SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

Spanish

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admitir, hay seis inconvenientes (1). El primero, que se le va disminuyendo la fe (2); porque mucho derogan a la fe las cosas que se experimentan con los sentidos; porque la fe, como habernos dicho, es sobre todo sentido. Y así, apártase del medio de la unión de Dios no cerrando los ojos del alma a todas esas cosas del sentido. Lo segundo, que son impedimento para el espíritu, si no se niegan, porque se detiene en ellas el alma y no vuela el espíritu a lo invisible. De donde una de las causas por donde dijo el Señor a sus discípulos que les convenia que él se fuese para que viniese el Espíritu Santo, era ésta; asi como tampoco dejó a María Magdalena que llegase a sus pies, después de resucitado, porque se fundase en fe. Lo tercero es que va el alma teniendo propiedad en las tales cosas, y no camina a la verdadera resignación y desnudez de espíritu. Lo cuarto, que va perdiendo el efecto de ellas y el espíritu que causan en lo interior, porque pone los ojos en lo sensual de ellas, que es lo menos principal. Y asi, no recibe tan copiosamente el espíritu que causan (3), el cual se imprime y conserva más negando todo lo sensible, que es muy diferente del puro espíritu. Lo quinto, que va perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando con propiedad y no se aprovecha bien de ellas. Y tomándolas con propiedad y no aprovechándose de ellas, es quererlas tomar, porque no se las da Dios para que el alma las quiera tomar, pues que nunca se ha de determinar el alma a creer que son de Dios (4). Lo sexto, es que en quererlas admiUr abre puerta si demonio pera que la engañe en otras semejantes, las cuales sabe 1 Asi los Códices. En la c. p. leemos: "Y dejan su efecto de excitación y deleite vencedor que la facilita y dispone para el Ubre y amoroso consentimiento del bien. Pero aunque sean de Dios, si ei alma repara mucho en estos sentimientos o visiones exteriores, y trata de quererlos admitir, hay seis inconvenientes."

2 La perfección de regirse por fe, modifica la e. p.

3 El Códice de Alba vuelve a repetir: en io interior, porque pone los ojos en lo sensual de ellos, que es lo menos principal.

4 La f p procura dar más claridad a estos conceptos de los Códices, en la forma siguiente: "No aprovecharse de ellas es él mismo quererlas tomar y detenerse en ellas, y Dios no se las da para esto." Nunca por propio juicio debe cerciorarse el alma de estas cosas, sino descansar en el parecer de docto, discreto y experimentado maestro espiritual, que es lo que aquí nos enseña el Santo, como en muchos otros pasajes; en lo cual concuerda completamente con la Santa, que con tanto temor recibió siempre estas mercedes de Dios, y tanto costó en tranquilizarla, sobre todo al principio de recibirlas.

él muy bien disimular y disfrazar, de manera que parezcan a las buenas; pues puede, como dice el Apóstol, transfigurarse en ángel de luz (1). De lo cual trataremos después, mediante el favor divino, en el libro III, en el capítulo de la gula espiritual.

8. Por tanto, siempre (2) conviene al alma desecharlas a ojos cerrados, sean de quien se fueren. Porque, si no lo hiciese, tanto lugar daría a las del demonio, y al demonio tanta mano, que no sólo a vueltas de las unas recibiría las otras; mas ele tal.manera irían multiplicándose las del demonio y cesando las de Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dios. Como ha acaecido a muchas almas incautas (3) y de poco saber, las cuales de tal manera se aseguraron en recibir estas cosas, que muchas de ellas tuvieron mucho que hacer en volver a Dios en la pureza de la fe; y muchas no pudieron volver (4), habiendo ya el demonio echado en ellas muchas raíces; por eso es bueno cerrarse a ellas y negarlas todas (5). Porque en las malas se quitan los errores del demonio, y en las buenas el impedimento de la fe, y coge el espíritu el fruto de ellas. Y asi como cuando las admite, las va Dios quitando porque en ellas tienen propiedad, no aprovechándose ordenadamente de ellas, y va el demonio ingiriendo y aumentando las suyas, porque halla lugar y causa para ellas (6); así cuando el alma está resignada y contraria (7) a ellas, el demonio va cesando de que ve que nc hace daño; y Dios, por el contrario, va aumentando y aventajando (8) las mercedes en aquella alma humilde y desapropiada, haciéndola (9), sobre lo mucho, como al siervo que fué fiel en lo poco.

