humana el mayor de los bienes, y tercero, que si el hombre no hubiese pecado, la Encarna- en su omnipotencia mil medios para sacar del pecado del hombre y del ángel bienes mayores ción no habría sido. Esta tercera opinión no pasa de ser una opinión. Otros teólogos sostie- que el mal causado por el mismo pecado. Pero Donoso se limita a decir, con San Agustín, que nen que la Encarnación se habría realizado de todos modos. Dios no permite el mal sino en vista de los bienes que se propone sacar de El y cuando añade Pero ¿por qué pecó el ángel que no debía ser objeto de la misma gracia? (la de la redención - que el medio escogido por Dios para esto ha sido la Encarnación, no se propone otra cosa por Jesucristo). A esto responde el Sr. Donoso, diciendo: Si Dios permitió la prevaricación del sino consagrar un mero hecho; confesando, sin embargo, con los santos doctores que en aquel ángel, consistió en que Dios sabía la manera secretísima de conciliar con el orden divino el desorden angé- medio es el más grandioso, magnífico y adecuado para manifestar refulgentemente la bonlico. Aunque nada pudiésemos entender sobre los medios con que Dios ha convertido en honra dad infinita de Dios y, por consiguiente, necesario en cierto sentido.
suya el pecado de los ángeles, sería de todas maneras cierto que así, en efecto, ha sucedido; y ¿Con que, supuesto el pecado, era necesaria la Redención? Necesaria, con necesidad absolupor otro lado, aun cuando se demostrase que la Encarnación del Verbo no entró para nada ta, no; pues Dios pudo haber dejado al hombre en el estado de pecado y de condenación que en los motivos de Dios para permitir la prevaricación angélica, no sería menos cierto que, si él había elegido libremente, y si quiso rescatamos fue en virtud de una bondad y una caridad permitió la prevaricación humana fue porque ésta nos había de valer un Redentor: O felix enteramente gratuitas. Pero queriendo la Misericordia divina salvar al hombre, y no querienvencer a la muerte, para sacarle del sepulcro y para levantarle hasta el cielo.
Así como la prevaricación angélica y la humana entran como elementos del orden universal, por efecto de una admirable operación divina, de la misma manera la libertad del ángel y la libertad del hombre, en que esas dos prevaricaciones tienen origen, entran como elementos necesarios de aquella ley suprema, universal, a la que están sujetas todas las cosas, todas las creencias, todos los mundos, así el moral como el material y el divino. Según esa ley, la unidad absoluta, en su fecundidad infinita, saca perpetuamente de su seno la diversidad, la cual torna perpetuamente al fecundísimo seno de donde salió: el seno de Dios, que es la unidad absoluta.
5. Considerado Dios como Padre, saca de sí eternamente al Hijo por vía de generación, al Espíritu Santo por vía de procedencia, y constituyen de esta manera eternamente la diversidad divina?. El Hijo y el Espíritu Santo se identifican eternamente con el Padre, y constituyen eternamente con Él su unidad indestructible.
Considerado como Criador, sacó de la nada las cosas por un acto de su voluntad, y constituyó de esta manera la diversidad física; en seguida sujetó todas las cosas a ciertas leyes eternas y a un orden inmutable, y de esta manera la diversidad misma no fue otra cosa, en el mundo físico, sino la manifestación exterior de su unidad absoluta.
Considerado como Señor y como legislador, puso en el ángel y en el hombre una libertad distinta de la suya propia, y constituyó de esta manera la diversidad en el mundo moral: en seguida impuso a esa libertad ciertas do la Justicia salvarle sino a precio de una plena y perfecta satisfacción, la Encarnación era necesaria; pues una mera criatura, por más perfecta que fuese, no podría satisfacer así, ni aun por el más mínimo pecado, 5 Sobreentiéndese de personas -dice la traducción italiana-. En cuanto a la distinción de personas en la unidad de esencia, el Hijo y el Espíritu Santo se identifican eternamente con el Padre, pues, en efecto, eternamente son con él una sola y misma esencia; y eternamente también se distinguen del Padre, pues eternamente son tres personas. Las palabras identificarse eternamente tienen un sentido muy diverso del de la palabra ¿identificarse aislada. Con esta última se expresa cómo varios llegan a serlo que antes no eran, es decir, unidad; por el contrario, la palabra eternamente, unida al verbo identificarse, excluye toda la idea de mudanza. Decir que se identifican eternamente es decir que son eternamente uno. (Véase más arriba lib. 1, caps. IM, III y IV, en sus notas respectivas).
