: > PX 8 pero suscitaría nuevas dificultades y no explicaría la victoria definitiva del no se diga que el hombre podía salvarse sin ir a la gloria y perderse sin 11 bi b usa e. AF odo], felis alinf: len sobre el mal. -3, El maniqueísmo de Proudhon es además una contrainfierno, porque todo lo que no sea ira la gloria o tr al in lerno, ni es dicción monstruosa y blasfema. ni es galardón; no es perderse ni salvarse. La justicia y la misericordia Dios, o no son, o son de una manera infinita; siendo infinitas, se han € terminar, por una parte en el infierno, y por otra parte en la gloria; o Mi SUMARIO. -1. La libertad de pecar es la facultad de perturbar.las armonías de la creación. Magnífica pintura de las prevaricaciones humanas desde Caín a Noé, a Abraham. El pueblo de Dios, Jesucristo. El combate de todos. -2. El error maniqueo explicaría la mera existencia del bien y del mal; de ser varitd Eu ES ONES AMBCIA de ser PS fueran. | |, Cualquiera que sea la explicación que pueda darse del libre albe- Ahora bien; si esta laboriosa demostración da por resultado, por | 1 del hombre, no cabe duda sino que éste será siempre uno de nuestros parte, que la facultad de salvarse UPQne RESP nante la facultad de A prandes y pavorosos misterios: en todo caso es fuerza confesar que la derse; pp0e 0 RO la gloria O A el infierno, se Y iltad dejada al hombre de sacar el mal del bien, el desorden del orden, de aquí que el que blasfema contra Dios nc ha hecho el infierno, bi lurbar, siquiera sea accidentalmente, las grandes armonías puestas por fema contra Dios porque ha hecho la gloria, y que el que pide estar exen en todas las cosas creadas, es una facultad tremenda; y considerada en de la facultad de perderse, viene a pedir estar exento de la facultad de in relación a lo que la limita y la contiene, hasta cierto punto inconcevarse. le, El libre albedrío dejado al hombre es un don tan alto, tan trascenátal, que más bien parece por parte de Dios una abdicación que una graved, si no, sus efectos: ended los ojos por toda la prolongación de los tiempos, y veréis cuán Ibias y cenagosas vienen las aguas de ese río en que la humanidad va naando: allí viene haciendo cabeza de motín Adán el rebelde, y luego Caín átricida, y tras él muchedumbres de gentes sin Dios y sin ley, blasfemas, tibinarias, incestuosas, adúlteras; los pocos magnificadores de Dios y 88 JUAN DONOSO CORTÍ RAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 89 de su gloria olvidan al cabo su gloria y sus magnificencias, y todos junto Ina y Señora de la tierra? ¿Por qué consiente esa universal rebelión, y tumultúan y bajan en tumulto, en el ancho buque que no tiene capitán, la F- tumulto universal, y esos ídolos que se levantan, y esos grandes estraturbias corrientes del gran río, con espantoso y airado clamoreo, como di 3, y esos acumulados escombros?