1 1! ad Cor., XI, 14. Lo que resta de este párrafo solo se lee en el C- de Ale. y la edición principe. La remisión al libro III, se refiere a los primeros capítulos de La Noche Oscura.

2 Siempre. El C. de Ale. es el único que copia esta palabra. Las edielo&es tampoco la traen.

3 La e. p. dice solamente: que a vueltas de las unas recibiría las otras, como ha acaecido a muchas almas incautas.

4 E. p.: no volvieron. Este es el sentido de la frase, pues Dios siempre está dispuesto a recibir al pecador con los brazos abiertos, y jamas le priva de poderlo hacer, si quiere.

6 A, B y e. p. porque ella da logar g cabida para ellas.

7 E. p.: sin propiedad en ellas.

8 E. p. no traslada esta palabra.

9 La e. p. sustituye la palabra haciéndola por constituyéndola y poniéndola.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XJ 9. En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y retirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado hasta la divina unión y transformación. Porque Nuestro Señor de tal manera va probando al alma y levantándola, que primero la da cosas muy exteriores y bajas ( 1 ) según el sentido, conforme a su poca capacidad, para que, habiéndose ella como debe, tomando aquellos primea bocados con sobriedad para fuerza y sustancia, la lleve a más y mejor manjar, de manera que si venciere al demonio en lo primero, pasará a lo segundo, y si también en lo segundo, pasará a lo tercero; y de ahi adelante todas las siete mansiones, hasta meterla el Esposo en la cela vinaria de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor.

10 Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bestia del Apocalipsi, que tiene siete cabezas, contrarias a estos siete grados de amor, con las cuales contra cada uno hace guerra, y con cada una pelea con el alma en cada una de estas mansiones, en que ell¿ está ejercitando y ganando cada grado de amor de Dios; que, sin duda, que si ella fielmente peleare en cada una y venciere, merecerá pasar de grado en grado, y de mansión en mansión, hasta la última, dejando cortadas a la bestia sus siete cabezas, con que le hacia la guerra furiosa; tanto, que dice allí San Juan, que le fué dado que pelease contra los santos y los pudiese vencer en cada uno de estos grados de amor, poniendo contra cada uno armas y municiones bastantes. Y asi, es mucho de doler que muchos, entrando en esta batalla espiritual contra la bestia, aun no sean para cortarle la primera cabeza, negando las cosas sensuales del mundo. Y ya que algunos acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es las visiones del sentido de que varaos hablando. Pero lo que más duele es que algunos, habiendo cortado no sólo segunda y primera, sino aún la tercera, que es acerca de los sentidos sensitivos interiores (2), pasando de estado de meditación, y aún más adelante, al tiempo de entrar en lo puro del espíritu los vence 1 En vez de la da cosas muy exteriores y bajas, de los Códices, la e. p. escribe la visita más según el sentido, etc.

2 En la e. p. sentidos interiores.

esta espiritual (1) bestia y vuelve a levantar contra ellos y a resucitar hasta la primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellos peores que las primerias en su recaída, tomando otros siete espíritus consigo peores que él.

1 1. Ha, pues, el espiritual de negar todas las aprehensiones con los deleites temporales (2) que caen en los sentidos exteriores, si quiere cortar la primera cabeza y segunda a esta bestia, entrando en el primer aposento de amor, y segundo de viva fe (3), no queriendo hacer presa ni embarazarse con lo que se les da a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe (4).

12. Luego claro está que estas visiones y aprehensiones sensitivas no pueden ser medio para la unión, pues que ninguna proporción tienen con Dios; y una de las causas porque no quería Cristo que le tocase la Magdalena y Santo Tomás (5), era ésta Y asi, él demonio gusta mucho cuando un alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, porque tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la fe; porque, como he dicho, grande rudeza se pone en el alma que las quiere, acerca de ella, y aun, a veces, hartas tentaciones e impertinencia (6).

13. Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores, por dar y abrir alguna más luz para las demás, de que luego habernos de tratar. Pero había tanto que decir en esta parte, que tuera nunca acabar; y entiendo he abreviado demasiado sólo con decir que tenga cuidado de nunca las admitir, si no fuese algo con algún muy raro parecer, y entonces no con gana ninguna de ello. Me parece basta en esta parte lo dicho (7).

1 Sólo el C. de Ak. traslada cata palabra.

2 E. p corporales.

3 E. p.. entrando en el primero y segando aposento de amor en uiva fe.

4 E. p.. lo que mas impide a esta noche espiritual de fe.

5 E. p. María Magdalena y el apóstol Santo Tomás.

6 El siguiente párrafo falta en A y B. Se imprime conforme al Q de Ale. aunque también lo traen, algo variado, C, D y e. p.

7 La e. p. trae así estas últimas líneas: "he abreviado demasiado sólo con decir que se tenga cuidado en nunca las admitir si no fuese alguna en algún caso raro y muy examinado de persona docta, espiritual y experimentada, y entonces no con gana de ello." El arreglo del editor, en gracia a la mayor claridad del sentido, es evidente.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. Xfl E\ QUE SE TRATA DE LAS APREHENSIONES IMAGINARIAS NATURALES. -DICE QVt COSA SHAN, Y PRUEBA COMO NO PUEDEN SER PRO- PORCIONADO MEDIO PARA LLEGAR A l.A UNION DE DIOS, Y EL DAÑO Ol'E HACE NO SABER DESASIRSE DE ELLAS (1).

1. Antes que tratemos de las visiones imaginarias que sobrenaturalmente suelen ocurrir al sentido interior, que es la imaginativa y fantasía, conviene aquí tratar, para que procedamos con orden, de las aprehensiones naturales de ese mismo interior sentido corporal, para que vayamos procediendo délo menos a lomas, y de lo más exterior hasta lo más interior, hasta llegar al ínti mo (2) recogí miento donde el alma se une con Dios (3), y ese mismo orden habernos seguido hasta aqui. Porque primero tratamos de desnudar los sentidos exteriores de las aprehensiones naturales de los objetos, y, por el consiguiente (4), de las fuerzas naturales de los apetitos, lo cual fue en el primer libro, donde hablamos de la noche del sentido; y luego comenzamos a desnudar a esos mismos sentidos de las aprehensiones exteriores sobrenaturales (ó), que acaecen a los sentidos exteriores (según en el pasado capítulo acabamos de hacer), para encaminar al al alma en la noche del espíritu 2. En este segundo libro, lo que primero ocurre ahora es el sentido corporal interior, que es la imaginativa y fantasía; de la cual también habernos de vaciar todas las formas y aprehensiones imaginarias que naturalmente en él pueden caer, y pro- 1 A su tiempo, añade la e. p.

2 El C. de Ale: último. Nos parece error material de copia.

3 Lo que sigue hasta el párrafo que comienza es, pues, de saber, falta en A y B. Lo traen, en cambio. Ale. y e p.. con algunas vanantes entre si. Nos ajustamos al Códice de Alcaudete.

4 La e. p. dice asi: "Porque primero tratamos de desnudar al alma de las aprehensiones naturales de los objetos exteriores, y, por el consiguiente-, etc.

5 E. p.: a desnudar en particular de les aprehensiones, etc.

I bar cómo es imposible que el alma llegue a la unión de Dios hasta que cese su operación en ellas, por cuanto no pueden ser propio medio y próximo de la tal unión.

3. Es, pues, de saber, que los sentidos de que aquí particularmente hablamos, son dos sentidos corporales interiores, que se llaman imaginativa y fantasía, los cuales ordenadamente se sirven el uno al otro; porque el uno discurre imaginando, y el otro forma la imaginación o lo imaginado, fantasiando; y para nuestro propósito ( 1 ) lo mismo es tratar del uno que del "otro.