leyes inviolables y un término necesario, y la necesidad de ese término y la inviolabilidad de esas leyes hicieron entrar a la libertad humana y a la angélica en la ancha unidad de sus maravillosas designios.
La voluntad divina, que es la unidad absoluta, está en aquel precepto dado a Adán en el paraíso, cuando le dijo Dios: No comerás; la libertad humana, con la imperfección que le es aneja de la facultad de escoger, que es la diversidad, está en la condición: y si comieres; la diversidad vuelve a la unidad de donde procede, primero por amenaza, cuando dijo Dios al hombre: quedarás sujeto a la muerte; y después con la promesa, cuando prometió a la mujer que nacería de su seno el que había de pisar la cabeza de la serpiente; con cuya amenaza y con cuya promesa anunció Dios los dos caminos por donde la diversidad que sale de la unidad, vuelve a la unidad de donde sale: el de su justicia, y el de su misericordia.
Suprimido el precepto, quedaría suprimida en su manifestación exterior la unidad absoluta.
Suprimida la condición, quedaría suprimida en su manifestación exterior la diversidad, que consiste en la libertad humana.
Suprimida por una parte la amenaza, y por otra la promesa quedarían borrados los caminos por los cuales la diversidad, si no ha de ser subversiva, ha de volver a la unidad en donde tuvo su origen.
Así como entre la creación física y el Criador no hay unidad sino porque la primera está sujeta eternamente a leyes físicas e inmutables, man:-estación perpetua de la voluntad soberana, de la misma manera no hay unidad entre Dios y el hombre sino porque el hombre, apartado de Dios por su delito, vuelve al Dios justiciero como impenitente, o, como purgado, al Dios misericordioso.
6. Si después de haber considerado la prevaricación angélica y la humana separadamente, para venir a parar en que cada una de ellas, si bien es una perturbación por accidente, es una armonía por su esencia, ponemos la consideración al mismo tiempo en ambas prevaricaciones, quedaremos como pasmados y absortos al contemplar de qué manera se convierten en cadencias maravillosas sus ásperas disonancias, por la irresistible virtud del divino Taumaturgo.
Al llegar aquí, y antes de pasar adelante, conviene observar que toda la belleza de la creación consiste en que cada cosa es en sí como un reflejo de alguna de las perfecciones divinas; de tal manera, que todas juntas son un fiel traslado de su belleza soberana. Por esta razón, desde el globo encendido que ilumina y! espacios, hasta el humilde lirio que está como olvidado en el valle; y desde mucho más abajo de los valles que se coronan de lirios, hasta muy por encima de los cielos en donde resplandecen los globos, todas las criaturas, cada cual a su manera, se cuentan unas a otras las grandes maravillas del Señor, atestiguan consigo mismas sus inefables perfecciones y cantan con un cántico sin fin sus excelencias y sus glorias. Los cielos cantan su omnipotencia, sus grandezas los mares, la tierra su fecundidad, las nubes con sus altísimos promontorios figuran la peana en que descansa su pie. El relámpago es su voluntad, el trueno su voz, el rayo su palabra. El está en los abismos con su sublime silencio, y con su ira sublime en los huracanes bramadores y en los torbellinos tempestuosos. Él nos pintó -dicen las flores de los campos-. Él me dio -dicen los cielos- mis bóvedas espléndidas. Y las estrellas: Nosotros somos centellas caídas de su resplandeciente vestidura. Y el ángel y el hombre: Al pasar por delante de nosotros, su hermosísima y gloriosísima y perfectísima figura quedó en nosotros estampada.
