SigPhi · Angel Ganivet

Cartas finlandesas

Spanish

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ha actuado una compañía de ópera italiana con un extenso repertorio. La«Universitetets solemnitetssal» da con frecuencia grandes conciertos; la «Studenthus» fiestas variadas, y «Brandkorshuset» conciertos populares y bailes; hay* circo ecuestre, á donde acude el pueblo á ver luchar los atletas, y numerosos teatros de corporaciones; y por si no bastara, los principales hoteles de la ciudad disponen de grandes salas de espectáculos, donde se realiza simultáneamente la doble operación de divertirse y de comer á dos carrillos. La distracción nocturna es aceptada como un ejercicio higiénico, indispensable. De sobremesa, la familia acuerda el plan de campaña, arreglándose de modo que cada cual eche por su lado para disfrutar de mayor libertad de movimientos: el padre va al club, la madre al teatro sueco, la hija á la ópera y el hijo á un sitio donde haya «Varieté,» es decir, canto y baile picantes al modo del «café-concert» francés. Así se distribuye equitativamente el dinero y se satisfacen armónicamente todos los gustos.

Todos los espectáculos mencionados son poco más ó menos como en todas partes, por lo mismo, que son de puro artificio; la única forma un tanto original y que merece ser conocida es el Allegri'Lotteri, que se da casi siempre como «función de auxilio» por corporaciones que se hallan mal de fondos.. Un Allegri-Lotteri es una rifa combinada con todas las artes y ciencias, y hasta con cosas que no son ciencia ni arte. Cuando elAllegri-Lotteri llega á su máximo desarrollo, se transforma en Fest, cuyo anuncio coge dos ó tres columnas de periódico, puesto que es una serie de espectáculos combinados que duran dos ó tres días. Lo más característico de estas fiestas son los cuadros vivos, utilizados aquí con excelente sentido práctico como medio de vulgarización artística. Las conferencias, intermedios musicales y dramáticos, bailes y rifas, no tienen tanta originalidad.

Los cuadros vivos son representados por las personas más distinguidas de la sociedad, sirviendo para cada paso las que por su tipo son más á propósito. Guando una señorita figura en los cuadros con demasiada frecuencia, hay quien dice que es que desea casarse pronto; pero aparte algunas ligeras murmuraciones, en general se aplaude comb acto meritorio el de prestarse á figurar desinteresadamente, por amor al arte, en los cuadros ó «tablaer.»

Nosotros consideramos estos cuadros vivos como algo infantil digno de hacer juego con los castillos de fuegos artificiales; sin embargo, todo depende de la manera de entender y hacer las cosas. Supongamos que se organiza una fiesta, en la que una persona inteligente da una conferencia acerca de Wagner y sus obras, y que después en diversos cuadros se representan escenas de Tannhauser, de Lohengrin ó de Parsi/al. Con esto, y con algunos números músicales, se habrá dado una anticipación de un arte nuevo y grandioso, del que se suele hablar mucho, y del que la generalidad no tiene la menor idea. Hay espectáculos caros, que no están al alcance de las poblaciones pequeñas, y de los que se puede tener á poco coste una idea plásti--ca por medio de los cuadros vivos.

Además, no se trata sólo de obras representables; hay obras dramáticas irrepresentables, que podrían ser popularizadas por este procedimiento. Acaso la obra más real, más vigorosa del teatro español, sea una obra no representada nunca: La Celestina ó Tragicomedia de Calixto y Melibea, ¿No es injusto que esta obra admirable, por no ser teatral, se haya convertido en «tragedia de gabinete,» conocida sólo de las personas cultas, siendo, como son, sus tipos merecedores de vivir en la imaginación popular con mejor título que muchas de^ nuestro teatro clásico? Esta injusticia se podría reparar en parte reproduciendo en cuadros diversos las principales escenas del drama. Como los personajes no hablarían, no habría peligro de escuchar ninguna de las crudezas de la desenfadada creación del estudiante Fernando de Rojas. A este tenor, sería fácil ofrecer ejemplos en que los cuadros vivos tendrían aplicación eficaz, ya como obras artísticas en sí, ya como avanzada ó vanguardia de notables representaciones artísticas.

