SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

Spanish

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4 E. p.: que va.

5 E. p.: y que no es posible.

puede alcanzar ni men >s declarar con trrniiio ¡mínanos ni migares, con razón la llama secreta.

7. Esta propiedad de ser secreta y sobre la capacidad natural esta divina contemplación, tiéncla, no sólo por ser cosa sobrenatural, sino también en cuanto es vía que guia y lleva al alma (1) a las perfecciones de la unión de Dios; las cuales, como son cosas no sabidas humanamente, liase de caminar a ellas humanamente (2) no sabiendo, y divinamente ignorando. Porque, hablando místicamente, como aquí vamos hablando, las cosas y perfecciones divinas no se conocen (3) ni entienden cómo ellas son cuando las van buscando y ejercitando (4); sino cuando las tienen halladas y ejercitadas. Porque a este propósito dice el profeta Baruc de esta Sabiduría divina: No hay quien pueda saber sus vías, ni quien pueda pensar sus sendas (5). También el Profeta real de este camino del alma dice de esta manera, hablando con Dios: Tus ilustraciones lucieron y alumbraron a la redondez de la tierra, conmovióse y contremió (6) la tierra. En el mar está tu vía (7) y tus sendas en muchas aguas, y tus pisadas no serán conocidas (8).

8. Todo lo cual, hablando espiritualrnente, se entiende al propósito que vamos hablando. Porque alumbrar las coruscaciones (si) de Dios a la redondez de la tierra, es la ilustración que hace esta divina contemplación en las potencias de! alma; conmoverse y temer la tierra, es la purgación penosa que en ella causa; y decir que la vía y el camino de Dios por donde el alma va a él, es en el mar, y sus pisadas en muchas aguas y que por eso no serán conocidas, es decir que este camino de ir a 1 E. p.: en cuanto es guia que guia al alma.

2 Falta el adverbio en la e p.

3 E. p.: estas cosas no se conocen, 5 Baruch. III. 31.

6 Asi H, Bz. Mtr y V —A y contremecióse. B; y contremeció. M: y contre mióse. C y tembló. P suprime este pdsa)e G omite aquí una página entera. La e. p: conmovióse y tembló la tierra.

7 E. p. camino.

8 Ps LXXVI. 19-20.

Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se conocen. Que esta propiedad tienen los pasos y pisadas que Dios va dando en las almas que Dios quiere llegar a sí, haciéndolas grandes en la unión de su Sabiduría, que no se conocen. Por lo cual, en el libro de Job se dicen, encareciendo este negocio, estas palabras: ¿Por ventura has tú conocido las sendas de las nubes grandes, o las perfectas ciencias? (1). Entendiendo por esto las vías y caminos por donde Dios va engrandeciendo a las almas y perfeccionándolas en su sabiduría, las cuales son aquí entendidas por las nubes. Queda, pues, que esta contemplación que va guiando al alma a Dios, es sabiduría secreta.

CAPITULO XVIII DECLARASE COMO ESTA SABIDURIA SECRETA SEA TAMBIEN ESCALA (2).

1. Pero resta ahora de ver lo segundo (3), conviene a saber, cómo esta sabiduría secreta sea también escala. Acerca de lo cual es de saber, que por muchas razones podemos llamar a esta secreta contemplación escala. Primeramente, porque así como con la escala se sube y se escalan los bienes y tesoros y cosas que hay en las fortalezas, así también por esta secreta contemplación, sin saberse cómo, sube el alma a escalar, conocer y poseer los bienes y tesoros del cielo. Lo cual da bien a entender el real profeta David, cuando dice: Bienaventurado el que tiene tu favor y ayuda, porque en su corazón éste tal (4) puso sus subidas en el valle (5) de lágrimas en el lugar que puso; porque de esta manera el señor de la ley dará bendición, e irán de virtud en virtud como de grado en grado, y será visto el Dios de los dioses en Sión (6), el cual es el tesoro de la fortaleza de Sión, que es la bienaventuranza.

