SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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I E p. añade sino, hecha a la imagen la adoración que manda la Iglesia.

CAPITULO XXXVIII PROSIGUE EN LOS BIENES MOTIVOS. -DICI DK LOS ORATORIOS Y LU-GARES DEDICADOS PARA ORACION.

1. Paréceme que ya queda dado a entender cómo en estos accidentes de las imágenes puede tener el espiritual tanta imperfección, y por ventora más peligrosa, poniendo su gusto y gozo (1) en ellas, como en las demás cosas corporales y temporales. Y digo que más, por ventura, porque con decir: cosas santas son, se aseguran más, y no temen la propiedad y asimiento natural; y así, se engañan a veces harto, pensando que ya están llenos de devoción porque se sienten tener el gusto en estas cosas santas, y, por ventura, no es más que condición y apetito natural, que, como le ponen en otras cosas, le ponen en aquello.

2. De aqui es (porque comencemos a tratar de los oratorios), que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavio con que las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien; y a Dios no le quieren más asi que asi, mas antes menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan a lo vivo, como habernos dicho. Que aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes, es muy poco, (por lo cual los que las tienen con poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que hacen algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y olvidarte de todas las cosas por su amor? Que si a esto faltas por 1 E. p.: su gusto en ellas.

LIBRO TEKCERO. — CAP. XXXVIII esotro, no sólo no te lo agradecerá, mas antes te castigará, poíno haber buscado en todas las cosas su gusto mas que el tugo. Lo cual pudras bien entender en aquella fiesta que hicieron a Su Majestad cuando entro en Jerusalén, recibiéndole con tantos cantares y ramos, y lloraba el Señor (1); porque, teniendo ellos su cora/ón muy lejos de él, le hadan pago con aquellas señales y ornatos exteriores. En lo cual, podernos decir que más se hacían fiesta a si mismos que a Dios; como acaece a muchos el dia de hoy, que cuando hay alguna solemne fiesta (2) en alguna parle, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar en ella, ahora por ver, o ser vistos, ahora por comer, ahora por otros sus respetos, que por agradar a Dios. En las cuales inclinaciones e intenciones ningún gusto dan a Dios; mayormente, los mismos que celebran las fies!.;;., cuando inventan para interponer en ellas cosas ridiculas e indevotas para incitar a risa a la gente, con que más se distraen; y otros ponen cosas que agraden más a la gente, que la muevan a devoción.

o. Pues, ¿qué diré de otros intentos que tienen algunos de intereses en las fiestas que celebran?; los cuales si tienen mas el ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y Dios que lo ve; pero en las unas maneras y en las otras, cuando asi pasan, crean que más se hacen a si la fiesta que a Dios. Porque lo que por su gusto o el de los hombres hacen, no lo toma Diob a su cuenta, antes muchos se estarán holgando de los que comunican en las fiestas de Dios, y Dios se estará con ellos enojando, como lo hizo con los hijos de Israel cuando hacían fiesta cantando y bailando (3) a su ídolo, pensando que hacían fiesta a Dios, de los cuales mató muchos millares (4). O como con los sacerdotes Nadab y Abiud, hijos de Aarón, a quien mató Dios con los incensarios en las manos, porque ofrecían fuego ajeno (5). O 1 Matth. XXI 9 2 E. p.: cuando hay solemnidad en alguna parte.

4 Exod.. XXXII. 7-28.

como al que entró en las bodas mal ataviado (1) y compuesto, al cual mandó el rey echar en las tinieblas exteriores, atado de pies y manos (2). En lo cual se conoce cuan mal sufre Dios en las juntas que se hacen para su servicio, estos desacatos. Porque ¡cuántas fiestas, Dios mío, os hacen los hijos de los hombres, en que se lleva más el demonio que vos!, y el demonio gusta de ellas, porque en ellas, como el tratante, hace él su feria. Y cuántas veces diréis vos en ellas: Este pueblo con los labios me honra sólo, mas su corazón está lejos de mí, porque me sirve sin causa (3). Porque la causa por que Dios (4) ha de ser servido, es sólo por ser él quien es, y no interponiendo otros fines. Y así, no sirviéndole sólo por quien él es, es servirle sin causa final de Dios (5).