Aunque hablo aquí de los teatros como ceatros de diversión, voy á terminar esta carta diciendo algo sobre la escasísima producción dramática de Finlandia. En medio de la desenfrenada vida teatral, de que he dado un apunte sumario, la dramática finlandesa se halla como anegada y sin lograr ponerse á note. En todos los asuntos impera un cosmopolitismo desenfre-" nado, y en los teatrales más aún, porque se va sólo al «affaer,» al negocio. Aquí todo es negocio: negocio de teatro, negocio de vinos, negocia de hoteles, negocio de zapatos. Quien dispone de capital está al acecho, y lo mismo toma un negocio de teatros que un negocio de comestibles. No obstante, se protege mucho á los autores del país, y el que logra distinguirse mucho^ es objeto de veneración; el aniversario de su natalicio es día festivo, teatralmente hablando: hay iluminaciones y colgaduras y representación de gala; algo por el estilo de lo que en España ocurre con Don Juan Tenorio, ó en Granada el día de la Toma; sólo que aquí el entusiasmo ps todavía mayor. El Runebergsdag, ó Dia de Runeberg, es día tan festejado como el del Corpus en España.

Hay dos grupos de autores dramáticos, como hay dos teatros, dos lenguas de uso general y dos formas de vida diferentes. Los que escriben en sueco podrían figurar sin gran dificultad en el teatro sueco, aunque los asuntos de sus obras sean tomados generalmente de la vida ó de la historia finlandesas: no ofrecen ningún rasgo h a67 h a67 original que los haga dignos de ser conocidos 6 imitados fuera de su país. Los más notables han escrito para el teatro de una manera secundaria. Runeberg, autor de Kan ej (No puedo), y Kungarne pa Salamis (Los reyes en Salamis), es el primer poeta de Finlandia. Zacarías Topelius, fecundo novelista, ha compuesto, entre otras obras dramáticas, Regina pon Emmeritj^ y Efter femtio ar (Cincuenta años después), Wecksell, notable poeta lírico, ha dejado en su drama Daniel Hjort la* obra más saliente del teatro sueco-finlandés.

El teatro finlandés no ha tenido aún tiempo para adquirir desarrollo. Aparte pequeños ensayos, como la Ruunulinna, de Logervall (arreglo de Macbeth), ó la comedia de Hannikainen,. Silmaenkaeaentaejae (puesta aquí sólo como trabalenguas), el primer autor dramático en lengua finlandesa es Alexis Kivi, que murió loco en 1872, y que entre varias producciones, alguna tan notable como Nummissuntarit, dejó una tragedia un tanto melodramática, pero de grandiosa concepción, Kullervo, con la cual el teatro finlandés buscó su natural asunto, el de la poesía épica popular, de la que está sacado el asunto de Kullervo, protagonista de un trágico episodio del Kalevala. Los que sucedieron á Kivi, entre los que figuran Erkko, Minna Canth,. Numers, se inspiraron, ya en la tradición épica^ ya en la vida popular, sin haber dado aún obras magistrales que coloquen el teatro finlandés á la altura de un teatro nuevo, original, en Europa. El teatro finlandés tiene mala estrella: sus dos autores más grandes, Kivi entre los finlandeses, y Wecksell entre los suecos, han concluido por volverse locos; así es que los que han venido detrás han entrado en tierra de miedo y no quieren pasar de medianos.

A XX La poesía épica popular fíalandesa: f el «Kalevala.»

Lo más bello y característico de la literatura finlandesa aparece en los tietppos heroicos anteriores á la Era cristiana. El pueblo finlandés muestra su genio poético en creaciones admirables; luego, como quien ha dicho de una vez; cuanto tenía qufe decir, enmudece y se esfuerza sólo para conservar por tradición estas creaciones primitivas. Un espíritu escéptico creería acaso que la poesía popular finlandesa no ha sido una creación original, sino una adaptación; que un pueblo capaz de vivir siglos y siglos en silencio, no ha podido tener un arranque de locuacidad tan fecunda como la revelada en el comienzo de su historia. Esta historia, sin embargo, explica en parte la anomalía. Un pueblo sometido á dominaciones extrañas no puede desenvolverse con libertad. La cultura sueca trasplantada á Finlandia ahogó en flor la cultura indígena, y el partido más prudente que pudo tomarse fué quizás el que los finlandeses toma- 17° ron: el de conservar intacta y escondida su tra-■dición poética para que no se mezclara y se corrompiera. Un hecho significativo es que ta reaparición de la literatura finlandesa tradicional, y como consecuencia el renacimiento literario de Finlandia, sigan de cerca el término de la dominación material ó política de Suecia.

La literatura primitiva de Finlandia comprende géneros muy diversos; ¡as composiciones de carácter ¡frico forman una ^an colección titulada Kanteletar: son canciones cortas sobre toda clase de asuntos, propias para ser cantadas con acompañamiento de! «kantele^ ■instrumento de cuerda, de forma original, inventado por el sabio héroe Waeinaemoeineo; los «Loitsurunot» son canciones relativas á la magia, que para los finlandeses primitivos era un saber muy elevado, una especie de filosofía natural, cuyo objeto era el conocimiento de las «palabras de origen» ó términos mágicos, con los que se creía poder_ dominar las fuerzas naturales. Pero en ninguna de estas creaciones poéticas, ni en las leyendas ó cuentos fantásti- ■ cosque asimismo abundan, pudo tomar gran vuelo el espíritu finlandés, rudo y enérgico, obligado á vivir en lucha constante contra un -clima inhumano; su obra capital, por no decir única, fué el relato poético de estos combates: el Kalevala.