1 Job, XXXVII, 16.

2 De la e. p. Los Códices no hacen división.

3 E. p.: Resta de ver lo segundo.

4 E. p.: de este tal.

5 A: porque este tal puso en el corazón de suspiros. B: porque este tal puso en el corazón sus suspiros.

6 Ps. LXXXIII, 6.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XVII!

2. Podemos también llamarla escala, porque así como la escala esos mismos pasos que tiene para subir, los tiene también para bajar; así también esta secreta contemplación esas mismas comunicaciones que hace al alma, que la levantan en Dios, la humillan en sí misma. Porque las comunicaciones que verdaderamente son de Dios, esta propiedad tienen, que de una vez humillan y levantan al alma. Porque en este camino el bajar es subir, y el subir es bajar, pues el que se humilla es ensalzado, y el que se ensalza es humillado (1). Y demás de esto de que la virtud de la humildad es grandeza para ejercitar al alma en ella, suele Dios hacerla subir por esta escala para que baje, y hacerla bajar para que suba, para que así se cumpla lo que dice el Sabio, es a saber: Antes que el alma sea ensalzada, es humillada; y antes que sea humillada, es ensalzada (2).

3. Lo cual hablando ahora naturalmente echará (3) bien de ver el alma que quisiere mirar en ello cómo en este camino (dejado aparte lo espiritual que no se siente) cuántos altos y bajos padece, y cómo tras la prosperidad que goza luego se sigue alguna tempestad y trabajo; tanto, que parece que le dieron aquella bonanza para prevenirla y esforzarla para la siguiente penuria (4); como también después de la miseria y tormenta, se sigue abundancia y bonanza. De manera que le parece al alma que para hacerla aquella fiesta, la pusieron primero en aquella vigilia. Y éste es el ordinario estilo y ejercicio del es-* tado de contemplación hasta llegar al estado quieto, que nunca permanece en un estado, sino todo es subir y bajar.

4. La causa de esto es que, como el estado de perfección que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de sí mismo, no puede estar sino con estas dos partes, que son conocimiento de Dios y de sí mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en lo uno y en lo otro, dándole ahora a gustar 1 Luc.XlV.il.

2 Prov., XVIII. 12.

3 Asi H. — A, By M: manualmente. — Bz. Mtr. y V: algo manualmente. — P naturalmente hablando. — E. p.: También según esta propiedad de escala echara...i E. p. para la presente penalidad.

lo uno engrandeciéndola, y haciéndola también probar lo otro humillándola, hasta que adquiridos los hábitos perfectos cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y unidose con Dios, que está en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y es-1 triba. Porque esta escala de contemplación, que, como habernos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio durmiendo Jacob, por la cual subían y bajaban ángeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (1). Todo lo cual dice la Escritura Divina que pasaba de noche y Jacob dormido, para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que ordinariamente lo que en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo (2), tiene por peor; y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, eso lo tiene por mejor.

5. Pero hablando ahora algo más sustancial y propiamente de esta escala de contemplación secreta, diremos que la principal propiedad por qué aquí se llama escala, es porque la contemplación es ciencia de amor, la cual como habernos dicho (3), es noticia infusa de Dios amorosa, y que juntamente va ilustrando y enamorando al alma, hasta subirla de grado en grado a Dios su Criador. Porque sólo el amor es el que une y junta al alma con Dios. De donde, para que más claro se vea, iremos aquí apuntando los grados de esta divina escala, diciendo con brevedad las señales y efectos de cada uno, para que por allí pueda conjeturar el alma en cuál de ellos estará; y así los. distinguiremos por sus efectos, como hace San Bernardo y Santo Tomás (4); y porque conocerlos en sí, por cuanto esta es- 1 Gen., XXVIII. 12.