4. Pues, volviendo a los oratorios, digo que algunas personas los atavían más por su gusto que por el de Dios; y algunos hacen tan poco caso de la devoción de ellos, que no los tienen en más que sus camarines (6) profanos; y aun algunos no en tanto, pues tienen más gusto en lo profano que en lo divino.

5. Pero dejemos ahora esto, y digamos todavía de los que hilan más delgado, es a saber, de los que se tienen por gente devota. Porque muchos de éstos de tal manera dan en tener asido el apetito y gusto a su oratorio y ornato de él, que todo lo que habían de emplear en oración de Dios y recogimiento interior, se les va en esto. Y no echan de ver qüie no ordenando esto para el recogimiento interior y paz del alma, se distraen tanto con ello como en las demás cosas, y se inquietarán en el tal gusto a cada paso, y más si se lo quisiesen quitar.

2 Matth.. XXII, 12-13.

3 Ibld., XV, 8.

4 E. p.: Que la principal causa por que Dios.

5 Toda esta linea falta en la e. p, desde las palabras Y así.

6 Camariles. traslada el C. de Ale.

LIBRO TERCERO. —CAP. XXXIX CAPITULO XXXIX l'F. COMO SE HA DE OSAR OH I.OS ORATORIOS Y TEMPLOS, ENCAMINANDO EL ESPIRITU A DIOS.

1. Para encaminar fi Dios el espíritu en este genero, conviene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto aun no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del siglo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra porque no llore, dejándole las manos vacias. Pero para ir adelante, también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos y apetitos en que la voluntad puede gozarse; porque ei puro espíritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogimiento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible.

2. Por tanto, aunque es mejor orar donde más decencia hubiere, con todo, no obstante esto, aquel lugar se ha de escoger donde menos se embarazare el sentido y el espíritu de ir a Dios. En lo cual nos conviene tomar aquello que responde Nuestro Salvador a la mujer samaritana, cuando le preguntó que cuál erf más acomodado lugar para orar, el templo o el monte, le respondió (1): Que no estaba la verdadera oración aneja al monte ni al templo (2); sino que los adoradores de que se agradaba el Padre, son los que le adoran en espíritu y verdad (3). De donde, aunque los templos y lugares apacibles son (4) dedicados y acomodados a oración (porque el templo no se ha de usar para 1 Le respondió. Faltan estas palabras en la c. p.

2 Tampoco copia la e. p. las palabras ni al templo.

otra cosa), todavía para negocio de trato tan interior (1) como éste, que se hace con Dios, aquel lugar se debe escoger que menos ocupe y lleve tras si el sentido. Y asi, no ha de ser lugar ameno y deleitable al sentido (como suelen procurar algunos), porque en vez de recoger a Dios el espíritu, no pare en recreación y gusto y sabor de! sentido. Y por eso es bueno lugar solitario, y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles; aunque alguna vez ayudan a levantar el espíritu, mas esto es olvidándolas luego y quedándose en Dios. Por lo cual, Nuestro Salvador, escogía lugares solitarios para orar, y aquéllos que no ocupasen mucho los sentidos (para darnos ejemplo); sino que levantasen el alma a Dios, como eran los montes (2) que se levantaban de la tierra, y ordinariamente son pelados sin materia de sensitiva recreación.

3. De donde el verdadero espiritual nunca se ata ni mira en que el lugar para orar sea de tal o tal comodidad, porque esto todavía es estar atado al sentido; sino sólo al recogimiento interior (3), en olvido de eso y de esotro, escogiendo para esto el lugar más libre de objetos y jugos sensibles, sacando la advertencia de todo eso para poder gozarse más a solas de criaturas con su Dios. Porque es cosa notable ver algunos espirituales que todo se les va en componer oratorios, y acomodar lugares agradables a su condición o inclinación, y del recogimiento interior, que es el que hace al caso, hacen menos caudal, y tienen muy poco de él; porque si le tuviesen, no podrían tener gusto en aquellos modos y maneras, antes les cansarían.