El asunto principal de estos primitivos cantos épicos era la lucha entre dos regiones del país: una, al Sur, Kalevala, era como la representación de Suomi ó Finlandia; otra, al Norte, «n Laponia, era el reino de las tinieblas, el te -rritorio de Pohja ó Pohjola; y todos los combates tenían un motivo céntrico, giraban al -rededor del molino de Sampo, que era un símbolo de la dicha humana, y que, aun después de desvanecerse en el mar, continúa dando días de felicidad á Finlandia. Ligados áeste argumento había numerosos cantos episódicos, como el de la creaciQH del mundo, el de Joukahainen, el de Aino, el de Kullervo, etc.

Tan interesante epopeya quedó en su forma fragmentaria primitiva hasta hace cosa de medio siglo; y la gloria de haberla resucitado y dado á luz corresponde á un modestísimo mancebo de botica, después médico de pueblo, Elias Loennrpt', quien después de varios ensayos par-<:iales publicó en i835 su primera edición del Kalevala y en 1849 una segunda más completa, que fué traducida al sueco por Castren y después por Collan. Aunque es probable que este último texto sufra aún modificaciones y sea completado en unos puntos y purgado en otros de ciertas interpolaciones que no tienen carácter épico, tal como hoy existe da perfecta idea del mérito de una epopeya que, sin esfuerzo, puede ser colocada entre las mejores. Ya que mi falta de paciencia para los trabajos de traducción no me permita dar á conocer íntegra esta -obra admirable (cuya versión exigiría un año ó dos de trabajo asiduo), daré al menos un breve extracto de ella para contribuir por mi parte á que España sea de las primeras naciones que tengan idea de tan notable monumento literario- Comienza el Kalevala nada menos que por la creación del mundo, la cual es explicada mediante un esbozo ó embrión de teogonia, que participa á la vez de la mitología aria y del pan teísmo brahmánico. En un principio el universo estaba poblado de divinidades: el más grande entre los dioses era Ukko, especie de Júpiter, y la primera de las diosas Akka, muy semejante á Ceres. No existía la tierra; pero sí el agua,. el mar. Una de las diosas, llamada Ilmatar,. hija del Aire azul, símbolo de la pureza y de la luz, desciende del cielo y se hunde en el mar, donde vive largo tiempo sola, hasta que, ansiosa de volver á su antigua morada, pide auxilio á Ukko, el cual le envía un pájaro, que, no hallando dónde posarse, hubiera volado eternamente sobre la superficie de las aguas, si la piadosa doncella Ilmatar no hubiera tenido la idea de sacar las rodillas y ofrecer en ellas un descansadero al celestial peregrino. El pájaro no fué desagradecido, pues puso en el acto siete huevos: seis de oro y uno de hierro. A los tres días sintió Ilmatar en la rodilla un calor coma si se la quemaran: hizo un moviiniento y deja caer en el mar los huevos, de los que salió toda la creación.

Apenas creado el mundo, aparece en él un 27.?

hijo de la misma doncella Ilmatar, llamado Waeinaemoeinén, quien notando que la creación está aún incompleta, se consagra á perfeccionarla con ayuda de Pellervoinen, que viene á ser como un símbolo del Trabajo, y bajo la protección de su madre y de los dioses Ukko y Akka: de esta suerte llega á tener la tierra cuanto hace falta para la vida de la especie humana, y Waeinaemoeinén puede dedicarse al canto, su afición favorita, con la que entretiene sus ocios y mata sus tristezas de viejo solterón.

Cuando comienza la acción, el héroe principal de ella, Waeinaemoeinén, es un anciano venerable de abundosa barba blanca, respetado de todo el mundo por su sabiduría y por sus talentos de cantor. Otro cantor joven, llamado Joukahainen, acude á Kalevala y pretende ponerle á prueba. Waeinaemoeinén le invita á que dé muestras del saber de que tanto se envanece, y Joukahainen, lleno de petulancia, no se hace rogar; sus conocimientos son variadísimos: sabe que el respiradero de las casas está en el tejado,.

