Está ¡condenado a parecerlo siempre, porque ¿qué hay que pueda parecer tan original como la concentración de todas las contradicciones de tres siglos contradictorios en una sola persona?
l Esto no quiere decir que M. Proudhon no vaya en pos de la originalidad verdadera. M. Proudhon quiere ser verdaderamente original cuando aspira a formular la síntesis de todas las antinomias, y a encontrar la suprema ecuación de todas las contradicciones; pero aquí, que es donde está la manifestación de su personalidad individual, es cabalmente donde se descubre su impotencia. Su ecuación no es más que el principio de una nueva serie de contradicciones, y su síntesis no es más que el principio de una nueva serie de antinomias. Puesto entre la propiedad, que es la tesis, y el comunismo, que es la antítesis, busca la síntesis en la propiedad no hereditaria, sin ver que la propiedad no hereditaria no es propiedad, y por consi- 208 JUAN DONOSO CORTÍÍ ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 209 suspenso hasta el punto de no saber si el que habla es hombre o es demonio, y si habla de veras o se burla. Por lo que hace a él, si con su voluntad pudiera ordenar las cosas a su antojo, preferiría ser tenido por demonio a ser tenido por hombre. Hombre o demonio, lo que aquí hay de cierto, es que sobre sus hombros pesan con abrumadora pesadumbre tres siglos reprobados *.
guiente, que su síntesis no es síntesis, por que no suprime la contradicción sino una nueva manera de negar la tesis vencida y de afirmar la antítesi vencedora. Cuando para formular la síntesis, que ha de comprender po un lado la autoridad, que es la tesis, y por otro la libertad *, que es la antí tesis, niega el gobierno y proclama la anarquía; si con esto quiere decir que no ha de haber gobierno ninguno, su síntesis no es otra cosa sino la neg ción de la tesis, que es la autoridad, y la afirmación de la antítesis, que es la libertad humana; y al revés, si lo que quiere decir es que el gobierno dictas torial y absoluto no ha de estar en el Estado, sino en la sociedad, en ese caso no hace otra cosa sino negar la antítesis y afirmar la tesis, negar la li bertad y afirmar la omnipotencia comunista. En uno y en otro caso, ¿dónde está la conciliación? ¿Dónde está la síntesis? M. Proudhon no es fuerte sino cuando se contenta con ser la personificación del racionalismo moderno, por su naturaleza absurdo y contradictorio: y no es débil sino cuan= do muestra su personalidad individual, cuando deja de ser una personificación para convertirse en una persona.
Si después de haberle examinado bajo varios de sus aspectos, se me preguntara cuál es el rasgo más dominante de su fisonomía espiritual, respondería a esta pregunta que es el desprecio de Dios y de los hombres. Jamás hombre ninguno pecó tan gravemente contra la humanidad y contra el Espíritu Santo. Cuando resuena esa cuerda de su corazón, resuena siempre con elocuente y robusta resonancia. No es él el que habla entonces, no: es otro que está en él, que le tiene, que le posee y que le hace caer desfallecido en convulsiones epilépticas; es otro que es más que él y que mantiene con él un diálogo perpetuo. Lo que dice algunas veces es tan extraño, y eso que dice lo dice de tan extraña manera, que el ánimo queda / / 1 En la tercera edición (1852) de las Confesiones de un revolucionario, pág. 180, Proudhon cita este pasaje, y no puede resistir a la tentación de protestar que él no está endemoniado: «Tranquilícense -dice- mis lectores, y no teman respirar un infernal hedor al leerme...». Ésto dice siempre el demonio a los que le escuchan. “Tras esto, aquel desdichado se compara con Nuestro Señor Jesucristo, a quien «los Jesuitas de Jerusalén decían que estaba endemoniado, daemonium habet...». Aquí el diablo entrega la carta, y el hedor infernal se percibe con más fuerza. Acusa, en fin, a Donoso de querer achicharrarle: «Aquí hace lo que él puede por encaminarme y echarme el sambenito, y en el primer auto de fe gritará al verdugo: ¡Atiza!». Si hubiera habido para Proudhon el menor peligro de ser quemado, ya él habría buscado otros medios para meter ruido, pues siempre supo juntar el desenfado con la prudencia. Por lo demás, esto es lo único que le ocurrió contestar al libro de Donoso; era más cómodo hablar de Jesuitas, de encamisados y de autos de fe que refutar esta irrefutable demostración de lo * La libertad liberal se entiende; porque de la libertad verdadera según Donoso no es inconsistente y absurdo de sus teorías.
antítesis, sino escudo y protección, la autoridad.