Las palabras restantes hasta el punto, faltan en el C. de Ale.

E. p.: De donde el verdadero espiritual no mira sino solo al recogimiento.

LIBRO TERCERO. — CAP. XL 3H5 CAPITULO XL QVE PROSIÜIE ENCAMINANDO EL ESPIRITU AL RECOGIMIENTO INTERIOR ACERCA DE LO DICHO.

1. La causa, pues, por que algunos espirituales nunca acaban de entrar en los verdaderos gozos del espíritu es, porque nunca acaban ellos de alzar el apetito del gozo de estas cosas exteriores y visibles. Adviertan estos tales que, aunque el lugar decente y dedicado para oración es el templo y oratorio, visible, y la imagen para mo'ivo, que no ha de ser de manera que se emplee el jugo y sabor del alma en el templo visible y motivo, y se olvide de orar en el templo vivo, que es el interior recogimiento del alma. Porque, para advertirnos esto, dijo el Apóstol: Mirad, que vuestros cuerpos son templos vivos del Espíritu Santo, que mora en vosotros (1). Y a esta consideración nos envia la autoridad que habernos alegado de Cristo, es a saber: a los verdaderos adoradores (2) conviene adorar en espíritu y verdad (3). Porque muy poco caso hace Dios de tus oratorios y lugares acomodados, si, por tener el apetito y gusto asido a ellos, tienes algo menos de desnudez interior, que es la pobreza espiritual en negación de todas las cosas que puedes poseer.

2. Debes, pues, para purgar la voluntad del gozo y apetito vano en esto y enderezarlo a Dios en tu oración, sólo mirar que tu conciencia esté pura, y tu voluntad entera con Dios, y la mente puesta de veras en él; y, como he dicho, escoger el lugar más apartado y solitario que pudieres, y convertir todo el gozo de la voluntad en invocar y glorificar a Dios; y de esotros gustillos de lo exterior no hagas caso, antes los procures negar. Porque si se hace el alma al sabor de la devoción sen- 1 I ad Cor.. III, 16. Aquí añade la e. p.: "Y Cristo por Lucas (XVII-21): Que el reino de Dios está dentro de vosotros.

3 Joan., IV, 24.

sible, nunca atinará a pasar a la fuerza del deleite del espiritu, que se halla en la desnudez espiritual mediante el recogimiento interior.

CAPITULO XL1 DK ALGUNOS DAÑOS EN QUE CAEN LOS QUE SE DAN AL GUSTO SENSIBLE DE LAS COSAS Y LUGARES DEVOTOS DE LA MANERA QUE SE HA DICHO.

1. Muchos daños se le siguen, asi acerca de lo interior como de lo exterior, al espiritual por quererse andar al sabor sensitivo acerca de las dichas cosas. Porque acerca del espiritu, nunca llegará al recogimiento interior del espiritu, que consiste en pasar de todo eso, y hacer olvidar al alma todos esos sabores sensibles, y entrar en lo vivo del recogimiento del alma, y adquirir las virtudes con fuerza. Cuanto a lo exterior, le causa no acomodarse a orar en todos los lugares, sino en los que son a su gusto, y asi, muchas veces faltará a la oración, pues, como dicen, no está hecho más que al libro de su aldea.