y la lumbre en el hogar; que los lapones tienen renos; que Imatra es la catarata más grande del país; que la serpiente no tiene patas, y otras mil cosas tan interesantes como éstas; sin embargo,, entre sus infantiles alardes de sabiduría hay algún concepto profundo: Joukahainen sabe que él mejor remedio contra las enfermedades es el agua, y que el primero y el más grande entre todos los médicos es el Creador. El viejo y sabio Waeinaemoeinen se burla del joven cantor, y éste, encendiéndosele la sangre, le desafía con palabras llenas de bravura; el viejo le contesta que no quiere combatir con un lócate como él; pero obligado por los insultos del mancebo, se decide á castigarle: pronuncia la palabra mágica, y el triste Joukahainen, desarmado como un muñeco, se ve bien pronto por tierra y con ia vida pendiente de los labios de Waeinaemoeinen. Para aplacar al irritado viejo le ofrece cuanto posee: primero un arco famoso; luego un bote como no existe otro en el mundo; después un corcel de guerra, y, por último, plata y oro, y todos sus bienes; el viejo, inflexible, contesta á cada ofrecimiento: «Nada de eso me hace falta; yo lo tengo ya mucho mejor,» y cada vez oprime más contra el suelo al pobre mozo, que, próximo á la agonía, exclama: «Te daré á mi hermana Aino para que sea tu mujer; ella será tu compañera; te amasará rico pan de miel, te limpiará la casa todas las mañanas y te hará la cama todas las noches.» El viejo cantor se enternece ante tan bella perspectiva, acepta el ofrecimiento y perdona la ligereza de lengua del imprudente Joukahainen.

Sigue á la escena de los cantores el patético episodio de Aino. Joukahainen vuelve ásu casa en la mayor aflicción, y á las preguntas inquietas de su madre, contesta llorando que Tía vendido á su hermana Aino. La madre se muestra satisfecha, pues deseaba emparentar con el fai75 moso cantor; pero la joven Aiño rompe á llorar con amargo desconsuelo. ^'Cómo va ella á resignarse á dejar su casa y á perder de vista para siempre el sol que la alumbra y el cielo azul que la cubre? Aunque la madre le dice que el sol luce en todas pártesela candorosa muchacha continúa llorando sin explicar la verdadera causa de su duelo. Después de una declaración de amor del viejo Waeinaemoeinen, á la que contesta Aino con desvió, viene una tiernísima escena. Aino llora junto á la ventana; su padre» su hermano, su hermana, van pasando, y uno á uno preguntándole por qué llora; Aino contes- * ta que ha perdido en el bosque sus joyas y que no las puede encontrar; pasa, por último, la madre, y á ésta la refiere la joven su encuentro con el cantor; la madre intenta convencer á la hija; pero ésta, despue's de nuevos lloros, declara que prefiere ir á habitar en lo más profundo de Ioíí mares á pasar su juventud al lado de un viejo, á quien no puede amar. Dominada por esta idea, se dirige á una playa cercana: allí llora toda la noche, y al amanecer, después de quitarse sus vestidos, se arroja al mar, entre cuyas ondas desaparece para siempre. Siguen largas reflexio-•nes sobre la desgraciada estrella de Aino, y termina el episodio con una leyenda. En el sitio donde Aino desapareció nacieron tres íslitas; en cada islita tres árboles, y en cada árbol cantan tres cucos. Durante los tres meses de verano un cuco canta: ¡amor, amor! en recuerdo de la joven que duerme sola en el mar; otro cuco canta durante seis meses: ¡dicha, dicha! para el viejo pretendiente, sumido en el más profundo dolor; el tercer cuco canta: ¡alegría, alegríaf para el pobre corazón de la madre de Aino. Y este tercer cuco canta siempre.

El viejo y sabio Waeinaemoeinen, encariñado con la idea de tener una esposa joven que le haga más llevaderos los días de la vejez, emprende el viaje á Pohjola, con el que se inicia la acción principal del Kalevala. Joukahainen intenta dar muerte al viejo; pero éste se libra milagrosamente y logra llegar á Pohjola y presentarse á Louhi, dueña y señora del país, á la que le pide la mano de su hija, mediante generosos ofrecimientos; Louhi los rechaza, y exige sólo como condición para entregar á su hija la construcción del molino de Sampo. Waeinaemoeinen declara que él es inhábil para esta empresa; pero que tiene un hermano llamado IImarinen, herrero de oficio, que se encargará de llevarla á cabo. Vuelve á Kalevala, y venciendo la resistencia de su hermano, hombre corto de palabras y más corto aún de ideas, le decide á marchar á Pohjola. Ilmarinen se presenta á Louhi; conoce á la doncella de Pohjola (cuyo nombre no es pronunciado ni una vez en el curso de la obra), y mediante promesa de casamiento, construye el molino misterioso; la doncella se niega después á casarse, é Ilmarinen re-^ gresa solo á su país.