CAPÍTULO QUINTO CONTINUACIÓN DEL MISMO ASUNTO SUMARIO. -1. Contradicciones de Dover. -2. Contradicciones comunes a todos los socialistas. Todos combaten la solidaridad familiar o nobiliaria, Pero la Revolución que proscribió la nobleza de la virtud proclamó la nobleza del crimen. Orgullo de partido: de escuelas; su entronque en Platón, en Cristo: Proudhon invoca instituciones mosaicas. Así se revuelve en la contradicción. -3. El ingenio socialista será la proclamación del nihilismo en gobierno, responsabilidad, solidaridad, unidad, humanidad, sociedad, familia e individuo. Los que se separan de Dios van a parar a la nada. 4. Timideces y contradicciones del socialismo actual (1850). Es un semicatolicismo.
1. El más consecuente de los socialistas modernos, desde el punto de vista de la cuestión que venimos ventilando, me parece ser Roberto Owen!?, Roberto Owen, nacido en Newton (1771), Condado de Montgomeri (Inglaterra), entró joven en el comercio y se hizo considerablemente rico. Antes de formular su sistema había tratado de aplicarlo a un establecimiento industrial fundado por él en New-Lanark. En 1812 publicó sus Nuevas perspectivas de la sociedad (New-Views of Society. -Londres; un tomo en 8.). A pesar de lo absurdo y lo inmoral de sus doctrinas, estuvo algún tiempo en boga. El primer ministro lord Liverpool le dispensó protección; algunos Soberanos le dirigieron cartas autógrafas; el Rey de Prusia le envió una medalla de oro, y los Duques de Kent y Sussex, hermanos del Rey, presidieron asambleas celebradas en su honor. Owen, embriagado con tales triunfos, se proclamó favorito del universo, y en 1818, con motivo del Congreso de Aquisgrán, cuando rompiendo en abierta y cínica rebelión contra todas las religiones, depositarias de los dogmas religiosos y morales, negó de un golpe el deber; negando no sólo la responsabilidad colectiva, que constituye el dogma de la solidaridad, sino también la responsabilidad individual, que descansa en el dogma del libre albedrío del hombre. Negado el libre albedrío, Roberto Owen niega la transmisión de la culpa y la culpa misma. Hasta aquí no puede dudarse sino que hay lógica y consecuencia en todas estas deducciones: pero donde comienza la contradicción y la extravagancia, es cuando Owen, negada la culpa y el libre albedrío, afirma y distingue el bien y el mal moral; y cuando, afirmando y distinguiendo estas cosas, niega la pena, que es su consecuencia necesaria.
El hombre, según Roberto Owen, obra en consecuencia de convicciones invencibles. Esas convicciones le vienen, por una parte, de su organización especial, y por otra, de las circunstancias que le rodean; y como él no es autor ni de aquella organización ni de estas circunstancias, síguese de aquí que así las primeras como las segundas obran en él fatal y necesariamente. Todo esto es lógico y consecuente; pero por lo mismo es ilógico contradictorio y absurdo afirmar el bien y el mal cuando se niega la liber: tad humana. El absurdo llega hasta lo inconcebible y lo monstruoso, cuando nuestro autor intenta fundar una sociedad y un gobierno en esta yuxtaposición de seres irresponsables. La idea del gobierno y la idea de la sociedad son correlativas a la de la libertad humana. Negada la una, procede la negación de las otras juntamente; y cuando no se niegan o se afirman todas a la vez, mo se hace otra cosa sino afirmar y negar la misma cosa a un mismo tiempo. Yó no sé si hay en las anales humanos testimonio más insigne de ceguedad, de inconsecuencia y de locura que el que Owen da de sí cuando, después de haber negado la responsabilidad y la libertad indivipublicó un comunicado a los Soberanos. Pero pronto comenzó su decadencia, viéndose obligado en 1823 a huir de su país y refugiarse en los Estados Unidos: fundó allí pa la Indiana pes especie de colonia formada por todos los que deseaban seguir sus doctrinas, y le dio el pa pre de Nueva Armonia. Este ensayo acabó de arruinarle, obligándole a regresar a Inglaterra en 1827. En 1848 creyendo ser aquella ocasión favorable, se trasladó a París, con esperanzas de que su sistema fuese adoptado por los socialistas, y aun por el mismo Gobierno provisional; pero no obtuvo ningún resultado. Roberto Owen publicó muchos artículos, opúsculos y escri. tos de todas clases. La obra en que principalmente expone su sistema se intitula Revoluciones en la política y en la inteligencia de la raza humana. (Revolutions in the mind and practice of the human ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 215% dual, no satisfecho con la extravagancia de afirmar la sociedad y el gobierno, pasa todavía más adelante, y da consigo en la extravagancia inconcebible de recomendar la benevolencia, la justicia y el amor a las que, no siendo ni responsables ni libres, ni pueden amar ni pueden ser justos ni benevolentes.