2. Demás de esto, este apetito les causa muchas variedades (1), porque de éstos son los que nunca perseveran en un lugar, ni a. veces en un estado, sino que ahora los veréis en un lugar, ahora en otro; ahora tomar una ermita, ahora otra; ahora componer un oratorio, ahora otro (2). Y de éstos son también aquéllos que se les acaba la vida en mudanzas de estados y modos de vivir. Que como sólo tienen aquel fervor y gozo sensible acerca de las cosas espirituales, y nunca se han hecho fuerza para llegar al recogimiento espiritual por la negación de su voluntad y sujeción en sufrirse en desacomodamientos, todas las veces que ven un lugar, devoto a su parecer, o alguna manera de vida o estado que cuadre con su condición e inclinación, luego se van tras él, y dejan el que tenían. Y como se movieron 2 Falta en el C. de Ale. la frase: ahora componer un oratorio, ahora otro, que se lee en los demás.

LIBRO TRRCERO. — CAP. XLI 347 por aquel gusto tensible, de aquí es que presto buscan oirá cosa, porque el cjmsIo sensible no es constante, porque falta muy presto (1).

CAPITULO XL11 DE IBES INFERENCIAS Dli LMiARES DEVOTOS, Y Como:>E H A Dr HABER ACERCA DE ELLUS LA VOLUNTAD.

1. Tres maneras de lugares hallo, por medio de los cuales suele Dios mover la voluntad a devoción. La primera es, algunas disposiciones de tierras y sitios, que con la agradable apariencia de sus diferencias, ahora en disposición de tierra, ahora de árboles, ahora de solitaria quietud, naturalmente despiertan la devoción. Y de ésíos es cosa provechosa usar, cuando luego enderezan a Dios (2) la voluntad en olvido de los dichos lugares, asi como para ir al fin, conviene no detenerse en el medio y motivo más de lo que basta. Porque si procuran recrear el apetito y sacar jugo sensitivo, antes hallarán sequedad de espíritu y distracción espiritual; porque la satisfacción y jugo espiritual no se halla sino en el recogimiento interior.

2. Por tanto, estando en el tal lugar, olvidados del lugar, han de procurar estar en su interior con Dios, como si no estuviesen en el tal lugar. Porque si se andan al sabor y gusto del lugar como habernos dicho, de aqui para allí, más es buscar recreación sensitiva e instabilidad de ánimo, que sosiego espiritual. Asi lo hacían los anacoretas y otros Santos ermitaños, que en los anchísimos y graciosísimos desiertos escogían el menor lugar que les podia baslar, edificando estrechísimas celdas y cuevas, y encerrándose allí; donde San Benito estuvo tres años, y otro, que fué San Simón (3), se ató con una cuerda para no tomar más ni andar más que lo que alcanzase; y de esta manera muchos, que 2 E. p.: cuando luego se endereza a Dios. etc.

3 La e. p. omite: que fué San Simón. Alude al conocido caso del Estilita.

nunca acabaríamos de contar. Porque entendían muy bien aquellos santos, que si no apagaban el apetito y codicia de hallar gusto y sabor espiritual, no podían venir a ser espirituales.

3. La segunda manera es más particular, porque es de algunos lugares (no me da más esos desiertos que otros cualesquiera) donde Dios suele hacer algunas mercedes espirituales muy sabrosas a algunas particulares personas; de manera que, ordinariamente, queda inclinado el corazón de aquella persona que recibió allí la merced a aquel lugar donde la recibió, y le dan algunas veces algunos grandes deseos y ansias de ir a aquel lugar; aunque cuando va, no se halla como antes, porque no está en su mano. Porque estas mercedes hácelas Dios (1) cuando y como y donde quiere, sin estar asido a lugar ni a tiempo, ni al albedrio de a quien las hace. Pero todavía es bueno ir, como vaya desnudo del apetito de propiedad, a orar allí algunas veces, por tres cosas: la primera, porque aunque, como decimos, Dios no está atenido a lugar, parece que quiso allí Dios ser alabado de aquella alma, haciéndola allí aquella merced; la segunda, porque más se acuerda el alma de agradecer a Dios lo que allí recibió; la tercera, porque todavía se despierta mucho más la devoción allí con aquella memoria.