La acción se interrumpe con el episodio de Lemminkaeinen, el tercero y último héroe Kaleva. El primero es el sabio; el segundo, el herrero, él trabajador; el último, el guerrero. Refiérese cómoLemminkaeinen se casa con Kyllikki, la hermosa doncella de Saari; ambos viven felices en Kaukoudden, cumpliendo la promesa hecha al casarse; él no sale á buscar aventuras, y ella no va á las reuniones á bailar. Un día, Annikki, hermana del héroe, dice á éste: «Anoche fué Kyllikki al pueblo á bailar, á jugar y á cantar con los jóvenes,» y en el acto Lemminkaeinen pide á su madre que le lave una camisa para marcharse á la guerra, á Pohjola. Después va pidiendo todos sus arreos y su corcel; no va sólo á la guerra: va á buscar otra mujer que no sea tan ligera como Kyllikki. Y sin atender á las súplicas de ésta ni á los consejos maternales, marcha á la guerra, encomendándose al omnipotente dios Ukko. Preséntase á Louhi, pidiéndole que le entregue la más bella de sus hijas; Louhi se niega, porque Lemminkaeinen tiene ya otra esposa legítima; pero cuando éste asegura que es libre, pues Kyllikki faltó á su promesa, le ofrece la mano de su hija, á condición de que coja el ciervo salvaje de Hüsi. El héroe se encamina al bosque; invoca á Ukko y á los genios Tapio, Nyyrikki y Mielikki, y con su auxilio da cima á la difícil empresa. Louhi le exige después que coja el corcel de Hüsi, y, por último, no satisfecha aún, le pide el cisne de Tuoni. En esta empresa es herido Lemminkaeinen por una serpiente; siéntese morir y llama á su madre, la cual, después de una peregrinación dolorosa^ llega á tiempo de salvar á su hijo. Ambos regresan á Kaukoudden.

Waeinaemoeinen é Ilmarinen se dirigen por segunda vez al país tenebroso de Pohjola y se presentan á Louhi, para que ésta decida á quién pertenece la disputada doncella; la cual, en presencia de los dos pretendientes, declara que no quiere riquezas, sino amor, y rechaza á Waeinaemoeinen, que huye, lamentándose de no haber buscado mujer en los bellos días de la juventud. Sigue una descripción suntuosa.de las bodas de Ilmarinen, en las que son dignos de mención los discursos de Louhi, de la novia y de varios concurrentes. Ilmarinen regresa con su mujer á Kalevala. Celébrase una fiesta, en la que Waeinaemoeinen canta un admirable epitalamio.

Lemminkaeinen no ha sido invitado á las bodas y desea tomar venganza: preséntase en Pohjola, pide hospedaje, y con pretexto de que la cerveza que le ofrecen no es buena, mueve querella al mayordomo de Pohja y le mata en desafío. Louhi llama á su gente para castigar al insensato que ha venido á turbar la alegría de las bodas, y el vengativo héroe huye á Kaukoudden á pedir amparo á su madre, la cual le aconseja que se esconda en cierta isla donde existe una ciudad libre, contra quien nada pueden los hombres de Pohja. Así lo hace Lemminkaeínen: llega á una isla, habitada por hermosas doncellas cantoras; pero el amor filial puede más en él que todos los encantos, y abandona la isla para buscar á su madre; al fin la encuentra sola, huyendo de los hombres de Pohja, que le han incendiado la casa y el jardín, y madre é hijo se reúnen con transportes de júbilo.