tripulación sublevada. Y no saben ni adónde van, ni de dónde vienen, n Un día llamó a un varón justo y le dijo: -Yo te haré padre de una postecomo se llama el buque que los lleva, ni el viento que los empuja. Si de ve Had tan numerosa como las arenas de la mar y las estrellas del cielo; de tu en cuando se levanta una voz lúgubremente profética, diciendo: -¡Ay de lo Michosísima raza nacerá un día el Salvador de las gentes; Yo mismo la gonavegantes! ¡Ay del buque!- ni se para el buque ni la escuchan los navegan: hernaré con mi providencia, y para que no caiga, diré a mis ángeles que la tes; y los huracanes arrecian, y el buque comienza a crujir, y siguen las da leven en las palmas de sus manos; Yo seré para ella todo prodigios, y ella zas lúbricas y los espléndidos festines, las carcajadas frenéticas, y el insensa: estiguará ante las gentes mi omnipotencia-. Y sus obras fueron conformes to clamoreo; hasta que en un momento solemnísimo todo cesa a la vez, log sus palabras. Siendo esclavo su pueblo, le suscitó libertadores; no tenienfestines espléndidos, las carcajadas frenéticas, las danzas lúbricas, el clamos lo ni Patria ni hogar, le sacó milagrosamente de Egipto y le dio un hogar y reo insensato, el crujir del buque y el bramar de los huracanes; las aguas ima Patria. Padeció hambre, y le dio hartura; padeció sed, y obedientes a están sobre todo, y el silencio sobre las aguas, y la ira de Dios sobre las aguas ávoz brotaron aguas las rocas; saliéronle al encuentro grandes muchedumsilenciosas. es de enemigos, y la ira de Dios desvió como un nublado esas grandes Dios vuelve a obrar, y la nueva obra divina vuelve a ser deshecha por la muchedumbres. Suspendió sus arpas dolientes de los sauces babilónicos, y libertad humana. Un hijo es nacido a Noé que pone a la vergúenza a su le volvió a rescatar de su triste cautiverio, y volvió a ver con sus ojos a Jerupadre; el padre maldice al hijo y con él a toda su generación, que será mal- alén la santa, la predestinada, la hermosa. Le dio jueces incorruptibles que dita hasta la plenitud de los tiempos. Después del diluvio vuelve a comen- le gobernaron en paz y justicia; Reyes temerosos de Dios, con renombre de zar la historia antediluviana; los hijos de Dios vuelven a combatir con los prudentes, gloriosos y sabios; le deputó por embajadores Profetas que le hijos de los hombres; aquí se levanta la ciudad divina, y enfrente la ciudad ilescubriesen sus altos designios y le mostrasen como presentes las cosas fudel mundo; en una se rinde culto a la libertad, y en otra a la Providencia; y hiras |. Y ese pueblo carnal y duro puso en olvido sus milagros, desechó sus la libertad y la Providencia, Dios y el hombre, vuelvan a reñir aquel gigan- visos, abandonó su Templo, prorrumpió en blasfemias, cayó en idolatría, tesco combate cuyas grandes vicisitudes son el asunto perpetuo de la histo- tiltrajó su Nombre incomunicable, descabezó a sus Profetas santísimos, y ria. Los parciales de Dios van en todas partes de vencida; hasta el nombre ardió en discordias y rebeliones.
de Dios, incomunicable y santo, cae en un olvido profundo, y los hombres, Cumpliéronse entretanto las semanas proféticas de Daniel, y vino el en el frenesí de su victoria, se juntan con intento de levantarse una vivien- jue había de venir enviado por el Padre para la redención del mundo y da tan alta que vivan sobre las nubes. El fuego del cielo baja sobre la arro- para consuelo de las gentes; y viéndole tan pobre, tan manso y tan humilgante vivienda, y Dios confunde en su ira las lenguas de las gentes; las gen- e, despreció su humildad, ultrajó su pobreza, y escarneció su mansedumtes se dispersan por todos los ámbitos del mundo, y crecen y se multipli- bre, y se escandalizó, y le vistió vestidura de escarnio; y agitado secretamente can, y llenan todas las zonas y todas las regiones. Aquí se levantan grandes por las furias infernales, le hizo apurar hasta las heces el cáliz de la ignomiy populosas ciudades, allí se sientan llenos de soberbia y de pompa agigantados imperios; hordas embrutecidas y feroces vagan con insolente ociosidad por bosques inmensos o por desiertos inconmensurables. Y el mundo arde en discordias, y está como ensordecido con los grandes clamores de la guerra. Los imperios caen sobre los imperios, las ciudades sobre las ciuda- ' Sin duda que, a no haber sido por el temor de rebajar la fuerza y hermosura de esta ., ¡ áticinta y elocuente historia del reinado de la Providencia y del de la libertad humana, el audes, las naciones sobre las naciones, las razas sobre las razas, las gentes so- a Ea::; tor no habría dejado de advertir que tampoco la Providencia abandonó a otros pueblos, pues bre las gentes; la tierra es toda universales infortunios y universales incen- les dio suficientes auxilios para que, convenientemente ayudados por la cooperación del homdios. La abominación de la desolación está en el mundo. Y el Dios fuerte, bre, hubiesen producido el saludable fruto de su común salvación, como puede creerse ha-¿dónde está? ¿Qué hace, que así abandona el campo a la libertad humana, her sucedido a algunos individuos.