4. Por estas cosas debe ir, y no por pensar que está Dios atado a hacerle mercedes allí, de manera que no pueda donde quiera, porque más decente lugar es el alma y más propio para Dios que ningún lugar corporal. De esta manera leemos en la Sagrada Escritura, que hizo Abraham un altar en el mismo lugar donde le apareció Dios, e invocó allí su santo nombre, y que después, viniendo de Egipto, volvió por el mismo camino donde había aparecidole Dios, y volvió a invocar a Dios allí en el mismo altar que había edificado (2). También Jacob señaló el tugar donde le apareció Dios estribando en aquella escala, leant ndo allí una piedra ungida con óleo (3). Y Agar puso nom- 1 Así la c p. y el C. de Ale— A y B: porque no está en su mano;cbir aquellas mercedes hácelas Dios.

LIBBO TERCERO. — CAP. XLII brc al lugar donde le apareció el ángel, estimando mucho aquel lugar, diciendo: Por cierto, que aquí he visto las espaldas del que me ve (1).

5. La tercera manera es, algunos lugares particulares que elige Dios para ser allí invocado y servido, asi como el monte Sinai, donde Dios dio la ley a Moisés (2).,Y <e\ lugar que señalo a Abraham para que sacrificase a su hijo (3). Y también el monte Horeb, donde apareció a nuestro padre Elias (4).

6. La causa por qué Dios escoge estos lugares más que otros para ser alabado, él se la sabe. Lo que a nosotros nos conviene saber, es que todo es para nuestro provecho y para oir nuestras oraciones en ellos y do quiera que con entera fe le rogáremos; aunque en los que están dedicados a su servicio hay mucha más ocasión de ser oídos en ellos, por tenerlos la Iglesia señalados y dedicados para esto.

1 Gen.. XVI. 13.

2 Exod.. XXIV, 12.

3 Gen.. XXII. 2.

4 III Reg., XIX, 8. — Así el C. de Ale: Y también en el monte Horeb, donde apareció a nuestro padre Elias. A, B y e. p. añaden: "Y también el monte Horeb. donde mandó Dios a nuestro padre Elias para mostrarle allí. Y el lugar que dedicó San Miguel para su servicio, que es el monte Gargano, apareciendo al Obispo sipoiitino. y diciendo que él era guarda de aquel lugar, para que alli se dedicase a Dios un oratorio en memoria de los Angeles. Y la gloriosa Virgen escogió en Roma, con singular señal de nieve, lugar para el templo que quiso edificase Patricio, de su nombre.'

CAPITULO X1J11 OUE TRATA DE OTROS V.O TIVOS PARA <>RAR OUE USAN MU' HAS! I HSONAS. ÜUU SuN MUCHA VARIEDAD DI. CKNKMONIAS 1. Los gozos inútiles y lu propiedad imperfecta que acerca de las cosas que habernos dicho muchas personas tienen, por ventura son algo tolerables, por ir ellas en ello algo inocentemente. Del grande arrimo (t) que algunos tienen a muchas maneras de ceremonias introducidas por gente poco ilustrada y falta en la sencillez de la fe, es insufrible. Dejemos ahora aquéllas que en sí llevan envueltos algunos nombres extraordinarios o términos que no significan nada, y otras cosas no sacras que gente necút y de alma ruda y sospechosa suele interponer en sus oraciones; que por ser claramente malas y en que hay pecado, y en muchas de ellas pacto oculto con el demonio, con las cuales provocan a Dios a ira y no a misericordia, las dejo aqui de tratar.