De esta manera unas cosas representaron su grandeza, otras su majestad, otras su omnipotencia, y el ángel y el hombre especialmente los tesoros de su bondad, las maravillas de su gracia y el resplandor de su hermo-: sura. Dios, empero, no es solamente maravilloso y perfecto por su hermosura, y por su gracia, y por su bondad y por su omnipotencia; es además de estas cosas, y sobre todas éstas, si en sus perfecciones hubiera medida, infinitamente justo e infinitamente misericordioso. Síguese de aquí que el acto supremo de la Creación no podía considerarse como consumado y perfecto sino después de haberse realizado en todas sus manifestaciones su infinita justicia y su infinita misericordia. Y como quiera que sin la prevaricación de los seres inteligentes y libres no podía Dios ejercer ni la justicia ni la misericordia especial que se aplican a los prevaricadores, de aquí se deduce que la prevaricación misma fue ocasión de las más grandes de todas las armonías y de la más bella de todas las consonancias.
Cuando todos los seres inteligentes y libres prevaricaron, Dios resplandeció en medio de la Creación con nuevos y más grandes resplandores. El universo en general fue el reflejo perfectísimo de su omnipotencia; el paraíso terrenal fue especialmente el reflejo de su gracia; el cielo fue especialmente el reflejo de su misericordia; el infierno únicamente el reflejo de su justicia; y la tierra, puesta entre estos dos polos de la Creación, fue a un tiempo mismo el reflejo de su justicia y el de su misericordia. Cuando con la prevaricación angélica y con la humana no hubo en Dios perfección que no estuviera manifestada exteriormente por alguna cosa, fuera de ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO LS aquella que había de ponerse de manifiesto más adelante en el Calvario, las cosas estuvieron en orden?.
Cuanto más se ahonda en estos dogmas pavorosos, tanto más resplandece la soberana conveniencia y la perfectísima conexión y la maravillosa concordancia de los Misterios cristianos. La ciencia de los Misterios, si bien se mira, no viene a ser otra cosa sino la ciencia de todas las soluciones.
” Donoso glosa aquí las palabras de la Iglesia: Deus qui humanae substantiae dignitatem mirabiliter condidisti et mirabilus reformasti, las cuales indican que después de la reparación quedó la obra de Dios más perfecta que antes de la degradación: lo cual equivale a decir con Donoso que la prevaricación de los seres inteligentes y libres ha sido para Dios la ocasión de dar a la obra de la Creación una perfección que antes no tenía; o en otros términos: que antes del pecado, el acto de la Creación no podía considerarse plenamente concluido, pues por muy perfecto y admirable que fuese, aún debía, según el divino designio, adquirir mayor perfección el que Dios quiso darle libremente no por el acto creador, sino por la Redención.
CAPÍTULO OCTAVO SOLUCIONES DE LA ESCUELA LIBERAL RELATIVAS A ESTOS PROBLEMAS SUMARIO. 1. La escuela liberal al despreciar neciamente a la Teología, desconoce el parentesco que liga las cuestiones políticas con las sociales y religiosas. Los Reyes absolutos tuvieron teólogos entre sus más insignes ministros: Richelieu, Alberoni, Cisneros. La ciencia de Dios vigoriza el entendimiento.- 2. Vaciedad de la ciencia liberal: sus contradicciones sobre Dios, su exclusivo interés por la legitimidad de las formas políticas.- 3. Si su Ignorancia, esterilidad: con la libertad de discusión difunde el escepticismo. Su situación es insostenible: o se eleva a las cumbres católicas o se hunde en la sima del socialismo.- 4. El socialismo es una teología satánica. Ha de vencer al liberalismo porque es teología; pero ha de sucumbir ante el catolicismo, que es teología divina.- 5. El error del liberalismo consiste en no dar importancia sino a las formas de gobierno, que comparadas con las cuestiones religiosas, carecen de importancia. De aquí su esterilidad y su insignificancia ante el socialismo.
