SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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Y por David dice el Espíritu Santo: Al pecador, dijo Dios: ¿Por qué platicas tú mis justicias y tomas mi ley en tu boca, y tú has aborrecido la disciplina, y echado mis palabras a las espaldas (6). En lo cual se da a entender que tampoco les dará espíritu para que hagan fruto.

1 Ps. LXVH. 34.

2 El copista del C. de Alba deja aquí un pequeño espacio en blanco (sin duda porque no entendió la palabra del oriyinal), para llenarlo lueyo, aunque no realizó su propósito. La e. p. dice: aquellos sirte hijos de Escebas.

3 Act. XIX, 15.

4 Marc, IX. 38.

5 Rom.. II, 21.

6 P». XLIX, 16-17.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLV 4. Que comúnmente vemos que, cuanto acá podemos juzgar, cuanto el predicador es de mejor vida, mayor es el fruto que hace, por bajo que sea su estilo, y poca su retórica, y su doctrina común. Porque del espíritu vivo se pega el calor; pero el otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo y doctrina. Porque aunque es verdad que el buen estilo y acciones y subida doctrina y buen lenguaje mueven y hacen más efecto acompañado de buen espíritu; pero, sin él, aunque da sabor y gusto el sermón (1) al sentido y al entendimiento, muy poco o nada de jugo pega a la voluntad. Porque comúnmente se queda tan floja y remisa como antes para obrar, aunque haya dicho maravillosas cosas maravillosamente dichas, que sólo sirven para deleitar el oido, como una música concertada o sonido de campanas; mas el espíritu, como digo, no sale de sus quicios más que antes, no teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepultura.

5. Poco importa oír una música sonar mejor que otra, si no me mueve más ésta que aquélla a hacer obras. Porque aunque hayan dicho maravillas, luego se olvidan, como no pegaron fuego en la voluntad. Porque, demás de que de suyo no hace mucho fruto, aquella presa que hace el sentido en el gusto de la tal doctrina, impide que no pase al espíritu, quedándose sólo en estimación del modo y accidentes con que va dicha, alabando al predicador en esto o aquello, y siguiéndole por eso más que por la enmienda que de ahí se saca. Esta doctrina da muy bien a entender San Pablo a los de Corinto, diciendo: Yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine predicando a Cristo con alteza de doctrina y sabiduría; y mis palabras y mi predicación no eran en retórica de humana sabiduría, sino en manifestación del espíritu y de la verdad (2).

1 Sólo en el C. de Ale. se leen las palabras el sermón.

2 I ad Cor., II, 1-4. B y e. p.: virtud, más conforme al texto de la Escritura.

6. Que aunque (1) la intención del Apóstol y la mía aquí no es condenar el buen estilo y retórica y buen término, porque antes hace mucho al caso al predicador, como también a todos los negocios; pues el buen término y estilo, aun las cosas caídas y estragadas levanta y reedifica, así como el mal término a las buenas estraga y pierde...(2).

2 La e. p. puso aquí: Fin de la "Subida del Monte Carmelo." Asi de incomple-. to queda el presente tratado. Deja sin terminar la materia pertinente a los predicadores, y nada se conserva de lo que indica en el principio de este capítulo referente a los oyentes. Además, el capitulo XXXV, al reducir a cuatro géneros todos los bienes que pueden dar gozo a la voluntad, los dividió, como ya vimos, en motivos, provocativos, directivos y perfectivos. De estos últimos, no conocemos una sola linea, porque todos los códices y ediciones antiguas terminan en esta frase.