2. Pero de aquéllas sólo quiero decir de que, por no tener en si esas maneras sospechosas interpuestas, muchas personas e! día de hoy, con devoción indiscreta, usan poniendo tanta eficacia y fe en aquellos modos y maneras con que quieren cumplir sus devociones y oraciones, que entienden que si un punto falta y sale de aquellos límites, no aprovechará ni la oirá Dios, poniendo más fiducia en aquellos modos y maneras, que en lo vivo de la oración, no sin grande desacato y agravio de Dios: así como que sea la misa con tantas candelas, y no más ni menos; y que la diga sacerdote de tal o tal suerte; y que sea a tal o tal hora, y no antes ni después; y que sea después de tal dia, y no antes ni después, que las oraciones y estaciones sean tantas y tales y a tales tiempos, y con tales o tales ceremonias, y que no antes ni después, ni de otra manera; y que la persona que las hiciere tenga tales y tales 1 La e. p Pero del grande arri/no.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIII partes o propiedades. Y piensan que si falta algo de lo que ellos, llevan propuesto, no se hace nada (1) 3. Y lo que es peor e intolerable, es que algunos quieren senlir algún efecto en sí, o cumplirse lo que piden, o saber que se cumple el fin de aquellas sus oraciones ceremoniáticas, que no es menos que tentar a Dios y enojarle gravemente; tanto, que algunas veces cía licencia al demonio para que los engañe, haciéndolos sentir y entender cosas harto ajenas del provecho de su alma, mereciéndolo ellos por la propiedad que llevan en sus oraciones, no deseando más que se haga lo que Dios quiere que lo que ellos pretenden; y así, porque no ponen toda su confianza en Dios, nada les sucede bien (2).

CAPITULO XLIV DE COMO SE HA DE ENDEREZAR A DIOS EL GOZO Y FUERZA DE LA VOLUNTAD POR ESTAS DEVOCIONES.

1. Sepan pues éstos, que cuanta más fiducia hacen de estas cosas y ceremonias (3), tanto menor confianza tienen en Dios, y no alcanzarán de Dios lo que desean. Hay algunos que más oran (4) por su pretensión que por la honra de Dios; que aunque ellos suponen que si Dios se ha de servir se haga, y si no, no, todavía por la propiedad y vano gozo que en ello llevan, multiplican demasiados ruegos por aquello, que sería mejor mudarlos en cosas de más importancia para ellos, como es el limpiar de veras sus conciencias, y entender de hecho en cosas de su salvación, posponiendo muy atrás (5) todas esotras peticiones su- 1 A y B. añaden y otras mil cosas que se ofrecen y usan. La e. p.: y otras mil cosas que se usan.

2 Con la última palabra del capitulo, que es también la última de plana en el Códice de Ale, termina lo escrito por el P. Juan Evangelista; lo restante de dicho Códice se toma de otro muy antiguo que había en tiempo del P. Andrés en Duruelo. como ya se dijo a propósito de las hojas que anteriormente se suplieron por el mismo Códice.

3 Asi Ale. y A. El manuscrito B dice: mientras mas confian en sus ceremonias. La e. p.: cuanto más estriban en estas sus ceremonias.

5 La e. p. omite las palabras muy atrás.

yas que no son esto. Y de esta manera, alcanzando esto que más les importa, alamparían también todo lo que de esotro les estuviere bien (aunque no se lo pidiesen), mucho mejor y antes que si toda la fuerza pusiesen en aquello. Porque así lo tiene prometido el Señor por el Evangelista, diciendo: Preiended primero y principalmente el reino de Dios y su justicia, y todas esotras cosas se os añadirán (I).

2. Porque ésta es la pretensión y petición que es más a su gusto; y, para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque entonces, no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos, según lo da bien a entender David en un salmo, diciendo: Cerca está el Señor de tus que le llaman en la verdad (2) que le piden!a> cosas (3) q:ie son de más alta.-, veras, como son las de la salvación, porque de ésius dice luego: La voluntad de los que le temen cumplirá, y sus ruegos oirá, y salvarlos ha. Porque es Dios guarda de los que bien le quieren (4). Y asi, este estar tan cerca que aquí dice David, no es otra cosa que estar a satisfacerlos y concederles aun lo que no les pasa por pensamiento pedir. Porque asi leemos, que porque Salomón acertó a pedir a Dios una cosa que le dio gusto, que era sabiduría para acertar a regir justamente a su pueblo, le respondió Dios diciendo: Porque te agrado más que otra cosa alguna la sabiduría, y ni pediste la victoria con muerte de tus enemigos, ni riquezas ni larga vida, yo te doy, no sólo la sabiduría que pides, para regir justamente mi pueblo (5); mas aun lo que no me has pedido te daré, que es riquezas, y sustancia y gloria, de manera que antes ni después de tí haya 1 Matth.. VI. 33.