Por lo cual, cuando no los nombráremos a entrambos, téngase por entendido, según aquí habernos de ellos dicho (2). De aquí, pues, es que todo lo que estos sentidos pueden recibir y fabricar, se llaman imaginaciones y fantasías, que son formas que con imagen y figura de cuerpo se representan a estos sentidos. Las cuales pueden ser en dos maneras: unas sobrenaturales, que sin obra de estos sentidos se pueden representar, y representan, a ellos pasivamente, las cuales llamamos visiones imaginarias por via sobrenatural, de que habernos de hablar después. Otras son naturales, que son las que por su liabilidad activamente puede fabricar en si por su operación debajo de formas (3), figuras e imágenes. Y asi, a estas dos potencias pertenece la meditación, que es acto discursivo por medio de imágenes, formas y figuras fabricadas e imaginadas por los dichos sentidos, así como imaginar a Cristo crucificado o en la columna o en ofro paso; o a Dios con grande majestad en un trono, o considerar e imaginar la gloria como una hermosísima luz, etc.; y, por el semejante, otras cualesquiera cosas, ahora divinas, ahora humanas, que pueden caer en la imaginativa. Todas las cuales imaginaciones (4) se han de venir a vaciar del alma, quedándose a oscuras según este sentido, para llegar a la divina unión; por cuanto no pueden tener alguna proporción de 1 E. p.: "porque en el uno hay algo de discurso, aunque imperfecto e imperfectamente, y el otro forma la imagen, que es la imaginación, y para nuestro propósito."

2 No dicen más los Códices. Añade la e. p.: "que lo que del uno dijéremos, se entiende del otro también, y que hablamos indiferentemente de entrambos."

3 E. p.: Otras son naturales, que por su operación activamente puede fabricar en si debajo de formas.

4 A y B Aprehensiones en vez de imaginaciones.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XTI próximo medio con Dios, tampoco como las corporales, que sirven de objeto a los cinco sentidos exteriores.

4. La razón de esto es, porque la imaginación no puede fabricar ni imaginar cosas algunas fuera de las que con los sentidos exteriores ha experimentado, es a saDer: visto con los ojos, oído con ios oídos, etc., o, cuando mucho, componer semejanzas de estas cosas vistas, u oídas y sentidas, que no suben a mayor entidad, ni a tanta, que aquéllas que recibió (1) por los sentidos dichos. Porque aunque imagine palacios de perlas y montes de oro (2) porque ha visto oro y perlas, en la verdad menos es (3) todo aquello que la esencia de un poco de oro o de una perla, aunque en la imaginación sea más en cantidad y compostura (4). Y por cuanto todas las cosas criadas, como ya es.-ta dicho, no pueden tener alguna proporción con el ser de Dios, de ahí se sigue que todo lo que se imaginare a semejanza de ellas, no puede servir de medio próximo para la unión con El, antes, como decimos, mucho menos (5).

5. De donde los que imaginan a Dios debajo de algunas figuras de éstas, o como un gran fuego o resplandor, u otras cualquier formas, y piensan que algo de aquello será semejante a El, harto lejos van de El. Porque aunque a los principiantes son necesarias estas consideraciones y formas y modos de meditaciones, para ir enamorando y cebando el alma por el sentido, como después diremos, y así les sirven de medios remotos para unirse con Dios, por los cuales ordinariamente han de pasar las almas para llegar al término y estancia del reposo espiritual; pero ha de ser de manera que pasen por ellos, y no se estén siempre en ellos, porque de esa manera nunca llegarían al término, el cual no es como los medios remotos, ni tiene que ver con ellos. Asi como las gradas de la escalera no tienen que ver con el término y estancia de la subida, para lo cual son medios; y si el 1 E. p.. que no suben a mayor excelencia que las que recibió.

2 Una vez mas, el coputa del C. de Ale. pasó de esta palabra a otra igual, de la linca siguiente, suprimiendo las palabras intermedias que se leen en A, B y las ediciones 3 E. p.: no es más.

4 E. p.: aunque en la imaginación tenga el orden y traza de compostura.

5 La e. p. omite las palabras antes, como decimos, mocho menos.

que sube no fuese dejando atrás las gradas hasta que no dejase ninguna, y se quisiese estar en alguna de ellas, nunca llegaría, ni subiría a la llana y apacible estancia del término. Por lo cual, el alma que hubiere de llegar en esta vida a la unión de aquel sumo descanso y bien, por todos los grados de consideraciones, formas y noticias, ha de pasar y acabar con ellas ( 1 ) ¡ pues ninguna semejanza ni proporción tienen con el término a que encaminan, que es Dios. De donde en los Actos de los Apostóles dice San Pablo: Non debemus a estimare, aura, ve! argento, aut lapidi sculpturae artis, et eogitationis hominis, Divinum esse similem (2). Que quiere decir No debemos estimar ni tener por semejante lo divino al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte, y a lo que el hombre puede fabricar con la imaginación.