2 Suprime la e. p.: a si mismo.

3 Como habernos dicho. Falta esta frase en e. p.

4 "Ut dicit Bernardus, Magna res est amor, sed sunt in eo gradus. Loquendo ergo aliquantulum magis moraliter quam realiter, decem amoris gradus distinguere possumus." (D. Thom. De dilectione Dei ef proximi, cap. XXVII. Vide opuse. LXI de la edición de Venecia de 1595). Este tratado se ha venido atribuyendo por mucho Uempo al Doctor Angélico.

LIBRO SEGANDO. — CAP. XVIII cala de amor es, como habernos dicho, tan secreta, que sólo Dios es el que la mide y pondera, no es posible por vía natural.

CAPITULO XIX COMIENZA A EXPLICAR LOS DIEZ GRADOS DE LA ESCALA.MISTICA DE AMOR DIVINO SEGUN SAN BERNARDO Y SANTO TOMAS. —PON ENSE LOS CINCO PRIMEROS (1).

1. Decimos, pues, que los grados de esta escala de amor por donde el alma de uno en otro va subiendo a Dios, son diez. El primer grado de amor hace enfermar al alma provechosamente. En este grado de amor habla la Esposa cuando dice: Conjuróos, hijas de Jerusalén, que si encontráredes a mi Amado, le digáis que estoy enferma de amor (2). Pero esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, porque en esta enfermedad desfallece (3) el alma al pecado y a todas las cosas que no son Dios, por el mismo Dios, como David testifica diciendo: Desfalleció mi alma, esto es, acerca de todas las cosas a tu salud (4). Porque así como el enfermo pierde el apetito y gusto de todos los manjares y muda el color primero, así también en este grado de amor pierde el alma el gusto y apetito de todas las cosas, y muda como amante el color y accidente de la vida pasada (5). Esta enfermedad no cae en ella el alma si de arriba no le envían el exceso del calor (6), según se da a entender por este verso de David, que dice: Pluviátil voluntariam scgrrgabis, Deus, hacreditati tuac, ct injirmata csi, etc. (7). Esta enfermedad y desfallecimiento a todas las cosas, que es el principio y primer grado para ir a Dios, biert 1 De la e. p. En los Códices no hay división.

2 Cant.. V. 8.

3 E. p. porque en ella desfallece.

4 Ps. CXLII. 7 5 Omite la e. p: y accidente de la vida pasada.

6 1.a e. p. añade: que es aquí la mística calentura.

7 Ps. LXVII, 10 — Este texto latino se lee en todos los Códices, menos en C.G y P.

le habernos dado a entender arriba, cuando dijimos la aniquilación en que se ve el alma cuando comienza a entrar en esta escala de purgación contemplativa (1), cuando en ninguna cosa puede hallar gusto, arrimo, ni consuelo ni asiento. Por lo cual de este grado luego va comenzando a subir al segundo grado (2).

2. El segundo grado hace al alma buscar sin cesar a Dios (3). De donde cuando la Esposa dice que buscándole de noche en su lecho (cuando según el primer grado de amor estaba desfallecida), y no le halló, dijo: Levantarme he, y buscaré al que ama mi alma (4). Lo cual, como decimos, el alma hace sin cesar, como lo aconseja David diciendo: Buscad siempre la cara de Dios, y buscándole en todas las cosas, en ninguna repara hasta hallarle (5). Como la Esposa, que en preguntando por él a las guardas, luego pasó y las dejó. María Magdalena ni aun en los ángeles del sepulcro reparó (6). Aquí en este grado, tan solícita anda el alma, que en todas las cosas busca al Amado; en todo cuanto piensa, luego piensa en el Amado; en cuanto habla, en todos cuantos negocios se ofrecen, luego es hablar y tratar del Amado; cuando come, cuando duerme, cuando vela, cuando hace cualquiera cosa (7), todo su cuidado es en el Amado, según arriba queda dicho en las ansias de amor. Aquí, como va ya el amor convaleciendo y cobrando fuerza en el amor de este segundo grado (8), luego comienza a subir al tercero por medio de algún grado de nueva purgación en la noche, como después diremos, el cual hace en el alma los efectos siguientes.