Los fragmentos que el P. Gerardo añadió a la Subida, formando dos capítulos, no pueden considerarse como continuación de éste. No loes ciertamente, sino una extensa y admirable carta dirigida a un religioso, hijo espiritual suyo, que copió íntegra el P. Jerónimo de San José— lo propio practicó con otras muchas del Santo— en su conocida Historia del Doctor místico, libro VI, cap. VII, n. 2. Los fragmentos de ella, que se transcribieron en el Códice de Duruelo, en el de Pamplona y otros, se pusieron seguramente a continuación de la Subida por la analogía que la carta tiene con algunos de los capítulos de este cratado. Es cuestión que no ofrece duda. La fidelidad con que el P. Jerónimo copia las cartas del Santo (el cotejo con el autógrafo que de algunas de ellas se conserva da testimonio de esta virtud), es la mejor garantía de que también fué fiel en la reproducción de la presente; y seria imperdonable temeridad sospechar siquiera que amañó una epístola sanjuanista de capítulos de sus tratados. ¿Para qué? La carta, como veremos en el último tomo, está escrita en Segovia, y lleva fecha de día, mes y año. No sé cómo el P. Gerardo pudo obcecarse en cosa tan clara, que luego ha dado ocasión a muchas suposiciones disparatadas respecto del texto de la Subida.

Declaración de las canciones del modo que tiene el alma en el camino espiritual para llegar a la perfecta unión de amor con Dios, cual se puede en esta vida. D ícense también las propiedades (2) que tiene en sí el que ha llegado a la dicha perfección, según en las mismas canciones se contiene (3).

PROLOGO (4).

En este libro se ponen primero todas las canciones que se han de declarar; después se declara cada canción de por sí, poniendo cada una de ellas antes de su declaración, y luego se va declarando cada verso de por sí, poniéndole también al principio. En las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales: de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual. En las otras seis se declaran varios y admirables efectos de la iluminación espiritual y unión de amor con Dios (5).

1 Este titulo falta en todos los manuscritos que copian este tratado, menos en el 12.658 y en el de los Carmelitas de Toledo. — Para las abreviaturas véase lo dicho en el tomo I, pág. 306.

2 Prosperidades, traslada C equivocadamente.

3 Tampoco hay unanimidad en este subtítulo. Se lee en M, Mtr., G y C. Generalmente añaden a lo impreso: por el padre fray Juan de la Cruz, carmelita descalzo, u otra cosa equivalente. Titulo y subtítulo se leen en la e. p.

■4 Acerca de esta palabra también hay discrepancia en los Códices. Asi la trae el de las Descalzas de Toledo y G.— Bz.. Proemio. Argumento traslada la e. p. 5 Vale, añade aquí H.

CANCIONES DEL ALMA 1. — En una noche oscura Con ansias en amores inflamada, ¡Oh dichosa ventura! Salí sin ser notada, Estando ya mi casa sosegada.

Por la secreta escala disfrazada, i Oh dichosa ventura! A oscuras, y en celada, Estando ya mi casa sosegada.

3. — En la noche dichosa En secreto, que nadie me veía, Ni yo miraba cosa, Sin otra luz y guía, Sino la que en el corazón ardía.

4. — Aquesta me guiaba JWás cierto que la luz del mediodía, A donde me esperaba, Quien yo bien me sabía, En parte donde nadie parecía.

5. — Oh noche que guiaste, Oh noche amable más que la alborada: Oh noche que juntaste Amado con amada, Amada en el Amado transformada!

6. — En mi pecho florido, Que entero para él sólo se guardaba, Allí quedó dormido, Y yo le regalaba, Y el ventalle de cedros aire daba.

7. — El aire de la almena, Cuando yo sus cabellos esparcía, Con su mano serena PROLOGO En mi cuello heria, Y todos mis sentidos suspendía. 8. — Quédeme, y olvídeme, El rostro recliné sobre el Amado, Cesó todo, y déjeme, Dejando mi cuidado, Entre las azucenas olvidado.

COMIENZA LA DECLARACION DE LAS CANCIONES OUE TRATAN DEL MODO Y MANERA QUE TIENE EL ALMA EN EL CAMINO DE LA UNION DEL AMOR CON DIOS (1).

Antes que entremos en la declaración de estas canciones, conviene saber aquí que el alma las dice estando ya en la perfección, que es la unión de amor con Dios, habiendo ya pasado por los estrechos trabajos y aprietos, medíante el ejercicio espiritual del camino estrecho de la vida eterna que dice Nuestro Salvador en el Evangelio, por el cual camino ordinariamente pasa el alma para llegar a esta alta y dichosa unión con Dios (2). El cual, por ser tan estrecho y por ser tan pocos los que entran por él (como también dice el mismo Señor) (3), tiene el alma por gran dicha y ventura haber pasado por él a la dicha perfección de amor, como ella lo canta en esta primera canción (4), llamando noche oscura con harta propiedad a este camino estrecho, como se declarará adelante en los versos de la dicha canción. Dice, pues, el alma, gozosa de haber pasado por este angosto camino de donde tanto bien se le siguió, en esta manera.