Antes de poner término a este libro, me parece conveniente interrogar así a la escuela liberal como a los socialistas, sobre lo que piensan acerca del mal y del bien, del hombre y de Dios: problemas temerosos con que tropieza forzosamente la razón al darse cuenta a sí propia de los grandes problemas religiosos, políticos y sociales.
1. Por lo que hace a la escuela liberal, diré de ella solamente que en su soberbia ignorancia nn la Teología, y no porque no sea teológica a su manera, sino porque, launque lo es, no lo sabe. Esta escuela todavía no 134 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 135 ha llegado a comprender, y probablemente no comprenderá jamás, el es- poderío, haciéndola pesar gravemente en la balanza política de los pueblos trecho vínculo que une entre sí las cosas divinas y las humanas, el gran pa= europeos *. rentesco que tienen las cuestiones políticas con las sociales y con las reli- La ciencia de Dios da, al que la posee, sagacidad y fuerza, porque a un giosas, y la dependencia en que están todos los problemas relativos al go- mismo tiempo aguza el ingenio y le dilata. Lo que para mí hay de más adbierno de las naciones, de aquellos otros que se refieren a Dios, legislador mirable en las vidas de los santos, y señaladamente en la de los Padres del supremo de todas las asociaciones humanas. Yermo, es una circunstancia que aún no ha sido apreciada debidamente.
La escuela liberal es la única que entre sus doctores y maestros no tie- Yo no sé de ningún hombre acostumbrado a conversar con Dios y ejercitarne ningún teólogo; la absolutista los tuvo, los levantó muchas veces a go- se en las divinas especulaciones, que en igualdad de circunstancias no se bernadores de los pueblos, y los pueblos crecieron, durante su goberna- aventaje a los demás, o por lo extendido y vigoroso de su razón, o por lo ción, en importancia y en poderío. La Francia no olvidará nunca el gobier- sano de su juicio, o por lo penetrante y agudo de su ingenio; y sobre todo, no del Cardenal de Richelieu, afamado y glorioso entre las más gloriosos y no sé de ninguno que en circunstancias iguales no saque ventaja a los deafamados de la Monarquía francesa. El lustre del gran Cardenal es tan lim- más en aquel sentido práctico y prudente que se llama el buen sentido. Si pio que afrenta al de muchos Reyes, y su resplandor tan soberano que no el género humano no estuviera condenado irremisiblemente a ver las copadeció eclipse por el advenimiento al trono de aquel Rey gloriosísimo y sas del revés 3, escogería por consejeros entre la generalidad de los hompotentísimo a quien la Francia en su entusiasmo y la Europa en su asom- bres a los teólogos, entre los teólogos a los místicos, y entre los místicos a bro llamaron a un tiempo mismo el Grande. Cardenales y teólogos fueron los que han vivido una vida más apartada de los negocios y del mundo. En-Jiménez de Cisneros y Alberoni, los dos Ministros más grandes de la Mo- tre las personas que yo conozco, y conozco a muchas, las únicas en quienes narquía española: el nombre de aquél está gloriosa y perpetuamente aso- he reconocido un buen sentido imperturbable, y una sagacidad prodigioclado al de la Reina más esclarecida y al de la mujer más insigne de nuestra sa, y una maravillosa aptitud para dar una solución práctica y prudente a España, famosa entre las gentes por sus insignes mujeres y sus esclarecidas los más escabrosos problemas, y para encontrar siempre un escape o una Reinas: el segundo es grande en la Europa, por la grandeza de sus desig- salida en los negocios más arduos, son aquellas que han vivido una vida nios y por la agudeza y la sagacidad de su prodigioso ingenio. Nacido aquél contemplativa y retirada; y al revés, no he encontrado todavía, ni pienso en los dichosos días en que los altos hechos de esta nación la levantaron encontrar jamás, uno de esos hombres que se llaman de negocios, sobre la dignidad de la historia, encumbrándola hasta la altura y la gran- despreciadores de todas las especulaciones espirituales, y sobre todo de las diosidad de la epopeya, gobernó con mano firme el gran bajel del Estado; y poniendo en silencio a la tripulación turbulentísima que iba con él, lo llevó por mares inquietos a otros más apacibles y tranquilos, en donde haob bio. A ci e a pa A dino 0) 2 Nacido en el Ducado de Parma, en 1664, el Cardenal Alberoni fue, desde 1715 hasta rs aaa SS Y pS 1719, primer Ministro de Felipe V. Después de su desgracia, se retiró a Roma, donde murió de la Monarquía española, estuvo a punto de volverla su antigua majestad y en 1759.