90 JUAN DONOSO COR'T' AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 91 Jero, que se abran para ti las puertas de la eternidad, si no muestras Pr las cicatrices que llevas: aquellas puertas no se abren sino para los combatieron aquí los combates del Señor gloriosamente, y para los que como el Señor, crucificados.
2, Al poner los ojos en el espectáculo que nos presenta la historia, el mbre no alumbrado con lumbre de fe va a parar forzosamente a uno de ÓÍÑ dos maniqueísmos: al antiguo, que consiste en afirmar que hay un incipio del bien y otro principio del mal, que esos dos principios están tarnados en dos dioses, entre los cuales no hay más ley que la guerra; o proudhoniano, que consiste en afirmar que Dios es el mal, que el hombes el bien, que el poder humano y el divino son dos poderes rivales, y F el único deber del hombre es vencer a Dios, enemigo del hombre.
Del espectáculo de la perpetua * batalla a que está condenado el muny Ne derivan naturalmente estos dos sistemas maniqueos, de los cuales el 1 guarda más conformidad con las antiguas tradiciones, y el otro un pafitesco mayor con las modernas doctrinas; y fuerza es confesar que, a iáiderar el hecho notorio de ese gigantesco combate en sí mismo, y haendo abstracción de la maravillosa armonía que forman, vistas en su conto, las cosas humanas y las divinas, las visibles y las invisibles, las creadas AÑ increadas, ese hecho queda suficientemente explicado por cualquiera esos dos sistemas.
La dificultad no está en explicar un hecho cualquiera, considerado en mismo; no hay hecho ninguno que, de esa manera considerado, no pueexplicarse suficientemente bien por cien hipótesis diferentes: la dificul-Hd consiste en llenar la condición metafísica de toda explicación, según la il, para que la explicación de un hecho notorio sea valedera, es menesque con ella no sean inexplicables y no queden inexplicados otros he-10s notorios y evidentes.
Por cualquier sistema maniqueo se explica lo que por su naturaleza pone un dualismo, y una batalla le supone; pero se deja sin explicación f¡ue es uno por su naturaleza; y la razón, aun sin estar alumbrada por la, es poderosa para demostrar que, o no existe Dios, o que si existe es uno. Hr cualquier sistema maniqueo se explica la batalla; pero por ninguno se nia en la Cruz, después de haber apurado el cáliz de la infamia en Pretorio. Y Crucificado por los judíos, llamó a los gentiles, y los gentiles vinierg pero después de venidos, como antes de que vinieran, siguió el mundo pt el camino de su perdición y como asentado en sombras de muerte. Su sal tísima Iglesia heredó de su divino Fundador y Maestro el privilegio de persecución y de los ultrajes, y fue ultrajada y perseguida por pueblos, Ri yes y Emperadores. De su propio seno brotaron aquellas grandes herejíl que rodearon su cuna, a manera de monstruos dispuestos a devorarla. K vano cayeron derribados a los pies del Hércules divino; la tremenda batal entre el Hércules divino y el humano, entre Dios y el hombre, vuelve a menzar; igual es la furia, varios los sucesos; el teatro de la batalla es grande, que en los continentes se extiende de mar a mar, y en el mar d continente a continente, y en el mundo de un polo al otro polo. Las hue tes vencedoras en Europa son vencidas en el Asia; los que sucumben en. África, triunfan en América. No hay hombre ninguno que, sabiendo o ij norándolo, no sea combatiente en este recio combate; ninguno que no tel ga una parte activa en la responsabilidad del vencimiento o de la victori: Lo mismo combate el forzado en su cadena, que el Rey en su Trono; l mismo el pobre que el rico, el sano que el doliente, el sabio que el necit el cautivo que el libre, el viejo que el mozo, el civilizado que el