viendo al hombre apartado de sí, le hubiera es concebida como una pena que viene detrás de un pecado: suprimido el vuelto la espalda, y hubiera entrado en su tranquilo reposo; o para decirlo pecado procede la supresión de la pena, y con la supresión del pecado y de todo de una vez, si en vez de condenarle, le hubiera dejado entregado a las la pena se hace irremediable la desgracia. inevitables consecuencias de su voluntaria desunión y de su voluntario apar-Por este sistema es de todo punto inexplicable el libre albedrío del hom- tamiento, su caída hubiera sido irremediable, y su perdición infalible.
bre. En efecto; si el hombre nace en el apartamiento necesario de Dios, si Para que su desastre pudiera tener remedio, era necesario que Dios se vive en el apartamiento necesario de Dios, y si muere en el apartamiento acercara al hombre de alguna manera, volviéndosele a unir, aunque impernecesario de Dios, ¿qué significa y qué es el libre albedrío del hombre? fectamente, con misericordiosa lazada. La pena fue al nuevo vínculo de Si no hay transmisión de la culpa y de la pena, luego al punto viene al unión entre el Criador y su criatura, y en ella se juntaron misteriosamente suelo el dogma de la Redención, y el de la libertad humana, y con ellos la misericordia y la justicia: la misericordia porque es vínculo; la justicia portodos los otros juntamente; porque si el hombre no es libre, no tiene el que es pena.
principado de la tierra; si no tiene el principado de la tierra, la tierra no se 3. Quitando a los padecimientos y a los dolores lo que tienen de pena, une a Dios por el hombre; y si no se une a Dios por el hombre, no se une a no se les quita sólo lo que tienen de lazada entre el Criador y la criatura, Dios de manera ninguna. El hombre mismo, si no tiene libertad, no se aparta sino que se les quita también lo que en su acción sobre el hombre tienen de Dios de una manera para volver a Dios en otra forma; se aparta de él de expiatorio y de purificante. Si el dolor no es una pena, es un mal sin absolutamente: Dios no le alcanza ni con su bondad, ni con su justicia, ni mezcla de bien alguno; si es una pena, el dolor, que es un mal desde el con su misericordia; todas las armonías de la Creación se desvanecen, to- punto de vista de su origen, que es el pecado, es un gran bien desde el dos los vínculos se rompen, el caos está en todas las cosas, todas las cosas punto de vista de la purificación de los pecadores. La universalidad del peen el caos: por lo que hace a Dios, deja de ser el Dios católico, el Dios vivo: cado es causa necesitante de la universalidad de la purificación, la cual a su Dios está en lo alto, las criaturas en lo bajo, y ni las criaturas se cuidan de vez exige que el dolor sea universal, para que todo el género humano se Dios, ni Dios se cuida de las criaturas. purifique en sus misteriosas aguas. Esto sirve para explicar por qué pade- 178 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 179 cen todos los nacidos, hasta que mueren, desde que nacen. El dolor es com- dio y se levantaron a la alegría espiritual por un esfuerzo generoso; los que pañero inseparable de la vida en este valle oscuro, lleno de nuestros sollo- enamorados de sí, renunciaron a su prupió amor por el amor de los pedo zos, ensordecido con nuestros lamentos y humedecido con nuestras lágri- ofreciendo por ellos su vida con heroico desprendimiento en perfectísimo mas. Todo hombre es un ser doliente, y todo lo que no es dolor le es extra- holocausto. sele i no: si pone los ojos en lo pasado, siente pesar al verlo desvanecido; si los El género humano ha sido unánime en reconocer una virtud pone en lo presente, siente congoja porque lo pasado fue mejor; si los pone santificante en el dolor. Por esta razón se observa que en todos los tiemen lo venidero, siente turbación porque lo venidero todo es misterios y som- pos, en todas las zonas y entre todas las pa el ADS 08 E ino a bras. Por poco que considere, advierte que lo pasado, lo presente y lo veni- y homenaje a los grandes infortunios. Edipo es más grande en el día de su dero es todo, que el todo no es nada; lo pasado ya pasó, lo presente va pa- infortunio que en los tiempos de su gloria; el mundo ignoraría su pS sando, lo venidero no es. Los menesterosos van cargados de fatigas, los abas- si el rayo de la cólera divina no le hubiera derrocado de su trono: La metecidos padecen harturas, los potentes soberbias, los ociosos tedio, envidia lancólica belleza que resplandece en la fisonomía de Germánico, le viene los bajos, los altos desdenes. Los conquistadores que van empujando a las del infortunio que le alcanzó en la primavera de la vida, y de aquella nn gentes, van empujados por las furias, y no atropellan a los otros sino por- muerte que murió lejos de la