3. El tercer grado de la escala amorosa es el que hace al alma obrar y le pone calor para no faltar. De éste dice el Real 1 V: de contemplación purgativa.

2 E. p.: luego va comenzando a subir a los demás.

4 Cant. III, 2.

5 Ps. CIV. 4.

6 Joan. XX. 14.

7 Al Hispalense le faltan aquí veinte lineas, que se leen en los demás Códices y en e. p.

8 E. p,: cobrando fuerzas en este segundo grado.

Profeta: Bienaventurado el varón que teme al Señor, porque en sus mandamientos codicia obrar mucho (1). Donde si el temor, por ser hijo del amor, le hace esta obra de codicia (2), ¿que hará el mismo amor? En este grado las obras grandes por el Amado tiene por pequeñas, las muchas por pocas, el largo tiempo en que le sirve por corto, por el incendio de amor en que ya va ardiendo. Como a Jacob, que con haberle hecho servir siete años sobre otros siete, le parecían pocos por la grandeza del amor (3). Pues si el amor en Jacob, con ser de criatura, tanto podía, ¿qué podrá el del Criador cuando en este tercer grado se apodera del alma? Tiene el alma aquí, por el grande amor que tiene ('4) a Dios, grandes lástimas y penas de lo poco que hace por Dios; y si le fuese lícito deshacerse mil veces por él, estaría consolada. Por eso se tiene por inútil en todo cuanto hace, y le parece vive de balde. Y hácele aquí otro efecto admirable, y es que se tiene por más mala averiguadamente para consigo que todas las otras almas: lo uno, porque le va el amor enseñando lo que merece Dios; y lo otro, porque como las obras que aquí hace por Dios son muchas, y todas las conoce por faltas c imperfectas, de todas saca confusión y pena, conociendo tan baja manera de obrar (5) para un tan alto Señor. En este tercer grado, muy lejos va el alma de tener vanagloria o presunción, y de condenar a los otros. Estos solícitos efectos causa en el alma, con otros muchos a este talle, este tercer grado (6); y por eso en él cobra ánimo (7) y fuerzas para subir hasta el cuarto, que es el que; se sigue.

4. El cuarto grado de esta escala de amor es en el cual se causa en el alma, por razón del Amado, un ordinario su- 1 Ps. CXI. l.

2 E. p.: causa este efecto de codicia.

3 Gen., XXIX. 20.

4 Amor que tiene. Con esta frase reanuda el hilo el Hispalense.

5 Conociendo que es muy baja manera de obrar la suya, añade la e. p.

6 E. p.: a esfe modo este tercer grado de amor.

7 E. p.: en el cobra el ánima animo.

frir sin fatigarse. Porque, como dice San Agustín, todas las cosas grandes, graves y pesadas, casi ningunas (1), las hace el amor (2). En este grado hablaba la Esposa cuando deseando ya verse en el último, dijo al Esposo: Ponmc como señal en tu corazón, como señal en tu brazo; porque la dilección, esto es, el acto y obra de amor, es fuerte como la muerte, y dura emulación y porfía como el infierno (3). El espíritu aqui tiene tanta fuerza, que tiene tan sujeta a la carne y la tiene tan en poco, como el árbol *a una de sus hojas. En ninguna manera aquí el alma busca su consuelo ni gusto, ni en Dios, ni en otra cosa, ni anda deseando ni pretendiendo pedir mercedes a Dios, porque ve claro que hartas le tiene hechas, y queda todo su cuidado en cómo (4) podrá dar algún gusto a Dios y servirle algo por lo que él merece y de él tiene recibido, aunque fuese muy a su costa. Dice en su corazón y espíritu: ¡Ay, Dios y Señor mío! cuán muchos hay que andan a buscar en Ti su consuelo y gusto, y a que les concedas mercedes y dones; mas los que a Ti pretenden dar gusto y darte algo a su costa, pospuesto su particular, son muy pocos; porque no está la falta, Dios mío, en no nos querer Tú hacer mercedes de nuevo, sino en no emplear nosotros las recibidas sólo en tu servicio (5), para obligarte a que nos las hagas de continuo. Harto levantado es este grado de amor; porque como aquí el alma con tan verdadero amor se anda siempre tras Dios con espíritu de padecer por él, dale Su Majestad muchas veces y muy de ordinario ei gozar, visitándola en el espíritu sabrosa y deleitablemente; porque el inmenso amor del Verbo Cristo no puede sufrir penas de su amante sin acudirle. Lo cual por Jeremías afirmó él, di- 1 Y muy ligeras, añade la e. p.