salvaje. Tod palabra que se pronuncia, o está inspirada por Dios, o suspirada por el mun do, y proclama forzosamente, de una manera implícita o explícita, per siempre clara, la gloria del uno o el triunfo del otro. En esta singular mil cia todos combatimos por alistamiento forzoso; aquí no tiene lugar ni € sistema de los sustitutos, ni el de los alistamientos voluntarios. En ella no $ conoce ni la excepción de sexo ni la de la edad; aquí no se escucha al qu dice: -Soy hijo de viuda pobre- ni a la madre del paralítico, ni a la muje del estropeado. De esta milicia son soldados todos los nacidos. Y no me digas que no quieres combatir, porque en el instante mismt en que me lo dices, estás combatiendo; ni que ignoras a qué lado inclina te, porque en el momento mismo en que eso dices, ya te inclinaste a ur lado; ni me afirmes que quieres ser neutral, porque cúando piensas serlo ya no lo eres; ni me asegures que permanecerás indiferente, porque m burlaré de ti, como quiera que al pronunciar esa palabra ya tomaste tu par tido. No te canses en buscar asilo seguro contra los azares de la guerra, por que te cansas vanamente; esa guerra se dilata tanto como el espacio, y st prolonga tanto como el tiempo. Sólo en la eternidad, Patria de los justos puedes encontrar descanso, porque sólo allí no hay combate: no presumas “Al calificar de perpetua esta batalla, se ve que el autor no ha querido en manera alguna hilitar la objeción maniquea, sino que, al contrario, ha querido presentarla en toda su fuera para salirle al encuentro.
92 JUAN DONOSO CO AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 99 explica la victoria definitiva; como quiera que la victoria definitiva del el dualismo, sin dejar de ser dualismo, es trinidad; que la trinidad, sin sobre el bien, o del bien sobre el mal, supone la supresión definitiva: ar de ser trinidad, es dualismo; que el dualismo y la trinidad, sin dejar uno o del otro, y no puede ser suprimido definitivamente lo que existe ( ter lo que son, son unidad; y que la unidad, que es unidad sin dejar de una existencia sustancial y necesaria. En esta suposición, por vía de con trinidad, y dualismo sin dejar de ser trinidad, está en dos partes. cuencia se saca que hay algo de inexplicable en la batalla misma que pa Si el ciudadano Proudhon afirmara de sí lo que no afirma, que es encía explicada suficientemente, como quiera que toda batalla es inexpli Ho; y se demostrara después lo que no podía demostrar, que su misión ble donde toda victoria definitiva es imposible. ilivina, todavía la teoría que acabo de exponer debería ser rechazada por 3. Si de lo que hay de generalmente absurdo en toda explicack iurda e imposible. La unión personal del mal y del bien, considerados maniquea pasamos a lo que hay de especialmente absurdo en la expli mo existiendo sustancialmente, es imposible y absurda, porque envuelve ción proudhoniana, se verá claro que al absurdo general de tot lá contradicción evidente. En la variedad personal y en la unidad sustanmaniqueísmo se añaden aquí todos los absurdos particulares posibles, y q|, que constituyen el Dios trino y uno del cristiano, así como en la uniaún hay cosas en esa explicación indignas de la majestad de lo absurdo. 