Ios que habia entre los hijos de Israel, a los cuales Saúl destruyo de la tierra, por querer imitar a los verdaderos profetas de Dios, habian dado en tantas abominaciones y engaños.

7. Debe, pues, el que tuviere la gracia y don sobrenatural, apartar la codicia y el gozo del ejercicio de él, descuidando en obrarle (2); porque Dios que se le da sobreriaturalmente (3) para utilidad de su Iglesia o de sus miembros, le moverá también sobrenaturalmente ('!), como y cuando le debe ejercitar. Que pues mandaba a sus fieles (5) que no tuviesen cuidado de lo que habian de hablar, ni cómo lo habían de hablar, porque era negocio sobrenatural de fe, también querrá (que pues el negocio de estas obras no es menos) se aguarde el hombre a que Dios sea el obrero, moviendo el corazón, pues en su virtud se ha de obrar toda virtud. Que por eso los discípulos en los Actos de los Apóstoles, aunque les habia infundido estas gracias y dones, hicieron oración a Dios, rogándole que fuese servido de extender su mano en hacer señales y obrar sanidades por ellos, para introducir en los corazones la fe de Nuestro Señor Jesucristo (6).

8. El segundo daño puede venir de este primero, que es detrimento acerca de la fe, el cual puede ser en dos maneras La primera acerca de los otros; porque poniéndose a hacer la maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con ella, y engendrar en los corazones menos crédito y desprecio de la fe; porque, aunque algunas veces salgan con ello por quererlo Dios por otras causas y respetos, como la hechicera de Saúl (7), (si es verdad que era Samuel el que apareció allí ),