1 Así H, M y otros. Algunos (H entre ellos), añaden el nombre del autor. Otros suprimen el titulo. A y B ponen éste: Libre quinto de la Noche Oscura, y por aqui comienzan el tratado. La e. p.: Declaración del intento de las Canciones.

2 Así los Códices. M. y la e. p. traen asi esta frase: por el cual ordinariamente pasa el alma para llegar a esta alta y divina unión con Dios.

3 Math., VII. 14.

4 Bz: como ella lo cuenta en esta canción.

LIBRO PRIMERO Cn que se trata de la noche del sentido (/).

CANCION PRIMERA En una noche oscura Con ansias cn amores inflamada, ¡Oh dichosa ventura! Salí sin ser notada, Estando ya mi casa sosegada.

DECLARACION 1 Cuenta el ahna en esta primera canción el modo y manera que tuvo en salir, según la afición (2), de sí y de todas las cosas, muriendo por verdadera mortificación a todas ellas y a sí misma, para venir a vivir vida de amor dulce y sabrosa con Dios; y dice que este salir de sí y de todas las cosas fué «una noche oscura», que aquí entiende por la contemplación purgativa, como después se dirá, la cual pasivamente (3) causa en el alma la dicha negación de sí misma y de todas las cosas.

2. Y esta salida dice ella aquí, que pudo hacer con la fuerza y calor que para ello le dió el amor de su Esposo en la dicha contemplación oscura. En lo cual encarece (4) la buena dicha que tuvo en caminar a Dios por esta noche con tan próspero suceso, que ninguno de los tres enemigos, que son mundo, de- 1 Los Códices empiezan todos por la Canción. Este titulo lo puso la e. p., y nosotros lo respetamos por las razones aducidas en el Prólogo a este tratado.

3 La e. p. suprime este adverbio.

4 V: quiso encarecer.

LIBRO PRIMERO. — CAP. PRIMERO monio y carne (que son los que siempre contrarían (1) este camino), se lo pudiese impedir; por cuanto la dicha noche de contemplación purificativa (2) hizo adormecer y amortiguar en la casa de su sensualidad todas las pasiones y apetitos según sus apetitos y movimientos contrarios (5). Dice, pues, el verso: En una noche oscura.

CAPITULO PRIMERO PONE EL PRIMER VERSO Y COMIENZA A TRATAR DE LAS IMPERFECCIONES DE LOS PRINCIPIANTES (4).

1. En esta noche oscura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes (5), que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios. Por tanto, para entender y declarar mejor qué noche sea ésta por que el alma pasa, y por qué causa la pone Dios en ella, primero convendrá tocar aquí algunas propiedades de ios principiantes (lo cual, aunque será con la brevedad que pudiere, no dejará también de servir a los mismos principiantes) (6), para que, entendiendo la flaqueza del estado que llevan, se animen (7) y deseen que les ponga Dios en esta noche, donde se fortalece y confirma en las virtudes, y para los inestimables 1 B y e. p.: estorban en lugar de contrarían.

3 Así traen la frase H, G, C. Mtr., B y M. Los demás y la e. p.: según sus movimientos contrarios.

4 De la e. p.

6 La e. p. suprime: lo cual, aunque será con la brevedad que pudiere, no dejará de servir también a los mismos principiantes, que trasladan todos los Códices, salvo Cy E.

7 La e. p., M y G: Para que entiendan la flaqueza del estado que llevan y se animen.

deleites del amor de Dios. Y aunque nos detengamos un poco, no será más de lo que basta para tratar luego de esta noche oscura.