3 Esta frase entendida como se debe, no según lo que suenan las palabras, expresa una verdad que se encuentra a cada paso en el Evangelio. ¿No es cierto que para el mundo la doctrina y vida cristianas son locura, como lo dice San Pablo (1 Cor., I, 18 y siguientes); y no es esto cabalmente ver las cosas al revés, dado que esta locura es la verdadera sabiduría? ¿No es verdad que la mayor parte de los hombres ven de este modo las cosas por consecuencia del X " Leibniz dijo del gran Cardenal Cisneros que: «si los grandes hombres se pudieran com- | pecado y de las pasiones que les turban la vista? Y nótese que Donoso habla aquí de los juicios prar, España no habría pagado cara la dicha de tener tal Ministro, aun cuando hubiera sacri- de los hombres sobre la vida mística y contemplativa, es decir, sobre uno de los puntos que ficado uno de sus Reinos». Nació en Castilla en 1437, humilde Franciscano, catedrático de más repugnan a la naturaleza corrompida, y que ella tiene más dificultad en comprender; Salamanca, Arzobispo de Toledo en 1493, Cardenal, primer Ministro de la gran Reina Zsabel la porque el hombre animal, mientras persiste en su corrupción, está condenado irremisiblemente a Católica, y después del Rey Fernando V, su esposo; murió el Cardenal Jiménez de Cisneros en no ver sino al revés las cosas del Espíritu de Dios; Animalis autem homo non percipilea quae sunt 1517, después del advenimiento de Carlos Y. spiritus Dei. Stultitia enim est illi, et non potest intelligere. (1. Cor., HL, 14).
divinas, que sea capaz de entender negocio ninguno: a esta clase numerosísima pertenecen aquellos que toman por oficio engañar a los otros, siendo ellos los que se engañan a sí mismos. Y aquí es donde el hombre queda atónito ante los altos juicios de Dios; porque si Dios no hubiera condenado a los que le desdeñan o le ignoran, engañadores de profesión, a ser perpetuamente torpes; o si no hubiera puesto un límite en su propia virtud a los que son prodigiosamente sagaces, las sociedades humanas no hubieran podido resistir ni a la sagacidad de los unos ni a la malicia de los otros. La virtud de los hombres contemplativos y la torpeza de los hábiles son las únicas cosas que mantienen al mundo en su ser y en un equilibrio perfecto. Un solo ser hay en la creación que reúne en sí toda la sagacidad de los seres espirituales y contemplativos, y toda la malicia de los que ignoran o desprecian a Dios, juntamente con todas las especulaciones espiri--tuales. Ese ser es el demonio. El demonio tiene de los unos la sagacidad sin virtud, y de los otros la malicia sin su torpeza; y de aquí cabalmente le viene toda su fuerza destructora y todo su inmenso poderío.