1 il personal y en la variedad sustancial que constituyen al Hijo hecho homefecto; cuando el ciudadano Proudhon llama bien al mal y mal al bien, Y e, según el dogma católico, hay una oscuridad profundísima; no hay, emdice una cosa absurda; lo absurdo pide mayor ingenio, dice una bufonad to, imposibilidad lógica, como quiera que no hay contradicción en los Lo absurdo no está en decirla, está en decirla sin objeto ninguno. Desde: minos. Si hay mucho de oscuro, nada hay de esencialmente contradictomomento en que se afirma que el bien y el mal coexisten en el hombre pa los ojos de la razón, en afirmar de tres Personas que tienen por funen Dios, local y sustancialmente, la cuestión, que consiste en averiguar dón( mento una misma sustancia; así como no hay nada de contradictorio, aunestá el mal y dónde el bien, es una cuestión ociosa: el hombre llamará he sí mucho de oscuro a los ojos de nuestro entendimiento, en afirmar Dios el mal, y se llamará el bien a sí propio, y Dios se llamará a sí propio: 1e tres diferentes sustancias están sostenidas por una misma Persona. En bien, y llamará el mal al hombre; el mal y el bien estarán en todas partes que hay imposibilidad radical, porque hay absurdo evidente y contradicen ninguna parte: la única cuestión entonces consiste en averiguar por quié ón palpable, es en afirmar, después de haber afirmado la existencia susquedará la victoria. Si el mal y el bien son, en esa suposición, cosas indift incial del mal y del bien, que el mal y el bien sustancialmente existentes rentes, no había para qué caer en la ridícula puerilidad de contradecir € tán sostenidos por una misma Persona. ¡Cosa digna de admiración! El sentimiento común del género humano. El absurdo que le es peculiar mbre no puede huir de la oscuridad católica, sin condenarse a sí propio ciudadano Proudhon, consiste en que su dualismo es un dualismo de tre palpar una oscuridad más densa; ni puede huir de aquello que abruma a miembros, que constituye una unidad absoluta; por donde se ve que su all razón, sin caer en aquello que la niega, porque la contradice.
surdo, más bien que un absurdo religioso, es un absurdo matemático. Dio Y no se crea que el mundo sigue las pisadas del racionalismo, a pesar es el mal, el hombre es el bien: véase ahí el dualismo maniqueo; pero en € * sus absurdas contradicciones y de sus densas oscuridades; las sigue a causa hombre, que es el bien, hay una potencia esencialmente instintiva y otK; F esas oscuridades densas y de esas contradicciones absurdas. La razón sipotencia esencialmente lógica: por la primera es Dios, por la segunda e he al error a donde quiera que va, como una madre ternísima sigue, a hombre: de donde se sigue que las dos unidades se descomponen en tres ende quiera que va, aunque sea al abismo más profundo, al fruto más amay eso sin dejar de ser dos, porque fuera del hombre y de Dios no hay bie pde su amor, al hijo de sus entrañas. El error la dará muerte; mas ¿qué sustancial ni mal sustancial; no hay combatientes, no hay nada. Veamos aho Importa, si es madre y muere a manos del hijo? ra cómo las dos unidades, que son tres unidades, se convierten en una sola unidad, sin dejar de ser dos unidades y tres unidades. La unidad está en Dios; porque, además de ser Dios, por la potencia instintiva que está en el hombre, es hombre. La unidad está en el hombre; porque siendo hombre por su potencia lógica, es Dios por su potencia instintiva: de donde se si» gue que el hombre es hombre y Dios a un mismo tiempo. Resulta de todo CAPÍTULO CUARTO CAPÍTULO CUARTO DE CÓMO SE SALVA POR EL CATOLICISMO EL DOGMA DE LA PROVIDENCIA Y EL DE LA LIBERTAD SIN CAER EN LA TEORÍA DE LA RIVALIDAD ENTRE DIOS Y EL HOMBRE SUMARIO, -1. Universalidad y claridad de las soluciones católicas, -2, Origen del mal: la limitación de las criaturas las hace defectibles. Por el pecado, el entendimiento humano se separó del entendimiento divino; y he ahí la negación de la verdad: su voluntad se separó de la divina y he ahí la negación del bien. Todo gravitaba hacia Dios por el pecado, el hombre se constituyó centro de sí propio; y he ahí el desorden en toda la creación, en el hombre, en la naturaleza. -3. Refutación del dualismo maniqueo. -4. Armonías de la solución católica.