2 Omnia enim saeva et immania prorsus facilia et prope nulla efficit amor. (Scrm. IX de Verbis Domini in Evang. secundum Math. in fine).

3 Cant., VIII. 5.

4 La e. p. enmienda: "ni en otra cosa, ni por ese motivo de consuelo o interés propio pide mercedes a Dios. Porque ya todo su cuidado es cómo..."

5 E. p. corrige: "porque no te falta a ti, Dios mió, voluntad de hacernos mercedes; nosotros faltamos en no emplear las recibidas en tu servicio."

riendo Acordádome he de ti, apiadándome de tu adolescencia y ternura cuando me seguiste en el desierto (1). Que hablando es piritualmente es el de:>arrimo que aquí interiormente trae el alma de toda criatura, no parando ni quietándose en nada. Este cuarto grado inflama de tal manera al alma y la enciende en tal deseo de Dios, que la hace subir al quinto, el cual es el que se sigue.

5. El quinto grado de esta escala de amor hace al alma apetecer y codiciar a Dios impacientemente. En este grado el amante tanta es la vehemencia que tiene por comprehender al Amado y unirse con él, que toda dilación, por mínima que sea, se le hace muy larga, molesta y pesada, y siempre piensa que halla al Amado; y cuando ve frustrado su deseo (lo cual es casi a cada paso), desfallece en su codicia, según hablando en este grado lo dice el Salmista, diciendo: Codicia y desfallece mi alma a las moradas del Señor (2). En este grado el amante no puede dejar de ver lo gue ama, o morir, en el cual Raquel (3) por la gran codicia que a los hijos tenía, dijo a Jacob su Esposo: Dame hijos; si no, yo moriré (4). Padecen aquí hambre como canes y cercan y fodean la ciudad de Dios. En este hambriento grado se ceba el alma (5) en amor; porque según la hambre es la hartura; de manera que de aquí puede subir al sexto grado, que hace los efectos que se siguen.

CAPITULO XX PONENSE LOS OTKOS CINCO GRADOS DE AMOR (6).

1. El sexto grado hace correr al alma ligeramente a D\o¿ y dar muchos toques en él, y sin desfallecer (7) corre por la esperanza: que aquí el amor que la ha fortificado, la hace 1 Jerem.. II. 2.

2 Ps. LXXXIII. 2.

3 E. p.: no puede dejar de alcanzar lo que ama. o morir al modo que Raquel.

4 Gen. XXX. 1.

5 I«a e. p. abrevia: Dame hijos, si no, yo moriré. Aquí se ceba el alma...6 De la e. p. Los Códices no traen división algima.