2 P». CXLIV, 18.

3 La e. p conformándole más al texto latino del salmo, traslada: Cercj está el Se'or de I ae litnnn. de lr>s ijne le llaman en Iti verdad Y.n¡uéllns le llaman en la verdad, etc.

CXLIV. 19.

B p. para que justamente gobiernes mi pueblo.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIV rey a ti semejante (1). Y así lo hizo, pacificándole también sus enemigos, de manera que, pagándole tributo todos en derredor, no le perturbasen. Lo mismo leemos en el Génesis, donde prometiendo Dios a Abraham de multiplicar la generación del hijo legítimo como las estrellas del cielo, según él se lo liubia pedido, le dijo: También multiplicaré al hijo de la esclava, porque es tu hijo (2).

3. De esta manera, pues, se han de enderezar a Dios las fuerzas de la voluntad y el gozo de ella en las peticiones, no curando de estribar en las invenciones de ceremonias que no usa ni tiene aprobadas la Iglesia católica, dejando el modo y manera de decir la misa al sacerdote, que allí la Iglesia tiene en su lugar, que él tiene orden de ella cómo lo ha de hacer. Y no quieran ellos usar nuevos modos, como si supiesen más que el Espíritu Santo y su Iglesia. Que si por esta sencillez no los oyere Dios, crean que no los oirá aunque más invenciones hagan. Porque Dios es de manera, que si le llevan por bien y a su condición, harán de El cuanto quisieren; mas si va sobre interés, no hay hablarle (3).

li. Y en las demás ceremonias acerca del rezar y otras devociones, no quieran arrimar la voluntad a otras ceremonias y modos de oraciones de las que nos enseñó Cristo (4). Que claro está, que cuando sus discípulos le rogaron que les enseñase a orar, les diría todo lo que hace al caso, para que nos oyese el Padre Eterno, como el que tan bien conocía su condición; y sólo les enseñó aquellas siete peticiones del Pater noster, en que se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales (5), y no les dijo otras muchas maneras de palabras y ceremonias. Antes, en otra parte, les dijo, que cuando oraban no quisiesen 2 Gen.. XXI, 13.

3 Así el Códice de Alcaudete — A y B copian así la última frase: mas si va por interés no hay hablarle. La e. p. suprime estas dos lineas y media.

4 Luc. XI, 1-2 — La e. p. añade, y su Iglesia.

7i hablar mucho, porque bien sabía nuestro Padre celestial lo que nos convenia (1). Sólo encargó, con muchos encarecimientos, que perseverásemos en oración, es a saber: en la del Pater noster, diciendo en otra parte: Que conviene siempre orar, y nunca faltar (2). Mas no enseñó variedad de peticiones, sino que éstas se repitan muchas veces y con fervor y cuidado. Porque, como digo, en éstas se encierra todo lo que es voluntad de Dios, y todo lo que nos conviene. Que, por eso, cuando Su Majestad acudió tres veces al Padre Eterno, todas tres veces oró con le misma palabra del Pater noster, como dicen los Evangelistas, diciendo: Padre, si no puede ser sino que tengo de beber este cáliz, hágase tu voluntad (3). Y las ceremonias con que él nos enseñó a orar, sólo es una de dos: o que sea en el escondrijo de nuestro retrete, donde sin bullicio y sin dar cuenta a nadie lo podemos hacer con más entero y puro corazón, según él dijo, diciendo: Cuando tú orares, entra en tu retrete, y cerrada la puerta, ora (4); o, si no, a los desiertos solitarios, como él lo hacia, y en el mejor y más quieto tiempo de la noche. Y así no hay para qué señalar limitado tiempo, ni días limitados, ni señalar éstos más que aquéllos para nuestras devociones, ni hay para qué usar (5) otros modos ni retruécanos de palabras y oraciones, sino sólo las que usa la Iglesia y como las usa; porque todas se reducen a las que habernos dicho del Pater noster.