amada patria y de los aires de Roma. Mario, que van huyendo de sí mismos. La lujuria consume con sus impúdicos ar- que no es más que un hombre cruel cuando es levantado por la victoria, es dores las carnes del mozo; la ambición toma al mozo, hecho hombre, de un hombre sublime cuando cae en el cieno de las lagunas desde su escollo manos de la lujuria, y le abrasa con otras llamas y le mete en otras hogue- eminente. Mitrídates nos parece más grande que Pompeyo; y Aníbal, + ras; la avaricia le coge cuando la lujuria no le quiere y cuando la ambición grande que Scipión. El hombre sin saber cómo se inclina siempre PAra lado le abandona; ella le da una vida artificial que llama el insomnio; los viejos del vencido; el infortunio le parece más bello que la victoria. taa y avaros no viven sino porque no duermen; su vida no es otra cosa sino la menos grande por la vida que vivió, que por la muerte que le dieron; la falta de sueño. inmortalidad no le viene de haber sabido vivir, sino de haber muerto 4. Pasea toda la tierra en ancho y en largo, vuelve los ojos atrás, tiénde- heroícamente: él debe menos a la filosofía que a la cicuta e. El genero hulos adelante, devora los espacios y recorre los tiempos, y ninguna otra cosa mano se hubiera indignado contra Roma, sl hubiera permitido a César morir hallarás en los dominios de los hombres sino esto que ves aquí: un dolor como los demás hombres mueren: su gloria era tan grande que merecía que no remite, y una lamentación que nunca acaba. Y ese dolor, aceptado ser coronada con un gran infortunio. Morir tranquilamente en su lecho, voluntariamente, es la medida de toda grandeza; porque no hay grandeza investido con la potestad soberana, es cosa permitida apenas a CACIaNen. sin sacrificio, y el sacrificio no es otra cosa sino el dolor voluntariamente Napoleón debió morir de otra manera: debió morir vencido en Waterlóo: aceptado. Los que el mundo llama héroes, son aquellos que, siendo traspa- proscrito por la Europa, debió ser puesto en un sepulcro fabricado por Dios sados por un cuchillo de dolor, aceptaron voluntariamente el dolor con su para él desde el principio de los tiempos: un ancho Loso debía separarle cuchillo. Los que la Iglesia llama santos, son aquellos que aceptaron todos del mundo, y en ese foso anchísimo debía caber el Océano.
los dolores, los del espíritu y los de la carne juntamente. Santos son los que El dolor pone una cierta manera de igualdad entre todos los que paestrechados por la avaricia dieron de mano a todos los tesoros del mundo; decen, lo cual es ponerla en todos los hombres, porque padecen todos: por los que solicitados por la gula fueron sobrios; los que abrasados por la luju- el gozar nos separamos, por el padecer nos unimos con vínculos fraternaria aceptaron santamente el combate y fueron castos; los que entrando en les. El dolor nos quita lo que nos sobra, y nos da lo que nos falta, poniendo batalla con pensamientos sucios fueron limpios; los que se levantaron tan en el hombre un perfectísimo equilibrio: el soberbio no padece sin perder altos por la humildad que vencieron a su soberbia; los que sintiéndose tristes por el bien ajeno, de tal manera se esforzaron, que convirtieron en santa alegría su torpe tristeza; los que dieron en tierra con la ambición que los dd levantaba a las nubes; las que siendo perezosos se tornaron diligentes; los 2 El autor aquí se limita a consignar los hechos, tales como los narra la historia de la que viéndose abatidos por los pesares dieron a sus pesares libelo de repu- Enoc 130 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 181 algo de su soberbia, ni el ambicioso sin perder algo de su ambición, ni el tigar a los pueblos por sus pecados, los pone sujetos con cadenas a los pies colérico sin perder algo de sus iras, ni el lujurioso sin perder algo de su de los hombres voluptuosos. Embotados sus sentidos con el opio de los delujuria. El dolor es soberano para apagar los incendios de las pasiones; al leites, ninguna otra cosa es poderosa para sacarlos de su estúpido entumepropio tiempo que nos quita lo que nos daña, nos da lo que nos ennoble- cimiento sino el vapor de la sangre. Todos eran voluptuosos y afeminados ce: el duro no padece nunca sin sentirse más inclinado a compasión, ni el: aquellos monstruos calenturientos que los pretorianos saludaban a la Roma altivo sin encontrarse más humilde, ni el voluptuoso sin hacerse más casto: imperial con título de Emperadores. La familia rindió culto a un tiempo el violento se amansa, el flaco se fortalece. Ninguno sale peor que entró de mismo a la prostitución y a la muerte: a la prostitución, en sus templos y en esa gran fragua de los dolores; los más salen de ella con altísimas virtudes sus altares; a la muerte, en sus plazas y en sus cadalsos.