6. De donde yerran mucho muchos espirituales (3), los cuales habiendo ellos ejercitádosc en llegarse a Dios por imágenes, y formas y meditaciones, cual conviene a principiantes, queriéndolos Dios recoger a bienes más espirituales interiores e invisibles, quitándoles ya el gusto y jugo de la meditación discursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de aquellos modos palpables a que están acostumbrados; y asi todavía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración y meditación de formas, como antes, pensando que siempre había de ser así. En lo cual trabajan ya mucho, y hallan poco jugo o nada; antes se les aumenta y crece la sequedad y fatiga c inquietud del alma, cuanto más trabajan por aquel jugo primero; el cual es ya excusado poder hallar en aquella manera primera, porque ya no gusta el alma de aquel manjar, como habernos dicho, tan sensible, sino de otro más delicado y más interior y menos sensible, que no consiste en trabajar con la imaginación, sino en reposar el alma y dejarla estar en su quietud y reposo, lo cual es más espiritual. Porque cuanto el alma se pone más en espíritu, más cesa en obra de las potencias en actos particulares, porque se pone ella más en un acto ge- 1 La e. p. omite y acabar con ellas.

2 Act, XVII. 29.

LIBRO SEGUNDO —CAP. XII U7 neral y puro, y así cesan de obrar las potencias que caminaban ( 1 ) para aquello donde el alma llegó; así como cesan y paran los pies acabando su jornada, porque si todo fuese andar, nunca habría llegar; y si todo fuese medios, ¿dónde o cuándo se gozarían los fines y término?

7. Por lo cual, es lástima ver que hay muchos que (2) queriéndose su alma estar en esta paz y descanso de quietud interior, donde se llena de paz y refección de Dios, ellos la desasosiegan y sacan afuera a lo más exterior, y la quieren hacer volver a que ande lo andado sin propósito (3). y que deje el término y fin en que ya reposa, por los medios que encaminaban a El, que son las consideraciones. Lo cual no acaece sin gran desgana y repugnancia del alma, que se quisiera estar en aquella paz que no entiende (4), como en su propio puesto; bien asi como el que llegó con trabajo donde descansa, si le hacen volver al trabajo siente pena. Y como ellos no saben el misterio de aquella novedad, dales imaginación que es estarse ociosos y no haciendo nada, y así, no se dejan quietar, procurando considerar y discurrir. De donde se llenan (5) de sequedad y trabajo, por sacar el jugo que ya por allí no han de sacar, antes les podemos decir, que mientras aprietan, menos les aprovecha (6), porque, cuanto más porfían de aquella manera, se hallan peor, porque más sacan al alma de la paz espiritual; y es dejar lo más por lo menos, y desandar lo andado, y querer hacer lo que está hecho (7).

8. A estos tales se les ha de decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella; pues aquí, como decimos, descansan las potencias, y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra 1 E. p.: del modo qae caminaban.

2 La e. p. suprime las palabras hay muchos que.

3 Sin propósito. La e. p. omite estas palabras.

4 La e. p. no trae las palabras qoe no enriende.

5 A y B: de donde viene qae se hinchen.

6 E. p.: qae mientras más hiela más aprieta.

7 Creo que por olvido omitió el C. de Ale. las palabras: y querer hacer lo qae está hecho, que se leen en A y B.

en ellas, y si algunas veces obran, no es con fuerza ni muy procurado discurso (1), sino con suavidad de amor, más movidas de Dios que de la misma habilidad del alma, como adelante se declarará. Mas ahora baste esto para dar a entender cómo conviene, y es necesario, a los que pretenden pasar adelante, saberse desasir de todos esos modos y maneras y obras de la imaginación en el tiempo y sazón que lo pide y requiere el aprovechamiento del estado que llevan.

9. Y para que se entienda cuál y a qué tiempo ha de ser, diremos en el capitulo siguiente (2), algunas señales que ha de ver en si el espiritual, para entender por ellas la sazón y tiempo en que libremente puede usar del termino dicho, y dejar de caminar por el discurso y obra de la imaginación.