5. Y no condeno por eso, sino antes apruebo, algunos días que algunas personas a veces proponen de hacer devociones, en como ayunar ('6) y otras semejantes; sino el estilo que llevan en sus limitados modos y ceremonias con que las ha- 1 Matth.. VI, 7-8.

2 Luc. XVIII. 1.

3 Matth.. XXVI. 39.

4 Matth., VI. 6.

5 La e. p.: Y asi no hay para qué señalar tiempos ni días señalados, ni hay para qué usar, etc.

6 B: asi como algunas novenas.— A: así como algunos de novenas.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIV cen; como hizo Judit a los de Betulia, que los reprendió porque habían limitado a Dios el tiempo en que esperaban de Dios (1) misericordia, diciendo: ¿Vosotros ponéis a Dios tiempo de sus misericordias? No es, dice, esto para mover a Dios a clemencia, sino para despertar su ira (2).

CAPITULO XLV EN QUE SE TRATA DEL SEGUNDO GENERO DE BIENES DISTINTOS, EN QUE SE PUEDE GOZAR VANAMENTE LA VOLUNTAD.

1. La segunda manera de bienes distintos sabrosos en que vanamente se puede gozar la voluntad, son los que provocan o persuaden a servir a Dios, que llamábamos provocativos. Estos son los predicadores, de los cuales podríamos hablar de dos maneras, es a saber: cuanto a lo que toca a los mismos predicadores, y cuanto a los oyentes (3). Porque a los unos y a los otros no falta que advertir cómo han de guiar a Dios el gozo de su voluntad, así los unos, como los otros, acerca de este ejercicio.

2. Cuanto a lo primero, el predicador, para aprovechar al pueblo y no embarazarse (4) a sí mismo con vano gozo y presunción, conviénele advertir que aquel ejercicio más es espiritual que vocal; porque aunque se ejercita con palabras de fuera, su fuerza y eficacia no la tiene, sino del espíritu interior. De donde por más alta que sea la doctrina que predica, y por más esmerada la retórica y subido el estilo con que va vestida, no hace de suyo ordinariamente más provecho que tuviere de espíritu. Porque aunque es verdad que la palabra de Dios de suyo es efi- 2 Judit.. VIII. 11-12.

3 E. p.: y cuanto a lo que toca a los oyentes.

4 Asi los Códices. La e. p. cambia esta palabra por envanecerse.

caz, según aquello de David, que dice: Que El dará a su voz, voz de virtud ( 1 ); pero también el fuego tiene virtud de quemar, y no quemará cuando en el sujeto no hay disposición.

3. Y para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber: una del que predica, y otra del que oye; porque ordinariamente es el provecho como hay la disposición de parte del que enseña. Que por eso se dice, que cual es el maestro, tal suele ser el discípulo. Porque cuando en los Actos de los Apóstoles aquellos siete hijos de aquel (2) príncipe de los sacerdotes de los Judíos, acostumbraban a conjurar los demonios con la misma forma que San Pablo, se embraveció el demonio contra ellos, diciendo: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero vosotros ¿quién sois? (5), y embistiendo con ellos, los desnudó y llagó. Lo cual no fué sino porque ellos no tenían la disposición que convenía, y no porque Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen. Porque una vez hallaron los Apóstoles a uno, que no era discípulo, echando un demonio en nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprendió, diciendo: No se lo estorbéis, porque ninguno podrá decir mal de mi en breve espacio, si en mi nombre hubiere hecho algunas virtudes (4). Pero tiene ojeriza con los que enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no le tienen. Que por eso dice por San Pablo: Tú enseñas a otros, y no te enseñaas a ti. Tú que predicas que no hurten, hurtas (5).