7 La e. p.: ligeramente a Dios. Y asi. sin desfallecer...volar ligera. En el cual grado también dice el Profeta Isaías aquello: Los santos que esperan en Dios mudarán la fortaleza, tomarán alas como de águila, volarán y no desfallecerán (1), como hacían en el grado quinto. A este grado pertenece también aquello del Salmo: Así como el ciervo desea las aguas, mi alma desea a ti, Dios (2). Porque el ciervo en la' sed con gran ligereza corre a las aguas. La causa de esta ligereza en amor que tiene el alma en este grado, es por estar ya muy dilatada (3) la caridad en ella, por estar aquí el alma poco menos que purificada del todo, como se dice también en el Salmo, es a saber: Sine iniquitatc cucar ri (4). Y en otro sal-* mo: El camino de tus mandamientos corrí cuando dilataste mi corazón (5); y así, desde este sexto grado se pone luego en el séptimo, que es el que se sigue.

2. El séptimo grado de esta escala hace atrever al alma con vehemencia. Aquí el amor no se aprovecha del juicio para esperar (6) ni usa del consejo para se retirar, ni con vergüenza se puede enfrenar; porque el favor que ya Dios hace aquí al alma, la hace atrever con vehemencia (7). De donde se sigue lo que dice el Apóstol, y es: que la caridad todo lo cree, todo lo espera y todo lo puede (8). De este grado hablo Moisés, cuando dijo a Dios que perdonase al pueblo, y si no, que le borrase a él del libro de la vida en que le había escrito (9). Estos alcanzan de Dios lo que con gusto le piden. De donde dice David: Deléitate en Dios, y darte há las peticiones de tu corazón (10). En este grado se atrevió la Esposa, y dijo: Osculetar me ósculo oris sui (11). A este grado no le es lícito (12) al alma 1 Isai., XL, 31. — Asi la e. p. Los Códices ponen equivocadamente esta autoridad en labios de David.

2 Ps. XLI, 2.

3 V. delicada.

4 LVIU. 5.

5 CXVI1I. 32.

6 E. p.: "con vehemencia, de la cual intensa y amorosamente llevada, no se de|a llevar del juicio para esperar."

7 Las dos lineas que siguen faltan en c. p.

8 1 ad Cor., XIII. 7.

9 Exod., XXXII, 31-32.

10 Ps XXXVI. 4.

11 Cant:. I, 1.

12 E. p.. Pero es mucho aquí de advertir, que no le es licito.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XX atreverse, si no sintiese el favor interior del cetro del Rey inclinado para ella; porque por ventura no caiga de los demás grados que hasta allí ha subido, en los cuales siempre se ha de conservar con humildad. De esta osadía y mano que Dios le da al alma en este séptimo grado para atreverse a Dios con vehemencia de amor, se sigue el octavo, que es hacer ella presa en el Amado y unirse con él, según se sigue (1).

3. El octavo grado de amor hace al alma asir y apretar sin soltar, según la Esposa dice en esta manera: Hallé al que ama mi corazón y ánima, túvele, y no le soltaré (2). En este grado de unión satisface el alma su deseo, mas no de continuo (3), porque algunos llegan a poner el pie y luego le vuelven a quitar; porque si durase, sería cierta gloria en esta vida, y asi muy pocos espacios pausa (¿i) el alma en él (5). Al profeta Daniel, por ser varón de deseos, se le mandó (6) de parte de Dios que permaneciese en este grado, diciéndole: Daniel, está sobre tu grado, porque eres varón de deseos (7). De este grado se sigue el nono, que es ya el de los perfectos, como diremos después, que es el que se sigue (8).

4. El nono grado de amor hace arder al alma con suavidad. Este grado es el de los perfectos, los cuales arden ya en Dios suavemente. Porque este ardor suave y deleitoso les causa el Espíritu Santo por razón de la unión que tienen con Dios. Por eso dice San Gregorio de los Apóstoles, que cuando el Espíritu Santo visiblemente vino sobre ellos, que interiormente ardieron por amor suavemente (9). De los bienes y riquezas de 1 No copia la e. p. las palabras según se sigue.