Los límites que me he impuesto a mí propio al emprender esta obra, me impide pasar aquí tan adelante como fuera menester por el anchísimo campo de las contradicciones socialistas. Las expuestas bastan y aun sobran para dejar puesta fuera de toda duda el hecho incontrovertible de que el socialismo, desde cualquier punto de vista que se le considere, es una torpe contradicción, y que de sus escuelas contradictorias ninguna otra cosa puede salir sino el caos.
2. Su contradicción es tan palpable, que no nos será difícil ponerla de bulto y como de relieve, aun en aquellos puntos en los que parece que todos estos sectarios andan unidos y conformes. Si hay alguna negación que les sea común, ésta es ciertamente la negación de la solidaridad familiar o nobiliaria. Llegados aquí todos los doctores revolucionarios o socialistas, alzan la voz para negar esa mancomunidad de glorias y de infortunios, de méritos y de deméritos que el género humano ha reconocido como un hecho entre los ascendientes y sus descendientes, en todas las edades. Pues bien: esos mismos revolucionarios y socialistas afirman de sí en la práctica, sin saberlo, aquello mismo que vienen negando de los otros en la teórica.
Cuando la revolución francesa, sangrienta y desmelenada, puso debajo de sus pies todas las glorias nacionales; cuando embriagada con sus triunfos creyó estar cierta de su definitiva victoria, se apoderó de ella no sé qué orgullo aristocrático y de raza, que estaba en directa oposición con todos sus dogmas. Entonces fue cuando los revolucionarios más insignes, dándose en espectáculo a las gentes como los antiguos Barones feudales, comenzaron a mostrarse escrupulosos y remisos en dar a los extraños carta de naturalización en su nobilísima familia. Mis lectores recordarán aquella pregunta famosa dirigida por los doctores de la nueva ley a los que se presentaban a ellos vestidos con el blanco ropaje de la candidatura: -¿Qué crimen habéis cometido?- ¡Desventurado aquel que no había cometido ninguno, porque jamás vería abiertas para él las puertas del Capitolio, en donde relampagueaban con tremenda majestad los semidioses revolucionarios! El género humano había instituido la nobleza de la virtud; la revolución dejó instituida la del crimen.
Cuando después de la revolución de febrero hemos visto a socialistas y republicanos dividirse en categorías, separadas unas de otras por abismos formidables: cuando los unos, con el título de republicanos de la vÍSpera, han derramado el escarnio y el baldón sobre los otros que no habían sido republicanos, sino del día siguiente; cuando más afortunados, y por consi= guiente, más altivos que todos los demás, se han levantado algunos diciendo: -Toda la arrogancia es nuestra, porque el republicanismo es en nosotros familiar y nos viene con la sangre-, ¿qué viene a ser esto sino proclamar, en pleno republicanismo, todas las preocupaciones nobiliarias. Examinad bien una después de otra todas sus escuelas; todas y cada una de por sí pugnan por constituirse en una familia, y por buscar el ascendiente más noble. En este grupo familiar, el ascendiente es Saint-Simón el nobilísimo; en aquel, Fourrier el ilustre; en el otro, Babeuf el patriota: en todos hay un jefe común, un patrimonio común, una gloria común, un encargo común; y todos los grupos y todas las familias, unidas entre sí por una estrecha solidaridad, buscan en las edades pasadas alguna personalidad tan noble, tan alta, tan excelsa, que pueda servirlas a todas de vínculo y de centro. Los unos ponen los ojos en Platón, personificación gloriosa de la sabiduría antigua; los más, levantando su loca ambición hasta la altura de una blasfemia, los ponen en el Redentor del género humano; quizá le olvidaran por desvalido y por pobre, le desdeñaran por humilde; pero en su insolente orgullo no olvidan que, humilde y pobre y desvalido, era Rey y sentía correr por sus venas la nobilísima sangre de los Reyes. Por lo que hace a M. Proudhon, tipo perfecto del orgullo socialista, el cual es a su vez el tipo perfecto del orgullo humano, remontándose a edades más escondidas en alas de su soberbia, sube en busca de sus ascendientes hasta aquellos tiempos vecinos de la creación en que florecieron entre los hebreos las instituciones mosaicas. En ocasión más oportuna demostraré cumplidamente que, por lo que hace a M. Proudhon, su nobleza,es tan antigua y su estirpe tan ilustre, que para encontrar su cepa es necesario subir más todavía, hasta llegar a unos tiempos puestos fuera del ancho círculo de la historia, ya unos seres, en lo perfectísimos y altísimos, incomparablemente superiores a los hombres. Por ahora basta para mi propósito dejar aquí consignado que las escuelas socialistas están condenadas a la contradicción y al absurdo, de una manera irrevocable; que cada uno de sus principales es contradictorio del que le precede y del que le sigue; que su conducta es la condenación completa de todas sus teorías, y que sus teorías son la condenación radical de su conducta.