Sigue el gran episodio del desgraciado Kullervo. Este ha sido vencido por su hermano Untamoinen, y trabaja al servicio del buen herrero Ilmarinen, en Karelia. La mujer de Ilmarinen, la maligna doncella de Pohja, mira con malos ojos á Kullervo: un día, al amasar el pan, esconde una piedra -dentro de una hogaza, con la que obsequia al pobre mozo cuando éste se va á apacentar el ganado. Mientras el ama invoca á los buenos genios para que protejan su rebaño y saluda con palabras de amistad al oso, «patas de miel, bello rey de las selvas,» Kullervo llega al bosque y dispónese á merendar: parte la hogaza, y al descubrir la piedra prorrumpe en tristes lamentaciones. Aconsejado por un cuervo, que le escuchaba desde un árbol, junta una manada de lobos y de osos y la conduce á casa de su ama; ésta es destrozada por las feroces bestias, y Kullervo huye sin saber á dónde irá. Logra hallará su madre; sabe que durante su ausencia ha desaparecido una de sus hermanas, y abandona de nuevo la casa paterna. En su triste peregrinación va encontrando muchachas por el 2So 2So camino; á todas las invita á montar en su trineo, y todas le contestan con las mismas palabras: «Antes querría morir que montar en 'tu trineo.» Halla, por último, á una joven muy bella; invítala, y aunque recibe igual respuesta, la coge y la sienta en el trineo; saca oro y telas con los que trastorna los sentidos de la muchacha, y logra seducirla. Al alborear del nuevo día, la joven pregunta á su amante cómo se llama. «Soy — dice éste — Kullervo, hijo de Kalervo. — Y tu, ^quién eres?» La joven, aterrada, le dice que es también hija de Kalervo, y en frases vehementes cuenta la historia de su desapa^^ición y describe su tormento. Después salta del trineo, cor rre hacia una catarata y se arroja en medio del torbellino. Vuelve Kullervo á su casa, refiere á su madre la horrible desventura y pregunta qué ha de hacer para expiar su crimen; la madre le aconseja que se retire á un bosque y se esconda allí hasta que el tiempo le haga olvidar; pero Kullervo quiere ir á la guerra y vengarse de su hermano Untamoinen. Después de esta escena trágica y de la despedida de Kullervo de todos los suyos, viene el lúgubre relato de un viaje. Kullervo camina; de cuando en cuando se le presenta un mensajero, diciéndole: «Ha muerto tu padre, tu hermano, tu hermana;» á todos les contesta Kullervo: «Que lleven el muerto á la sepultura,» y sigue caminando. Por último, un mensajero le dice: «Tu madre acaba de morir.» Kullervo se echa á llorar y clama: «¡Ay 28[ 28[ de mí, que ha muerto mi madre, lo que yj más amaba sobre la tierra! ¡Y yo no estaba allí, yo no estaba á su lado! ¡Quizás ha muerto de hambre, quizás ha enfermado de frío! Que laven á la pobre muerta; que la hagan una costosa mortaja; que dolientes plañideras canten al llevarla á enterrar. Yo no puedo ir allá; Untamoinen está aún con vida y no ha recibido el castigo que le espera.— Y tú, Ukko, el más grande entre todos los dioses, tú que eres señor de cuanto existe, haz que el cielo arroje de sí una espada para Kullervo, que te implora, y que la espada sea de finísimo temple, para que toda la gente de Untamoinen perezca al filo de esta espada divina.» Ukko escucha esta súplica: una magnífica espada cae del cielo; Kullervo cumple su venganza con implacable furor; después, presa de mortal abatimiento, dirige esta última tierna invocación á su madre, y echándose de bruces sobre la punta de su espada, se desploma en tierra atravesado de parte á parte, y expira. Se reanuda la acción, ilmarinen llora amargamente la muerte de su mujer, y deseoso de consolarse, se encamina de nuevo á Pohjola, con idea de casarse allí por segunda vez. Louhi le despide con cajas destempladas; mas el buen herrero, por no volver solo, roba á una muchacha de Pohjola, la cual le engaña en el camino. Ilmarinen llega á Kalevala solo y despechado, y declara á Waeinaemoeinen que, según noticias recogidas en el país de Pohja, el \ \ molino de Sampo tiene la virtud de hacer feliz á quien lo posee. Convienen los dos hermanos en marchar al país de las tinieblas á robarle la felicidad de que disfruta, y para mayor seguridad, el viejo y sabio cantor lleva una espada que Ilmarinen forja con extraordinario esmero. En el camino encuentran al valiente Lemminkaeinen, que al saber que se trata de combatir á los de Pohjola, se une á los hermanos; y así, los tres héroes Kalevas emprenden la conquista de Sampo. Llegados á la presencia de Louhi, solicitan de ésta con palabras de paz que les entregue la mitad del molino; Louhi se niega y llama á sus gentes á las armas. Los tres héroes se dirigen á la montaña donde está escondido Sampo, y con gran esfuerzo, y gracias al poder hercúleo de Lemminkaeinen, logran arrancarlo de su sitio y ponerlo en el barco en que vinieron á Pohjola. Todo marcharía felizmente si una espesa niebla no les impidiese hacerse á la mar. Waeinaemoeinen consigue romper la niebla con su espada; pero la alegría se le enturbia muy pronto, pues se le cae en lo hondo del mar el kantele, su compañero inseparable, sin el cual no puede ni cantar ni regocijarse el venerable viejo. Entre tanto acude con sus guerreros la enfurecida Louhi, que para combatir mejor se transforma en águila. La lucha es formidable, y para terminarla, el prudente Waeinaemoeinen insiste en partir el molino por la mitad; pero Louhi quiere ó todo ó nada; y al proseguir el combate, el águila cae herida, arrastrando consigo el disputado Sampo, que se hunde en el mar. Desde entonces, Pohjola ó Laponia es un país inhabitable y casi desierto, y Suomi ó Finlandia es próspero y feliz. V De regreso á Kalevala, Waeinaemoeinen de« dica sus ocios á construir un nuevo kantele, y una vez terminado, á alegrar con sus canciones al pueblo de Kaleva. Todo parece sonreir á. esta venturosa región; pero la envidiosa Louhi-, por arte mágica, logra afligirla con enfermedades nuevas, desconocidas: el sabio cantor libra á su pueblo de ellas. Louhi entonces envía un oso para que les destruya los rebaños; el inagotable cantor le da muerte con una flecha, forjada á este efecto por Ilmarinen. Coala carne del oso celebra el pueblo un gran banquete, en el que Waeinaemoeinen entona un bello cántico en honor de Suomi.