2. Es, pues, de saber que el alma, después que determinadamente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios criando en espíritu y regalando, al modo que la amorosa madre hace al niño tierno, al cual al calor de sus pechos le calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce le cría, y en sus brazos le trae y le regala; pero a la medida que va creciendo le va la madre quitando el regalo, y escondiendo el tierno amor pone el amargo acíbar en el dulce pecho, y abajándola de los brazos (1), le hace andar por su pie, para que, perdiendo lag oropiedades de niño, se dé a cosas más grandes y sustanciales. La amorosa madre de la gracia de Dios, luego que por nuevo calor y hervor de servir a Dios reengendra al alma, eso mismo hace con ella; porque la hace hallar dulce y sabrosa la leche espiritual sin algún trabajo suyo en todas las cosas de Dios, y en los ejercicios espirituales gran gusto, porque le da Dios aquí su pecho de amor tierno, bien asi como niño tierno.

3. Por tanto, su deleite halla en pasarse grandes ratos en oración, y por ventura las noches enteras; sus gustos son las penitencias; sus contentos los ayunos, y sus consuelos usar de los sacramentos y comunicar en las cosas divinas. En las cuales cosas (aunque con gran eficacia y porfía asisten a ellas y las usan y tratan con grande cuidado los espirituales), hablando espiritualmente, comúnmente se hán muy flaca e imperfectamente en ellas. Porque como son movidos a estas cosas y ejercicios espirituales por el consuelo y gusto que allí hallan, y como también ellos no están habilitados por ejercicios de fuerte lucha en las virtudes, acerca de estas sus obras espirituales tienen muchas faltas e imperfecciones; porque, al fin, cada uno obra conforme al hábito de perfección que tiene. Y como éstos no han tenido lugar de adquirir los dichos hábitos fuertes, de nece- 1 La e. p. modifica así estas frases de los Códices: y escondiendo el tierno pecho, poniendo en él amargo acíbar y bajándole de los brazos...LIBRO PRIMERO. — CAP. PRIMERO sidad han de obrar como flacos (1) niños, flacamente. Lo cual, para que más claramente se vea, y cuan faltos (2) van estos principiantes en las virtudes acerca de lo que con el dicho gusto con facilidad obran, irémoslo notando por los siete vicios capitales, diciendo algunas de las muchas imperfecciones que en cada uno de ellos tienen, en que se verá claro cuán de niños es el obrar que estos obran. Y veráse también cuántos bienes trae consigo lo. noche oscura de que luego habernos de tratar, pues de todas estas imperfecciones limpia al alma y la purifica.

DE ALGUNAS IMPERFECCIONES ESPIRITUALES QUE TIENEN LOS PRINCI-PIANTES ACERCA DEL HABITO DE LA SOBERBIA (3).

1. Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta prosperidad (4) (aunque es verdad que las cosas santas de suyo humillan) por su Imperfección les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacción de sus obras y de sí mismos. Y de aquí también les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales (5) delante de otros, y aun a veces de enseñarlas más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando no los ven con la 'manera de devoción que ellos querrían, y aun a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al Fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y despreciando al Publicano (6).

2. A éstos muchas veces les acrecienta (7) el demonio el 1 La c. p. y M omiten la palabra flacos.

3 Copian este titulo todos los Códices, y también la e. p. le trae.

•4 Asi en la mayor parte de los Códices y en e. p. M y H: propiedad.

5 La e. p.: Y de aquí también ¡es nace cierta gana harto vana de hablar de cosas espirituales.

6 Luc. XVIII. 11-12.

7 E. p.: aumenta.

fervor y gana de hacer más estas y otras obras, porque les vaya creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que pareciese bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando se ofrece, los condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano (1), y no considerando la viga que está en el suyo; cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (2).