2. Por lo que se hace a la escuela liberal considerada en general, no es teológica sino en el grado en que lo son necesariamente todas las escuelas; sin hacer una exposición explícita de su fe, sin cuidarse de declarar su pensamiento acerca de Dios y del hombre, del mal y del bien, y del orden y del desorden en que están puestas todas las cosas criadas; y haciendo ostentación, por el contrario, de tener por cosa de menor valer estas altísimas especulaciones, puede afirmarse de ella, sin embargo, que cree en un dios abstracto e indolente, servido por los filósofos en la gobernación de las cosas humanas, y por ciertas leyes que instituyó en el principio de los tiempos en la gobernación universal de las cosas. Aunque es Rey de la creación el dios de esta escuela, ignora perpetuamente con una augusta ignorancia la manera en que sus Reinos son gobernados y regidos; cuando diputó los ministros que los gobernaron en su nombre, depositó en ellos la plenitud de su soberanía y los declaró perpetuos e inviolables. Desde entonces acá los pueblos le deben culto, pero no obediencia.
Por lo que hace al mal, la escuela liberal le niega en las cosas físicas y le concede en las humanas. Para esta escuela, a las cuestiones relativas al mal o al bien se resuelven en una cuestión de gobierno, y toda cuestión de gobierno en una cuestión de legitimidad; de tal manera, que cuando el gobierno es legítimo, el mal es imposible; y por el contrario, cuando es ilegítimo el gobierno, el mal es inevitable. La cuestión del bien y del mal se reduce, pues, a averiguar: por una parte, cuáles son los gobiernos legítimos, y por otra, cuáles son, los usurpadores.
HNSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 137 Llama legítimos la escuela liberal a los gobiernos establecidos por Dios, e ilegítimos a los que no tienen origen en la delegación divina. Dios quiso que las cosas materiales estuvieran sujetas a ciertas leyes físicas que instituyó en el principio y de una vez para siempre, y que las sociedades se gobernaran por la razón, encarnada de una manera general en las clases acomodadas, y de una manera especial en los filósofos que las enseñan y dirigen: de donde se sigue, por consecuencia forzosa, que no hay más que dos gobiernos legítimos: el gobierno de la razón humana, encarnada de una manera general en las clases medias y de una manera especial en los filósofos, y el gobierno de la razón divina, encarnada perpetuamente en ciertas leyes a que están sujetas desde el principio las cosas materiales.
No dejará de causar extrañeza a mis lectores, y sobre toda a mis lectores liberales, esta derivación de la legitimidad liberal del derecho divino, y sin embargo, nada hay para mí más evidente. La escuela liberal no es atea en sus dogmas, aunque no siendo católica vaya a parar, sin saberlo y aun sin quererlo, de consecuencia en consecuencia, hasta los confines del ateísmo. Reconociendo la existencia de un Dios criador de toda criatura, no puede negar en el Dios que reconoce y afirma plenitud original de todos los derechos, o la soberanía constituyente, que viene a ser lo mismo en el lenguaje de la escuela. Es católico el que reconoce en Dios la soberanía constituyente y la actual; es deísta el que le niega la actual y reconoce en El la constituyente; es ateo el que niega de El toda soberanía, porque le niega la existencia. Siendo esto así, la escuela liberal, en cuanto deísta, no puede proclamar la soberanía actual de la razón sin proclamar al mismo tiempo la constituyente de Dios, en donde la primera, que es siempre delegada, tiene principio y origen. La teoría de la soberanía constituyente del pueblo es una teoría atea que no está en la escuela liberal sino como el ateísmo está en el deísmo, en calidad de consecuencia lejana, aunque inevitable.