3. Sólo nos falta ahora formarnos una idea aproximada de lo que sería el edificio socialista sin esas faltas de proporción que le afean y que le ponen fuera de todo género regular de arquitectura. Visto lo que es el socia- ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO Z1I5 lismo actual en sus dogmas contradictorios, no parece fuera de propósito que examinemos aquí brevemente lo que ha de ser el SOGAAMio venido cuando, por la virtud misteriosa que reside en toda teoría, vaya perdiendo con la duración lo que hay en él de contradictorio y de inconsecuente. El método aquí consiste en aceptar por punto de partida cualquiera de a proposiciones afirmadas en común por todas las escuelas, y sacar de ella, una en pos de otra, las consecuencias que contiene.
La negación fundamental del socialismo es la negación del pecado, esa gran afirmación, que es como el centro de las ALEmaciones católicas. Esta negación lleva consigo por vía de consecuencia una serie de negaciones, relativas unas al ser divino, otras al ser humano y otras al ser social. Recorrer toda esa serie sería cosa imposible, y ajena, además, de nuestro proposito; lo que nos cumple solamente, es señalar las más fundamentales entre esas negaciones. | | Los socialistas niegan el pecado y la posibilidad del pecado juntamente. Negado el hecho y la posibilidad del hecho, procede la negación de la libertad humana, que no se concibe sin el pecado, opor lo menos sin la potestad en la naturaleza humana de convertirse de inocente en pecadora. Negada la libertad, queda negada la responsabilidad del hombre. La negación de la responsabilidad lleva consigo la negación de la pena: negada ésta, procede por una parte la negación del gobierno divino, ju otra la de los gobiernos humanos. Luego, por lo que hace a la cuestión del gobierno, la negación del pecado va a parar al nihilismo. o Negada la responsabilidad individual, queda negada la responsabili a en común: lo que se niega del individuo, no puede afirmarse de la especie, lo cual significa que no existe la responsabilidad humana; y como ip que ño puede afirmarse de algunos lo que por una parte se niega de ca.
uno de por sí, y por otra de todos, síguese de aquí que una vez negada la responsabilidad del individuo y la de la especie, procede negar la responsabilidad de todas las asociaciones. Esto significa que no hay respomsabll dad social, ni responsabilidad política, ni responsabilidad doméstica. Luego, por lo que hace a la cuestión de la responsabilidad, la negación del pecado va a parar al nihilismo. y q Negada la responsabilidad individual, la doméstica, la política y la el mana, procede la negación de la solidaridad en el individuo, en la familia, en el Estado y en la especie; como quiera que la solidaridad ninguna otra cosa significa sino la responsabilidad en comun. Luego, por lo que hace a la solidaridad, la negación del pecado va a parar al nihilismo.
Negada la solidaridad en el hombre, en la familia, en el Estado yen] especie, es forzoso negar la unidad en la especie, en el Estado, en la fam! lia y en el hombre; como quiera que la identidad entre la solidaridad y 1 unidad es tan completa, que lo que es uno no puede concebirse sino comk siendo solidario, ni lo que es solidario sino como siendo uno. Luego, pol lo que hace a la cuestión de la unidad, la negación del pecado va a parar al nihilismo.