, En ninguna otra cosa resplandece tanto la incomparable belleza de soluciones católicas como en su universalidad; ese atributo Fomunicable de las soluciones divinas. No bien es aceptada una solución tólica, cuando luego al punto todos los objetos antes oscuros y tenebrohi se esclarecen, la noche se torna día y el orden sale del caos. No hay guna de ellas en que no esté ese soberano atributo y aquella secreta virtl, de donde procede la grande maravilla del universal esclarecimiento. esos piélagos de luz no hay más que un punto opaco, aquel en donde it la solución misma que penetra con su luz esos piélagos profundos. Con-Ale esto en que, no siendo el hombre Dios, no puede estar en posesión de quel atributo divino por el cual el Señor de todo lo criado ve todo lo que HO con una luz inefable. El hombre está condenado a recibir de las som- 96 | JUAN DONOSO CORTÉS bras la explicación de la luz, y de la luz la explicación de las sombras. Para él no hay cosa evidente que no proceda de un impenetrable misterio. Entre las cosas misteriosas y las evidentes, hay, sin embargo, la notable diferencia de que el hombre puede esclarecer las evidentes, pero no puede esclarecer las misteriosas. Cuando, para entrar en posesión de esa luz inefable que está en Dios y que no está en él, desecha por oscuras las soluciones divinas, da consigo en el laberinto intrincado y tenebroso de las soluciones humanas. Entonces sucede lo que acabamos de demostrar: que su solución es particular; como particular, incompleta; y como incompleta, falsa. Con-.
siderada a primera vista, parece que resuelve algo; considerada mejor, se ve que no alcanza a resolver nada de lo que parece que resuelve; y la razón, que comienza por aceptarla como plausible, concluye por desecharla por ineficaz, contradictoria y absurda. Esto último quedó completamente demostrado en el capítulo anterior: por lo que hace a la cuestión que vent mos discutiendo, después de haber demostrado la ineficacia evidente de la: solución humana, sólo nos falta demostrar la eficacia suprema y altísima.
conveniencia de la solución católica. | 2. Dios, que es el bien absoluto, es el supremo hacedor de todo bien, y todo lo que es bueno, siendo imposible a un tiempo que Dios ponga en la criatura lo que no tiene, y que ponga todo lo que tiene en la criatura. Dos cosas son de todo punto imposibles, a saber: que ponga el mal, que no tiene, en alguna cosa, y que ponga en alguna cosa el bien absoluto: ambas imposibilidades son evidentes, como quiera que es imposible concebir que alguno de lo que no tiene, y que el Criador quede absorbido en la criaturas No pudiendo comunicar su bondad absoluta, que sería comunicarse a $ propio, ni el mal, que sería comunicar lo que no tiene, COMUNICA el bien relativo, con lo cual comunica todo lo que puede comunicar, algo de lo: que está en él y que no es él, poniendo entre sí y la criatura aquella sema janza que atestigua la procedencia, y aquella diferencia que atestigua la. | tancia. De esta manera toda criatura va diciendo, sólo con mostrarse, quién es su criador, y que ella no es más que su criatura.
Siendo Dios el Criador de todo lo criado, todo lo criado es bueno con una bondad relativa. El hombre es bueno en cuanto hombre, el ángel en cuanto ángel, y el árbol en cuanto árbol. Hasta el Príncipe que relampaguea en el abismo, y el abismo en donde relampaguea, son cosas buenas excelentes. El Príncipe del abismo es bueno en sí, porque por serlo no h | dejado de ser ángel, y Dios es el criador de la naturaleza angélica, excelens te sobre todas las cosas criadas; el abismo es bueno en sí, porque se ordena a un fin que es bueno soberanamente.
l.- Y, sin embargo, de ser buenas y excelentes todas las esencias criadas, el catolicismo afirma que el mal está en el mundo, y que son grandes y portentosos sus estragos. La cuestión consiste en averiguar, por una parte, qué cosa es el mal; por otra, en dónde tiene su origen; y últimamente, de qué manera concurre con su propia disonancia a la universal armonía.