De aquí proceden las dos grandes parcialidades de la escuela liberal, la democrática y la liberal, propiamente dicha; la segunda más tímida, la primera más consecuente. La democrática, arrastrada por una lógica inflexible, ha ido a perderse en estos últimos tiempos, como los ríos van a perderse en la mar, en las escuelas a un mismo tiempo ateas y socialistas; la liberal lucha por estar quieta en el alto promontorio que ha levantado para sí, puesto entre dos mares que, van alzando sus olas y que cubrirán su cima: el socialista y el católico. De esta última sólo hablamos aquí, y de ella afirmamos que, no pudiendo reconocer la soberanía constituyente del pueblo sin ser democrática, socialista y atea ni la soberanía actual de Dios sin ser monárquica y católica, reconoce por una parte la soberanía originaria y constituyente de Dios, y por otra, la soberanía actual de la razón humana. Y véas cómo teníamos razón al afirmar que la escuela liberal no proclama el dere cho humano sino como derivado originariamente del divino. | Para esta escuela no hay otro mal sino el que procede de no estar €; gobierno en donde le puso Dios desde el principio de los tiempos; y coma las cosas materiales están perpetuamente sujetas a las leyes físicas que fue ron contemporáneas de la creación, la escuela liberal niega el mal en la universalidad de las cosas; y al revés, como sucede que el gobierno de las sociedades no está quieto y fijo en las dinastías filosóficas, en quienes resl de por delegación divina el derecho exclusivo de gobernación de las cosas humanas, la escuela liberal afirma el mal social, siempre que el gobierno sale de las manos de los filósofos y de las clases medias para caer en las manos de los Reyes o para pasar a las clases populares, 3. De todas las escuelas, ésta es la más estéril, porque es la menos docta y la más egoísta. Como se ve, nada sabe de la naturaleza del mal ni del bien: apenas tiene noticia de Dios, y no tiene ninguna del hombre. Impotente para el bien, porque carece de toda afirmación dogmática, y para el mal, porque le causa horror toda negación intrépida y absoluta, está condenada, sin saberlo, a ir a dar con el bajel que lleva su fortuna al puerto católico o a los escollos socialistas. Esta escuela no domina sino cuando la sociedad desfallece: el período de su dominación es aquel transitorio y fugitivo en que el mundo no sabe si irse con Barrabás o con Jesús, y está suspenso entre una afirmación dogmática y una negación suprema. La sociedad entonces se deja gobernar de buen grado por una escuela que nunca dice afirmo ni niego, y que a todo dice distingo. El supremo interés de esta escuela está en que no llegue el día de las negaciones radicales o de las afirmaciones soberanas; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde todas las nociones y propaga el escepticismo, sabiendo, como sabe, que un pueblo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse y por preguntarse a sí propio si la verdad y el error, lo justo y lo injusto, lo torpe y lo honesto, son cosas contrarias entre sí, o si son una a cosa mirada desde puntos de vista diferentes. Este período angustioso, por mucho que dure, es siempre breve; el hombre ha nacido para obrar, y la discusión perpetua contradice a la naturaleza humana, siendo, como es, enemiga de las obras. Apremiados los pueblos por todos sus instintos, llega un día en que se derraman por las plazas y las calles pidiendo a Barrabás o pidiendo a Jesús resueltamente, y volcando en el polvo las cátedras de los sofistas.
MESAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 139 4. Las escuelas socialistas, hecha abstracción de las bárbaras muchedumres que las siguen, y consideradas en sus doctores y maestros, sacan granles ventajas a la escuela liberal, cabalmente porque se van derechas a tolos los grandes problemas y a todas las grandes cuestiones, y porque probonen siempre una resolución perentoria y decisiva. El socialismo no es luerte sino porque es una teología satánica. Las escuelas socialistas, por lo “que tienen de teológicas, prevalecerán sobre la liberal por lo que ésta tiene ide antiteológica y de escéptica; y por lo que tienen de satánicas, sucumbirán ante la escuela católica, que es a un mismo tiempo teológica y divina. us instintos deben estar de acuerdo con nuestras afirmaciones, si se considera que guardan para al catolicismo sus oídos, mientras que para el liberalismo no tienen sino desdenes.