Negada la unidad con una negación absoluta, proceden las negacio: nes siguientes: la de la humanidad, la de la sociedad, la de la familia y la del hombre. En efecto; ninguna cosa existe sino con la condición de ser una, y por lo mismo no puede afirmarse que la familia, la sociedad y la humanidad existen sino con la condición de afirmar la unidad doméstica, la política y la humana; negadas estas tres unidades, procede la negación de esas tres cosas. Afirmar su existencia y negar su unidad, es contradecirse en los términos. Cada una de esas cosas ha de ser una, o no ha de ser de nin= guna manera; luego, si no son unas, no existen; su nombre mismo es ab= surdo, porque es un nombre que ni representa ni designa cosa ninguna. Por lo que hace al hombre individual, procede su negación de diferente manera. El hombre individual es el único que puede existir hasta cierto punto sin ser uno * y sin ser solidario: lo que se niega negando su unidad y solidaridad, es que en los diferentes momentos de su vida sea una misma persona. Si no hay un vínculo de unión entre los tiempos pasados y los presentes, y entre los presentes y los futuros, lo que se sigue de aquí es que el hombre no existe, sino en el momento presente, pero en esta suposición es claro que su existencia es más bien fenomenal que real. Si no vivo en lo pasado, porque pasó y porque no hay unidad entre lo presente y lo pasado; si no vivo en lo futuro, porque lo futuro no es, y porque cuando sea ya no será lo presente; si no vivo sino en lo presente, y lo presente no existe, porque cuando se va a afirmar su existencia ya ha pasado, resulta de aquí que mi existencia es más bien teórica que práctica, porque en realidad, si no existo en todos los tiempos, no existo en tiempo ninguno. Yo no concibo el tiempo sino en sus tres formas reunidas, y no puedo concebirle cuando las separo. ¿Qué es lo pasado sino una cosa que no es ya? ¿Qué es lo futuro sino una cosa que no existe todavía? ¿Y quién detiene a lo presen- Con aquella manera de unidad que conviene a la familia y a la sociedad.
te el tiempo necesario para afirmarle, después de haber salido de lo futuro y antes de convertirse en lo pasado? Luego afirmar la existencia del hombre, negada la unidad de los tiempos, no viene a ser otra cosa sino darle la existencia especulativa del punto matemático. Luego la negación del pecado va a parar al nihilismo, así en cuanto a la existencia de la humanidad, de la sociedad y de la familia, como en cuanto a la existencia del hombre. Luego todas las doctrinas socialistas, o para hablar con más exactitud, todas las racionalistas van a parar forzosamente al nihilismo; y ninguna cosa hay más natural y más lógica, si bien se mira, sino que, no habiendo sino la nada fuera de Dios *, los que se separan de Dios vayan a parar a la nada.
4. Esto supuesto, yo estoy autorizado para acusar al socialismo presente de tímido y de contradictorio. Negar el Dios trino y uno para afirmar otro Dios; negar la humanidad bajo un aspecto para venir a afirmarla desde otro punto de vista; negar la sociedad con ciertas formas, para venir a afirmarla después con formas diferentes, negar la familia por un lado, para afirmarle por otro; negar al hombre de cierta manera, para venir después a afirmarle de una manera o diferente o contraria, todo esto es entrar por la senda de tímidas, contradictorias y cobardes transacciones. El socialismo presente es todavía un semicatolicismo, y nada más. Si los límites de esta obra me lo permitieran, no me sería difícil demostrar que en el más avanzado de sus doctores hay un número mayor de afirmaciones católicas que de negaciones socialistas, lo cual da por resultado un catolicismo absurdo y un socialismo contradictorio. Todo lo que sea afirmar un Dios, es ir a caer en las manos del Dios de los católicos; todo lo que sea afirmar la humanidad, es ir a parar a la humanidad una y solidaria de dogma cristiano; todo lo que sea afirmar la sociedad, es ir a dar consigo, más tarde o más temprano, en la afirmación católica sobre las instituciones sociales; todo lo que sea afirmar la familia, es ponerse en el caso de afirmar después, de uno o de otro modo, todo lo que el catolicismo afirma y todo lo que el socialismo niega; por último, todo lo que sea afirmar al hombre de cualquier manera, se resuelve en definitiva en la afirmación de Adán, el hombre del Génesis.
El catolicismo es a la manera de aquellos formidables cilindros por donde no pasa la parte sin que después pase el todo. Por ese cilindro formidable 3 Habla el autor en aquel sentido con que se dice, por ejemplo, en la Escritura: Et substantia mea tanquam nihilum ante te. (Psalm., XXXVIII, 6).