2 Cant.. in. 4.

3 Camino por continuo, se lee en H.

4 Pausa, se lee en H. M. Bz. y V.— P: pasea. Los demás: pasa.

5 Enmienda así este pasaje la e. p.: "le vuelven a quitar, que si asi no fuese, y durasen en este grado, tendrían cierta manera de gloria en esta vida, y asi muy pocos espacios pasa el alma en él."

6 E. p.: se le dijo.

7 Dan., X, 1 1.— La e. p. pone también en latin este texto bíblico.

8 Faltan en e. p.: después, que es lo que se sigue.

9 "Dum Deum in ignis visione suscipiunt, per amorcm suaviter arserunt." (Hom. XXX in Evang.)

Dios que el alma goza en este grado, no se puede hablar; porque si de ello se escribiesen muchos libros, quedaría lo más por decir. Del cual, por esto y porque después diremos alguna cosa, aquí no digo más sino que de éste se sigue el décimo y último grado de esta escala de amor, que ya no es de esta vida.

5. El décimo y último grado de esta escala secreta de amor hace al alma asimilarse totalmente a Dios, por razón de la clara visión de Dios que luego posee inmediatamente ( 1 ) el alma, que habiendo llegado en esta vida al nono grado, sale de la carne. Porque éstos, que son pocos, por cuanto ya por el amor están purgadísimos, no entran en el purgatorio (2). De donde San Mateo dice: Beati mundo corde-. quoniam ipsi Deum videbunt (3). Y como decimos, esta visión es la causa de la similitud total del alma con Dios, porque así lo dice San Juan, diciendo: Sabemos que seremos semejantes a el (4). No porque el alma se liará tan capaz como Dios, porque eso es imposible (5); sino porque todo lo que ella es se liará semejante a Dios; por lo cual se llamará, y lo será, Dios por participación.

6. Esta es la escala secreta que aquí dice el alma, aunque ya en estos grados de arriba no es muy secreta para el alma, porque mucho se le descubre el amor por los grandes efectos que en ella hace. Mas en este último grado de clara visión, que es lo ultimo de la escala donde estriba Dios, como ya dijimos, ya no hay cosa para el alma encubierta, por razón de la total asimilación. De donde Nuestro Salvador dice: En aquel día ninguna cosa me preguntaréis, etc. (6), pero hasta este día, todavía aunque el alma más alta vaya, le queda algo encubierto, y tanto cuanto le falta para la asimilación total con la divi- 1 Falta este adverbio en e. p.

2 Modifica la e. p.: "Y en éstos, que son pocos, suele hacer el amor, dejándolo-, purgadísimos en esta vida, lo que en otros hace el purgatorio en la otra."

3 V. 8.

4 I Joan. III. 2.

5 Cambia la c. p.: "Sabemos que seremos semejantes a él. porque le veremos como es. Donde todo lo que ella es. será semejante a Dios."

6 Joan, XVI. 23.

LÍBRO SEGUNDO. — CAP. XX na esencia De esta manera, por esta teología mística y amor secreto, se va el alma saüendo de todas las cosas y de sí misma, y subiendo a Dios. Porque el amor es asimilado (1) al fuego, que siempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en el centro de su esfera.

CAPITULO XXI DECLARASE ESTA PALABRA «DISFRAZADA», Y DICENSE LOS COLORES DEL DISFRAZ DEL ALMA EN ESTA NOCHE (2).

1. Resta, pues, ahora, después que habernos declarado las causas por qué el alma llamaba a esta contemplación «secreta escala», declarar también acerca de la tercera palabra del verso, conviene a saber «disfrazada», por qué causa también dice el alma que ella salió por esta «secreta escala disfrazada».

2. Para inteligencia de esto conviene saber (3), que disfrazarse no es otra cosa que disimularse y encubrirse debajo de otro traje y figura que de suyo tenía, ahora para debajo de aquella forma o traje mostrar de fuera (4), la voluntad y pretensión que en el corazón tiene para ganar la gracia y voluntad de quien bien quiere, ahora también para encubrirse (5) de sus émulos, y así poder hacer mejor su hecho. Y entonces aquellos trajes y librea toma que más represente y signifique la afición de su corazón, y con que mejor se pueda acerca de los contrarios disimular.