EN QUE SE PONEN LAS SEÑALES QUE HA ÜE HABER EN SI EL ESPI-RITUAL POR LAS CUALES SE CONOZCA EN QUE TIEMPO LE CONVIENE DEJAR LA MEDITACION Y DISCURSO Y PASAR AL ESTADO DE CON-TEMPLACION (5).

1. Y porque esta doctrina no quede confusa, convendrá en este capitulo dar a entender a qué tiempo y sazón convendrá que el espiritual deje la obra del discursivo meditar por las dichas imaginaciones y formas y figuras, porque no se dejen antes o después que lo pide el espíritu; porque asi como conviene dejarlas a su tiempo para ir a Dios porque no impidan, asi también es necesario no dejar la dicha meditación imaginaria antes de tiempo para no volver atrás. Porque aunque no sirven las aprehensiones de estas potencias para medio próximo de unión a los 1 Las palabras activamente, etc., sólo las trae el C. de Ak. La e. p. escribe: "no obras tino en aquella simple y suave advertencia amorosa: y si algunas veces obran mas, no es con fuerza, ni muy procurado discurso."

2 El C. de Ale. y e. p. son los que dicen en el capitulo siguiente.

3 Tal reza el titulo en el Códice de Alcaudete. La e. p. lo trae de esta manera: "Pónenae las señales que ha de conocer en si el espiritual para comenzar a desnudar el entendimiento de las formas imaginarias y discursos de meditación."

LÍBRO SEGINDO. — CAP. Xin aprovechados, todavía sirven de medio remoto a los principiantes para disponer y habituar ( 1 ) el espíritu a lo espiritual por el sentido, y para de camino vaciar del sentido todas las otras formas e imágenes bajas, temporales y seculares y naturales. Para lo cual diremos aquí algunas señales y muestras que ha de haber en sí el espiritual, en que conozca si convendrá dejarlas o no en aquel tiempo (2).

2. La primera es ver en si que ya no puede meditar ni discurrir (3) con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solía; antes halla ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar jugo. Pero en tanto que sacare (4) jugo y pudiere discurrir en la meditación, no la ha de dejar, sino fuere cuando su alma se pusiere en la paz y quietud (5) que se dice en la tercera señal.

3. La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de 2 A y B añaden aquí Las señales que ha de i>er en si el espiritual para dejar la la meditación discursiva son tres. Fn realidad no hacen falta estas palabras. El Códice de Ale. C y D. no dicen nada. La e. p dice sólo. Las cuales [señales] son fres.

5 Falta en la e p y quietud. Como poco conforme a!a doctnna católica se delató io que el Santo escribe en esta primera señal para pasar de la meditación a la contemplación, principalmente en lo que dice "que ya no puede meditar, ni discurrir con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solia. " Este modo de hablar es común en los místicos y en los teólogos sin excluir a Santo Tomás (2.»-2.,e. q. 180. a. 6), y a Suárez (De oratione. iib II. c. 10), como erudita y doctamente prueban el P. Basilio Pooce de León y la Elucidaf.o. refutando a los aristarcos del Santo. Todos están contestes en afirmar que en el acto de contemplación de que aquí habla San Juan de la Cruz, debe desnudarse el entendimiento de formas y especiesimaginarias.y prescindirde los discursos y ponderaciones propios de la meditación. Y esto ha de entenderse, asi de ¡a contemplación que excede todo modo humano, como de la que se ejercita según este modo humano y connatural con el auxilio ordinario de la gracia: con la diferencia importante, que para la primera se prescinde de todo discurso intelectual y de toda imaginación o fantasma: y en la segunda, se requiere ordinariamente discurso antecedente o previo al acto de contemplación, el cual discurso cesa en el acto de contemplación, y le sustituye cierta intuición sencilla y amorosa de la verdad eterna. Entiéndase bien, que esto no ocurre en el alma contemplativa habitualmente. sino en el acto de contemplación, que dura poco, de ordinario.