218 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 219 pasará sin dejar rastro de sí, si no muda de rumbo, el socialismo con todos pués de esfuerzos gigantescos para separarse de él, ninguna otra cosa han sus pontífices y con todos sus doctores. conseguido sino ser unos malos católicos *.
M. Proudhon, que no suele ser ridículo, es ridículo, sin embargo, cuando, formulando la negación del gobierno como la última de todas las negaciones, va pidiendo a las gentes en ademán cuasi augusto la primera de todas las palabras socialistas, por la sublimidad de su audacia. Los socialistas en presencia de los católicos son como los griegos en presencia de los sacerdotes del Oriente: niños que parecen hombres. La negación de todo gobierno, lejos de ser la última de las negaciones posibles, no es sino una negación preliminar que los nihilistas futuros relegaran en el libro de sus prolegómenos. No pasando de ahí, M. Proudhon pasará como los demás por el cilindro católico; por ahí pasa todo, menos la nada: es necesario, pues, o afirmar la nada, o pasar con todas sus negaciones o con todas sus afirmaciones, con toda su alma y con todo su cuerpo por ese cilindro. Mientras que M. Proudhon no tome su partido valerosamente, me autoriza para que le acuse ante los racionalistas futuros como sospechoso de catolicismo latente y de moderantismo disfrazado. Los socialistas que no prefieren llamarse sus herederos, se llaman a sí propios la antítesis del catolicismo. El catolicismo no es una tesis, y no siéndolo, no puede ser combatido por una antítesis; es una síntesis que lo abarca todo, que lo contiene todo y que lo explica todo; la cual no puede ser, no diré vencida, pero ni combatida siquiera, sino por una síntesis de la misma especie, que a su manera abarque, contenga y explique todas las cosas. En la síntesis católica caben anchamente todas las tesis y todas las antítesis humanas. Ella lo trae y lo ' “ La razón de esta especie de paradoja está en la universalidad y trabazón de las verdacondensa todo en sí con la fuerza invencible de una virtud incomunicable. des católicas. La doctrina católica es una; en ella todas las verdades tienen entre si trabazón y Los que piensan que están fuera del catolicismo están en él; porque él es dependencia: la lógica obliga, por consiguiente, a todo el que admite una verdad católica, a 2; ' a dd 2 ¡ti is: así 1 i quí Sei como la atmósfera de las inteligencias: los socialistas, como los demás, des- admitir todas las demás; ast como:el que niega una de ellas, ha: de negar si quiere ser lógico, todas las demás verdades. Junto con esto, la doctrina católica es católica, o sea universal; y por esto contiene toda verdad, sin que haya verdad alguna que de un modo o de otro no se refiera a ella; luego si no se han de violar las leyes de la razón y de la lógica, es menester admitir la doctrina católica, o negar toda verdad; ser católico o escéptico, afirmar a Dios con cuanto él nos enseña, o afirmar la nada.
La verdad sobrenatural está sobre la razón, la cual nunca podría con sólo sus propias fuerzas alcanzar esa verdad; pero la razón es el sujeto a quien esa verdad se revela, y el que entiende que esta revelación existe, pues de otro modo no podría asentir a ella. También es el sujeto a quien se demuestra la autoridad de la Iglesia, depositaria de la revelación, pues que sin esto él no podría aceptarla. En resumen, hay una verdadera y rigurosa demostración de la verdad del catolicismo. Pero como quiera que el catolicismo se demuestre, precisamente por la razón ha de ser, la cual no puede negarlo sin negarse a sí misma; luego decir que entre el catolicismo y el escepticismo hay un medio en que pueda estancarse el hombre sin agravio de la razón, es decir, que el hombre puede sin agravio de la razón negar la verdad demostrada, o que el catolicismo no tiene para el hombre demostración suficiente.
CAPÍTULO SEXTO DOGMAS CORRELATIVOS AL DE LA SOLIDARIDAD; LOS SACRIFICIOS SANGRIENTOS; TEORÍAS DE LAS ESCUELAS RACIONALISTAS ACERCA DE LA PENA DE MUERTE SUMARIO. -1. Trabazón armónica de los dogmas católicos. El de la solidaridad. Es admitido por todos los pueblos. -2. La solidaridad proclamada en los sacrificios institución universal. Necesidad del sacrificio cruento. El sacrificio de Abel. Sacrificios humanos. -3. Necesidad de la pena de muerte: delitos políticos y delitos comunes. La ley atea impotente para ejercer justicia. El nombre de crimen sustituido por el de desventura. La nueva era trocará la tierra en infierno.