que nunca conocieron: quién entró impío y sale religioso; quién avaro y 6. Hay, pues, algo de maléfico y de corrosivo en el deleite, como hay sale limosnero; quién entra sin haber llorado nunca y sale con don de lá- algo en el dolor de purificante y de divino. No vaya a creerse, empero, que grimas; quién empedernido y sale misericordioso. En el dolor hay un no sé estas cosas, por ser contrarias entre sí, no van en cierta manera juntas, porqué de fortificante y de viril y de profundo, que es origen de toda heroici- que así como sucede que el que acepta libremente el dolor, siente en sí dad y de toda grandeza; ninguno ha sentido su misterioso contacto sin cierto deleite espiritual que fortifica y levanta, del mismo modo el que se crecerse; el niño adquiere con el dolor la virilidad de los mozos, los mozos pone en manos de los deleites, siente en sí cierto dolor que en vez de fortala madurez y la gravedad de los hombres, los hombres la fortaleza de los lecer enerva y deprime. El dolor es aquella pena universal a que por el pehéroes, los héroes la santidad de los santos. cado quedamos todos sujetos; adonde quiera que tienda su vista O endere-5. Por el contrario, el que deja los dolores por los deleites, luego al ce sus pasos el hombre, se encuentra con el dolor, estatua muda y llorosa punto comienza a descender con un progreso a un mismo tiempo rápido y que siempre tiene delante. El dolor tiene de común con la divinidad, que continuo. Desde la cumbre de la santidad se derriba hasta el abismo del es para nosotros a manera de círculo que nos contiene. A él vamos igualpecado, desde la gloria va a la infamia. Su heroísmo se convierte en flaque- mente cuando gravitamos hacia el centro, y cuando corremos hacia la cirza: con el hábito de ceder, pierde hasta la memoria del esfuerzo; con el de cunferencia; y correr y gravitar hacia él, es correr y gravitar hacia Dios, hacaer, pierde hasta la facultad de levantarse. Con el deleite pierden su vitali- cia el cual corremos con todos nuestros pasos, y gravitamos con todas nuesdad y su energía todas las potencias del alma, y su elasticidad y fortaleza tras gravitaciones. La diferencia está en que por unos dolores vamos al Dios todos los músculos del cuerpo. En el deleite hay un no sé qué de corrosivo bueno y clemente, por otros al Dios justo y airado, por otros al Dios del y de enervante, que lleva la muerte callada y escondida. ¡Ay del que no re- perdón y de las misericordias. Por el deleite vamos al dolor, que es pena, y siste a su voz, pérfida a un mismo tiempo y suave como la de las antiguas por la resignación y el sacrificio al dolor, que es medicina. Pues ¿qué locusirenas! ¡Ay del que no retrocede y huye despavorido cuando le convida ra es la de los hijos de Adán, que no pudiendo huir del dolor, huyen del con sus fragancias y sus flores, antes de que, sin ser dueño de sí, caiga en que es medieina, para caer en el que es pena?