Esto mismo viene a significar la Santa cuando escribe en el capítulo XXVII de su Vida: "Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda en lo muy interior del alma, y allí lo representa sin imagen ni forma de palabras, sino a manera de esta visión que queda dicha. Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el aima lo que El quiere, y grandes verdades y misterios: porque muchas veces lo que entiendo cuando el Señor me declara alguna visión que quiere Su Majestad representarme, es ansí, y parece que es adonde el demonio se puede entremeter menos por estas razones." Hay otros muchos pasajes en la Santa que tratan este mismo punto de doctrina. (Cfr. Vida, c. X y XII; Camino de Perfección, cap. XXVI; Moradas IV, c. III, et alibi).

poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores ni interiores. No digo que no vaya y venga (que ésta aun en mucho recogimiento suele andar suelta), sino que no guste el alma de ponerla de propósito en otras cosas.

4. La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso, y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, a lo menos discursivos, que es ir de uno en otro; sino sólo con la atención y noticia ( 1 ) general, amorosa que decimos, sin particular inteligencia y sin entender sobre qué (2).

5. Estas tres señales ha de ver en sí juntas, por lo menos, el espiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de meditación y del sentido (3), y entrar en el de contemplación y del espíritu.

6. Y no basta tener la primera sola sin la segunda, porque podría ser que no poder ya imaginar y meditar en las cosas de Dios como antes, fuese por su distracción y poca diligencia (4), para lo cual ha de ver en sí también la segunda, que es no tener gana ni apetito de pensar en otras cosas extrañas; porque cuando procede de distracción o tibieza el no poder fijar la imaginación y sentido en las cosas de Dios, luego tiene apetito y gana de ponerla en otras cosas diferentes, y motivo de irse de allí. Ni tampoco basta ver en sí la primera y segunda señal, si no viere también juntamente la tercera; porque aunque se vea que no puede discurrir ni pensar en las cosas de Dios, y que tampoco le da gana pensar en las que son diferentes, podría proceder de melancolía o de algún otro jugo de humor puesto en el 2 Y sin entender sobre qué. Estas palabras se leen sólo en el Códice de Alcaudete y en B. C y D.

3 Y del sentido. También faltan estas palabras en la e. p., que traen los Códices. Bien sabido es cuánta parte toma el sentido en la meditación, y por eso el Santo la contrapone a la contemplación, más subida y espiritual y más desligada de ataduras naturales cuanto más perfecta sea. como ocurre con la contemplación sobre todo modo humano, que prescinde de los sentidos interiores y exteriores y del proceso discursivo, previo o concomitante, del entendimiento, como antes se dijo. (Cfr Elucidario, part. II. c. III. p. 180).

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIII cerebro o en el corazón, que suelen causar en el sentido cierto empapamiento y suspensión que le hacen no pensar en nada, ni querer ni tener gana de pensarlo, sino de estarse en aquel embelesamiento sabroso. Contra lo cual ha de tener la tercera, que es noticia y atención amorosa en paz, etc., como habernos dicho.

7. Aunque verdad es que a los principios que comienza este estado casi no se echa de ver esta noticia amorosa, y es por dos causas: la una, porque a los principios suele ser esta noticie amorosa muy sutil y delicada, y casi insensible; y la otra, porque habiendo estado habituada el alma al otro ejercicio de la meditación, que es totalmente ( 1 ) sensible, no echa de ver ni casi siente estotra novedad insensible que es ya pura de espíritu, mayormente cuando, por no lo entender ella, no se deja sosegar en ello, procurando lo otro más sensible; con lo cual, aunque mas abundante sea la paz interior amorosa, no se da lugar a sentirla y gozarla. Peio cuanto mas se fuere habituando (2) el alma en dejarse sosegar, irá siempre creciendo en ella y sintiéndose más aquella amorosa noticia general de Dios, de que gusta ella más que de todas las cosas, porque le causa paz, descanso, sabor y deleite sin trabajo.

8. Y porque lo dicho quede más claro, daremos las causas y razones en este capitulo siguiente, por donde parecerán necesarias las dichas tres señales para caminar al espíritu (3).

EN EL CUAL SE PRUEBA Lt\ CONVENIENCIA DE ESTAS SEÑALES, DANDO RAZON DE LA NECESIDAD DE LO DICHO EN ELLAS PARA IR ADE-LANTE.

1. Acerca de la primera señal que decimos, es de saber, que haber el espiritual para entrar en la vía (4) del espíritu 1 La e. p. suprime esta palabra que traen todos ios Códices, y dice: que es más sensible.