3. A veces también, cuando sus maestros espirituales, como son confesores y prelados, no les aprueban su espíritu y modo de proceder (porque tienen gana que estimen y alaben sus cosas), juzgan que no les entienden el espíritu, o que ellos no son espirituales, pues no aprueban aquello y condescienden con ello. Y así luego desean y procuran tratar con otro que cuadre con su gusto; porque ordinariamente desean tratar su espíritu con aquellos que entienden que han de alabar y estimar sus cosas, y iiuyen, como de la muerte, de aquellos que se las deshacen para ponerlos en camino seguro, y aun a veces toman ojeriza con ellos. Presumiendo (3), suelen proponer mucho y hacen muy poco. Tienen algunas veces gana de que los otros entiendan su espíritu y su devoción, y para esto a veces hacen muestras exteriores de movimientos, suspiros y otras ceremonias; y a veces (4), algunos arrobamientos, en público más que en secreto, a los cuales les ayuda el demonio, y tienen complacencia en que les entiendan aquello, y muchas veces codicia (5).

4. Muchos quieren preceder (6) y privar con los confesores, y de aquí les nacen mil envidias e inquietudes. Tienen empa- 1 E. p. modifica: en el ojo ajeno.

3 La e. p. añade: de sí mismos...En cambio A y B suprimen línea y media en esta forma. "Huyen como de la muerte de los que se las deshacen para poner miedo. Suelen proponer mucho."

4 La e. p. añade: suelen tener.

5 Asi H. A, B, Bz. y otros. La e. p. modifica: que ellos tanto codician.

6 Preceder, Esta palabra, que se lee en casi todos los manuscritos, se suprime en la e. p. Por error material traslada H predicar, que no tiene sentido.

LIBRO PRIMERO. — CAP. II cho (1) de decir sus pecados desnudos, porque nc los tengan sus confesores en menos, y vanlos coloreando porque no parezcan tan malos, lo cual mas es irse a excusar que a acusar. Y a veces buscan otro confesor para decir lo malo, porque el otro no piense que tienen nada malo, sino bueno; y así siempre gustan de decirle lo bueno (2), y a veces por términos que parezca antes más de lo que es que menos, con gana de que le parezca bueno, como quiera que fuera más humildad, como lo diremos, deshacerlo y tener gana (3) que ni él ni nadie lo tuviesen en algo.

5 También algunos de éstos tienen en poco sus faltas, y otras veces se entristecen demasiado de verse caer en ellas, pensando que ya habían de sei santos, y se enojan contra sí mismos con impaeiew ia lo cual es otra imperfección Tienen muchas veces grandes ansias (4) con Dios porque les quite sus imperfecciones y faltas, más por verse sin la molestia de ellas en paz que por Dios; no mirando que si se las quitase, por ventura se harían más soberbios y presuntuosos (5). Son enemigos de alabar a otros, y amigos que los alaben, y a veces lo pretenden, en lo cual son semejante a las vírgenes locas, que teniendo sus lamparas muertas, buscaban oleo por de fuera (6) 0 Di eí-tüs imperfecciones algunos llegan a tenet (7).iludías muy intensamente, y a mucho mal en ellas. Pero algunos» tienen menos y algunos (S) más, y algunos, solos primeros movimientos o poco mas; y apenas hay algunos de estos principiantes que al tiempo de estos fervores no caigan en algo de esto Pero los que en este tiempo van en perfección, muy de otra manera proceden y con muy diferente temple de espíritu; porque 1 Bl: vergüenza.

2 En A. B y M. faltan las palabras y asi siempre gastan de decir lo bueno.

4 Asi los Códices M y e. p. ansius solamente se aprovechan y edifican mucho con la humildad, no sólo teniendo sus propias cosas (1) en nada, mas con muy poca satisfacción de sí; a todos los demás tienen por muy mejores, y les suelen tener una santa envidia, con gana de servir a Dios como ellos. Porque cuanto más fervor llevan y cuantas más obras hacen y gusto tienen en ellas, como van en humildad, tanto más conocen lo mucho que Dios merece, y lo poco que es todo cuanto hacen por él (2); y así, cuanto má> hacen, tanto menos se satisfacen. Que tanto es lo que de caridad y amor querrían hacer por él, que todo lo que hacen no les parece nada; y tanto les solicita, ocupa y embebe (3) este cuidado de amor, que nunca advierten en si los demás hacen o no hacen; y así, si advierten, todo es, como digo, creyendo que todos los demás son muy mejores que ellos. De donde, teniéndose en poco, tienen gana también que los demás los tengan en poco (4) y que los deshagan y desestimen sus cosas. Y tienen más: que aunque se las quieran alabar y estimar, en ninguna manera lo pueden creer, y les parece cosa extraña decir de ellos aquellos bienes.