aquel desmayo vecino de la muerte, que comunica a los sentidos con el aro- Por lo dicho se ve cuán maravilloso es Dios en todos sus designios, y ma de sus flores.y con el vapor de sus fragancias! cuán admirable en aquel arte divino que consiste en sacar el bien del mal, Cuando esto sucede, o sucumbe miserablemente, o sale de allí de todo el orden del desorden, y todas la armonías de todas las disonancias. De la punto transformado: el niño que por allí pasa, no llega a mozo; al mozo le libertad humana procede la disonancia del pecado, del pecado la degradanacen canas y el viejo perece. El hombre deja allí como en despojos la pu- ción de la especie, de la degradación de la especie procede el dolor, y el janza de su voluntad, la virilidad de su entendimiento, y pierde el instinto dolor es a un tiempo mismo una desgracia en la especie corrompida, y una de las grandes cosas. Cínicamente egoísta y extravagantemente cruel, sien- pena en la especie pecadora: lo que tiene de desgracia, eso mismo tiene de te hervir en su sangre pasiones que no tienen nombre: si le ponéis en lu- inevitable: lo que tiene de pena, eso mismo tiene de redimible: estando la gar humilde, irá a caer de las manos de la justicia en las manos del verdu- gracia en la Redención, la gracia está en la pena. El acto más tremendo de go; si en lugar eminente, os estremeceréis de terror al verle soltar las rien- la justicia de Dios viene a ser de este modo el acto más grande de su miseridas a sus apetitos voraces y a sus instintos feroces. Cuando Dios quiere cas- cordia: por él puede el hombre, ayudado de Dios, levantarse sobre sí mismo, aceptando el dolor con una aceptación voluntaria; y esa aceptación sublime cambia instantáneamente la pena en una medicina de una virtud incomparable. Toda negación de esta doctrina deja en pie el desorden introducido en la humanidad por el pecado; como quiera que conduce necesariamente, y a un tiempo mismo, a la negación de algunos de los atributos esenciales de Dios y a la negación radical de la libertad humana.
S1, considerada la cuestión desde este punto de vista, interesa al orden universal de la Creación, del mismo modo y por las mismas razones la relativa a la prevaricación humana y a la angélica, considerada desde un punto de vista más restricto, interesa de una manera directa y fundamental al orden especial puesto por Dios en los varios elementos que componen la naturaleza humana. La aceptación voluntaria del dolor no produce aquellos grandes prodigios de que hablamos, sino porque tiene la prodigiosa virtud de cambiar toda la economía de nuestro ser radicalmente. Por ella queda domada la rebelión de la carne, la cual vuelve a someterse a la voluntad; por ella queda vencida la voluntad, la cual vuelve a someterse al yugo del entendimiento; por ella se suprime la rebeldía del entendimiento, el cual se sujeta al imperio de los deberes; por el cumplimiento del deber vuelve el hombre al culto y a la obediencia de Dios, de que se apartó por el pecado. Todos estos prodigios obra el que, revolviéndose heroícamente contra sí mismo con un ímpetu generoso, hace fuerza a su carne para que se sujete a su voluntad, y a su voluntad para que se sujete a su entendimiento, y a su entendimiento para que entienda en Dios y por Dios, unido a Dios por el vínculo de los deberes.
No es esta ocasión de exponer con cuáles condiciones y cuáles ayudas puede la voluntad humana levantarse a esfuerzo tan sobrenatural y tan alto. Lo que nos importa ahora es consignar aquí el hecho evidente de que, sin ese levantamiento por parte de la voluntad, manifestado en la aceptación voluntaria del dolor, no puede ser restaurada aquella soberana armonía y aquel concierto prodigioso que puso Dios en el hombre y en todas sus potencias.
CAPÍTULO TERCERO DOGMA DE LA SOLIDARIDAD. CONTRADICCIONES DE LA ESCUELA LIBERAL SUMARIO. -1. Armonía entre los dogmas y los hechos universales. Ejemplos: dogmas de la sabiduría divina, de la libertad humana, de la prevaricación adámica, de la naturaleza del mal, de la transmisión de la culpa. -2. Solidaridad humana deducida del dogma de la transmisión de la culpa. Sublime grandeza que confiere al hombre. Dios sí, el hombre no sabe engrandecer sin deprimir. Ejemplo: carácter universal de la solidaridad. -3. La solidaridad en la historia. Los antiguos la conocieron, pero imperfectamente; no se elevaron a la solidaridad humana: de aquí la perpetua lucha entre solidaridades limitadas. -4. Tampoco el racionalismo moderno la reconoce en su carácter universal, ni en el orden religioso, ni en el político. La escuela liberal niega y afirma la solidaridad familiar. -5. La escuela socialista deduce de los principios liberales sus legítimas consecuencias y así suprime la monarquía, la familia, la propiedad (que se funda en la familia natural o religiosa), ceguera del liberalismo al decretar la desamortización, la expulsión de los institutos religiosos y los mayorazgos. Lógica del socialismo. -6. La escuela socialista, después de destruir el hogar, al desvincular del pasado y del futuro el tiempo presente, niega la patria y destruye la vida política. Donde no hay ni hogar ni patria, no hay hombres, sólo quedan socialistas. El catolicismo más lógico vencerá al socialismo.