El socialismo democrático tiene razón contra el liberalismo, cuando le dice: «¿Qué Dios es ése que ofreces a mi adoración, y que debe ser menos que tú, porque ni tiene voluntad, ni es siquiera una persona? Yo niego el Dios católico, pero negándole le concibo; lo que no puedo concebir es un Dios sin los divinos atributos. Todo me inclina a creer que no le has dado la existencia sino para que El te dé la legitimidad que no tienes: tu legitimidad y su existencia son una ficción que cabalga en otra ficción, y una sombra que cabalga en otra sombra. Yo he venido al mundo para disipar todas las sombras y para acabar con todas las ficciones. La distinción entre la soberanía actual y la constituyente tiene todos los visos de una invención de los que, no atreviéndose a cogerlas ambas, quieren a lo menos tomar una. El soberano es como Dios: o es uno, o no existe; la soberanía, como la divinidad, o no es, o es indivisible e incomunicable. La legitimidad de la razón son dos palabras, de las cuales la última designa el sujeto y la primera el atributo: yo niego el atributo y el sujeto. ¿Qué cosa es la legitimidad y qué cosa es la razón? Y en el caso que sean alguna cosa, ¿de dónde sabes que esa cosa esté en el liberalismo y no en el socialismo, en ti y no en mí, en las clases acomodadas y no en el pueblo? Yo niego tu legitimidad y tú la mía; tú niegas mi razón y yo la tuya.
Cuando me provocas a discutir, te perdono porque no sabes lo que haces: la discusión, disolvente universal, cuya virtud secreta no conoces, acabó ya con tus adversarios, y va a acabar contigo ahora: por lo que hace a mí, tengo propósito firme de ganarla por la mano, matándola para que no me mate. La discusión es espada espiritual que revuelve el espíritu con ojos vendados; contra ella, ni vale la industria ni la malla de acero: la discusión es el título con que viaja la muerte cuando no quiere ser conocida y anda de incógnito. Roma la sesuda la conoció, a pesar de sus disfraces, cuando 140 JUAN DONOSO CORTÑÍ entró por sus muros en traje de sofista; por eso, prudente y avisada, la rt frendó su pasaporte. El hombre, al decir de los católicos, no se perdió sin porque entró en discusiones con la mujer, ni la mujer por haber discutidt con el diablo. Más adelante, hacia la mitad de los tiempos, dicen que est mismo demonio se apareció a Jesús en un desierto, provocándole a una ba talla espiritual, o como quien diría, a una discusión de tribuna; pero aqu parece que tuvo que habérselas con otro más avisado, el cual le hubo de contestar: Vade Satana, con cuya palabra puso fin a un mismo tiempo a l discusión y a los diabólicos prestigios. Es fuerza confesar que los católico tienen gracia especial para poner de bulto grandes verdades y para vestir las con ingeniosas ficciones *, La antigúedad toda hubiera condenado und: nimemente al insensato que hubiera puesto en pública discusión a un tien» po mismo las cosas divinas y las humanas, las Instituciones religiosas y la sociales, los magistrados y los dioses. Contra él hubieran fallado de consund' Sócrates, Platón y Aristóteles; en el gran duelo hubieran sido sus campeo nes los cínicos y los sofistas.
Por lo que hace al mal, o está en el universo todo, o no existe. Las for mas de los gobiernos son poca cosa para engendrarle: si la sociedad esti sana y bien constituída, su constitución es poderosa para resistir a todas l: formas posibles de gobierno; y si no las resiste, es porque está mal constituida y enferma. El mal no puede ser concebido sino como un vicio orgánico de la sociedad, o como un vicio constitucional de la naturaleza humana; y en este caso el remedio no está en mudar el gobierno, sino en cambiar el or ganismo social o la constitución del hombre».
El error fundamental del liberalismo consiste en no dar importancia sino a las cuestiones de gobierno, que comparadas con las del orden reli: gioso y social no tienen importancia ninguna. Esto sirve para explicar por qué causa el liberalismo queda de todo punto eclipsado desde el momento y en que socialistas y católicos proponen al mundo sus tremendos problemas y sus soluciones contradictorias. Cuando el catolicismo afirma que el mal viene del pecado, que el pecado corrompió en el primer hombre a la natu raleza humana, y que sin embargo, el khien prevalece sobre el mal y el o den sobre el desorden, porque el uno es humano y el otro divino, no cabe luda sino que, aun antes de ser examinado, satisface en cierta manera a la