El mal tiene su origen en el mal uso que hizo el hombre de la facultad de escoger!, la cual, como dijimos, constituye la imperfección de la libertad humana. La facultad de escoger estuvo encerrada en ciertos límites impuestos por la naturaleza de las cosas. Siendo todas buenas, esa facultad no pudo consistir en escoger entre las cosas buenas, que existían necesariamente, y las malas, que no existían de manera ninguna; consistió sólo en unirse al bien o en apartarse del bien, en afirmarle con su unión o en negarle con su apartamiento. El entendimiento humano se apartó del entendimiento divino, lo cual fue apartarse de la verdad; apartado de la verdad, dejó de conocerla. La voluntad humana se apartó de la voluntad divina, lo cual fue apartarse del bien; apartada del bien, dejó de quererle; hahiendo dejado de quererle, dejó de ejecutarle; y como, por otra parte, no pudo dejar de poner en ejercicio, sus facultades íntimas e inadmisibles, que consistían en entender, en querer y en obrar, siguió entendiendo, queriendo y obrando; si bien lo que entendía, apartado de Dios no era la verdad, que sólo está en Dios; ni lo que quería era el bien, que sólo está en Dios; ni lo que obró pudo ser el bien que ni entendía ni quería; y que no siendo ni querido por su entendimiento ni aceptado de su voluntad, no pudo ser el lermino de sus acciones. El término de su entendimiento fue entonces el error, que es la negación de la verdad; el término de su voluntad fue el mal, que es la negación del bien; y el término de sus acciones el pecado, que es la negación simultánea de la verdad y del bien, manifestaciones diversas de una misma cosa considerada desde dos puntos de vista diferen- ' Es decir, el mal comenzó cuando el hombre escogió después de haberse colocado en ¿punto de negar la verdad, o sea en la vida del mal; mientras que si el hombre no se hubiera apartado de la verdad, su facultad de escoger no habría producido sino bien. No obstante Hue la frase del autor va aquí conforme con su razonamiento, habría sido quizá más, clara para el común de los lectores si, en vez de la palabra uso, hubiese empleado la de abuso No debemos olvidar que Donoso entiende por facultad de escogerla facultad de escoger entre el bien y el mal; pero no por esto niega que exista una facultad de escoger entre diferentes plases de bienes; pues varias veces repite que Dios y los ángeles y los bienaventurados gozan He libre albedrío, aunque no pueden escoger el mal.
98 JUAN DONOSO COK' AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 99 tes. Negándose por el pecado todo lo que Dios afirma con su entendimier exterior de su manera de ser, como su esencia misma, perfecta y exceque es la verdad, y todo lo que afirma con su voluntad, que es el bien; FP. Las cosas fueron hechas de tal modo, que tuvieron una perfección habiendo en Dios más afirmaciones que la del bien, que está en su volt lable, y otra necesaria e inadmisible: su perfección inadmisible y necetad, y la de la verdad, que está en su entendimiento, y no siendo Dios si A fue aquel bien esencial que puso Dios en toda criatura; su perfección esas mismas afirmaciones sustancialmente consideradas, se sigue de ag Hable fue aquella manera de ser con que Dios quiso que fueran cuando que el pecado que niega todo lo que Dios afirma, niega virtualmente a DM sacó de la nada. Dios quiso que fueran siempre lo que son; no quiso, en todas sus afirmaciones; y que negándole, y no haciendo otra cosa sil pero, que fueran necesariamente de la misma manera; substrajo las esennegarle, es la negación por excelencia, la negación universal, la negacii a toda jurisdicción que no fuera la suya; puso por un tiempo el orden absoluta. jue están bajo la jurisdicción de aquellos seres que formó inteligentes y Esa negación no afectó ni pudo afectar las esencias de las cosas, ql ven, De donde se sigue que el mal, producido por el libre albedrío angéexisten independientemente de la voluntad