No se da por vencida Louhi, y como supremo recurso acude al de esconder el sol y la luna en el monte de Pohjola. ¿Qué hará ahora Suomi, condenada á vivir en las tinieblas? El buen herrero Ilmarinen se ofrece con buena voluntad á construir un sol de oro y una luna de plata; pero llegado el día de la prueba, se nota, según había predicho el sabio Waeinaemoeinen^ que el sol de oro no da luz y que la luna de plata queda completamente obscura. El sabio cantor coge su espada y se encamina á Pohjolai intenta abrir las puertas de la montaña, donde Louhi ha escondido los astros; pero la espada no es bastante, y vuelve á Kalevala para que IImarinen le forje unos hierros con los que sea posible romper aquellas cárceles tan sólidamente construidas. Preséntase Louhi disfrazada en la herrería de Ilmarinen,y le pregunta qué está forjando. «Voy á forjar— dice el buen herrero— una argolla para aprisionar á Louhi en el monte de Pohjola.» Louhi, atemorizada, pone en libertad el sol y la luna, que son saludados al reaparecer con un ))ello himno del viejo Waeinaemoeinen.

Aquí termina en rigor la epopeya; pero en los cantos populares aparece adicionada con un epílogo, extraño por completo al argumento principal y á los episodios. Al convertirse al cristianismo, el pueblo finlandés quiso enlazar la nueva doctrina con la tradición poética popular, y creó una delicada leyenda en que hizo intervenir á su héroe más querido: al cantor Waeinaemoeinen, nacido también de una virgen, según la teogonia del Kalevala. En la leyenda figura una doncella llamada Mariatta, que concibe, siendo virgen, en forma análoga á la que Ilmatar contribuyó á la creación del mundo. Los padres de Mariatta, creyéndola culpable, la envían á un lugar oculto, donde nace el niño misterioso, destinado á dominar en el mundo por su grandeza y poder. Waeinaemoeinen desaparece entre nubes cantando al son de su kantele una canción, en que anuncia que algún día será deseada su vuelta para que construya un nuevo Sampo, haga un nueva kantele y dé libertad al sol y la luna; y el cantor del poema termina declarando su torpeza y falta de estudios y pidiendo á sus oyentes un juicio benévolo.

* Creo que ql extracto precedente, aunque compuesto á la ligera, al correr de la pluma, dará una idea aproximada de la importancia y mérito de esta gran epopeya del Norte. Un estudio crítico no me parece propio de este lugar, y me limitaré á completar la explicación del argumento con un brevísimo comentario. Las conexiones entre los personajes del Kalevala y los. mitológicos y bíblicos saltan á la vista: lo difícil no es hallar analogías, sino descubrir las varias que contienen én sí los personajes del Kalévala, los cuales, por ser muy pocos, tienen fases múltiples y se prestan á numerosas interpretaciones. Pero aun teniendo en cuenta estos rasgos de semejanza, y suponiendo que proce-^ den, no de una comunidad de origen, sino de la imitación de otras epopeyas ó de la mitología de los pueblos indo-eupopeos, hay que reconocer que el pueblo finlandés ó el autor desconocido del Kalevala no son simples rapsodias, y^ que la epopeya finlandesa es una verdadera creación; sus personajes son eflorescencias de este territorio: tal es la naturalidad con que en él viven y se mueven; y la acción está ajustada tan admirablemente á este suelo y á este cielo, á la vida, á las costumbres, á la historia de este país, que no hay modo de imaginarla en otros climas. Así, pues, el Kalevala, aparte sus bellezas y sus lunares, tiene un mérito fundamental: el de ser una creación étnica y territorial, esto es, una legítima epopeya.