7. Estos, con mucha tranquilidad y humildad, tienen gran deseo que les enseñe cualquiera que los pueda aprovechar; harto contraria cosa de la que tienen los que habernos dicho arriba, que lo querrían ellos enseñarlo todo, y aun cuando parece les enseñan algo, ellos mismos toman la palabra de la boca como que ya se lo saben. Pero éstos estando muy lejos de querer ser maestros de nadie, están muy prontos de caminar y echar por otro camino del que llevan, si se lo mandaren, porque nunca piensan que aciertan en nada De que alaben a los demás se gozan, sólo tienen pena de que no sirven a Dios como ellos. No tienen gana de decir sus cosas, porque las tienen en tan poco, que aun a sus maestros espirituales tienen vergüenza de decirlas, pareciéndoles que no son cosas que merezcan hacer 1 E. p.: sus propias obras.

2 Por descuido omite H // lo poco que es todo cuanto hacen por él, que se lee en los demás Códices.

i Bz.: ocupa y embelesa. La e. p en hi ere ij ocupa este cuidado, etc. ■4 A y B no copian las palabras tienen gana de que los demás también los tengan en poco.

LIBRO PRIMERO.— CAP. II lenguaje de ellas. Más gana tienen de decir sus faltas y pecados, o que los entiendan que no sus virtudes (1.); y así se inclinan más a tratar su alma con quien en menos tiene sus cosas (2) y su espíritu. Lo cual es propiedad de espíritu sencillo, puro y verdadero, y muy agradable a Dios. Porque como mora en estas humildes almas el espíritu sabio de Dios, luego las mueve e inclina a guardar adentro sus tesoros en secreto, y echar afuera sus males. Porque da Dios a los humildes, junto con las demás virtudes, esta gracia, así como a los soberbios la niega.

8. Darán éstos la sangre de su corazón a quien sirve a Dios, y ayudarán cuanto es en sí a que le sirvan. En las imperfecciones en que se ven caer, con humildad se sufren, y con blandura (3) de espíritu y temor amoroso de Dios, esperando en él. Pero almas que al principio caminen con esta manera de perfección, entiendo son, como queda dicho, las menos, y muy pocas que ya nos contentaríamos que no cayesen en las cosas contrarias. Que por eso, como después diremos, pone Dios en la noche oscura a los que quiere purificar de todas estas imperfecciones para llevarlos adelante.

DE ALGUNAS IMPKRFECCIONLS QUE SUELEN TENER ALGUNOS DE ES-TOS (4) ACERCÍ\ DEL SEGUNDO VICIO CAPITAL, QUE ES LA AVA-RICIA (5), ESPIRITUALÍCENTE HABLANDO.

1. Tienen muchos de estos principiantes también a veces mucha avaricia espiritual, porque apenas los verán contentos con el espíritu que Dios les da; andan muy desconsolados (6) y quejosos porque no hallan el consuelo que querrían en las cosas espirituales. Muchos no se acaban de hartar de oir con- 1 M y e. p: o que éstos entiendan no son virtudes.

2 E. p.: con quien menos estime sus cosas.

3 H. humildad. Los demás Códices: blandura.

4 La e. p.: algunos principiantes.

5 Por distracción traslada Bz.: soberbia y jactancia.

6 ftsj los Códices. M y e. p: que Dios les da. y muy desconsolados.