humana, y que, después con 10 el libre albedrío humano, no pudo ser y no fue otra cosa sino la neantes de la prevaricación, fueron, no sólo buenas en sí, sino también p ón del orden que puso Dios en todas las cosas criadas; cuya negación fectas y excelentes. Empero si el pecado no las quitó su excelencia, las ql Pnyuelta en la palabra misma que la significa, con lo cual se afirma lo tó aquella soberana armonía que puso en ellas su divino Hacedor, que: Amo que se niega: esa negación se llama desorden. El desorden es la neaquella trabazón delicada y aquel orden perfecto con que estaban junt lón del orden, es decir, de la afirmación divina, relativa a la manera de unas con otras y todas con Él, cuando las sacó del caos después de haberll dle todas las cosas. Y así como el orden consiste en la unión de las cosas sacado de la nada por efecto de su bondad infinita. Según aquel orden pé * Dios quiso que estuvieran unidas, y en la separación de aquellas que fecto y aquella trabazón admirable, todas las cosas se movían derechamet lso que anduvieran separadas, de la misma manera el desorden consiste te hacia Dios con un movimiento irresistible y ordenado. El ángel, espírif tinir las cosas que Dios quiso que anduvieran separadas, y en separar puro abrasado de amor, gravitaba hacia Dios, centro de todos los espíritu mellas que quiso Dios que estuvieran unidas.
con una gravitación amorosa y vehemente. El hombre, menos perfecto, pel ll desorden causado por la rebelión angélica consistió en el apartano menos amoroso, seguía con su gravitación el movimiento de la gravit ento, por parte del ángel rebelde, de su Dios, que era su centro, por meción angélica, para confundirse con el ángel en el seno de Dios, centro d yde un cambio en su manera de ser, que consistió en convertir su movilas gravitaciones angélicas y humanas. La materia misma, agitada por ul Énto de gravitación hacia su Dios en un movimiento de rotación sobre sí secreto movimiento de ascensión?, seguía la gravitación de los espíritus haci AMO.
aquel supremo Hacedor que atraía a sí sin esfuerzo todas las cosas. Y ¿ El desorden causado por la prevaricación del hombre fue parecido al como todas estas cosas, consideradas en sí, son las manifestaciones exteri( ado por la rebelión del ángel, no siendo posible ser rebelde y res del bien esencial que está en Dios, esta manera de ser es la manifesté varicador de dos maneras esencialmente diferentes. Habiendo dejado hombre de gravitar hacia su Dios con su entendimiento, con su voluntad on sus Obras, se constituyó en centro de sí propio, y fue el último fin de obras, de su voluntad y de su entendimiento. ll trastorno causado por esta prevaricación fue grande y profundísi-* No se entienda que el autor ha querido con esta frase reconocer en la materia u 4, Cuando el hombre se hubo apartado de su Dios, luego al punto todas fuerza propia e intrínseca; pues bien claramente se deduce lo contrario de las palabras col A potencias se apartaron unas de otras, constituyéndose a sí mismas en que termina este mismo período, en que dice que era Dios que traía a sí sin esfuerzo todas la ros tantos centros divergentes: su entendimiento perdió su imperio socosas.
Nótese también que al hablar Donoso del movimiento de ascensión de la materia hacia Dio po voluntad; su voluntad Pp erdió deca epi sob " z, ripio la a? cuando el hombre conservaba aún su inocencia; y más abajo, al mencionar los desórdene lió de la obediencia en que había estado del espíritu; y el espíritu, que producidos por el pecado en toda la creación, tenía presentes aquellas palabras de San Pable N Omnis creatura ingemiscit et parturit usque adhuc, etc.
100 JUAN DONOSO CORT' había estado sujeto a Dios, cayó en la servidumbre de la carne 3. Todo hi bía sido antes en el hombre concordancias y armonías; todo fue despu en él guerra, tumulto, contradicciones, disonancias. Su naturaleza se conwl tió de soberanamente armónica en profundamente antitética.