Supongamos por un momento, sólo por vía -de comparación, que un poeta finlandés hubiera pretendido adaptar á su país una epopeya como la litada. Tropezaría con una primera dificultad: este territorio no permite que se muevan ejércitos formidables, como los descritos por Homero. Antes de salvar la distancia que hay ^ntre las dos regiones antagónicas del país, morirían de hambre y de frío; y en vez de epopeya, tendríamos el relato de una retirada desastrosa. Hay, pues, que simplificar y quedarse sólo con los héroes, y hay que dotar á éstos de un poder sobrenatural para que acorten las distancias volando en algún esquife maravilloso. Y esta primera modificación lleva consigo otra^ más grave: el héroe principal no será ahora el •más valiente, sino el más sabio. Aquiles queda •en segundo término, y pasa á ocupar el primero Calcas, el adivino, ó el prudente Ulises. He aquí por qué en el Kalevala la primera figura es la de Waeinaemoeinen, un viejo cargado de años y de prudencia; mientras Lemminkaeinen, el guerrero, viene después, detrás, no solamente de Waeinaemoeinen, sino de Ilmarinen, que á falta de saber posee energía y tenacidad para el trabajo.

El asunto de la litada es la lucha contra Troya, el castigo de una afrenta recibida por los griegos en la persona de Menelao. Si se tratara de trasplantar aquí la acción, se notaría que estaba en pugna con la naturaleza del país. En el Mediodía, donde la sangre es más ardiente y la vida más fácil, son posibles ciertos refinamientos pasionales: el hombre no busca sólo una mujer, busca el amor, y el amor trae consigo los celos, las traiciones, los odios, las luchas del honor exaltado; aquí se contentan con la mujer á secas. En todo el Kalevala no existe una escena de amor al modo que nosotros lo concebimos: la declaración del viejo Waeinaemoeinen se reduce á cuatro palabras; Ilmarinen es más duro que un guijarro; Lemminkaeinen se separa de Kyllikki porque ésta fué á bailar, pero no porque sienta celos, sino porque su mujer ha faltado á lo convenido; Kullervo seduce á su hermana sin decirle una palabra amorosa, sólo con mostrarle oro y telas. El único amor á que estos héroes rinden culto es el amor maternal que pone en labios de Lemminkaeinen y de Kullervo las frases más apasionadas de la epopeya. Cuando los héroes Kalevas se dirigen á Pohjola» no van movidos por el amor, van á buscar una mujer, como quien va á comprar un barco ó un trineo; después van á buscar el bienestar robando el molino de Sampo; por último, á libertar el sol y la luna. Los móviles de la acción épica son materiales; pero si la epopeya carece de elevación ideal, tiene en cambio la grandeza de lo que es verdadera y sinceramente humano. Los héroes están pintados como son, como esta tierra los cría y los nutre; son grandes como los bosques del país, y como ellos, tristes, sin luz. Más bellos que estos bosques son nuestros verjeles, cargados de flores y de aromas; pero todo no puede ser igual sobre la tierra.

Además de la interpretación natural del argumento del Kalevala, hay otra interpretación simbólica, que no destruye, sino que refuerza la primera: Pohjola es el mal, y la lucha de los kalevas es el esfuerzo titánico de esta raza para vencerlo; y el mal no es un concepto abstracto,, metafísico, ni una violación de las leyes morales: es algo tan materializado como el amor, según se ha visto ya; no tienen que inventarlo los hombres, porque existe aquí de asiento: es el frío, la nieve, la miseria, la falta de sol, la fiera que devora al ganado, todo cuanto en el clima éste existe, contrario á la vida del hombre. Y como estos males se agravan conforme se va ascendiendo hacia el Norte, en el Norte imaginaron los de Kaleva un pueblo al que atribuir las causas de sus penalidades, y contra ese pueblo dirigieron todas sus fuerzas. Parece un contrasentido que Suomi ó Finlandia busque la felicidad en una región de donde vienen todos los males; pero la idea profunda del poema está ahí: en suponer que en Pohjola estuvo antes la felicidad simbolizada en Sampo, y que en la lucha, Pohjola fué vencida, y Kalevala, no obstante la pérdida de Sampo, ganó una parte de esa felicidad sólo por haber combatido. Lo cual en términos claros quiere decir que la prosperidad en Finlandia está fundada en la energía con que sus habitantes han sabido y saben luchar.contra una naturaleza hostil, inhospitalaria. Este simbolismo les permitía también explicar muchos fenómenos que en su ignorancia primitiva no podrían explicar lógicamente: por ejemplo, las diferencias climatológicas entre el Sur y el Norte del país ó la desaparición temporal de los astros. >s La acción principal del Kalevala se desarrolla trabajosamente á causa de los diversos episodios que á ella están unidos, y que si bien tienen con ella escasa relación, sirven para agrandar el escenario épico, si es permitido emplear juntas estas dos palabras. El episodio de la creación es como el pedestal sobre el que se asienta la venerable figura del inventor del kantele, personalidad cíclica que desempeña por sf sola todos los papeles de una mitología, sin necesidad de casarse ni de tener descendencia. El episodio de Joukahainen pone en movimiento al héroe; y el mito de la bella Aino, la extraña Venus finlandesa, es como un preludio del tar- 29©