Cada uno de los dogmas católicos es una maravilla fecunda en maravillas. El entendimiento humano pasa de unos a otros como de una proposición evidente a otra proposición evidente, como de un principio a su legí- 184. JUAN DONOSO CORTÍ ) lleva, como por la mano, de inducción en inducción, primero al dogma de una corrupción general de toda la especie humana, después al dogma de una corrupción transmitida por la sangre, y por último, al dogma de la prevaricación primitiva, el cual, enlazándose con el de la libertad dada al hombre y con el de la Providencia que le dio aquella libertad, viene a ser como el punto de conjunción de los dogmas que sirven para explicar el orden y cl concierto especial en que fueron puestas las cosas humanas, con aquellos otros, más universales y más altos, que sirven para explicar el peso, número y medida en que fueron criadas por el Criador todas las criaturas.
Siguiendo ahora en la exposición de los dogmas relativos al orden humano, veremos salir de ellos, como de copiosísima fuente, aquellas leyes generales de la humanidad que nos dejan atónitos por su sabiduría y como pasmados por su grandeza.
2. Del dogma de la concentración de la naturaleza humana en Adán, unido al dogma de la transmisión de esa misma naturaleza a todos los hombres, procede, como una consecuencia de su principio, el dogma de la unidad sustancial del género humano. Siendo el género humano uno, debe ser al mismo tiempo vario, según aquella ley, la más universal de todas las leyes, a un mismo tiempo física y moral, humana y divina, en virtud de la cual todo lo que es uno se descompone en lo que es vario, y todo lo que es vario se resuelve en lo que es uno. El género humano es uno por la sustancia? que le constituye, y es vario por las personas que le componen; de donde se sigue que es uno y vario al mismo tiempo. De la misma manera, cada uno de los individuos que componen la humanidad, estando separado de los demás por lo que le constituye individuo, y junto con ellos por lo que le constituye individuo de la especie, es decir, por la sustancia, viene a ser, como el género humano, uno y vario a un mismo tiempo. El dogma del pecado actual es correlativo al dogma de la variedad en la especie: el del pecado original y el de la imputación es correlativo al que enseña la unidad sustancial del género humano; y como consecuencia de uno y de otro, viene el dogma según el cual el hombre está sujeto a una responsabilidad que le es propia, y a otra responsabilidad que le es común con los demás hombres.
Esa responsabilidad en común, a que llaman solidaridad, es una de las más bellas y augustas revelaciones del dogma católico. Por la solidaridad el tima consecuencia, unidos entre sí por la lazada de una ilación rigurosa. Y cada nuevo dogma nos descubre un nuevo mundo, y en cada nuevo mun! do se tiende la vista por nuevos y más anchos horizontes, y a la vista de eso anchísimos horizontes el espíritu queda absorto con el resplandor de tan tas y tan grandes magnificencias. t 1. Los dogmas católicos explican por su universalidad todos los hechos universales; y estos mismos hechos, a su vez, explican los dogmas católicos; de esta manera, lo que es vario se explica por lo que es uno, y lo que es uno por lo que es vario; el contenido por el continente, y el continente por el contenido. El dogma de la sabiduría y de la providencia de Dios explica el orden y el maravilloso concierto de las cosas creadas; y por ese mismo orden y concierto vamos a parar a la explicación del dogma católico. El dogma de la libertad humana sirve para explicar la prevaricación primitiva; y esa misma prevaricación, atestiguada por todas las tradiciones, sirve de demostración de aquel dogma. La prevaricación adámica, a un mismo tiempo dogma divino y hecho tradicional, explica cumplidamente los grandes desórdenes que alteran la belleza y la armonía de las cosas; y esos mismos desórdenes, en sus manifestaciones evidentes, son una demostración perpetua de la prevaricación adámica. El dogma enseña que el mal es una negación, y el bien una afirmación; y la razón nos dice que no hay mal que no se resuelva en la negación de una afirmación divina. El dogma proclama que el mal es modal, y el bien sustancial; y los hechos demuestran que no hay mal que no se resuelva en cierta manera viciosa y desordenada de ser, y que no hay sustancia que no sea relativamente perfecta. El dogma afirma que Dios saca el bien universal del mal universal, y un orden perfectísimo del desorden absoluto; y ya hemos visto de qué manera todas las cosas van a Dios, aunque vayan a Él por caminos diferentes, viniendo a constituir por su unión con Dios el orden universal supremo.