sejos y aprender (1) preceptos espirituales, y tener y leer muchos libros que traten de esto, y váseles más en esto el tiempo que en obrar la mortificación (2) y perfección de la pobreza interior de espíritu que deben. Porque, demás de esto, se cargan de imágenes y rosarios bien curiosos (3); ahora dejan unos, ya toman otros; ahora truecan, ahora destruecan; ya los quieren de esta manera, ya desótra, aficionándose más a esta cruz que a aquélla, por ser más curiosa (4). Y veréis a otros arreados de agnusdei (5), y reliquias y nóminas, como los niños con dijes (6). En lo cual yo condeno la propiedad del corazón, y el asimiento que tienen al modo, multitud y curiosidad de estas cosas; por cuanto es muy contra la pobreza de espíritu, que sólo mira en la sustancia de la devoción, aprovechándose sólo de aquello que basta para ella, y cansándose de esotra multiplicidad y de la curiosidad de ella; pues que la verdadera devoción ha de salir del corazón, sólo en la verdad (7) y sustancia de lo que representan las cosas espirituales, y todo lo demás es asimiento y propiedad de imperfección, que para pasaar a alguna manera de perfección (8), es necesario que se acabe el tal apetito.

2. Yo conocí una persona que más de diez años se apro- 2 E. p.: que no en obras sin la mortificación, etc. Bz. trae aquí esta larga adición que se lee también en los PP. de Toledo: "y tener y leer muchos libros espirituales que traten de este vicio y de la gula, por lo cuai suelen probar mil modos de exercicios, o por hacer mucho empleo del caudal apeteciendo grandes ganancias, o por el mero gusto y golosina; de donde les nace la inconstancia y poca estabilidad en exercicios determinados, que son necesarios principalmente en estos principios, y ésta les malogra y hace ineficaz y vano su trabaxo, gastando el tiempo en pruebas y catas.'* 3 Así H y P.— A, B, G, C, V y Mtr.: y a veces bien curiosos y vistosos. — Bz: y a veces bien curiosos y costosos. La e. p. y M. omiten la palabra rosario y ponen en su lugar: y cruces muy curiosas y costosas.

•1 Bz.: por ser más curiosa o costosa. Los restantes: curiosa o preciosa.

5 Estos objetos piadosos, consistentes en una placa de cera con la imagen en relieve del simbólico Cordero, que en tiempos bendice el Sumo Pontífice, en la época del Santo eran muy apreciados y solicitados. Algo de este aprecio puede verse en el Epistolario de la Santa (B M C, t. VII, Cartas CI, CXVII y en varias otras).

6 El copista de Mtr. no entendió esta palabra, y dejó espacio para ella, que llenó luego otra pluma.

7 E. p. añade y mirar sólo en la verdad, que no se lee en ningún Códice.

8 Así H, y otros Códices. La e. p.: que para pasar al estado de perfección.

LIBRO PRIMERO.— CAP. III vechó de una cruz hecha toscamente de un ramo hendito, clavada con un alfiler retorcida alderredor, y nunca la había dejado, trayéndola consigo hasta que yo se la tomé; y no era persona de poca razón y entendimiento. Y vi otra que rezaba por cuentas que eran de huesos de las espinas del pescado, cuya devoción es cierto que por eso no era de menos quilates delante de Dios; pues se ve claro que éstos (1) no la tenían en la hechura y valor. Los que van, pues, bien encaminados desde estos principios, no se asen a los instrumentos visibles, ni se cargan de ellos, ni se les da nada de saber más de lo que conviene saber para obrar (2); porque sólo ponen los ojos en ponerse bien con Dios y agradarle, y en esto es su codicia. Y así con gran largueza dan cuanto tienen, y su gusto es saberse quedar sin ello por Dios y por la caridad del prójimo, no me da más que sean cosas espirituales que temporales (3). Porque, corno digo, sólo ponen los ojos en las veras de la perfección interior (4): dar a Dios gusto, y no a sí mismos en nada.

5. Pero de estas imperfecciones tampoco, como de las demás, se puede el alma purificar cumplidamente hasta qu¿ Dios la ponga en la pasiva purgación de aquella oscura noche que luego diremos. Mas conviene al alma, en cuanto pudiere, procurar de su parte hacer por purgarse g perfeccionarse, porque merezca que Dios la ponga en aquella divina cura, donde sana el alma de todo lo que ella no alcanzaba a remediarse. Porque por mas que el alma se ayude, no puede ella (5) activamente purificarse de manera que esté dispuesta en la menor parte para la divina unión de perfección de amor, si Dios no toma la mano (6) y la purga en aquel fuego oscuro para ella cómo y (7) de la manera que habernos de decir.