5. El alma, pues, aquí tocada del amor del Esposo Cristo, pretendiendo caerle en gracia (6) y ganarle la voluntad, aqui sale disfrazada con aquel disfraz que más al vivo represente las aficiones de su espíritu y con que más segura vaya de 1 E. p.: semejante.

2 De la e. p. El primer párrafo del capítulo falta en el Hispalense. Se lee en los principales Códices y en e. p.

4 De fuera. Faltan estas dos palabras en e. p.

5 La e. p.: o para encubrirse...6 E. p.. de su Esposo Cristo, porque le pretende caer en gracia.

los (1) adversarios suyos y enemigos, que son demonio, mundo y carne. Y asi, la librea que lleva es de tres colores principales, que son blanco, verde y colorado; por los cuales son denotadas las tres virtudes teologales, que son, fe, esperanza y caridad, con las cuales (2) no solamente ganará la gracia y voluntad de su Amado, pero irá muy amparada y segura de sus tres enemigos; porque la fe es una túnica interior de una blancura tan levantada, que disgrega la vista de todo entendimiento. Y así, yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a empecerla, porque con la fe va muy amparada, más que con todas las demás virtudes (3), contra el demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo.

4. Que por eso San Pedro no halló otro mayor amparo que ella para librarse de él, cuando dijo: Cui resistite ¡oríes in fide (4). Y para conseguir la gracia y unión del Amado, no puede el alma ponerse mejor túnica y camisa interior, para fundamento y principio de las demás vestiduras de virtudes, que esta blancura de fe, porque sin ella, como dice el Apóstol, imposible es agradar a Dios; y con ella, es imposible dejarle de agradar (5), pues él mismo dice por un profeta: Sponsabo te rnihi in fide (6). Que es como decir: Si te quieres, alma, unir y desposar conmigo, has de venir interiormente vestida de fe.

8. Esta blancura de fe llevaba el alma en la salida de esta noche oscura, cuando caminando, como habernos dicho arriba, en tinieblas y aprietos interiores, no dándole su entendimiento algún alivio de luz, ni de arriba, pues le parecía él cielo cerrado y Dios escondido, ni de abajo, pues los que le enseñaban no le satisfacían, sufrió con constancia y perseveró, pasando por aquellos trabajos sin desfallecer y faltar al Amado; el cual en los trabajos y tribulaciones prueba la fe de su Esposa, de 1 E. p.: sus.

2 E. p.: con que.

3 Falta en e. p. la frase: más que con todas las demás virtudes.

4 I Petr. V. 9.

5 E. p. corrige: Y con ella, siendo viva, le agrada y parece bien. A: Y con ella, siendo viva es imposible...6 Osee. II, 20.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XH manera que pueda ella después con verdad decir aquel dicho de David, es a saber: Por las palabras de tus labios yo guardó caminos duros (1).

6. Luego sobre esta túnica blanca de fe se sobrepone aquí el alma el segundo color, que es una almilla (2) de verde. Por el cual, como dijimos, es significada (3) la virtud de la esperanza, con la cual, cuanto a lo primero, el alma se libra y ampara del segundo enemigo, que es el mundo. Porque esta verdura de esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que en comparación de lo que allí espera, todo lo del mundo le parece, como es la verdad, seco y lacio y muerto y de ningún valor. Aquí se desnuda y despoja de todas estas vestiduras y trajes del mundo, no poniendo su corazón en nada, ni esperando nada de lo que hay o ha de haber en él, viviendo solamente vestida de esperanza de vida eterna. Por lo cual, teniendo eJ corazón tan levantado del mundo, no sólo no le puede tocar y asir el corazón (4), pero ni alcanzarle de vista.