Pasando del orden universal al orden humano, la conexión y armonía, por una parte, de los dogmas entre sí, y por otra, de los dogmas con los hechos, no es menos evidente. El dogma que enseña la corrupción simultánea en Adán del individuo y de la especie, nos explica la transmisión, por vía de generación, de la culpa y de los efectos del pecado; y la naturaleza antitética, contradictoria y desordenada del hombre?!, que todos vemos, nos ' El autor se refiere a su condición originada del primer pecado. eracia ea entido de esoacía.
JUAN DONOSO COR MHSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO btismo comunista o la anarquía proudhoniana. Si alguna vez ha intentamantenerlo todo en su propio nivel, poniendo en las cosas cierta manea de paz y de justicia, luego al punto la balanza en que las pesa, ha rodado hor tierra, hecha fragmentos, como si hubiera una irremediable falta de proporción entre la pesadumbre de esta balanza y la flaqueza del hombre. No parece sino que Dios, al consagrarle Rey en los dominios de las cienplas, sustrajo a su potestad y a su jurisdicción una sola: la ciencia del equilihombre, levantado a mayor dignidad y a más altas esferas, deja de ser” BLomo en el espacio y un minuto en el tiempo; y anteviviéndose sob viviéndose a sí mismo, se prolonga hasta donde los tiempos se pra: se dilata hasta donde se dilatan los espacios. Por ella se afirma, y:01) ci to punto se crea la humanidad, con cuya palabra, que stent de senti A las sociedades antiguas, se significa la unidad sustancial de la naturale ne Fa estrecho parentesco que tienen entre sí unos con otros tod + Desde luego se echa de ver lo que por este do; gma gana la naturale: humana en lo grandioso, eso gana el hombre en lo nobilísimo; al revés é lo que sucede con la teoría comunista de la solidaridad, de au habl mos más adelante; según esa teoría, la humanidad no es soligaria en el tido de que es el vasto conjunto de todos los hombres solidarios ent porque por la naturaleza son unos, sino en el sentido de que ss una un dad orgánica y viviente, que absorbe a todos los hombres, los cuales, en vé de constituirla, la sirven. Por el dogma católico, la misma dignidad a qu es levantada la especie, alcanza a los individuos. El catolicismo no leva por un lado su altísimo nivel para abatirle por otro, ni ha descubiert 1 títulos nobiliarios de la humanidad para humillar al hombre, sino e una y el otro se levantan juntamente a las divinas grandezas 48 las avi alturas. Cuando poniendo mis ojos en lo que soy, me considero en com hicación con el primero y con el último de los hombres: y cuando niéndolos en lo que obro, veo a mi acción sobrevivirme y Eo causa 8 perpetua prolongación, de otras y de otras acciones que a su vez se sobiH i ven y se multipilican hasta el fin de los tiempos; cuando pienso que tod esas acciones juntas, que en mi acción tienen su origen, toman un cue ¿ y una voz, y que alzando esa voz que toman, me aclaman, no sólo 3 que hice, sino por lo que hicieron otros a causa de mí, lena de alardí O digno de muerte; cuando todas estas cosas considero, yo de 2 2 decir que me derribo en espíritu ante el acatamiento de Dios sit acabar de co | prender y de medir toda la inmensidad de mi aidera, y ¿Quién sino Dios pudo levantar tan concertadamente y por igual el ni