1 E. p.: estas cosas en vez de estos.

2 M.. ni se les da nada por saber mucho para obrar.

3 E. p. y por la caridad del prójimo, regulándolo todo con las leues de esta virtud. 1 M. y e. p. omiten la palabra interior.

5 E. p. añade: por su industria.

f) E. p. y M.: con Dios, si él no toma la mano.

7 M. y e. p. suprimen como y. y el primero continua, de la manera que habernos dicho.

NOCHE O!: CURA DE OTRAS IMPERFECCIONES QUE SUELEN TENER ESTOS PRINCIPIANTES ACERCA DEL TERCER VICIO QUE ES LUJURIA (1).

1. Otras muchas imperfecciones más de las que acerca de cada vicio voy diciendo tienen muchos de estos principiantes, que por evitar prolijidad dejo, tocando algunas de las más principales, que son como origen y causa (2) de las otras. Y así acerca de este vicio de lujuria (dejado aparte lo que es caer en este pecado en los espirituales (3), pues mi intento es tratar de las imperfecciones que se han de purgar por la noche oscura) tienen muchas imperfecciones, muchas (4) que se podrían llamar lujuria espiritual, no porque así lo sea, sino porque procede de cosas espirituales; porque muchas veces acaece que en los mismos (5) ejercicios espirituales, sin ser en mano de ellos, se levantan y acaecen en la sensualidad movimientos y actos torpes (6), y a veces aun cuando el espíritu está en mucha oración, o ejercitando los Sacramentos de la Penitencia o Eucaristía. Los cuales: sin ser como digo en su mano, proceden de una de tres causas (7).

2. La primera procede muchas veces (8) del gusto que tiene el natural en las cosas espirituales. Porque como gusta el espíritu y sentido, con aquella recreación se mueve cada parte del hombre 1 E. p. añade: espiritualmente entendida.

2 Bz.: cabeza.

3 La e. p. suprime: los espirituales.

4 La e. p. suprime esta palabra que trasladan los Códices.

5 Equivocadamente traslada H muchos por mismos.

6 La e. p. sustituye y actos torpes por movimientos no limpios. La ediciÓD de 1630 añade estas líneas: "no porque asi lo sea, sino por que se siente y experimenta a veces en la carne, por su flaqueza, cuando el alma recibe cosas espirituales. Que muchas veces acaece que en los mismos ejercicios espirituales, sin ser en mano de ellos, se levantan y sienten en la sensualidad movimientos no limpios..."

7 Así los principales Códices. Otros y la e. p.: cosas.

8 E. p. modifica: Procede algunas veces, aunque pocas y en naturales flacos.

LIBRO PRIMERO.— CAP. IV a deleitarse según su porción ( 1 ) y propiedad. Porque entonces el espíritu se mueve a recreación y gusto de Dios, que es la parte superior; y la sensualidad, que es la porción inferior, se mueve a gusto y deleite sensual, porque no sabe ella tener y tomar otro, y toma entonces el más conjunto a sí, que es el sensual torpe (2). Y así acaece que el alma está en mucha oración con Dios según el espíritu, y, por otra parte, según el sentido siente rebeliones y movimientos y actos sensuales pasivamente, no sin harta desgana suya; lo cual muchas veces acaece en la comunión, que corno en este acto de amor recibe el alma alegría y regalo, porque se le hace este Señor (pues para eso se da), la sensualidad toma también el suyo, como habernos dicho, a su modo. Que, como, en fin, estas dos partes (3) son un supuesto, ordinariamente participan entrambas de lo que una recibe, cada una a su modo; porque, como dice el Filósofo, cualquiera cosa que se recibe, está en el recipiente (4) al modo del mismo recipiente. Y así en estos principios, y aun cuando ya el alma está aprovechada, como está la sensualidad imperfecta, recibe el espíritu de Dios (5) con la misma imperfección muchas veces. Que cuando esta parte sensitiva está reformada por la purgación de la noche oscura que diremos, ya no tiene ella estas flaquezas; porque no es ella la que recibe ya, más antes está recibida ella en el espíritu. Y asi lo tiene todo entonces al modo del espíritu (6).